YA NO HAY LUGARES VACÍOS DONDE ARROJAR LOS DESPERDICIOS HUMANOS
por Araceli Caballero y SheilaVilaseca


14-10-03

Nacido en 1925 en Polonia, Zygmunt Bauman lleva más de medio siglo enseñando sociología en países como Israel, Estados Unidos, Canadá o el Reino Unido, donde actualmente es catedrático emérito en la Universidad de Leeds. En sus libros observa y disecciona la realidad desde la sociología, la hermenéutica o la política, lo que da lugar a una aguda visión expresada en un lenguaje tan exacto como expresivo, en ocasiones tan exactamente descriptivo que hiere tanto como la realidad que refiere.

A Bauman se deben conceptos tan gráficos como el de "modernidad líquida" ("no andamos por el mundo, sino que nadamos por él" dice), título de uno de sus libros. Su última publicación en castellano es Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil (Siglo XXI, 2003). La presentación de esta obra y la participación en el III Encuentro Ciudadano Internacional de Barcelona, donde habló de los "daños colaterales" de la globalización, han sido las últimas ocasiones de encuentro con los públicos de nuestro país.


ENTREVISTADORAS:
"La globalización, consecuencias humanas" es el título en castellano de uno de sus libros, y la formulación de una de sus preocupaciones más constantes, expresada frecuentemente con un lenguaje crudo que no excluye hablar de "desechos humanos". ¿A qué se refiere?

BAUMAN:
A la gente que es considerada superflua, excluida, fuera de juego; verdaderos excedentes humanos. Este es un término nuevo. Hace 50 años apenas se utilizaba. La gente hablaba de desempleados, lo que conlleva un matiz de provisionalidad. Desempleado quiere decir, literalmente, "sin empleo", lo que revela que se trata de una situación excepcional, no es la norma. Un desempleado formaba parte, por decirlo de alguna manera, de la reserva del ejército del trabajo; estás temporalmente en la reserva, a la espera de que te llamen de nuevo al campo de batalla. Si hablas con cualquier general, te dirá que los soldados en la reserva deben estar adecuadamente entrenados, prestos para incorporarse en cualquier momento a filas.

Se consideraba natural que el Estado se ocupase de este ejército laboral en la reserva. Lo que se llamaba estado de bienestar era en realidad un estado social en el sentido de que sus principios básicos eran proveer de seguros colectivos para las disfunciones individuales. Esto era así más allá de posturas de derecha o izquierda, porque ambas estaban de acuerdo en que la gente desempleada debía estar cuidada para incorporarse cuando fuera necesario, en cualquier momento. 

Pero ahora se usa el término "excedente", lo que significa que la gente es superflua, innecesaria. El progreso de la industria ha consistido en cortar la fuerza laboral (de trabajo). Cuanto menos trabajadores empleados, más eficiente es la economía. Este es el progreso económico. Esta gente ya no es funcional desde un punto de vista productivo. 

Por otra parte, tampoco podrían ser útiles como consumidores, porque la economía consiste en un mercado de consumidores. Si hay una recesión, los dirigentes sostienen que la economía se recuperará cuando se recupere el consumo. Pero los excedentes humanos, sin dinero, no pueden ser considerados futuros consumidores.

Esta es una consecuencia de la globalización. La otra es que eres realmente superfluo. La economía sería mejor si desaparecieras, de modo que los excedentes son una especie de desaparecidos. En todos los países occidentales, la cuestión social -más pronunciada en Estados Unidos de América (EUA), pero también en Europa- consiste, respecto a esta gente, no en incluirla en el sistema productivo, puesto que no son considerados agentes revitalizadores de la economía, sino en dejarlos fuera. O excluirlos en guetos urbanos, en áreas cerradas; o los convierten en población penal. Hay un aumento de población penitenciaria en los países occidentales. En EUA hay más población negra en las cárceles que en las escuelas. El problema de los excedentes humanos se convierte así en un problema criminal, de política penal. 

ENTREVISTADORAS:
¿Es éste un fenómeno nuevo, propio de la globalización? ¿De dónde viene?

BAUMAN:
Todo esto viene de la Modernidad, que desde el principio produce personas excedentes, no queridas, desempleados; de hecho, fuera de lugar. Hay una obsesión compulsiva por la construcción del orden social, en el que cada cual tiene su lugar asignado. Tomemos como metáfora un jardín; si eres jardinero, hay plantas a las que cuidas, y otras que no caben en tu diseño del jardín. Siempre que creas un orden, existe el conflicto entre el orden racional y la sucia realidad. Hay minorías perseguidas, sectas religiosas, minorías étnicas que se resisten a incorporarse. Hay una clase de gente que no encaja. La Modernidad consiste en producir orden, orden y más orden, cada día más perfecto. El desorden de ayer se supera con el orden de hoy. Y eso genera una producción constante de gente excedente. Esto es el progreso económico.

En los siglos XVII y XVIII nacen los excedentes humanos. Antes no había. Si eras granjero y tenías un hijo, formaba parte automáticamente de la granja, que era un asunto familiar. Con el inicio de la Modernidad esto cambia: si eres granjero o artesano, ya hay tecnología que convierte en inútil tu trabajo, que te coloca fuera de la productividad.

Lo que ocurre es que, durante los últimos 200 años, la Modernidad estaba limitada a unas partes del mundo, y los excedentes humanos se enviaban a lugares vacíos, a "vacilandia". España exportó excedentes a América; Inglaterra, a Asia y África; Francia, a Nueva Caledonia y Argelia; toda Europa exportó a Norteamérica y Canadá. Por supuesto que en estos sitios había personas que habían nacido allí, pero nadie las tuvo en cuenta porque no producían. Hoy, por primera vez en la historia, la Modernidad abarca todo el mundo. Esto es lo que significa la globalización. 

Esto es lo que querían los filósofos ilustrados. Es fuerte lo que voy a decir, pero es así: ya no hay lugares vacíos donde arrojar los desperdicios humanos. Ahora todos los países, todas las regiones, son modernas, de modo que producen gente excedente, están también obsesionados con la construcción de este orden. Los países del Sur también producen gente excedente, pero cuando llegan por el Estrecho no se les deja pasar, puesto que España no es un lugar vacío. 

Otro resultado de esta industria de producción de deshechos humanos que es la globalización son los refugiados, víctimas de guerras tribales en África en busca de su espacio, y también en Europa, como hemos visto en la antigua Yugoslavia. Por ejemplo, en el Congo, después del genocidio de Ruanda, hay campos de refugiados que funcionan desde hace 15 años, que tienen más gente que las provincias vecinas, pero no salen en los mapas. Están en ningún sitio, viven en un no lugar. 

Es gente excedente que va, literalmente, a ningún sitio. Hay seres humanos que ya nacen siendo refugiados y mueren refugiados, que no tienen futuro ni posibilidad de movilidad; no tienen nada. Como dijo Jean Paúl Sartre, no tienen proyecto de vida. Son una clase de desecho humano, al amparo de la ONU y de organizaciones humanitarias, pero humanitarismo no significa solidaridad humana, sino mantener a esta gente en su sitio. Los mantienen fuera de juego, no los incorporan al orden social. 

ENTREVISTADORAS:
Da la sensación de que no se están ofreciendo las respuestas políticas adecuadas; incluso que las respuestas más bien forman parte del problema que de la solución, que no son nada tranquilizadoras... 

BAUMAN:
Nos alarmamos ante las amenazas terroristas globales, pero con este panorama no debería sorprendernos de que haya terrorismo o ataques suicidas, porque esta gente no tiene nada que perder, es la única manera que tienen de sentirse útiles. En 1920 se publicó un libro en Alemania defendiendo la idea de la necesidad de matar a esta gente superflua, para la que la mejor solución es desaparecer. En un sentido irónicamente paradójico, la idea de este sujeto de matar a quienes no encajaban en el orden social se está cumpliendo en esta gente que se está matando para hacer su vida significativa. Clausewitz decía que la guerra es la continuación de la política con otros medios. Yo digo que la guerra es la ausencia de política. 

Por ejemplo, los objetivos de la guerra de Iraq cambiaron muchas veces durante la guerra. No sabemos qué hacer ni hablamos de medios colectivos para conseguirlo. No hay visión de conjunto, sino que nos dejamos llevar por los medios, que son los que dictan los fines, y hacemos cosas como decir "¿qué podemos hacer? vamos a bombardear Iraq o Afganistán. Bombardeemos Afganistán para acabar con el terrorismo". Cosa estúpida donde las haya, porque se destruyeron muchas cosas en ese país, pero desde luego no el terrorismo. ¿Dónde está Bin Laden? ¿dónde está Al Qaeda? El hecho es que cada bomba yanqui provoca más terrorismo.

Las políticas no se diseñan para resolver problemas. Yo suelo utilizar el concepto de reconocimiento del terreno, que en el lenguaje militar se hace antes de trazar la estrategia. Sólo después los generales, en torno a un mapa, diseñan la guerra. Nosotros llevamos a cabo esta exploración del terreno cuando ya hemos entrado en batalla. Y este continuo reconocimiento del terreno no aporta soluciones, sino que produce problemas. Y lo que provoca más problemas es que no hay ninguna institución, ninguna autoridad global que pueda reflexionar sobre los problemas que van más allá de los locales. Son problemas que exceden los límites del Estado. Necesitamos un sistema jurídico global. Lo que no puede ser es que las instituciones locales aporten soluciones globales: se quedan cortas. España no puede resolver problemas españoles, porque los problemas españoles forman parte de una globalidad. 

ENTREVISTADORAS:
El trabajo ha sido durante siglos un factor -el factor por excelencia- de inclusión social, pero usted argumenta que esto ya se acabó. ¿Qué mecanismos de inclusión funcionan ahora?

BAUMAN:
Haré algunas comparaciones ilustrativas. Dos misiles de crucero cuestan 1.600 millones de dólares. Con esta suma podríamos construir un albergue infantil para miles de niños, dándoles educación, salud, etc. Con la misma suma se podría alimentar a 270.000 angoleños hambrientos durante un mes. Eso sólo con dos misiles. En los 3 primeros días de ataque a Bagdad se lanzaron 320. Cualquiera puede hacer las cuentas. Ahora la ONU está intentando conseguir 2.000 millones de dólares para reconstruir Bagdad. Al mismo tiempo, el presidente Bush está pidiendo al Congreso de EUA 65.000 millones para la guerra. Este es otro ejemplo. Hay un fondo para África subsahariana de 40.000 millones de dólares anuales, al que contribuyen varios países, entre ellos España. Y también los Estados Unidos, con 1.300 millones, una cantidad ligeramente superior a lo que cuesta un solo avión espía norteamericano (1.200 millones). 

Lo más interesante es que hay 115 millones de niños que no tienen acceso a ningún tipo de educación, sin oficio ni beneficio y que educarlos costaría, según la ONU, 5.600 millones de dólares al año. La guerra en Iraq, según los datos actuales, ha costado 65.000 millones de dólares, y probablemente aumentará, lo que significa que lo que cuesta la guerra en Iraq podría proporcionar educación a estos niños durante 12 años. Estas cifras revelan qué queremos hacer en realidad. Este es el secreto de la inclusión y la exclusión. Es un tema de uso racional de los recursos. El Planeta está lleno de recursos. El hambre hoy significa no tener acceso a alimentos, pero los alimentos existen. Se pueden producir fácilmente. El problema es que no tenemos la determinación, la voluntad de usar los recursos para proveer de dignidad a todo el mundo. 

ENTREVISTADORAS:
¿Qué nos falta, qué falla? 

BAUMAN:
El concepto de solidaridad humana. Hay un librito de Kant de hace 200 años que habla de la unificación universal de la humanidad: habitamos un planeta redondo, lo que significa que todos estamos a la misma distancia unos de otros. Kant, que era muy racional, dijo que no hay otra solución que desarrollar la hospitalidad entre nosotros, que tenemos que desarrollar medios para hacerla posible. Este librito no fue considerado importante, a pesar de que su autor estaba en la cresta de la ola. Ahora vuelve a ser muy popular. La superpoblación actual, el excedente, no tiene otra solución: o nos matamos, empezamos a disparar a los inmigrantes ilegales que vienen de esos nolugares, o seguirán viniendo, sea como inmigrantes o como terroristas. O esto, que es lo que hasta ahora hemos hecho (guerras mundiales, por ejemplo), que a nosotros nos va bien, o desarrollamos caminos de convivencia, que es más que la tolerancia, que viene a significar que respeto lo que haces, pero que no me importa nada. La solidaridad es la mutua responsabilidad, porque cualquier cosa que hagamos afecta a todos. Dependemos todos los unos de los otros. Nunca pensamos en las consecuencias, no asumimos responsabilidad sobre nuestra responsabilidad. No somos conscientes de nuestras políticas. Admito que es difícil vivir con otras personas. 

En los primeros tiempos de la Modernidad, cuando había gente distinta viviendo en los mismos estados, se veía como un problema temporal, porque terminaría siendo incorporada en la nación unida. Hace unos años, hablar bretón o vasco en público era motivo de arresto. Más tarde o más temprano, todo el mundo acababa hablando el mismo idioma. Ahora ya no es así. La idea de asimilación se ha acabado, porque para que esta idea funcione hace falta admitir que una cultura es superior y que hay que civilizar a los incivilizados, pero esto se ha acabado. Se ha acabado que los turcos que van a Alemania tengan que ser alemanes. Ellos quieren seguir siendo turcos. Hay que aprender el arte de vivir diariamente con la diferencia. Hannah Arendt, excelente filósofa y escritora, habla de disfrutar de la diferencia, que es también mi punto de vista. 

Habermas habla de consenso. Lo que es hermoso del ser humano es que hay muchas ideas, puntos de vista diferentes. Exponerte a puntos de vista diferentes te mantiene vivo, pero es difícil de vivir día a día. 

ENTREVISTADORAS:
¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de esta hospitalidad, de esta convivencia que disfruta de la diferencia? 

BAUMAN:
Yo hablo de 3 elementos que alimentan el malestar social: incertidumbre, fragilidad e inseguridad. Las condiciones que permiten vivir expuestos a la diferencia son exactamente lo contrario: certeza, seguridad y confianza. Necesitamos las tres para no tener miedo, para que nuestra disponibilidad a exponernos a la diferencia vaya más allá de salir a comer a un restaurante chino. 

La certeza significa estar seguro de que puedes hacer lo que quieres hacer. Es una cierta estabilidad a largo plazo. La seguridad tiene más que ver con que tu identidad no está amenazada: si tienes una profesión que te da una posición, que nadie te la va a quitar. Te sientes seguro de lo que eres y eso es reconocido. La confianza es saber que nadie te va a atacar, que nadie va a destruir la calle en la que vives ni hay veneno en el cigarro que fumas. También en tus posesiones, en tu casa. 

El problema hoy es que estas condiciones están muy minadas. Es muy difícil pensar que el mundo es estable. Puedes enterarte de pronto de que llevas años tomando veneno. El mundo es un sitio peligroso. No hay ninguna certeza de que lo que hagamos hoy previene el peligro. Están muy amenazadas tus propiedades y tu familia, que hoy puedes tenerla y mañana, no. Puedes descubrir que tu abuelo no es tu abuelo. El mundo es muy líquido. No andamos por el mundo, sino que nadamos por él. 

La inseguridad y la incertidumbre son enormes. Y no sabemos qué hacer con ellas. En parte porque las causas de nuestros problemas locales son globales, lo que significa que no contamos con los medios adecuados. Incluso si sabemos qué hacer, no sabemos quién lo hará. Los gobiernos son elementos que aportan más inseguridad e incertidumbre. Y desde luego, todo esto se gestiona fomentando el sentimiento de estar amenazados, porque el terreno de la confianza es el único en el que se pueden hacer cosas visibles con medios locales; el gobierno hace leyes de extranjería, destina más policía en las fronteras, prohíbe fumar en los bares. Se pueden hacer muchas cosas y el gobierno está orgulloso de lo que hace por protegernos, pero el problema es que el tema de la confianza no tiene efectos sobre los terrenos de la seguridad y la certeza. 

Aunque saques a los fumadores fuera de la ciudad y no dejes entrar a los inmigrantes, no nos sentimos con más certeza ni más seguros. Necesitamos enemigos públicos. En este sentido, soy muy pesimista, porque esto impide el desarrollo de la solidaridad humana. Nos empujan a dividir el mundo entre ellos y nosotros. La lucha por la seguridad y la certeza podría unirnos, porque podríamos hacerlo colectivamente, pero el sentimiento de fragilidad, de desconfianza nos divide, nos separa, nos segrega. Reforzamos los cerrojos. Puedes poner cámaras de tv, controlar cada extranjero que veas por la calle, pero la falta de confianza hace que tengas miedo porque cada extranjero es un enemigo potencial. 

ENTREVISTADORAS:
En su libro "Modernidad líquida" habla de la primera Guerra del Golfo y dice que era irrelevante conquistar el territorio porque el objetivo principal era romper las barreras que impiden el libre comercio. Sin embargo, en la que podríamos considerar segunda se ocupa territorio. ¿Cómo interpreta esto? ¿Ha cambiado su apreciación?

BAUMAN:
Aún creo que es válido aquello que dije en el libro. Lo que pasa actualmente no tiene nada que ver con la conquista de territorio ni mucho menos con la administración del mismo. Iraq es un caso particularmente importante porque está claramente condicionado por el petróleo y por EUA. La guerra de Iraq es un tema de petróleo y de EUA.

El presidente de EUA, empezando por George Bush padre y siguiendo por su hijo, ha dicho claramente que el estilo de vida americano no es negociable, y este estilo de vida está basado, entre otras cosas, en un consumo energético barato. EUA consume el 40% de los recursos energéticos mundiales. El aumento del precio del petróleo sería trágico para el desarrollo del estilo de vida americano. El 35% de la población estadounidense, de acuerdo con algunos cálculos, vive del automóvil, ya sea conduciendo camiones, ya sea en los bares de carretera, fabricando o vendiendo coches. Si cortas el uso del coche en EUA, se va al paro mucha gente. 

Iraq es el segundo país productor de petróleo. EUA quiere el control de estos recursos, pero eso no significa que EUA quiera implicarse seriamente a largo plazo en la administración de Iraq, porque ahora implicarse en la administración de un territorio es una señal de debilidad, de inferioridad. EUA, tras ocupar, se va en seguida (Kosovo, Bosnia). El trabajo sucio lo deja a los europeos. Lo mismo pasa en Afganistán. En contra de todos los pronósticos, Europa, Occidente, se está lavando las manos en la reconstrucción de Afganistán. Me temo que las consecuencias de limpiar Iraq estarán en manos de las agencias humanitarias y de las misiones religiosas. En todo caso, el poder de cualquier institución ya no se mide por el territorio, puedes ser muy poderoso desde tu casa. Hace unos años, el poder del Imperio era territorial: más tierra, más poder. Cualquier país europeo quería colonias, porque, además, conllevaba prestigio. Ahora el poder está determinado por la habilidad en lavarte las manos. La dominación está basada en jugar con la incertidumbre de los otros. Si no me escuchas, si no eres obediente, te abandonaré a tu suerte: cierro la industria, me cambio de país, y se acabó.

Mientras el jefe dependía de los trabajadores como éstos de él, los sindicatos tenían su poder. Sabían que un día u otro tendría que sentarse y negociar. Pero ahora la actitud es arrogante. El poder hoy está en la movilidad, en la habilidad de escapar. Los recursos se pueden mover fácilmente de un sitio a otro. Las nuevas guerras no son territoriales, sino que se trata de abrir territorios para esta especie de juego móvil. Si el territorio no quiere participar en este libre movimiento, si te resistes, se destruye el territorio, y se "libera". Iraq ya está disponible para el mercado de recursos.

Henry Ford o Rockefeller estaban orgullosos de sus posesiones, de sus empresas y compañías, mientras más grandes, mejor. Pero ahora, no. Ahora, si eres capitalista, tus acciones suben cuando tus trabajadores se convierten en superfluos. Este es el nuevo nombre del juego. Por eso digo que el poder y el territorio se han divorciado. El poder ya no es territorial. Este matrimonio se ha acabado. Creo que este es el futuro. Por supuesto que aún hay guerras territoriales -Bosnia, Kosovo, Ruanda, Burundi-, pero no son la mayoría. Incluso en los atentados del US los terroristas no querían conquistar Manhatan. 

ENTREVISTADORAS:
Usted habla en alguno de sus libros de la muerte de la política. ¿Cree que el reciente movimiento antiguerra puede ser una forma de recuperar la política?

BAUMAN:
Antes hablábamos de la inadecuación de los poderes locales para tratar temas globales. Este lema -piensa globalmente y actúa localmente- es estúpido en mi opinión porque actuando localmente no puedes hacer nada para atacar los problemas globales: actúa globalmente. Lo que es muy interesante de este movimiento antiguerra es que es efectivamente global. Es el laboratorio de este nuevo sentimiento de solidaridad, de entender que las causas de nuestros problemas son las mismas.

Estamos educados de una manera equivocada, pensando que el mundo consiste en diferentes culturas, diferentes civilizaciones, diferentes religiones, diferentes naciones, partiendo de que todos somos diferentes. Y, consecuentemente, pensamos qué hacer para ser un poco menos diferentes. 

Lo que yo sugiero es exactamente lo contrario: Esencialmente, básicamente, somos iguales los chinos, españoles, británicos, australianos. Cuando ves niños hambrientos te sientes fatal y quieres hacer algo. Piensas que es una tragedia, que algo malo está pasando. Igual que cuando las bombas destruyen una ciudad y ves gente asesinada. Cualquier cosa que pasa en cualquier lugar que pase te afecta, nos afecta. Somos emocionalmente semejantes. Nuestro sentido de lo bueno y lo malo es muy similar. El problema no es cómo hacer más igual a la gente; el problema es cómo evitar que la gente parecida se vuelva muy diferente y creo que esta coalición antiguerra es una especie de reconocimiento del terreno que subraya la solidaridad. Está explorando, pero me temo que tenga una vida corta y que luego la gente se olvide, que el primer intento de crear esta red de solidaridad mundial se olvide y quede en nada. Ahí contribuyen los medios de comunicación, que no están hechos para informarte hoy, sino para hacerte olvidar lo que leíste ayer. Mis profesores -tuve buenos profesores- me enseñaron que la cultura tiene que ver con leer, era lo que tú leías. Pero esto ha cambiado. La cultura es lo que olvidas. Olvidas las emociones de ayer, las últimas emociones, la historia. A nadie le importa ya la historia. Se olvida fácilmente. Por eso digo que puede ser que se olvide. Pero también puede ser que no. Siempre hay un momento crítico cuando el movimiento aparece, que es el momento en que desarrolla sus fuerzas, sus recursos, su propia lógica, pero me temo que la única posibilidad es que la gente corriente, no los poderes institucionales, desarrolle este sentido de discursos cruzados, que desde diferentes hábitos, desde diferentes perspectivas, sepamos que debajo de todo eso hay algo que nos une a todos.

La igualdad básica humana ha sido machacada por esta cultura de la diferencia, cubierta por muchos años de cultura artificial de la diferencia. Mi esperanza es que la igualdad humana original se imponga.



Nacimiento: Polonia, 1925
Sociólogo polaco, Zygmunt Bauman es uno de los grandes pensadores europeos de la actualidad. Residente en Inglaterra, Bauman ejerce la docencia en la Universidad de Leeds y su trabajo ensayístico abarca numerosos sujetos, entre los que habría que destacar su personal tratamiento del enfrentamiento entre modernidad y postmodernidad, así como su obra dedicada a los movimientos obreros o la globalización.
Durante su infancia, Bauman creció en la Unión Soviética y posteriormente militó en el Partido Comunista mientras ejercía de profesor en Varsovia. Tras una purga antisemita fue destituido y decidió abandonar Polonia para instalarse en Leeds desde 1971.
Hay que destacar las teorías en las que Bauman conecta Holocausto con modernidad y también su teoría de modernidad sólida y líquida, donde se aleja de las tesis habituales en el análisis de la postmodernidad.
Entre otros premios y reconocimientos, Bauman ha sido galardonado con el Premio Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales (1992) y el Theodor W. Adorno (1998).
Todos los libros y obras de Zygmunt Bauman