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    sábado, 20 de noviembre de 2010

    Mayo del 68 alemán: La revuelta de los estudiantes

    Si

    Si bien fueron muchas y diversas las grandes revueltas políticas registradas en 1968, todas ellas comparten algunos rasgos: el rechazo a la guerra de Vietnam y al imperialismo de EEUU; la exigencia del desarme nuclear; la defensa de la autodeterminación y la democracia; y el apoyo a los movimientos anticoloniales y antiimperialistas en el Tercer Mundo.
    En la Alemania Federal (RFA), el movimiento del ‘68 luchaba además contra la sombra del fascismo, en forma de continuidad de antiguos funcionarios nazis en las instituciones alemanas y el clima anticomunista y represivo del gobierno Adenauer. La universidad reproducía el mismo esquema de jerarquías autoritarias imperante en la sociedad alemana, provocando un fuerte descontento en un sector importante de los estudiantes. Éstos denunciaban además el sometimiento de la institución universitaria a las crecientes exigencias productivas del capitalismo de postguerra, que promovían su funcionalización e ideologización. Fue así como las universidades se convirtieron en el centro del movimiento del ‘68 en la RFA. Aquí pudo ejercer el SDS (Asociación Estudiantil Socialista Alemana, en sus siglas en alemán), con Rudi Dutschke como cabeza más visible, un papel de motor y portavoz del movimiento.
    Las luchas de los estudiantes tenían como objetivo una transformación radical de la universidad y de la sociedad. En febrero de 1968 tuvo lugar el congreso internacional contra la guerra de Vietnam, al que asistieron varios miles de personas de Berlín Occidental. Con el atentado contra Dutschke dos meses más tarde y los posteriores disturbios, los acontecimientos se precipitaron en la RFA. La alianza contra el proyecto de ley de Estado de excepción –que era visto como un intento de reintroducir el fascismo por la puerta de atrás– organizó el 11 de mayo de 1968 una marcha con una decena de miles de participantes en Bonn. Éste fue el clímax del movimiento, que supuso al mismo tiempo un punto de inflexión. A pesar de todo, no se logró evitar la aprobación de la ley de excepción, mientras que en Francia había fracasado la oportunidad de un cambio de poder, y el gaullismo volvía con fuerza.
    En el mismo 1968, se produjo un desmoronamiento del movimiento extraparlamentario alemán, y el SDS entró en una crisis que desembocaría en su desintegración en 1970. Muchos de los antiguos activistas del SDS buscaron nuevas fórmulas organizativas: desde asociaciones de barrio y culturales (guarderías, comunas, etc.) hasta pequeños grupúsculos maoístas. Nuevos movimientos emergieron o fueron revitalizados (pacifismo, feminismo, ecologismo) y unos pocos cayeron en el fatal camino del terrorismo (RAF).



    Fortalezas
    Al contrario de lo que puede parecer, la historia del SDS no es una historia de fracaso, sino más bien lo contrario. Uno de sus méritos fue la construcción de una izquierda radical más allá de la socialdemocracia y del estalinismo. El SDS se distanció claramente del anticomunismo de la era Adenauer, mientras que en su seno había fuertes disputas sobre su relación con el ‘socialismo’ de la URSS.
    El estilo político que el SDS fue adoptando con la entrada de Subversive Aktion (el grupo de Dutschke) en 1964, con sus acciones confrontativas, contribuyó al éxito de la organización en las revueltas por venir. La provocación servía para alcanzar objetivos políticos; conforme se agudizaban las luchas, la crítica no podía ser ignorada por la administración universitaria, el Estado y los medios. Toda persona estaba obligada a posicionarse respecto a las acciones del SDS y sus simpatizantes, así como respecto a sus contenidos.
    Así, el SDS atrajo a muchos estudiantes a sus filas y creció exponencialmente entre 1964 y 1968. Contribuyó decisivamente a impulsar la dinámica de un movimiento estudiantil de masas y marcó su orientación política. Tras el asesinato del estudiante Benno Ohnesorg el 2 de junio de 1967 se desencadenó una ola de manifestaciones, en cuyo centro se encontraba el SDS, articulando y organizando las protestas. Pero la función del SDS no se limitaba a convocar protestas, sino que le dio al movimiento del 68 un perfil anticapitalista, más allá de una simple revuelta contra el establishment o una renovación cultural. Los argumentos anticapitalistas podían explicar por qué las universidades se adaptaban cada vez más a las exigencias de la racionalidad capitalista (exmatriculaciones forzosas), por qué los EEUU llevaban a cabo una guerra en Vietnam y por qué y cómo estos fenónemos estaban relacionados entre sí. Por medio de una combinación de activismo político y un riguroso trabajo teórico (los miembros del SDS hacían círculos de lectura sobre las obras tempranas de Marx, así como sobre los textos de Georg Lúcaks, Antonio Gramsci, la Escuela de Frankfurt, etc.), el SDS logró conquistar la hegemonía ideológica del movimiento, otorgando a éste claridad, profundidad y persistencia.

    Debilidades
    Pero, como dijo el historiador británico Eric Hobsbawm, “los estudiantes por sí solos no pueden hacer la revolución, por muy numerosos y móviles que éstos sean”. El nuevo estilo con el que los activistas de Subversive Aktion impregnaron al SDS permitió a la organización ejercer un rol de liderazgo en el movimiento estudiantil, pero a su vez le hizo alejarse del movimiento obrero. Hasta mediados de los años 60, el SDS había logrado ejercer una función de visagra entre los estudiantes y el ala izquierda del movimiento obrero, gracias a su política de alianzas con algunos sindicatos en diferentes campañas contra la energía atómica, contra la ley de excepción, contra la guerra en Vietnam, etc.
    La estrategia política de Dutschke y los suyos consistía en una adaptación directa de los procesos revolucionarios del Tercer Mundo a la RFA, con la intención de crear unidades de guerrilla urbana que impulsaran la revolución en las metrópolis. El problema es que la solidaridad con esos movimientos de liberación nacional estaba ligada en demasiadas ocasiones a una posición acrítica frente a los líderes de esos movimientos, que en la mayoría de las veces perseguían objetivos de desarrollo meramente nacionalistas y no socialistas. Además, la sobreestimación de esas luchas permitió al SDS hacer la vista gorda frente a las posteriores deformaciones autoritarias de regímenes como los de China o Cambodja.
    Esta estrategia estaba influida por las ideas del intelectual alemán Herbert Marcuse, que propugnaba una revuelta de los marginalizados en los países industrializados, pero sobre todo en las antiguas colonias. Esto equivalía a identificar como nuevo sujeto revolucionario a los estudiantes, grupos marginales y los pueblos oprimidos del Tercer Mundo. Haciendo propio este análisis, el SDS resolvía la desorientación estratégica que le acompañaba desde su expulsión del SPD en 1961, otorgando a los estudiantes un papel protagonista en las luchas y considerándolos un sujeto revolucionario per se.
    Otra debilidad del SDS era una insuficiente trato específico de la desigualdad entre géneros. En el seno del SDS se reproducían las mismas jerarquías entre hombre y mujer que en el resto de la sociedad. Esto llevó a una ‘rebelión dentro de la rebelión’, que tuvo su mayor expresión poco tiempo antes de la disolución del SDS, en una conferencia de delegados en septiembre de 1968. Hans-Jürgen Krahl, miembro de la dirección del SDS, fue objeto de arrojamiento de tomates al ignorar las reivindicaciones de sus compañeras. Esta acción representó la expresión de un emergente movimiento feminista moderno, el mismo que hizo popular la frase de lo “privado es político”.

    Devenir de las protestas
    La explosión de las protestas de masas tras el asesinato de Benno Ohnesorg mostraba ya en sus orígenes las limitaciones de un movimiento exclusivamente estudiantil. En una situación de confrontación en la que una transformación radical del orden social se presentaba como la única opción posible, la base social del movimiento seguía siendo demasiado débil. “Lo que aquí es necesario es tarea de algo que podríamos llamar ‘partido’, sin tener que ser necesariamente un partido”, dijo un miembro del SDS en febrero de 1968.
    Este dilema se acentuó con el desarrollo de las protestas. La espontaneidad y el romper las normas se demostraron insuficientes para construir una resistencia masiva más allá de las universidades. El salto de las protestas al resto de la sociedad, y en concreto a los centros de trabajo, se había convertido para entonces en un imperativo. El movimiento requería la construcción de un contrapoder, y ahí el SDS se vio simplemente sobreexigido.
    La chispa del mayo 68 francés puso aún más en evidencia que la clase trabajadora no podía ser ignorada. También en Alemania explotó en septiembre de 1969 una ola de huelgas salvajes que fortalecieron la impresión de que la revolución era inminente. Pero, para entonces, el movimiento estudiantil en Alemania estaba ya de reflujo.

    Lecciones para hoy
    Las condiciones actuales son en todos los sentidos diferentes respecto al capitalismo de postguerra en Alemania, con unas altas tasas de crecimiento económico, un fuerte Estado del Bienestar y la experiencia política e ideológica de la confrontación entre bloques. Aún así, podemos extraer lecciones de la experiencia del SDS para nuestras luchas de hoy.
    En la actualidad, en el Estado español nos encontramos ante unas necesidades similares -salvando las distancias- a las del histórico SDS. Las protestas estudiantiles del 2001 contra la LOU o las del curso pasado contra Bolonia se han caracterizado básicamente por su espontaneidad y explosividad, con un importante componente antineoliberal. Pero también de corta vida, a juzgar por la desmobilización actual, tras la última gran ola de protestas. Está claro que las luchas discontinuas contra los efectos de la reestructuración neoliberal de la educación no son suficientes. También hoy, el movimiento estudiantil requiere organización y orientación. Sólo así es posible lograr lo que le faltó al SDS: una perspectiva política real y una base social sólida.

    El Mayo alemán del 68


    Escrito por Redacción Iberarte   
    Mayo del 68 en Berlín'Foco del 68' recoge material fotográfico y sonoro de los enfrentamientos entre la policía y los estudiantes alemanes hace 40 años atrás
    BERLIN-Cuarenta años después del movimiento estudiantil contestatario de "Mayo del 68", que revolucionó la sociedad europea del siglo XX, una exposición en Berlín vuelve la vista atrás para repasar aquellos convulsos meses de enfrentamientos contra el orden establecido.Aunque el "mayo francés" ha pasado a la Historia como el símbolo de esa revolución estudiantil y obrera, en otros muchos países como Alemania miles de jóvenes salieron a las calles para reivindicar una mayor libertad y más derechos individuales

    Con la ayuda de un extenso material gráfico y sonoro, la exposición "Berlín: Foco del 68" rememora los acontecimientos acaecidos en la capital alemana, escenario de violentos enfrentamientos entre los estudiantes y la policía, que lograron encender la llama de la revolución por todo el país.
    La exhibición, que tiene lugar en la Casa Americana de Berlín, presenta una colección de objetos protagonistas de aquellos meses: desde cuartillas reivindicativas a algunas pancartas con las proclamas que gritaban los jóvenes manifestantes hasta barricadas.Junto a la puerta del edificio, un tanque de las fuerzas de seguridad emite por su megáfono una grabación con las órdenes de la policía, que retrotrae al visitante al Berlín de aquellos meses.

    Revuelta Mayo del 68 en Alemania
    Una fotografía expuesta en la muestra sobre el Mayo del 68 en Berlín.(EFE)
    Grandes carteles del Ché Gevara y Ho Chi Min añaden un toque de color a las fotografías y proyecciones en blanco y negro que documentan las concentraciones masivas, algunas de las cuales acabaron tiñiéndose de rojo.La muerte el 2 de junio de 1967 del estudiante Benno Ohnesorg por disparos de la policía durante una protesta contra la visita del Sha de Persia al país, condujo a la radicalización del movimiento estudiantil y al nacimiento de grupos terroristas como la RAF (Fracción del Ejército Rojo), que siguió activa durante la década de los noventa.
    La violencia es sin duda uno de los puntos negros que se asocian con el movimiento del 68 y el debate sobre sus logros y sus influjos negativos sigue vivo.Por ello, la intención de los organizadores en este aniversario era crear un espacio para la reflexión en un lugar -la Casa Americana- cargado de significado, ya que era allí donde se concentraban los manifestantes para protestar contra la guerra.
    Esa generación, que se revolvió contra el exceso de autoritarismo del Estado, creció con la obra de autores como Kant y Hegel, bebió de la literatura marxista-leninista, y tuvo como su principal ideólogo a Herbert Marcuse, profesor por aquel entonces en EEUU.Los estudiantes no sólo exigían reformas en la educación y su formación, sino que sus reivindicaciones alcanzaban todas las esferas sociales, como la libertad sexual o la emancipación de la mujer.

    En Alemania, un icono de esta generación fue Rudy Dutschke, cabeza del movimiento contra la guerra y defensor de la emancipación femenina, que pasaría a formar parte del Partido de Los Verdes en los años noventa, al igual que Joschka Fischer, quien llegaría a ser ministro de Exteriores en el Gobierno de Gerhard Schroeder.
    La exposición abre también un hueco a otros acontecimientos de esa década convulsa, en la que esa generación de jóvenes asistió a grandes acontecimientos históricos como la Guerra de Vietnam, la Primavera de Praga o la muerte de Martin Luther King y de Kennedy.En la intención de los organizadores también está el contribuir a que los jóvenes de ahora conozcan aquella etapa decisiva en la Historia reciente, algo que -aseguran- están consiguiendo, dada la elevada demanda por parte de los colegios en Alemania de asistir a esta exhibición.

    "Aquel mayo que no sólo fue francés sino también alemán, checoeslovaco, europeo, latinoamericano, universal. En esos últimos años de la década de los sesenta nos topamos con un mundo convulsionado por un movimiento de defensa de los derechos civiles y de impuslores de contracultura hippie en San Francisco, Nueva York y Londres. Las calles de París fueron tomadas por estudiantes y obreros. La plaza de Tlatelolco, en Ciudad de México, cobró relieve como escenario de un crimen brutal.  El bloque comunista vivió la traumática primavera del 68 en una Praga que reclamaba un socialismo con rostro humano y que fue aplastada por los tanques soviéticos. Años convulsos, sin duda.

    Venezuela no escapó a esa revuelta y la Renovación Universitaria se desarrolló en la Universidad Central de Venezuela y, al cabo de los años, asistió el nacimiento del Movimiento al Socialismo (MAS), como división de los comunistas venezolanos, y del anarquista Poder Joven, de muy corta vida. Ahora tenemos la Venezuela actual: un país que vive un particular momento cargado del accionar sociopolítico, mucha participación ciudadana y un movimiento estudiantil que se roba el protagonismo social. Así muchos de los graffitis que cubrieron las paredes en el año 68 recuperan vigencia."(Alfonso Molina)

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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