Paula Sibilia (Argentina8 de octubre de 1967)​ es una antropóloga y docente ​ que se dedica al ensayo e investigación, estando afincada en Río de JaneiroBrasil. Su producción ensayística se basa en la investigación de temas culturales contemporáneos bajo la perspectiva genealógica, centrándose en las relaciones entre cuerpos, subjetividades, tecnologías y manifestaciones mediáticas o artísticas




ENTREVISTA CON LA ANTROPOLOGA PAULA SIBILIA ... La autora de La intimidad como espectáculo 

El espectáculo de la intimidad

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23 may. 2008 - ENTREVISTA CON LA ANTROPOLOGA PAULA SIBILIA ... La autora de La intimidad como espectáculo reflexiona acerca de los cambios en el ...



LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO[1]
Paula Sibilia
Yo Visible y el Eclipse de la Interioridad
Cuando caen los muros que separaban la vida pública y privada el viejo homo psychologicus de la era industrial muta, y acompañando las profundas transformaciones sociales, económicas y culturales del cambio de siglo se produce un cambio de eje la subjetividad, e incluso se pone en duda la llamada vida interior, hoy es la visibilidad y la apariencia los valores que dominan la construcción de cada sujeto, una verdadera tiranía de la absoluta visibilidad.
Hay un movimiento que transporta al yo desde el interior al exterior, del alma a la piel, de la habitación a la pantalla, porque las formas de la subjetividad se expresan en un contexto cultural, y ese contexto cultural hoy es nuevo.
Michel Foucault observó que en la antigüedad griega el sujeto habitaba en lo público, y no había nada que supusiera interioridad, por eso las prácticas sexuales de la época no se daban en el espacio de la intimidad, y será luego el discurso de lo religioso el que va a ir derivando la acción hacia el interior, donde reside la verdad y el contacto con dios y el pasaje a la trascendencia. Esta visión del sujeto radicado en el interior es la que replicará luego la modernidad.
Las posiciones de San Tomás son retomadas en el Renacimiento, y será Descartes con su célebre frase “pienso, luego existo”, el que reafirmará la posición interior de la verdad humana y del sí mismo, y desplazará a Dios del interior para colocar al sujeto moderno.
En ese proceso de fue creando la interioridad como un lugar misterioso pero enriquecedor que se encontrada dentro de cada uno, y esa subjetividad es la que se revela en los textos de los diarios íntimos escritos en los hogares burgueses del siglo XIX y XX resguardados del mundo exterior, sumado a la lectura silenciosa de un individuo aislado solo en contacto consigo mismo.
El mundo industrial transformó en profundidad al mundo y también al sujeto moderno y sus modos de percibir la realidad. Un mundo exterior efervescente y complejo que también aturdía en sus estímulos marcando los límites de lo público y lo privado, ese mundo público era muy atractivo pero para estar en él pero se requerían máscaras que luego se quitaban en el mundo privado, que era el lugar donde residía la verdad
En este proceso aparece el psicoanálisis como una nueva forma de la confesión medieval y al mismo tiempo la sexualidad como una invención de los tiempos modernos y la sexualidad de los individuos se transformó en un factor interiorizado profundamente que revela alguna profundad verdad de cada sujeto.
Hoy nuevas transformaciones del mundo impactan en el hombre y su privacidad que se quiebra a favor de la visibilidad y de la subjetividad introdirigida a la subjetividad alterdirigida.
Hoy el “quién soy” no radica en la profundidad sino en la exterioridad, los dispositivos actuales de poder  las vivencias externas y la emocionalidad, la experiencia  de disfrutar el ahora. Si alguien no está satisfecho con su actuar, con su conducta y su hacer, con su viaje existencial, debería transformarse, cambiar y pasar a ser otro.
Si en la vieja cultura de lo psicológico y la interioridad el conflicto interior se veía como una dislocación entre el mundo individual profundo, su represión y las convenciones sociales, en el mundo actual de la espectacularidad y las emociones el malestar se ubica en la exterioridad y el hacer físico, y las soluciones ya no se sitúan en la introspección sino en la transformación exterior.
En definitiva el yo no se estructura ahora en base a la interioridad sino en torno al cuerpo, la superficie y la imagen visible.
En el cuerpo se exhibe la personalidad de cada uno y esa exhibición se da en múltiples pantallas que van construyendo de manera alterdirigida la identidad. Vivimos una cultura de la visibilidad, la exhibición y el espectáculo, el sentido ya no es necesario buscarlo dentro de uno. La tendencia es la performance, el ser visto, reconocido por los ojos ajenos. En la sociedad del espectáculo aquello que no es visto no existe.
Yo Actual y la Subjetividad Instantánea
Exhibición de la intimidad y espectacularización de la personalidad son dos caras de la misma moneda, abandonando el sitio interno y viajando hacia la mayor exteriorización del yo. Ni nuestro pasado ni nuestra interioridad parecen definirnos.
El presente perpetuo de nuestra cultura, la destemporalización, la interrupción del flujo temporal desde el pasado hacia el futuro, hace que este último desaparezca del horizonte, se pretende la permanencia de lo que es, sumado a un mero perfeccionamiento técnico.
Paradójicamente este momento ahistórico convive con una pretensión permanente de mantener la Memoria, la propia memoria que permita estructurar la propia construcción de la identidad, ejercitando una verdadera “arqueología del yo”.
Será Freud el que elabore una teoría en base a las dos formas de practicar esa arqueología, utilizando la metáfora de la arqueología de Roma y de Pompeya. Roma es la ciudad del pasado en ruinas, que conserva los pedazos del pasado y que en base a ellos, dispersos y fragmentados, es posible reconstruir la propia identidad. Roma es también la imposibilidad de conservar el pasado intacto, todo en su lugar, por el contrario, capas de pasado se suman una sobre otra.
En contraste con Roma la metáfora de Pompeya, esa ciudad romana que fue cubierta de lava petrificada por la erupción del volcán Vesubio, es la fijación del pasado en un momento eterno, congelado, un recuerdo fotográfico intacto, siempre igual.
Para Freud la psiquis navega entre ambas temporalidades, la de las capas infinitas y las de un instante perenne. De un lado una sucesión de pasado, Roma, del otro un pasado en un solo plano, Pompeya. Nunca es posible acceder a ambos formatos, o uno o el otro. La duración o el instante.
De alguna manera Borges resume este fenómeno “Lo que mis ojos vieron fue simultáneo, lo que describiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es”.
Pero hoy parece superada la idea de la arqueología, porque hoy predominan las imágenes de la fotografía o el cine. Hoy es posible rebobinar la propia vida, congelar, adelantar, ralentizar, cortar, mejorar, acercar o alejar.
No hay que perder de vista que el tiempo es una categoría socio-cultural.
Vivimos en un tiempo en el que el pasado parece haber desaparecido como causa del sentido del presente, si es que todavía existe tal cosa como la búsqueda de sentido. Hoy predomina la idea de que lo que pasó ya no es, y aumenta la idea en nuestro siglo de que todo comienza de manera absoluta. La Historia perdió importancia, ya no parece explicar el presente. Ha dejado de ser esa Roma lineal y sucesiva de capas de pasado y se acerca a la visión de muchas Pompeyas instantáneas y petrificadas.
Hasta los relojes han dejado de mostrarnos el tiempo, aquellos analógicos alimentaban de forma geométrica el paso del tiempo al compás del tictac perdiendo sus espacios, al digitalizarse el tiempo simplemente fluye. La lógica de lo instantáneo ha hecho estallar la acumulación y la duración. El reloj ya no marca tiempos sociales y productivos porque todo fluye sin regimentarse.
Al vivir en el instante se privilegia la vivencia y desaparece la idea del sentido. No vivimos la temporalidad de Roma, en esa ambición teleológica, sino el tiempo petrificado de Pompeya.
En este marco temporal la instrospección en uno mismo y la retroproyección en el propio pasado se vuelve impracticable.
La memoria es una práctica que sucede en la duración, y como sucede con Roma la memoria puede traer a la conciencia todo aquello que hubiera sucedido en el pasado, aún no lo que carece de relación con el presente. Pero esa experiencia de memoria solo es posible en un sujeto inactivo, no en aquel dedicado a la acción presente.
Es interesante el ejercicio de suponer un hombre que todo lo recuerda, como lo han hecho Nietzche o Borges, porque un hombre que no olvida es como uno que no duerme. Nietzsche avanza aún más en la idea: “Es posible vivir casi sin recuerdos y aún así ser feliz, como el animal, pero es imposible vivir sin olvidar” y hoy parece que esto último es la práctica habitual.
Las películas en las que los personajes pierden su capacidad de recordar son un género en sí mismo en la actualidad, en esa desmemoria se pierde la capacidad de ser del sujeto, al decir del neurólogo Martin Camarotta “somos lo que recordamos que somos”. La memoria parece instalarse actualmente en lo tecnológico, en las memorias que servirán de auxilio para el recuerdo; mientras que la farmacología y la medicina exploran la posibilidad de borrar nuestros recuerdos, al menos ser selectivos en ese deleteo; una droga para borrar recuerdos vendería más que el Viagra o el Prozac.
La afirmación en la metáfora de Roma estimuló la escritura de los diarios íntimos en un ejercicio de introspección y de retrospección para reconstruir una totalidad en base a ese pasado disperso en el tiempo. Hoy no solo conspira la destemporalización sino también una tendencia clara a la destotalización y a la fragmentación.
¿Cuál es la función actual del diario íntimo? En este tiempo del ahora, del mosaico, del presente congelado, lo instantáneo y las memorias artificiales, no tiene función alguna ¿para qué?
En cambio vivimos en una explosión de los blogs en las redes, y un creciente éxito en las biografías en cualquiera de sus formas, que potencian el interés por las vidas ajenas y esencialmente del pasado, ese interés por las vidas privadas que también explota la televisión.
Los blogs no son diarios íntimos sino diarios éxtimos, hechos para ser expuestos, tiempo congelados del pasado, fotografías de vida detenida, infinitas cápsulas de tiempo detenido, “prolijas colecciones de tiempo presente ordenados cronológicamente”. Incluso aquellos blogs ya se reemplazan por los microblogs de escasos caracteres y solo fotografía, relatos instantáneos, breves, presentes.
Estas construcciones pueden ser parciales, puede haber las llamadas “identidades de vacaciones”, temporales. Los perfiles se cambian, se cambian las fotografías. Las páginas se ordenan con la última entrada por encima y las más viejas van quedando por debajo.
Esta práctica afecta dos ideas muy poderosas la de la muerte y la de la eternidad.
En la modernidad burguesa la muerte dejó de ser un espectáculo público para ser expulsada del mundo de los vivos e incluirse dentro de los actos privados, recubierta de secretos y pudores.
En los blogs la muerte no aparece, ni se supone, no es una sucesión de hechos que supongan la existencia de la muerte. La vieja novela que los modernos devoraban buscaba el sentido de la vida, sus historias tenían ese objetivo, los blogs carecen de esa búsqueda.


[1] Sibilia, Paula, La Intimidad como Espectáculo. Buenos Aires, FCE, 2013



Tres desafíos para la web, por su inventor Tim Berners-Lee

Miércoles 15 de marzo de 2017. Nodo50 
El 12 de marzo se cumplieron 28 años desde que Tim Berners-Lee hizo su propuesta original para una red informática mundial, que se materializaría en lo que hoy conocemos como web o World Wide Web (WWW), y cuyas bases son el lenguaje HTML (HyperText Markup Language), el protocolo HTTP (HyperText Transfer Protocol) y el sistema de localización de objetos en la web URL (Uniform Resource Locator). Con motivo de este aniversario ha escrito un artículo en el que plantea tres tendencias que van en contra de una web que sirva como herramienta útil para toda la humanidad.
Hoy se cumplen 28 años desde que envié mi propuesta original para la red informática mundial. Imaginaba la web como una plataforma abierta que permitiría a todas las personas, en todas partes compartir información, tener acceso a oportunidades y colaborar más allá de límites geográficos y culturales. De muchas maneras, la web ha cumplido con esta visión, aunque mantenerla abierta ha requerido de muchas batallas. Pero en los últimos 12 meses, me he sentido cada vez más preocupado por tres nuevas tendencias que creo que debemos abordar para que la web cumpla con su verdadero potencial como herramienta que sirve a toda la humanidad.

1) HEMOS PERDIDO CONTROL DE NUESTRA INFORMACIÓN PERSONAL

El modelo de negocios actual de muchos sitios web ofrece contenido libre a cambio de información personal. Muchos estamos de acuerdo con esto -aunque a menudo aceptamos largos y confusos documentos con términos y condiciones- pero fundamentalmente no nos importa que se recopile algo de información a cambio de servicios gratuitos. Pero no estamos viendo un truco. Cuando nuestra información se conserva en lugares patentados, la perdemos de vista, perdemos los beneficios que podríamos obtener si tuviéramos control directo sobre esta información, y eligiéramos cuándo y con quién compartirla. Es más, a menudo no tenemos ninguna manera de dar a conocer a las empresas qué información preferiríamos no compartir –sobre todo con terceros– pues los términos y condiciones se toman o se dejan.
La recopilación de información generalizada por parte de las empresas tiene otros impactos. A través de la colaboración -o coacción- con empresas, los gobiernos también observan cada vez más todos nuestros movimientos en línea, y con la aprobación de leyes extremas que atentan contra nuestros derechos a la privacidad. En regímenes represivos, es fácil ver el daño que se puede causar – pueden arrestar a los blogueros o matarlos, y pueden monitorear a opositores políticos. Pero incluso en países donde creemos que los gobiernos tienen en mente el mejor interés de sus ciudadanos, esto simplemente va demasiado lejos todo el tiempo. Tiene un efecto negativo sobre la libertad de expresión y evita que se use la web como espacio para explorar asuntos importantes, como problemas delicados de salud, sexualidad o religión.

2) ES MUY FÁCIL DIFUNDIR INFORMACIÓN ERRÓNEA EN LA WEB

Hoy en día, la mayoría de personas encuentra noticias e información en la web por medio de apenas unas cuantas redes sociales y motores de búsqueda. Estos sitios ganan más dinero cuando hacemos clic en los enlaces que nos muestran. Y eligen qué mostrarnos basándose en algoritmos que adquieren ese conocimiento a partir de nuestra información personal, que extraen constantemente. El resultado final es que esos sitios nos muestran contenido en el que creen que haremos clic, lo que significa que la información errónea, o ‘noticias falsas’ (“fake news”), algo sorprendente, sobrecogedor o diseñado para apelar a nuestras preferencias, se puede esparcir como reguero de pólvora. Y a través del uso de ciencias de datos y ejércitos de bots, quienes tienen malas intenciones pueden engañar al sistema para difundir información errónea y obtener un beneficio económico o político.

3) LA PUBLICIDAD POLÍTICA EN LÍNEA NECESITA TRANSPARENCIA Y ENTENDIMIENTO

La publicidad política en línea se ha convertido rápidamente en una industria sofisticada. El hecho de que la mayoría obtenga su información de apenas un puñado de plataformas y la creciente sofisticación de los algoritmos que sacan provecho de abundantes reservas de información personal, significa que ahora las campañas políticas están elaborando anuncios individuales dirigidos directamente a los usuarios. Una fuente sugiere que durante el periodo electora estadounidense de 2016, diariamente se presentaban hasta 50,000 variaciones de anuncios en Facebook, situación a la que es casi imposible dar seguimiento. Y hay sugerencias de que algunos anuncios políticos –en Estados Unidos y alrededor del mundo- se están usando de maneras poco éticas –para dirigir a los votantes a sitios de noticias falsas, por ejemplo, o para hacer que potenciales votantes se mantengan alejados de las urnas. La publicidad dirigida permite que una campaña comunique cosas completamente diferentes, posiblemente contradictorias, a diferentes grupos. ¿Es eso democrático?
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Estos son problemas complejos, y las soluciones no serán simples. Pero ya podemos observar algunos senderos que nos pueden guiar hacia el progreso. Debemos trabajar junto con las empresas web para encontrar un equilibrio que a partir de criterios de justicia le devuelva un grado de control sobre información a las personas, incluido el desarrollo de nueva tecnología como “data pods” personales de ser necesario y explorar modelos alternativos de ingresos como suscripciones y micropagos. Debemos luchar contra los excesos gubernamentales en leyes de vigilancia, incluso a través de los tribunales, de ser necesario. Debemos rechazar la información errónea exhortando a gatekeepers como Google y Facebook a continuar los esfuerzos por combatir el problema, y también evitando la creación de cualquier órgano central para decidir qué es “verdadero” o no. Necesitamos más transparencia algorítmica para entender cómo se toman decisiones que afectan nuestra vida, y tal vez un conjunto de principios comunes a seguir. Necesitamos con urgencia cerrar el “punto ciego en internet” en la regulación de las campañas políticas.
Nuestro equipo en la Fundación Web trabajará en muchos de estos problemas como parte de nuestra nueva estrategia de cinco años – investigando los problemas con más detalle, elaborando soluciones de políticas proactivas y generando coaliciones para progresar hacia una web que otorgue igual poder y oportunidad a todos y todas. Los exhorto a apoyar nuestro trabajo de la manera que puedan -corriendo la voz, presionando a las empresas y gobiernos o haciendo una donación. También hemos recopilado un directorio de otras organizaciones de derechos digitales en todo el mundo para que también exploren y evalúen apoyar.
Tal vez yo haya inventado la web, pero todos han ayudado a crear lo que es hoy en día. Todos los blogs, artículos, tuits, fotos, videos, aplicaciones, páginas web y más representan las contribuciones de millones en todo el mundo que construyen nuestra comunidad en línea. Todo tipo de personas han ayudado, desde políticos que luchan por mantener la web abierta, organizaciones de normalización como W3C que aumentan el poder, la accesibilidad y la seguridad de la tecnología, y personas que han protestado en las calles. El año pasado, vimos a los nigerianos resistirse a un proyecto de ley de medios sociales que hubiera obstaculizado la libre expresión en línea, clamor popular y protestas en regional bloqueos regionales de internet en Camerún y enorme apoyo público a la neutralidad de la red en India y la Unión Europea.
Se ha necesitado de todos para construir la web que tenemos, y ahora depende de nosotros construir la web que queremos -para todos y todas. Si quieres tener una mayor participación, únete a nuestra lista de correocolabora con nosotros, únete o dona a alguna de las organizaciones que están trabajando en estos problemas alrededor del mundo.
Sir Tim Berners-Lee

https://info.nodo50.org/Tres-desafios-para-la-web-por-su.html


Rebaño digital y redes sociales - II

Viernes 3 de febrero de 2012. Nodo50 | 
Hoy fragmentos de dos textos más y link a sus fuentes originales
"La cultura libre está dividida entre la libre difusión, que es lo que yo defiendo y creo que defienden todos los sectores afines a la izquierda, y la del libre comercio, que es otra manera de ver la libertad para que todo el mundo pueda mercadear con ella" (Nacho Vegas)
"Pero, si el enfado y las exigencias son “lícitos” ¿por qué no dejan Twitter y se van a identi.ca? ¿por qué no dejan Facebook u otras redes que ya “censuran” en China y se buscan alternativas que sí existen? ¿cómo es que los que más se quejan suelen estar en todas las empresas a las que critican? (Google+, Facebook, Twitter)" (Ricardo Galli)
Entre las novedades de esta nueva etapa que se inicia con la creación del sello Marxophone, presenta la edición de sus discos bajo una licencia Creative Commons que permite la libre distribución sin ánimo de lucro. Justo, durante su visita a Bogotá, ocurre el apagón de Wikipedia en contra de las diferentes leyes antipiratería, apoyado también en las amenazas respectivas de Facebook, Google o Yahoo, avivando aún más un debate que los usuarios no tienen muy claro a la hora de tomar partido. Al respecto me dirá: “Creo que la cultura debe ser libre, pero cuando digo libre debe ser de libre difusión, es decir sin un pago previo, pero la licencia que utilizo tiene una restricción del ánimo de lucro. A mí no me gustan las opiniones a favor del copy left, que son las más airadas, son las de la derecha liberal que les encanta que todo esté libre de derechos porque así puede utilizarlo el más listo de la clase para coger y hacer dinero con ello. Me parece que es muy peligroso, creo que hay que evitar que un montón de gente se lucre con contenidos sujetos a derechos de autor, que es una conquista que se puede proteger como cualquier derecho conquistado, y eso no entra en conflicto con ofrecer tus discos. La cultura libre está dividida entre la libre difusión, que es lo que yo defiendo y creo que defienden todos los sectores afines a la izquierda, y la del libre comercio, que es otra manera de ver la libertad para que todo el mundo pueda mercadear con ella”.

No hay ningún medio online en España que respete a rajatabla la libertad de expresión en los comentarios en su sitio. Todos moderan y “censuran” comentarios que les pueden generar problemas, sin excepciones. Muchos de esos medios borraron comentarios de criticas a Ramoncín en cuanto vieron la oreja al lobo. Sin embargo, periodistas de esos mismos medios, están exigiendo a Twitter que llegue al punto de no acatar leyes de otros países para defender la “libertad de expresión”. La justificación que me dieron algunos: no es lo mismo, Twitter es una plataforma, es una herramienta fundamental, etc. Pero sí es lo mismo, porque se trata de que están exigiendo a otras empresas que hagan mucho más de lo que sus propias empresas son incapaces de hacer en un contexto menos complejo. Es más, ninguno de ellos criticará la política de su empresa de eliminar comentarios que ni siquiera son ilegales, o de hacer caso al primer burofax que les llega (que ni siquiera es orden del juez). Es una enorme contradicción, una impostura.
Hay otros casos, bloggers que también hacen lo mismo, o que nunca han tenido que enfrentarse a abogados y denuncias para defender la libertad de expresión de terceros, pero que ahora hacen pedagogía de esa libertad de expresión, exigiendo a una empresa privada (y extranjera, que le da servicios gratis) que sea muy estricta y valiente, al punto de no acatar las leyes de algunos países. No sólo no se dan cuenta que eso implica poner en peligro a la empresa, a los propios empleados que tenga en ese país. Para rematar, a cualquier que opine diferente, responderán esos gurús” que se rinden a la censura por motivos de negocio. Es fácil hablar desde la seguridad de no tener que correr riesgos, ni asumir responsabilidades, que nadie pida explicación de los comentarios que eliminas, o la política de tu empresa. Enorme impostura.
Aunque Twitter en ningún momento habló de que se vaya a instalar en China (yo creo que lo tendrá que hacer), y de que ya está bloqueado en China desde 2009 (con la pérdida de usuarios y oportunidad que se deriva de ello), que los chinos ya están “censurados” globalmente y que no pueden tuitear, ni nosotros leer nada de lo que ellos desean escribir, fue la excusa usada: Twitter hace esto para ir a China, porque es un mercado importante, el dinero antes que los derechos. En otras palabras, se le exige a una empresa privada que sea activista en este aspecto. Aunque es exagerado exigir eso a otros, parecería razonable, si no fuese porque los mismos que lo hacen comentan en Twiter que compran en DealExtreme, o justifican que Apple fabrique en China -en pésimas condiciones laborales- porque las hacen todas las demás. Peor aún, exigen a Twitter lo que somos incapaces de exigir a nuestro propio gobierno (o al menos votar en consecuencia), tenemos una gran dependencia de China, en temas de intercambio comercial y financiero. Otra gran impostura.
En los últimos meses hemos vivido “campañas” en las redes para reclamar que eliminen tuits y cuentas que promovían la anorexia, o cuentas que tenían enlaces a sitios de pedófilos y/o pederasta. Se pedía límites a la libertad de expresión, aunque fuesen perfectamente legales en el país sede de Twitter o Facebook. Hemos visto campañas de boicot para que en La Noria no se emitan entrevistas a determinadas personas, aunque esos reportajes son perfectamente legales en nuestro país, y el entrevistado tiene el mismo derecho que nosotros a emitir su opinión en cualquier programa de TV (gratis o pagado). Es decir, reclamamos límites a la libertad de expresión más allá de lo que dictan las leyes.
Hemos visto campañas para exigir que las librerías retiren de la venta un libro perfectamente legal (y moñas). Es una exigencia aún mayor, ya no se pedía “dejar de leer”, o “no comprar el libro”, se pedía directamente eliminarlo del mercado. Yo critiqué esa campaña, muchos me respondieron que era “lícito”, pero el hecho es que se estaba exigiendo una enorme restricción a la libertad de expresión (también me acusaron de defender la homofobia). He leído a algunas de esas personas exigiendo a Twitter que no deben eliminar ningún tweet, bajo ningún concepto.
Pues, algunas de esas personas que hacen campañas para limitar la libertad de expresión (por los motivios que sean), ahora afirman que la libertad de expresión no tiene límites, y que nadie debería intentar ponerlos. Es tan grande la impostura que me daban ganas de… (perdonadme la frivolidad, creo que es la mejor expresión de lo que sentía al ver afirmaciones como esas).
Quizás sean comprensibles y a mi me falta empatía para comprender esas grandes contradicciones entre las acciones propias y lo que se exige a los demás. Puede ser. Pero, si el enfado y las exigencias son “lícitos” ¿por qué no dejan Twitter y se van a identi.ca? ¿por qué no dejan Facebook u otras redes que ya “censuran” en China y se buscan alternativas que sí existen? ¿cómo es que los que más se quejan suelen estar en todas las empresas a las que critican? (Google+, Facebook, Twitter). ¡Ah! es que perdemos seguidores y/o contactos con amigos! O sea ¿estás dejando de lado tus principios tan claros sólo por la comodidad? ¿y criticas que esas empresas que te dan el servicio gratis lo hagan por el negocio?. Otra gran impostura.
Si se toman cada una de estas contradicciones por separado, sería normal, todos las tenemos. Pero si las sumas a todas, es absolutamente de locos, se tiene un discurso público buenrollista completamente contradictorio con las acciones individuales. Ojo, no me refiero a actividades privadas (que me las suda, y no sé cuáles son, ni quiero saberlo), me refiero a opiniones y actividades públicas y publicadas, como hacer campañas para que se censure lo que consideran inmoral, por ejemplo.
Si se hubiese analizado con tranquilidad el tema, el anuncio de Twitter tiene una importancia que pasó casi desapercibida, nos estaba señalando -quizás involuntariamente- la dificultad de ser una plataforma internacional, y el acatamiento de leyes con diversos niveles de “censura” (o con límites a la libertad de expresión muy diferentes). Podría haber servido para reflexionar con tranquilidad sobre ello, y sobre nuestros propias diferencias personales y culturales de cuáles son los límites razonables a la libertad de expresión. Pero no, se usó para disparar contra Twitter, y luego para aquellos que no compartían la opinión apocalíptica (y contradictoria) de esa mayoría.
Algún día, quizás, se pueda empezar a hablar con tranquilidad sobre estos temas complejos sin caer en tantas contradicciones, ni en el maniqueismo ese gurú que apoya la censura porque tiene una opinión diferente (quizás porque tiene el culo pelado de defender la libertad de expresión de los usuarios de su empresa). O mejor aún, quizás algún día actuemos en las redes de la misma forma que queremos que esas empresas actúen.

https://info.nodo50.org/Rebano-digital-y-redes-sociales-II.html


Rebaño digital y redes sociales - I

Jueves 2 de febrero de 2012. Nodo50 
"Confundimos lo masivo con lo libre. Lo gratuito con lo comunitario" (Antonio Baños)
Iniciamos en Nodo50 una serie de recopilaciones de textos relacionados con lo que está sucediendo en las redes sociales corporativas (Facebook, Twitter), que algunos autores caracterizan como la expresión de una mentalidad y comportamiento muy poco reflexivo en la red, como si en las redes sociales hubiera un verdadero rebaño digital.
Al final, internet va a resultar ser un negocio tan local y doméstico como los puestos de castañas y boniatos. La red está deslizándose rápidamente hacia el dogma de aquella primera globalización de los 90, que defendía la libertad para mercancías y el control para las personas e ideas. Twitter se ha sumado a ese diseño y ha anunciado que deja de ser un servicio global para convertirse en una empresa franquiciada. Es decir, que acatará las leyes sobre libertad de expresión de cada estado de la misma manera que Mc Donalds se adapta a los gustos locales sirviendo gazpacho. Como suele pasar cada vez que se justifica la censura, se amparan en el Holocausto y las leyes antinazis. Bien jugado. Al fin y al cabo, esa fue siempre la misión de la corrección política, hacernos tragar la censura y encima creernos que era por motivos progresistas y enrollados.
Con ésta noticia, más la catástrofe del ACTA, los sueños de libertad en la red se alejan a buen paso. Y se rompe la infantil mitología que sostenía que las redes sociales eran los kalashnikovs de una nueva revuelta alegremente twitteada y refrescantemente facebucante. Hace un año Goldman Sachs ya metió 500 millones de dólares en la subversiva e insurgente Facebook. Es decir que, por utilizar la terminología moderna, los del 1% ganan pasta cada vez que el 99% se queja de ellos a través de la red social. El otro día, Al Walid bin Talal se hizo un “ocuppy Twitter” al invertir 230 millones de dólares en la empresa. El compañero Talal es un jeque saudí que fue acusado de violar a una joven española en su yate en, seguramente, un infundio analógico.
El uso político de esas redes comerciales forma parte también de un espejismo. La revuelta verde de Irán o la primavera árabe no eran en absoluto movimientos antioccidentales pero ¿Alguien se imagina una revuelta antiamericana en Pakistán jaleada a través de facebook? ¿O una red de twitts yihadistas en Iowa? Twitter es facha. Pero lo es de buen rollo, sin acritud. Es facha porque es una empresa más del ultracapitalismo global interesada en la expansión eterna y en el beneficio infinito. Guay, es legítimo. La gran confusión se deriva seguramente de que conla LOGSEno se enseña marxismo como es debido, y lo de la propiedad de los medios de producción se tiende a resaltar poco al valorar un canal. Eso y que en el libro de texto de Educación para la ciudadanía, José Antonio Marina no machacó lo suficiente la idea de hegemonía en el sentido gramsciano, y por eso confundimos lo masivo con lo libre. Lo gratuito con lo comunitario.

En 2006, el artista e ingeniero informático Jaron Lanier (NY, 1960) publicó un ensayo incisivo, rompedor y muy controvertido sobre "el maoísmo digital”, acerca de los aspectos negativos del colectivismo digital y la consagración de "la sabiduría del rebaño” por los entusiastas de la Web 2.0. En él, Lanier sostenía que el diseño (o ratificación) por un comité no suele tener como resultado el mejor producto, que los nuevos valores y actitudes colectivistas -encarnados por todo, desde Wikipedia hasta Operación Triunfo, pasando por las búsquedas de Google- disminuyen la importancia y la singularidad de la voz individual, y que la "mentalidad de colmena” puede desembocar fácilmente en la ley de la calle. Ahora Lanier amplía esta tesis todavía más, analizando las repercusiones que “el totalitarismo cibernético” tiene para nuestra sociedad en general. Aunque alguna de sus sugerencias para abordar estos problemas se adentran en un pantano técnico que el lector lego en la materia tendrá dificultad para seguir, la mayor parte del libro es lúcido, poderoso y persuasivo. Es una lectura imprescindible para cualquiera al que le interese cómo la red y la tecnología que utilizamos a diario están remodelando la cultura y el mercado.
Jaron Lanier, un pionero en el desarrollo de la realidad virtual y un veterano de Silicon Valley, no tiene nada de ludita antitecnológico, como han insinuado algunos de sus detractores. Es alguien que conoce bien el mundo digital y quiere defender "un nuevo humanismo digital”. Y es que, según él, corremos el riesgo de que las decisiones de los ingenieros informáticos determinen el comportamiento de los usuarios y queden “congeladas por un proceso conocido como enganche”. Esto es, del mismo modo que las decisiones sobre las dimensiones de las vías del tren determinaron el tamaño y la velocidad de los trenes durante décadas, las decisiones que se toman actualmente sobre el diseño de programas podrían tener como resultado "normas definitorias e incambiables” durante muchas generaciones.
Las decisiones tomadas en los años de formación de las redes informáticas, por ejemplo, promovían el anonimato digital, y a lo largo de los años, sostiene Lanier, a medida que millones de personas empezaron a usar la Red, el anonimato ha dado alas al lado oscuro de la naturaleza humana. Han prosperado los ataques maliciosos y anónimos contra individuos e instituciones, y lo que Lanier denomina una “cultura del sadismo” se ha vuelto dominante. En algunos países, el anonimato y el comportamiento de rebaño han tenido como consecuencia verdaderas cazas de brujas. “En 2007”, relata, “una serie de mensajes de La letra escarlata en China incitaron a las multitudes de internet a dar caza a los acusados de adulterio. En 2008, la atención se centró en los que simpatizan con el Tibet”.
Lanier señala sensatamente que la "sabiduría del rebaño” es un instrumento que debería utilizarse de manera selectiva, en vez de ser glorificado por sí mismo. Sobre Wikipedia escribe que “es estupendo que ahora disfrutemos de la cooperación en la cultura popular”, pero añade que los valores y actitudes del sitio ratifican la noción de que la aportación individual -incluso la de un experto- es prescindible, y “la idea de que el colectivo está más cerca de la verdad”. Se queja de que Wikipedia suprime las voces individuales, e igualmente afirma que el rígido formato de Facebook convierte a los individuos en “identidades de respuestas múltiples”.
Al igual que Andrew Keen en The Cult of the Amateur [El culto del Aficionado], Lanier es elocuente respecto a cómo la propiedad intelectual se ve amenazada por la economía del contenido gratis en Internet, la dinámica de rebaño y la popularidad de los sitios de agregación. “Una impenetrable sordera impera en Silicon Valley en lo referente a la idea de la autoría”, escribe, recordando la predicción que hizo en 2006 el director de Wired, Kevin Kelly, de que el escaneado masivo de libros crearía un día una biblioteca universal en la que ningún libro sería una isla; a efectos prácticos, un texto monumental que puede buscarse y remezclarse en la Red.
“Podría empezar a suceder en la próxima década, o así”, escribe Lanier. “Google y otras empresas están escaneando libros de todas las bibliotecas en la nube como parte de un enorme Proyecto Manhattan de digitalización cultural. Lo que ocurra a continuación será crucial. Si se accede a los libros en la nube a través de interfaces de usuario que fomenten mezclas de fragmentos que oscurezcan el contexto y la autoría de cada uno de ellos, no habrá más que un solo libro. Esto es lo que ya sucede con gran parte del contenido; a menudo, no se sabe de dónde procede una cita de una noticia, quién escribió un comentario, o quién grabó un video”.
Aunque esta evolución pueda parecer buena para los consumidores -¡tantas cosas gratis!- hace que a la gente le resulte difícil discernir la fuente, el punto de vista y el grado de tergiversación de un determinado fragmento con el que tropiezan en la Red. Además, anima a los productores de contenidos, en palabras de Lanier, “a tratar los frutos de sus intelectos e imaginaciones como fragmentos para dárselos a la mente-colmena sin recibir dinero a cambio”.
Unos cuantos afortunados, señala, pueden beneficiarse de la configuración del nuevo sistema, reinventando sus vidas en narrativas “de mercadotecnia todavía novedosa”. Es el caso, por ejemplo, de Diablo Cody, “que trabajó como artista de striptease, capaz de escribir un blog y llamar la atención lo suficiente como para obtener un contrato para escribir un libro, y encima tener la oportunidad de que conviertan su guión en una película (en este caso, la muy aclamada Juno). Sin embargo, teme que “la inmensa mayoría de periodistas, músicos, artistas y cineastas se arriesguen a que su carrera caiga en el olvido por culpa de nuestro fracasado idealismo digital”.
Paradójicamente, los mismos medios de comunicación antiguos que están siendo destruidos por la Red dan pie a una cantidad sorprendente de charlas digitales. "Los comentarios sobre programas de televisión, películas importantes, estrenos musicales comerciales y videojuegos deben de originar casi el mismo tráfico de bits que el porno”, comenta Jaron Lanier. “Eso no es malo, desde luego, pero si la Red está matando a los viejos medios de comunicación, nos enfrentamos a una situación en la que la cultura se está comiendo de hecho su provisión de semillas”.
En otros pasajes de este provocador libro, que seguramente levantará polémica, va aún más lejos e insinúa que “un malestar nostálgico se ha apoderado de la cultura popular”, que “la cultura de Internet está dominada por mezclas triviales de la cultura que existía antes del comienzo de las mezclas, y por las respuestas de los aficionados a los cada vez más escasos destacamentos de los medios de comunicación centralizados”. La cultura digital, prosigue, “es una cultura de reacción sin acción” y las reflexiones de que “estamos entrando en un periodo de calma transitorio antes de una tormenta creativa” no son más que eso, reflexiones. “La triste verdad”, concluye, “es que no estamos viviendo una calma pasajera antes de la tormenta. En lugar de eso, hemos caído en una somnolencia persistente, y he llegado a creer que sólo nos libraremos de ella cuando matemos a la colmena”.

https://info.nodo50.org/Rebano-digital-y-redes-sociales-I.html


Rebaño digital y redes sociales y III

Sábado 4 de febrero de 2012. 
Cerramos la trilogía, pronto la "precuela"
"La animadversión hacia el entramado de industria y entidades de gestión es tal que un movimiento como el “copyleft”, absolutamente riguroso y escrupuloso en lo concerniente a licencias de software, se ciega y adopta formalmente una bochornosa doble moral respecto a contenidos audiovisuales se refiere". (DGA)
"Uno puede preguntarse: «Si bloggeo, twitteo y wikeo todo el tiempo, ¿cómo afecta a eso que soy?» o «Si la mente colmena es mi público, ¿quién soy yo?». Nosotros, los inventores de tecnologías digitales somos como comediantes de stand up o neurocirujanos en el sentido de que nuestro trabajo se hace eco de profundas cuestiones filosóficas; por desgracia, últimamente hemos demostrado ser malos filósofos" (Jaron Lanier)
(Las y los compañeros de Diagonal han tenido la amabilidad de dejar publicar este texto de DGA antes de que salga en su web. Por supuesto, ya es accesible en su edición impresa)
Cuando te pillaban leyendo una revista con gente desnuda, una salida solía ser el argumentar que en realidad la estabas consultando por sus artículos, recordemos que autores Ernest Hemingway, Norman Mailer o Woody Allen escribieron para Playboy. La cara que ponía el progenitor de turno al escuchar esa excusa era idéntica a la que se me pone ahora a mí, cuando leo como desde ámbitos de izquierdas o activistas se intenta relacionar Megaupload con la libertad de expresión o la cultura libre. En torno a MU el ruido que se ha generado es ensordedecor, y desde el principio se ha perdido el foco.
Megaupload es una empresa con sede en Hong Kong, cuyo modelo de negocio residía en proporcionar todo tipo de contenidos digitales, para los cuales ni las personas que los habían creado ni las empresas implicadas en su comercialización daban jamás su consentimiento para ello. Que hubiese gente que utilizase MU para transferir ficheros o para colgar materiales con licencias libres es anecdótico. MU se utilizaba para acceder a películas y series de manera gratuita o pagando una tarifa premium, para descargar más y más rápido. La industria sabrá por qué no impulsa plataformas que hicieran la competencia a este tipo de sitios de descargas, ya que es probable que un porcentaje de las personas que pagan por esas tarifas premium puede que lo hagan también por acceder a contenidos “legítimos”, si el precio fuera razonable.
Pero aquí salvo excepciones para casi nadie la preocupación es el futuro de la industria. Quien pone el grito en el cielo por el cierre de MU es una alianza de lo más peculiar: evidentemente, las y los respetables e indignados usuarios que pagaban (o no) por un servicio que al que ya no pueden acceder. Y además también ámbitos y personas relacionadas con la cultura libre. La animadversión hacia el entramado de industria y entidades de gestión es tal que un movimiento como el “copyleft”, absolutamente riguroso y escrupuloso en lo concerniente a licencias de software, se ciega y adopta formalmente una bochornosa doble moral respecto a contenidos audiovisuales se refiere.
Mucha gente parece haber olvidado algo absolutamente elemental, en lo que ya se hacía hincapié al convertirse en productos de consumo masivo los programas de Microsoft: los Windows y los clásicos Office sin licencia no fomentan el software libre, fomentan el todo gratis, exactamente como lo hacen ahora empresas como Megaupload con contenidos diferentes al software.
Jaron Lanier alerta en su libro “El rebaño digital” de lo que provocadoramente etiqueta como “totalitarismo cibernético”: una mentalidad y actitud de rebaño en lo que a contenidos digitales se refiere. Parece que ya no existe el término medio, como también reflejaba Isaac Rosa recientemente en Público (“ni como internauta me siento seguro con el FBI apatrullando la Red; ni como creador me gustan los listos que se montan el negocio con el trabajo ajeno”), hay un diálogo de sordos entre el todo gratis y los excesos de industria de entidades de gestión por otro.
En vez de hablar de MU, podríamos debatir sobre cosas más productivas. Ahora las entidades de gestión recaudan por obras libres quiera o no quiera el autor. El canon digital se ha “nacionalizado” y ahora es aún más indiscriminado que antes, ya que se pagará vía presupuestos generales del estado. No hay entidades de gestión o formas análogas a sindicatos para defender a autores que quieran superar modelos obsoletos de propiedad intelectual. ¿Nos salimos del rebaño y encaramos todos estos temas, por favor?

El lenguaje es el espejo del alma; la manera en que un hombre habla, así es él. Publio Sirio
Los fragmentos no son personas
En torno al arranque del siglo xxi algo empezó a salir mal en la revolución digital. La red se vio inundada de diseños intrascendentes llamados a veces web 2.0. Esta ideología promueve la libertad radical en la superficie de la red, pero, irónicamente, esa libertad va más dirigida a las máquinas que a las personas. No obstante, a veces se alude a ella como «cultura abierta».
Los comentarios anónimos en blogs, los vídeos de bromas insustanciales y los popurrís intrascendentes pueden parecer triviales e inofensivos, pero, en conjunto, esa forma de comunicación fragmentaria e impersonal ha degradado la interacción interpersonal.
Ahora la comunicación suele experimentarse como un fenómeno sobrehumano que se eleva por encima de los individuos. Una nueva generación ha llegado a la mayoría de edad con una expectativa limitada de lo que una persona puede ser y de aquello en lo que cada persona puede llegar a convertirse.
Lo más importante de una tecnología es cómo cambia a las personas
Cuando trabajo con gadgets digitales experimentales, como las nuevas versiones de realidad virtual, en un entorno de laboratorio, eso siempre me recuerda cómo los pequeños cambios en los detalles de un diseño digital pueden tener efectos profundos e imprevistos en la experiencia de los humanos que interactúan con él. El más mínimo cambio en algo tan trivial en apariencia como la facilidad de uso de un botón a veces puede alterar por completo las pautas de comportamiento.
Por ejemplo, el investigador de la Universidad de Stanford Jeremy Bailenson ha demostrado que el hecho de cambiar la altura del avatar de una persona en una realidad virtual inmersiva transforma su autoestima y la percepción social de uno mismo. La tecnología es una extensión de nosotros mismos y, al igual que los avatares del laboratorio de Jeremy, nuestras identidades pueden ser alteradas por los caprichos de los gadgets. Es imposible trabajar con tecnología de la información sin involucrarse al mismo tiempo con la ingeniería social.
Uno puede preguntarse: «Si bloggeo, twitteo y wikeo todo el tiempo, ¿cómo afecta a eso que soy?» o «Si la mente colmena es mi público, ¿quién soy yo?». Nosotros, los inventores de tecnologías digitales somos como comediantes de stand up o neurocirujanos en el sentido de que nuestro trabajo se hace eco de profundas cuestiones filosóficas; por desgracia, últimamente hemos demostrado ser malos filósofos.
Cuando los desarrolladores de tecnologías digitales diseñan un programa que te pide que interactúes con un ordenador como si fuera una persona, lo que están haciendo al mismo tiempo es pedirte que aceptes en lo más recóndito de tu cerebro que tú también podrías ser concebido como un programa. Cuando diseñan un servicio de internet editado por una masa anónima enorme, están dando a entender que una masa arbitraria de humanos es un organismo con un punto de vista legítimo.
Distintos diseños estimulan distintos potenciales de la naturaleza humana. Nuestros esfuerzos no deberían estar dirigidos a lograr que la mentalidad de rebaño sea lo más eficiente posible. En cambio, sí deberíamos tratar de inspirar el fenómeno de la inteligencia individual.
«¿Qué es una persona?» Si supiera la respuesta, podría programar una persona artificial en un ordenador. Pero no puedo. Una persona no es una fórmula fácil, sino una aventura, un misterio, un salto hacia la fe.
Optimismo
Sería duro para cualquiera, y ni qué decir para un tecnólogo, levantarse cada mañana sin fe en que el futuro puede ser mejor que el pasado.
En los años ochenta, cuando internet solo estaba al alcance de un pequeño número de pioneros, solía enfrentarme con personas que tenían miedo de que esas tecnologías extrañas en las que yo estaba trabajando, como la realidad virtual, desataran los demonios de la naturaleza humana. Por ejemplo, ¿la gente se volvería adicta a la realidad virtual como si se tratara de una droga? ¿Se quedarían atrapados en ella, incapaces de volver al mundo físico donde vivimos el resto de las personas? Algunas de esas preguntas eran tontas y otras, clarividentes.
Cómo influye la política en la tecnología de la información
En aquel entonces yo formaba parte de una alegre banda de idealistas. Si en los años ochenta hubieras quedado para comer conmigo y con John Perry Barlow, que se convertiría en cofundador de la fundación Electronic Frontier, o con Kevin Kelly, que terminaría siendo el editor fundador de la revista Wired, nos habrías escuchado dando vueltas en torno a todas esas ideas. Los ideales son importantes en el mundo de la tecnología, pero el mecanismo a través del cual influyen en los acontecimientos es distinto que en el resto de las esferas de la vida. Los tecnólogos no usamos la persuasión para influir sobre los demás; o al menos no lo hacemos demasiado bien. Entre nosotros hay unos pocos comunicadores de nivel (como Steve Jobs), pero la mayoría no somos especialmente persuasivos.
Nosotros desarrollamos extensiones de tu existencia, como ojos y oídos a distancia (webcams y teléfonos móviles) y una memoria ampliada (el mundo de datos que se pueden consultar en la red). Esos elementos se convierten en las estructuras mediante las que te conectas con el mundo y con otras personas. Esas estructuras, a su vez, pueden cambiar tu concepción de ti mismo y del mundo. Jugueteamos con tu fi losofía manipulando tu experiencia cognitiva directamente, no de forma indirecta a través de la discusión. Basta con un pequeño grupo de ingenieros para crear una tecnología que moldee el futuro de la experiencia humana a velocidad increíble. Por lo tanto, antes de que se diseñen esas manipulaciones directas, desarrolladores y usuarios deberían mantener una discusión crucial acerca de cómo construir una relación humana con la tecnología. Este libro trata de esas discusiones.
El diseño de la red tal como la conocemos hoy día no era inevitable. A principios de los noventa había decenas de intentos creíbles en pos de un diseño capaz de presentar la información digital en red de una manera más popular. Compañías como General Magic y Xanadu diseñaron proyectos alternativos con cualidades fundamentalmente distintas que no llegaron a buen puerto.
Una sola persona, Tim Berners-Lee, vino a crear el diseño particular de la red tal como la conocemos hoy. Tal como fue presentado, el diseño de la red era minimalista, en el sentido de que presumía lo menos posible sobre cómo sería una página web. Además, era abierto, pues la arquitectura no daba preferencia a ninguna página por encima de otra, y todas las páginas eran accesibles a todos. También hacía hincapié en la responsabilidad, ya que solo el propietario de un sitio web era capaz de garantizar que su sitio estuviera disponible.
La motivación inicial de Berners-Lee era dar servicio a una comunidad de físicos, no a todo el mundo. Aun así, los primeros usuarios adoptaron el diseño de la red en un ambiente muy infl uido por discusiones de tono idealista. En el período anterior al nacimiento de la red, las ideas en juego eran radicalmente optimistas y adquirieron fuerza en la comunidad, y luego en el mundo en general.
Puesto que al crear tecnologías de la información inventamos muchas cosas de la nada, ¿cómo decidimos cuáles son mejores? La libertad radical que hallamos en los sistemas digitales plantea un reto moral desconcertante. Lo inventamos todo, entonces, ¿qué es lo que vamos a inventar? Por desgracia, ese dilema -el de tener tanta libertad- es ilusorio.
A medida que un programa aumenta en tamaño y complejidad, el software puede convertirse en una maraña cruel. Cuando intervienen otros programadores, puede resultar un laberinto. Si uno es lo bastante listo, puede crear un programa pequeño desde cero, pero se requiere mucho esfuerzo (y algo más que un poco de suerte) para modificar con éxito un programa grande, sobre todo si otros programas dependen de él. Incluso los mejores equipos de expertos en desarrollo de software se topan periódicamente con montones de disyuntivas y problemas de diseño.
Es encantador desarrollar programas pequeños en soledad, pero el proceso de mantener un software a gran escala siempre resulta deprimente. Por eso, la tecnología digital sume a la psique del programador en una especie de esquizofrenia. Se produce una confusión constante entre los ordenadores reales y los ordenadores ideales.
A los tecnólogos les gustaría que todos los programas se comportaran como un nuevo programa pequeño y divertido, y están dispuestos a utilizar cualquier estrategia psicológica a su alcance para evitar pensar en los ordenadores de forma realista.
El carácter precario de los programas informáticos en desarrollo puede hacer que algunos diseños digitales queden congelados por un proceso conocido como lock in, o anclaje. Esto ocurre cuando se diseñan muchos programas de software para que trabajen con uno ya existente. Modifi car de forma signifi cativa un software cuando muchos otros programas dependen de él es el proceso más difícil de llevar a cabo. Por eso casi nunca se hace.
https://info.nodo50.org/Rebano-digital-y-redes-sociales-y.html