Biografia de Albert Einstein: Relatividad Especial y Efecto Fotoeléctrico Carta Histórica


El físico alemán-americano Albert Einstein, nacido en Ulm, Alemania, Marzo 14, 1879, muerto en Princeton, N.J., Abril 18, 1955, contribuyó más que cualquier otro científico a la visión de la realidad física del siglo 20. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, las teorías de Einstein --sobre todo su teoría de la Relatividad-- le pareció a muchas personas, apuntaban a una calidad pura de pensamiento para el ser humano. Raramente un científico recibe tal atención del público pero Einstein la recibió por haber cultivado la fruta de aprendizaje puro. 
VIDA TEMPRANA
Los padres de Einstein, quienes eran Judíos no vigilados, se mudaron de Ulm a Munich cuando Einstein era un infante. El negocio familiar era una fábrica de aparatos eléctricos; cuando el negocio quebró (1894), la familia se mudó a Milán, Italia. A este tiempo Einstein decidió oficialmente abandonar su ciudadanía alemana. Dentro de un año todavía sin haber completado la escuela secundaria, Einstein falló un examen que lo habría dejado seguir un curso de estudios y recibir un diploma como un ingeniero eléctrico en el Instituto suizo Federal de Tecnología (el Politécnico de Zurich). El se pasó el año próximo en Aarau cercana a la escuela secundaria de cantonal, donde disfrutó de maestros excelentes y adelantos de primera índole en física. Einstein volvió en 1896 al Politécnico de Zurich , donde se graduó (1900) como maestro escolar de secundaria en matemáticas y física. 
Después de dos cortos años obtuvo un puesto en la oficina suiza de patentes en Bern. La oficina de patentes requirió la atención cuidadosa de Einstein, pero mientras allí estaba empleado (1902-09), completó un rango asombroso de publicaciones en física teórica. La mayor parte de estos textos fueron escritos en su tiempo libre y sin el beneficio de cierto contacto con la literatura científica. Einstein sometió uno de sus trabajos científicos a la Universidad de Zurich para obtener un Ph.D en 1905. En 1908 le envió un segundo trabajo a la Universidad de Bern y llegó a ser docente exclusivo, o conferencista. El año próximo Einstein recibió un nombramiento como profesor asociado de física en la Universidad de Zurich.
Por 1909 Einstein fue reconocido por la Europa de habla alemana como el principal pensador científico. Rápidamente obtuvo propuestas como profesor en la Universidad alemana de Prague y en el Politécnico de Zurich. En 1914 adelantó al puesto más prestigioso y de mejor paga que un físico teórico podría tener en la Europa céntrica: profesor en el Kaiser-Wilhelm Gesellschaft en Berlín. Aunque Einstein asistió a una entrevista en la
 Universidad de Berlín, en este tiempo él nunca enseñó cursos regulares universitarios. Einstein quedó en el cuerpo de profesor de Berlín hasta 1933, de este tiempo hasta su muerte (1955) tuvo una posición de investigación en el Instituto para Estudios Avanzados en Princeton, N.J. 
TRABAJOS CIENTIFICOS. 
Los Papeles de 1905.
En los primeros de tres papeles seminales publicados en 1905, Einstein examinó el fenómeno descubierto por Max Planck, de que la energía electromagnética parecía ser emitida por objetos radiantes en cantidades que fueron decisivamente discretas. Las energía de estas cantidades --la llamada luz-quanta-- estaba directamente proporcional a la frecuencia de la radiación. Esta circunstancia estaba perpleja porque la teoría clásica del electromagnetismo, basada en las ecuaciones de Maxwell y las leyes de la termodinámica, había asumido en forma hipotética que la energía electromagnética consistía de ondas propagadas, todo-compenetrar medianamente llamada la luminiferous ether, y que las ondas podrían contener cualquier cantidad de energía sin importar cuan pequeñas. Einstein uso la hipótesis del quántum de Planck para describir la radiación visible electromagnética, o luz. Según el punto de vista heurístico de Einstein, se puede imaginar que la luz consta de bultos discretos de radiación. Einstein usó esta interpretación para explicar el efecto fotoeléctrico, por que ciertamente los metales emiten electrones cuando son iluminados por la luz con una frecuencia dada. La teoría de Einstein, y su elaboración subsecuente, formó mucho de base para lo que hoy es la Mecánica Cuántica.
El segundo de los papeles de 1905 de Einstein propuso lo qué hoy se llama la teoría especial de la relatividad. Al tiempo que Einstein supo que de acuerdo con la teoría de los electrones de Hendrik Antoon Lorentz, la masa de un electrón se incrementa cuando la velocidad del electrón se acerca a la velocidad de la luz. Einstein se dio cuenta de que las ecuaciones que describen el movimiento de un electrón de hecho podrían describir el movimiento no acelerado de cualquier partícula o cualquier cuerpo rígido definido. Basó su nueva kinemática a una nueva reinterpretación del principio clásico de la relatividad --que las leyes de la física tenían que tener la misma forma en cualquier marco de referencia. Como una segunda hipótesis fundamental, Einstein asumió que la rapidez de la luz queda constante en todos los marcos de referencia, como lo formula la teoría clásica Maxweliana. Einstein abandonó la hipótesis del Eter, porque no jugó ningún papel en su kinemática o en su reinterpretación de la teoría de electrones de Lorentz.
Como una consecuencia de su teoría Einstein recobró el fenómeno de la dilatación del tiempo, en que el tiempo, análogo a la longitud y masa, es una función de la velocidad y de un marco de referencia . Más tarde en 1905, Einstein elaboró cómo, en una manera de hablar, masa y energía son equivalentes. Einstein no fue el primero proponer a todo los elementos que están en la teoría especial de relatividad; su contribución queda en haber unificado partes importantes de mecánica clásicas y electrodinámica de Maxwell.
Los terceros de los papeles seminales de Einstein de 1905 concerniente a la estadística mecánica, un campo de estudio elaborado, entre otros por, Ludwig Boltzmann y Josiah Willard Gibbs. Sin premeditación de las contribuciones de Gibb, Einstein extendió el trabajo de Boltzmann y calculó la trayectoria media de una partícula microscópica por colisiones al azar con moléculas en un fluido o en un gas. Einstein observó que sus cálculos podrían explicar el Movimiento Browniano, el aparente movimiento errático del polen en fluidos, que habían notado el botánico británico Robert Brown. El papel de Einstein proveyó evidencia convincente por la existencia física del tamaño-átomo moléculas, que ya habían recibido discusión muy teórica. Sus resultados fueron independientemente descubiertos por el físico polaco Marian von Smoluchowski y más tarde elaborados por el físico francés Jean Perrin.


La Teoría General de la Relatividad.
Después de 1905, Einstein continuo trabajando en un total de tres de las áreas precedentes. Hizo contribuciones importantes a la teoría del quántum, pero en aumento buscó extender la teoría especial de la relatividad al fenómeno que envuelve la aceleración. La clave a una elaboración emergió en 1907 con el principio de equivalencia, en la cual la aceleración gravitacional fue priori indistinguible de la aceleración causada por las fuerzas mecánicas; la masa gravitacional fue por tanto idéntica a la masa inercial. Einstein elevó esta identidad, que está implícita en el trabajo de Isaac Newton, a un principio que intenta explicar tanto electromagnetismo como aceleración gravitacional según un conjunto de leyes físicas. En 1907 propuso que si la masa era equivalente a la energía, entonces el principio de equivalencia requería que esa masa gravitacional actuara recíprocamente con la masa de la radiación electromagnética, la cual incluye a la luz. Para 1911 Einstein podía hacer predicciones preliminares acerca de cómo un rayo de luz de una estrella distante, pasando cerca al Sol, parecía ser atraída, con inclinación ligera, en la dirección de la masa de la Sol. Al mismo tiempo, luz radiada del Sol actuaría recíprocamente con la masa del mismo, da por resultado un ligero cambio hacia el fin del infrarrojo del espectro óptico del Sol. A esta juntura Einstein también supo que cualquier teoría nueva de gravitación tendría que considerarse por un pequeño pero persistente anomalía en el movimiento del perihelio del Mercurio planetario.
Aproximadamente por 1912, Einstein empezó una nueva fase de su investigación gravitacional, con la ayuda de su amigo matemático Marcel Grossmann, por adaptación de su trabajo en cuanto al cálculo del tensor de Tullio Levi-Civita y Gregorio Ricci-Curbastro. El cálculo del tensor grandemente facilitó cálculos en el cuatro-dimensión- espacio-tiempo, una noción que Einstein había obtenido de la elaboración matemática de Hermann Minkowski en 1907 de la teoría propia especial de Einstein de relatividad. Einstein llamó a su nuevo trabajo la teoría general de la relatividad. Después de varias salidas falsas publicó (tarde 1915) la forma definitiva de la teoría general. En él las ecuaciones del campo de la gravitacional eran covariantes; esto es, similar a las ecuaciones de Maxwell, el campo de ecuaciones tomo la misma forma en todos los marcos de equivalencia. Por su ventaja del principio, el campo de ecuaciones covariante le permitió observar el movimiento del perihelio del planeta Mercurio. En esta forma original, la relatividad general de Einstein se ha verificado numerosas veces en los pasados 60 años.
Su vida de los últimos años.
Cuando las observaciones británicas del eclipse de 1919 confirmaron sus predicciones, Einstein fue agasajado por la prensa popular. Los éticos personales de Einstein también despidieron imaginación pública. Einstein, quien después de volver a Alemania en 1914 no volvió a solicitar ciudadanía alemana, estaba con sólo un manojo de profesores alemanes quienes lo situaron como un pacifista por no apoyar la dirección de la guerra Alemana. Después de la guerra cuando los aliados victoriosos buscaron excluir a científicos alemanes de reuniones internacionales, Einstein--un Judío de viaje con un pasaporte suizo-- quedó como un enviado alemán aceptable. Las vistas políticas de Einstein como un pacifista y un Sionista lo deshuesó contra conservadores en Alemania, quienes lo marcaron como un traidor y una derrotista. El éxito público que otorgó sus teorías de relatividad evocaron ataques salvajes en los 1920s por los físicos antisemitas Johannes Severo y Philipp Lenard, hombres quienes después de 1932 trataron de crear un Ariano llamado físicos en Alemania. Sólo como una polémica quedó la teoría de la relatividad de Einstein para los físicos menos flexibles en el marco de la entrega del premio Novel para Einstein --se le otorgó no por la relatividad sino por el trabajo de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico.
Con el levantamiento de fascismo en Alemania, Einstein se mudó (1933) a los Estados Unidos abandonando su pacifismo. El completamente estuvo de acuerdo que la nueva amenaza tenía que ser reprimida por la fuerza armada. En este contexto Einstein envió (1939) una carta al presidente Franklin D. Roosevelt que instó que los Estados Unidos debían proceder a desarrollar una bomba atómica antes de que Alemania tomase la delantera. La carta, escrita por un amigo de Einstein Leo Szikard, fue uno de los muchos intermediarios entre la Casa Blanca y Einstein, y contribuyó con la decisión de Roosevelt de consolidar lo qué llegó a ser el Proyecto Manhattan.
Para el público Einstein parecía un campeón de las clases no populares, tal como su objeción (1950) en el Comité de la Casa en Actividades y sus esfuerzos hacia el desarme nuclear, sus preocupaciones se centraban siempre alrededor de la física. A la edad de 59, cuando otros físicos teóricos anhelarían el retiro, él seguía su original investigación científica, Einstein y sus co-trabajadores Leopold Infeld y Banesh Hoffmann alcanzaron un mayor resultado para la teoría general de la relatividad.
Pocos físicos siguieron el camino de Einstein después de 1920. Mecánica Cuántica, en lugar de relatividad general, centró su atención. Por su parte Einstein nunca podría aceptar la mecánica cuántica con su principio de indeterminancia, como lo formula Werner Heisenberg y elaborado dentro de uno nuevo por Niels Bohr. Aunque los pensamientos tardíos de Einstein fueron abandonados por décadas, los físicos hoy en día se refieren seriamente al sueño de Einstein--una gran unificación de la teoría física.

La teoría de la Relatividad Especial -o Teoría Restringida de la Relatividad- trata sobre los sistemas de referencia que tomamos para observar determinados movimientos, es decir, "lo relativo" del movimiento que estamos observando dependiendo del lugar -espacio y velocidad- que poseemos, ya que éstos factores son decisivos a la hora de experimentar. Por ejemplo: si nosotros venimos en un auto con una velocidad de 20 km/h y en dirección opuesta a nuestro movimiento cruzamos con otro auto que viene con la misma velocidad, para nosotros ese auto pasó con una velocidad de 40 km/h ya que las velocidades se suman; pero en cambio, para una persona que se encontraba parada en la orilla de la carretera los dos autos pasaron a la misma velocidad: 20 km/h ya que ella se encontraba con una v = 0 km/h. Pese a todo esto, hay algo que se niega a cumplir ésta ley: la luz.

Michelson y Morley realizaron un experimento para verificar la influencia que pudiera tener la velocidad de la Tierra con respecto a la luz, pero no hallaron nada, o mejor dicho, hallaron algo sí, pero los dejó muy desconcertados, ya que la velocidad de la luz a pesar de dirigir ésta en distintas direcciones, compararla con la que proviene de las estrella, era siempre la misma. Una salida a éste problema la propuso el físico holandés Hendrik Antoon Lorentz, nacido en el año 1853 y premiado con el Premio Nobel de Física en el año 1902 junto con Pieter Zeeman, el cual decía que el aparato -el cual emitía la luz- se encogía en la dirección que sigue la Tierra debido al movimiento y por eso no hay cambios en la medición de la velocidad de la luz; lo mismo pasaba con el tiempo -cambiaba-. Cuando Albert tenía 16 años escribió: "si corro tras una onda de luz, a su misma velocidad, me encontraré con electricidad y magnetismo que no cambian", es decir, que no oscilan juntos. Luego afirmó que no sólo es el aparato de Michelson y Mortimer el que se encoge, sino que es el espacio mismo el que se contrae. Einstein llegó a la equivalencia entre la masa y la energía: E = mc2; la energía es igual a la masa (m) multiplicada y vuelta a multiplicar por la velocidad de la luz (300.000 Km/s).

Las consecuencias que dicha teoría traía son varias: 1. Que la masa de las partículas aumenta a medida que aumenta su velocidad; por esto los aceleradores de partículas no pueden llevarlas a la velocidad de la luz, ya que a medida le que aplicamos energía para aumentar su velocidad aumenta su masa, por tanto debemos aumentar en mayor grado la cantidad de energía aplicada para mover una partícula de un tamaño mayor, aumentando así la energía a aplicar a un valor casi infinito para que la partícula llegue a la velocidad de la luz. 2. No se puede hablar de simultaneidad, pues es imposible sincronizar relojes en diferentes lugares en marcos de referencia en movimiento. 3. No se puede viajar a mayor velocidad que la de la luz. 4. La masa de un cuerpo en reposo equivale a una energía E = mc2. Casi todas las predicciones de ésta teoría están comprobadas.



Espacio Tiempo
Einstein, cambió tan profundamente la visión del Universo, que hizo que el espacio y el tiempo carecieran de significado por sí solos.
Él utilizó el concepto del universo como un sistema de cuatro dimensiones -la cuarta sería el tiempo-. Para los que no entienden los conceptos de dimensiones, se los pasaré a explicar. Se dice que el universo tiene tres dimensiones porque: una dimensión sería la representación de una línea, en la que sólo se necesita una coordenada para encontrar un punto determinado en ella; dos dimensiones sería un plano, en donde se necesita de dos coordenadas para encontrar algún punto determinado -la altura y la anchura. Ej.: 3 puntos hacia la izquierda y uno hacia arriba (partiendo de un punto 0, 0)-; y la tercera dimensión es por ejemplo un cubo, en donde necesitas de la altura, la anchura y la profundidad para poder encontrar un punto en él, es decir, de tres coordenada; el universo es así. En pocas palabras, todo depende de la cantidad de coordenadas que se necesiten para encontrar un punto, para definir la dimensión del objeto estudiado.
Einstein, con sus teorías, incluyó el concepto del tiempo, es decir, la cuarta coordenada (pero no se comporta de la misma forma que las anteriores coordenadas). Para encontrar un punto en el espacio no solo necesitas las tres coordenadas ya mencionadas, sino también la hora en que lo encontrarás allí. Por ejemplo, el vuelo de una mosca: ella no se encuentra siempre volando en el mismo punto, sino que se mueve por el espacio y a pesar de que pase por el mismo punto dos a más veces, nunca lo hará a la misma hora, sino que lo hará 2 o 3 o quien sabe cuantos segundos después.
El primero que utilizó el concepto de espacio-tiempo fue el matemático germano-ruso Hermann Minkowski en el año 1907; el fue unos de los maestros de Albert.
Cuando fue difundida esta noción del espacio-tiempo, trajo consigo también varias polémicas entre los físicos sobre la idea del retraso de los relojes. "Un reloj en movimiento -dijo él- marca el tiempo con más lentitud que uno que no lo está. A decir verdad, todos los fenómenos que evolucionan con el tiempo lo hacen más lentamente cuando se mueven que cuando están en reposo, lo cual equivale a decir que propio tiempo se retrasa. A velocidades ordinarias, el efecto es inapreciable, pero a 262.000 km./seg., un reloj parecería (a un observador que lo viera pasar fugazmente ante sí) que tarda dos segundos en marcar un segundo. Y, a la velocidad de la luz, el tiempo se paralizaría."
La dimensión «tiempo» es más perturbadora que las otras dos relacionadas con la longitud y el peso. Si un objeto se reduce a la mitad de su longitud y luego recupera el tamaño normal o su peso para volver seguidamente al peso normal, no dejará rastro de ese cambio temporal y, por tanto, no puede haber controversia entre los criterios opuestos.
Sin embargo, el tiempo es una cosa acumulativa. Por ejemplo, un reloj sobre el planeta X parece funcionar a media marcha debido a la gran velocidad de traslación; si lo mantenemos así durante una hora y luego lo llevamos a un lugar estático, su maquinaria reanudará la marcha ordinaria pero habrá quedado una marca: ¡media hora de retraso! Veamos otro ejemplo. Si dos barcos se cruzan y los observadores de cada uno estiman que el otro se traslada a 262.000 km./seg. y su reloj funciona a media marcha, cuando las dos naves se crucen otra vez los observadores de cada una pensarán que el reloj de la otra lleva media hora de retraso con respecto al suyo. Pero, ¿es posible que cada reloj lleve media hora de retraso con respecto al otro? ¡No! ¿Qué pensar entonces? Se ha denominado a este problema «la paradoja del reloj».
Realmente no existe tal paradoja. Si un barco pasase cual un rayo ante el otro y las tripulaciones de ambos jurasen que el reloj del otro iba retrasado, poco importaría saber cuál de los dos relojes era verdaderamente, el retrasado porque ambos barcos se separarían para siempre. Los dos relojes no concurrirían jamás en el mismo lugar ni a la misma hora para permitir una comprobación y la paradoja del reloj no se plantearía nunca más. Ciertamente, la Teoría especial de la relatividad de Einstein es aplicable tan sólo al movimiento uniforme, y por tanto aquí estamos hablando únicamente de una separación definitiva.
Supongamos, empero, que los dos barcos se cruzasen nuevamente después del fugaz encuentro y entonces fuese posible comparar ambos relojes. Para que sucediese tal cosa debería mediar un nuevo factor: sería preciso que uno de los barcos acelerase su marcha. Supongamos que lo hiciera el barco B como sigue: primero reduciendo la velocidad para trazar un inmenso arco y orientarse en dirección de A, luego avanzando aceleradamente hasta el encuentro con A. Desde luego, B podría considerarse en una posición estacionaria, pues, teniendo presente su forma de orientarse, sería A el autor de todo el cambio acelerado hacia atrás para encontrarse con B. Si esos dos barcos fueran lo único existente en el Universo, la simetría mantendría viva ciertamente la paradoja del reloj.
Ahora bien, A y B no son lo único existente en el Universo, y ello desbarata la simetría. Cuando B acelera no toma solamente A como referencia, sino también el resto del Universo. Si B opta por verse en posición estacionaria no debe considerar que solamente A acelera respecto a él, sino también todas las galaxias sin excepción. Resumiendo: es el enfrentamiento de B con el Universo: En tales circunstancias el reloj atrasado será el de B, no el de A.
Esto afecta a las nociones sobre viajes espaciales. Si los astronautas se trasladaran a la velocidad de la luz cuando abandonasen la Tierra, el transcurso de su tiempo sería más lento que el del nuestro.
Los viajeros del espacio podrían alcanzar un destino remoto y regresar al cabo de una semana -según lo entenderían ellos-, aunque verdaderamente habrían transcurrido muchos siglos sobre la Tierra. Si el tiempo se retarda realmente con el movimiento, una persona podrá hacer el viaje de ida y vuelta hasta una estrella distante. Pero, desde luego, deberá despedirse para siempre de su propia generación y del mundo que conoció, pues cuando regrese encontrará un mundo del futuro, pues cuando regrese encontrará un mundo del futuro.

Biografia de Stephen Hawking Historia del Tiempo Big Bang Cientifico
Una estrella exuberante de los medios de comunicación, presa de una enfermedad mortal, Stephen Hawking parece haber heredado de Einstein el aura de la fama y la reputación de genio. El hombre es celebrado quizás, según algunos científicos, desproporcionadamente. Su libro Historia del tiempo, un gran bestseller, probablemente más vendido que leído, se convirtió en película contra todo lo razonable, y sería agradable creer que la cosmología se ha convertido en una lectura imprescindible para tener conversación en las fiestas sociales.
La verdad es que Hawking no sólo resulta atractivo por los progresos intelectuales que ha hecho, sino por haberlos hecho sin la menor colaboración de su cuerpo, un armazón tan débil que Hawking podría parecer una forma única de inteligencia des-corporeizada. Sin embargo, la imagen no encaja con el hombre, cuyo magnetismo deriva en parte de su brillantez, su coraje y su vulnerabilidad; y en parte de su ingenio rápido, su debilidad por los pósters de Marilyn Monroe y su molesta humanidad.
Nacido el 8 de enero de 1942, en el tricentenario de la muerte de Galileo (dato que él cita a menudo), se crió en las afueras de Londres, dentro de ese tipo de hogar excéntrico que parece pasar por normal en Inglaterra. Aquello era, según su hermano menor Edward, «un poco como los Munsters»: la familia tenía abejas en el sótano. El padre, que pasaba buena parte del tiempo en África, era un médico especializado en investigación, pero Hawking rechazó la biología y a los catorce años estaba decidido a dedicarse a las matemáticas y a la física. Tres años después se matriculó en Oxford, se dejó crecer el cabello y procedió a despachar el trabajo académico. Popular entre los estudiantes y con fama de ser lo bastante inteligente para no estudiar, jugaba al bridge por las noches y durante el día hacía de timonel a los colegas que remaban; en una foto tomada en 1961 aparece sentado en la proa de un bote, elegante con el traje blanco y el sombrero de paja, junto a una fila de ocho hombres más grandes y con camisetas a rayas. «Steve y yo teníamos que estar en el río todas las mañanas, seis días a la semana —recordaba más tarde el físico Gordon Berry—. Algo tenía que perder, y fueron concretamente los laboratorios experimentales.»
De manera que cuando Hawking hizo los exámenes finales previos a la licenciatura, después de varios años de holgazanear en clase, sus notas se situaron en la frontera entre el sobresaliente y el notable. La admisión en Cambridge, la escuela por él elegida, exigía el sobresaliente. Convocado ante los examinadores, explicó la situación con toda franqueza. «Si saco sobresaliente iré a Cambridge —les dijo—. Si saco notable me quedaré en Oxford. Conque confio en que me darán ustedes el sobresaliente.» Y se lo dieron.
En Cambridge empeoraron sus ocasionales torpezas y la tendencia a articular mal las palabras, que ya había aparecido en Oxford. Se le hizo difícil anudarse los zapatos. El padre se dio cuenta de esos problemas durante unas vacaciones de Navidad. Hawking, que aún no tenía veintiún años, fue a un especialista y pocas semanas después se le diagnosticaba una esclerosis lateral amiotrófica, también llamada enfermedad de Lou Gehrig. Es una enfermedad degenerativa que hace que los músculos —pero no la inteligencia— se atrofien. La enfermedad, que por regla general afecta a personas de edad, progresó rápidamente al principio. Habiéndole dado dos años de vida, Hawking se sumió en la depresión. «Tuve la sensación de ser algo así como un personaje trágico —declaró a un entrevistador—. Me puse a escuchar a Wagner.»
Dos años después las cosas empezaron a mejorar. Se casó con Jane Wilde, una estudiante de bachillerato que había conocido antes del diagnóstico, y comenzó a aplicarse a lo suyo. Su tutor en la tesis, Dennis Sciama, recomendó a Hawking que conociera al matemático Roger Penrose, dedicado por entonces a estudiar qué ocurría cuando una estrella agota el combustible y se colapsa. Penrose demostró que, al expandirse el universo regido por la teoría de la relatividad general de Einstein, una vez que una estrella se colapsa más allá de un determinado punto, inevitablemente tiene que convertirse en una singularidad, el hipotético punto situado en el interior de los agujeros negros donde la materia se comprime hasta alcanzar una infinita densidad y donde el espacio, el tiempo y las leyes de la física dejan de operar. Estimulado por esta idea, Hawking se lanzó a la investigación de las estrellas completamente colapsadas y encontró el trabajo de su vida. Como ha observado el escritor Dennis Overbye, «Costaba no pensar en Hawking como en su propia metáfora».
El 23 de diciembre de 1992 Stephen Hawking fue entrevistado en un programa radiofónico de la BBC, llamado Los discos de la isla desierta, donde se pedía al invitado que eligiera las ocho piezas musicales que le gustaría tener consigo en el improbable caso de naufragar en una isla desierta y disponer de una buena cadena de sonido. Éstas son las elegidas por Hawking:
Gloria de Poulenc 
El concierto para violín de Brahms 
El cuarteto de cuerda de Beethoven Opus 132 
La Valquiria, acto 1, de Wagner 
«Please Please Me» de los Beatles 
El Requiem de Mozart 
Turandot de Puccini 
«Je ne regrette ríen» de Edith Piaf
Se le ocurrió a Hawking que, si una estrella podía colapsarse hasta ser una singularidad, el proceso también debía ser posible en dirección contraria. Una singularidad puede ser tanto un principio como un final. En cuyo caso el universo, que se sabía que estaba expandiéndose, podría haber comenzado como una singularidad. Hawking pudo demostrar algo más que esto: un universo que se expande infinitamente, demostró, debe haber comenzado en una singularidad.
Pero ¿qué pasa si el universo no se expande infinitamente? ¿Qué pasa si contiene la suficiente masa para que la explosión vaya perdiendo velocidad y se invierta, para acabar en la fatal implosión llamada el Big Crunch? ¿También ese universo tendría que haber comenzado en una singularidad? La respuesta, dijo Hawking, era sí. En 1970 publicó, junto con Penrose, un artículo donde demostraban que el universo debía haber empezado como la singularidad del Big Bang.
Aquel noviembre, mientras se preparaba para acostarse («Mi incapacidad hace que sea un proceso lento, con lo que me tomaba mucho tiempo»), Hawking tuvo otra ocurrencia: puesto que nada podía escapar de un agujero negro, éste nunca puede disminuir. Sólo puede seguir igual o aumentar; no se puede dividir, no se puede encoger, no puede volar hecho pedazos. Con cada nueva porción de materia que ingiere, su masa aumenta y el horizonte de sucesos se hincha un poco mas.
Un investigador de Princeton, Jacob Bekenstein, recogió la idea. Bekenstein vio un paralelismo entre los agujeros negros y la idea de entropía, la medida del caos azaroso dentro de un sistema. Según la segunda ley de la termodinámica, la cantidad de desorden de un sistema cerrado aumenta necesariamente con el tiempo; la entropía, como los agujeros negros, siempre crece. Puesto que todo sistema tiene entropía, cada vez que un agujero negro se traga otra porción de materia su entropía debe aumentar al mismo tiempo que su horizonte de sucesos. El tamaño del agujero negro y su cantidad de entropía podrían ser equivalentes.
Hawking rechazó la analogía. Su objeción era que en cualquier sistema con una cierta cantidad de desorden, o entropía, también tendría que haber temperatura, y todo lo que tiene temperatura, por baja que sea, emite radiaciones. «Pero por su misma definición los agujeros negros son objetos que se supone que no emiten nada», escribió. De ahí, decidió, que la comparación tenga que estar equivocada. Además, Bekenstein lo irritaba.
Dos fisicos soviéticos convencieron a Hawking de que considerara la posibilidad de que los agujeros negros pudieran, pese a todo, emitir partículas. Cuando Hawking repitió los cálculos encontró, «para mi sorpresa y fastidio, que incluso los agujeros negros sin rotación debían, al parecer, crear y emitir partículas de manera regular». En las conferencias, Hawking proyectaba una transparencia contra la pared en la que se leía la sencilla frase: «Yo estaba equivocado».
Llegó a esta conclusión estudiando los agujeros negros desde la perspectiva de la mecánica cuántica y del principio de incertidumbre, para los que el espacio nunca está del todo vacío. Más bien está poblado por pares vagabundos de partículas «virtuales» —gemelos de materia y antimateria— que oscilan entre la existencia y la aniquilación, todo en una fracción de fracción de nanosegundo, demasiado rápido para poderse observar. Hawking propuso que si tales pares aparecieran cerca del horizonte de sucesos, la partícula de antimateria podría ser absorbida por el agujero negro, mientras la otra, poquísimo más lejos, podría pasar más allá del monstruo y caer en el universo cotidiano. La partícula parecería estar brotando del agujero negro. En cuyo caso, en palabras de Hawking, «Los agujeros negros no son tan negros».
La radiación del agujero negro no procede en realidad del agujero negro propiamente dicho sino de la capa de espacio que lo rodea. Sin embargo, la llamada radiación de Hawking tiene un peaje en el agujero negro, pues al entrar la partícula arremolinándose hacia la eternidad, como cae el agua por un sumidero, para nunca volver, su compañera viuda, que no puede aniquilarse en ausencia del socio, no tiene más remedio que convertirse en materia.
Lo cual exige energía. Esa energía tiene que proceder del agujero negro. Pero la energía, nos enseñó Einstein, no es más que otra forma de la masa, y viceversa. De manera que cuando un agujero negro da a la partícula virtual una pizca de energía, también pierde una minúscula cantidad de masa, lo cual supuestamente no puede ocurrir. El agujero negro se encoge un poco y radia más deprisa.
En último término los agujeros negros se evaporan mediante una fuerte explosión equivalente a mil millones de bombas de hidrógeno de un megatón. Esto no ocurrirá en ningún momento próximo; el agujero negro tipo tardará unos 1067 años en desvanecerse.
Hawking ha descrito este proceso de una forma aún más extravagante, basándose en la idea de que el principio de incertidumbre hace teóricamente posible que una partícula se mueva más deprisa que la luz. «Es baja la probabilidad de que se mueva durante mucha distancia a más velocidad que la luz, pero puede ir más deprisa que la luz durante el espacio suficiente, para salir del agujero negro, y luego seguir más despacio», dijo Hawking en una conferencia de 1991. Advirtió, no obstante, que esto es improbable que ocurra en los agujeros negros grandes. Incluso los  agujeros negros cuya masa equivale a la del Sol son demasiado grandes, porque las partículas tendrían que sobrepasar la velocidad de la luz durante kilómetros antes de regresar al universo ordinario.
Pero ¿qué pasa con los agujeros negros excepcionalmente pequeños? Esta es otra historia. Hawking propone la posibilidad de que cuando el universo era joven y mucho más denso que ahora se crearan los agujeros negros primordiales, bocaditos del tamaño de una montaña. Estos miniagujeros negros, artefactos de la creación, no debieron tardar mucho en evaporarse. Hawking imagina que deberían estar evaporándose precisamente ahora, desapareciendo en explosiones de rayos gamma. Los científicos, muchos de los cuales dudan de la existencia de estos monstruos en miniatura, todavía están por detectar las señales delato-ras de tales acontecimientos. Lo que no significa que no vaya a haberlas.
De manera que la idea de Hawking de que los agujeros negros no podían hacerse más pequeños quedó refutada por el descubrimiento de la radiación de Hawking, que demuestra que los agujeros negros pueden  desaparecer por completo. Algo similar ocurrió con sus ideas sobre la singularidad del principio del tiempo. Se puso a reconsiderarla. La relatividad general, es cierto, exige la existencia de singularidades; pero en el punto de la singularidad, donde se comprime la materia hasta una densidad infinita, la relatividad general quiebra. Tal vez la mecánica cuántica, que opera con la incertidumbre, pueda sostener que la singularidad del  Big Bang es algo que alguna vez ha existido.
Hawking decidió que su anterior idea de que el universo comenzó con una singularidad estaba equivocada. Tal vez el universo espacio-temporal no comenzase de ningún modo. El argumento viene a ser algo así: si nos acercamos lo bastante al principio del universo, el tiempo no existe; si el tiempo no existe, no hay un momento de la creación, no hay momento del génesis, no hay momento de ninguna clase. Sin tiempo, no hay tiempo.
Por desgracia, los mortales ordinarios tienen dificultades para pensar así. Hawking señala que en cualquier caso el universo Parecería empezar y acabar en una singularidad. («Así pues, en cierto sentido todos seguimos estando condenados», escribe Hawking.) Pero en otro sentido —un sentido sumamente conceptual que implica muchos posibles universos a la vez que un concepto matemático llamado «tiempo imaginario»— el tiempo es una especie de círculo que no tiene principio ni final. En esta propuesta «sin límites» Hawking compara, de forma característica, el universo con la Tierra. Se parta de donde se parta, nunca se acaba. Nunca empieza. De manera similar, «Preguntarse que ocurrió antes del Big Bang es como preguntarse por un punto situado un kilómetro al norte del Polo Norte —escribe Hawking—. La magnitud que medimos como tiempo tuvo un principio, pero eso no significa que el espacio-tiempo tenga un límite, lo mismo que la superficie de la Tierra no tiene ningún límite en el Polo Norte, por lo menos eso lo que se me ha dicho; personalmente yo no he estado nunca allí».
Hawking también especuló sobre universos bebé, subproductos del modelo inflacionario del universo debido a Alan Guth, según el cual durante una fugaz fracción de un instante el universo se infló desmesuradamente. Si este proceso creó pequeñas hinchazones dentro de la fábrica del espacio-tiempo, esas pequeñas colinas y valles bien pudieron crecer, inflándose en universos paralelos conectados al nuestro por agujeros de gusano, túneles cuánticos que atraviesan el espacio-tiempo. En cuyo caso nuestro universo podría ser uno entre muchos.
A lo largo de todo esto Hawking ha proseguido su trabajo a pesar del devastador deterioro físico. En 1969, dos años después de nacer el primero de sus hijos, ya no podía arreglárselas con un bastón y se vio obligado a usar silla de ruedas. Al final ha llegado a depender de los cuidados constantes de una enfermera y de estudiantes graduados que sepan interpretar todos sus vacilantes farfulleos. En 1979, al ser elegido profesor de la cátedra Lucasiana de Matemáticas de Cambridge, puesto que en su tiempo ocupó sir Isaac Newton, estampó su firma por última vez. Su discurso resultó casi incomprensible; luego, durante una traqueotomía de urgencia, en 1985, perdió por completo la facultad de hablar. Se le devolvió con un sintetizador de voz computerizado que lleva en la silla de ruedas.
Nada de esto lo ha salvado de las crisis normales que pesan sobre la carne. En 1990, en un divorcio singularmente poco aireado, se separó de su esposa Jane. Y una noche lluviosa de marzo de 1991 se equivocó al calibrar la distancia de los vehículos que se aproximaban al cruzar la calle y acabó «en la calzada, con las piernas sobre los restos de la silla de ruedas». En el accidente se rompió el brazo, se hizo un corte en la cabeza (que necesitó trece puntos) y se produjeron daños irremediables en el sistema computerizado que le permite hablar. A pesar de esto, conserva la capacidad de sonreír y continúa llevando adelante, en su trabajo intelectual si no en la vida personal, el mandato que sir Arthur Eddington dio en una conferencia, en 1928: «Les pido que miren en ambos sentidos —dijo Eddington—, pues el camino que conduce a saber algo de las estrellas pasa por el átomo; importantes conocimientos sobre el átomo se han alcanzado a través de las estrellas».
En el documental sobre Hawking dirigido por Errol Morris, la hermana de Hawking, Mary, dice: «Mi padre era muy bueno en las discusiones teológicas, de modo que todos hablábamos de teología». Esta parece ser una costumbre que Hawking no ha perdido nunca. En sus escritos Hawking vuelve repetida y ambivalentemente sobre el problema de, dicho en palabras de su hermana May, «la existencia de Dios o lo contrario». A menudo se burla de la idea. Escribe con sentido del humor sobre sus experiencias en el Vaticano, donde asistió a un congreso de cosmología en 1981: «Al final del congreso los participantes tenían concedida una audiencia con el papa. Éste nos dijo que estaba muy bien estudiar la evolución del universo después del Big Bang, pero que debiéramos investigar sobre el Big Bang en cuanto tal, porque aquel fue el momento de la creación y por lo tanto obra de Dios. Me alegré de que no supiera el tema de la conferencia que yo acababa de dar: la posibilidad de que el espacio-tiempo fuese finito pero no tuviera ninguna clase de límites, lo que significa que no tuvo principio, no existió el momento de la creación. No tenía ganas yo de compartir la suerte de Galileo».
Pero al mismo tiempo Hawking escribe que alguna vez se encontrará la teoría unificada que combine los principios de la relatividad con los de la mecánica cuántica: «A su tiempo los grandes principios serán comprensibles para todo el mundo, no sólo para unos pocos científicos. Entonces todos, los filósofos, los científicos y la gente normal y corriente, podrán tomar parte en la discusión sobre el tema de por qué existimos nosotros y el universo. Si encontramos la respuesta a esta pregunta, será el definitivo triunfo de la razón humana: pues entonces conoceremos el pensamiento de Dios».
Fuente Consultada: El Universo Para Curiosos Nancy Hathway

Henry Ford y la revolución del automóvil: La mayor revolución tecnológica de principios del siglo XX fue quizás la del transporte. Es interesante señalar que esta revolución no fue tanto el resultado de los avances tecnológicos como de unos procesos de fabricación especialmente eficaces. En 1900 el automóvil había alcanzado ya la mayoría de edad, en el sentido de que los elementos básicos de la tecnología automotriz del siglo XX estaban ya establecidos.
Sin embargo, en todo el mundo había apenas unos pocos miles de automóviles. El caballo seguía dominando los caminos. El espectacular cambio se produjo en 1908, cuando el fabricante norteamericano de automóviles Henry Ford lanzó su famoso «modelo T». Al principio las ventas fueron modestas, apenas 1.700 unidades en los primeros 15 meses, pero en 1916 habían alcanzado un ritmo anual de 250.000 unidades vendidas y el precio original, de 850 dólares, había descendido sustancialmente. En 1927, cuando se abandonó su producción, se habían vendido por lo menos 15 millones de estos notables coches. En diez años, el automóvil había llegado a las masas, aunque más en Estados Unidos que en el resto del mundo.
Henry Ford nació en Dearborn, en el estado norteamericano de Michigan, en 1863, y en su juventud se dedicó a la reparación e instalación de maquinaria agrícola. En una época estuvo interesado en fabricar un tractor barato. Sin embargo, en 1890 abandonó este proyecto para dedicarse a los automóviles y aceptó un empleo como ingeniero jefe de laDetroit Automobile Company, uno de cuyos éxitos era el modelo «999», de cuatro cilindros y 80 caballos de fuerza.
En 1903 estableció su propia empresa, ya no con la idea de fabricar un tractor barato, sino un automóvil económico, sencillo y sólido. Aunque la adopción del acero de vanadio como material de construcción fue un importante factor técnico, la principal razón de su éxito fue la aplicación de la línea de producción en cadena y la estandarización de las piezas.
Su famoso comentario de que «los clientes pueden pedir el color que quieran, siempre que sea negro» no refleja de hecho una inflexible actitud de "tómelo o déjelo", sino que es la consecuencia de su método de producción. Hasta 1914 sus automóviles se fabricaron en diferentes colores pero, para entonces, la única pintura que se secaba con rapidez suficiente para mantener las líneas de producción en movimiento era la de color negro.
El sistema de utilizar piezas estandarizadas intercambiables no era una novedad en la industria norteamericana. Samuel Colt, por ejemplo, ¡o había utilizado desde mediados del siglo XIX para fabricar revólveres. Tampoco era nuevo el concepto de la línea de producción en cadena, ya que Sears Roebuck (el precursor de las ventas por correspondencia) lo utilizaba en sus vastos almacenes de Chicago. El genio de Henry Ford reside en haber sabido combinar lo mejor y más apropiado de las técnicas disponibles en ese momento y, tal vez incluso más, en reconocer que el automóvil no
era un artículo exclusivo de la clase acaudalada, sino que tenía un gran futuro entre el público en general, siempre que fuera posible reducir los costes. Pero ni siquiera él podía prever que en un plazo de 30 años Estados Unidos estaría fabricando alrededor de 4 millones de vehículos al año (más que el total de Europa) y que el 20 % de esa producción procedería de la fábrica Ford y asociados.

La revolución no será twitteada

En El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet, el periodista e investigador Evgeny Morozov sostiene que las redes sociales no sirven para luchar contra el poder. Al contrario, alega que Internet es un arma de doble filo, usada hábilmente por los regímenes autocráticos. Sin embargo, en esta entrevista con Ñ Digital, muestra un costado más optimista del que presenta en su nuevo libro.

POR ANDRÉS HAX - ahax@clarin.com

    Desde hace tres años más o menos, cada vez que ocurre una demostración popular masiva contra un gobierno X,  los medios de comunicación caen en el facilismo de otorgarle una gran influencia a las redes sociales como mecanismo instigador y organizador de esas protestas. El dato es contrastable en la reciente cadena de manifestaciones que este año culminaron con el fiasco de Libia. Allí se puede ver en crónicas escritas o en reportajes televisivos cómo Twitter y Facebook fueron citados en términos exultantes; como si la protesta popular no hubiera existido en la era pre-2.0.
Sin embargo, asociar las tecnologías de las comunicaciones en red a una nueva chance para los oprimidos del mundo es un argumento infantil e incorrecto, pues no tiene en cuenta que los mismos líderes que son los blancos de estas revueltas hacen un uso de Internet con fines políticos sumamente sofisticado. Los usa —justamente— para controlar, perseguir, encarcelar y reprimir. Puede ser que por un infinitésimo momento el pueblo tome el poder en Twitter. Pero ese momento es efímero. Participar en las redes sociales no es resistir, no es organizar, no es liberarse; es lo opuesto, es entregarse al sistema de una manera orwelliana. La Red es un panóptico digital. Y nosotros no somos los vigilantes, somos los vigilados.
Este, por lo menos, es el argumento de Evgeny Morozov, el investigador y periodista de Bielorrusia —y actualmente académico invitado de la universidad de Stanford— en su reciente libro, The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom (El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet) aun no traducida al castellano.
El libro de Morozov es un ataque sistemático contra el cyber-utopismo. Comienza su relato en junio del 2009 en Irán, cuando miles de jóvenes iraníes salieron a las calles de Teherán para protestar por lo que consideraban una elección fraudulenta. En ese momento un periodista llamado Andrew Sullivan posteó un artículo en un blog de la revista The Atlantic, titulada “La revolución será twitteada.” Morozov identifica este momento como el principio de la gran mentira, perpetuada hoy en día como un nuevo hecho del panorama político internacional, que Twitter es el nuevo armamento de los potenciales revolucionarios democráticos en regímenes autocráticos.
El libro de Morozov es meticuloso, impecablemente documentado. Aun para los que están en desacuerdo con su tesis tendría que ser una lectura obligatoria. Como dice Morozov, “si los periodistas no se comprometen a cuestionar escrupulosamente este nuevo mito (y, si es necesario, de contradecirlo) caerán en el riesgo de tener un efecto corrosivo en la construcción de nuevas políticas”.
Ha puesto el grito en el cielo Mozorov. Sería productivo oírlo y, como pide el autor, cuestionar cuidadosamente el papel de Internet en nuestra sociedad, nuestra política y nuestra vida privada.
A continuación, algunas de las preguntas que Morozov contestó por correo electrónico a Ñ Digital.
Dada su opinión sombría del lado orwelliano de Internet, ¿llegaría a recomendar estar completamente off-line como la única forma de tener una vida realmente libre?
Eso sería muy estúpido. Sería como negarse a usar electricidad por preocupaciones sobre el calentamiento global. Internet tiene muchas cosas maravillosas, y también lo tienen las redes sociales. Y no creo que un nuevo movimiento social pueda estar fuera de estas dos cosas si pretende triunfar. El derrotismo no es la estrategia correcta. Sino, hay que identificar los actores principales que hacen que la experiencia on-line sea tan deficiente (en general son gobiernos y empresas) y obligarles cambiar sus políticas.
Lo demás esta en las manos de los individuos. Sea cual sean los cambios que se hagan en Facebook, Google o hasta en el NSA (La agencia nacional de seguridad de los EE.UU.) Internet siempre será demasiado “pública” para algunas personas. Esto no me preocupa. Pero si tendríamos que asegurarnos de que los que quieren movilizar personas o promover sus causas no estén a la merced de Silicon Valley o las agencias de inteligencia de Washington.

¿Cómo interpreta el fenómeno de presidentes y políticos con cuentas de Twitter? ¿Es una obligación que les imponen sus consejeros? ¿O ya es una herramienta indispensable para el discurso político?
La política funciona de tal manera que los actores principales suelen llenar todos los espacios disponibles en los medios (¡En este sentido se parecen al gas!). Es como ese viejo chiste de un ladrón a quién le preguntan: ¿Por qué robaste el banco? Que contesta: Por que allí estaba el dinero. De la misma forma los políticos están en Twitter por la simple razón de que allí esta la gente. Y si no se comprometen con estos medios los mismos serán explotados por sus contrincantes. Mucho se mueve según cuán “cool” es la plataforma en dado momento. Ayer era MySpace. Mañana tal vez sea FourSquare. En la mayoría de los casos, simplemente es un truco de la las relaciones públicas. Lo brillante de actuar sobre reclamos hechos por Twitter es que sus respuestas, supuestamente personales, terminan siendo documentadas — y en algunos casos son virales. En este sentido Twitter es una herramienta ideal para manejar las relaciones públicas.
Dada su visión del fenómeno, ¿ha recibido críticas por usar Twitter? ¿Cómo le ayuda en tus trabajos periodísticos y de investigación académica?
En realidad, no. Todo lo contrario: la mayoría de las personas aprecian que conozca las plataformas sobre las cuales escribo. Para mí, es un camino de doble vía: Sigo a mil personas y me entero de muchas noticias que me hubiera perdido de otra forma. Y por otro lado, hay miles de personas que me siguen, muchos de ellos en los medios. Twitter juega un papel instrumental en mi trabajo: muchas veces posteo mis notas en inglés y después me contactan editores de diarios europeos que me siguen en Twitter, pidiéndome las notas para sus diarios. Entonces, me ayuda.
Pero también tendría que contar que recibo la mayoría de mi información por mi Kindle: me subscribo a seis diarios y decenas de revistas. Termino pasando dos horas diarias leyendo todo este material. Pero el lado positivo es que no paso tanto tiempo delante de mi computadora.

Haciendo de abogado del diablo: ¿Cuál es su escenario más optimista para la evolución de la Web? ¿De qué manera aumenta la inteligencia humana, tanto la individual como la grupal?
 Eso es fácil. Antes que nada, nunca alegue que la Web no fuese útil; como una fuente de información o de conocimientos es una herramienta maravillosa. Los tipos de riquezas culturales que han asistido en abrir hacen volar la mente. Yo mismo las aprovecho de una forma cotidiana. Y espero que todos los libros del mundo se digitalicen y sean accesibles a todos en términos justos (ahora que Google o las Naciones Unidas sea la entidad que haga esto, es algo que está por verse). Entonces, en términos de liberación personal hay mucho que Internet puede ofrecer para ellos que realmente quieran ser liberados. Para las personas que ya llevan vidas empobrecidas consumiendo telenovelas, jugando sudoku o leyendo tabloides en el mundo offline, Internet también es una bonanza — pero para que se pierdan aun más en el mundo de entretenimientos.
Por lo tanto, para comprender plenamente el impacto político y social de Internet primero tenemos que entender como se acomoda a las relaciones sociales y políticas pre-existentes. No podemos tratarlo como un fenómeno con su propia lógica y diseño independiente de estas cosas.
Algunas personas, como Kevin Kelly, creen que Internet puede llegar a tener la autonomía de un ente independiente. ¿Qué valor le da a tales escenarios?
No mucho. Esta idea es muy vieja. H.G. Wells ya estaba hablando de un cerebro global en los años 30 del siglo pasado. Que la tecnología puede lograr autonomía es un fenómeno que ha explorado profundamente Jacques Ellul en su libro La sociedad tecnológica que fue publicado en los 50. Hay muy poco de original en las teorías como las de Kelly – y no suelen ser muy profundas, intelectualmente hablando (Hace poco escribí una reseña del ultimo libro de Kelly en The New Republic).
Usualmente estos argumentos benefician las empresas de Silicon Valley que suelen presentar todo lo que hacen como una especie de favor a la humanidad. Estas empresas necesitan a promotores como Kelly quienes los ayudan a enfatizar los beneficios de la innovación mientras minimizan, a su vez, los riesgos que la tecnología presenta a las existentes relaciones sociales y políticas; incluyendo valores como la igualdad y pluralismo. Que tales modelos frecuentemente se basen en sistemas biológicos es preocupante: los artefactos tecnológicos, a diferencia de los naturales, son hechos por el hombre y por consecuencia suelen tener políticas profundas detrás de ellos. No es el caso con la mayoría de los artefactos naturales (salvando, por supuesto, que creas en el diseño inteligente).
¿Twitter es una moda pasajera o todavía tiene mucha vida por delante?
Estoy bastante convencido que dentro de 50 años no existirá Facebook, Google o Twitter. Las empresas que sobreviven mucho tiempo son excepciones. Y dado el estado de la industria de Internet hoy (creo que aun estamos en una etapa inicial donde hay muchísima experimentación) es de esperar que los líderes no sobrevivirán mucho tiempo. Hace cinco años todo el mundo pensaba que no había nada mejor que el sistema de Google PageRank para hacer búsquedas. Hoy, sin embargo, hasta Google se ha dado cuenta que hay que agregarle una capa social a la búsqueda (por ejemplo, que puedas ver qué información están buscando y encontrando tus amigos). Después ¿algo reemplazará la “búsqueda social”? Estoy seguro de que sí. Pero aun no sabemos qué.
Finalmente: ¿Cuales son los libros y los pensadores que —para usted— mejor ayudan entender Internet? Tanto como un artefacto tecnológico y como un fenómeno social.
Desafortunadamente, la mayoría de los libros sobre Internet son terribles. Personalmente yo me inspiro en libros sobre la filosofía de la tecnología, muchos escritos antes de que existiera Internet. De alguna forma logran informar mejor sobre la dirección de la sociedad tecnológica que cualquier cosa escrita en los 90. Mucho de este trabajo es muy modesto en su tono. La filosofía de la tecnología no es un campo muy amplio. Mencionaría a Langdon WinnerDon IhdeAndrew Feenberg y Albert Borgmann como influencias. Pero ninguno es muy conocido fuera de su especialidad. Tristemente, aun estamos años luz de una “filosofía del Internet.” Esto es algo que me gustaría ver desarrollado. Entretanto tendremos que leer libros periodísticos. Entre ellos me gustaron mucho Plex de Stephen Levy, un nuevo libro sobre la historia de Google. The Information de James Gleick también era bastante bueno
.http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/tecnologia-comunicacion/El_engano_de_la_red-Evgeny_Morozov_0_463153920.html