Luego de varios años de investigación, la justicia escocesa pudo comprobar que muchos niños sufrieron abusos por parte de curas y monjas de la congregación de las Hermanas de Nazaret.
El informe que revela el abuso de niños en orfanatos dirigidos por monjas en Escocia
La administración de justicia en Escocia (Reino Unido) dio a conocer los abusos que durante medio siglo sufrieron los niños albergados en los orfanatos a cargo de la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret, que según la investigación, alcanzaron “niveles de máxima depravación“, informa The Guardian.

Curas y monjas abusaron de los niños

La primeras pesquisas iniciaron en 2015 y de acuerdo a lo manifestado por la jueza de la Corte Suprema Anne Smith, consiguieron comprobar casos de abuso en donde tanto curas como monjas estuvieron involucrados. Los hechos se presentaron durante el período comprendido entre los años 1933 y 1984. Esto dijo la jueza Smith sobre lo ocurrido:
Las Casas de Nazaret en Escocia fueron para muchos niños lugares de miedo, hostilidad y confusión, donde sufrían abusos físicos y eran psicológicamente degradados con impunidad.
Los niños, que necesitaban de cuidados, atención amable, calidez humana y amor… nunca lo encontraron. Por el contrario, fueron “privados de compasión, dignidad, cuidado y consuelo”.
Curas y monjas abusaron de los niños
El informe de 140 páginas, se efectuó con base en los testimonios recolectados en Edimburgo a través de 27 reuniones en las que 39 personas contaron sus propias vivencias en las casas situadas en Aberdeen, Cardonald, Lasswade y Kilmarnock; mientras que otras dos narraron experiencias de sus familiares.
En medio de uno de esos encuentros, una de las víctimas confesó que fue violada por un sacerdote y abusada de forma reiterada por una monja en el orfanato de Kilmarnock. Entre tanto, otra víctima relató que una niña decidió suicidarse luego de haber recibido golpes de una monja.
En general, la denuncia detalla casos de abuso como:
  • Menores castigados habitualmente con palos, cinturones, bastones, mangos de escoba, crucifijos y cepillos.
  • Abuso sexual reiterado de niños y niñas en las cuatro casas, con una monja que facilitaba el abuso de las niñas por parte de hombres, incluidos sacerdotes.
  • Niños que mojaban sus camas cuando eran golpeados, les daban baños fríos o les obligaban a usar sus sábanas mojadas.
  • Menores alimentados a la fuerza, incluso les daban nuevamente la comida que vomitaban.
  • Cuando atrapaban fugitivos, estos eran fuertemente golpeados a su regreso.

Abuso sexual reiterado de niños y niñas

La institución católica pide disculpas

Después de revelada la acusación hecha por la jueza Smith, las monjas de esta congregación emitieron un comunicado expresando su “homenaje al valor de los sobrevivientes que dieron testimonio”:
Ninguna disculpa puede hacer justicia a su experiencia de la niñez o sanar estos recuerdos duraderos y lamentamos profundamente haberlos fallado en ese momento.
Según la institución, las disculpas presentadas son “de todo corazón” y sin reservas a las personas que pudieron haber sufrido “algún tipo de maltrato”.

Better Place es una empresa emergente de California que busca “rediseñar la experiencia del fin de la vida” al convertir a los árboles en las nuevas tumbas. Ya hay unos 6000 árboles disponibles en un bosque de 32 hectáreas.
Fotografía de Better Place Forests
SANTA CRUZ, California — La muerte llega para todos pero, hasta ahora, Silicon Valley no había pensado en la muerte.
¿Cómo culpar al foco tecnológico? La industria de servicios funerarios está muy regulada y signada por consideraciones de salud y religiosas. Las tumbas no parecen ser un blanco obvio para la innovación.
Sin embargo, en un bosque al sur de Silicon Valley, la nueva empresa emergente, Better Place Forests, quiere crear un mejor cementerio.
“Los cementerios son muy costosos y terribles, y básicamente sabía que algo tenía que ser mejor”, dijo Sandy Gibson, director ejecutivo de Better Place. “Buscamos rediseñar la experiencia del fin de la vida”.
Así que la empresa de Gibson ha estado comprando bosques y solicitando permisos para que el terreno nunca pueda ser usado para desarrollos, y luego le vende a la gente el derecho a que sus restos incinerados sean mezclados con fertilizantes y usados como alimento para un árbol específico.
El equipo de Better Place acaba de inaugurar un bosque en Point Arena, California; ya puso a la venta los árboles en una segunda ubicación, en Santa Cruz, y está desarrollando cuatro sitios más en Estados Unidos. Ya hay algunos restos en la tierra y Gibson dijo que han vendido miles de árboles para los muertos del futuro.
Hasta ahora la empresa ha recaudado 12 millones de dólares en financiamiento de capital emprendedor. Aunque hablar de cadáveres y personas muertas es algo común en sus oficinas, las instalaciones lucen como las de cualquier empresa emergente de San Francisco, con 45 personas moviéndose de un lado para otro.
Gibson dijo que a la mayoría de los clientes, especialmente quienes están en el área de la bahía de San Francisco, les gusta la idea de ser parte de una empresa emergente hasta en otra vida, aunque las empresas emergentes no necesariamente duran tantos años. Better Place calificó a las primeras personas que compraron árboles como socios fundadores.
“Serán parte del bosque, pero también parte de crear el bosque”, dijo Gibson. “A la gente le encanta eso”.
Con todo y el perro
Reclamar un árbol para siempre cuesta, en la actualidad entre tres mil dólares (para quienes quieran ser mezclados con la tierra cerca de un árbol pequeño o joven) y más de 30.000 dólares (para quienes quieren vivir por siempre dentro de una confiable y duradera secuoya). También hay una opción con menor precio, 970 dólares, para ser parte de la tierra de un árbol comunitario dirigido a quienes no les importe pasar la eternidad con desconocidos (la cremación no está incluida).
Cerca del árbol en cuestión se instalará una pequeña placa que será la lápida.
Cuando llegan las cenizas de una persona, el equipo de Better Place hace una trinchera en la base del árbol. Cerca, en una gran mesa, mezclan los restos incinerados con tierra y agua; a veces usan otros elementos para compensar las propiedades muy alcalinas y ricas en sodio de la ceniza de huesos. Es importante que la tierra se mantenga húmeda; las bacterias ayudan en la descomposición de los restos para el fertilizante.
Como el bosque no es formalmente un cementerio, las reglas para estar ahí son menos estrictas. Por ejemplo: se permite que las personas permanezcan en su árbol en compañía de sus mascotas que ya sean ceniza.
“Las mascotas son súper importantes”, dijo Gibson. “Es un lugar donde todos en tu familia pueden tener esparcimiento. Este es tu árbol”.
Es un asunto poco tecnológico: mezclar cenizas con tierra y ponerle una placa. Pero sí tiene un elemento tecnológico al estilo Silicon Valley: por una cuota adicional los clientes pueden hacer videos de memorias digitales. Al caminar por el bosque los visitantes podrán escanear una placa para ver un retrato digital de doce minutos de la persona fallecida ahí, mientras habla de su vida. Se prevé que algunos clientes permitan que cualquiera que camine por el bosque pueda ver sus videos y otros podrán optar por que solo los familiares puedan revisar esas grabaciones. Será una decisión sobre la privacidad postmórtem tomada en vida.
La muerte, industria en auge
Las ciudades se están quedando sin espacios para enterrar a sus muertos, además de que el precio de los funerales y los féretros se ha duplicado mucho más rápido que los costos de otros bienes en Estados Unidos. En el área de la bahía un funeral y entierro tradicionales cuestan entre 15.000 y 20.000 dólares. La mayoría de los estadounidenses prefieren ser cremados.
“Cada industria tiene el momento en que las cosas se alocan”, dijo Nancy Pfund, fundadora y socia directora de DBL Partners, una de las primeras empresas que invirtieron en Better Place. “Ya ha pasado con las aplicaciones móviles, los autos, la carne que no es animal y ahora se trata de los servicios funerarios”.
“Aunque hay que idear un mejor término que servicios funerarios. Tal vez gestión del legado”, dijo. “O quizá gestión de la eternidad”.
La propuesta de Better Place es que el entierro en un árbol es bueno para el medioambiente, la ubicación es más bella que un cementerio y, también, es más barata.
Aunque quienes monitorean la industria de servicios funerarios son más escépticos acerca de cuánto podrá innovar Better Place en ese negocio.
John O’Conner, encargado de Menlo Park Funerals, dijo que más del 90 por ciento de sus clientes prefieren ser incinerados pero que “la mayoría de ellos esparcen las cenizas por su cuenta”.
“Solamente van en la noche, esparcen a la abuela, toman algo de champaña en su honor y cada día que pasan por ese parque saben que ahí esta su familiar. ¿Por qué pagarían 20.000 dólares para ir a un bosque memorial cuando gratis pueden hacerlo en un parquecito?”.
Técnicamente hacer eso es ilegal.
“Si nadie los cuestiona, tampoco lo van a revelar”, dijo O’Conner.
Cómo elegir el árbol de tu eternidad
Un día hace poco, Gibson iba caminando por el espacio de 32 hectáreas en el bosque de Santa Cruz, donde hay unos seis mil árboles disponibles envueltos en cintas de diferentes colores en espera de ser elegidos.
“Algunas personas quieren un árbol que esté completamente aislado y algunas personas quieren estar cerca de otras y tener un círculo familiar”, dijo Gibson. “Algunas personas llegan y se enamoran de un árbol particular”.
“A la gente les encantan los tocones”, dijo, y señaló algunos árboles que la gente había comprado solo porque les gustaban los tocones cercanos. “Tienen mucha personalidad”.
Los padres de Gibson murieron cuando él era joven y a los 12 años fue adoptado por su medio hermano para tener un tutor adulto. Ahora tiene 36 años. Comentó que ha pasado muchas tardes en el sitio donde están enterrados sus padres en Toronto, en una esquina muy ruidosa y cuya lápida negra refleja el paso del tráfico vehicular cercano.
“Recuerdas cómo fue que murieron, el servicio y la imagen del lugar donde están en su descanso eterno”, dijo. Es lo último lo que lo desencanta por el diseño del sitio para sus padres. “Es cómicamente malo”.
Fue en 2015, cuando visitó las tumbas, que decidió renunciar a su trabajo en una empresa de automatización de mercadotecnia para diseñar un mejor cementerio.
“Hubo muchos inversionistas que se rieron cuando lo propuse por primera vez”, dijo Gibson. “Pero es porque a la gente no le gusta pensar sobre este tema”.
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LOS DISPOSITIVOS Y MEDIOS DIGITALES HAN AFECTADO PROFUNDAMENTE LA LECTURA, UNA DE LAS FORMAS MÁS EFECTIVAS EN LA HISTORIA PARA OBTENER Y GENERAR CONOCIMIENTO


¿Cuándo fue la última vez que leíste un texto, de principio a fin, sin desesperarte, sin cansarte, sin interrumpir tu lectura, sin distraerte y sin querer pasar urgentemente a otra cosa?
Esta pregunta, por sencilla que pueda parecer, es capaz de revelar una de las tendencias contemporáneas más preocupantes: el impacto del Internet y sus tecnologías derivadas parece haber creado una nueva forma de analfabetismo funcional, en el cual la gente sabe leer pero es incapaz de mantener su atención lo suficientemente en la lectura como para comprender las ideas que propone un texto o la abstracción inherente a toda escritura, y menos para recrear los efectos emocionales y estéticos propios de ciertas obras.
Como quizá muchos de nosotros sabemos por experiencia propia, la lectura ha experimentado a lo largo de los últimos años una de las transformaciones más importantes de su historia. Después de al menos un par de siglos de ser una práctica realizada en silencio y con cierto grado de soledad, en nuestra época ambas condiciones han cambiado radicalmente, pues el silencio ha sido sustituido por un ruido casi omnipresente y multiforme: el ruido de la distracción; e igualmente, la soledad en la que la lectura se desarrollaba ha sido reemplazada poco a poco por una peculiar forma de la presencia y la compañía (mensajería instantánea, redes sociales, etc.), capaz de irrumpir en todo momento y circunstancia. 
La “era de la ansiedad” que con lucidez desoladora prefiguró W. H. Auden ha arrasado, entre muchos otros bienes, con la posibilidad de sentarse tranquilamente a pasar las páginas de un libro, sumergirse en su lectura y por un instante suspender la corriente incesante del tiempo para situar en su lugar los acontecimientos que la escritura es capaz de implantar en nuestra percepción.
La constatación de este fenómeno no es un asunto menor. Si la lectura suele considerarse importante a priori, es porque durante varios siglos se dio por sentado que los libros eran la mejor forma de almacenar conocimiento fuera de nuestra memoria. De todos los saltos civilizatorios que ha experimentado la humanidad, la escritura fue uno de los más decisivos. Sin ésta, es muy posible que nuestra especie seguiría repitiendo los mismos errores de nuestros ancestros más remotos, y aunque en algunos casos esto sucede así, en muchos otros, sobre todo aquellos relacionados con la técnica, la escritura y la lectura han sido dos herramientas clave para el desarrollo de la cultura.
Vale la pena recordar que leer no es únicamente descifrar los signos que conforman una palabra, un párrafo o un libro entero, sino además entender de manera amplia el sentido de aquello que se lee: su sentido literal y su sentido figurado, el uso que se le da al lenguaje, el mensaje que se busca transmitir, la posición ideológica desde la cual se habla y otras sutilezas presentes en un texto. Los analfabetas funcionales de nuestra época tienen las habilidades necesarias para descifrar las palabras, pero han perdido su comprensión lectora. De cierta manera, este resultado puede verse como un desperdicio de todos los recursos alguna vez invertidos en el esfuerzo de aprender a leer.
Entre otros testimonios que podrían recabarse respecto de esta situación, quizá los más elocuentes se encuentren entre los profesores de los niveles medio y superior de la educación escolarizada. En numerosos casos, profesores de casi cualquier disciplina han manifestado su preocupación por la dificultad de los jóvenes para mantener su atención en una tarea. 
En cuanto al caso específico de la lectura, el periódico The Guardian recoge como ejemplo la experiencia de Mark Edmundson, profesor de literatura inglesa que ha constatado que existe una amplia reticencia de los estudiantes hacia las obras más emblemáticas de los siglos XIX y XX, debido a que no tienen la paciencia para leer profundamente. Edmundson habla incluso de una suerte de “impaciencia cognitiva” que se interpone entre la mente del estudiante y la recepción de la obra literaria.
Por su parte Ziming Liu, de la Universidad Estatal de San José (California), ha realizado estudios en torno a una práctica conocida en el mundo anglosajón como skimming, lo cual puede traducirse como “hojear” (con cierta evocación a la idea de destilar). De acuerdo con Liu, no son pocos los estudiantes que ahora no hacen más que “hojear” los textos que leen, buscando los términos que consideran importantes para pasar pronto a otra cosa. 
Esta forma de “leer”, sin embargo, va en contra de la naturaleza misma de la lectura. Patricia Greenfield, psicóloga de la Universidad de California en Los Ángeles, ha explicado en sus investigaciones que la lectura ocurre como un circuito que requiere de todo un ambiente para desarrollarse y culminar en la generación del conocimiento. Interrumpir alguna de las fases de ese circuito, suprimir alguno de sus componentes, saltarse alguno de los pasos conduce necesariamente a un resultado incompleto y en no pocos casos equivocado. La expectativa de inmediatez a la que estamos tan habituados no puede cumplirse en la lectura, en la cual los resultados se obtienen paulatina y gradualmente, como culminación de un proceso que en sus etapas intermedias agrega cada vez pequeños o grandes componentes que ya por sí mismos pueden considerarse ganancias parciales.
Como hemos señalado en otros textos, nuestra época ha sido afectada de manera notable por la transformación radical que trajo la invención del Internet y las comunicaciones digitales. Un ámbito de esa transformación es, claramente, la capacidad de atención del ser humano. La conexión 24/7 propia del Internet se convirtió en una conexión también incesante para nuestra mente y, más aún, en una especie de tiranía para nuestra atención. 
¿Al ser humano todavía le interesa acceder al conocimiento? Esta pregunta sin duda está en el origen del interés que se puede tener por la lectura. Más allá de las condiciones adversas o favorables, el interés por una tarea o por sus resultados esperados es, indudablemente, la pieza clave que nos lleva a emprender los esfuerzos necesarios para realizarla. 
Lo paradójico sería que en una época que alguna vez fue llamada la era de la información, el sujeto contemporáneo simplemente prefiera vivir en la ignorancia, la mentira, el prejuicio o la ilusión de la verdad: nubes del pensamiento que la lectura ayuda a disipar.

Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar? Google ya es parte de tu memoria


Nicholas Carr,


Un mundo distraído

La tercera parte de la población mundial ya es 'internauta'. La revolución digital crece veloz. Uno de sus grandes pensadores, Nicholas Carr, da claves de su existencia en el libro 'Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?' El experto advierte de que se "está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma".




Sin tiempo para pensar
Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar?
Google ya es parte de tu memoria

El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: "Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!". Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de la periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. "Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme".Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas nos alerta en su tercer libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus)

Cuando Carr (1959) se percató, hace unos años, de que su capacidad de concentración había disminuido, de que leer artículos largos y libros se había convertido en una ardua tarea precisamente para alguien licenciado en Literatura que se había dejado mecer toda su vida por ella, comenzó a preguntarse si la causa no sería precisamente su entrega diaria a las multitareas digitales: pasar muchas horas frente a la computadora, saltando sin cesar de uno a otro programa, de una página de Internet a otra, mientras hablamos por Skype, contestamos a un correo electrónico y ponemos un link en Facebook. Su búsqueda de respuestas le llevó a escribir Superficiales... (antes publicó los polémicos El gran interruptor. El mundo en red, de Edison a Google y Las tecnologías de la información. ¿Son realmente una ventaja competitiva?), "una oda al tipo de pensamiento que encarna el libro y una llamada de atención respecto a lo que está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no solo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan". Apoyándose en múltiples estudios científicos que avalan su teoría y remontándose a la célebre frase de Marshall McLuhan "el medio es el mensaje", Carr ahonda en cómo las tecnologías han ido transformando las formas de pensamiento de la sociedad: la creación de la cartografía, del reloj y la más definitiva, la imprenta. Ahora, más de quinientos años después, le ha llegado el turno al efecto Internet.
Pero no hay que equivocarse: Carr no defiende el conservadurismo cultural. Él mismo es un usuario compulsivo de la web y prueba de ello es que no puede evitar despertar a su ordenador durante una breve pausa en la entrevista. Descubierto in fraganti por la periodista, esboza una tímida sonrisa, "¡lo confieso, me has cazado!". Su oficina está en su residencia, una casa sobre las Montañas Rocosas, en las afueras de Boulder (Colorado), rodeada de pinares y silencio, con ciervos que atraviesan las sinuosas carreteras y la portentosa naturaleza estadounidense como principal acompañante.

PREGUNTA. Su libro ha levantado críticas entre periodistas como Nick Bilton, responsable del blog de tecnología Bits de The New York Times, quien defiende que es mucho más natural para el ser humano diversificar la atención que concentrarla en una sola cosa.

RESPUESTA. Más primitivo o más natural no significa mejor. Leer libros probablemente sea menos natural, pero ¿por qué va a ser peor? Hemos tenido que entrenarnos para conseguirlo, pero a cambio alcanzamos una valiosa capacidad de utilización de nuestra mente que no existía cuando teníamos que estar constantemente alerta ante el exterior muchos siglos atrás. Quizás no debamos volver a ese estado primitivo si eso nos hace perder formas de pensamiento más profundo.

P. Internet invita a moverse constantemente entre contenidos, pero precisamente por eso ofrece una cantidad de información inmensa. Hace apenas dos décadas hubiera sido impensable.

R. Es cierto y eso es muy valioso, pero Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Lo que yo defiendo en mi libro es que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por diferentes razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración. Cuando abres un libro te aíslas de todo porque no hay nada más que sus páginas. Cuando enciendes el ordenador te llegan mensajes por todas partes, es una máquina de interrupciones constantes.

P. ¿Pero, en última instancia, cómo utilizamos la web no es una elección personal?

R. Lo es y no lo es. Tú puedes elegir tus tiempos y formas de uso, pero la tecnología te incita a comportarte de una determinada manera. Si en tu trabajo tus colegas te envían treinta e-mails al día y tú decides no mirar el correo, tu carrera sufrirá. La tecnología, como ocurrió con el reloj o la cartografía, no es neutral, cambia las normas sociales e influye en nuestras elecciones.

P. En su libro habla de lo que perdemos y aunque mencione lo que ganamos apenas toca el tema de las redes sociales y cómo gracias a ellas tenemos una herramienta valiosísima para compartir información.

R. Es verdad, la capacidad de compartir se ha multiplicado aunque antes también lo hacíamos. Lo que ocurre con Internet es que la escala, a todos los niveles, se dispara. Y sin duda hay cosas muy positivas. La Red nos permite mostrar nuestras creaciones, compartir nuestros pensamientos, estar en contacto con los amigos y hasta nos ofrece oportunidades laborales. No hay que olvidar que la única razón por la que Internet y las nuevas tecnologías están teniendo tanto efecto en nuestra forma de pensar es porque son útiles, entretenidas y divertidas. Si no lo fueran no nos sentiríamos tan atraídos por ellas y no tendrían efecto sobre nuestra forma de pensar. En el fondo, nadie nos obliga a utilizarlas.

P. Sin embargo, a través de su libro usted parece sugerir que las nuevas tecnologías merman nuestra libertad como individuos...

R. La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma. Google es una base de datos inmensa en la que voluntariamente introducimos información sobre nosotros y a cambio recibimos información cada vez más personalizada y adaptada a nuestros gustos y necesidades. Eso tiene ventajas para el consumidor. Pero todos los pasos que damos online se convierten en información para empresas y Gobiernos. Y la gran pregunta a la que tendremos que contestar en la próxima década es qué valor le damos a la privacidad y cuánta estamos dispuestos a ceder a cambio de comodidad y beneficios comerciales. Mi sensación es que a la gente le importa poco su privacidad, al menos esa parece ser la tendencia, y si continúa siendo así la gente asumirá y aceptará que siempre están siendo observados y dejándose empujar más y más aún hacia la sociedad de consumo en detrimento de beneficios menos mensurables que van unidos a la privacidad.

P. Entonces... ¿nos dirigimos hacia una sociedad tipo Gran Hermano?

R. Creo que nos encaminamos hacia una sociedad más parecida a lo que anticipó Huxley en Un mundo feliz que a lo que describió Orwell en 1984.Renunciaremos a nuestra privacidad y por tanto reduciremos nuestra libertad voluntaria y alegremente, con el fin de disfrutar plenamente de los placeres de la sociedad de consumo. No obstante, creo que la tensión entre la libertad que nos ofrece Internet y su utilización como herramienta de control nunca se va a resolver. Podemos hablar con libertad total, organizarnos, trabajar de forma colectiva, incluso crear grupos como Anonymous pero, al mismo tiempo, Gobiernos y corporaciones ganan más control sobre nosotros al seguir todos nuestros pasos online y al intentar influir en nuestras decisiones.

P. Wikipedia es un buen ejemplo de colaboración a gran escala impensable antes de Internet. Acaba de cumplir diez años...

R. Wikipedia encierra una contradicción muy clara que reproduce esa tensión inherente a Internet. Comenzó siendo una web completamente abierta pero con el tiempo, para ganar calidad, ha tenido que cerrarse un poco, se han creado jerarquías y formas de control. De ahí que una de sus lecciones sea que la libertad total no funciona demasiado bien. Aparte, no hay duda de su utilidad y creo que ha ganado en calidad y fiabilidad en los últimos años.

P. ¿Y qué opina de proyectos como Google Books? En su libro no parece muy optimista al respecto...

R. Las ventajas de disponer de todos los libros online son innegables. Pero mi preocupación es cómo la tecnología nos incita a leer esos libros. Es diferente el acceso que la forma de uso. Google piensa en función desnippets, pequeños fragmentos de información. No le interesa que permanezcamos horas en la misma página porque pierde toda esa información que le damos sobre nosotros cuando navegamos. Cuando vas a Google Books aparecen iconos y links sobre los que pinchar, el libro deja de serlo para convertirse en otra web. Creo que es ingenuo pensar que los libros no van a cambiar en sus versiones digitales. Ya lo estamos viendo con la aparición de vídeos y otros tipos de media en las propias páginas de Google Books. Y eso ejercerá presión también sobre los escritores. Ya les ocurre a los periodistas con los titulares de las informaciones, sus noticias tienen que ser buscables, atractivas. Internet ha influido en su forma de titular y también podría cambiar la forma de escribir de los escritores. Yo creo que aún no somos conscientes de todos los cambios que van a ocurrir cuando realmente el libro electrónico sustituya al libro.

P. ¿Cuánto falta para eso?

R. Creo que tardará entre cinco y diez años.

P. Pero aparatos como el Kindle permiten leer muy a gusto y sin distracciones...

R. Es cierto, pero sabemos que en el mundo de las nuevas tecnologías los fabricantes compiten entre ellos y siempre aspiran a ofrecer más que el otro, así que no creo que tarden mucho en hacerlos más y más sofisticados, y por tanto con mayores distracciones.

P. El economista Max Otte afirma que pese a la cantidad de información disponible, estamos más desinformados que nunca y eso está contribuyendo a acercarnos a una forma de neofeudalismo que está destruyendo las clases medias. ¿Está de acuerdo?

R. Hasta cierto punto, sí. Cuando observas cómo el mundo del softwareha afectado a la creación de empleo y a la distribución de la riqueza, sin duda las clases medias están sufriendo y la concentración de la riqueza en pocas manos se está acentuando. Es un tema que toqué en mi libro El gran interruptor. El crecimiento que experimentó la clase media tras la II Guerra Mundial se está revirtiendo claramente.

P. Internet también ha creado un nuevo fenómeno, el de las microcelebridades. Todos podemos hacer publicidad de nosotros mismos y hay quien lo persigue con ahínco. ¿Qué le parece esa nueva obsesión por el yo instigado por las nuevas tecnologías?

R. Siempre nos hemos preocupado de la mirada del otro, pero cuando te conviertes en una creación mediática -porque lo que construimos a través de nuestra persona pública es un personaje-, cada vez pensamos más como actores que interpretan un papel frente a una audiencia y encapsulamos emociones en pequeños mensajes. ¿Estamos perdiendo por ello riqueza emocional e intelectual? No lo sé. Me da miedo que poco a poco nos vayamos haciendo más y más uniformes y perdamos rasgos distintivos de nuestras personalidades.

P. ¿Hay alguna receta para salvarnos'?

R. Mi interés como escritor es describir un fenómeno complejo, no hacer libros de autoayuda. En mi opinión, nos estamos dirigiendo hacia un ideal muy utilitario, donde lo importante es lo eficiente que uno es procesando información y donde deja de apreciarse el pensamiento contemplativo, abierto, que no necesariamente tiene un fin práctico y que, sin embargo, estimula la creatividad. La ciencia habla claro en ese sentido: la habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más. Yo simplemente me limito a alertar sobre la dirección que estamos tomando y sobre lo que estamos sacrificando al sumergirnos en el mundo digital. Un primer paso para escapar es ser conscientes de ello. Como individuos, quizás aún estemos a tiempo, pero como sociedad creo que no hay marcha atrás.

https://elpais.com/diario/2011/01/29/babelia/1296263535_850215.html

10 consejos si eres un analfabeto digital y quieres actualizarte

      
Nunca es demasiado tarde como para aprender algo nuevo
Nunca es demasiado tarde como para aprender algo nuevo  |  Fuente: Shutterstock

  • El mundo actual se maneja prácticamente en todos los ámbitos de forma digital.
  • Profesionales de todas las áreas deben adaptar sus perfiles a esta nueva realidad.
  • Incorporar el manejo de habilidades digitales permite ampliar las posibilidades laborales.
En la era digital, prácticamente todas las actividades de la vida cotidiana se encuentran mediadas por la tecnología. La forma en que consumimos, hacemos compras, estudiamos, trabajamos o nos informamos: todo se vincula a una pantalla.
De acuerdo a las predicciones, en tan solo unos años, máquinas y robots de todo tipo darán a las actividades de la vida diaria un giro aún mayor, permitiendo la posibilidad de realizar todo tipo de tareas con apenas pulsar un botón.
La era digital recién ha comenzado y promete avanzar todavía más. Por ello, es necesario prepararse.

Nativos vs Analfabetos Digitales

Los jóvenes contemporáneos crecieron en contacto con la tecnología. La utilizan desde los primeros momentos de su vida y es por ello que no le temen a su uso, y logran adaptarse a los cambios con facilidad.
A causa de este comportamiento intrépido, curioso y autodidacta, las generaciones actuales son conocidas bajo el nombre de nativos digitales. Concepto que surge del trabajo de Marc Prensky.
En oposición a este grupo se encuentran los denominados analfabetos digitales. Su nacimiento se produjo mucho antes del surgimiento de las denominadas TIC y, por tanto, deben adaptarse a ellas sin poseer conocimientos o habilidades digitalesdesde épocas tempranas, por lo que se convierten en inmigrantes digitales.
En la actualidad, esta brecha digital debe eliminarse para permitir que todos los profesionales se preparen de cara a la inevitable automatización de miles de puestos laborales. Para lograrlo, es necesario que comiencen a pensar en digital.
¿Te consideras un analfabeto digital? ¿Tu manejo de la tecnología no es el mejor? Te damos 10 consejos con los que podrás actualizarte y dar un giro a tu perfil profesional:

Busca cursos relacionados al manejo de internet.

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2

Crea un perfil en alguna red social y aprende a usarla.

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3

Solicita ayuda a personas de tu entorno con mayores conocimientos.

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4

Selecciona una temática que te interese y busca cursos online o recursos para fomentar tu pasión.

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5

Intenta aprender a buscar información fiable en línea.

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6

Infórmate sobre estafas y peligros de internet.

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7

Busca foros en los que interactuar con otros internautas y aprender más.

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8

No le temas al uso de aplicaciones o herramientas nuevas.

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9

Ocúpate por aprender habilidades digitales.

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10

Dedica un tiempo determinado del día a aprender sobre el mundo digital.

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Chile: 5.675.980 de analfabetos digitales

Estos consejos son de utilidad para profesionales que mediante cursos de formación o diferentes actividades pueden convertirse en inmigrantes digitales y lograr comprender e incorporar la tecnología del mismo modo en que lo hace un nativo.






Como ya sabemos, la Internet posee enormes potencialidades relacionales y de conocimiento, pero también es un reflejo de la realidad concreta en que se desarrolla. Digamos simplemente que en nuestro caso, la Internet también refleja el clasismo y la discriminación reinante en la sociedad.
A continuación dos ejemplos a tomar en cuenta:

…así como la Internet integra e incluye, la misma sociedad en su articulación discriminatoria y clasista, profundiza, reproduce y eterniza sus formas excluyentes y las traslapa a otras formas de organización social y productiva.
El primero de ellos, el más reciente, se refiere a un estudio dado a conocer este pasado sábado 22 de noviembre de 2014 por el diario La Tercera, y se refiere a un Estudio Internacional de Alfabetización Computacional y Manejo de Información (ICILS) aplicado en Chile en noviembre de 2013 a un universo de 3.189 estudiantes de 8° básico por la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA), en conjunto con la Agencia de Calidad de la Educación. De acuerdo con el estudio, Chile obtuvo un promedio de 487 puntos, por debajo de la media internacional, fijada en 500. El dato que llama mayormente la atención es aquel que se refiere al nivel 4, “que implica habilidades avanzadas…el que cumple con los requerimientos de búsqueda especificados, o crear un diseño balanceado de texto e imágenes para una planilla informativa” (La Tercera, página 28). En este ítem, el resultado es bastante mediocre, un 0.48 %.
Antecedentes previos al anterior Estudio, lo encontramos en el cuestionado CENSO de 2012. Sin embargo, para el propósito de estas líneas, ya ahí hay datos reveladores respecto al estado del arte de los niveles de alfabetización digital alcanzados por el país en los últimos lustros. De acuerdo con ése CENSO, un 36.79% de los habitantes mayores de 5 años de Chile, o sea, una cifra cercana a los 5.675.980 ciudadanos, “no puede buscar información en Internet, ni escribir y enviar un correo electrónico”En términos sencillos, son analfabetos digitales. Este dato ayuda a graficar que así como la Internet integra e incluye, la misma sociedad en su articulación discriminatoria y clasista, profundiza, reproduce y eterniza sus formas excluyentes y las traslapa a otras formas de organización social y productiva. La exclusión en la era digital es sin embargo mucho más compleja y difícil de reducir. ¿Por qué?
Porque la tecnología cambia demasiado rápido. Se dice que las nuevas generaciones, es decir aquellas nacidas al amparo de la Internet, por el sólo hecho de haber nacido en esta era quedarían al margen de esos retos alfabetizadores que la era digital también nos plantea. Pero los resultados de la evaluación ICILS-Agencia de Calidad de la Educación, dicen otra cosa. Si bien el hecho de tener acceso a estas tecnologías desde pequeño facilita su uso, digamos también que estos usos tienen distintas complejidades y van planteando disimiles desafíos entre las diferentes etapas del desarrollo de la tecnología. Por cierto, “estar dentro” facilita las cosas, pero no es automático y requiere de prácticas culturales de aprendizaje permanente y alfabetización continua. Para la generación de conocimiento nuevo, las competencias que dicho proceso plantea son aún más exigentes y requieren ser formadas, en lo posible desde edad temprana de modo inclusivo e integrador a nivel país.
Una visión tecnocrática digital, querrá que el mercado resuelva la “cobertura” como suele decirse. La incorporación a la era digital de ese poco más de 5.6 millones de chilenos, corresponde asumirse desde la formulación de políticas públicas, antes que los vicios y taras de la sociedad, en su reproducción estructural excluyente, consolide una situación de indigencia social apenas empezamos como país a rozar la era digital.
Desde el punto de vista del conocimiento, a través de plataformas tecnoeducativas y capital humano especializado, podemos obtener un potencial extraordinario para impulsar procesos formativos, a cualquier nivel y en cualquier dominio del saber humano. La base tecnológica existe, hoy el desafío es cómo y para qué utilizarla. Así, la distance education, Web-based Learning, el eLearning y últimamente el M-Learning, acompañado de una docena de términos más, reflejan el mismo fenómeno: la red se convierte en una opción formativa complementaria de la educación presencial convencional. Su ocurrencia, sin embargo, requiere de capital humano formado para maximizar su uso, y además desarrollar en los estudiantes otras competencias y habilidades.
¿Por qué esta modalidad de enseñanza-aprendizaje online, más comúnmente conocida en el sector servicios como elearning, está al margen del debate por la Reforma Educacional?
El eLearning es mucho más que “colgar” en un determinado soporte virtual un cierto contenido de escasa interactividad entre sus partes componentes. Esta modalidad –en el amplio sentido que permiten sus combinaciones- podrá beneficiarse de las herramientas de la Web 2.0, en la medida en que ensanche el espectro interactivo que hoy permite el desarrollo de la tecnología y supere su mal endémico que es el e-Reading.
Desde nuestra perspectiva, la revolución tecnológica llegó para quedarse, “la lleva” en muchos ámbitos de la vida moderna. A menos que aceptemos como país quedarnos en la medianía de los rankings internacionales especializados, podemos generar competencias que nos permitan timonearla para crear riqueza y bienestar social.
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Internet está modificando la forma de leer y procesar la información de niños y adolescentes

Two pupils leaning on a pile of books while reading on touchpad
Durante miles de años, los seres humanos adquirimos la información necesaria para relacionarnos con el entorno físico y con los demás, a través de la experiencia directa. La mayor parte de la información llegaba, lentamente, después de observar fenómenos y situaciones con nuestros propios ojos. El cerebro era alimentado también por relatos e informaciones procedentes de las experiencias vividas por otras personas, que trasladaban de forma verbal lo que habían visto con sus ojos, o escuchado con sus oídos. La transmisión de la información se realizaba de forma oral, con todas las ventajas e inconvenientes que esto supone, y de una forma evidentemente muy limitada y condicionada, fácil de alterar y sometida a la degeneración del mensaje propia del boca a boca.
Hace aproximadamente 5.000 años, con la creación de la escritura y la lectura, se produce una auténtica revolución en nuestro cerebro. Para adaptarse a la lectura, el cerebro tuvo que reorganizarse, permitiendo el desarrollo de largas y cada vez más complejas argumentaciones, acompañadas de multitud de datos que no era necesario memorizar en su totalidad, y dando lugar a pensamientos mucho más reflexivos. La lectura puso en marcha todo un proceso de desarrollo creativo. La imaginación y las investigaciones de unos, permitieron que otros continuaran creando hasta convertir en realidad muchas de las cosas que hoy nos rodean.
Pero, incluso este fabuloso cambio tuvo sus detractores y enemigos. Así es, nada menos que Sócrates, personaje sobre el que habría mucho que decir, consideraba que la escritura traería más problemas que beneficios. Afirmaba que la dependencia de la letra escrita alteraría para peor la mente de las personas. Defendía que la escritura amenazaba con convertirnos en pensadores menos profundos intelectualmente, menos sabios y menos felices. Nada menos… Por suerte y con el paso del tiempo se fueron imponiendo los argumentos defendidos por Platón, que veía en la escritura una oportunidad, aunque durante los primeros siglos estuviera reservada sólo a una minoría privilegiada.
El segundo cambio importante se produciría con la adopción de la lectura silenciosa. Así es, durante siglos la lectura fue algo practicado por unos pocos y siempre en voz alta, con el objetivo de transmitir. Entorno al año 380, San Agustín se sorprende al ver a San Ambrosio leer sin abrir la boca ni emitir sonido alguno… La lectura en silencio, para el propio lector, trajo consigo todo un mundo de reflexiones, variedad y diversidad en las interpretaciones y autoconciencia. Permitía pararse, debatir consigo mismo sobre lo leído, releer, etc.
El tercer cambio se produjo entre los siglos XII y XIII, con la aparición y generalización en el uso de las palabras y los signos de puntuación. En efecto, durante siglos y siglos los manuscritos estuvieron formados por tediosos encadenamientos de letras, sin espacios que permitieran separar las palabras o detenerse ante puntos o comas. El lector debía realizar ímprobos esfuerzos por interpretar finalmente el contenido y sentido de las letras encadenadas que acababa de leer.
El cuarto cambio supuso una verdadera revolución, así como la popularización de la escritura, la lectura e incluso la cultura y el pensamiento en todas sus formas. A mediados del siglo XV, el orfebre alemán Johannes Gutemberg inventa la imprenta. Los escasos y artesanales libros dan paso a la edición y distribución de miles de ejemplares por toda Europa. Obras antes apenas leídas comenzaron a estar al alcance de los ciudadanos del momento. Los precios y los tiempos de edición se redujeron enormemente, y la demanda de libros se disparó. Según los cálculos realizados por Michael Clapham en “Printing”, en los cincuenta años posteriores a la invención de la imprenta, se editaron tantos libros como los reproducidos por los escribas europeos a lo largo de los mil años precedentes. A finales del siglo XV más de 250 ciudades europeas tenían ya imprenta, y circulaban más de 12 millones de libros. Pero este maravilloso invento también tuvo sus detractores… Muchos comenzaron a preguntarse si era bueno que todo el mundo pudiera tener acceso a la información… Y no digamos ya si se trataba de información, contenidos u opiniones que podían no ser compartidos por el poder imperante en el momento. Según señala Joad Raymond en “The Invention of the Newspaper: English Newbooks”, el primer censor oficial de libros que hubo en Inglaterra planteó que la tipografía estaba trayendo más daño que beneficio a la cristiandad. Pero, como todos sabemos, la imprenta no sólo no cesó de imprimir libros, sino que gracias a ella la Biblia es el libro más difundido del mundo..
Y, finalmente, el quinto cambio también debe ser considerado una revolución: la escritura y lectura digitales a través de internet. La web 2.0 ha convertido además a las personas en productoras de información, y no sólo en meras consumidoras. Blogs, redes sociales, webs temáticas, foros, etc, etc, están permitiendo que cualquier ser humano con una conexión a internet pueda comunicar algo al resto del mundo con posibilidad de ser accesible para unos 2.500 millones de usuarios. Según los datos publicados por Science en el año 2011, la humanidad actual genera cada 2 días la misma información generada por nuestra especie durante casi 5.000 años. Es decir, 5 Exabytes de información cada 48 horas.
El acceso a la información hoy en día es digitalmenos del 0’1% de la información generada en la actualidad está en papel. El 99,9% de la información se encuentra disponible sólo en formato digital. Cada minuto que pasa se realizan 2 millones de consultas en Google. Es decir, el buscador es el principal y omnipresente medio de búsqueda de información para niños, adolescentes y adultos.
Y he aquí que, tal y como señalan investigadores y neurocientíficos de todo el mundo, la forma en que adquirimos la información influye en nuestra forma de percibirla y de transmitirla. El tipo de actividad mental que desarrollamos configura nuestro cerebro y la distribución de las neuronas. Tenemos la suerte de estar dotados de una herramienta extremadamente sensible, con una fabulosa característica que conocemos como NEUROPLASTICIDAD. El cerebro se modifica a sí mismo. No es estático ni rígido. Las neuronas establecen nuevos caminos, ponen en marcha nuevos circuitos neuronales y abandonan otros que quedan obsoletos. Algunas neuronas son descartadas, pero otras muchas pasan a engrosar y reforzar los nuevos caminos. La economía del reciclaje manda en el cerebro.
Pues bien, la herramienta que utilizamos para leer y para escribir nos condiciona. Sea la que sea… El propio Nietzsche afirmaba que desde que había comenzado a escribir con una máquina de escribir, no sólo su prosa sino incluso sus pensamientos se habían visto condicionados. El paso del papel a la máquina supusieron pare él un cambio importante. No podía ni imaginar lo que supondría más tarde el paso al cibertexto…
¿ES DISTINTO LEER INFORMACIÓN EN LIBROS A LEERLA EN PÁGINAS WEB?
Pues sí. Los estudios que lo ponen de manifiesto son muchos y muy variados. Uno de ellos es el realizado por el Dr. Jakob Nielsen, Director del Grupo Nielsen Norman que cofundó con el Dr. Donald A. Norman (ex vicepresidente de investigación de Apple Computer). Tras la realización de un estudio de seguimiento ocular, concluye que los usuarios de internet no realizan una lectura lineal, sino que “escanean” la pantalla. Los usuarios realizan una “lectura en F”. Leen las dos primeras líneas, y bajando por la izquierda vuelven a detenerse en el centro. Después abandonaban de nuevo la lectura lineal y bajan hacia la parte inferior izquierda. Las mismas conclusiones han sido obtenidas por otras entidades como el Laboratorio de Investigación de Usabilidad de Software de la Universidad Estatal de Wichita.
Según las investigaciones de Jakob Nielsen, las personas realmente leen menos del 20% del contenido de una página web. Así mismo, concluye que muchos usuarios dedican hasta un 69% de su atención al lado izquierdo de la pantalla, y sólo el 30% a la parte derecha.
Un estudio realizado entre jóvenes de 12 a 18 años por el University College of London, dirigido por el Profesor David Nicholas, determinó que los adolescentes necesitan mucho menos tiempo para encontrar una información en internet que los adultos. Son seis veces más rápidos que sus mayores. Pero, del mismo modo, el estudio concluye que internet disminuye la capacidad de concentración, así como la capacidad de los jóvenes para leer y escribir textos largos.
La empresa israelí de software ClikTale, recogió durante dos meses datos del comportamiento de un millón de visitantes de páginas web. Averiguó que en la mayoría de los países los usuarios de internet sólo pasan entre 19 y 27 segundos en cada web que visitan. Nunca leen una página entera.
Los estudios realizados por Ziming Liu, Catedrático de Biblioteconomía de la Universidad Estatal de San José, indican que está surgiendo un comportamiento lector basado en la pantalla, en el que la lectura se realiza en forma de exploración, de manera aleatoria, ni lineal ni fija y centrada en la búsqueda de palabras clave.
La psicóloga del desarrollo Patricia Greenfield, profesora en la Universidad de UCLA, repasó en 2009 más de cincuenta estudios sobre los efectos de los medios de comunicación en la inteligencia de las personas y su capacidad de aprendizaje. La conclusión fue la siguiente: el creciente uso de la Red está debilitando nuestras capacidades para el “procesamiento profundo” que permite “la adquisición consciente del conocimiento, el análisis inductivo, el pensamiento crítico, la imaginación y la reflexión”.
La verdad es que después de leer tantos artículos e investigaciones, no es difícil quedarse con la idea de que la lectura en internet está desestabilizando nuestros cerebros, hasta el punto de que puede llegar a producirse una involución. No obstante, creo que debemos ser mucho más objetivos, y situar cada cuestión en su contexto antes de sacar una conclusión.
¿LA LECTURA EN INTERNET ES COMPATIBLE CON LA LECTURA LINEAL DE LIBROS?
Creo que esta es la verdadera cuestión. Personalmente, como muchos de ustedes, pongo en práctica lo que considero son dos formas de lectura muy distintas, utilizadas siempre en función de las circunstancias. Leo, o “escaneo”, cientos de páginas web todos los días. Pero lo hago para buscar e identificar informaciones concretas. Sin esta forma de lectura, tan desarrollada por los adolescentes de hoy, tardaríamos muchas horas en determinar si la información contenida en una web responde a lo que estamos buscando o no. Es cierto que con la práctica se puede descartar un contenido en pocos segundos. La lectura en “F” me parece muy lógica. Leemos los encabezados y las primeras líneas para determinar si nos interesa, y después bajamos por la izquierda porque es donde empiezan los párrafos tras un punto y aparte. ¡Pero no hacemos esto sólo en internet! Lo hacemos también cuando hojeamos un libro de una estantería para saber si puede interesarnos, o cuando pasamos las páginas de una revista, o incluso cuando aun leemos algún periódico en papel.
Y lo cierto es que no he dejado de leer libros. Y no los “escaneo”, sino que realizo una lectura lineal, reflexiva y en profundidad, como hacemos todos cuando leemos un libro o un artículo que nos interesa (aunque sea tan largo como este). Creo, sinceramente, que ambas formas de lectura responden a necesidades distintas y son absolutamente compatibles y NECESARIAS.
EL HECHO DE QUE DOS FORMAS DE LECTURA PUEDAN CONVIVIR, NO QUIERE DECIR QUE VAYAN A HACERLO…
En efecto, esta es la siguiente cuestión que debemos plantearnos. Personalmente, como seguramente usted mismo/a, he pasado los primeros 30 años de mi vida leyendo libros, de forma lineal y reflexiva. Durante todo ese tiempo se han asentado en nuestros cerebros toda una serie de estructuras y circuitos neuronales, la mayoría de los cuales permanecen. No me inicié con la lectura en internet, ni he tenido que compaginar la lectura “tradicional” con la lectura “digital” hasta hace pocos años. La verdad es que no debemos asumir que los niños adoptarán ambas formas de lectura sin problemas, y sabiendo diferenciar perfectamente entre una y otra. Y no debemos asumirlo porque sabemos cómo funciona nuestro cerebro…:
  1. Nuestro cerebro es un ahorrador nato. De hecho, siendo tan pequeño consume el 20% de toda la energía que utiliza nuestro organismo. Parte de su trabajo consiste en optimizar recursos y ser “sostenible”. Si puede hacer algo de una forma más sencilla y que suponga menos esfuerzo LO HARÁ. Leer siempre de la misma manera es más fácil que tener que cambiar de registro y hacerlo de dos formas distintas en función de las circunstancias. Si una forma de lectura se realiza mucho más que la otra, el cerebro reforzará los procesos asociados para que cada vez nos resulte más fácil y sencillo leer así. En definitiva, la afianzará.
  2. No nos engañemos, la lectura de una página web o un contenido online bien diseñado resulta mucho más atractiva, en especial para los más pequeños. La mezcla de colores, fotografías, imágenes en movimiento, vídeos, banners, enlaces a otros sitios, etc, satisfacen la constante e innata curiosidad de nuestro cerebro. Muchos y muy diversos estímulos pueden tenerlo entretenido disfrutando con cada nuevo impacto, con cada nuevo descubrimiento, pero sin permitirle finalmente centrar su atención y profundizar dejando a un lado las distracciones.
CONCLUSION
Sinceramente, creo que existe el riesgo de que en los más pequeños, que no tienen años de experiencia en la lectura lineal y reflexiva, terminen adoptando y afianzando una forma de lectura en “escaneo”, que no permite profundizar en los contenidos, con una necesidad constante de cambiar de tarea para recibir nuevos estímulos, y muy dada a la distracción.
Y a tenor de los resultados señalados en el último informe PISA, lo último que necesitamos es que la comprensión lectora de los niños y adolescentes sea aun peor.
Pero NO podemos tampoco convertirnos en los Sócrates de nuestro tiempo, ni en los censores que desconfiaban de los nuevos inventos. La lectura en “F” es necesaria y fundamental ante la cantidad ingente de información que circula por internet. Es una adaptación a un nuevo entorno que no podemos ni debemos perder. Es más, debe entrenarse. Los niños y adolescentes están ya realizando ese entrenamiento. Pero hoy, más que nunca, es necesario reforzar la lectura lineal y reflexiva que permite PROFUNDIZAR, ASIMILAR y AFIANZAR información, datos y conceptos. Esto también debe entrenarse. Más que antes, sin lugar a dudas. 
Obliguemos a nuestro cerebro a esforzarse. Puede hacerlo (¡y en el fondo le gusta!). Es vital que los niños y adolescentes de hoy lean libros enteros, profundicen y reflexionen sin distracciones. Nos jugamos más de lo que pensamos. En este momento, que los niños lean libros debe ser una prioridad para padres/madres y educadores. Debe ser una prioridad para toda la sociedad.
 
– Ziming Liu, “Reading Behavior in the Digital Environment”, Journal of Documentation, 61, nº 6. 2005.
“Puzzling Web Habits across the Globe”, Blog ClickTale, 31 de Julio de 2008.
– David Nicholas, “The Virtual Revolution – Homo Interneticus”.
– Patricia M. Greenfield, “Technology and Informal Education: Whats Is Taught, What Is Learned”, Science, 323, nº 5910. “ de Enero de 2009.