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    domingo, 18 de enero de 2009

    ELOGIO DEL AMOR de Jean-Luc Godard




    ELOGIO DEL AMOR(20001)

    Éloge de l'amour
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    Sinopsis:
    "Alguien a quien oímos, pero al que no vemos, habla de un proyecto titulado Elogio de amor, que trata de los cuatro momentos claves del amor: el encuentro, la pasión física, las disputas y la separación, y la reconciliación. Estos momentos se contemplan mediante tres parejas: joven, adulta y anciana. ¿Será el proyecto una obra teatral, una película, o incluso una ópera? Una especie de sirviente o ayudante acompaña siempre al autor del proyecto."


    «He encontrado una idea de novela [de película]. No describir la vida de las gentes sino solamente la vida, la vida simplemente; lo que hay entre las gentes, el espacio, el sonido y los colores. Querría llegar a eso. Joyce probó, pero debemos poder... Poder hacerlo mejor.» Ferdinand Griffon. 
    Pierrot le fou (Jean-Luc Godard. 1965)

    "Pero Godard no es solo un iconoclasta inteligente. Es un destructor deliberado del cine, no el primero que ha conocido este arte, pero sí, por cierto el más tenaz, prolífico y oportuno".
    Susan Sontag.

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    Elogio del amor contiene algunas de las imágenes más bellas que este observador ha visto en mucho tiempo, pero la sustancia del último largo de Godard no son sólo las imágenes; la acumulación de ideas, sonidos, referencias, frases, citas, músicas, reflexiones, presencias, ausencias... que pueblan los fotogramas de Godard parece encaminada a rodar el espacio que, como dijo Griffon, “hay entre las gentes” y que nutre “la vida, la vida simplemente”, o lo que es lo mismo, aquello que hace arte al arte. Para Roland Barthes la fotografía es la presión de lo indecible que lucha por ser dicho. Para Godard, su famosa “verdad a 24 fotogramas por segundo” podría entenderse como la presión de lo intangible que lucha por lograr sustancia, un afán matérico por salir del mundo de las ideas y al servicio del cual el artista se antoja un simple amanuense, con un papel fundamental eso sí, cuya caligrafía servirá de catalizador, de vínculo entre ambos mundos. Otro director muy aficionado a reflexionar sobre su propio oficio como es Víctor Erice, definió de manera precisa ese vínculo: “Todo el mundo tiene la capacidad para crear y recrear en su interior. Y una película no existe hasta que es vista, si no hay unos ojos que miren esas imágenes, las imágenes no existen. Cuando acabo una película, ya no es mía nunca más, pertenece a la gente. Yo no soy más que un intermediario en el proceso”.



    Godard parece plantear en Elogio del amor la búsqueda del principio de todo, del fundamento último y primero, aquello que los filósofos presocráticos dieron en llamar el arje, y lo busca en el cine y a través del cine. Para los pensadores helenos, el arje habría de encontrarse en los elementos básicos de la naturaleza –la tierra, el aire, el agua, el fuego-; para Godard podría encontrarse en los elementos de la sintaxis cinematográfica y en la reflexión sobre el propio cine. Elogio del amor es una película que plantea un diálogo constante con la vida, con el cine y consigo misma y que oculta en su interior una reflexión profunda sobre la Historia de las historias.

    El realizador franco-suizo juega con los formatos y sus texturas, retoza con las técnicas digitales, y hace un uso magistral del montaje y la música regalándonos momentos de un lirismo desbordado al tiempo que construye un paisaje de la mirada que nos parece nuevo y, lo que es aún mejor, que realmente lo es. Aunque esta supuesta y aún posible virginidad de lo mirado –que no de el que mira- sólo es posible, en una idea militantemente posmoderna, en relación con todos los demás paisajes que hemos visto con anterioridad. Para Godard, y así se lo hace expresar a sus personajes, sólo en base a lo ya visto podemos percibir lo nuevo. Si bien la idea no es demasiado audaz, sí que disecciona el movedizo y quizá un tanto trillado terreno por el que se mueve actualmente el cinematógrafo, un arte donde la Historia es la cinta de Moebius en la cual las historias se reencarnan en otras historias, pero donde cabe preguntarse si este proceso podrá reproducirse hasta el infinito: ¿es posible la cita continua? Es muy probable que el más apretado corsé para la creación sea la ficción y la única manera posible de respirar resulte de romper las ataduras del lenguaje (sea cual sea), de las estructuras comunicativas que suponen el (¿anquilosado?) vehículo para expresar nuestras pulsiones creadoras. (...)


    Godard puebla este paisaje virgen de retazos, frases, sonidos, imágenes –tomadas o retomadas– dando forma a un desarrollo argumental en apariencia sencillo, donde un joven director de cine, Edgar, quiere plasmar en un film las cuatro estancias del amor, el encuentro, la pasión física, la separación y el reencuentro, en la piel de tres parejas de amantes que se encuentran cada una en las tres edades del hombre, la infancia, la madurez y la vejez, respectivamente. Este film dentro del film le sirve a Godard para reflexionar sobre el propio cine, sí, y las citas a directores y películas que le precedieron son continuas, pero también y de manera pareja le sirve para trazar un intricado y denso armazón reflexivo sobre el amor y sobre la vida. Para Henry Miller la literatura, el acto de escribir, era “algo que es paralelo a la vida, pertenece a ella al mismo tiempo, y la sobrepasa”; para Godard podría decirse que el cine es la vida.
    Elogio del amor es una película acumulativa, no sólo porque superpone niveles de lectura hasta densidades difíciles de encontrar y casi imposibles de asimilar en su totalidad (aunque no hay necesidad de aprehender todo lo visto, basta con captar lo sugerido) si no también porque es un film que goza, y esta vez de verdad, de vida propia fuera de la pantalla. Bresson (que es citado en varias y dispares ocasiones durante la película) planteaba su cinematógrafo de manera que la emoción partiría de una aparente desnudez que habría de ser vestida en la mente del espectador; Godard, en cambio, parece ofrecernos los más exuberantes ropajes que el espectador habrá de desvestir para encontrarse a sí mismo. Y ambos presentan una experiencia que ha de tomar sentido completo en la internalización que el propio espectador realice de lo mostrado: su cine (por lo menos el del último Godard) parte de una reflexión que tras su tránsito material por la película y su proyección en lo volátil de la pantalla se convierte en otra reflexión, no siempre más plena de sentido, pero siempre distinta y enriquecedora.
    Por todo ello, Elogio del amor ha de ser vista una y otra vez (y no sólo por ser necesaria) sino porque parece capaz de evolucionar con nosotros, de adaptarse como un traje elástico que siempre dará de sí y nos acogerá en su interior aunque nuestra talla cinéfila –y humana ¿por qué no?– haya variado. Uno de los personajes del film dice que las ideas son sólo el camino hacia otras ideas, y mientras se asiste a la proyección de esta película uno puede fácilmente llegar a pensar que hay pocos caminos más intensos, honestos y hermosos por los que transitar que este elogio del amor.(Por Jose Manuel López)
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    "Hacía más de treinta años que Godard no filmaba en las calles de París –desde Masculin-Femenin (1966)– y aquí vuelve, en un bellísimo blanco y negro (un tanto devaluado por la proyección en video), al escenario de la primera nouvelle vague, al punto que parece posible volver a ver, en una esquina del Barrio Latino, en un ángulo de la Concorde o en un café de Montparnasse, el rostro de Anna Karenina, como en Vivir su vida. Después de todo, como lo anuncia su título, el nuevo Godard es un elogio del amor, como lo eran algunos de sus primeros films. Claro que Godard ha cambiado mucho desde entonces. Su cine ha abandonado casi toda intención narrativa y ha seguido otros caminos, como el ensayo en primera persona (su monumental Histoires(s) du cinéma; su reflexión histórica Alemania nueve cero) o el autorretrato puro y duro (JLG/JLG). En Eloge de l’amour, Godard parece, en cambio, más cerca de la abstracción lírica, un camino que inició en Nouvelle vague (con la complicidad de Alain Delon) y continuó luego en Hélas pour moi! y en esa meditación sobre la guerra en Bosnia que fue Forever Mozart.
    Este elogio del amor que propone ahora Godard es un puro proyecto: puede ser un film, una ópera, una obra de teatro. Hay un artista, Edgar (interpretado por Bruno Putzulu, de quien en un comienzo apenas si se escucha su voz), que lo quiere llevar a cabo y prueba, investiga, entrevista, mientras la cámara recorre los cafés, las salas de cine, las calles de París como si tratara de reconstruir el imaginario romántico de la nouvelle vague, devolverle a la ciudad su apariencia puramente cinematográfica, esa marca de identidad que precisamente él y sus compañeros de generación lograron esculpir en el paisaje urbano. Pero –como le sucedió al mismo Godard, que tuvo un guión con este título guardado en un cajón por años–, Edgar no sabe exactamente qué forma darle a este bosquejo. “Uno no busca, encuentra”, dice el protagonista del film, citando a Picasso. Y Godard va encontrando también en el camino ideas, formas, que se van materializando a veces de manera críptica, oscura, pero siempre con un gran lirismo. De pronto, Elogio del amor, que hasta la primera hora de película transcurre en un austero blanco y negro bressoniano, pasa a la violenta aspereza del video color. Comienza una segunda parte, que viene a ser la primera y que, desde su misma textura, respira modernidad, tiempo presente.
    El mismo artista, “un tiempo antes”, había viajado hacia Bretaña, para encontrar allí a una pareja de ancianos que, medio siglo atrás, vivieron juntos la experiencia de la Resistencia. Y allí Eloge de l’amour prueba ser también un film de resistencia, contra los modelos establecidos y contra Hollywood en particular, al que Godard ve encarnado en la figura de Steven Spielberg. “Como no tienen su propia historia, quieren comprar una”, dice el protagonista cuando presencia el momento en el que un delegado de Spielberg intenta adquirir los derechos de la historia de vida de esa pareja de ancianos, para convertirla en una superproducción. Y Godard (o su alter ego en el film) va más allá: “Spielberg hizo La lista de Schindler, pero su viuda Emilie vive en la miseria en Argentina”, recuerda.
    Porque Elogio del amor es también un film sobre la memoria, sobre la Ocupación de París, por los nazis primero y por la globalización después. Y la memoria de Godard no perdona. Sus imágenes nunca son nostálgicas, banales. Van siempre en una misma dirección: convocar a los arcanos de la memoria –de una memoria personal y a la vez colectiva– para volver a iluminar el presente. de l'amour .(Pag 1/2 L M 4 diciembre 2003)

    "De Godard se pueden decir muchas cosas, excepto que sea un rutinario. Fue hace casi cincuenta años uno de los creadores de la Nouvelle Vague francesa (Sin aliento, Vivir su vida, Una mujer es un mujer), rompió con el sistema luego del famoso año sesenta y ocho para asumir posturas políticas militantes y filmar obreros, fedayines y maoístas, y regresó luego de esos extremismos a posturas más calmas, quizás desencantadas, que en algún caso llegaron a provocar una bastante desubicada polémica religiosa (Yo te saludo María). De esos vaivenes proviene acaso la discusión filosófica que promueve Elogio del amor, testimonio de la evolución (¿involución?) de Godard como creador cinematográfico. Un fragmento de Sin aliento analizado recientemente en televisión permite confirmar que el cineasta era hace cuatro décadas un inventivo y un audaz que ayudó a crear la Nouvelle Vague: sus aparentes desequilibrios de cámara y su nervioso corte directo transmiten todavía la angustia existencial del protagonista Belmondo en su carrera hacia la muerte. Este Elogio del amor suscitará algunas reflexiones no del todo ociosas." (La Nacion, Argentina)
    "El nuevo filme de Jean Luc Godard , "Elogio del amor"(...) Es una cantata cuyos personajes cantan la Resistencia antinazi, la memoria y el cine. Una nueva oportunidad para descubrir la originalidad y la pertinencia de este realizador único, para quien el cine corresponde ante todo al campo del pensamiento."
    Philippe Lafosse Le Monde Diplomatique"
    Lo que llama la atención cuando se lo ve en su trabajo es la soledad en que parece estar encerrado.
    -Sí, pero eso se debe a mi naturaleza. No me preocupo demasiado por la filmación. Lo que realmente disfruto es la búsqueda. Las conversaciones que me agradan no interesan a nadie, según creo, aparte de algún amigo. Es algo que se remonta a mi juventud, el temor de molestar a los otros con cosas que no les interesen.( del diálogo que Jean-Luc Godard mantuvo con Michele Halberstadt con motivo del estreno de "Elogio del amor", en 2001.)

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    Godard: Éloge de l'amour 1/ 11.


    Godard: Éloge de l'amour 2/ 11.

    Godard: Éloge de l'amour 4/ 11.


    Godard: Éloge de l'amour 5/ 11.


    Godard: Éloge de l'amour 8/ 11.

    Godard: Éloge de l'amour 9/ 11.


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    Nana Mouskouri - Toi qui t'en vas ( Live)



    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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