En su nuevo libro El engaño de la Red, el pensador y periodista Evgeny Morozov ataca salvajemente a los ciber utópicos. Alega que las redes sociales funcionan mejor para los gobiernos represores que para los organizadores de protestas. Y que no están motivadas por otra cosa que no sea la búsqueda de ganancias.
POR LEE SIEGEL (THE NEW YORK TIMES)
SIN RED. Las recientes protestas en El Cairo resultaron en un apagón total de Internet y telefonía celular.
SIN RED. Las recientes protestas en El Cairo resultaron en un apagón 
total de Internet y telefonía celular

Hace sólo unos pocos años, de lo único de que se oía hablar era sobre cómo lograr que Internet fuera más libre. Ahora de lo único que se habla es sobre cómo controlarlo.
Editores de libros y de diarios buscan formas de proteger su contenido original. Padres buscan formas de proteger a sus hijos del cyber-acoso. Legisladores exploran mecanismos que defenderían la privacidad de los ciudadanos. Gobiernos intentan evitar que sus archivos privados se filtren a la Red. Empresarios y figuras públicas luchan para evitar que competidores o enemigos los calumnien a ellos o a sus negocios. Y más y más de nosotros estamos horrorizados —cómo otros se fascinan— de que nuestras vidas sean grabadas, filmadas o subidas a la Red.
La milagrosamente conveniente tecnología de Internet ha creado una simulteanedad de funciones morales sin precedentes. Julian Assange, de Wikileaks, es como una encarnación de Shiva, el dios Hindú de la creación y de la destrucción. Resulta que lo que hace poco considerábamos una valiente y nueva era de información es, en realidad, el primer espasmo de un largo proceso de reconfiguración cultural. Todos estamos acostumbrados de hablar de “Google” cómo si fuera sinónimo de “el futuro". Dentro de 50 años estaremos hablando de Google como hoy hablamos de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Estamos recién en los primeros pasitos de bebé de la era de Internet.
Como Evgeny Morozov demuestra en “The Net Delusion” (El engaño de la Red), su brillante y valiente libro, las contradicciones y confusiones recién se están haciendo visibles a través de la neblina que se esfuma de la primera euforia de Internet. ¿Qué sucedería si el potencial liberador de Internet también contiene las semillas de la apatía política y —por consecuencia— la erosión de la democracia?, pregunta. El engaño de la Red del título es, justamente, eso.
En contrario a los cyber-utópicos, cómo él los llama, que consideran que Internet es una herramienta poderosa de emancipación política, Mozorov argumenta convincentemente que Internet, en el nombre de la libertad, más bien limita o hasta destruye la libertad.
Mozorov reproduce un discurso que dio Hillary Clinton hace un año en el que proclamaba el poder y la gloria de Internet, hablando de “cosechar el poder de tecnologías de conexión” para “poner estas herramientas en las manos de las personas en todo el mundo que lo podrán utilizar para hacer avanzar la democracia y los derechos humanos". Clinton tal vez no tenía en cuenta, como Morozov propone —irónicamente— “las búsquedas más populares en máquinas de búsquedas rusas no eran para “¿Qué es la democracia?” o “¿Cómo proteger los derechos humanos?” sino para “¿Qué es el amor?” y “¿Cómo perder peso?” Y seguramente Clinton se había olvidado del speech que dio en 2005. En esa ocasión ella misma caracterizó a Internet como “el desafío tecnológico más grande que afronta hoy a padres e hijos", calificándolo cómo “un instrumento de enorme peligro".
La doble perspectiva de Clinton, en la cual Internet es, a la vez, una fuerza de liberación en sociedades no democráticas y algo peligroso dentro de los EE.UU. es el tipo de contradicción que Morozov busca iluminar. Designa como “orientalismo digital” a la creencia de que en sociedades represivas Internet sólo puede actuar como una fuerza para el cambio benévolo.
Cita al bloguero Andrew Sullivan que declaró después que manifestantes tomaron las calles en Teherán que “La revolución será twiteada". La revolución nunca ocurrió, y los pobres manifestantes twiteros fueron quebrados con una mano de hierro. Pero Sullivan no era el único que ignoraba el contexto iraní. Clay Shirky, el experto sobre Internet más citado y favorito de los medios dijo: “Aquí está. Esta es la grande. Esta es la primera revolución que ha sido llevado al escenario global y transformado por las redes sociales".
Dos décadas de opiniones inútiles sobre los poderes mágicos de la tecnología de mero uso cotidiano han transformado a Twitter —lo que una vez fue el campo para “un montón de hipsters aburridos que tenían un impulso irresistible de compartir sus planes de desayuno— cómo escribe mordazmente Morozov, a una herramienta de revolución política. O, como dice Jon Stewart, burlándose de la creencia del poder de Internet de transformar lugares como Irak o Afganistán: “¿Por qué mandamos un ejército cuando podríamos haberlos liberado de la misma forma en la que compramos zapatos?”
Las protestas en Irán en contra de lo que creían unas elecciones corruptas fueron brutalmente calladas porque, como dice Morozov sin romanticismo alguno, “muchos de los iraníes consideraron que las elecciones fueron justas". Los elementos de una revolución exitosa —la complicidad de los militares, de una clase política poderosa, de una población casi universalmente descontenta— simplemente no existían en este caso. Pero los fanáticos de Internet, desde periodistas hasta oficiales en el Departamento de Estado, cayeron en la trampa —dice Mozorov— de “sucumbir a la presión de olvidarse del contexto y comenzar por lo que permite Internet". Estas personas solamente piensan en términos de Internet y son “sordos a las sutilezas políticas y sociales” de una situación dada.
Lo que se emitió por Twitter y por otros medios fue la represión de la revolución. Las autoridades de Irán usaron la Web para identificar fotos de los manifestantes; para conseguir su información personal (por Facebook, naturalmente); para divulgar videos de propaganda; y para mandar SMS’s a la población y fomentar la paranoia contrarrevolucionaria.
Tampoco ayudó cuando un joven oficial del Departamento de Estado llamado Jared Cohen le pidió a Twitter que postergara tareas de mantenimiento ya programadas para interrumpir el flujo de mensajes de los manifestantes. La noticia de la complicidad de Twitter salió a la luz y, por lo tanto, incrementó la determinación de Irán, China y otros regímenes represivos a usar Internet para conseguir sus propias metas políticas.
En la opinión de Mozorov esta reacción a las “libertades” de Internet ya es rutinaria. La poligamia puede ser ilegal en Turquía pero eso no frena a los turcos de buscar más esposas en Internet. Las pandillas mexicanas criminales usan las redes sociales para compilar información sobre sus víctimas. Neofascistas rusos usan Internet para organizar pogromos. Hugo Chávez le contestó a una joven crítica en Twitter: “Hola Mariana, la verdad es que soy el anti-dictador” ¡LOL!
Como resalta Morozov, no hay que esperar que las corporaciones liberen a nadie en ningún momento del futuro próximo. Google hizo negocios en China durante años antes que la censura y condiciones económicos —no los derechos humanos— lo hiciera retirarse del mercado. Y es llamativo que ambos Twitter y Facebook han rechazado unirse al Global Network Initiative, un acuerdo que Morozov describe como “una promesa trans-industrial de comportarse de acuerdo con leyes y estándares que cubren el derecho a la expresión libre que es parte de documentos internacionalmente reconocidos como la Declaración Universal de Derechos Humanos".
Morozov urge a los cyber-utópicos a que abren los ojos: lo que motiva a los creadores de las redes sociales son las ganancias y nada más. “No sorpresivamente", escribe, “la peligrosa fascinación con resolver problemas previamente irresolubles con la ayuda de la tecnología permite que partidos con intereses propios disfracen lo que esencialmente es propaganda para sus productos comerciales dentro del lenguaje de la libertad y la libre expresión de ideas". En 2007, cuando estaba en el Departamento de Estado Jared Cohen escribió con una equivocación trágica que “Internet es el lugar donde jóvenes iraníes puede decir lo que quieran y operar libres del control del aparato policial-estatal". Gracias a esa tecnología nueva y excitante muchos de esos jóvenes ahora están en la cárcel o muertos. Cohen ahora trabaja para Google como el director de Google Ideas.
Para Mozorov, la tecnología es un vacío que está a la espera de ser llenado por el temperamento más fuerte. E Internet, argumenta, es un medio mucho más caprichoso que la radio o la televisión. Ni la radio o la TV tienen filtros basados en palabras claves que permiten que regímenes utilicen urls y texto para suprimir sitos Web que consideran peligrosos. Mozorov se refiere a esta costumbre como la “customización de la censura".
Mozorov, que nació en Belarús, escribe sobre el optimismo de los cyber-utópicos como los disidentes soviéticos una vez escribían sobre el optimismo de los comunistas utópicos. También tiene algo del pesimismo del europeo occidental. “La tecnología siempre cambia", escribe, “la naturaleza humana casi nunca".
Por ejemplo, una manera de protegerse de un gobierno que quisiera confiscar el disco duro de un disidente sería subir toda esa información a la Red, “a la nube". Lo único que necesitarías para acceder a tus documentos sería una clave. Pero hasta esta solución no tranquiliza a Morozov quien argumenta que un gobierno represor siempre “podría acceder a la clave torturando el administrador del sistema". Pero esto es como decir que porque los aviones se estrellan uno nunca debería volar.
Para Mozorov, la perspectiva de consecuencias no intencionales invalida cualquier optimismo.
Mozorov es vulnerable en otro aspecto también. Construyendo un argumento parecido al de Theodor Adorno y otros miembros de la Escuela de Frankfurt hace casi un siglo, Mozorov se lamenta de que Internet distrae al público en general de cualquier debate serio sobre la política. Pero las infinitas diversiones de Internet no han disuadido a los neofascistas rusos o los nacionalistas japoneses de perseguir a las minorías étnicas. En algún sentido, la pasividad universal inducida por la distracción es una bendición histórica.
Y Mozorov está encandilado también por el ensayo de Kierkegaard, “Los tiempos presentes”, en el cual el filosofo criticó el auge del periodismo masivo. Kierkegaard tuvo mucha razón en sus críticas, pero se olvidó de una cosa. Henry Luce y Stalin son dos personajes diametralmente opuestos.
Pero el péndulo ha girado por tanto tiempo hacia el lado de los cyber-utópicos que un poco de extremismo hace falta para lograr un equilibro. Morozov se ha atrevido a argumentar que Internet ha expuesto el talón de Aquiles de la democracia. Más frecuentemente que la moralidad flexible de la Red ha tenido el efecto de aplastar una comunidad debajo de pluralismos malos y diversidades atroces. En ese sentido, Internet está creando una anti-democracia igualitaria en la que la inhumanidad más fuerte destruye la elocuencia y decencia más racional.

“ Yo no soy un político; 
creo en la libertad.
 Esa es toda mi política.”
Charles Chaplin





Está por encima de cualquier elogio porque es el más grande. ¿Que otra cosa decir?. Es, en cualquier caso, el único cineasta que puede soportar sin ningún malentendido el calificativo  tan equívoco de “humano”.Desde la invención del plano secuencia en “The Champion” hasta la del cinema-verité en el discurso final de “El Gran Dictador”, Charles Spencer Chaplin, aún permaneciendo  al margen del cine, ha llenado en definitiva, este margen con más cosas  (¿qué otras palabras se pueden emplear: ideas, gags, inteligencia, humor, belleza, gestos...?) que todos los cineastas reunidos.....Se dice hoy Chaplin  como se dice Vinci, o mejor, Charlot como Leonardo. ¿Y que homenaje más  bello se puede tributar a un artista de cine, en pleno siglo XX, que citar estas  palabras de Rossellini después de ver “A King in New York”: “es la película de un hombre libre”. 
                             (Jean–Luc Godard. “Cahiers du Cinema”. Especial Cine Americano,
nº 150-151. Diciembre 1963 – Enero 1964)
“En los ambientes americanos está bien visto preferir Keaton a Chaplin. Es cierto que Keaton es un genio, y desde el punto de vista puramente técnico, sus películas son mejores que las de Chaplin, pero Chaplin era tan divertido... Era más humano. Cuando bajaba por una calle con ese aire  malicioso empezabas ya a sospechar que habría bronca ...Es mucho más moderno. Keaton era brillante y glacial; yo cambiaría con gusto todas sus películas por “Luces de la ciudad”. Es esa mezcla de humor y emoción lo que conmueve y me parece importante..”

Woody Allen (entrevista en Le Nouvell Observateur)


"El genio de Chaplin hay que buscarlo primero en su oficio original: la pantomima, que enriqueció y refinó casi excesivamente, y después dominó (cf. su doble papel en El gran dictador). A distancia, ella entra en sus películas mudas en composiciones a veces conflictivas con su sentido del espacio todavía demasiado estrecho, pero pronto más sutil que el de Mack Sennett (relación entre los gestos de personajes diferentes, elección de ángulos, cambios de escala). Después la filosofía de Charlot, vagabundo famélico, a menudo víctima, a menudo sentimental pero en ningún caso simple, y ligeramente sádico en ciertos momentos, ha sido indebidamente elevada al rango de un humanismo universal (lo que no significa, en absoluto, que la reflexión sobre la condición humana esté ausente). Sus límites están indicados por el famoso gag de Tiempos modernos en donde el "hombrecillo" se encuentra a la cabeza de una manifestación... porque agita el trapo rojo de una interrupción de tráfico. Hoy, tras un eclipse debido a la política malthusiana del mismo Chaplin en cuanto a una nueva aparición de sus películas, al redescubrimiento de Buster Keaton, a la debilidad de los comentarios vacíos que añadió a algunas de sus obras (sobre todo La quimera del oro) y a la cursilería intrínseca de Candilejas, la reedición integral de los largometrajes nos ha recordado la verdadera grandeza, no exenta de amargura pero a menudo dotada de hermosa generosidad, que sigue siendo la de Chaplin."

(biografía extraída de “Cineguía”)


Chaplin es uno de los artistas de los que más se ha hablado, escrito y publicado en este siglo. Muchos intelectuales y otros artistas se ocuparon de su persona. Las hemerotecas están llenas. Sin embargo, y como suele ser, con desgracia, habitual, en España no podemos encontrar muchas cosas de las que hay. Algunos libros antiguos, estupendos, están descatalogados, y en la actualidad no hay mucha gente dispuesta a escribir en nuestro país, o quizás deba decirse en nuestra lengua, sobre alguien como Chaplin. ¿Acaso no está de moda o no  es rentable?.

       Los libros que puedes ver aquí son todos estupendos. Algunos son clásicos absolutos como los de los franceses Leprohom, Sadoul o Bazin. Otros, como el de Manuel Villegas-López, que se acaba de reeditar, recibieron el beneplácito del mismísimo Chaplin en vida.  Y otros, como el triple ensayo de los, por entonces, soviéticos, son un pequeño caramelo.







"Charles Chaplin"Publicación de la Filmoteca
Nacional española. 1973

"Charlie Chaplin"André Baín & Eric Rohmer
Fernando Torred editor
Valencia, 1974


 "El Arte de Charles Chaplin"Eisenstein, Bleiman, Kosintsev
Ediciones Nueva Visión
Buenos Aires 1973

"Vida de Chaplin"George Sadoul,
Fondo de Cultura Económica.
México, 1952



"Charles Chaplin"Manuel Villegas-López
Ediciones JC
Madrid, 1990

"Mi autobiografía"Charles Chaplin
Editorial Debate
Madrid, 1989



"Chaplin"Wolfgam Tichy
Salvat, Barcelona
1988

"Charles Chaplin"Pierre Leprohom
Ediciones Rialp S.A.
Madrid, 1961








"The comic art of Charlie Chaplin"Denis Gifford y Mike Higgs
Hawk books limited
Londres, 1989


Este estupendo libro editado en Londres
 con motivo del centenario de Chaplin. Está lleno de estupendas fotografías, carteles de sus películas   (de todas las épocas y de todos los paises), y muchísimo material  gráfico sobre Chaplin. Entre lo más curioso, figura un buen número de "comics"con tiras deCharlot.








"Los films de Charlie Chaplin"Gerard D. McDonnald, Michael Conway y Mark Ricci
Aymá S.A.editora
Barcelona, 1975





"The Chaplin Encyclopedia"
Glenn Mitchell
B.T. Batsford. London. 

1997






“Ese hombrecillo que camina con los pies hacia fuera es, en cierto modo, el héroe de nuestro tiempo. Expresa una realidad viviente y resume el idealismo limitado de los hombres de hoy. Ante todo, Charlot debe esforzarse por vivir, y para eso es preciso que entre en lucha con todas las fuerzas sociales”
Phillipe Soupault, en la revista “Europe”


Charles Chaplin 


A Nigth Out (Charlot trasnochador, 1915)
El cómico y cineasta británico Charles Chaplin es una de las personalidades más destacadas de la historia del cine. Las películas que dirigió y protagonizó han mantenido su popularidad a lo largo de los años y continúan siendo contempladas con deleite por personas de distintas generaciones.
Figura pionera de la cinematografía, Chaplin supo sacar partido de sus extraordinarias dotes como mimo para convertirse en uno de los personajes más populares del cine mudo. Destacó por su capacidad para combinar el humor con el sentimentalismo en unos argumentos de gran complejidad. Su gran dominio de la gestualidad y su capacidad para crear situaciones hilarantes le permitieron superar las limitaciones que imponía el hecho de no poder valerse del lenguaje oral. De esta manera, elaboró un cine basado en la pantomima y en la expresividad de la imagen, que ha sido imitado décadas después por cómicos como Mel Brooks o Mister Bean.
Chaplin se hizo popular gracias a su Charlot, probablemente el personaje más famoso de la historia del cine. Las aventuras de este vagabundo ingenuo y sentimental han sido exhibidas en infinidad de ocasiones. De hecho, es difícil que alguien sea incapaz de identificar a este personaje de peculiar bigote, que viste pantalones anchos, chaqueta estrecha, un sombrero de bombín desvencijado y que empuña un bastón de caña: su imagen ha sido reproducida hasta la saciedad en revistas, periódicos y programas de televisión.
Algunas de las películas de Chaplin se han convertido en verdaderos clásicos y han despertado la admiración de los cinéfilos, como ocurre con El chico (The kid, 1920), La quimera del oro (The gold rush, 1925) o Luces de la ciudad (City lights, 1931). Otros de sus filmes han destacado por su capacidad de reflejar con ironía los acontecimientos históricos. Es lo que sucede, por ejemplo, con Tiempos modernos (Modern times, 1935), obra en que se trataban de forma crítica las consecuencias de la industrialización y el capitalismo, o El gran dictador (The great dictator, 1940), filme en el que Chaplin parodiaba al dictador alemán Adolf Hitler.
La vida del cómico británico fue llevada a la pantalla en Chaplin (1992), un filme dirigido por Richard Attenborough y protagonizado por Robert Downey hijo.
Filmografía
1914Charlot periodista (Marking a Living).
Carreras sofocantes (Kid Auto Races at Venice).
Aventuras extraordinarias de Mabel (Mabel's Strange Predicament).
Todo por un paraguas (Between Showers).
Charlot y el fuego (A Film Johnnie).
Charlot en el baile (Tango Tangles).
Charlot extremadamente elegante (His Favorite Pastime).
Un amor cruel (Cruel, Cruel Love).
Charlot, huésped ideal (The Star Boarder).
Mabel y el auto infernal (Mabel at the Wheel).
Charlot de conquista (Twenty Minutes of Love).
Charlot camarero (Caught in a Cabaret).
Charlot y la sonámbula (Caught in the Rain).
Charlot sufragista (A Busy Day).
El mazo de Charlot (The Fatal Mallet).
Charlot, ladrón elegante (Her Friend the Bandit).
Charlot, árbitro (The Knockout).
Mabel, vendedora ambulante (Mabel's Busy Day).
Charlot en la vida conyugal (Mabel's Married Life).
Charlot, falso dentista (Laughing Gas).
Charlot "regisseur" (The Property Man).
Charlot pintor (The Face on the Bar-Room Floor) . La pícara primavera (Recreation).
Charlot, artista de cine (The Masquerader).
Nueva colocación de Charlot (His New Profession).
Charlot y Fatty en el café (The Rounders).
Charlot, conserje (The New Janitor).
Jes, rival de Charlot (Those Love Pangs).
Charlot panadero (Dough and Dynamite).
Mabel y Charlot en las carreras (Gentleman of Nerve).
Charlot domina el piano (His Musical Career).
Charlot se engaña (His Trusting Place).
Aventuras de Tillie. El romance de Charlot (Tillie's Punctured Romance).
Charlot tiene una mujer celosa (Getting Acquaninted).
Charlot prehistórico (His Prehistoric Past).
1915Charlot cambia de oficio (His New Job).
Charlot trasnochador (A Nigth Out).
Un campeón de boxeo (The champion).
Charlot en el parque (In the Park).
Charlot vagabundo (The Tramp).
Charlot en la playa (By the sea).
Charlot trabajando de papelista (Work).
Charlot, perfecta dama (A Woman).
Charlot, portero de banco (The Bank).
Charlot marinero (Shanghaied).
Charlot en el teatro (A Night in the Show).
Carmen (Carmen).
Charlot, licenciado de presidio (Police).
Aventuras de Charlot (Triple Trouble).
La revista de Charlot (The Essanay Chaplin Revue).
1916Charlot, encargado de bazar (The Floorwalker).
Charlot bombero (The Fireman).
Charlot, músico ambulante (The Vagasond).
Charlot, a la una de la madrugada (One A. M .).
El conde (The Count).
Charlot prestamista (The Pawnshop).
Charlot, tramoyista de cine (Behind the Screen).
Charlot, héroe de patín (The Rink).
1917Charlot en la calle de la Paz (Easy Street).
Charlot en el balneario (The Cure).
Charlot emigrante (The Immigrant).
El aventurero (The Adventurer).
1918Vida de perro (A Dog's Life).
¡Armas al hombro! (Shoulder Arms!).
The Bond . 1919 Al sol (Sunnyside).
Un día de juerga (A days pleasure).
1920El chico (The Kid).
1921Vacaciones (The Iddle Class).
1922Día de paga (Pay Day).
El peregrino (The Pilgrim).
1923Una mujer de París (A Woman of Paris).
1925La quimera del oro (The Gold Rush).
1927El circo (The Circus).
1930Luces de la ciudad (City Lights).
1935Tiempos modernos (Modern Times).
1940El gran dictador (The Great Dictator).
1946Monsieur Verdoux (Monsieur Verdoux).
1952Candilejas (Limelight).
1956Un rey en Nueva York (A King in New York).
1966La condesa de Hong-Kong (A Countess From Hong-Kong).