Guy Le Baube

Desde Francia os presentamos a Guy Le Baube, un artista que desde el mundo de la moda, siguiendo, lo que parece ya una carrera habitual y trampolín para publicar sus obras mas personales, alcanzó su primer gran éxito a principios de los años 90 con ‘Behind the Scene’.

Desde entonces ha publicado numerosos trabajos, centrados inicialmente en el blanco y negro, aunque últimamente ha tornado hacía el color emulando verdaderas narraciones eróticas que le han traído aun mejoras críticas.

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FETICHISMO - FOTOGRAFIA - EROTISMO: Jean-François Jonvelle

Jean-François Jonvelle fue un fotógrafo de moda francés, que murió en el año 2002 a los 58 años, en apenas 15 días después de haberle detectado un tumor cancerigeno.

Su obra está basada en retratos de mujeres, a menudo de sus amigas y conocidas – se le ha achacado un ‘exceso’ de implicación con sus modelos-, marcada por una profunda sensualidad y deseo, por sus aires y ética libertaria, pero sobre todo por su compromiso en la liberación de los códigos sexuales en una difícil época de post-guerra.
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Anaïs Nin
Anaïs Nin, escritora francesa, que vivió casi toda su vida en Nueva York y terminó nacionalizándose estadounidense. Autora de novelas eróticas de estilo surrealista, rompió abiertamente con la literatura patriarcal y le dio una voz a la identidad femenina, aunque fue más conocida por sus “Diarios”, publicaciones en las que nos cuenta su vida y su entorno. Toda su obra constituye un desafío a su época.
Nació el 21 de febrero de 1903, en Neuilly, cerca de París. Hija de padres cubanos, éstos se separaron cuando Anaïs tenía 11 años.
Se fue a vivir a Nueva York con su madre y sus dos hermanos, pasando su infancia con su familia cubana y adquiriendo la nacionalidad estadounidense. El abandono de su padre hizo que se recluyera en sí misma y empezó a escribir un diario para protegerse de la realidad. Este diario, que no dejaría de escribir nunca, llegó a tener 35.000 páginas y fue publicado paulatinamente en varios tomos a mediados de los años 60. Con ellos adquiriría el reconocimiento definitivo como escritora.
En Nueva York asiste a escuelas católicas, pero nunca sería una buena practicante. Deja la escuela con 16 años, y encuentra trabajo como modelo y bailaora de flamenco.
Obsesionada con su padre, del que se creía enamorada, se inicia en el psicoanálisis con Otto Rank, uno de los primeros discípulos se Sigmun Freud, quien le sugiere que escriba para evitar esa obsesión.
En 1923 se casa en La Habana con un banquero neoyorquino, Hugh Guiler, y regresa a vivir a París. Allí escribiría su primer libro, un pequeño ensayo sobre DH Lawrence, escritor que a Anaïs le gustaba leer.
Vuelve a Nueva York y comienza a escribir una historia en la que vuelca sus inquietudes y las del mundo en que se desenvuelve, titulada “La casa del incesto”, pero debido al carácter controvertido de su novela no encuentra editorial para su publicación, por lo que ella misma, con una rústica imprenta, edita éste y otros escritos futuros.
Su pasión por la vida afecta también a sus relaciones amorosas. A pesar de estar casada, siempre se la conocieron amantes, pero sería con Henry Miller, un escritor desconocido en esa época, con quien trabaría una rara e indisoluble relación. La mujer de Miller, June Mansfield, estaba de viaje en París. Cuando June regresa a Nueva York, Anaïs siente una fuerte atracción por ella, que se ve correspondida y se convierten en amantes, transformando su relación en un exitoso triángulo amoroso.
También volvió a encontrarse con su padre, con quien tuvo una relación incestuosa.
A pesar de que sus novelas empezaban a ser reconocidas por público y crítica, ninguna editorial se atrevía con ellas por su alto contenido erótico, por lo que seguían siendo editadas con el propio dinero de la autora.
Junto con Henry Miller, y para sobrellevar una época de penuria económica, llegó a escribir por encargo de un lector anónimo, una serie de cortos relatos eróticos que cobraban a un dólar por página.
Fue la primera mujer occidental y una de las primeras en todo el mundo, que se atrevió a escribir y publicar relatos eróticos, que fueron recogidos primero en su libro “Delta de Venus”, en el que se aprecia una fuerte influencia del antiguo texto hindú Kama sutra, y después en “Pajaritos”. Antes de ella, la literatura erótica escrita por mujeres era muy escasa.
Pero al llegar los años 60, Anaïs se decide a publicar sus “Diarios”. Es en ese momento cuando le llega el éxito por aclamación popular e irrefutable. Su figura y su obra fue entonces reivindicada por las feministas, movimiento en pleno auge y se la considera pionera en el difícil campo la liberación femenina. Esto no quita para que se la reconociera como persona virtuosa y delicada, que mostró al mundo su “yo” más íntimo en sus diarios.
Estos “Diarios”, extremadamente sinceros, íntimos y personales, nos hablan de la vida que vivió y de la gente con la que se relacionó. Gente interesante e influyente relacionada con el mundo de la cultura, tanto su faceta literaria, como artística o incluso del campo de la psicológica. En los “Diarios” podemos observar la obsesión compulsiva por su padre, que les abandonó por una mujer más joven. También nos cuenta sin tapujos su vida licenciosa, o cómo estaba dolida por su poca aceptación como escritora en Norteamérica, sintiéndose ella norteamericana. Su diario era su único refugio personal, su único amigo al que hablaba con amor y sinceridad, desvistiendo su alma.
De algunos de estos “Diarios” hay dos versiones, pues en las primeras publicaciones se evita mencionar a determinas personas que aún vivían y podían sentir malestar por ello. Según iban falleciendo estas personas, se publicaban nuevas ediciones incluyendo la parte previamente censurada. Su esposo Hugo, expresó su deseo de no salir en ninguno de sus “Diarios”, por lo que no se le menciona en ningún momento.
Anaïs fue una persona narcisista, lo que la convertía realmente en alguien solitario. Sus amoríos pasaron por todos los posibles tipos de relación, desde el incesto hasta la homosexualidad, ninguna de ellas definitiva y duradera.
Aunque escribió mucho y de manera constante, Anaïs Nin conoció la fama casi al final de su vida. Pocos años después de publicarse sus diarios se la detectó un tumor de ovarios.
Anaïs murió en Los Angeles el 14 de enero de 1977, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron esparcidas sobre la Bahía de Santa Monica. Fue una mujer inadaptada, que no quiso o no supo vivir de manera ordinaria.



Jaime Sabines (1926-1999) 


 


[...] No acostumbro meterme con la poesía política ni 
trato de arreglar el mundo. Más bien soy un burgués 
acomodado a todo, a la vida, a la muerte y a la 
desesperanza. No tengo hábitos sanos ni he aprendido 
a reír ni a conversar con nadie. 
Soy un poco de todo, y pienso que si fuera en un buque 
pirata sería lo mismo el capitán que el cocinero. 

Sabines 

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Biografía 

Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; 25 de marzo de 1926 - Ciudad de México; 19 de marzo de 1999). Fue un poeta y escritor mexicano, el más entrañable de los poetas de México, lega eso en su poesía: las entrañas de la piel, las entrañas del ser. Surge diciendo cuanto se encuentra en el fondo y cómo se encuentra en el fondo (de una manera vital y desgarrada) de los hombres y diciéndolo bien. 
No pacienta entre la liviandad del espíritu sino que se apropia el heno de la carne. Le importa la terrenalidad en cuanto ámbito que es de la pasión, de la expresión de la construcción de los hombres y las mujeres. Sus demonios y sus aspiraciones son aquellos derivados de la misma pasión, fuente donde vive y vibra la fidelidad a los instintos, a los instantes, tabla verdadera de salvación y de la realización. 
Fue hijo de Julio Sabines, quien emigró del Líbano en 1902. Don Julio llegó a Chiapas en 1914, ahí conoció a Doña Luz Gutiérrez, hija de una familia burguesa de la zona y posteriormente madre de Jaime Sabines. 
Jaime Sabines tuvo una infancia normal, fue jugador de trompo, canicas y basquetbol. Declamador desde la primaria, lo fue oficialmente en la secundaria. 
En 1945 viajó a la Ciudad de México para comenzar sus estudios como médico, pronto se dio cuenta de que la carrera de medicina no era para él, en ese momento es cuando comienza su carrera de escritor. Regresó a Chiapas por una corta temporada y estuvo trabajando en la mueblería de su hermano Juan. 
En 1953 se casó con Josefa Rodríguez Zebadúa con quien tuvo cuatro hijos: Julio, Julieta, Judith y Jazmín. 
Falleció el 19 de marzo de 1999 en la Ciudad de México, víctima de cáncer, a la edad de 72 años. 

Es importante señalar que el 20 de noviembre de 2008, como un homenaje a Jaime Sabines Gutiérrez con motivo de su décimo aniversario luctuoso, el Congreso del Estado de Chiapas aprobó la iniciativa por la que fue declarado el 2009 como Año del poeta y escritor. 






 

Octavio Paz calificó a Sabines como uno de los mejores 
poetas contemporáneos de nuestra lengua, y agregó: Su humor es un chaparrón de bofetadas, su risa culmina en un aullido, su cólera es acerada y su ternura colérica. Pasa del jardín de la infancia a la sala de operaciones. Para Sabines, todos los días son el primero y el último día del mundo. 

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Reflexiones 

Respecto a sus estudios de medicina: 
Fue un fracaso total; la mayor tragedia de mi vida. Desde el primer día me di cuenta de que yo no iba a ser médico. 

De su lectura de la Biblia, del cual se refería como "el padre de todos los libros", en la versión de Casiodoro de Reyna: 
El Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, el Libro de Job: "Ahí encontré otra gente que se estrella contra la vida todos los días. [...] Estaba en el corazón de los conflictos. 

Su paso por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México lo llevó a convertirse en un poeta urbano. Al respecto recuerda: 
En Tuxtla sabían que escribía y todos me saludaban. Adiós, poeta; adiós vate. El problema es que en ese medio lo aceptan a uno sin rigor, sin exigencia, y el problema está en que uno puede llegar a no tenerlo consigo mismo. Me di cuenta de que tenía que revolucionar; aprender cosas nuevas para no quedarme atrás. Me di cuenta y me rebelé. 

De la época en que se hizo cargo de la tienda de telas "El Modelo" en Tuxtla Gutiérrez se refiere así: 
Era un poeta y sin embargo cada mañana tenía que levantar cuatro chingadas cortinas de acero y barrer la calle por donde la gente pasaba tirando basura. Era un poeta, pero tenía que ponerme a vender metros de manta o delantales o no sé qué carajos. Entré a formar parte de los ladrones autorizados: los comerciantes. 
[...]aunque en el fondo supiera que yo era antes que nada un poeta. Yo había escrito Horal y La Señal, me sentía gran promesa de la literatura mexicana, me lo habían dicho en la prensa y en otros lados, y de pronto me enfrento con la realidad; me quería casar, formar una familia y no tenía más que la tienda que me dejaba mi hermano. Me sentía humillado y ofendido por la vida, ¿cómo era posible que estuviese en aquella actividad, la más antopoética del mundo? Después de dos o tres años comencé a ser humilde, a decirme: que se vaya al carajo el poeta. 

 

Sobre su trabajo comenta: 
Siempre busqué libertad para escribir, me alejé de la burocracia, del periodismo, de todo lo que me podía perjudicar: mi experiencia de hacer una vida literaria es bastante desagradable. Es casi todas las cosas, es una actitud snob, inocua, superficial y lastimosa. 


En cuanto a su formación y actitud ante la vida señala: 
Mis verdaderos maestros han sido Goethe, Shakespeare, Dostoievsky, Tagore. Para mí los grandes novelistas son también los grandes poetas. Un caso concreto: Rulfo. Creo que la poesía está más allá de la forma de un texto. Una obra de Shakespeare o una novela de Dostoievsky me conmueven tanto como el mejor poema. Goethe para mí fue una gran lección, un hombre tan macizo, entero, que vencía sus propios demonios, se controlaba, porque uno tiene la tendencia siempre ha desbarrancarse, a caer en el abismo, y creo que se debe vivir a lo hombre precisamente en ese sentido, de controlar tus propios demonios, de ser, pues, como la gente común y corriente. 

Y de sus lecturas: 
Los escritores no te dejan copiar su estilo, si acaso su libertad. 

Respecto a la poesía, escribe: 
La poesía ocurre como un accidente, un atropello, un enamoramiento, un crimen; ocurre diariamente, a solas, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida. 

El poema es el momento en que se capta con la sangre el pensamiento de la vida. 

El ejercicio de la poesía es un oficio impúdico. El poeta es un aspirante a santo desnudo, es un tratante de la heroicidad, es un hombre vendido gratuitamente. El poeta se sirve del hombre, como el amante se sirve de la mujer, para decir las palabras definitivas. (Las palabras definitivas son las que usa la gente todos los días.) El poeta como el amante, tiene que llegar al silencio: en el silencio están Dios o la muerte, o los dos al mismo tiempo para las almas felices. 

 

Sobre ser poeta señala: 
El poeta es el condenado a vivir [...] El poeta es el escribano a sueldo de la vida. 

De los críticos y la crítica opina: 
Ya estoy acostumbrándome a los críticos: el uno elogia precisamente lo que al otro le pareció mal. No queda otro recurso que la propia crítica, el estudio y el trabajo. En este sentido estoy haciéndome, y sé que me falta mucho. Quiero ser un poeta, no un juglar. 






Qué entiende por poesía, dónde la encuentra y cómo escribe: 
Creo que el hombre está solo; la poesía es un puente que se tiende de una soledad a otra. Todo el arte verdadero no es más que un intento de comunicación, de comunicón humana (...) Siempre que responda a una vivencia humana, será poesía. El poema no tiene más que una medida: la de su autenticidad (...) No se tiene derecho a hablar de lo que no se ha vivido. 

Vista, sentida así, la poesía es una verdadera maldición -y, claro, por momentos, una verdadera bendición. Sólo quedamos tranquilos cuando deshuesamos el poema, cuando le rompemos el espinazo y, por supuesto, nunca lo logramos. Siempre continúan las malditas palabras tan fuertes, tan inamovibles, tan necesarias como el aire. 






Opinión sobre el análisis estructural de su obra: 
Tal vez no me gusta porque le meten a uno la mano hasta las entrañas... uno se desnuda ya en el poema y luego le meten a uno la mano hasta adentro... 

Por su papel de diputado, afirmaba irónicamente entre amigos: 
Ser diputado te da poder durante tres años. Pero la vergüenza te dura toda la vida. 


Sobre las influencias en el escribir: 
Cuando yo me atreví a publicar es porque sentí que ya había pasado por el tiempo de las influencias que son propiamente formales: escribir a la manera de, escribir como alguien... no, eso ya me había sucedido. Pero yo nunca publiqué nada así, porque yo tenía un gran sentido autocrítico, siempre lo tuve y me daba yo cuenta de las ataduras que tenía con otros autores. Recibí otro tipo de influencias, pero que no son meramente formales, sino formativas, como la de Joyce, por ejemplo. ¿Pero en qué se traduce la influencia de Joyce? Se traduce en una gran alegría, en una gran libertad de escribir. No en escribir a la manera de Joyce, para ser más claros, ¿no? Escribir con el jugo y la alegría, en la libertad de Joyce. Son autores que no te dejan copiar su estilo, sino intentar su libertad. 






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Jaime Sabines publicó 10 libros que condensan parte de su poesía: 

Horal (1950) 
La Señal (1951) 
Adán y Eva (1952) 
Tarumba (1956) 
Diario Semanario y poemas en prosa (1961) 
Poemas Sueltos (1951-1961) 
Yuria (1967) 
Maltiempo (1972) 
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) 
Otros Poemas Sueltos (1973-1994) 

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Algunos de sus poemas 

Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
-maldita y arruinada soledad
sin no mismo-
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixia, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amaga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino
que murió nuestra muerte,
y que en todo descubrimos.

Amargo desde dentro,
desde lo que no soy,
-mi piel como mi lengua-
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
remoto -nada hay detrás-,
lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal
que soy, que he sido.
 


 






YO NO LO SÉ DE CIERTO, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor unos cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
 

 

Adán y Eva
I

-Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate.

-Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció?

-Es de día, pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a galopar los árboles. Escucha.

-Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a ti.

Adán fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy ancho, y que jugaban con el agua hasta el cuello, y reían, mientras pequeños peces equivocados les mordían las piernas. 



IV

-Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?
Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.
¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?
Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.
Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.
Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.
¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.
 






 

Yuria 

No quiere decir nada. Es todo: es el amor, es el viento, es la noche, es el amanecer. Podría ser también un país: ustedes están en Yuria. O bien una enfermedad: hace tiempo que padezco de Yuria. 
Esto afirma Jaime Sabines al hablar del título de este poemario publicado en 1967, por la editorial Joaquín Mortiz. Por su parte, Rosario Castellanos, atenta lectora de este poeta, dice: 
Los lectores de Yuria hace tiempo que estamos en Yuria, detenidos ante este poderoso momento en que un hombre graba su protesta, su esperanza y desesperanza, su sabiduría y sus oscuridades, aguardando a que venga el otro y lo descifre y lo comparta. 


 






Me preocupa el televisor. Da imágenes distorsionadas últimamente. Las caras se alargan de manera ridícula, o se acortan, tiemblan indistintamente, hasta volverse un juego monstruoso de rostros inventados, rayas, luces y sombras como en una pesadilla. Se oyen palabras claramente, la música, los efectos de sonido, pero no corresponden a la realidad, se atrasan, se anticipan, se montan sobre los gestos que uno adivina.

Me dicen que un técnico lo arreglaría en dos o tres días, pero yo me resisto. No quiero la violencia: le meterían las manos, le quitarían las partes, le harían injertos ominosos, transplantes arriesgados y no siempre efectivos. No volvería a ser el mismo.

Ojalá supere esta crisis. Porque lo que tiene es una fiebre tremenda, un dolor de cabeza, una náusea horrible, que lo hacen soñar estas cosas que vemos.
 

 

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines 

Todo el poema se hizo con llanto, con sangre. Es un poema del que no me gusta hablar porque es puro dolor y desgarramiento, impotencia ante la muerte... 







IV

Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.

Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.

En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.

También están los rostros de algunas mujeres
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!


V

De las nueve de la noche en adelante,
viendo televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.

Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca el aire...

(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)

Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de penas.
Quiero decir que a mí me sobre el aire...
 



Fuente: TARINGA
PIEDRA DE HORNO
(Nicolás Guillén)
La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo,
creo;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
desciende de tu pelo,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.







Octavio Paz calificó a Sabines como uno de los mejores 
poetas contemporáneos de nuestra lengua, y agregó: Su humor es un chaparrón de bofetadas, su risa culmina en un aullido, su cólera es acerada y su ternura colérica. Pasa del jardín de la infancia a la sala de operaciones. Para Sabines, todos los días son el primero y el último día del mundo. 




“Vivirnos”
No me digas que esta noche tu presencia murmurada,
tu casi invisible presencia,
de tan rumorosa que me eres,
de tan silenciosa y sonreída que esta noche te siento.
Aquí, tendida a mi lado,
como casi una nota musical suspendida;
en medio del silencio de la noche,
cuando nadie sospecha tu presencia, una luz
que silenciosa, que adelgazadamente ha irrumpido.
Dime. Callemos… ¿Qué es el amor? Vivirnos.
Vivirnos día a día. Son años, Son un minuto. Son el inmóvil
discurrir de la vida.
Quietos,
vemos pasar el tiempo. Corriente
parada, paradísima, milagrosa, donde tú estás eternamente juvenil.
mientras yo te contemplo, yo me vivo, trabajo,
amaso mi vida contra aquello que pasa. Soy lo que pasa.
Pero no paso, abrazado
a ti, a tu estar, a tu sonreír, a tu existir sin medida.
Oh silencio suspenso donde milagrosamente una nota resuena.
Una gota de agua que en la oscuridad nunca cede,
nunca cae, y en la cueva indecible misteriosamente brilla.
Brillo, vida, amor mío, presente continuo que en la cueva
del amor me recrea.
Oigo fuera los tiempos. Oigo el embate cruel de las
amontonadas espumas,
y siento aquí el aire parado, el frío delgado del aire inmóvil
de la cueva sublime,
y allí tú, delicada perla que por siglos viniste,
gota mirífica donde con el solo brillo interior
interminablemente resplandeces.
Carne, alma mía, verdad concreta,cuerpo precioso.
Clara tú, clara siempre, que a mí dadivosamente has sido pronunciable.
Pronunciarte, decirte, con tu bulto adorarte,
montón real, continuamente vivido como una verdad
confesada.
Mi confesión, mi dulce ser, mi dulce estar, mi vida sola,
tú, mi perpetua manifestación hasta el fin de mi vida.
Vicente Aleixandre




“No decía palabras”
No decía palabras,
Acercaba tan sólo su cuerpo interrogante,
Porque ignoraba que el deseo es una pregunta
Cuya respuesta no existe,
Una hoja cuya rama no existe,
Un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
Remonta por las venas
Hasta abrirse en la piel,
Surtidores de sueño
Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
Una mirada fugaz entre las sombras,
Bastan para que el cuerpo se abra en dos,
Ávido de recibir en sí mismo
Otro cuerpo que sueñe;
Mitad y mitad; sueño y sueño, carne y carne;
Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Luis Cernuda



Fotografía de Beksinski


“Pensarte es tenerte”
¡Cómo me dejas que te piense!
Pensar en ti no lo hago solo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia,
y más que consentir, más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero
-unirnos- al pensarte,
y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo solo.
Pedro Salinas