Frases Jean Anouilh 

Uno se es fiel a sí mismo y se basta.“ — 
Una carta de amor hace reír a todos, menos a él y a ella.“
Lo terrible en cuanto a Dios, es que no se sabe nunca si es un truco del diablo.“
Es bueno para los hombres creer en las ideas y morir por ellas.“ 
Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte.“ 
En algún lugar bajo la lluvia, siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz.“ 
La vida es muy bella cuando a uno se la cuentan o cuando la lee en los libros; pero tiene un inconveniente; hay que vivirla.“
Las cosas nunca son como son. Siempre son lo que uno hace de ellas.“ 
Las mujeres son como la sopa: no hay que dejarlas enfriar.“ 
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Jean Anouilh

Anouilh (1910-87) Dramaturgo francés, n. en Burdeos y m. en Lausana (Suiza), tal vez el autor más representativo de su generación. En su teatro se propuso crear una atmósfera poética llena de situaciones libremente imaginadas, por paradójicas o míticas que fueran, y en esta atmósfera se mueven unos personajes de alma desilusionada. El tema único que Anouilh desarrolló, con argumentos y métodos variados, es la oposición irreductible entre la pureza de la juventud intransigente, limpia a pesar de manchas accidentales, y la sociedad hipócrita y corrompida que acepta las componendas más degradantes. La derrota de la pureza, que se niega a adaptarse, es la conclusión inevitable. Su primer éxito lo obtuvo con Le voyageur sans bagages (1937) y desde este momento continuó sin interrupción produciendo sus obras renovadoras de la escena, sobriamente trágicas, íntimamente líricas, como La Sauvage, Eurydice (1942), L'alouette (1953). Su Antigone (1942), bajo un disfraz de clasicismo griego, canta el poema de la resistencia a la tiranía en el París ocupado. Otras obras importantes son: Le bal des voleurs (1932), L'invitation au château (1947), La répétition (1950), La valse des toréadors (1951), Thomas Beckett (1959), Cher Antoine (1969), Le directeur de l'Opéra (1972), Le scénario (1976) y La culotte (1978). El propio Anouilh dividió su producción en pièces noires, pièces roses, pièces brillantes y pièces grinçantes.

Espectáculos en los que participó:
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ffitl. AnouilhJean. Jezabel. Antígona. -1" ed. - Buenos Aires: Losada,2009 -. 204 p.;79 x 12 cm. - (Aniversaño,67). Traducido por: Aurora Bemárdez.
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Jean Anouilh
(Burdeos, 1910 - Lausana, 1987) Dramaturgo francés. En su juventud estudió derecho, trabajó en una agencia de publicidad, y se interesó por el teatro. Amparado por J. Giraudoux, con El armiño (1932) logró su primer reconocimiento en el ambiente teatral. Con el éxito de su obra El viajero sin equipaje (1937) se afirmó en la escena francesa, y con La salvaje (1938), drama estrenado en el Teatro Mathurins y dirigido por Pitoeff, consolidó un prestigio que supo mantener durante más de cuarenta años.
A través de su obra expresó un humanismo rebelde a la realidad, donde el ser humano se encuentra acorralado por la presencia de dos absolutos: la imposibilidad de la pureza y su destino de corrupción. El tema que más desarrolló en sus textos es el de la condición patética de una juventud pura e intransigente que se ve derrotada ante el poder y la hipocresía de una sociedad corrupta. Sus personajes heroicos manifiestan las virtudes de la bondad, la pureza y la juventud, mientras que sus antagonistas se presentan con estigmas de maldad, perversión y decadencia. Pensaba que las historias de las buenas personas necesariamente terminaban mal, por lo que sus dramas solían poseer algunas evidencias del "paraíso perdido".
Hacia los años cincuenta, la evolución de su visión del mundo lo fue alejando cada vez más de las influencias de Giraudoux; entabló amistad con A. Salacrou, A. Malraux, H. Michaux y J. P. Sartre, y alcanzó un gran dominio en el oficio de la escritura teatral que lo destacó entre los dramaturgos de su generación. Su habilidad para pasar de la comedia a la tragedia, o de la risa a la ironía más corrosiva, fue considerada como una de sus mejores virtudes.
En sus obras alternó permanentemente las categorías de ficción, realidad, pasado y presente, lo que le permitió recurrir a la historia para ejemplificar sucesos de actualidad y jugar con la relación entre vida y literatura, que a su entender estaban fundidas en un solo concepto, ya que "el teatro de la vida no se diferencia demasiado de la vida del teatro". Asimismo definió sus trabajos según su intensidad dramática, por lo que llamó "piezas negras" a sus textos más trágicos y pesimistas, o "piezas rosas" a aquellos donde tenían cabida el humor y la fantasía. También las clasificó como "chirriantes", "brillantes", "agrias", "de disfraces", o "secretas", lo que pone de manifiesto la gran diversidad temática y expresiva de su producción.
Fue autor de Eurídice (1942), Antígona (1944), Romeo y Jeannette (1953), El ensayo o el amor castigado (1950), El vals de los toreros (1952), Medea (1953), La invitación al castillo o La alondra (1953), Ornifle o la corriente de aire (1955), Becket o el honor de Dios (1959), Querido Antonio (1969), Los pescados rojos(1970), El Director de la Ópera (1972), El arresto (1975) o El ombligo (1981), entre muchas otras obras, y de guiones cinematográficos para varias películas, como Monsieur Vincent (1947) y Deux sous de violettes (1951).

Página de Fernando Arrabal

http://www.arrabal.org/

Fernando Arrabal: «Con la insolencia se esconde lo esencial»

Fernando Arrabal. Por Gusi Bejer
Dramaturgo, novelista y poeta, Fernando Arrabal (Tetuán, 1932) cumple en agosto 80 cervantinos años cargados de ironía, insolencia y un puñado de libros: así, desde la Destierrolandia en la que vive, recupera La torre quebrada por el rayo (Automática) y lanza ARRABAL es (Ánfora Nova) e Intimidad
Pregunta: ¿Cómo vive en Destierrolandia?
Respuesta: Mi imagen aparece en el escaparate; yo… me refugio en la leonera. Con la insolencia se esconde casi todo: lo esencial.
P: ¿Nunca siente nostalgia del país que España nunca fue, sin miedo ni complejos, en el que su padre hubiese muerto anciano feliz, y usted no hubiera conocido el destierro?
R: Cuando invaden las hienas… no hay nada que temer. Las sabandijas enfermas no se meten en la cama.
P: ¿Cómo ve desde París la crisis española?
R: “La vida es una puta”. Pero ¿hay que poder pagársela?
P: ¿Y la cultura?
R: Para sala de espera, prefiero las discotecas. Dejo la lengua de trapo para las vacas sagradas con el rabo entre las piernas.
P: ¿Recuerda al escritor que escupió al dictador con su Carta a Franco?
R: Al zafarrancho de botas sucede el ronroneo de zapatillas.
P: Automática Editorial recupera La torre herida por el rayo, premio Nadal en 1982. ¿Qué gana y qué pierde el libro al ser descubierto ahora por un público sin los prejuicios de hace 30 años?
R: ¿“Gana desasosiego sin perder nada”? (Kundera dixit). El capítulo que hizo reír a carcajadas en 1982 en Cáceres hoy hace llorar de emoción en Badajoz. Las dos ciudades están demasiado lejos.
P: ¿Donde sitúa al poder actual?
R: Conviene guardar distancias. Se evitan choques.
P: ¿Y al poder cultural en el mundo?
R: Tiene ideas de perfil. Comunica con burqa. Cuando da un galardón exige el recibo; pero cuando aburre, la gente se siente culpable.
P: Mel Gussow (NYT) le definió como el único superviviente de los cuatro avatares de la modernidad . Pero usted afirma que no es el mejor. ¿Falsa modestia, exceso de realismo, otro rayo desde el cielo?
R: No merezco ni los elogios, ni mi tuberculosis. “Todo lo que se dice de Arrabal (o de Nueva York) es cierto” (Topor).
P: También publica Intimidad (Libros del innombrable) y ARRABALes (Ánfora Nova): ¿Quién es de verdad el dramaturgo, matemático, ajedrecista y poeta Arrabal?
R: ¿Un eremita sociable? ¿La Venus de Milo soñando con comerse sus uñas? ¿Un iluso que quisiera llegar a ser Arrabal?
P: ¿Por qué le buscan editores valientes y primerizos, como Ochoa de Chinchetru, Miguel de Rus, Molina Caballero o Raúl Herrero?
R: Porque son como el Greco que decidió ser pintor cuando comprobó que no tenía oído musical.
P: ¿Qué pensó cuando su amigo Kundera fue acusado de…?
R: …que un escritor genial solo alcanza la celebridad cuando su madrastra oye hablar de él.
P: Houellebecq… ¿por qué molesta tanto en Francia?
R: Porque para excitarse se imagina ser otro. Por las noches le sucede algo tremendo: nada.
P: ¿A qué autores españoles actuales admira y lee?
R: ¿Y a cuál no? La mayoría promete; ¿lo que Avellaneda consiguió?
P: ¿Le interesan los debates sobre el sexismo en el lenguaje?
R: E incluso las discusiones sobre el orgasmo en la castidad. De sexo los que menos saben: los casados.
P: ¿Cuándo los académicos de la Real Academia…?
R: …los que no me han leído dicen que me admiran… a los otros les cuesta… Los caníbales diabéticos no comen fabricantes de azucarillos.
P: Qué le llevó a escribir?
R: Se me ocurrió de niño al ganar el concurso de superdotados. Hubieran debido congelarme.
P: A pesar de afirmar que no se le conoce en España, tiene muchos seguidores que añoran ver sus obras en los mejores teatros y leerle de nuevo… ¿qué tiene ahora mismo entre manos?
R: ¿Hoy?…: las once páginas cotidianas de mi novela-libro-total. Post-mortem. Si ahora tiene 1127 páginas es posible que siga creciendo o que lo pode… “por los siglos de los siglos”. Gracias a su omnisciencia el dios Pan puso los principios antes de los finales.
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(Fernando Arrabal Terán; Melilla, 1932) Dramaturgo y novelista español. Residió en Melilla (hasta 1939), en Ciudad Rodrigo (hasta 1946) y en Madrid (hasta 1955). Abandonó España "por motivos de libertad", decisión reafirmada en 1958 al fracasar el estreno de Los Hombres del triciclo.

Fernando Arrabal
En París (su residencia permanente) fundó en 1961 con otros jóvenes el movimiento "pánico", con influencias de Tristan Tzara y el dadaísmo y estimulado también por André Breton. Conoció a la que luego sería su mujer y traductora, Luce Moreau, y estrenó Pique-Nique en Campagne (1959), dirigida por Jean Marie Serrau. Ese mismo año obtuvo una beca que lo llevó a Estados Unidos, ocasión que aprovechó para recorrer casi todo el país. Cuando volvió a Francia, su obra se consolidó en primera línea de las vanguardias.
Su teatro, encuadrado en la tendencia del absurdo, asume la mirada del niño (ajena a toda racionalización) y concibe el escenario como centro de confusión, terror, euforia, caos, pero también culto de la felicidad y rechazo de toda ley moral. A través de sus estrenos y su publicación en París el teatro de Fernando Arrabal alcanzó renombre universal.
Ya en sus primeras obras eligió universos circulares o espacialmente cerrados; así en Los dos verdugos (Les deux bourreaux, 1956) y en El cementerio de automóviles (Le cimetière des voitures, 1957). Con el acopio de elementos surrealistas, las bases de su teatro se desarrollan en una búsqueda formal, tanto por lo que respecta al tratamiento del espacio escénico como al trabajo expresivo del gesto: Ceremonia para un negro asesinado (Cerémonie pour un noir assassiné), El arquitecto y el emperador de Asiria (L'architecte et l'empereur d'Assyrie, 1966) y Oye, patria, mi aflicción (1977) se cuentan entre sus títulos más significativos.
Paralelamente, Fernando Arrabal ha desarrollado una labor como cineasta; a menudo, al igual que en su teatro, se inspira, con virulenta iconoclastia, en sus obsesiones españolas. Se inicia su filmografía con Viva la muerte (1970) y continúa con Iré como un caballo loco (1973), El árbol de Guernica (1976) y La odisea del Pacífico (1980). Por último, mencionemos su obra de narrador, marcada asimismo por una voluntad experimental y provocadora: las novelas Baal Babylone(1959), Arrabal celebrando la ceremonia de la confusión (1966), La torre herida por el rayo, que fue galardonada con el premio Nadal 1983, y La virgen roja(1986).
De entre sus últimas obras teatrales cabe citar Breviario de amor de un halterófilo(1987); La travesía del Imperio (1988); La extravagante cruzada de un revolucionario obeso (1989); Róbame un billoncito (1990) y La carga de los centauros (1990). El Teatro completo, publicado en dos volúmenes, vio la luz durante el bienio 1997-1998. Por otra parte, entre sus novelas más recientes destacan La hija de King Kong (1988), La extravagante cruzada de un castrado enamorado (1990), El mono, o enganchado al caballo (1994) y Ceremonia por un teniente abandonado (1998).
En la década de los noventa publicó también un volumen de poemas titulado Arrabalesques (1994) y varios ensayos tales como La dudosa luz del día (1994, galardonado con el Premio Espasa de Ensayo), Carta al rey de España (1995) y una visión desmitificadora de Miguel de Cervantes titulada Un esclavo llamado Cervantes (1996).


Joan Turner de Jara le regaló discos y un libro del asesinado cantante chileno al artista que se presentó este miércoles en el Estadio Nacional.
Roger Waters en Chile marcó varios hitos. A diferencia de otros artistas, el ex Pink Floyd tuvo varias actividades que trascendieron a su show este miércoles en el Estadio Nacional. Además de realizar una charla en el Centro Cultural Matucana 100 y firmar autógrafos en el hotel donde se hospedó, el artista se reunió con Joan Turner de Jara, viuda del asesinado cantante chileno Víctor Jara.


En la ocasión, Joan regaló discos de su difunto esposo y el libro Un Canto Inconcluso a Waters, momento que registró la Fundación Víctor Jara.
En sus redes, la fundación afirma que el artista británico se lleva “todo el cariño y agradecimiento de Joan y nuestra Fundación, por su cercanía y apoyo en la difusión del legado de Víctor Jara”.



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Joan Jara recibe la visita de un querido amigo. Roger Waters se lleva los discos de Víctor Jara, el libro Un Canto Inconcluso y todo el cariño y agradecimiento de Joan y nuestra Fundación, por su cercanía y apoyo en la difusión del legado de Victor Jara. Gracias Roger Water¡¡


El cantante nacional también tuvo una aparición en el recital de Waters, siendo mostrado en la pantalla gigante desplegada en el Estadio Nacional, imagen subida a Instagram por la usuaria @caro_rojs y replicada por el mismo ex Pink Floyd.

Antes de morir en 2016, el músico y poeta canadiense preparó y cuidó la edición de su obra poética. “Era el fuego que atendía, la llama más importante que avivaba”, escribe su hijo en el prólogo de La llama, de reciente edición en español.
Fue hace más de medio siglo, pero ahora, cuando lo pensamos, en realidad pareciera que ocurrió en otra vida. Leonard Cohen, la voz grave del folk que le cantó al pesimismo, nunca trazó una frontera entre sus poemas y sus canciones. Antes de brillar con su música probó suerte como escritor y le fue mal. Por eso siempre se vio a sí mismo, primero que todo, como un poeta. Lo cuenta su hijo Adam en el prólogo de La llama (Salamandra, 2018), el último libro que el hombre de “Hallelujah” preparó y cuidó para su edición.i
“Religión, maestros, mujeres, fama, dinero, drogas, el viaje (…) nada me coloca tanto, ni me alivia el sufrimiento, como emborronar páginas, escribiendo”, reconoce el propio Cohen en el texto que reúne sus poemas inéditos, letras de canciones, cuadernos, dibujos y bocetos a medio terminar, escritos en cualquier tipo de soporte, como enumera su hijo: cuadernos, papeles sueltos, servilletas de bar.
“Escribir era su razón de ser. Era el fuego que atendía, la llama más importante que avivaba”, explica Adam del padre que en 2011 recibió el Premio Príncipe de Asturias por su obra escrita y que, a veces, por error, guardaba libretas en el congelador. El mismo Leonard Cohen que escribió un verso que bien podría resumir ese camino flanqueado por el amor y la religión en partes iguales:
I came so far for beauty (Fui tan lejos en busca de la belleza)
I left so much behind (Dejé tanto atrás)
Entre los emails que intercambió con amigos apenas horas antes de morir el 7 de noviembre de 2016, pero sobre todo en el discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias en 2011, Cohen dejó algunas pistas sobre su obra escrita.
“La poesía viene de un lugar que nadie domina y nadie puede conquistar”, dijo allí, en Oviedo, donde también confesó: “Todos conocen mi profunda relación y confraternidad con el poeta Federico García Lorca. Puedo decir que cuando era un joven, un adolescente, y anhelaba una voz propia, estudié a los poetas ingleses, cuya obra llegué a conocer bien, incluso copié sus estilos, pero no pude encontrar una voz. Solo al leer la obra de Lorca, aunque en traducción, comprendí que ahí había una voz”.
Entre sus poemas, que cubren la primera parte del volumen, hay títulos sugerentes como “Happens to the heart” (Le pasa al corazón), “When desire rests” (Cuando el deseo descansa) o “Deprived” (Ausencia), y algunos más juguetones y derechamente provocadores como “Kanye West is not Picasso” (Kanye West no es Picasso), “Watching the nature channel” (Mirando el canal de naturaleza en la tele) o “My lawyer” (Mi abogado).
Leonard Cohen en Lonedres, junio de 1974. Foto: Michael Putland / Getty Images.




También los hay de calibre místico: “Unbiblical” (Inbíblico), “I pray for courage” (En mis rezos pido valor) y “Mary full of grace” (María llena eres de gracia); y los que fueron parte de sus discos Old ideas (2012), esa calculada despedida llamada You want it darker (2016) y un poco antes Popular problems (2014), donde aparece el tema que abría la segunda temporada de la serie True Detective, “Nevermind”, que dice así:
No me atraparon
Aunque muchos lo intentaron
Vivo entre vosotros
Con un buen disfraz
(…)
Hay una verdad que vive
Y una verdad que muere
Yo no las distingo
Así que da igual
Contando su diario y decenas de autorretratos, esparcidos entre las casi 350 páginas, La llama incluye todas las letras de esos álbumes aparecidos gracias al desastre financiero provocado por Kelley Lynch, su exmánager que lo estafó y arruinó económicamente.
Obligado a salir de su retiro budista en 2005, el hombre que se veía como un poeta debió volver a componer y no tanto a escribir como publicar. Cohen, como cuenta su hijo Adam, nunca dejó de hacerlo hasta el final de sus días.
Autorretrato.



Una década antes de morir, en el documental Leonard Cohen: I’m your man, del director Lian Lunson, el músico que se veía como un poeta declaró: “No soy una persona nostálgica que mire el pasado, así que no tengo remordimientos ni nada por qué felicitarme. Vi que las cosas son mucho más fáciles cuando ya no esperas ninguna victoria. Al abandonar tu obra maestra te sumerges en la auténtica obra maestra”.
Por eso La llama se siente como un testimonio, acaso un fuego imposible de apagar. Tal vez como esas historias que contaba el mismo Cohen en canciones luminosas como “Famous blue raincoat” y “You want it darker” —su último gran destello—; una suerte de pira viviente al alcance de quien decida acercarse.

La llama (Salamandra, 2018)

http://culto.latercera.com/2019/05/23/leonard-cohen-la-llama/