La tecnología creada por el inventor fue la única capaz de iluminar grandes ciudades. Su autobiografía, publicada por primera vez en castellano, muestra una vida de novela

TEGUAYCO PINTO


"El presente es de ustedes, pero el futuro, por el que tanto he trabajado, me pertenece
". Con estas palabras se resume la vida del que fue uno de los inventores más importantes e influyentes de principios del siglo XX, Nikola Tesla. Megalómano y de personalidad excéntrica, este visionario de origen serbio ha sido castigado por la historia y su vago recuerdo permanece injustamente relegado al rincón de los científicos locos.




Muchas de las importantes contribuciones de este físico al desarrollo de la humanidad han pasado desapercibidas para el gran público. Criticado por algunos de sus contemporáneos por no ofrecer dispositivos de utilidad práctica, sus grandes inventos han acabado imponiéndose con rotundidad.
A finales del siglo XIX desarrolló los principios de la radio, adjudicada al italiano Marconi pero reconocida como creación suya por el Tribunal Supremo de EEUU poco después de su muerte. Considerado el padre de la industria eléctrica, estableció las bases para el uso de la corriente alterna después de luchar contra Edison, firme defensor de la corriente continua, en lo que se conoce como la guerra de las corrientes. También fue uno de los promotores del radiocontrol y muchas de sus ideas, como la transmisión de energía eléctrica sin cables, siguen inspirando proyectos en la actualidad.

El genio olvidado

En un esfuerzo por preservar su memoria y rehabilitar su imagen, la editorial Turner Noema acaba de presentar su autobiografía, publicada por primera vez en castellano. El texto de Tesla ha sido prologado por el periodista Miguel Ángel Delgado, quien se presenta a si mismo como "tesliano". Para el escritor, su importancia queda fuera de toda duda. "Sin él, sin sus inventos, el mundo no sería como lo conocemos", afirma. "Diseñó un mundo basado en la electricidad ¿cómo es posible que haya desaparecido del imaginario colectivo?".
Venció en la guerra de las corrientes que le enfrentó con Thomas Edison
Según José Manuel Sánchez Ron, historiador de la ciencia y miembro de la Real Academia de la Lengua, la diferencia entre el reconocimiento obtenido por Edison y Tesla puede deberse al hecho de que el estadounidense "desarrolló una infraestructura que permitió que su imagen y su legado fueran preservados", mientras que el serbio "ni siquiera dejó discípulos". El historiador reconoce que no ha "sido justo con Tesla", pues nunca le resultó un personaje especialmente relevante. Hace unos años comenzó a "recopilar información y a sospechar que este inventor debía tener un lugar más destacado en la historia". Sin embargo, intentar bucear en su pasado no es sencillo. "Hoy es muy complicado encontrar información sobre este gran tecnólogo", explica.

Mito y realidad

La falta de documentos sobre Tesla, del que sólo se han publicado tres biografías en 60 años, ha servido también para que haya sido mitificado y que su obra y su figura se encuentren entre la realidad y la ficción. Según Delgado "la imagen de Tesla debe ser restaurada, para no dejar que los pocos que lo conocen lo utilicen para justificar sus teorías conspiranoicas".
En 1943 fue reconocido como el auténtico inventor de la radio
Nacido en la actual Croacia en 1856 en el seno de una familia ortodoxa, Tesla destacó por su inventiva y su capacidad matemática. Una de las habilidades más sorprendentes era su capacidad para visualizar mentalmente los diseños sin necesidad de dibujarlos. Según se recoge en su autobiografía, Tesla presumía de ser capaz de ver sus inventos con todo lujo de detalles, hasta el punto de que podía hacerlos funcionar en su mente. "Para mí es absolutamente irrelevante si una turbina está funcionando en mi cabeza o en el taller. Incluso percibo si está desequilibrada".
La inteligencia y la inventiva de Tesla no pasaron desapercibidas y no tardó mucho tiempo en recibir la primera oferta para ir a EEUU. Un antiguo trabajador de Edison escribió una carta de recomendación dirigida al inventor estadounidense en la que se podía leer: "En mi vida he conocido a dos grandes hombres, usted es uno de ellos, el otro es este joven".
Su gran capacidad de sacrificio le permitió trabajar sin descanso durante su primer año en Nueva York, bajo las órdenes de Edison. Tesla sentía tal pasión por la investigación que le dedicaba la mayor parte de su tiempo, lo que le impedía centrar su atención en otros aspectos de la vida, hasta el punto de mantenerse célibe. "Ser inventor exige una naturaleza tan intensa, tan apasionada, que si fuera destinada a una mujer sería para darle todo".
Tesla no quería inventar una bombilla, quería cambiar el mundo
Con el tiempo, la falta de confianza de Tesla en los generadores de corriente continua de Edison y la negativa del estadounidense a pagarle el dinero prometido tras un duro año de trabajo, terminaron con la relación entre ambos, lo que dio comienzo a la guerra de las corrientes. El serbio abandonó la empresa y se centró en el desarrollo de un sistema de corriente alterna opuesto al planteado por Edison. Un año después, el industrial George Westinghouse accedió a financiar los trabajos sobre sistemas polifásicos de Tesla, que permitieron la transmisión de corriente alterna a largas distancias, lo que supuso la victoria definitiva del modelo del serbio sobre el de Edison.
La larga lista de ingenios creados por Tesla, unida a su capacidad para darse publicidad a sí mismo y a sus inventos, le sirvieron para convertirse en un personaje muy conocido en el Nueva York de finales del XIX. Pese a codearse con la alta sociedad neoyorquina, sus patentes no le convirtieron en un hombre rico y todo el dinero que recibía lo volvía a invertir en nuevos proyectos, cada vez más ambiciosos.
El historiador Sánchez Ron describe a Tesla como "alguien con todas las características para no ser un empresario de éxito". Esta falta de olfato mercantil queda patente en su autobiografía, cuando describe la propuesta de un colaborador de Edison para formar una sociedad anónima. "No tenía ni la más mínima noción de qué significaba aquello, excepto que formaba parte del estilo americano de hacer las cosas". Hugo Gernsback, uno de los pioneros de la ciencia ficción de principios del siglo XX, llegó a afirmar de Tesla, a quien conoció, que era "un idealista de primer nivel" y que para hombres así, "el dinero tiene poco significado".
"Sin él y sin sus inventos, el mundo no sería como lo conocemos hoy" 
Con el paso del tiempo el carácter excéntrico de Tesla se fue haciendo cada vez más acusado, lo que le llevó a intentar algunos proyectos descabellados. Sin embargo, Delgado afirma que esta deriva pseudocientífica no era algo extraordinario entre los investigadores de la época y asegura que "el propio Edison quiso inventar una máquina para contactar con los muertos".
El punto de inflexión en la carrera del inventor fue la construcción de la Torre Wardenclyffe, incluida en su macroproyecto denominado "Sistema Mundial". Definido como un dispositivo destinado a hacer posible la "transmisión inalámbrica, instantánea de todo tipo de señales a cualquier lugar del mundo", el proyecto se detuvo en 1905, lo que desacreditó a Tesla, cuyas ideas dejaron de ser tomadas en serio. Pese a todo, el serbio continuó creando grandes inventos hasta el momento de su muerte en enero de 1943.

Un gran visionario

Con su fallecimiento no sólo desapareció "un gran tecnólogo, sino sobre todo, un gran visionario", asegura Sánchez Ron. Miguel Delgado destaca su pasión por encima del pragmatismo economicista de Edison y afirma que "lo que hizo grande a Tesla es que no quería inventar una bombilla, quería cambiar el mundo". Su gran ambición por conseguir hitos que hicieran evolucionar al ser humano se desprende de los últimos párrafos de su autobiografía, en los que se puede leer: "El hombre de ciencia no aspira a un resultado inmediato. No espera que sus ideas estén listas para ser asumidas. Su trabajo es como el del sembrador: para el futuro".


El Secreto de Nikola Tesla.

Tajna Nikole Tesle (1980),El secreto de Nikola Tesla, por fin traducida al español,con el destacado papel de Orson Welles interpretando a J.P. Morgan.El gran secreto que a través de los años el gobierno de USA ha estado ocultando.
No hay dudas que Nikola Tesla era un psíquico. Su memoria fotográfica, sus posibilidades de visualización y su fisiología supersensible lo ubican en una categoría única. Cuando viajó a Europa en 1890 por la muerte de su madre tuvo la oportunidad de mantener interesantes charlas con el famoso parapsicólogo Williams Crookes y esos diálogos lo llevaron a creer en la telepatía y en la vida después de la muerte; pero ni siquiera la visión de la aparición de su madre el día en que murió le cambió (ni siquiera en el último minuto de vida) su “racionalismo científico”. A pesar de que sus inventos le llegaban como revelaciones, nunca se creyó metapsíquico. Su contacto extraterrestre le dio fama entre los ocultistas y se tejieron leyendas.


Arquitectos de uniforme
Los campos de exterminio se diseñaron tan minuciosamente como las ciudades fabriles de la época. Una muetsra canadiense analiza esas construcciones, a sus hacedores e influencia.

POR NICOLAS OUROUSSOFF
LA ARQUITECTURA EN LA 2° GM. Arsenal de tanques Chrysler en Warren Township, Michigan

Arquitectos de uniforme

1942. Salón de dibujo de la fábrica de bombarderos Ford Motor en Willow Run, Michigan

Arquitectos de uniforme
CAMUFLAJE. Diseñadores y expertos en el tema en Fort Belvoir, Virginia




La historia de la arquitectura durante la Segunda Guerra Mundial es algo de lo que casi no se habla. Todos conocemos a Albert Speer, el hombre que llevó a la práctica las fantasías arquitectónicas megalomaníacas de Hitler; algunos han oído hablar del exilio de Mies van der Rohe en Chicago. El resto parece haberse desvanecido silenciosa y, en algunos casos, convenientemente.

Arquitectura de uniforme: El diseño y la construcción para la Segunda Guerra Mundial ,una nueva muestra fascinante que puede verse en el Centro Canadiense de Arquitectura de Montreal, constituye una medida importante y muy postergada para abordar ese incómodo capítulo de la historia de la arquitectura moderna. La exposición, que organizó Jean-Louis Cohen, abarca un asombroso espectro de proyectos concebidos desde 1937 hasta 1945, muchos de los cuales no son muy conocidos. Algunos son expresiones de idealismo; otros, de increíble cinismo y brutalidad. Sobre el final, me puse a repensar no sólo el papel que desempeñaron los arquitectos durante uno de los períodos más crueles y destructivos de la historia humana, sino también casi todo lo que llegó inmediatamente después, desde la convicción de la Guerra Fría de que la tecnología podía proporcionar una forma de vida mejor a la causa de la suburbanización.

La muestra comienza con dos imágenes: una representa las ruinas de Guernica luego de los bombardeos nazis de abril de 1937; la otra muestra a dos mujeres que, paraguas en mano, recorren el paisaje devastado de Hiroshima un día lluvioso tiempo después de la bomba atómica de agosto de 1945. De ahí en más, se nos introduce en una pequeña sala cilíndrica decorada con los retratos de treinta y cuatro arquitectos, desde Speer hasta Le Corbusier, que pasó buena parte de la guerra intentando sin éxito que el gobierno de Vichy le encargara trabajos, y víctimas como Simón Syrkus, un prisionero de Auschwitz al que la SS reclutó para diseñar invernaderos para un sector del campo dedicado a la agricultura.

Esa yuxtaposición –de imágenes de completa devastación y retratos de apariencia inocente– da marco a la exposición. La guerra, quiere recordarnos Cohen, fue una instancia de destrucción, no de creación. Al mismo tiempo, no todos los arquitectos pasaron ese período en universidades estadounidenses. ¿En qué invirtieron su inteligencia creativa los muchos que siguieron diseñando y construyendo? No todas las respuestas son desalentadoras. La propuesta del Tecton Group de 1939 de un refugio antiaéreo en Finsbury, Londres, es un trabajo arquitectónico impresionante: un gran cilindro de hormigón sepultado en la tierra y con una rampa en espiral que ingresa a un interior con capacidad para 7.600 personas. (Si se visita el zoológico de Londres, se observará un precursor del diseño en las rampas espiraladas del Lago de los Pingüinos, que la misma firma construyó unos años antes.) Menos espectaculares, si bien más relevantes en la actualidad, son algunos de los proyectos de viviendas de bajo costo que se construyeron para el creciente complejo militar-industrial, sobre todo en los Estados Unidos. Channel Heights Defense Housing, que diseñó Richard Neutra en la década de 1940 en San Pedro, California –un complejo de casas prefabricadas simples en torno a un parque, de manera tal de aprovechar la vista al mar–, es un buen ejemplo de cómo construir viviendas baratas y humanas. En el sector suburbano de Pensilvania, “Aluminium City Housing”, de Walter Gropius y Marcel Breuer, un complejo de casas simples y modernas revestidas en madera y unidas por galerías cubiertas, podría servir de modelo para la construcción de viviendas de bajo costo en la actualidad.

Esos triunfos de la imaginación, sin embargo, se ven eclipsados por otra cosa: la forma en que la maquinaria trituradora de la guerra exigía una sociedad cada vez más disciplinada y deshumanizada, a la cual gran cantidad de arquitectos se mostraban dispuestos a proporcionar un marco físico. Uno de los muchos ejemplos escalofriantes es la propuesta de Ernst Neufert de 1943 de una Hausbaumaschine (máquina constructora de casas), un enorme galpón industrial que se habría desplazado sobre rieles, deteniéndose cada unos cuantos metros para que los trabajadores pudieran colocar el siguiente segmento en una interminable hilera de viviendas de hormigón idénticas. El proyecto, que nunca se construyó, es una expresión particularmente siniestra de un mundo en el que la vida está despojada de identidad individual y donde se trata a los seres humanos como partes intercambiables de una máquina gigantesca. La visión de Neufert no es más que uno de los ejemplos más extremos de una mentalidad más penetrante. Durante la guerra, se organizaron y construyeron nuevas ciudades fabriles con la eficiencia de una línea de montaje. Oak Ridge, el emplazamiento secreto del Proyecto Manhattan en la zona rural de Tennessee, era un modelo de planificación funcionalista en el que los centros comerciales estaban flanqueados por hileras idénticas de viviendas prefabricadas. (Se dividían por raza y clase: los altos oficiales militares y los científicos vivían en casas unifamiliares, mientras que los trabajadores blancos habitaban bloques de departamentos y los negros lo hacían en grupos de chozas.) Peenemunde, sede de la planta de aviones alemana del Mar Báltico donde se desarrolló el cohete V-2, era un campo de trabajo diseñado de forma similar, con estructuras de ladrillo con marco de hormigón. En 1943, luego de que las fuerzas aliadas bombardearon Peenemunde, los arquitectos alemanes empezaron a trabajar en una versión aún más extrema de planificación racional: una red de fábricas subterráneas en la zona central de Alemania. La más relevante en términos arquitectónicos, la fábrica de aviones Messerschmitt de Eberhard Kuen, ubicada en el sudeste de Alemania y construida con mano de obra esclava, tenía una línea de montaje sobre rieles integrada en la estructura de hormigón y conectada con el sistema ferroviario local.

Ese modelo de planificación estandarizada a gran escala alcanzó su nivel más sádico, por supuesto, en los campos de exterminio, que con frecuencia estaban diseñados con tanta minuciosidad como los complejos fabriles. Cada metro cuadrado de Auschwitz estaba calculado y medido con minuciosidad, y el metro cuadrado que se asignaba a cada prisionero –la décima parte de las barracas de aquel momento– podía leerse como una perversión aterradora de la idea de ecxistenzminimum de la Bauhaus, un esfuerzo por calcular la cantidad exacta de espacio necesaria para llevar una vida simple pero digna (En el catálogo de la muestra, Cohen nos dice que los arquitectos de Auschwitz se habían formado en las mejores instituciones alemanas, y una de las muchas sorpresas de la exposición es la variedad de actividades que se desarrollaba en el complejo, que comprendía una planta química e invernaderos además de campos de exterminio. Los invernaderos, que siguen en funcionamiento, se usan para cultivar crisantemos que se envían a toda Europa.) Lo que resulta asombroso de la muestra no es sólo la cantidad de energía creativa que se dedicó a construir la infraestructura para la crueldad, sino cómo la mentalidad bélica terminó por infiltrarse hasta en los más mínimos rincones de la sociedad y la forma en que persistió. La estandarización también se reflejó en las estrategias de planeamiento de la era de la Guerra Fría. Por otra parte, la “descentralización” de las ciudades que propusieron planificadores temerosos de que éstas se convirtieran en blancos fáciles para los bombarderos continuó, en mucho mayor escala, en la suburbanización.

No fue sino hasta la década de 1960 y la publicación de libros como Complejidad y contradicción en arquitectura , de Robert Ventura, que la profesión empezó a purgar esas tendencias y a encontrar una nueva ruta de avance. En ciertos sentidos, aún estamos trabados en lucha con los mismos problemas.

© The New York Times, 2011.

TraducciOn de JoaquIn Ibarburu.