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Rififi en una película francesa de 1955, dirigida por Jules Dassin. Protagonizada por Jean Servais, Carl Möhner, Robert Manuel, Jules Dassin, Magali Noël, Pierre Grasset, Robert Hossein, Janine Darcey, Marie Sabouret y Claude Sylvain en los papeles principales.
Galardonada con el premio del Festival de Cannes 1955 : al mejor director (Jules Dassin, compartido). El Premio Méliès del Syndicat Français de la Critique de Cinéma et des Films de Télévision 1956 : a la mejor película; y el Premio especial del Premios del Círculo de críticos de cine de Nueva York 2000 : a Jules Dassin.
"Este film se constituyó en un clásico dentro de las películas de su género, siendo el primer film rodado en Francia por el director estadounidense Jules Dassin. El golpe a una joyería, que en un principio parece inaccesible, es preparado con un plan minuciosamente estudiado por los delincuentes. El objetivo es no cometer errores y alzarse con el botín.
El crítico, actor y director de cine François Truffaut dijo lo siguiente: "de la peor novela que he leído, Dassin hizo la mejor película de cine negro que yo haya visto nunca".



LA CATARSIS DE JULES DASSIN: RIFIFÍ (1955)

En los cincuenta, en plena guerra fría, la paranoia estadounidense frente a la Unión Soviética y el régimen comunista hizo que se mirara con sospecha a cualquiera que en el gesto más mínimo pareciera comulgar con tales ideas, surgiendo así la caza de brujas conocida como “Macartismo”, campaña de delaciones y denuncias sin sustento impulsada por el senador Joseph McCarthy con la que se buscaba “acabar” (así entre comillas) con cualquier asomo socialista y con posibles colaboradores o espías rusos.

Con el Macartismo, el cine norteamericano vivió una de sus épocas más oscuras. Muchos artistas de la industria abandonaron Hollywood voluntariamente o bajo amenaza y buscaron refugio en Europa tratando de respirar un aire de libertad de pensamiento y creación.

Entre los muchos que inmigraron, se hallaba el director Jules Dassin, quien al ser incluido en la lista negra de McCarthy, tuvo que abandonar suelo norteamericano. En ese contexto de exilio, realiza en Francia en 1955 “Du rififi chez les hommes”, más conocida como “Rififi”, una obra maestra del cine negro por donde se mire.
Tony Le Stephanois (Jean Servais) acaba de salir de la cárcel y la ansiada libertad no es lo maravilloso que alguien pueda imaginarse: no tiene trabajo, ni dinero y su amada Mado (Marie Sabouret) está en brazos del mafioso Pierre Groterre (Marcel Lupovici) que le provee lo que él algún día le dio, pero que ahora está fuera de sus posibilidades. Jo (Carl Möhner) un amigo al que no delató cuando cayó en manos de la policía, es quien lo acoge y el que además le propone realizar el “atraco perfecto” junto a un par de compinches más, Mario Ferrati (Robert Manuel) y César (el mismo Jules Dassin). El blanco es una joyería y la experiencia les dice que no será difícil, que esta vez todo resultará sin complicaciones, que por fin con el botín lograrán retirarse de la vida criminal. La experiencia lo dice, sin embargo ¿es tan fácil salir del infierno?

En el cine negro o noir predominan -como bien señala su nombre- los ambientes lúgubres (herencia del expresionismo), los móviles sórdidos que impulsan a los personajes y el destino cruel del que contadas veces se podrá escapar, lo que se conoce como “pesadilla fatalista”. El azar guiado por la fatalidad, no puede existir un escenario más terrible. En ese terreno, cual arena movediza, los personajes vagan primero con calma y con desesperación después al notar que el hundimiento es inexorable, que de nada sirve lo que se haga pues la muerte está allí esperando. Todo es inútil.

El único que parece presentir esto es Tony Le Stephanois quien refleja en su rostro adusto y en cada movimiento una mezcla de extrañeza y tristeza. Sentimientos que de seguro también debía sentir el director en su condición de exiliado. Tony es Dassin y su rabia contenida solamente puede ser liberada cuando tiene por fin el encuentro con Mado y puede castigarla por el dolor que le causa. Cuando por fin los demonios de Dassin se calman un poco.

Un halo de pesadumbre cubre “Rififi”, y tenemos la sensación de ver a Tony y a sus compañeros como a través de un vidrio roto, como si asistiéramos a sus últimos días. Incluso la vivacidad del número de music-hall en el que canta la exuberante Viviane (Magali Noel), y que pareciera un respiro refrescante en la cinta, es por contradicción el punto de partida de la tragedia, y que además curiosamente tendrá como responsable al personaje que interpreta Jules Dassin. No cesaba el exorcismo.

La secuencia del robo es magistral. Vemos a Le Stephanois y sus colegas cumplir con cada paso de lo planeado tan cuidadosamente, sin perder ningún detalle. El director hábilmente omitió los diálogos y música durante los casi 20 minutos que dura esta secuencia, logrando que nos concentremos en sus gestos, en su angustia, aumentando así el suspenso.

El epílogo está filmado de forma vertiginosa, mostrándonos el deterioro del protagonista en la alocada carrera, desarrollando la catarsis de la que también somos parte y en la que solo la inocencia puede estar a salvo.

Leny Fernández
LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA


"Si hubiera que hacer una pequeña antología de títulos imprescindibles dentro del cine de robos y atracos, es indudable que DU RIFIFI CHEZ LES HOMMES –RIFIFI en España y otros países-, debería figurar por derecho propio entre sus más grandes exponentes. Película de enorme éxito en su día y de no menos influencia dentro de este subgénero –la misma es patente incluso en obras tan brillantes como CÍRCULO ROJO (Le cercle rouge, 1970. Jean-Pierre Melville)-, lo cierto es que brilla con luz propia por diversos motivos, hasta el punto de necesitar diversos visionados para poder apreciar el enorme caudal de sutilezas e implicaciones temáticas y narrativas que hacen de ella un título de gran complejidad y riqueza. Pero al mismo tiempo el disfrute de este progresivamente trágico DU RIFIFI CHEZ LES HOMMES resulta algo prácticamente apasionante."
Ante un minorista que cae en el ranking cuando Google frena sus maniobras, una investigación descubrió que la búsqueda de Google suele representar varios niveles de intriga. La optimización "black hat", o el oscuro arte de elevar el perfil de un sitio web con métodos que Google considera equivalentes a un engaño.
POR DAVID SEGAL - The New York Times
 POSICIONAMIENTO. Las empresas buscan ascender en el buscador de Google. Doug Pierce analizó los esfuerzos de J. C. Penney por mejorar su caso.
POSICIONAMIENTO. Las empresas buscan ascender en el buscador de Google. Doug Pierce analizó los esfuerzos de J. C. Penney por mejorar su caso.
Supongamos por un momento que somos el buscador de Google.

Alguien escribe la palabra "vestidos", o "ropa de cama", o "alfombras". En los últimos meses, un nombre apareció en el primer lugar para todos y cada uno de los términos: J. C. Penney.

El minorista de descuentos superó a millones de sitios, y no sólo en la búsqueda de vestidos, ropa de cama y alfombras. Durante meses estuvo siempre en el primer puesto o entre los primeros lugares para decenas de otras palabras y frases.

El objetivo declarado de Google es recorrer Internet y encontrar los sitios web más importantes. ¿En serio el saber colectivo de la web dice que Penney tiene el sitio más relevante en lo que respecta a vestidos, ropa de cama y otras palabras y frases? El New York Times consultó a un especialista, Doug Pierce, de Blue Fountain Media de Nueva York.

Lo que éste descubrió sugiere que la búsqueda de Google suele representar varios niveles de intriga. Todo comienza en el creciente mundo de la optimización "black hat", el oscuro arte de elevar el perfil de un sitio web con métodos que Google considera equivalentes a un engaño.

Los servicios black hat no son ilegales, pero Google establece reglas que diferencian entre técnicas que considera engañosas y formas legítimas de aumentar la visibilidad de un sitio.

Para entender la estrategia hay que saber cómo un sitio web llega al primer puesto de los resultados de Google. Hablamos de los resultados "orgánicos", no de los avisos pagos por los que el algoritmo de Google tiene en cuenta decenas de criterios, muchos de los cuales la compañía no discute.

Describe, sin embargo, un factor crucial en detalle: los links de un sitio a otro. Si se tiene un sitio web sobre cocina china, la ubicación de ese sitio mejorará si otros sitios tienen links a ése.

Pero hasta los links que no tienen relación alguna con la cocina china pueden impulsar el sitio si éste tiene links en una cantidad suficiente de aquellos. Aquí es donde aparece la estrategia que ayudó a Penney.

Alguien pagó para que se pusieran miles de links en centenares de sitios web, todos los cuales llevan a JCPenney.com.

Google advierte contra el uso de ese tipo de maniobras. Cuando las descubre, el castigo es que la compañía se desploma en los resultados de Google.

Con frecuencia, el derrumbe es drástico. En 2006, Google declaró que había descubierto que BMW usaba una estrategia black hat para impulsar su sitio web alemán, BMW.de. El sitio recibió de forma temporaria lo que en su momento la BBC llamó "pena de muerte": fue "retirado de los resultados de búsquedas". BMW afirmó que no había sido su intención engañar a los usuarios.

El New York Times le mandó a Google las pruebas en relación con los links a JCPenney.com.

"Puedo confirmar que esto viola nuestras normas", dijo Matt Cutts, el jefe del equipo de webspam de Google. Señaló que Google había detectado tres violaciones anteriores vinculadas con JCPenney.com.

Una tarde reciente, Google empezó a tomar medidas contra Penney.

A las siete de la tarde J.C. Penney seguía estando en el primer lugar para "equipaje de mano Samsonite". Dos horas después, se encontraba en el puesto 71.

A las siete de la tarde, Penney era el primer resultado en las búsquedas de "mobiliario para el living".

Para las nueve de la noche, se había desplomado al puesto número 68.

Penney reaccionó despidiendo a su firma consultora de búsquedas, SearchDex.

También difundió una declaración en la que decía que sólo el 7% del tráfico JCPenney.com procedía de clics en resultados de búsquedas orgánicos. Los especialistas en búsquedas, sin embargo, dicen que lo más probable es que Penney haya obtenido importantes beneficios de los links pagos.

No se pudo contactar a muchos de los propietarios de sitios con links a Penney, pero uno de ellos, Corsin Camichel, de veinticinco años, es un analista de seguridad de tecnología de la información en Suiza.

La palabra "vestidos" aparece en el medio de una página prácticamente vacía de su sitio web, cocaman.ch. El link apareció a través de un sitio web, TNX.net, que le paga a Camichel con puntos de TNX que éste luego cambia por links que llevan tráfico a sus otros sitios, como cookingutensils.net.

Gana dinero cuando la gente visita ese sitio y cliquea en los avisos. También podría, dijo, recibir efectivo de TNX. Cocaman alberga 403 links, todos ellos colocados por TNX en representación de clientes.

Los intentos de contactar a TNX no tuvieron éxito.

¿Cómo fue posible que una campaña que se llevó a cabo durante meses pudiera eludir a Google? "Los spammers nunca descansan", dijo Cutts.

Otra hipótesis: el año pasado, Advertising Age obtuvo un documento de Google que enumeraba algunos de sus mayores avisadores, entre ellos J. C. Penney. La compañía, indicaba el documento, gastaba 2,46 millones de dólares por mes en avisos pagos de búsqueda en Google.

Al preguntársele si Penney recibía un tratamiento especial debido al dinero que gastaba en avisos, Cutts contestó con un "categórico no".
Volver a creer en el cine
Una colección de la mítica revista Cahiers du cinéma Explora la filmografía de 10 directores y consolida un canon.
POR MAURO LIBERTELLA
 LA REVISTA CAHIERS DU CINEMA consolida un canon.
LA REVISTA CAHIERS DU CINEMA consolida un canon.
Vamos a los datos duros. El primer número de los Cahiers du cinéma (“los cuadernos de cine”, en su traducción literal), revista pequeña y de tapas amarillas, inundó las calles parisinas en 1951. Su fundador, André Bazin, tenía las cosas claras: se juntó con las mejores plumas del Revue du Cinéma y con los cerebros de las dos cinematecas más delicadas de París para destruir todo lo que estaba mal en el cine europeo de la época y construir un canon alternativo y efervescente. Por la pequeña redacción empezaron a circular algunos chicos que lo habían visto todo y que sentían que el viejo cine francés ya no tenía nada que ofrecerles –Truffaut, Godard, Rivette, Rohmer, Chabrol y algunos más–. De a poco, fueron tomando por asalto las páginas del cuaderno amarillo y aprovecharon la repercusión de la tirada para decir algunas cosas. Dijeron que “La qualité française” , ese cine solemne y lírico tan afecto a las adaptaciones de novelas decimonónicas, era materia muerta, y había entonces que repensar las tensiones en el interior de la tradición para darle espacio a una nueva generación. A partir de esa lectura surgió el concepto tantas veces mentado de “política de los autores”, que buscaba instalar en el centro del sistema cinematográfico la figura del director, como subjetividad creadora excluyente. En ese sentido, es verosímil que ahora lleguen estos cuadernillos fraguados por la marca “Cahiers”, que tienen como eje de análisis la filmografía de un director.
Si bien la preeminencia de la figura de director quedó instalada, su verdadero control sobre el producto terminado es endeble y merece ser discutido. Según el ensayista Marcelo Burello, la búsqueda por endigarle una autoralidad total al director es un anhelo de la cultura letrada y académica, que “reducen la creación, la construcción, la fabricación –que es colectiva, grupal, que implica a más de cien personas– a un nombre y un apellido que es de alguna manera un creador, un yo, un poeta, un artista”. En ese sentido, hay que leer la política de los autores desde varios ángulos: como una teoría de época, que se explica coyunturalmente para reescribir el presente; como un deseo occidental por sostener la figura de “genio”; como una operación para sentar la base conceptual desde la cual los directores de la nouvelle vague quieren ser leídos. A partir de los Cahiers, también, se afianza la idea de leer la obra de un director en terminos de filmografía. Siguiendo a Burello, “si uno quiere preguntarse dónde está el autor, lo va a encontrar en la continuidad de algunos elementos estéticos y de contenido que se van dando a lo largo de sus películas. Aparece con eso la idea filmografía: esos directores, dicen los críticos franceses, tienen una filmografía. Es decir: hay un dibujo que se arma si uno va uniendo sus distintas películas. Eso es el comienzo de la teoría del cine de autor. Hoy esa teoría ha sido llevada a una exageración donde lo que hay es la búsqueda a todo precio de un autor”.
Desde la fundación de los Cahiers hasta ahora, las cosas han cambiado mucho. En aquel momento los directores a instalar eran Nicholas Ray, Fritz Lang, Howard Hawks y, sobre todo, Hitchcock; tipos que la industria había confinado a la categoría de meros empleados que producían una película entretenida por año. Ahora, con el paso de las décadas, estos cuadernillos incorporan una nueva serie de directores: Woody Allen, Pedro Almodóvar, Tim Burton, Coppola, Clint Eastwood, Kubrick, Lynch, Scorsese, Spielberg... Si en la década del sesenta la cinematografía de estudios estaba languideciendo para dar paso a las películas “de autor”, esta nueva camada –muchos de ellos artífices del american new wave– ya nació con el chip incorporado de la película como hecho estético. Desde ahí se los lee.
Por lo demás, esta serie de cuadernillos (se consiguen en librerías a $45) tiene un cariz introductorio, pero sirven como guías pensadas para abordar las películas de un director. En ese sentido, tiene un plus respecto de las guías tipo “cien películas de terror del siglo XX”, porque la escritura es buena y se deja ver un fondo de conciencia que apunta a la autonomía del fenómeno cinematográfico. Los autores son todos periodistas y críticos franceses de trayectoria y las ediciones vienen con un gran material fotográfico. Como para recortar una imagen, colgarla en la pared, y volver a creer en el cine.
http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/cine/Volver-creer-cine_0_436156566.html