Historia general de las drogas es una obra del filósofo Antonio Escohotado. Es considerada la principal en su materia, aunando el enfoque histórico con el fenomenológico mediante un apéndice que examina las principales drogas descubiertas, tanto legales como ilegales. Incluye más de 300 imágenes, siendo un libro único en la bibliografía mundial por su precisión y profundidad.
Fue editada por primera vez en 1983. Consta de 1542 páginas, quince ediciones (hasta 2006) y traducciones parciales o totales al inglés, francés, italiano, portugués, búlgaro y checo.
Es tal vez el mejor tratado sobre el género escrito hasta el momento en cualquier idioma, logrando un equilibrio notable entre erudición y divulgación. La obra contempla un recorrido multidisciplinar sobre la ebriedad, abordando aspectos históricos, culturales, mitológicos, antropológicos, sociológicos, políticos, químicos y médicos. Incluye un apéndice (anteriormente publicado por separado: El libro de los venenos1990, y Para una fenomenología de las drogas1992), que resulta un manual de uso y consumo de diferentes tipos de drogas, que el autor ha probado personalmente. El objetivo es analizar el uso de las drogas a lo largo de la historia-


ANTONIO ESCOHOTADO: HISTORIA DE LAS DROGAS

4. La penetración de lo ilegal en la ley.

En los países producto res hay una complicidad inextricable entre traficantes e institucio nes. La versión de un inglés que estuvo preso durante algún tiempo en La Paz sería escandalosa si no fuese extremadamente veraz:

«Toda la farsa de la "guerra a la droga" nace de una deliberada mistificación de la realidad política. Cuando se subraya la amenaza a las instituciones que supondría la estructura de poder "paralela" de la delincuencia, la opinión común busca negar lo que ya es completamente obvio, esto es, que los intereses del contrabando han prevalecido ya, han logrado ya penetrar, corromper y subvertir el entero tejido del Estado [...] La situación real es que ningún gobierno puede permitirse renunciar al control sobre el tráfico de la droga, y que en casi todos los casos donde se ha dado amplia publicidad a un episodio de corrupción individual era para encontrar un chivo expiatorio o adquirir alguna ventaja moral sobre adversarios políticos» 56.En Colombia, por ejemplo, la institución de los llamados «tribunales especiales militares» no sólo parece ligada a una arrogación del derecho a definir la legalidad en materia de tráfico, sino a la necesidad de sostener mecanismos de arbitraje para conflictos in ternos entre las principales organizaciones. Más exactamente:

«La campaña antidroga ha servido solamente como cortina de humo para esconder un incesante y vasto proceso de monopolización del tráfico [...] gestado en el seno de las mismas organizaciones que se proponían combatir la "amenaza". La consecuencia es que el período de mercado libre en Colombia constituye un mero recuerdo, y en su lugar se desarrolla un nuevo tipo de cártel de la cocaína, bien engrasado y altamente eficaz» 57.

Tanto en Colombia como en los demás países comprometidos con la erradicación de la coca y sus derivados ha llegado a montarse lo que Arnao llama una «política de represión selectiva», orientada a liquidar el pequeño tráfico y la producción artesanal. Las ventajas del sistema son evidentes, ya que el periódico descubrimiento de alijos y laboratorios proporciona a las fuerzas policiales y militares una fachada de respetabilidad y observancia de los compromisos internacionales, mientras a la vez consolida precios monopolísticos para el gran tráfico. Por una triste aunque previsible ironía, los beneficios de la prohibición siguen sin rozar a los cultivadores indígenas, que deben soportar plagas químicas y condenas a perpetuidad cuan do no venden la materia prima del negocio a precios irrisorios, para que el cártel oligárquico-militar de cada país perpetúe sus privilegios. Por lo mismo, «el intento de ilegalizar un vicio individual se ha resuelto en la creación de una ilegalidad estructurada para el disfrute de ese vicio, y en la infiltración de la ilegalidad en las instituciones» 58. Puede servir de ejemplo, entre la infinidad de noticias aparecidas so bre el particular, una de Venezuela, país marginal en la producción y distribución de cocaína. Cierto magistrado ha sido destituido por poner en libertad a siete traficantes que detentaban 106 kilos de cocaína, y habían exportado ya más de 40 a Estados Unidos, cuando estaban cumpliendo una larga condena.

«El ministro de Justicia, José Manzo, dijo al respecto que él elaboró un informe al presidente Jaime Lusinchi en el que denuncia más de 400 casos ocurridos últimamen te, análogos al que acaba de protagonizar el magistrado Silva Garrido» 59.



Pero no hace falta ir a Latinoamérica para hallar casos semejan tes. En España todavía está fresco el recuerdo de un juez de ins trucción y un magistrado del Tribunal Supremo que fueron separa dos de la carrera judicial —el primero sólo temporalmente— por poner en libertad al mafioso Bardellino. Más recientes aún son acu saciones hechas por la policía y la magistratura sueca, que implican al gobernador civil de Sevilla y a miembros de la Brigada de Estupe facientes de la Costa del Sol con un confidente suyo, de nacionali dad alemana, acusado de introducir en Suecia 20 kilos de cocaína 60.

Una sentencia dictada en Estocolmo considera hechos probados que los servicios del confidente «se pagaban con partidas de cocaína decomisadas por la policía española, luego comercializadas en Suecia y en la RFA» 61. Algo después,  un subcomisario de policía es dete nido con un kilo de esta sustancia, en un asunto que implica a un senador socialista y al delegado del Gobierno de Melilla 62. No sería difícil acumular docenas de casos análogos en otros países europeos. Por lo que respecta a Estados Unidos, es difícil encontrar un solo día sin alguno. Entre la apertura y la conclusión del sonado juicio contra D. Steinberg, por ejemplo, a quien se acusó de introdu cir unas mil toneladas de marihuana en el país, el fiscal fue separado dos veces del cargo (la primera por barbitúricos y conducción en estado alcohólico, la segunda por consumo de cocaína) y el principal policía responsable de su detención fue expulsado del cuerpo por sugerir a un colega el tráfico de cocaína, cuando en años an teriores había «perdido» un kilo, y luego kilo y medio de dicha sustancia 63.

Sin embargo, en América Central y Meridional la situación no puede equipararse a la europea o a la norteamericana, ni cualitativa ni cuantitativamente. No es lo mismo cerrar los ojos —por dinero, desde luego— al tráfico de un bien que se exporta y cerrar los ojos al de un bien importado, pues lo primero proporciona divisas y lo se gundo las enajena. Tampoco es análogo prohibir algo espontánea mente que prohibirlo en virtud de chantajes políticos. La peculiar relación que guardan América del Norte y América del Sur a partir del primer Roosevelt perpetúa un cuadro de rencores y desprecios, apoyado a nivel estadounidense por el esquema de comprar materias primas baratas y devolverlas en forma de manufacturas caras, sosteniendo gobiernos de fuerza que impidan movimientos políticos de signo socialista o radical en su vecindad. El gigante económico y militar norteamericano ha promovido sistemáticamente la corrupción desde el Río Grande hacia abajo, y ahora recoge la cosecha de esa siembra. Su cruzada imperial contra ciertas drogas ofrece a los débiles un imprevisto ojo por ojo, que entienden de igual manera Bolivia y Nicaragua, Cuba y Costa Rica, Colombia y Panamá, México y Brasil. Latinoamérica es sencillamente ajena a la constela ción wasp, ajena al apostolado de Brent y sus sucesores, lo cual significa que se aprovechará de ella tal como aprovechó Inglaterra la prohibición china.

Dada la extendida corrupción y el fuerte tráfico de marihuana, pasta base de coca y cocaína que caracteriza prácticamente a todo el hemisferio suramericano, un razonamiento elemental deduciría que las leyes son permisivas o siquiera poco severas con esta cues tión. Pero una ecuación inexorable —y, a la postre, muy comprensible— liga el gran comercio de drogas ilícitas con la severidad legis lativa, pues cuando los traficantes están imbricados en la propia maquinaria estatal se protegen de competidores menos recomendados con un derecho draconiano. Esto es manifiesto entre los principales productores de opiáceos en Oriente —Siria, Turquía, Persia, Afganistán, Pakistán, Birmania, Tailandia, Indonesia y Malasia apli can la pena de muerte—, y se observa igualmente en Latinoamérica con los productores y exportadores. Argentina, Bolivia, Brasil, Chi le, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú y Venezuela no sólo castigan duramente la producción y el tráfico, sino la simple tenencia y el consumo 64. En Venezuela, por ejemplo, donde el pro pio ministro de Justicia reconoce unos cuatrocientos casos de so borno entre magistrados «últimamente», la posesión puede ser puni ble con condenas de hasta diez años, y el cultivo o tráfico con veinte; en Argentina y Costa Rica las penas pueden llegar a los quince años, y en México, Bolivia o Colombia el traficante tiene muy altas probabilidades de morir antes incluso de llegar a prisión, si no posee los debidos salvoconductos, expedidos por la autoridad en funciones. En realidad, esto último puede extenderse a todos los países del hemisferio, donde quizá sólo la posesión de un pasaporte norteamericano protege en cierta medida.

Aunque Estados Unidos siga esgrimiendo como tesis básica la «invasión» padecida a manos de extranjeros, es curioso que sea el país con más nacionales encarcelados en Latinoamérica por tráfico de drogas ilícitas. Ya antes de comenzar los años ochenta unos 2.000 norteamericanos se encontraban en dicha situación, y la DEA ex presaba un ferviente aunque equívoco deseo de «rescatarlos» 65. Un nivel máximo de corrupción y una severidad máxima de las leyes florece con nitidez en los propios Estados Unidos; Arizona y Flori da, los dos Estados que reciben más importaciones de drogas ile gales, son los únicos que tienen en vigor pena de muerte para el tráfico. En el caso de Florida al menos, la eficacia de esa medida para grupos distintos de las verdaderas mafias no acaba de ser per ceptible para nadie: sus ciudades se encuentran sencillamente ati borradas de cocaína.

Por otra parte, para los países situados al sur del Río Grande, suspender la exportación al vecino septentrional representaría una catástrofe, aunque la mayoría de esos beneficios acabe en bancos europeos, cuando no reinvertido en Norteamérica. El informe de laOperation Cashflow, hecho en colaboración por la DEA, la CIA y el NSC (National Security Council) en 1985, sugiere que México y Co lombia obtienen «el 75 por 100 de sus ingresos totales por exporta ción de la marihuana y la cocaína» 66. Panamá —principal banquero inmediato de las divisas resultantes— recibe cada año miles de mi llones de dólares en depósitos. La cocaína parece haber unido a an ticastristas y casuistas, sandinistas y Contra, guerrillas y oligarquías. Se diría que para América Latina la tragedia es no acabar de enri quecerse tampoco con este colosal negocio, cuya parte principal se distribuye dentro de un círculo que en vez de colaborar con el pro greso de cada país conspira contra él.

a. Un apunte sobre las riendas del asunto.

Allí donde ha sido posible descubrir redes de grandes traficantes —como la de A. Sicilia-Fal cón y la de A. Rivera— han aparecido embarazosas conexiones no sólo de esos gangs con los más altos peldaños políticos de sus respectivos Estados, sino con servicios secretos que llegan en sus ramificaciones hasta la Casa Blanca. Estas conexiones podrían deberse a un ánimo inmediato de lucro, pero quizá son explicables también como la conducta de quien se limita a aceptar algo considerado inevitable, a fin de poder orientarlo hacia una meta defendida hace mucho tiempo, como sostener grupos antirrevolucionarios haciendo fluido el intercambio de drogas por armas e influencia.


Esto es lo que acontece con la heroína en Afganistán, Pakistán, el Triángulo Dorado y Tailandia. Todo indica que acontece igual mente en América Latina con la cocaína. Sicilia-Falcón, por ejem plo, fue originalmente un anticastrista que luego renovaba su pasa porte en Cuba, invertía en bancos suizos y rusos, estaba infiltrado por la CIA y se movía con perfecta impunidad en México con un carnet de agente especial de Gobernación, el superministerio del que suelen ser titulares todos cuantos luego accedieron a la Pre sidencia. Quien montó las primeras operaciones escabrosas en rela ción con cocaína y financiación del anticastrismo fue T. Shackley 67, director de la división de operaciones secretas de la CIA y segundo de W. Colby en este organismo. Ambos habían intervenido en ope raciones semejantes cuando estuvieron destinados en Saigón, y ambos colaboraron en echar tierra sobre el asunto de la World Finance Corporation en Florida. El siguiente director general fue G. Bush, cuyo asesor particular para asuntos de seguridad nacional ha sido acusado de actuar como contacto entre Washington y el cártel de Medellín, en un intercambio de financiación a la Contra nicaragüen se por salvoconductos para introducir cargamentos de cocaína desde Colombia a Estados Unidos 68. Una extraña empresa llamada Arms Supermarket —donde participaban, entre otros, el Mossad israelí, el general Noriega y el teniente coronel O. North, agente del selec tísimo Consejo de Seguridad Nacional americano— fue el primer proveedor de la guerrilla antisandinista, antes de montarse la famosa conexión Irán-Contra. Se conserva, por ejemplo, una nota autó  grafa de North —el 12 de julio de 1985— con las palabras: «cuando Supermarket termina mal, $ 14 M[illones] para financiar de droga» 69. Pero Bush era y es un miembro del Consejo de Seguridad Nacional también, y cuando Estados Unidos trató de expulsar a Noriega de Panamá parecía inminente su caída hasta que un día el general pa nameño convocó a la prensa para decir escuetamente: «Tengo a Bush cogido por las pelotas» 70.

Poco después, la arrogancia —o el peligro de tener a Noriega en libertad— provoca la sangrienta invasión del país, que destruye barrios enteros de la capital y termina con la captura del dictador. Quien se instala como nuevo hombre fuerte de Panamá —el voluminoso Guillermo Endara— será pronto acusado por la DEA de conexiones con el narcotráfico, y el país sigue siendo un líder mundial en el blanqueo de ese dinero.

Sea como fuere, el subcomité de Relaciones Exteriores del Con greso americano, presidido por el Senador J. Kerry, ha dicho que tiene varios testimonios «comprobados» sobre el detalle de las operaciones hechas antes y después del Irangate. Según Kerry, «está muy claro que en el abastecimiento a la Contra hubo dólares del narco  tráfico»71. Los pilotos identificados hasta ahora introducían en Estados Unidos —usando itinerarios y pistas facilitados por la CIA— avionetas cargadas con quinientos kilos de cocaína en cada viaje. Desde 1982, Bush dirige el plan llamado Estrategia Federal Contra las Drogas.

Es posible que en este terreno el tiempo depare revelaciones todavía más sorprendentes, y lo hasta hoy conocido acabe siendo una menudencia. Dicen que en 1986 se descubrió un enor me complejo agrícola mexi cano, con más de siete mil campesinos siervos y casi diez millones de kilos de marihuana almacenados 72. Una cantidad semejante —ocho veces superior a la producción anual del país, a juicio de la DEA hasta en tonces—, no parece posible sin artillería antiaérea, ejércitos informales y mucho apoyo político en todas las esferas. Por otra parte, en México la Procuraduría General de la República acaba de declarar que «nuestro país dedica casi una tercera parte de sus fuerzas armadas y más de medio millón de dólares diarios para poner freno al tráfico de drogas, que está reconocido aquí como la principal amenaza contra la seguridad nacional»73. Debe añadirse, quizá, que según los mexicanos el negocio de la marihuana está controlado por el ejército precisamente, y el gobierno por la CIA.

Militares o no, empresarios de este calibre ascienden pagando impuestos a corporaciones (como Jardine los pagaba a Bulwer Lytton y Palmerston), y caen a consecuencia de impuestos que las corporaciones se pagan unas a otras, de tanto en tanto. En Colombia, donde los grandes traficantes son enemigos de la DEA pero amigos de la CIA, sus grupos paramilitares asesinaron en 1988 a unas 3.300 per sonas por asuntos de droga, segúnAmerican Watch, una filial de Amnistía Internacional 74.(Texto citado:  páginas 206-214 del Tomo 3)



Autor: Antonio Escohotado

Título: Historia de las drogas. (3 tomos) (1ª edición: 1989)

Alianza Editorial. El libro de bolsillo

Edición online e.book:  Historia-General-de-Las-Drogas-Antonio-Escohotado-eBook

NOTAS

56 Antonil, 1978, pág. 95.

57  Ibíd, pág. 79

58 Arnao, 1980, pág. 75.


59 I.. Vinogradov, Caracas, «Juez venezolano pone en libertad a siete narcotraficantes», El País, 21-9-1987, pág. 26.


60 Cfr. E. Roig, «Un general investiga las acusaciones sobre la relación de guardias civiles con el tráfico de drogas», El País, 3-7-1987, pág. 14.

61 R. Romero, Estocolmo, «La red introducía droga en Suecia y la RFA», El País, 3-7-1987, Pág 15.


62 Cfr. A. Torres, «Petición de cuatro años de cárcel para un policía por tráfico de cocaína», El País, 28-5-1988.


63 Cfr. Mills, 1987, págs. 442 y 1093-1099.


64 Cfr. García Méndez, 1987, págs. 143-146.

65  Cfr. «The role of DEA overseas», Drug Enforcement, 4, 3, 1977.


66 Cfr. Mills, 1987, pág. 1134.

67 Cfr. Kwitny, 1987, pág. 97


68. Cfr. R. Parry y R. Nordland, 1988, pág. 24.

69 Cfr. R. Parry y R. Nordland, 1988, pág. 25.


70 Ibíd.

71 Efe, Washington, «Un protegido de la CIA llevaba armas a la "contra" y volvía con cocaína», El País, 9-4-1988, pág. 2.



Foto: Noriega, presidente de Panamá, es fichado en una comisaría de Miami acusado de narcotráfico




http://www.taringa.net/comunidades/cannabis/195151/ANTONIO-ESCOHOTADO-(para-leer-y-ver-).html


Antonio Escohotado Espinosa (Madrid, 1941) es un destacado ensayista y profesor universitario cuyos trabajos se han dirigido principalmente a los campos del derecho, la filosofía y la sociología, y que ha obtenido notoriedad pública debido a sus investigaciones acerca de las drogas. Está entre los 70 pensadores recogidos en el diccionario de pensadores del siglo XX.
Es primo del filósofo y sociólogo marxista español José Luis Escohotado Ibor (n. 1934).
Nacido en Madrid, pasó los primeros diez años de su vida en Río de Janeiro (Brasil), donde su padre era agregado de prensa de la embajada española. Tras esa estancia en el extranjero, pasó "del trópico pagano al nacionalcatolicismo mesetario de nuestros años cincuenta".1 Ya en Madrid, inició estudios de Derecho y de Filosofía, terminando solamente la carrera de Leyes y doctorándose con una tesis sobre Hegel, posteriormente editada con el título de «La conciencia infeliz. Ensayo sobre la filosofía hegeliana de la religión» por la Revista de Occidente. Ese sería su segundo libro, tras Marcuse: utopía y razón (1969). En 1970 abandona su puesto en el Instituto de Crédito Oficial, donde trabajaba, y pasa a residir en Ibiza, donde se dedica al estudio y la traducción hasta 1983, año en que ingresa en el penal de Cuenca por posesión de cocaína, en lo que él siempre ha denunciado como una trampa inducida por la policía. Continúa trabajando en prisión, donde comienza a redactar su obra magna: Historia general de las drogas (1989-1999). Tras su estancia en la cárcel se incorpora a la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) donde trabaja desde entonces, habiendo sido profesor de Derecho, de Filosofía, de Sociología y en la actualidad de Filosofía y metodología de la ciencia.

Trayectoria intelectual
Además de la actividad docente, el trabajo de Antonio Escohotado se ha centrado principalmente en la traducción, el ensayo y la investigación. Como traductor, ha vertido al castellano a Hobbes, a Newton y a Jefferson, y ha divulgado la obra de Thomas Szasz y Ernst Jünger. Como pensador y ensayista, ha tocado una enorme variedad de campos. Como filósofo, es especialista en Aristóteles, filosofía presocrática y Filosofía de la ciencia (Caos y orden, 1999). Ha escrito también, entre otras muchas cuestiones, sobre sociología del poder político (Majestades, crímenes y víctimas, 1987) y pensamiento económico (Sesenta semanas en el trópico, 2003). Su perspectiva es interdisciplinar, y combina una gran diversidad de saberes e intereses desde una posición humanística. Políticamente es un pensador singular en el panorama español, y no siempre bien comprendido ya que no se inscribe en el tradicional eje izquierda/derecha, sino que se centra en la cuestión libertad/autoritarismo. Se define como liberal clásico, heredero por tanto de Hume, Adam Smith, John Stuart Mill y Jefferson, rechazando el utopismo y el autoritarismo desde posiciones pragmáticas y racionalistas. Ha colaborado con asiduidad en publicaciones periódicas, fundamentalmente en El País y El Mundo.
La cuestión de las drogas

Pese haber explorado multitud de campos del saber, Antonio Escohotado es conocido fuera del ámbito académico por su postura favorable a la despenalización de las drogas y por sus obras relacionadas con ese tema, entre las que destaca muy especialmente su monumental Historia general de las drogas (1.ª edición, 1983), que con más de 1.500 páginas, quince ediciones (hasta 2006) y traducciones parciales o totales al inglés, francés, italiano, portugués, búlgaro y checo, es tal vez el mejor tratado sobre el género escrito hasta el momento en cualquier idioma, logrando un equilibrio notable entre erudición y divulgación. La obra contempla un recorrido multidisciplinar sobre la ebriedad, abordando aspectos históricos, culturales, mitológicos, antropológicos, sociológicos, políticos, químicos y médicos. Incluye un apéndice (anteriormente publicado por separado: El libro de los venenos, 1990, y Para una fenomenología de las drogas, 1992), que resulta un manual de uso y consumo de diferentes tipos de drogas, que el autor ha probado personalmente. El objetivo es analizar el uso de las drogas a lo largo de la historia:
Para lo sucesivo, a las conjeturas y futuribles en boga –qué pasaría si tal o cual droga cambiase de régimen- mi trabajo iba a aportar un listado muy amplio de ejemplos sobre qué pasó y cuándo, pues prácticamente ningún psicofármaco ha dejado de evocar tanto una consideración de panacea como el de pócima infernal, dependiendo de factores colaterales.
1
A lo largo de libros, entrevistas y artículos Escohotado ha desarrollado todo una teoría crítica sobre lo que denomina una moderna cruzada contra la droga y propone un modelo de consumo responsable e informado, la «sobria ebriedad». Propone la despenalización de las drogas desde una perspectiva libertaria, muy influido por el liberalismo de Thomas Szasz o de Milton Friedman: no tanto la legalización como la «derogación de la prohibición», pues es ésta la que, a su juicio, genera la adulteración, el envenenamiento, el narcotráfico, el control del individuo y el caos farmacológico:
El prohibicionismo en materia de drogas es -cada vez más- un remedio que agrava el mal en lugar de evitarlo; su vigencia sostiene imperios criminales, corrupción, envenenamiento con sucedáneos y meros venenos, hipocresía, marginación, falsa conciencia, suspensión de las garantías inherentes a un Estado de Derecho, histeria de masas, sistemática desinformación y -cómo no- un mercado negro en perpetuo crecimiento.
2

Denuncia que la regulación, y no la desregulación, es la causa del problema, y que los ejemplos históricos, como la ley seca en Estados Unidos, o las diferentes prohibiciones anteriores y posteriores de todo tipo de sustancias, deben servir como un aviso para el presente:
La sustancia no prohibida está regulada, como es el caso del alcohol etílico. Ahora bien, cuando se prohíbe, se generan casos como el periodo de la ley seca en Estados Unidos, que provocó que se distribuyese alcohol metílico, causante de miles de muertes y casos de ceguera. La diferencia no estriba en que una sustancia sea o no asequible. Una sustancia prohibida como la marihuana o el hachís nunca deja de ser asequible para la masa de consumidores.
3
Defiende por tanto las drogas como un camino hacia el autodescubrimiento, la maduración, el diálogo o la simple recreación:
Las drogas lo que hacen es inducir modificaciones químicas que también pueden inducir la soledad, el silencio, la abstinencia, el dolor, el miedo. Químicamente no se puede distinguir a una persona bajo los efectos de una droga, que bajo los efectos del yoga por ejemplo. Químicamente no somos más que un conjunto de reacciones. Lo que pasa es que la sociedad, te dice que, aunque químicamente seas igual, ese ha llegado por el camino bueno y ese por la vía de atrás.
4
Profundizar en la regla del conocerte a ti mismo, que sigue el principio socrático, el principio de la ética. Es el rito de maduración de las sociedades occidentales avanzadas a principios del siglo XXI. En la práctica se ve si el ser tiene buen o mal gusto, si se controla o no se controla; si debajo de su aparente educación esconde un monstruo autoritario, rencoroso o deprimido, o si por el contrario, tiene –como diría Freud– un "ello" (es decir, un inconsciente) sano y capaz de disfrutar. Las drogas brindan a la condición humana más control, más capacidad de enfrentarse a los desafíos de la vida. Cuando llega la prohibición, también llega la coartada victimista que permite a las personas decir esa gran falsedad: "Ay, yo no quería pero sin darme cuenta me hice esclavo y ahora soy una pobre piltrafa humana. Me permito robar a mis conciudadanos y no cumplir mi palabra"
5
Por último, denuncia también lo que considera una campaña demonizadora contra las sustancias psicoactivas que nace a mediados del siglo XX:
[...La imagen peligrosa de la droga] es una profecía autocumplida del inquisidor farmacológico. Hasta la prohibición, que empieza en Estados Unidos a principios del siglo XX, no existía prácticamente el concepto de víctima involuntaria de las drogas. A partir de la prohibición en la que metieron a miles de médicos y farmacéuticas a la cárcel por que no querían plegarse a las órdenes del Ejecutivo, se crean unas personas que viven de esa coartada. Ahora las drogas te dan coartada para no hacer nada en lo absoluto, para ser una mierda con tu familia, con tus amigos y con los demás. Eres un farsante, eres un iluso, pero quien te ha dado los argumentos y las bases para comportarte así ha sido el que ha prohibido las drogas y les puso la consigna de engendros demoníacos.
6
Para defender esta crítica al prohibicionismo, Antonio Escohotado ha participado en numerosos actos públicos y programas de televisión de diferentes países que le han otorgado una notable repercusión pública.
Curiosidades

Antonio Escohotado ha escrito la letra e interpretado parte del tema De la piel pa’ dentro mando yo (canción original de Soul Shack, de 1994), una declaración antiprohibicionista del grupo de rock experimental Mil Dolores Pequeños.7
También colaboró con el cantautor argentino de rock Andrés Calamaro (1961) en su disco Alta suciedad (1997), concretamente en la canción Nunca es igual.

Obras

La conciencia infeliz. Ensayo sobre la filosofía de la religión de Hegel (1971).
De physis a polis (1982, Anagrama).
Realidad y substancia (1986, Taurus).
Filosofía y metodología de las ciencias (1987).
Majestades, crímenes y víctimas (1987, Anagrama).
Historia general de las drogas (3 volúmenes, 1989, Alianza) Consultar partes de la obra citadas por el autor online.
El espíritu de la comedia (1991, Premio Anagrama de Ensayo).
Aprendiendo de las drogas: usos y abusos, prejuicios y desafíos (1995, Anagrama). Este volumen se publicó primero con el título El libro de los venenos en 1990 y, en 1992, como Para una fenomenología de las drogas.
Rameras y esposas: cuatro mitos sobre el sexo y deber (1993, Anagrama).
Las drogas: de ayer a mañana (1994, Talasa).
Historia elemental de las drogas (1996, Anagrama).
La cuestión del cáñamo: una propuesta constructiva sobre hachís y marihuana (1997, Anagrama)
Retrato del libertino (1997, Espasa-Calpe).
Historia general de las drogas (incluyendo el apéndice «Fenomenología de las drogas» (1999, Espasa-Calpe).
Caos y orden (1999, Premio Espasa de Ensayo 1999).
Sesenta semanas en el trópico (2003, Anagrama).
Los enemigos del comercio (2008, Espasa-Calpe). Consultar la obra online.