Escondida en el tercer piso del pabellón de la bienal diseñado por Oscar Niemeyer, en el parque Ibirapuera, se pudo ver la instalacion Once, Once (2016) del artista neoyorquino Lyle Ashton Harris.
A través de una selección de fotografías e imágenes en movimiento, el artista hizo una crónica de las Guerras Culturales de los años ochenta y noventa. La presentación profundamente dinámica reconstruyó de modo imaginario material histórico para reflexionar sobre lazos personales y colectivos con el multiculturalismo, el feminismo, y el activismo racial y LGTBQ. Las narrativas incorporadas aquí son de una vigencia asombrosa. Si miramos a nuestro alrededor hoy, encontraremos un paisaje similar de amargura política y turbulencias sociales y económicas. Esta realidad no escapó a la bienal, que se desarrolló en simultáneo con profundas rupturas económicas en el país anfitrión. Semejantes conflictos internos no son ciertamente algo exclusivo de Brasil. A lo largo de todo el globo encontramos innumerables ejemplos de cambio de órdenes políticos y sociales, particularmente en relación con el ascenso del populismo de derecha. No asombra, pues, que algunos comentadores hayan observado que estamos viviendo tiempos regresivos. Pero ese inesperado regreso de batallas que creímos ya había solucionado una generación anterior revela que ha quedado «una conversación sin terminar», como lo observó la teórica cultural Stuart Hall hablando del proyecto del multiculturalismo.
mié 24 oct, 2018
La muestra en São Paulo reúne obras de 17 artistas, evocando tanto discusiones políticas actuales y urgentes como formas de entender el mundo que no pasan por las vías de la razón.

Guiada por una investigación en torno al uso de símbolos como herramientas de lenguaje, la exposición ‘⌾’, con curaduría de Catalina Duncan y expuesta en la Galería Leme, São Paulo, reúne obras de 17 artistas, evocando tanto cuestiones políticas latentes como las relaciones con lo oculto y desconocido. Entre los artistas se encuentran el poeta, dramaturgo y político Abdias del Nacimiento (1914-2011). Su obra Quilombis (Exu y Ogum, 1980) comprende los quilombos como una de las primeras experiencias de libertad en las Américas, proponiendo una nueva organización política a partir de la superposición de símbolos de los instrumentos de los orixás Exu (comunicación, contradicción y dialéctica) y Ogum innovación tecnológica y compromisos de lucha).
El título de la exposición ‘⌾’ es también un símbolo utilizado para identificar al Sol, que en muchas culturas se entiende como “lo indefinible”, conteniendo siempre algo que no puede ser explicado por las vías de la razón. El lenguaje simbólico, que impregna toda la muestra, se superpone a la palabra escrita como una propuesta de alternancia de poder, para que nuevas herramientas de lucha y comunicación puedan ser desarrolladas en un mundo donde escuchar es algo cada vez más escaso y la aproximación entre las herramientas ancestrales y las tecnologías contemporáneas se hace cada vez más necesaria.
Artistas participantes: Abdias Nascimento, Aline Motta, Antonio Pichillá, Cabelo, Camila Mota, Cristiano Lenhardt, Dan Coopey, Frederico Filippi, Ismael David, MAHKU – Movimento dos Artistas Huni Kuin, Mariana de Matos, Moisés Patrício, Mônica Ventura, Raphael Escobar, Rodrigo Bueno, Vânia Medeiros, Vivian Caccuri.




Cuando usted dio una conferencia en el Johannesburg Workshop in Theory and Criticism (JWTC), una conferencia sobre “La teoría del Sur”, dijo de manera provocadora que cuestiona la existencia de una teoría del Sur y cree que hay más bien un “Sur de la teoría”. ¿Qué quiso decir con esto, y piensa así todavía?
AA: Quise decir esto como una provocación, ya que la idea de una “Teoría del Sur” ya estaba en riesgo de convertirse en un cliché. Quería sugerir que lugares y ubicaciones eran importantes en la geografía del conocimiento, pero que lo más importante era desestabilizar la idea misma de teoría, observándola desde puntos de vista desconocidos, algunos de los cuales podrían ser geográficos, pero otros podrían ser profesionales, generacionales o ideológicos. La idea de ir al sur de la teoría también abre la cuestión del estatus epistemológico de distinciones tales como teoría/práctica, teoría/observación, teoría/datos, etc.
Ya que el Sur no solo está geográficamente definido, sino que también implica muchos otros significados, sería interesante escuchar qué implica para usted personalmente, también en relación con su investigación.
AA: Mi primer sentido del Sur, habiendo crecido en la India en los años cincuenta y sesenta, estaba ligado al mundo en proceso de descolonización y giraba en torno a Occidente y No-Occidente. Más tarde me di cuenta de que el tema relevante es: ricos vs. pobres, es decir, el Norte frente al Sur, una distinción que llevó a América Latina más claramente a la historia de la descolonización y la dependencia. Aún más tarde, comencé a ver que había un Oriente en cada Occidente (minorías y tradiciones de oposición dentro de lo dominante), y un Sur dentro de cada Norte, como constaté en ciudades como Filadelfia y Chicago, con enormes ghettos negros que vi por primera vez allí. A través de este conjunto de pasos, comencé a pensar en la posicionalidad de la teoría como siendo más política y menos geográfica.
Creo que estaría de acuerdo con el hecho de que los poderes del mundo están cambiando. Brexit, Trump, el populismo de derecha en Europa, el posicionamiento de China y Rusia, etc., son indicadores de esto. ¿Qué tipo de papel podría jugar el “Sur” en las próximas décadas y cree que Europa tendrá un papel en ello?
AA: Creo que el “Sur” geográfico está cambiando su equilibrio, y que la India y China van a ser sitios importantes para definir la relación entre autoritarismo, crecimiento rápido y populismo. Europa puede desempeñar un papel vital en este proceso al proporcionar un equilibrio entre las pretensiones de China y los Estados Unidos como contendientes para la dominación global, y entre India y China como competidores de la dominación económica en Asia. Puede hacerlo a través de la Unión Europea, a través de esfuerzos civiles globales como el Goethe-Institut y ejemplificando un futuro real para la política democrática. Esto solo se puede lograr si Europa ve los problemas del mundo y sus propios problemas como dos caras de la misma moneda.
“Descolonización” es la expresión que se escucha en todo tipo de contextos de globalización. ¿A dónde conduce esta descolonización, o es algo que solo existe como una construcción teórica que debe ser deconstruida nuevamente?
Sí, temo que “descolonización” se ha convertido en una categoría demasiado suelta y ahora se usa para todo tipo de movimientos, impulsos y aspiraciones, muchos de los cuales no tienen nada que ver con las colonias reales o el colonialismo. Prefiero usar el término “descolonización” para referirme al momento específico en el que muchos países de Asia, África y Medio Oriente lograron la independencia en las décadas de 1940 y 1950. El caso latinoamericano es interesante, pero tuvo lugar más de un siglo antes y también ocurrió en relación con el capitalismo preindustrial. Aún así, es el primer proceso real de descolonización del que tenemos conocimiento. Estoy interesado en todos estos casos, pero no en la tendencia reciente de lanzar a todas partes palabras como “decolonial” sin referencia a casos históricos específicos.
¿Cuál es su Sur?
AA: Mi Sur es el lugar donde las poblaciones marginales se encuentran con teorías marginadoras y sufren bajo su dominio. Ese “Sur” puede estar en cualquier lugar y exige una intervención en cualquiera de sus ubicaciones.
Arjun Appadurai es antropólogo y profesor de Medios, Cultura y Comunicación en la Universidad de Nueva York, y miembro del Institute for Public Knowlegde. Ha publicado varios libros en el campo de los Estudios de Globalización, incluyendo Modernity at Large (1996), The Fear of Small Numbers: An Essay on the Geography of Anger (2006) y The Future as a Cultural Fact: Essays on the Global Condition (2013). Más recientemente, el libro Banking on Words: The Failure of Language in the Age of Derivatives Finance (2015), propone una interpretación original de la crisis económica de 2008.
Katharina von Ruckteschell-Katte estudió Historia del Arte, Estudios Alemanes y Literatura Comparada. Ha estado a cargo del Goethe-Institut São Paulo y la región de Sudamérica desde 2013.
Esta entrevista fue publicada originalmente en la página web del proyecto Episodios del Sur, realizado por el Goethe-Institut en Brasil.
Traducido del inglés por Hernán D. Caro
13 noviembre, 2017


Preguntas y respuestas:

1. ¿Quién es Stephan Klasen, el economista? ¿De dónde viene tu interés por la economía del desarrollo, y más específicamente, de dónde viene tu interés por el tema de género y su relación con la economía del desarrollo? 
Bueno, he tenido un interés permanente en los problemas del desarrollo, que comenzaron cuando era estudiante en EE.UU. durante los años ochenta. Ciertamente, estuve muy influido por haber estudiado con Amartya Sen, un economista líder dentro de la economía del desarrollo, y que después se convirtió en premio nobel de economía, lo que causó una fuerte impresión en mí. Pero mi principal motivación ha sido pensar en la pregunta sobre la desigualdad global y saber porqué en unas partes y regiones del mundo algunas personas se encuentran peor que otras y qué se puede hacer al respecto. Los temas relacionados con la desigualdad de género me interesaron durante mis estudios de doctorado al estudiar el sesgo en la mortalidad de género en algunas regiones del mundo en desarrollo, en particular en China, India y algunas partes de Oriente Medio, lo que me llevó a analizar y especializarme cada vez más en las preguntas sobre brechas de género, sus causas, su medición, así como sus consecuencias en los resultados del desarrollo.

2. El mundo ha emprendido una nueva estrategia de desarrollo, denominada la agenda de desarrollo post-2015 (o agenda 2030). Durante este proceso has resaltado la necesidad de superar la medida actual de pobreza de ingreso, basada en la línea de pobreza internacional de USD 1,25 céntímos, a partir de un esfuerzo coordinado internacional y una medida consistente de pobreza a nivel nacional ¿Podrías explicarnos brevemente porqué dicha propuesta debería tomarse en cuenta y de ser así cuáles serían las principales dificultades en su adopción? 
Puedo mencionar brevemente mis preocupaciones respecto a la medida de un USD 1 dólar al día, son varias:
(1) Primero, es la inestabilidad inherente de esta medida que se basa en las denominadas comparaciones de paridad de poder adquisitivo, que han tomado lugar en los últimos años. Algunas de las últimas fueron hechas en 2008 y vimos que la pobreza de ingreso era mayor de lo que habíamos pensado, y por tanto todo lo que sabíamos respecto a la pobreza de ingreso se ha puesto en entredicho.
(2) Segundo, es que la medida de un USD 1 dólar al día es muy baja y se ha vuelto crecientemente irrelevante para un conjunto amplio de países en el mundo, y es posible que no sea más una referencia útil para muchos países,
(3) Finalmente, un tercero punto muestra que un USD 1 dólar diario no tiene una vinculación con la medida de pobreza nacional. Varios países tienen medidas de pobreza de ingreso a nivel nacional, que son utilizadas y son importantes para propósitos de política. Mi idea es dejar de lado las inestabilidades que hemos mencionado y hacer lo siguiente: (i) coordinar la forma en que establecemos las líneas de pobreza en todo el mundo, en un sentido en donde se establece una metodología consistente, pero usando monedas nacionales. Una metodología consistente sería el uso del denominado costo de necesidades básicas para medir la pobreza de ingreso, en donde básicamente estás diciendo: estas personas son pobres porque no tienen recursos para comprar un conjunto de bienes que les permiten estar adecuadamente alimentados. Una vez que se puede implementar en diferentes países del mundo, utilizando encuestas de ingreso nacionales, tendremos líneas de pobreza en moneda nacional y será directamente relevante para los debates de pobreza, al tiempo que estaremos en posiblidad de agregar el número de personas pobres y la tasa de pobreza a escala mundial. Dese luego, que hay problemas técnicos y conceptuales que hay que resolver. Respecto a los primeros están las preguntas, ¿son suficientemente comparables las encuestas utilizadas entre países para tener una línea de pobreza consistente en el mundo? Algunas de las encuentas son más detalladas que otras, unas tienen un enfoque de ingreso como en partes de Latinoamérica, otras tienen un enfoque de gasto como en partes de África, y la pregunta es cómo hacerlas funcionales y consistentes.
Otro tema técnico es como actualizamos de manera consistente la línea de pobreza con el paso del tiempo, una vez que los países se vuelven más ricos.
Dentro de los desafíos políticos están, por ejemplo, que muchos países tienen una línea de pobreza que han elegido por decisiones políticas convenientes, y por tanto quieren conservar esa medida. El punto está en qué medida están dispuestos ha adaptarse a otra metodología que no es consistente con la utilizada por otros países. En este punto, considero que vamos a necesitar un proceso en dos etapas. Primero creamos basicamente mediante un ejercicio tecnocrático una línea de pobreza consistente para que los países midan la pobreza de esta manera, y después en un segundo paso, en un periodo más largo, los países pueden decidir si se adhieren a esta medida, que es más consistente, o prefieren quedarse con la que tienen. La idea es hacer algo similar al sistema de cuentas nacionales en el sentido de que los países han adoptado una forma consistente de medir el Producto Interior Bruto, usando una especie de manual conjunto que siguen los países, y la idea sería hacer algo similar con la medición de la pobreza.

3. ¿Cuál es tu posición en la adopción de estrategias de política basadas en bienes públicos globales? Sabemos que hay una tendencia reciente sobre este tema en EE.UU.
Bueno, en general, desde luego, el progreso del desarrollo depende de una variedad de bienes públicos y de instituciones y gente proveyéndolos. Algunos pueden definirse claramente, por ejemplo el conocimiento para combatir enfermedades es un tipo de bien público global, que una vez que se genera el conocimiento está disponible para todos, y, por tanto, sólo tenemos que generar incentivos para generar este conocimiento. Desde luego, tenemos un sistema común para hacer lo anterior, que es el sistema de patentes, que en el caso de las empresas farmacéuticas genera los incentivos para producir sus productos, aunque la desventaja es que dichas patentes llevan a medicamentos costosos y muchas de las veces inaccesibles, por lo que tenemos un problema de acceso. En este sentido, la comunidad internacional puede intentar decir: tenemos un sistema diferente de incentivos, tal vez provisto mediante fondos públicos, por ejemplo, para la provisión de bienes públicos globales en el campo de la salud, y de esta forma podemos resolver el problema de incentivos que sigue presente, así como el problema de acceso.
Desde luego, existen otros bienes públicos relacionados con el cambio climático, que por supuesto es un problema global muy importante en el que todos estamos contribuyendo para enfrentarlo, aunque algunos más que otros. Su solución sólo funcionará si la mayoría de las emisiones están incluidas en un acuerdo, y la cooperación internacional es importante en esta área. Un tercer ejemplo es la seguridad para la paz en el sentido de que la paz en un país vecino es importante para el resto.
Ahora bien, yo no quisiera decir que la agenda global de desarrollo está puramente basada en bienes públicos. Hay áreas en donde éstos son extremadamente importantes, pero hay muchas otras donde el progreso de la agenda de desarrollo dependerá de lo que hacen los países individualmente, cómo lo hacen, las políticas ambientales que desarrollan, las inversiones que realizan, etc. Por tanto, no quisiera sugerir que los bienes públicos globalesson la única manera para promover el desarrollo: son importantes en ciertas áreas.

4. Hay un debate paralelo en el campo del desarrollo que pone el énfasis en la coherencia de políticas para el desarrollo con el fin de afrontar los diversos retos del desarrollo que enfrenta el mundo. ¿Cómo ves este enfoque en el contexto geopolítico y geoeconómico internacional? ¿Es este enfoque el mejor posible para avanzar en materia de desarrollo? o ¿los especialistas en desarrollo deben buscar metas menos ambiciosas? 
Claramente, la falta de coherencia de políticas un un problema mayor. Por un lado, se provee ayuda a los países, y por otro, no se ofrece acceso a mercados para algunos de sus productos. O por un lado, se da ayuda y por otro no hacemos nada cuando un problema irrumpe y décadas de progreso en desarrollo se diluyen en un periodo breve. Asi que la coherencia de políticas es importante y, desde luego, un reto enorme para hacerlo. Yo creo que el papel de los académicos y otros trabajando en el campo del desarrollo es presionar a los gobiernos para tomarlo como un tema serio. Yo sé que no llevará a soluciones de manera inmediata, pero creo que ha sido reconocido, por ejemplo, en Europa, a nivel de la comisión europea como una área importante de desarrollo en la que tenemos que pensar. Así que cuando pensemos en nuestra política de desarrollo debemos asegurarnos que sea consistente con nuestra política de ayuda. O bien es nuestra política de migración consistente con nuestra política comercial y política de ayuda. Y algo se ha avanzado en el sentido de que los responsables de generar las políticas públicas son más conscientes de este aspecto y de lo importante que son sus vínculos. Desde luego, es difícil alcanzar la coherencia políticamente, y es un reto que seguramente seguirá, pero eso no significa que debemos ser menos ambiciosos en buscarla.

5. Has señalado que la agenda de desarrollo post 2015 (agenda 2030) no es el lugar adecuado para tratar el tema de la desigualdad y que por tanto la agenda de desarrollo no necesita una meta específica para la desigualdad. Dada la creciente importancia de ésta en la arena internacional ¿sigues convencido de que la desigualdad debe ser tratada por separado? 
Yo no estoy argumentando que la desigualdad deba tratarse por separado. Lo que estoy diciendo es que en términos de indicadores y metas de la agenda de desarrollo, uno debería enfocarse en disminuir las carencias y mejorar la calidad de vida de aquellos cuya calidad de vida es peor. En los campos de educación, salud, seguridad, ingreso, etc. Esos son los aspectos que deben priorizarse. La desigualdad, sin duda, importa para ello y mucho. El avance en la salud es mayor si la desigualdad es menor, el progreso en la educación es más fácil si la desigualdad es menor, la reducción de la pobreza de ingreso se facilita si la desigualdad del ingreso es menor. De hecho es una relación matemática entre ambas: A menor desigualdad, menor la pobreza de ingreso, y mayor es el impacto de cualquier crecimiento del ingreso sobre la pobreza. Así que en un sentido la desigualdad importa mucho para la agenda de desarrollo que yo propongo, y por tanto, es uno de los medios relevantes para alcanzar progreso en estos indicadores. La pregunta entonces ¿debemos tener una meta individual que examine la desigualdad? Y ahí tengo mis dudas por razones políticamente estratégicas. Basicamente, creo que va a ser muy difícil salir con un buen consenso de cuál es el nivel adecuado de desigualdad y cómo debe reducirse, y habrá diferentes juicios de valor en donde los países sientan que se invade su soberanía. Por tanto, pienso que no es necesaria ni estratégicamente viable tener un indicador separado de desigualdad. Claro, si decimos queremos reducir las privaciones, está claro que reducir la desigualdad va a ser un aspecto importante, es decir, reducir la desigualdad nacional. Otra cosa que podemos hacer es tener una meta sobre la reducción de la desigualdad global.Aquí pienso que es muy complicado. La manera más relevante de reducir la desigualdad global es mediante el crecimiento rápido de los países pobres, lo que será un medio para reducir todas las demás metas, pero este objetivo de desigualdad global puede dar la impresión de un juego de suma cero en el que estamos jugando y no creo que esa sea la impresión que queremos dar.

6. En general, ¿cómo ha cambiado tu percepción sobre el proceso de desarrollo a través de los años tomando en cuenta la evolución del capitalismo global? ¿Eres técnicamente optimista, pero políticamente pesimista, o solamente optimista respecto a los retos globales del desarrollo? o bien, ninguno de los dos. 
En general, creo que hay muchas razones por las que podemos ser optimistas acerca del desarrollo global. Si pensamos básicamente pensamos en lo que sucedió hace 20 o 25 años y miramos al mundo en desarrollo. Básicamente, vemos que un grupo pequeño de países lo hizo bastante bien, por ejemplo el grupo de los tigres asiáticos: Corea del Sur, Indonesia, Taiwan, y el resto del mundo en desarrollo estuvo o bien en crisis, estancamiento o incluso en retroceso. En los ochenta vimos que un mayor número de países asiáticos empezaron a crecer rápidamente y se unieron a la fiebre de crecimiento que se había venido dando: el más notable, sin duda China. Y en los noventa el crecimiento y la reducción de la pobreza regreso a Latinoamérica, un poco menor a principios de los noventa, pero mayor hacía el fin del milenio. Finalmente, vemos que desde finales de la década de los noventa empezó el crecimiento, en promedio, en África, así como la reducción de la pobreza, y por tanto creo que el mundo luce mucho mejor que lo que estaba hace 25 años. De hecho, algunos de los éxitos de desarrollo observados en el mundo en desarrollo era casi impensables hace 30 o 40 años atrás. De hecho, creo que lo hemos hecho de manera notable en ese sentido. Al mismo tiempo, desde luego, muchos retos básicos no han sido resueltos para aquellos que se han quedado rezagados. Así, por ejemplo, en Latinoamérica hemos visto un avance importante no sólo en crecimiento y reducción de la pobreza, sino también en reducción de la desigualdad, que, sin embargo, sigue siendo muy alta, y para mi no está claro si Latinoamérica se encuentra en una senda de reducción sostenida de la desigualdad, que finalmente será necesaria para una sistemas políticos y sociales más estables. En África existen muchos retos todavia, a pesar de avances significativos en los últimos 10 años, pero todavía con economías poco diversificadas no sabemos cuánto pueda durar este ciclo expansivo, lo que se hace extensivo a los retos políticos y económicos. Por eso creo que el negocio del desarrollo está lejos de cumplir sus funciones y asegurar que el desarrollo tenga lugar en cualquier sitio, pero es también interesante saber que los éxitos obtenidos son una fuente de aprendizaje, así como los fallos, con miras a promover de mejor manera el desarrollo. Creo en general que es un periodo emocionante con grandes oportunidades, aunque claro hay como siempre algunos riesgos.

7. Esta es mi última pregunta ¿cómo imaginas el futuro de la economía del desarrollo, digamos en 20 años? ¿cuáles consideras que deberían ser las principales áreas de acción para esta disciplina en los siguientes años? 
Bueno, es bastante incierto cómo va a evolucionar la economía del desarrollo. Hemos visto en los últimos 10 años, particularmente en EE.UU. un enfoque más microeconómico: con evaluaciones de impacto basadas en los ensayos controlados aleatorios(randomized control trials, RCTs por sus siglas en inglés), tratando de analizar qué tipo de intervención política es más eficaz a un nivel micro, que es donde realmente puedes evaluar mediante el uso de estos métodos. Así que, ha sido muy útil pensar de manera más intensa sobre qué tipo de políticas funcionan, qué tipo de programas, lo que es información valiosa para los gobiernos. Sin embargo, creo al mismo tiempo que su uso va a decaer y muchas de las grandes preguntas se volveran más relevantes, entre ellas cómo generar instituciones que promuevan el crecimiento de largo plazo y la reducción de la pobreza, cómo asegurar una transición de una economía basada en recursos naturales a una economía industrializada, cómo gestionar las finanzas públicas dado que eres un exportador natural de recursos, etc. Es decir, regresarán las grandes preguntas sobre instituciones, política macro, estrategia macro, política comercial, que de hecho creo que ya se han vuelto nuevamente relevantes, y veo una movimiento hacía esa dirección, en particular la pregunta sobre el reto de la industrialización será una cuestión muy importante. Creo que en Latinoamérica, a excepción de Brasil, México, Argentina y un poco Colombia, el reto de la industrialización no se ha conseguido. Bueno, sabemos que existen algunas maquiladoras en Centroamérica, pero el gran ciclo de crecimiento se ha basado en recursos naturales y la pregunta es si lo anterior es un modelo de crecimiento sostenible en el largo plazo. Esta pregunta es más general en África en donde a excepción de Sudáfrica no existe una economía que se haya movido hacia una industrialización o hacia la manufactura y creo que estos aspectos serán retos muy relevantes.

Stephan Klasen es Profesor de economía del desarrollo en la Universidad de Göttingen (Gotinga en castellano). También es el director del Instituto Iberoamericano de Investigación Económica y el coordinador del Centro de Investigación Courant sobre ‘Pobreza, equidad y crecimiento en los países en desarrollo y en transición’. Stephan Klasen tiene un doctorado de la Universidad de Harvard y desde entonces ha ocupado puestos en el Banco Mundial, King’s College (Cambridge, Reino Unido) y la Universidad de Munich. Su investigación se centra principalmente en temas de pobreza, desigualdad, medio ambiente y género. Es miembro del Comité de Políticas de Desarrollo de la ONU, la Red Europea de Investigación para el Desarrollo, y fue miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático para el Quinto Informe de Evaluación (https://www.uni-goettingen.de/en/64786.html)

Articulo publicado originalmente en Cambio Socioeconómico y Desigualdad, 13 noviembre  2017, aquí…