CHISTE 3.
Un hombre entra en un restaurante de lujo acompañado por un niño.
-Sírvame el cubierto especial para mí- le dice al camarero- y un helado al pequeño.
El caballero da cuenta del opíparo menú, mientras el niño repite su ración de helado.
-Bien -se levanta el comensal, dirigiéndose al pequeño-, termina tu ración de helado mientras yo voy a hacer un recado.
El camarero prepara la cuenta y espera el regreso del padre del niño. Pero este tarda más de lo debido y el camarero pregunta al chico:
-Parece que tu padre tarda un poco, ¿no?
-Mi padre está de viaje.
-¿Cómo que está de viaje? ¿No acaba de salir de aquí hace un momento?
-¿Se refiere a ese señor que ha entrado conmigo?
-¡Naturalmente!
-¡No lo había visto en mi vida! Me lo encontré en la calle y me dijo que me invitaba a un helado.
CONCIENCIA
Este chiste me hace pensar en las tretas de gran parte de las sectas y de los Maestros con egos descomunales: te revelan una pequeña verdad para venderte una gran mentira. Así también actúa el ego personal: te da pequeñas satisfacciones para que olvides tu inmensa insatisfacción. Las apariencias no son la verdad. Parecer es una cosa, ser es otra. La única manera lograr la felicidad, alcanzando lo sublime, es compartir lo que vas obteniendo. Las verdades guardadas como secreto, son egoístas intentos de tomas de poder. Dáles perlas-semillas a los puercos. Estos las tragarán, no podrán digerirlas pero las defecarán en tierras fértiles.
El folklore popular transmite verdades que no comprende. Al contrario de los mentirosos, los sabios pueden revelarte una pequeña mentira para que obtengas una gran verdad. El Tarot fue lanzado al mundo como un banal juego de cartas. Todos los secretos están abiertos, hay mentes cerradas. “El que tenga ojos para ver que vea”
Alejandro Jodorowsky


Mayo 18, 2010

Archivado en: Entrevista con Alejandro Jodorowsky — planocreativo @ 12:02 am
Alejandro Jodorowsky: Cuando yo era un joven poeta, en Chile, Nicanor Parra me dijo: “Es importante que conozcas esta frase de Wittgenstein: El saber y la risa se confunden”. No sé si fue el gran filósofo el que dijo esto o si Nicanor Parra lo inventó. El hecho es que he leído casi la obra completa de Wittgenstein sin encontrar tales palabras. Freud, a su manera, tomó los chistes como algo serio; Bergson escribió un tratado sobre la risa; Andrés Breton, del movimiento surrealista. exaltó el humor negro; el gurú Osho incluía en sus sermones religiosos chistes colorados; los místicos sufís usan historias cómicas del idiota sabio Nasrudin para iluminar a sus discípulos; en los Evangelios se nos presenta un Jesucristo que hace reír a sus verdugos, que, como si fuera un payaso loco, lo declaran rey del mundo poniéndole una corona de espinas; los monjes Zen se emborrachan con sake y lanzan carcajadas tremendas… Hay el humor infantil (torpezas, caídas, adultos que actúan como niños), el humor sexual (muestrario de todas las perversiones), el humor cruel (muestrario de todos los sadismos y racismos), el humor crítico (sarcasmos sobre el egoísmo humano y su vanidad), y por fin el humor negro que es un distanciamiento de todo lo que ocurre en la vida humana, sabiendo que la muerte nos espera, que el universo es eterno e infinito pero que nosotros somos efímeros, y que cualquier idea, doctrina o creencia, con el paso de los años o los siglos se convertirá en algo ridículo… Las personas “importantes”, las “autoridades”, los “grandes sacerdotes” imponen sus dogmas y reglamentan la vida de los ciudadanos, insinuando que esos mandamientos son eternos. No actúan como humanos sino como dioses. Por esto tienen que fingir ser “serios”, expulsando la sana risa de sus credos. No veo al Papa, cuando le llegue el momento de morir, hacer lo que hizo un sabio chino del período Tang. Al agonizar, dijo: “Llegó el momento supremo: voy a jugar a morir”. Y se paró sobre la cabeza, elevando los pies hacia el techo. Si el Papa actual se para sobre la mitra, eleva sus pies tan lujosamente calzados hacia techo, deja que su sotana atraída por la fuerza de gravedad se deslice hacia abajo, dejando al descubierto esos calzones floreados que le cubren las nalgas y así, en medio de una carcajada, exhala el último suspiro, juro que me convierto al catolicismo.