Tanto para los que la defienden como para los detractores, aquí van algunas luces aclaratorias para comprenderla. Escrito por Domingo Cadin



Durante varios siglos el pueblo cubano luchó heroicamente contra el dominio español, la que cobró formas especialmente agudas en el siglo XIX, cuando en la isla estallaron múltiples rebeliones y a partir de 1868 a 1878 se libró una Guerra de Independencia, que disminuyó las posiciones de España en una de las últimas colonias latinoamericanas.

El pueblo cubano estaba por acabar con el yugo colonial y conseguir la independencia nacional, pero un explotador más fuerte, el imperialismo yanqui vino a sustituir a los invasores españoles. En 1898 los gringos empezaron una guerra contra España por la "liberación de Cuba" y tras una corta resistencia España renunció y desistió de sus "derechos" sobre la isla. Las tropas de Estados Unidos ocuparon el país y en 1901, mediante una manifiesta presión militar y política, al Parlamento caribeño le fue inmpuesta la Enmienda Platt a la Constitución Nacional, que, de hecho, convertía al país en una colonia yanqui.

Este instrumento prohibía a Cuba concertar autónomamente tratados con otros países y obtener préstamos extranjeros sin consentimiento del Tío Sam, por lo que la isla caribeña facilitó una parte de su territorio para una base naval al Imperio del Norte, la zona de de Guantánamo.

El artículo 3 de la Enmienda Platt concedía a los imperialistas yanquis el derecho de realizar la intervención militar en el caso de ver en "peligro" la seguridad de la isla, ya que fue la base de un "tratado eterno", utilizado varias veces para justificar las intervenciones armadas en el territorio caribeño como las de 1906-1909, 1912 y 1917-1922.

Antes de la Revolución Cuba era un país subdesarrollado y sus copiosos recursos naturales se utilizaban con poca eficacia pues en la economía predominaba el sector agrícola. La industria registraba un bajo nivel de desarrollo y por el desempleo se situaba en uno de los primeros puestos del mundo. La explotación despiadada de los trabajadores, la opresión social y la arbitrariedad política impulsaron a las grandes masas populares a alzarse en una potente lucha contra la dictadura imperialista y su aliada, la oligarquía financiero-latifundista.

La mayoría del pueblo cubano se manifestó contra el peligro real de que Cuba fuese convertida en una colonia de los Estados Unidos, puesto que la camarilla del dictador Fulgencio Batista Zaldívar sólo se sostenía sobre las bayonetas gringas y con el apoyo incondicional del capitalismo de las barras y estrellas expansionistas.

El triunfo de la Revolución no fue fortuito, aunque sí inesperado para muchos observadores extranjeros, pues fue resultado de las contradicciones internas que desgarraban a la sociedad isleña. Los antagonismos acumulados durante décadas carcomieron la obsoleta estructura socio-económica y el golpe de Estado de Batista, el 10 de marzo de 1952, provocaron una crisis en la superestructura política.

Usurpado el poder, Batista, el sargento sin muchos méritos, que digamos, comenzó a reprimir al movimiento democrático y perseguir a las fuerzas opositoras y emprender una amplia ofensiva a los derechos de los trabajadores. En política exterior optó por sujetar completamente los intereses de la nación a la conveniencia de los EE.UU, provocando la ruptura de relaciones diplomáticas con la ex URSS e implantó una belicosa política anticomunista y apoyó activamente las acciones agresivas del imperialismo en la arena internacional.

La implantación de la dictadura militar y la reaccionaria política interior y exterior suscitaron indignación entre las masas populares. La resistencia a la tiranía batistiana fue creciendo día tras día. El papel más activo lo desempeñó el grupo de la juventud revolucionaria del ala izquierdista del Partido Cubano (ortodoxo), con Fidel Castro al frente, optando por la lucha armada contra Batista y cuyos comunistas cubanos se llamaban entonces Partido Socialista Popular.

Los objetivos básicos de Fidel y sus partidarios consistían en conseguir la independencia y la soberanía del país, liquidar los latifundios y repartir la tierra entre los campesinos y realizar la industrialización, entre otros importantes retos prioritarios.

En el amanecer del 26 de julio de 1953, el grupo de Fidel asaltó del Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, con el fin de de apoderarse de armas y entregarlas al pueblo y alzarlo a la lucha. Los combatientes mostraron heroísmo y valor supremos pero fallaron por el factor sorpresa ya que la mayoría de los rebeldes fueron capturados y asesinados bárbaramente y los demás fueron encarcelados. El líder barbudo fue condenado a 15 años de prisión, sin antes reconocer que que la derrota tuvo una importancia histórica puesto que fue el prólogo a la Revolución Cubana que dio inicio a la lucha insurgente contra los opresores nativos y extranjeros.

Las autoridades batistianas desataron un terror sumamente cruento contra los trabajadores, sin embargo, el pueblo no dejó de luchar mientras dos organizaciones políticas, el Movimiento 26 de Julio, creado por los seguidores de Fidel, en honor al heroico hecho, y el Partido Socialista Popular, iniciaron el "papel rector" de la lucha frontal, en la cual participó activamente el Directorio Revolucionario, organización estudiantil izquierdista.

Hacia 1955 Castro es amnistiado y se marcha con un grupo de los suyos a México, país en que comenzó a formar un destacamento combativo para reanudar la vía armada contra la opresión batistiana. En suelo azteca los revolucionarios realizaron una intensa preparación ideológica, propagandística, material y militar, preparando su expedición en condiciones muy difíciles y a fines de 1956 están listos para emprender la obra revolucionaria de América Latina a sólo 90 millas de las narices del Imperio yanqui.

A fines de 1956 están preparados para actuar y ya para entonces el Movimiento 26 de Julio había creado en la isla una extensa red de organizaciones de base, lo que permite que en la noche del 24 al 25 de noviembre un pequeño yate, Granma, abandone el puerto de Tuxpan con rumbo a Cuba, con 82 combatientes a bordo y con Fidel Castro Ruz de líder.

El 2 de diciembre desembarcan en territorio cubano, en la provincia de oriente y pasados varios días los expedicionarios fueron cercados por las tropas batistianas y la mayoría cayó en combate desigual, solo 20 pudieron burlar el cerco en grupos pequeños y se fueron a la Sierra Maestra a entablar contactos con los campesinos descontentos con la dictadura, siempre bajo la conducción de Fidel. Los guerrilleros fueron aumentando en número y acumulando experiencia de combate en combate. Los insurgentes cobran fuerza y reciben apoyo popular cada vez más amplio, mientras los comunistas introducían correcciones necesarias en sus tácticas. El Partido Socialista Popular ayuda fuertemente a los alzados, dándoles excelentes combatientes que engrosaron al Ejército Rebelde.

En las postrimerías de noviembre de 1958 fue publicado el Programa del Movimiento Rebelde, planteando conquistar los derechos para el pueblo, lo que contribuyó a que las masas siguieran sumándose a la lucha.Entonces el Ejército Rebelde emprende un rol importante en el quehacer combatiente, conjuntándose a otros luchadores del país.

Casi al terminar el mes de noviembre se pasa a una ofensiva enérgica, hasta que el 1° de enero de 1959 las tropas de Fidel y Raúl Castro entran a Santiago de Cuba. En la mañana del mismo día los rebeldes tomaron la ciudad de Santa Clara y avanzaron hacia La Habana y ante la embestida de los barbudos el sargento Fulgencio Batista abandona el país en la noche de Año Nuevo, llevando consigo grandes valores robados en los largos años que mangoneó el poder unipersonal y despótico.

Es así que los reaccionarios coludidos con la embajada del norte intentan engañar al pueblo, al mismo tiempo que el general Castillo, jefe de las Fuerzas Armadas del prófugo, realiza un Golpe de Estado, proclamando presidente a Carlos Manuel Pidera, miembro del Tribunal Supremo.

Para paralizar las maniobras de la reacción, los jefes del Ejército Rebelde, del Partido Socialista Popular y el Frente Obrero Nacional llaman a la ciudadanía a declararse en huelga general, lo cual fue acotada en todo el país caribeño, a la par que los alzados barbudos pasaban a la ofensiva más contundente, llegando el 2 de enero de 1959 a la capital Habanera, poniendo fin a las intrigas de los golpistas del régimen en retirada.

El 3 de enero en Santiago de Cuba, proclamada capital provisional por Fidel, Manuel Urrutia prestó juramento como presidente de la nación y en la medianoche del 4 al 5 de enero Fidel dictó la orden de terminar la huelga.

El nuevo gobierno estaba integrado por representantes de la oposición burguesa que sólo formalmente se adhería al Movimiento 26 de Julio o declaraba solidarizarse con éste. Cardona, ultraderechista, fue designado Primer Ministro, Agramonte, ministro de Relaciones Exteriores, pero el poder estaba en manos de los rebeldes cuyo Comandante en Jefe era Fidel Castro Ruz.

El 8 de enero La Habana recibía con alegría a las columnas de revolucionarios, encabezadas por Fidel, las cuales habían llegado de Santiago de Cuba, mientras que toda la población capitalina ovacionaba a los héroes libertarios de tantas batallas libradas para echar abajo al sanguinario ambicioso Batista.

En el mitin celebrado el líder de la Revolución dijo que era el pueblo quien había ganado la guerra final, tras duras confrontaciones con el enemigo bien pertrechado.

La dualidad de poderes impuesto en los primeros días luego del derrumbe anterior no duró mucho tiempo pues en febrero de 1959 surgió la primera crisis de gobierno, a raíz de la cual dimitió Cardona y es nombrado Fidel como Jefe de Gobierno y más tarde renuncian los políticos derechistas.

Y es de esta manera, mediante un proceso largo, que Cuba emprende el camino del socialismo, a 90 millas del más poderoso país del planeta, sufriendo el nefasto bloqueo económico y los variados intentos de la CIA de echar abajo los logros obtenidos durante varios lustros de sacrificios de los cubanos, que siempre tienen an alto el pensamiento de José Martí, Antonio Maceo, Julio Antonio Mella, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, así como de los destacados escritores Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Cintio Vitier, entre otros.
http://www.elmorrocotudo.cl/admin/render/noticia/14012
El 1º de enero de 1959 triunfaba en Cuba la revolución liderada por Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista. Desde su independencia en 1898, Cuba había sido un protectorado de los Estados Unidos, gobernada por distintos regímenes dictatoriales y su economía manejada por los intereses azucareros estadounidenses. Tras largos años de lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista, el 1º de enero de 1959 la revolución se haría realidad. El nuevo gobierno realizará transformaciones radicales: expropiación de monopolios locales y norteamericanos, reforma agraria, extensión de servicios sanitarios, campañas de alfabetización masiva. Para recordar este acontecimiento hemos elegido dos artículos aparecidos en distintos medios inmediatamente después del triunfo de la revolución.
Batista ha perdido Cuba
Fuente: Destino Nº 1117, Barcelona, 3 de enero de 1959. 
No habían transcurrido cinco horas del nuevo año cuando el presidente Batista abandonaba Cuba en un avión en el cual le acompañaban sus más directos colaboradores,  encabezados por el presidente electo Rivero Agüero. Con este abandono del Poder se ha cumplido la frase que pronunció Fidel Castro en el momento de desembarcar en Cuba en el yate “Gramma”, en 1956. Ochenta hombres le acompañaban y Fidel Castro dijo: “Sólo somos ochenta, pero derribaremos a Batista.” Sea cual fuere el resultado de esta huida de Batista, es evidente que su vencedor moral ha sido Fidel Castro y que los ochenta hombres que desembarcaron procedentes de México en la playa cubana de Niqueros el 2 de diciembre de 1956 –que horas después quedaban reducidos a doce- han sabido mantener durante dos años una rebelión que ha pasado por las más diversas alternativas.
Fidel Castro, una gran mezcla de intelectual y hombre de acción, es en este momento el héroe cubano y tiene tras de su personalidad de guerrillero a toda la juventud. El moviendo “26 de julio” que encabeza ha sido un arma eficacísima contra la dictadura de Batista. Como es sabido, este movimiento evoca la trágica jornada del 26 de julio de 1953, en la cual Fidel Castro, con treinta estudiantes, se sublevó en Santiago de Cuba. Fueron derrotados, y Fidel Castro hecho prisionero. Batista, que en aquel momento se sentía fuerte, cedió a las súplicas del arzobispo de Santiago y perdonó la vida de Fidel Castro, condenándole a quince años de trabajos forzados, que luego fueron conmutados por la pena de exilio. Emigrado a México, Fidel Castro conspiró constantemente y a cara descubierta. Organizó el desembarco en Cuba al que hemos aludido y dio una conferencia de Prensa antes de emprender la aventura. Batista mandó un patrullero a la playa de Niqueros y allí perdió Fidel veinticinco hombres. El patrullero abandonó desdeñosamente el yate embarrancado en la playa, contando que el terreno pantanoso de esta playa y las fuerzas terrestres darían buena cuenta de los restos de los aventureros. Efectivamente, éstos lucharon contra las tropas hasta el último cartucho y solo doce se salvaron, entre ellos, Fidel Castro y su hermano, consiguiendo llegar a favor de la noche hasta las estribaciones de la Sierra Maestra. Y allí comenzó esta extraordinaria aventura, cruel y romántica, que ha acabado con la huida de Batista que, en lo que a Fidel Castro se refiere, sólo le ha perdido un exceso de confianza, pues nunca dio la menor importancia a este joven intelectual, católico y amante de la libertad, rebelde y tenaz, excelente orador y tipo novelesco que había jurado no afeitarse la barba hasta que Batista estuviera fuera del Poder. La barbuda figura del estudiante en armas ha sido popular en el mundo entero y ha dañado enormemente el prestigio del dictador.
Con poca gloria acaba Fulgencio Batista su segundo mandato. El sargento que el 4 de septiembre de 1933 sublevó a las clases de tropas y los soldados contra los oficiales que habían derribado al inmoralísimo gobierno del presidente Machado, acaba de caer con la misma violencia que rodeó a su sublevación. Batista, presidente de la República de 1933 a 1944, abandonó Cuba voluntariamente al perder unas elecciones libremente convocadas. Sus años de presidente fueron fructíferos para él de tal modo que se le calculaba una fortuna de cincuenta millones de dólares en el año 1952, en el que Batista dio un nuevo golpe de Estado, apoderándose el 10 de marzo del campamento de Columbia y del Gobierno de Cuba. Si en su primera etapa Batista fue un presidente hábil y paternalista, en esta segunda etapa ha sido mucho más duro, de tal modo que se ha colocado en el difícil callejón sin salida del dictador sudamericano que pierde los nervios.
En el momento de escribir este artículo. La situación es extremadamente confusa. El presidente Batista ha resignado sus poderes en el general Eulogio Cantillo, siendo nombrado presidente provisional el presidente del Tribunal Supremo, dictador Carlos Piedra. Sin embargo parece difícil que estos personajes puedan afianzar su posición ante la violencia y la fuerza del movimiento “26 de Julio” y ante la figura de un relieve tan fascinador como es, para gran parte del pueblo cubano, Fidel Castro y el comité directivo “26 de Julio”. Este comité está presidido por el doctor Manuel Urrutia, antiguo presidente de la Sala de Urgencia de la provincia de Oriente, juez de carrera que estuvo exiliado en Nueva York y regresó recientemente a Cuba.
El movimiento “26 de Julio” es, socialmente, muy avanzado: Se proyecta gravar con fuertes impuestos las tierras baldías para que los propietarios se vean obligados a venderlas al Gobiernos que se distribuirán entre los campesinos. Asimismo se va a fomentar la industrialización y se nacionalizará el subsuelo, todo ello dentro de un sentido católico, pues no hemos de olvidar el matiz cristiano de la aventura de Fidel Castro. Y sobre todo inspira básicamente a este movimiento el amor a la libertad y la implantación de la honestidad en la administración pública. Este deseo de honestidad ha sido el arma principal de Fidel Castro en su propaganda y es muy lógico que tenga a su lado a gran parte de Cuba. No olvidemos que en las últimas elecciones presidenciales, el movimiento “26 de Julio” predicó el abstencionismo y se abstuvo a pesar de las dificultades y las coacciones, el sesenta por ciento del cuerpo electoral.
Sea cual fuere el porvenir político de la huída de Batista, no olvidemos que será muy difícil, por no decir imposible que persista una guerra civil. La existencia de Cuba depende de su riqueza azucarera y éste es el momento de la zafra, que representa nada menos que la suma de cuatrocientos millones de dólares anuales.
Es de desear para el porvenir económico y político de Cuba que esta situación de inestabilidad tenga bien pronto una solución positiva que devuelva la paz y el bienestar a esta isla, por tantos conceptos llamada la “perla de las Antillas”.
Larga lucha de Guevara
Fuente: Diario La Nación, viernes 2 de enero de 1959
Un periodista cubano, Jorge Quintana, le recordó hace tres meses al presidente de la Nación, Dr. Frondizi, la intervención de un argentino –Miralla- en la lucha por la independencia cubana. El diálogo de ambos, mantenido mientras transitaban por senderos de la residencia de Olivos, cobra hoy renovada actualidad. Quintana mencionó a Miralla, para hablar luego del “Che” Guevara, el nuevo argentino que luchó en Cuba por la causa de la libertad.
Miralla es hoy más conocido por los cubanos que por nosotros; con Guevara sucede otro tanto. Goza en la isla de un prestigio merecido, de una popularidad en la que se traduce la gratitud de un pueblo.
Nació en Rosario en 1928; vivió brevemente en Misiones y en Córdoba, muchacho andariego, recorrió América latina en motocicleta, a pie y aun valiéndose de balsas; concluyó sus estudios universitarios en Buenos Aires; un hecho premonitorio: desde temprano sintió predilección por el estudio de las enfermedades tropicales –alergias y lepra-, cuyo conocimiento le sirvió tanto en Cuba; fue uno de los tres mil integrantes del grupo Monteagudo y, dentro de él, formó parte de Acción Argentina, fuerza de choque dirigida contra el dictador argentino. Luego, la cosa pantanosa de Ubero, adonde llegó a bordo del Gramma, que transportó a 80 hombres aunque sólo estaba preparado para alojar a 25.
La Repercusión de los Sucesos en Buenos Aires
En la Avenida de Mayo al 1300, frente al vespertino “Crítica”, se reunió denso gentío que, con declamaciones de adhesión a Fidel Casto y al “Che” Guevara, al movimiento libertador cubano, y simplemente a la libertad, ocuparon la calzada y obligaron a la desviación del tránsito automotor por las calles adyacentes.
Desde el balcón del primero piso del vespertino, ornado con banderas argentinas y una enseña cubana, hablaron el doctor Valdés Miranda y Lisi Guera, del movimiento 26 de Julio; el nuevo embajador cubano en nuestro país, Sr. Jorge Beruff Jiménez; el Señor Benjamín De Yure, también del movimiento; el padre del combatiente Ernesto Guevara Lynch; el director de “Crítica”, doctor Santiago Nudelman, y el diputado nacional por la Unión Cívica Radical del Pueblo, Manuel Belnicoff.
Ante los repetidos vivas a Cuba y las expresiones de repudio a las dictaduras, a Batista, a Franco, a Trujillo y a Perón, el doctor Nudelman se refirió a este “día glorioso de Cuba”, y pidió el homenaje de un minuto de silencio por “la juventud de América que ha ofrecido su sangre generosamente para que podamos seguir viviendo en libertad”. Exhortó luego: “En la medida en que se oscurece el cielo de la patria americana, seamos forjadores de la libertad”. ¡Viva Cuba Libre! –terminó- ¡Viva América Libre! ¡Viva la libertad y viva la democracia!
El Sr. Belnicoff se refirió luego a la dictadura de Franco y a la que padecimos en nuestro país hasta 1955, y tras hablar de la personalidad de Fidel Castro, dijo que “cuando algún día en las generaciones futuras se pretenda dar la exacta definición del miedo, se dirá: el miedo es un dictador; porque los dictadores, cuando la fuerza los respalda, son valientes y castigan a los pueblos; pero cuando los pueblos se rebelan, los dictadores sólo conocen una actitud: huir. ¡América para la libertad –exclamó-, pare el cielo; los dictadores para la tierra, para la muerte!”. Transmitió la adhesión hacia el pueblo cubano de su partido y finalizó con un “brindis cívico por la civilidad de América, por la caída de Trujillo, de Stroessner, de Somoza, de Franco, y porque retornen a nuestro país todas las libertades, sin presos políticos ni gremiales”.
Terminadas estas palabras, y las advertencias pacifistas transmitidas por los altavoces, emprendió la marcha por Avenida de Mayo hacia el Oeste una columna que dobló por Callao y se dirigió por Santa Fe hacia la embajada de Cuba. La acompañaban algunos vehículos embanderados con nuestra enseña y con la que ha reconquistado su libertad, y se veían abundantes distintivos con el número 26, que estaba también estampados en la puerta de un pequeño automóvil. Los estribillos se repetían a lo largo de la marcha: se entonaban estrofas de la Marcha de la Libertad y un clarín hacía oír su voz de aliento. Desde los balcones se recibían múltiples muestras de apoyo.
Ante la Embajada
Una enorme cantidad  de público se congregó frente a la embajada de Cuba anoche a las 22. Los núcleos que se sumaron constantemente a la manifestación, entre ellos el formado en la Avenida de Mayo, interrumpieron el tránsito y formaron una masa compacta que iba de acera a acera, casi a lo largo de toda la cuadra.
En el local de la embajada también se habían congregado los simpatizantes del Movimiento 26 de Julio, y allí se veían las caras conocidas de los jóvenes cubanos que llegaron a nuestro país, perseguidos por su acción revolucionaria, mezcladas con las de los que aquí fueron desde un comienzo sus amigos y moralmente sus aliados de lucha. También estaban aquéllos que de una manera o de otra tienen un vínculo de afecto y de sangre con los nombres que protagonizaron la gloriosa jornada que se celebraba, y disputaban la atención de los cronistas la presencia de los parientes de los hombres cuyos nombres registra hoy la crónica, con el carácter de héroes de la recuperada libertad cubana. Así, se destacaba entre ellos la presencia de un septuagenario tío de Fidel Castro, que reside en nuestro país desde 1913 y no conoce a su sobrino, no obstante lo cual sumaba a la emoción que todos tenían el inocultable y legítimo orgullo de ese vínculo.
A las 22.15, el público que estaba aglomerado en la calle entonó la Marcha de la Libertad, y luego el Sr. Luis Conte Agüero dirigió la palabra desde los balcones de la embajada. Señaló que cuando se había convocado a esta reunión pública se creyó que ella iba a congregar a un grupo de espíritus privilegiados que se regocijan en la libertad, pero que esto había sido superado por la presencia de un pueblo, que demuestra en sus expresiones que por algo sobre el suelo alumbró la figura inmortal de San Martín. A propósito de ello, hizo un paralelo de los permanentes ideales que hermanan a Cuba y a la Argentina, encarnados en las figuras de sus libertadores y unió a la alusión del nombre de Martí y de San Martín, la de Castro y Guevara.
Al referirse a los sucesos registrados ayer, dijo: “El embajador del gobierno, con su actitud se convirtió en el embajador de Cuba y al renunciar a sus fueros oficiales, se invistió de los fueros morales de la representación del pueblo cubano, anticipando con ello la jornada de la entrega del poder a la victoriosa revolución. Esto no es extraño que haya ocurrido, porque hay tierras y hay pueblos que mueven a los hombres a estas determinaciones, y el escenario y el espíritu de la Argentina se ha hecho sentir en la actitud del doctor Espinosa Bravo”.
Finalmente manifestó su gratitud hacia la adhesión del pueblo argentino y, recordando palabras de Martí, dijo que nuestro pueblo, como el de Cuba, lleva en sí la paloma de la bondad y la estrella de la libertad.
Los padres del Dr. Guevara
A las 22.45 se anunció la presencia de los padres de Ernesto Guevara, quienes fueron recibidos, cuando se asomaron al balcón, por una gran manifestación de afecto, a la que ponían una nota de particular colorido el flamear de los pañuelos iluminados por los reflectores de la televisión. El ingeniero Guevara Lynch transmitió un saludo de su hijo “en este momento que señala un triunfo de la democracia de América”. La madre consignó su emoción y alegría de argentina, hermanándose al sentimiento de los cubanos.
Luego habló el diputado de la UCR del Pueblo Sr. Armando Verdaguer. Señaló que “aquí también se luchará siempre para que impere la libertad”. Aludiendo a su situación dijo: “Algunos lo harán con dignidad desde el Parlamento, pero yo prefiero sumarme a ustedes”. Después de las palabras del aludido legislador habló el señor Jorge Valdéz Miranda, del Movimiento 26 de Julio. En su alocución vivó a la revolución, el triunfo de Fidel Castro y la decisión y coraje de Guevara, y señaló que el movimiento revolucionario de Cuba no hará transacciones para llegar al poder, por cuento los procedentes históricos de Latinoamérica indican que ese camino lleva frecuentemente a las frustraciones de los ideales populares. “Habríamos preferido no llegar al poder –subrayó- antes que no llegar bien”.
Como un homenaje hacia los que han caído en la lucha de Cuba y en todas las luchas por las reivindicaciones de la libertad en suelo americano, solicitó un instante de silencio, al que adhirió al público.
Al destacar la identificación con los que aún sufren el dolor de las tiranías, formuló su voto para que muy pronto, como en nuestro himno, puedan repetir: ¡Libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Anticipó luego que cuando la revolución llegue al poder, no será Fidel Castro quien ha de asumirlo, sino el Dr. Manuel Urrutia, de cuya personalidad hizo un amplio elogio, al tiempo que anunció que Fidel Castro recorrerá América como un abanderado de la libertad y llegará a la Argentina para abrazar a este pueblo que se hermanó en su lucha. Las últimas palabras fueron de reconocimiento a la obra que realizó Ernesto Guevara junto a Castro, cuya presencia conceptuó como el símbolo más fiel de adhesión que en este momento expresaba todo el pueblo argentino, e indicó al público que se desconcentrara con tranquilidad, para retribuir así las consideraciones que habían tenido las autoridades al permitir la organización del acto.
Finalmente, volvió a hablar el Dr. Conte Agüero, para despedirse del pueblo argentino, destacando que cuando regresen a su patria los hombres de la revolución cubana encontrarán en el recuerdo de esta manifestación jubilosa del pueblo argentino el aliciente necesario para superar las vacilaciones y cumplir su misión.
A las 23.25 se entonó el Himno Nacional Argentino y luego se escuchó la marcha del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, mientras el público que comenzaba a disgregarse lo hacía entonando la Marcha de la Libertad.

La Revolución Mexicana, fue la primera revolución social del siglo XX, cuya etapa, o fase armada, duró del 1910, al 1920. La revolución, empezó como una rebelión en contra de la dictadura de Porfirio Díaz que ya tenía más de treinta años en el poder. El movimiento, fue lidereado por el intelectual y teorista político, Francisco I. Madero, que con su lema “sufragio efectivo, no re-elección”, cristalizó el descontento alrededor del país, en contra del dictador Díaz. Esta fase, terminó con el exilio de Díaz en París y el triunfo de Madero en las elecciones democráticas de 1911.
La segunda fase de la Revolución, comienza con el desacuerdo entre la antigua clase burguesa porfirista y Madero.
Con el apoyo de los Estados Unidos y su embajador en México, Henry Lane Wilson, el presidente electo y el vicepresidente José María Pino Suárez, son asesinados en 1913, y se impone el dictador Victoriano Huerta, como líder del país. No obstante, debido a otros revolucionarios que lucharon contra la dictadura implantada, Huerta, huye a los Estados Unidos en el 1914.
Después de estas dos fases, la Revolución, se convirtió en una revolución social, con Emiliano Zapata (en el sur) y Pancho Villa (en el norte), luchando por causas sociales, como una reforma agraria, justicia social, y educación. No obstante ambos revolucionarios, tuvieron que hacer compromisos sociales con los revolucionarios liberal-constitucionalistas como Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.
La tercera fase, es la culminación de la revolución armada, con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, reconocida, por haber sido una constitución liberal social y la primera de su tipo en el mundo que aún rige al México de hoy. La Constitución, garantizó reformas y derechos liberales (civiles y políticas) y sociales (reforma agraria y legislación laboral progresista). 

El ideal de la revolución, era crear una ciudadanía moderna con derechos y alfabetismo. La Constitución de 1917 fue, quizás, el logro más alto de la Revolución.
A pesar de que se considera que la Revolución inició con el levantamiento de Francisco I. Madero, durante el mandato de Porfirio Díaz, hubo diversas sublevaciones de personas que pertenecían al antiguo régimen del porfiriato; sin embargo,estas sublevaciones eran levantamientos de tipo militar para tomar el poder, sin que hubiera realmente una ideología de cambio político, social, o económico.
Algunas de las más importantes fueron:
1876: Mariano Escobedo
1877: Pedro Valdés
1878: Lorenzo Hernández, Javier Espino
1879: Miguel Negrete, Manuel Carreón, Francisco A. Nava, José del Río

Desde el principio del siglo, hubo un cambio en la conciencia política de México; muchos mexicanos consideraban, que era necesaria una participación del pueblo en la vida política de México, y estimaban urgente que se emprendieran reformas sociales en el país.
Fue hasta 1901, cuando surgieron los llamados “Clubes Liberales”, en los que se agrupaban jóvenes y políticos de tradición liberal jacobina. En ese mismo año, se celebró el Congreso Liberal en San Luis Potosí ,promovido por Camilo Arriaga
Durante 1902 y 1903, se llevaron a cabo, múltiples protestas contra la reelección de Díaz, que fueron violentamente reprimidas. Una de las acciones más destacadas, fue la pancarta con la leyenda “La Constitución ha muerto…” en las oficinas del periódico El hijo de El Ahuizote. La libertad de prensa y asamblea, garantizadas en la Constitución de 1857 fueron suprimidas, además de que las condiciones de miseria y explotación de obreros y campesinos eran perpetuadas por las concesiones a empresas extranjeras, latifundios y tiendas de raya fomentadas durante el Porfiriato.

Un grupo de liberales, entre los que se encontraban los hermanos Flores Magón, comprendieron que Díaz, no dejaría la presidencia a través de una derrota electoral. Este grupo, consideraba que la dictadura, se sostenía por la fuerza de las armas y sólo por la fuerza de las armas podría caer. Por esta razón, cuando los liberales salen de la cárcel en 1904, y se exilian en los Estados Unidos, se crearon dos tendencias: una que proponían reformar sólo las estructuras políticas y otros, buscaban estallar la revolución social; estos últimos, comenzaron a organizar en 1905 el Partido Liberal Mexicano (PLM) que hizo público su programa al siguiente año en San Luis, Missouri.
En 1906, comienzan a organizarse las primeras insurrecciones promovidas por el PLM, contra la dictadura de Porfirio Díaz. El PLM, programó un levantamiento armado para el 16 de septiembre de ese año , en el aniversario de la Independencia de México, sin embargo, la sublevación, fue descubierta por la policía porfirista y detectives norteamericanos. A pesar de que el levantamiento armado general, fue postergado, en ese año, acontecieron sucesos que después fueron considerados precursores del levantamiento de 1910:
1 de junio: Huelga de Cananea en Sonora contra la “Cananea Consolidated Copper Company”, reprimida con un saldo de 23 muertos y 22 heridos, más de 50 personas detenidas y cientos de desplazados.
1 de julio: Programa del Partido Liberal Mexicano difundido en el periódico Regeneración.
30 de septiembre: Rebelión de Acayucan, Minatitlán y Puerto México, Veracruz, reprimida por el ejército. 

En el campo de la cultura, destacó, el Ateneo de la Juventud, que a partir de 1908, emprendió una labor crítica contra el positivismo educativo, implantado desde Benito Juárez y sostenido como doctrina oficial por el Porfiriato. El Ateneo, se rebeló igualmente contra lo que consideraba limitaciones al desarrollo de la personalidad humana. Militaron en él, hombres de la generación anterior como los poetas Luis G. Urbina y Enrique González Martínez, y de la nueva promoción: Antonio Caso, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes Ochoa, Julio Torri, Jesús T. Acevedo, Alfonso Cravioto y Ricardo Gómez Robelo. De la misma manera, las ideas de cambio social y político se apuntaban en el Club Liberal “Ponciano Arriaga”, gracias al cual se puso en marcha el Partido Liberal Mexicano.
Los miembros del Partido Liberal Mexicano, aumentaron sus actividades públicas y clandestinas y comenzaron a editar periódicos como: Regeneración -que llegó a imprimir hasta 28, 000 ejemplares – y formaron sociedades secretas para preparar, e incitar la lucha armada. Las ideas de este partido, inspiraron varios rebeliones, tales como el estallido de la Cananea, Sonora en 1906; el asalto a la Aduana de Nogales, así como los actos de rebeldía que aparecieron también en 1906, en Jiménez, Coahuila; la Acayucan, Minatitlán, Puerto México y Chinameca en Veracruz y de levantamientos armados en varios sitios de Coahuila y Chihuahua, seguidos de la rebelión obrera de Río Blanco en 1907.
Cuando en 1910, estalló la revolución armada encabezada por Madero, los componentes del Partido Liberal Mexicano, actuaron en forma independiente, sobre todo en los Estados del Norte ya que la Junta Organizadora del PLM, operaba en el exilio, al sur de los Estados Unidos. En este lapso, la acción más significativa del PLM, fue la Rebelión de Baja California, territorio que los liberales, tomaron con el apoyo de extranjeros socialistas y anarquistas afiliados al grupo Trabajadores Industriales del Mundo en 1911 pero fueron combatidos por los soldados federales -y luego por los maderistas- , quienes los derrotaron finalmente con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. 
Ricardo Flores Magón

Los Hermanos Flores Magón, impulsaron la creación del Partido Liberal Mexicano y fue precursor de la Revolución Mexicana. Los postulados concernientes a los derechos de los trabajadores y la posesión de la tierra por los campesinos en el Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906, fueron retomados en la Constitución Política de 1917. Murió en una prisión de Estados Unidos en 1922.
Ricardo Flores Magón nació en San Antonio Eloxochitlan, Oaxaca el 16 de septiembre de 1873, hijo de familia humilde. En la Ciudad de México comenzó la carrera de abogado (que no concluyó) y periodista. En su juventud participó en las revueltas estudiantiles contra Porfirio Díaz. Fundó y editó el periódico Regeneración, el más crítico contra el régimen porfirista. Asistió como delegado al Congreso Liberal de 1901 en San Luis Potosí. Fue encarcelado en múltiples ocasiones en México y en Estados Unidos, por su actividad política que transitó del liberalismo, al anarquismo.
Desde 1905, participó en la organización del Partido Liberal Mexicano, que sería fundado un año más tarde. Los postulados de este partido, inspiraron las revueltas y las huelgas que serían el inicio del fin de Porfirio Díaz. Mientras estuvo exiliado en los Estados Unidos, mantuvo contacto con socialistas y anarquistas del movimiento obrero estadounidense, que ejercieron presión para que el gobierno norteamericano, no enviara tropas a territorio mexicano, con el pretexto de custodiar las inversiones americanas en México. También intervino, para que se formaran comités de apoyo económico y político a la revolución social.
Ricardo Flores Magón luchó contra la dictadura de Porfirio Díaz y después contra Madero y los gobiernos de militares revolucionarios, por lo que fue perseguido y encarcelado. Después de su muerte, se reconoció la importancia de su participación como precursor de la Revolución Mexicana. 

Francisco I. Madero

Francisco Ignacio Madero González, empresario agrícola y político coahuilense (1873-1913). Fue elegido presidente de México tras el triunfo de la revolución de 1910. Fue asesinado a causa del golpe de estado organizado por el Secretario de Guerra y Marina y el embajador de los Estados Unidos de América.
Francisco I. Madero González nació en una familia acomodada en el municipio de Parras de la Fuente, Coahuila, el 30 de octubre de 1873. Sus padres fueron Francisco Madero Hernández y Mercedes González Treviño.
Durante su juventud hizo estudios de comercio y agricultura en Maryland, Versalles, París y en la Universidad de California en Berkeley. Regresó a México para casarse con Sara Pérez en 1903 y en 1909 fundó el Partido Nacional Antirreeleccionista para derrocar al presidente Porfirio Díaz, quien ocupaba el cargo de manera casi ininterrumpida desde 1877. El mismo partido lo eligió candidato a la presidencia de la República y tras alcanzar un alto nivel de popularidad el gobierno decidió encarcelarlo en San Luis Potosí bajo los cargos de conato de rebelión y ultraje a las autoridades. Logró escapar hacia Estados Unidos y desde ahí redactó el Plan de San Luis, un llamado a las armas que provocó, meses después, la renuncia del Presidente Díaz en 1911 y una guerra civil que duraría alrededor de una década y costaría la vida a más de un millón de mexicanos. Tras la renuncia del presidente Díaz, se formó un gobierno provisional encabezado por Francisco León de la Barra que entregaría la presidencia a Madero en 1911.
Durante su administración, Madero se caracterizó por encabezar un gobierno democrático pero poco identificado con las clases marginadas, lo cual provocaría varios alzamientos armados entre los que destacan los del campesino Emiliano Zapata y la rebelión de Pascual Orozco. Para combatir los levantamientos eligió al general Victoriano Huerta, que no logró controlar al primero, pero derrotó definitivamente al segundo; Huerta, en el año de 1913, conspiró con Félix Díaz (sobrino del ex-presidente Díaz) y con Henry Lane Wilson (embajador de los Estados Unidos de América) para derrocar a Madero en un golpe de estado al que se conoce como La decena trágica. El 22 de febrero de 1913, tras haber sido obligado a firmar su renuncia y pese a la promesa de los golpistas de respetar su vida y facilitar su exilio a la isla de Cuba, Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron ejecutados por Victoriano Huerta y sus hombres, al costado de la penitenciaría de la Ciudad de México.

Victoriano Huerta

Huerta tomó el poder a la muerte de Madero. Esta usurpación del poder fue apoyada por la aristocracia terrateniente que lo consideraba una oportunidad de reestablecer el sistema de Díaz.
Los líderes locales redirigieron sus esfuerzos, luchando esta vez contra el nuevo gobierno y acusando a Huerta de asesinar a Madero en contubernio con el embajador de los Estados Unidos, Henry Lane Wilson. Líderes como Villa, Zapata, Carranza y Obregón dirigieron la lucha contra Huerta. La presión de los Estados Unidos, que culminó con la ocupación de Veracruz tras el incidente de Tampico, combinada con las acciones rebeldes, provocaron finalmente la caída de Huerta. Tras su derrota, Huerta huyó a Europa. En El Paso, Texas, murió años más tarde. 
Venustiano Carranza


Para frenar la cacería, Venustiano Carranza, el gobernador del norteño estado de Coahuila, formó el Ejército Constitucionalista con miras a pacificar el país adoptando la mayor parte de las demandas sociales, esgrimidas por los rebeldes e integrándolas a una nueva Constitución de corte progresista.
Carranza logró plasmar la mayor parte de las demandas en el texto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, incluyendo parte del Plan de Ayala de Emiliano Zapata, pero su deseo de pacificar el país probó ser más fuerte que su habilidad para solucionar los problemas que habían dado origen a la violencia, así que uno a uno fue asesinando a los rebeldes del movimiento.

Emiliano Zapata

Tras el asesinato de Francisco I. Madero y el ascenso en el poder de Victoriano Huerta, la lucha armada se exacerbó y Zapata fue uno de los jefes revolucionarios más importantes, al tiempo que introdujo importantes reformas en Morelos. Posteriormente estas posturas lo opusieron al nuevo presidente (Venustiano Carranza). Éste logró eliminarlo mandándolo asesinar.
Estuvo presente en la Convención de Aguascalientes de 1914, en la que los tres grupos más importantes que participaron en la Revolución Mexicana intentaron dirimir sus diferencias. Dicha Convención adoptó el Plan de Ayala y eligió como presidente provisional a Eulalio Gutiérrez Ortiz. Los grupos dirigidos por Francisco Villa y Zapata aceptaron los resultados de la Convención, no así el encabezado por el General Carranza, lo que provocó la continuación de la guerra civil.
El cacique Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que estaba descontento con Carranza y que estaría dispuesto a unirse a él. Zapata le pidió pruebas y Guajardo se las dio. Acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919, pero desgraciadamente Zapata fue víctima de una emboscada, y fue asesinado ese mismo día. 


Pancho Villa

Pancho Villa (1878-1923) es el seudónimo de Doroteo Arango Arámbula, jefe revolucionario mexicano, cuya actuación militar fue decisiva para la derrota del régimen de Victoriano Huerta.
Murió asesinado en Parral, Chihuahua. Huérfano, tuvo una infeliz niñez y una conducta muy rebelde en la adolescencia, fue leñador, agricultor y comerciante, antes de hacerse militar revolucionario.
En 1910 se unió a Francisco I. Madero, quien le nombró brigadier. En 1911, con apoyo estadounidense, colaboró en la derrota del Ejército Federal de Porfirio Díaz. Combatió a las órdenes de Victoriano Huerta, quien lo acusó de insubordinación y lo condenó a muerte sin cumplirse esta orden.
Cuando Francisco I. Madero fue asesinado por una conspiración encabezada por Huerta, el 22 de febrero de 1913, los líderes militares del norte, encabezados por el Gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, llaman a levantarse contra el usurpador.
Comienza así una nueva etapa de la Revolución Mexicana, en la cual Francisco Villa alcanza sus máximos éxitos militares al mando de la División del Norte, cuyo objetivo era avanzar desde Chihuahua al Centro del País y tomar plazas estratégicas resguardadas por el Ejército Federal.
Francisco Villa condujo con éxito los asaltos de Ciudad Juárez, Saltillo, Zacatecas, Chihuahua y Torreón. Los ejércitos revolucionarios derrotaron a Huerta, quien marchó al exilio el 24 de junio de 1914. A pesar de la victoria, Villa estaba molesto con Carranza, quien lo postergó por la cercanía de otros jefes, además de que nunca concedió a la División del Norte el grado de Ejército ni a Villa el grado de general.
En 1914, Carranza citó a una convención de las fuerzas revolucionarias, para limar asperezas entre ellas, sin lograr su objetivo, pues Villa se apoderó de la Convención de Aguascalientes y rompió relaciones con Carranza. Villa tomó la Ciudad de México, a nombre del gobierno de la Convención, junto con su aliado Emiliano Zapata, en diciembre de 1914.
Carranza recibió apoyo de los estadounidenses en la forma de suministro y comercio de armas, para que derrotaran a las de Villa. Los villistas emboscaron un tren que llevaba mineros estadounidenses, matándolos a todos menos a uno de los 17 que iban a bordo. Carranza no se plegó a los dictados villistas de la Convención y huyó a Veracruz para encabezar desde allí su contraataque. Para ello tenía un gran aliado, un estratega militar que superaría al genio tosco de Pancho Villa, se trataba del general Álvaro Obregón.
Obregón logró derrotar a la División del Norte en la famosa Batalla de Celaya, donde Obregón perdiera un brazo. En 1915, los Estados Unidos ofrecieron su respaldo a Venustiano Carranza. Los EE UU habían cambiado su actitud hacia Villa y le impusieron un embargo de armas, cortándole el suministro de las mismas que recibía desde poblaciones como Columbus, Nuevo México. 
Álvaro Obregón

El gobierno de Carranza duró poco. El general, Álvaro Obregón, quien se había desempeñado en la primera etapa de su gobierno como Ministro de Guerra y Marina, se sublevó al verse en desventaja en su lucha por la candidatura oficial en las próximas elecciones federales y le dio muerte el 21 de mayo de 1920. Obregón asumió el poder y demostró no sólo ser un hábil militar, pues terminó de pacificar la mayor parte del país, sino un hábil político que fomentó la creación y a la vez se hizo del apoyo de múltiples sindicatos y centrales obreras. Fue sucedido por el también general Plutarco Elías Calles, quien promovería algunas leyes anticlericales que provocarían la Guerra Cristera y fundaría el Partido Nacional Revolucionario (PNR), lo que hoy en día es el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Aunque la reelección estaba expresamente prohibida por la Constitución de 1917, Obregón consiguió hacerlo en 1928 pero fue asesinado por un extremista católico antes de tomar posesión del cargo.
Otras figuras que destacaron en la revolución
Los generales Lázaro Cárdenas del Río, Abelardo L. Rodríguez y Manuel Ávila Camacho, todos presidentes electos de México después de la administración del Presidente Calles.
Los pintores comunistas Diego Rivera, José Clemente Orozco y Frida Kahlo.
Los intelectuales José Vasconcelos, Manuel Gómez Morín y Antonio Caso.
Los escritores Mariano Azuela y Martín Luis Guzmán.
El líder sindical Vicente Lombardo Toledano.
El caricaturista político José Guadalupe Posada. 
El mito de la Revolución Mexicana

 Para académicos como Macario Schettino la Revolución Mexicana es un mito y lo trata en su libro publicado en 2007 Cien años de confusión (La revolución, en duda. Cien años de confusión. México en el siglo XX, libro de Macario Schettino, Editorial Taurus). Schettino considera que la Revolución Mexicana no es un hecho histórico, sino un concepto, origen y base del régimen político que gobernó el país durante más de 70 años. Esa tesis que desmitifica y desafía las versiones oficiales del principal acontecimiento histórico del siglo XX de México.
Sí bien Madero inició la revolución, los diversos focos de insurrección no estaban subordinados militarmente a Madero. Además, este no confiaba en los movimientos sociales, pues consideraba que generaban un elevado costo económico, social y humano, además de que una élite derrocaba a otra y olvidaba los principios por los que había luchado para derrocar el régimen anterior. El mejor ejemplo es el mismo Porfirio Díaz que se encumbró en el poder bajo el lema Sufragio efectivo, no reelección.
Típicamente se han manejado cuatro grandes hipótesis de la revolución maderista de 1910, las tres primeras del orden económico y social, y la cuarta del orden político:

1) Una crisis económica profunda, que movilizó a los campesinos que trastocaron el orden político vigente.

2) Una revolución básicamente de las masas obreras, que ante las contradicciones del capitalismo se levantaron en armas, dando respaldo al llamado maderista para buscar la democracia política y, posteriormente, mejoras laborales.

3) La entrega que hizo Porfirio Díaz de la economía al capital extranjero generó una ola nacionalista que en cierto momento terminó por derrocar al régimen que desnacionalizó el capitalismo.

4) El autoritarismo porfirista, agotó su legitimidad y sus posibilidades de continuidad, tanto por el envejecimiento de la clase política (incluido el dictador) como por la falta de movilidad política y de incorporación de nuevas élites al régimen.
Macario Schettino sostiene que México fracasó en el siglo XX, pues México no tuvo mejor desempeño económico que otros países latinoamericanos, ni en educación, salud, seguridad social, o prácticamente cualquier indicador de desarrollo. México sufrió a cambio un régimen autoritario, que pospuso la ciudadanización de la sociedad. Madero tuvo razón al señalar que de una revolución sólo puede surgir un nuevo autoritarismo. Como por ejemplo: la dictadura napoleónica, el régimen bolchevique, el nacionalismo taiwanés, el nacionalismo chino y el priismo mexicano. Las conquistas de la Revolución fueron también incorporadas -frecuentemente de manera más eficaz- en países que no sufrieron una revolución social. 
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