La tercera la que empieza con el Adagietto, una de sus páginas más famosas si no populares. Este Adagietto lo compuso tan sólo para instrumentos de cuerda y arpa. Su contenido y lento tiempo da un reposo, unos momentos de descanso e introspección que contrastarán con el animado Rondó final que le sigue y con el cual la obra concluye. Es una isla en medio de una tempestad. Un diálogo del alma con el silencio que la rodea.




"Marcello Rubini es un papparazzi, en busca de celebridades, que se mueve con insatisfacción entre las fiestas nocturnas que celebra la burguesía de la época. Un día es informado de que Sylvia, una célebre diva del mundo del cine, llega a Roma. Marcello decide que ésta es su oportunidad de conseguir una gran noticia, y perseguirá a esta bella dama por las fiestas nocturnas de la ciudad."




"La existencia fragmentada de Marcello, seducido por los frívolos placeres de la "dolce vita" romana, se expresa en los encuentros de cada día, entre los caprichos y amenazas de una amiga celosa y paranoica, la malograda relación con su padre y los vicios compartidos con una aristocracia árida y artificial. Por un momento parece acercarse a sí mismo a través de su amistad con Steiner, un escritor existencialista, pero al poco tiempo éste se suicida tras matar a sus propios hijos. Harto de esta vida, Marcello siente renacer el deseo de escribir y se refugia en un pueblo de provincia, pacífico y silencioso. Pero su serenidad dura poco: en breve, las lisonjas efímeras de la alta sociedad lo arrojan a una existencia carente de valores morales. En la escena final, al día siguiente de una fiesta en Fregene, el desencanto de Marcello se plasma en la figura de un animal descompuesto que el mar ha llevado a la playa. En el horizonte, donde se recorta el cadáver del monstruo, una adolescente le hace señas de seguirla. Pero él apenas la ve, casi no le presta atención y no entiende sus palabras."
Dolce-Vita




FINAL DE LA DOLCE VITA



"Esa raya gigantesca que les mira con ojos de asombro ,porque 
en el fondo los monstruos son esos zombies que caminan como en una procesion de desventurados . La única imagen salvadora es la de la dulce perugina que intenta 
un diálogo pero el ruído del mar lo impide ; el gesto de Marcello es el que va a marcar toda su vida ,una interrogación ."



Los inútiles (título original: I Vitelloni) es una película italiana (drama) de 1953, en blanco y negro, de 103 min. de duración, dirigida porFederico Fellini. El guion es de Fellini y Ennio Flaiano; la música, de Nino Rota. Fue galardonada con el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 1953.

Sinopsis y análisis de los caracteres

Fin de verano en la ciudad balnearia de Rímini, en la costa del Adriático: un aguacero interrumpe la elección de «Miss Sirena 1953» , y la hermosa joven Sandra se desmaya... Así se revela su embarazo a su familia y a su novio, Fausto. El joven Moraldo (hermano de Sandra y amigo de Fausto) y el propio padre de Fausto aconsejan fuertemente a éste que se case en breve plazo con Sandra.
Tras la boda y el regreso de viaje de luna de miel de la joven pareja, en la estación balnearia fría y desertada y en sus playas venteadas y desoladas,1 se revelan los caracteres de Fausto y de su pandilla. Excepto Moraldo, son «becerrones» de cerca de 25 años, inmaduros, que se tumban a la bartola en la vida, vagueando en un estado de tedio, parasitando a sus familias, esquivando el trabajo y evitando contraer responsabilidades. La palabra "vitellone" ("becerrón") se empleaba en Pescara, de donde es natural el guionista Ennio Flaiano, para referirse a un joven zángano.
Pero cada uno de los "vitelloni" tiene sus propias carencias:
  • Fausto es un mujeriego incorregible: aun joven casado y con niño, sigue corriendo las faldas, a veces ante los ojos de su joven esposa. Cuando su padre le facilita conseguir un trabajo en la tienda de un amigo suyo (que vende artículos de piedad), ese tenorio de playa se atreve a perseguir la dueña de cerca, y el marido le despide con cajas destempladas…
  • Alberto es un tímido en la calle, pero a casa señorea su madre viuda y vigila celosamente a su hermana. Durante la fiesta de Carnaval, pierde todo comedimiento, se emborracha, y, debajo de una máscara, baila sin freno…
  • Ricardo es un tonto, buen cantante, siempre listo para seguir a los otros de jarana.
  • Leopoldo es un escritor de poco fuste. Cuando un actor maduradísimo viene a actuar en el teatro de la ciudad, trata de mostrarle una de sus obras de teatro. Pero el joven se da a la fuga cuando se percata de que el viejo libidinoso2 se interesa más por él que por su obra...
Un día Fausto, una vez más, vuelve a casa por la madrugada, y se percata de que Sandra ha desaparecido con el bebé. Asustado, los busca por todas partes con sus amigos, hasta descubrirla en casa de su propio padre. El padre de Fausto, harto de las inconsecuencias de su hijo, le empuña y le vapulea a cinturonzazos, lo que habrá quizás un buen efecto de ahora en adelante…
Pero Moraldo, cansado de debilitarse en ese marco estéril con esos amigos sin porvenir, sube de repente en el tren para Roma: va a buscar trabajo y una vida más amplia. Y el tren se lanza, mientras que los vitelloni, envarados en su mediocridad, se quedan en sus camas.

Los inútiles (I Vitelloni)
Moraldo, Riccardo, Leopoldo, Fausto y Alberto son cinco "vitelloni" de la costera ciudad de Rímini, una panda de gandules que pasan sus días en el bar, hablando de pequeñas cosas, de mujeres y de grandiosas expectativas destinadas a frustrarse. Para uno de ellos, sin saberlo, las cosas están por cambiar. En una glamurosa fiesta a principios del verano, mientras Riccardo canta, Fausto se entera de que va a tener un hijo con Sandra, la hermana de Moraldo. Acepta su nueva responsabilidad sin entusiasmo y comienza a trabajar en una tienda de artículos religiosos. En tanto, sus amigos continúan viviendo la ilusión de un tiempo inmóvil, en el cual la vida no empieza nunca. Sobre todo Alberto, el más atolondrado, que vive a expensas de su hermana y se burla de quienes tienen que trabajar para comer. Por el contrario, Moraldo siente que ya no encaja en el provincialismo de su mundo y comienza a apartarse de sus compañeros. Fausto, incapaz de renunciar a sus viejas costumbres, se embarca en una peligrosa relación con la mujer de su jefe. Durante una fiesta de Carnaval a la que asisten todos, Sandra se entera del hecho y huye con su hijo a casa de su suegro. El joven comprende su torpeza y corre a pedirle perdón, pero se encuentra también con su padre que, furibundo, le azota con el cinturón. Al día siguiente la vida recomienza. Mientras la pareja intenta arreglar su situación, los demás vuelven a su cotidianeidad con sus miserias, su abandono y su ingenua despreocupación. Sólo Moraldo, una mañana, parte silenciosamente en un tren, con el pensamiento puesto en la vida y en las personas que deja atrás.




Los inútiles (I Vitelloni)

Moraldo, Riccardo, Leopoldo, Fausto y Alberto son cinco "vitelloni" de la costera ciudad de Rímini, una panda de gandules que pasan sus días en el bar, hablando de pequeñas cosas, de mujeres y de grandiosas expectativas destinadas a frustrarse. Para uno de ellos, sin saberlo, las cosas están por cambiar. En una glamurosa fiesta a principios del verano, mientras Riccardo canta, Fausto se entera de que va a tener un hijo con Sandra, la hermana de Moraldo. Acepta su nueva responsabilidad sin entusiasmo y comienza a trabajar en una tienda de artículos religiosos. En tanto, sus amigos continúan viviendo la ilusión de un tiempo inmóvil, en el cual la vida no empieza nunca. Sobre todo Alberto, el más atolondrado, que vive a expensas de su hermana y se burla de quienes tienen que trabajar para comer. Por el contrario, Moraldo siente que ya no encaja en el provincialismo de su mundo y comienza a apartarse de sus compañeros. Fausto, incapaz de renunciar a sus viejas costumbres, se embarca en una peligrosa relación con la mujer de su jefe. Durante una fiesta de Carnaval a la que asisten todos, Sandra se entera del hecho y huye con su hijo a casa de su suegro. El joven comprende su torpeza y corre a pedirle perdón, pero se encuentra también con su padre que, furibundo, le azota con el cinturón. Al día siguiente la vida recomienza. Mientras la pareja intenta arreglar su situación, los demás vuelven a su cotidianeidad con sus miserias, su abandono y su ingenua despreocupación. Sólo Moraldo, una mañana, parte silenciosamente en un tren, con el pensamiento puesto en la vida y en las personas que deja atrás.