Almas sin fronteras, un documental de Alfonso Domingo y Anthony L. Geist que rescata de la memoria a los brigadistas norteamericanos que lucharon en España durante la Guerra Civil con el bando republicano.
La historia de la Brigada Abraham Lincoln
Este documental ha localizado a 12 de los 2.800 voluntarios norteamericanos que lucharon en España contra las tropas de Franco. Embarcaron en Nueva York en diciembre de 1936 y el Gobierno de la República, cumpliendo acuerdos internacionales, los despidió en marzo de 1938 en Barcelona. En la Guerra Civil española murieron más de mil. El resto del contingente, el primero en la historia de los Estados Unidos donde negros y blancos lucharon sin ningún tipo de segregación racial, fueron muriendo a lo largo de los últimos setenta años. Este documental recorre la geografía norteamericana buscando a esos únicos supervivientes, protagonistas de una gesta que luchaba en España junto a otros 30.000 voluntarios procedentes de 54 países de los 66 que en aquel momento estaban reconocidos por la Sociedad de Naciones. En sus intervenciones en Almas sin fronteras los brigadistas norteamericanos narran fundamentalmente las motivaciones que les llevaron a luchar contra el fascismo en España. La crisis del 29 en Estados Unidos les hizo conscientes de que algo estaba ocurriendo en Europa. Se embarcaron para luchar en un país que ni siquiera conocían, pese a que el Gobierno estadounidense les había prohibido expresamente tomar parte en la guerra española para luchar contra el fascismo emergente en el Viejo Continente. Estaban convencidos de que si lograban detener a Franco evitarían la Segunda Guerra Mundial. Junto a los ancianos brigadistas participan en el documental dos de los historiadores norteamericanos que más han estudiado el fenómeno de las brigadas: el profesor Peter Carroll, de la Universidad de San Francisco, y el profesor Anthony L. Geist, de la Universidad de Washington.
En la Guerra Civil Española, las Brigadas Internacionales eran unas unidades compuestas por voluntarios extranjeros de 54 países de todo el mundo que lucharon junto al ejército leal a la República española frente al dirigido por el general Franco, que era ayudado por los ejércitos regulares de Alemania e Italia.
En total, según los datos manejados por los estudios realizados en Estados Unidos por los amigos de la Brigada Lincoln, llegaron a participar 59.380 brigadistas extranjeros, de los cuales murieron 9.934, aunque en realidad el total de militantes fue de 35.252, no habiendo nunca más de 20.000 hombres en total. La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados por los partidos comunistas voluntariamente o veteranos de la Primera Guerra Mundial.
Su base se encontraba en Albacete. Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid en 1936, las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Aragón y el Ebro, siendo retiradas a partir del 23 de septiembre de 1938, a fin de modificar la posición ante la intervención extranjera del Comité de No intervención.

“Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo”


30dvd_600
Con algunas actrices ocurre que son suplantadas para siempre en la memoria por uno de los personajes a los que interpretaron. Para mí, Audrey Hepburn siempre será  la Ariane del film de Billy Wilder; Joan Fontaine -cómo no-, la Lisa de ese monumento al cine que es Carta de una desconocida; Anna Karina, la prostituta Nana de Vivir su vida; Julie Christie -faltaría más-, la inolvidable Lara de Doctor Zhivago…Y Claudia Cardinale, la inocente y seductora Aida de La chica con la maleta (La ragazza con la valiglia).
        Esta no demasiado conocida película del aún menos popular directolocandinar italiano Valerio Zurlini es la historia de una cantante de orquesta que es engañada por un tipo que le promete dinero y fama para luego dejarla tirada con su maleta. Siguiéndole la pista, conocerá a Lorenzo (Jacques Perrin), el hermano menor, que se enamora de ella e intenta ayudarla. Pero las circunstancias y las diferencias de edad y de clase social terminarán separándoles.
        Pocas veces una actriz y su personaje se han adueñado, como en esta película, de todos y cada uno de los planos: la escena en que Aida va bajando lentamente la escalera de la casa de Lorenzo mientras éste la observa; la pequeña fiesta en el hotel, en la que Aida se deja seducir por otro mientras Lorenzo se emborracha; la larga escena de la playa y la posterior despedida; y el momento final, con Aida ya completamente sola, sin saber qué va a ser de ella, caminando en la noche hasta salir del plano.
        Sin las estridencias propias de buena parte del cine romántico italiano, con una preciosa fotografía en blanco y negro y las notas del aria Celeste Aida de Verdi, Zurlini consiguió una triste y maravillosa película habitada por un personaje inolvidable, una obra maestra del cine italiano que merece ser revalorizada.


La chica con la maleta 


Considerada por el propio Fellini como la película que salvó su carrera de cineasta, tras los fracasos de Luces de variedades (Luci di varietà, 1950) y El jeque blanco (Lo sceiro bianco, 1951), Los inútiles (I vitelloni), con guión del propio Fellini y de Ennio Flaiano, describe la tranquila vida de una pequeña ciudad -la Rimini natal de Fellini- donde un grupo de jóvenes ve pasar los días sin mayor aspiración que ir medrando entre romances, fiestas y bromas. Sólo Moraldo, el personaje que actúa como observador y trasunto del cineasta, decide despertar y largarse a buscar otro futuro en la capital.
http://cosasquehemosvisto.wordpress.com/2009/11/



















"Ambientada en Rimini, ciudad natal del director, “Los Inútiles” se centra en las historias 
y aventuras de un pequeño grupo de amigos del género “buenos para nada” que habitan 
en un pueblo italiano y que se dedican a hacer lo menos posible a pesar de ya rondar los
 30 años de edad. Mientras algunos anhelan escapar de esa vida para buscar una mejor 
oportunidad en alguna otra ciudad, otros intentan sobrevivir a pesar de sus errores y
 compromisos adquiridos inintencionadamente, todos sumergidos en una mediocridad 
que se solapan los unos a los otros."
http://365diasdecine.com/2010/06/14/92-los-inutiles/





Calle Mayor 




        En Calle Mayor, basada en la obra de Carlos Arniches La señorita de Trevélez (1916), el entonces prestigioso director Juan Antonio Bardem cuenta la triste historia de Isabel (impresionante Betsy Blair), una solterona de 35 años sin apenas vida social en una pequeña ciudad de provincias, que es víctima de una trágica broma por parte de Juan, quien, convencido por sus amigos (unos tipos sin aspiraciones, que pasan el tiempo de café en café y matan su aburrimiento gastando bromas pesadas, y que bien podría ser los inútiles del film de Fellini al cabo de unos años), le hace creer que está enamorado y quiere casarse con ella. Federico, el escritor amigo de Juan que viene de Madrid para ayudarle a salir del problema -y que, como Moraldo en Los inútiles, es el personaje que elige otra vida-, acaba confesándole el engaño a Isabel, ya definitivamente rota y sin esperanzas en su regreso a casa, bajo la lluvia y las miradas, por la Calle Mayor. 

        Con una mirada más amable y nostálgica en el caso de Fellini, y mucho más dramática y crítica en el de Bardem, ambos cineastas muestran la adormecida vida en dos grises ciudades de la Italia y la España de la época, a través de unos personajes cuyas ilusiones, si alguna vez las tuvieron, se han quedado en el camino. Vistas hoy, Los inútiles me parece una de las mejores películas de su autor, por encima de otras con mayor prestigio, y Calle Mayor es, además del mejor film de un cineasta que no llegó tan lejos como apuntaba, una de las cimas del cine español
Publicado noviembre 20, 2009
http://cosasquehemosvisto.wordpress.com/2009/11/











Isabel y su madre a misa










"La "crítica realista" de Bardem y su análisis del comportamiento de las personas, y la sociedad en general, en extremos odiosos y crueles, nos recuerda que la crueldad no conoce límites. Nos recuerda que las personas somos un claro reflejo de nuestro entorno con sus más y sus menos, y que somos la primera amenaza para los que nos rodean llegados a un caso extremo.

La película ganó el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Venecia de 1956 y a punto estuvo de lograr el León de Oro en la categoría principal, aunque finalmente quedó desierta. También elegida por la Academia Española de Cine para representar a España en los Oscars, aunque finalmente no fue seleccionada. Aquel año ganó el Oscar en esa categoría La strada de Fellini"

http://cineastasextraordinarios.blogspot.com/2010/04/peliculas-calle-mayor.html


El suplemento cultural (adncultura) del rotativo argentino La Nación ha ofrecido a sus lectores una entrevista con este pensador francés:















Por Luisa Corradini
Corresponsal en Francia – París, 2008
En 1818, la teoría de un extravagante pedagogo francés provocó una revolución en el rígido universo de la educación europea: “Quien enseña sin emancipar embrutece”, predicaba Joseph Jacotot. Todo hombre, todo niño, postulaba, tiene la capacidad de instruirse solo, sin maestro. El papel del docente debe limitarse a dirigir o mantener la atención del alumno. Jacotot proscribía a los maestros “explicadores” y proclamaba como base de su doctrina ciertas máximas paradójicas con las que se ganó virulentas críticas: todas las inteligencias son iguales. Quien quiere puede. Es posible enseñar lo que se ignora. Todo existe en todo.
Un siglo y medio después, el filósofo marxista Jacques Rancière consagró un libro, El maestro ignorante (Libros del Zorzal), a ese personaje singular, alternativamente revolucionario, capitán de artillería, profesor de química, latinista y fundador de un corpus teórico bautizado “la educación universal”.
El tema no podía ser más apropiado para Rancière que, a partir de la experiencia de Jacotot, analiza los principios de su teoría y los compara con el sistema educativo y social moderno, basado en la admisión de la desigualdad entre saber e inteligencia.
Alumno de Louis Althusser, Rancière participó en la redacción de Para leer El Capital (1965), antes de alejarse y cuestionar la doctrina de su maestro en La lección de Althusser (1974). A partir de 1970, se lanzó de lleno en lo que sería desde entonces su línea de investigación: los lazos entre política y estética.
En más de treinta libros, ese hombre discreto y tímido de 68 años, apasionado cinéfilo, dueño de una inmensa cultura y de una temible complejidad intelectual, analizó las representaciones tradicionales de lo social y los procesos de emancipación de la clase obrera.
Ante la aparición en la Argentina de El maestro ignorante , Jacques Rancière recibió a adn CULTURA en París [recordemos que hay versión castellana de 2003 en Laertes; lo contrario que con Los nombres de la historia, publicado en Nueva Visión allá por el 1992, en Argentina, y vertido entre nosotros al catalán en 2005 por la Universitat de València-PUV]
-Para el neófito, la única forma posible de enseñar es explicando. ¿Cómo hacer para que, sin explicaciones, un niño, o un adulto entiendan lo que no conocen?
-Joseph Jacotot consiguió demostrar que el método de la explicación constituye el principio mismo del sometimiento, por no decir del embrutecimiento.
-¿Podemos recordar el comienzo de esa aventura singular?
-La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro.
-Y así nació la teoría de la “educación universal” o “método Jacotot”. En el nivel empírico, ¿podríamos decir que el maestro ignorante es aquel que enseña lo que él mismo ignora?
-Así es. Según Jacotot, es posible enseñar lo que uno ignora si uno es capaz de impulsar al alumno a utilizar su propia inteligencia.
-Esa osadía hizo temblar a toda la Europa intelectual, desde Bruselas hasta San Petersburgo.
-Porque la osadía de Jacotot consistió en oponer la “razón de los iguales” a la “sociedad del menosprecio”. En realidad, el objetivo de ese apasionado igualitarista era la emancipación. Jacotot pretendía que todo hombre de pueblo fuese capaz de concebir su dignidad humana, medir su propia capacidad intelectual y decidir cómo utilizarla. En otras palabras, se convenció de que el acto del maestro que obliga a otra inteligencia a funcionar es independiente de la posesión del saber. Que era posible que un ignorante permitiera a otro ignorante saber lo que él mismo no sabía; es posible, por ejemplo, que un hombre de pueblo analfabeto le enseñe a otro analfabeto a leer. Y aquí llegamos al segundo sentido de la expresión “maestro ignorante”.
-¿Cuál es?
-Un maestro ignorante no es un ignorante que decide hacerse el maestro. Es un maestro que enseña sin transmitir ningún conocimiento. Es un docente capaz de disociar su propio conocimiento y el ejercicio de la docencia. Es un maestro que demuestra que aquello que llamamos “transmisión del saber” comprende, en realidad, dos relaciones intrincadas que conviene disociar: una relación de voluntad a voluntad y una relación de inteligencia a inteligencia.
-Pero usted dice que no hay que equivocarse sobre el sentido que tiene esa disociación.
-Hay una forma habitual de interpretarla: como una disociación que intenta destituir la relación de autoridad magistral para remplazarla solo por la fuerza de una inteligencia que ilumina otra inteligencia. Ese es el principio de innumerables pedagogías antiautoritarias.
-¿Como la mayéutica socrática, en la que el maestro finge la ignorancia para provocar el saber?
-Así es. Pero en la teoría de Jacotot, el maestro ignorante opera la disociación de una forma totalmente diferente. En realidad, haciendo creer que su objetivo es suscitar una capacidad, la mayéutica busca demostrar una incapacidad. Sócrates no solo demuestra la incapacidad de los falsos sabios, sino también la incapacidad de todo aquel que no es llevado por el maestro por la buena senda, sometido a la buena relación entre inteligencia e inteligencia. El “liberalismo” mayéutico no es más que la variante sofisticada de la práctica pedagógica ordinaria, que confía a la inteligencia del maestro el trabajo de llenar la distancia que separa al ignorante del saber.
- ¿Y Jacotot invierte el sentido de la disociación?
-Sí. Para él, el maestro ignorante no establece ninguna relación de inteligencia a inteligencia. El maestro es solo una autoridad, una voluntad que ordena al ignorante que haga su camino. Es decir, echa a andar las capacidades que el alumno ya posee, la capacidad que todo hombre demostró logrando sin maestro el más difícil de los aprendizajes: aprender a hablar.
-Pero volvamos a los defectos del método explicativo. ¿Por qué la explicación es “el principio mismo del sometimiento”?
-El problema reside en la lógica misma de la razón pedagógica, en sus fines y sus medios. El fin normal de la razón pedagógica es el de enseñar al ignorante aquello que no sabe, suprimir la distancia entre el ignorante y el saber. Su instrumento es la explicación. Explicar es disponer de elementos del saber que debe ser transmitido en conformidad con las capacidades supuestamente limitadas de los seres que deben ser instruidos. Pero muy pronto esta idea simple se revela enviciada: la explicación se acompaña generalmente de la explicación de la explicación. Hay que recurrir a los libros para explicar a los ignorantes lo que deben aprender. Pero esa explicación es insuficiente: hacen falta maestros para explicar a los ignorantes los libros que les explicarán el conocimiento.
-Un proceso que podría volverse infinito
- si la autoridad del maestro no pusiera un punto final, transformándose en el único capaz de decidir dónde las explicaciones ya no necesitan seguir siendo explicadas. Jacotot creyó poder resumir la lógica de esta aparente paradoja: si la explicación puede llegar a ser infinita es porque su función esencial es la de volver infinita la distancia misma que ella está destinada a reducir.
-¿Se podría decir entonces que la utilización de la explicación es mucho más que un medio práctico al servicio de un fin?
-Es un fin en sí misma. Es la verificación de un axioma primario: el axioma de la desigualdad. Explicar algo a un ignorante es, ante todo, explicarle que no comprendería si no se le explicara. Es demostrarle su incapacidad. La explicación se presenta como el medio para reducir la situación de desigualdad en la que se hallan los que ignoran en relación a los que saben. Explicar es suponer que hay, en el tema que se enseña, una opacidad específica que resiste a los modos de interpretación y de imitación mediante los cuales el niño aprendió a traducir los signos que recibe del mundo y de los seres hablantes que lo rodean. Esa es la desigualdad específica que la razón pedagógica ordinaria pone en escena.
-Usted va más lejos en su libro y afirma que esa desigualdad específica, ese axioma “desigualitario” es el modelo con el que funciona el sistema social. En consecuencia, la oposición filosófica se transforma también en oposición política.
-Exactamente. Esa oposición no es política porque denuncia un saber ejercido desde arriba en beneficio de una inteligencia de abajo. Lo es en un nivel mucho más radical porque atañe a la concepción misma de la relación entre igualdad y desigualdad. Jacotot demuestra que la lógica explicativa es una lógica social, una forma en la cual el orden “desigualitario” se representa y se reproduce.
-Los años en que se produjo la polémica en torno al método de Jacotot corresponden, en efecto, al momento en que se instaló en Europa un proyecto de orden social nuevo, basado en la demolición de la Revolución francesa.
-Es el momento preciso en que se quería terminar con la revolución. En que se pretendía pasar de la edad “crítica” de la deconstrucción de las trascendencias monárquicas y divinas a la edad “orgánica” de una sociedad que reposara en su propia razón inmanente. Es decir, una sociedad que armonizara sus fuerzas productivas, sus instituciones y sus creencias, y que las hiciera funcionar según un único régimen de racionalidad. Y ese paso de la edad crítica y revolucionaria a una edad orgánica exigía, ante todo, resolver la relación entre igualdad y desigualdad.
-Ese proyecto no tiene, según usted, muchas diferencias con nuestras sociedades orgánicas actuales.
-El proyecto de sociedad orgánica moderna es un proyecto de mediaciones que establecen dos elementos esenciales entre lo de arriba y lo de abajo: un tejido mínimo de creencias comunes y posibilidades limitadas de desplazamiento entre los distintos niveles de riqueza y de poder.
-Y el maestro ignorante es aquel que se sustrae a ese juego.
-Sí, en el acto de oponer la emancipación intelectual a la mecánica de la sociedad y de la institucionalización progresivas. Oponer la emancipación intelectual a la institucionalización de la instrucción del pueblo es afirmar que no hay etapas en la igualdad. Que esta es una, entera, o no es nada.


El maestro ignorante
Jacques Ranciere

En el año 1818, Joseph Jacotot, lector de literatura francesa en la Universidad de Lovaina, tuvo una aventura intelectual. Una carrera larga y accidentada le tendría que haber puesto, a pesar de todo, lejos de las sorpresas: celebró sus diecinueve años en 1789. Por entonces, enseñaba retórica en Dijon y se preparaba para el oficio de abogado. En 1792 sirvió como artillero en el ejército de la República. Después, la Convención lo nombró sucesivamente instructor militar en la Oficina de las Pólvoras, secretario del ministro de la Guerra y sustituto del director de la Escuela Politécnica. De regreso a Dijon, enseñó análisis, ideología y lenguas antiguas, matemáticas puras y transcendentes y derecho. En marzo de 1815, el aprecio de sus compatriotas lo convirtió, a su pesar, en diputado. El regreso de los Borbones le obligó al exilio y así obtuvo, de la generosidad del rey de los Países Bajos, ese puesto de profesor a medio sueldo. Joseph Jacotot conocía las leyes de la hospitalidad y esperaba pasar días tranquilos en Lovaina.


Entrevista realizada en París el 29 de abril de 2009 para el portal “La vie des idees” tradujo al francés hace unas semanas esta entrevista cuya transcripción hizo Feyrouz Djabali y la traducción Sylvie Taussig.
Publicada por “Sin permiso” en el número Diciembre de 2009· nº 44.

La Vie des Idées : En su calidad de intelectual comprometido, ha conocido a lo largo de su vida muchas situaciones de crisis y de revueltas populares. Usted estaba en España durante la Guerra Civil, ha observado los movimientos sociales en España e Italia en la década de 1950 y estaba en la década de 1960 en Cuba cuando la guerrilla revolucionaria. ¿Influyeron estos acontecimientos en sus primeras investigaciones sobre los rebeldes; cómo?
Eric Hobsbawm : Obviamente me influyó la experiencia del tiempo que me tocó vivir, incluso en la elección de temas de investigación. Es evidente que alguien cuya politización se produjo en la Alemania de la Gran Depresión y que llegó poco después a Inglaterra para asistir a las marchas contra el hambre o a la movilización de los desempleados no puede sino desarrollar interés por estas cuestiones.
También quiero añadir que cuando me uní al ejército, serví en una unidad de reclutas de la clase obrera. Aprendí mucho de la experiencia vital de mis compañeros. Pero realmente escogí  mis investigaciones en la década de 1950 a partir lo que había aprendido en mis viajes y de mis esfuerzos por repensar mis inclinaciones políticas. Como traté de explicar en mi autobiografía, también procede en gran medida de mi descubrimiento de la naturaleza de la política popular de la Italia de los cincuenta. De ahí mi interés por el pensamiento y la práctica políticas de personas que aún no habían adquirido el vocabulario moderno de la acción política, con su su sintaxis y gramática, sus instituciones y sus formas, pero que tenían su propia forma de expresar sus aspiraciones, de luchar, de protestar y de tratar de que tuvieran éxito. Empecé a pedirles a mis amigos italianos que me aconsejaran algunas lecturas,   por ejemplo  el estudio de Benedetto Croce  dedicado a la política napolitana. Otros temas similares me llamaron la atención. Fue así como comencé a escribir mis primeros estudios sobre la política “prepolítica”.
Al mismo tiempo, me di cuenta de que estas investigaciones abrían una nueva perspectiva sobre mi concepción convencional de lo que era la política popular, es decir, los partidos políticos y las organizaciones. En ese momento  pensaba que la única forma de hacer política era la moderna, y sin embargo era diferente de la que había en las mentes de muchas de aquellas personas. Es esta tensión y esta confluencia de dos tradiciones diferentes lo que captó mi interés. Se decía que en algunas regiones de Italia las personas vivían a la vez en la época de Lutero y en la de Lenin. Esta diferencia me fascinó. Mi interés por estos asuntos se acrecentó desde entonces,   especialmente por la relación con las formas primitivas que se han asociado al bandidaje social. Pero esto, como ustedes saben, ha sido ampliamente discutido y no necesariamente aceptado.
La Vie des Idées: ¿Diría usted que,  en la época de sus primeros compromisos políticos en la Inglaterra de los años 1930 y 1940, era una especie de francotirador o incluso un “rebelde”? ¿Hay un vínculo entre su vida y la atención que siempre ha mostrado por la gente fuera de lo común (“uncommon people“)?
Eric Hobsbawm: No creo que haya una relación personal de este tipo. En realidad, comencé a descubrir a las figuras marginales de la sociedad durante la ocupación de Alemania tras la guerra, cuando conocí a todo tipo de personas que en cierto modo no habían estado implicadas yque se encontraban en el escalón más bajode la escala social, las mujeres por ejemplo. No estoy interesado en los bajos fondos, ni en personas de baja estofa que sólo estaban parcialmente integradas en la sociedad tradicional y actuaban en sus márgenes, sino en los que componen la mayoría de la población: campesinos, poblaciones urbanas, etc. Yo añadiría que hay que distinguir estos grupos que se sabían y pensaban como marginales, como los gitanos y, en cierta medida, los judios, que funcionaban como sociedades “esteriores” y tenían sus propias normas. Vivían en una especie de simbiosis con la sociedad porque desempeñaban su rol,  pero no eran menos diferentes y no reconocidos. Deliberadamente decidí no centrarme  en esos grupos o fenómenos, excepto en  la música popular como el jazz, que creció y se desarrolló en los márgenes. En este sentido, me he podido interesar por los márgenes, pero fue un ángulo de análisis histórico distinto al análisis de las revueltas primitivas.

Escribir la historia de la revuelta
La Vie des Idées : Al principio de su carrera era  más conocido como historiador de la clase obrera británica. Sin embargo, su enfoque era diferente del de  la historia obrera entonces dominante. Usted no se orientaba hacia el estudio de los sindicatos o partidos políticos, sino que fijaba su mirada particular en la estructura de la clase obrera y en grupos más pequeños,  como los rebeldes de “Capitán Swing”  o a los que destruían las máquinas. ¿Había ahí una manera de estudiar los “márgenes” de la historia de la clase obrera?
Eric Hobsbawm : Sí y no. Tiene razón al decir que no tenía gran simpatía por la historia tradicional de la clase obrera, que era una historia de las organizaciones  y sobre todo una especie de historia evolutiva, diciendo que  las organizaciones mejoran con el paso del tiempo. Era una historia de los líderes, las organizaciones, los programas. Yo estaba más interesado en cómo los trabajadores se organizaban ellos mismos dentro de los sindicatos, y en su caso en las organizaciones. Por ejemplo, uno de mis primeros estudios se centraba en cómo los trabajadores organizaron su propia migración laboral, a imagen de los artesanos ambulantes o trabajadores desempleados que fueron de un lugar a otro en busca de trabajo . ¿Cómo se organizaron? No lo estaban de forma centralizada, pero desarrollaron redes y acuerdos dentro de su propia organización. En cierto sentido, esta cuestión no sólo concierne a los trabajadores, que tenían conciencia política  y que eran los actores de esos movimientos, sino también a los que se quedaron fuera. Creo que mi propia contribución a la historia del trabajo fue, a través de estos estudios,  mostrar cómo estos fenómenos se desarrollaron realmente en el fondo, y no desde una  historia de fechas, grandes hombres o batallas.
La Vie des Idées : ¿Cuáles eran sus relaciones con otros historiadores británicos como Edward P. Thompson, por ejemplo, en los años 1950 y 1960?
Eric Hobsbawm : Intenté encontrar mi sitio dentro de una generación de historiadores que, en conjunto, han transformado la enseñanza y la investigación histórica entre la guerra y la década de 1970. La mayoría de ellos trabajaban en el intento de casar  su formación como historiadores con los descubrimientos y los conocimientos de las ciencias sociales. La mayoría también trabajaba en las transformaciones dinámicas de la sociedad, lo que explica la importancia que le daban  a la discusión sobre la transición del feudalismo al capitalismo. Compartía en gran parte a estas preocupaciones, pero también y al mismo tiempo había otro aspecto que me interesaba y que, muy a menudo, era inseparable del interés por la historia de la gente de abajo. No me inspiraba tanto en Marx como en a autores como Georges Lefebvre y, de una manera especial,  Gramsci, por su trabajo sobre las clases subalternas. Para mí fue una gran iluminación ver estas clases como un grupo de personas que buscaban una manera de ser una realidad en la sociedad, que la sociedad no reconocía y que ellos mismos no reconocían todavía . Por tanto, yo también me centré en la lógica y la coherencia, tanto en ideas como en acciones,  de esta gente de abajo.
La Vie des Idées : ¿Qué análisis hacía de la “racionalidad” de los rebeldes que abordó en sus estudios iniciales?
Eric Hobsbawm : Sigo creyendo que es necesario un enfoque en términos de “elección racional”  para entender estos fenómenos. Los actores se las ven con su propia coherencia lógica. Lo importante para el historiador es descubrir por qué tiene sentido para ellos actuar como lo hacen. Por ejemplo, ¿por qué los agricultores que ocupan tierras comienzan inmediatamente a ararlas, en lugar de limitarse a ocuparlas? Lo hacen porque creen que es imposible poseer la tierra  sin trabajarla. Así,  a menos que se mantenga el derecho a trabajar la tierra nadie la podrá poseer. Mi reflexión vincula esto a una larga tradición académica de pensamiento político, que se remonta a John Locke y otros, pero va más allá e intenta ver qué sentido tiene para la gente de abajo.

De la historia de la clase obrera a los Estudios Subalternos
La Vie des Idées : Desde la década de 1980  su trabajo se ha centrado cada vez más en las grandes síntesis históricas, las revoluciones, el nacionalismo o los imperios. Al mismo tiempo, los Estudios Subalternos han propuesto renovar la escritura de las vidas de la gente común. Algunos de los fundadores de este movimiento han criticado el hecho de que haya caracterizado las revueltas de los campesinos como “prepolíticas” y consideran que esa posición revela un punto de vista “occidental”. ¿Qué piensa usted de esta crítica, y de cómo ha sido discutido su trabajo desde la década de 1960?
Eric Hobsbawm : Los investigadores de los Estudios Subalternos formaban parte originalmente de la misma tendencia, el marxismo indio. Se hicieron críticos, y opino que muy críticos, porque privilegian en exceso las hipótesis y modos de acción de la cultural tradicional. Minimizan el papel de las transformaciones económicas y sus consecuencias sobre las clases sociales. Trataron de transformarlas en una versión diferente de la rebeldía primitiva. Mi crítica es que si bien estaban en lo cierto, en la práctica,  al establecer que estas personas aunque apoyaban al Partido Comunista de la India no lo hacían de una manera ortodoxa, en cambio yo percibí desde el principio los límites de esta forma de protesta y rebeldía, que era muy real, pero que era en el mejor de los casos un poder muy negativo, no positivo, de transformación. El ejemplo más obvio que conozco es el del Perú de los años 1960 y 1970, donde, de hecho, una serie de revueltas populares y de ocupación de tierras por las comunidades campesinas destruyeron prácticamente el sistema latifundista. En cierto momento, el sistema simplemente dejó de existir, pero estas comunidades rurales no pudieron hacer nada más, porque eran incapaces de coordinarse. La escasa coordinación que pueda existir debe proceder de otros lugares. En Perú, en aquel momento, provenía de un grupo de generales políticamente progresistas. Una razón de mi compromiso con el comunismo era el enorme poder de los partidos comunistas como organizaciones, que eran capaces de reunir a las fuerzas sociales y  hacerlas fuerzas activas en la historia, al menos antes de ponerse encima y borrarlas, pero ésa es otra historia…  Mi crítica fundamental a los Estudios Subalternos  no es tanto a sus descubrimientos como a sus implicaciones políticas.
La Vie des Idées : Algunos se quejan de que los rebeldes parecen haber desaparecido de sus trabajos posteriores. A veces se tiene la impresión de que el análisis de las principales fuerzas políticas y económicas que han marcado la historia, a lo que dedicó varios libros, es difícil de combinar con una atención especial a los disidentes y los que protestan. ¿Es ésta una falsa impresión o es realmente difícil escribir grandes síntesis históricas  incluyendo las ideas y prácticas de los dominados?
Eric Hobsbawm : Ante todo, debemos ser conscientes de que lo que llamamos revuelta y rebelión son categorías inventadas por los poderosos. Para aquellos que no lo son, eso no es necesariamente una rebelión,  es tal vez la afirmación de derechos y reivindicaciones. Por tanto, la definición de lo que constituye una rebelión o revuelta es algo que se hace desde arriba.  Yo añadiría que alguien dijo una vez que la mayoría de las revueltas campesinas de la Rusia del siglo XIX se resumen  en la solemne multitud de campesinos reunidos en la plaza del pueblo arengados  por los policías. Y nada más!
El concepto de rebelión o de revuelta, como tal, puede ser reapropiado por un grupo de revolucionarios, de rebeldes o de progresistas. Ferrer i Guàrdia dijo: “Yo no soy un revolucionario, soy un “rebelde“. Así que creo que prefiero abandonar el término rebelión o revuelta y hablar de movimiento de  afirmación de los derechos o de manifestaciónde reivindicación de derechos.
¿Cómo se producen estos movimientos? Tradicionalmente, durante el período que más me interesa, rara vez eran espontáneos: se constituían en el seno de una matriz de las convenciones y de hipótesis sobre la forma en la que las personas se debían de comportar entre ellas  y siempre dependían en cierta medida de una forma de estructura de decisión y de consejo. En los movimientos campesinos y aldeanos, incluso en su forma más primitiva,  se reunían y discutían acerca de cómo decidir y actuar. Por ejemplo, en el siglo XX en los Balcanes se reunían alrededor de la oficina de correos para discutir las novedades. En ausencia del alcalde del pueblo o de otra persona importante, se recurría al consejo del maestro, quien podía tener una posición central en la formación de la opinión y,  llegado el caso,  en la acción. En el nivel más bajo, este papel era asumido por el zapatero. En estas condiciones, usted debe entender que incluso estos movimientos llamados “espontáneos”  están en realidad estructurados. En la Francia del siglo XVIII, por ejemplo, la “taxation populaire“  no fue algo que sucedió de repente. Había formas de hacerlo, ya sabe cómo debía hacerse. Las mujeres ocuparban un lugar importante, era parte de su función.
El análisis debe hacerse en el nivel macro: ¿hasta qué punto estos movimientos son eficaces a gran escala? Tal vez deberíamos tener en cuenta los factores negativos;  que luego pueden recaer en las cosas espontáneas. Tomemos el ejemplo de la deserción militar, que es una forma de acción negativa, pero que puede revelarse también una forma de acción muy importante. ¿Cuándo se desintegra un ejército? Realmente no lo sabemos y sólo podemos especular. Sabemos cuándo hay resistencia al reclutamiento en el país  donde se introduce el servicio militar universal, y la cantidad de gente que trata de evitarlo, pero no necesariamente sabemos hasta qué punto puede afectar la acción negativa, en tiempo de guerra, de las personas que se niegan a entrar en combate. Creo que es a través de estas formas negativas que lo que llamamos revueltas populares manifiestan su mayor importancia histórica. Para que una acción positiva sea posible es necesario que en cierta medida esté  controlada y dirigida, oficialmente o no,  por grupos acostumbrados a actuar a escala estatal o nacional.

¿Quiénes son los rebeldes de hoy?
La Vie des Idées : Las formas de la rebelión sobre las que trabajó en la década de 1960 no parecen haber desaparecido. La globalización, como la industrialización en el siglo XIX, ha dado lugar a numerosas acciones de protesta, como la ocupación de tierras, tomar como  de rehenes a empresarios por parte de los  trabajadores amenazados de despido, manifestaciones, etc. Estas prácticas son descritaz  a veces como “primitivas”, ¿pero no son una forma moderna de contestar las desigualdades sociales producidas por la globalización?
Eric Hobsbawm : En primer lugar, la tradición de la acción política proviene del desarrollo de la política popular moderna, por ejemplo la transformación gradual de la forma de las manifestaciones clásicas  en manifestaciones sistemáticas institucionalizadas, ya sean mítines o formas de acción estructuradas. Pienso, por ejemplo, que una de las grandes ventajas de un país como Francia es que este tipo de acciones estructuradas integra el hecho de “salir a la calle”. Desde la Revolución Francesa, esta práctica forma parte del aprendizaje político de los individuos, educados en un país donde la política nacional ha tomado una forma jacobina,  republicana,  y a continuación socialista.
Al otro lado del Canal, el movimiento sindical ha desarrollado sus propias técnicas de lucha, que no siempre han sido reconocidas como tales. El luddismo, por ejemplo, es una técnica que se utiliza a menudo para hacer más eficaz la huelga y los conflictos laborales en los casos en que no se puede hacer otra cosa. Se puede citar asimismo  la gran huelga general de 1842 en Inglaterra, que fue llamad “Plug Riots”, porque los huelguistas destapaban las máquinas de vapor.
De vez en cuando  surgen nuevas formas de acción . Por ejemplo, durante la Gran Depresión de la década de 1930 en Francia, Inglaterra y también en América, fue muy característica la ocupación de los lugares de trabajo, sobre todo fábricas. Hoy en día, secuestrar a los patronos es otra acción. No creo que tenga sentido clasificarlo como “primitivo” o “no-primitivo. Se trata de una búsqueda de nuevos modos eficaces de acción. Debo añadir que estas nuevas formas de acción vienen determinadas en gran medida por las circunstancias. Ahora tenemos nuevas circunstancias, que no estabanen el pasado, es decir, vivimos en una “sociedad mediática”. Conseguir dar a corto plazo la máxima publicidad a una acción y encontrar una nueva manera de hacerla es una forma perfectamente racional de expresar su punto de vista. En este caso, por ejemplo, puede que tomar al jefe como rehén  no tenga ningún efecto real sobre la distribución del poder, pero produce una enorme publicidad, atrayendo la atención de la opinión pública, al margen de que la publicidad sea buena o mala.
La Vie des Idées : Al final de su “Historia del Siglo XX” expresa su preocupación por “las fuerzas generadas por la economía técnico-científica [que] son lo suficientemente grandes como para destruir el medio ambiente”. Al comienzo de su último libro, “Guerra y paz en el siglo XXI”, parece preocupado por las cuestiones ambientales y la prioridad que los gobiernos le dan al crecimiento económico. ¿Cree usted que las cuestiones ambientales y la oposición al desarrollo científico-técnico son asuntos para una revuelta legítima?
Eric Hobsbawm : Éstos son temas centrales. Una de las razones por las que no soy muy optimista es que superan con mucho el ámbito de las políticas existentes. Estos problemas deben ser resueltos a nivel transnacional y, sin embargo, la política en su conjunto es la única área en la que la globalización no ha hecho ningún progreso significativo. El Estado-nación sigue siendo el único ámbito en el que es posible la acción política. Las organizaciones transnacionales están tratando de expandirse. Por ejemplo, el auge de las ONG es esencial, porque están estructuradas para poder actuar a nivel mundial. Los nuevos movimientos, encabezados principalmente por minorías importantes, han reconocido el potencial de las operaciones transnacionales, en gran parte a través de la revolución de las tecnologías de la comunicación. Se pueden citar muchos ejemplos: 1968 fue probablemente la primera vez en que las ideas se extendieron por doquier,  un poco como se extiende hoy el temor de una pandemia causada por la gripe. 1968 fue un ejemplo precursor,  que vino de México y triunfó en Occidente, para pasar luego a Praga y extenderse hacia el este. Fueron casi siempre movimientos espontáneos. En las últimas décadas, estas técnicas han sido utilizadas para organizar campañas mundiales, entre ellas “las campañas anti-globalización”, que en realidad dependen de la globalización. ¿Serán eficaces? No lo sabemos.
Por otra parte, una acción realmente eficaz sólo es posible si es  realizada por actores realmente transnacionales. Pero hoy en día aún no existen. La mayor esperanza es se establezcan acuerdos entre los principales agentes,  que no son muchos: el G20, los principales sindicatos, etc. Si pudieran ponerse de acuerdo para actuar al mismo tiempo, ciertas acciones podrían llevarse a cabo. No sabemos si pueden, pero que deben y deberían hacerlo es indudable. 
Eric Hobsbawm
Eric Hobsbawm  es decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: “Años interesantes”, Barcelona, Critica, 2003.