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    sábado, 17 de enero de 2009

    El grido (El grito) Michelangelo Antonioni 1957

    El grido : Obra maestra indiscutible


    Dos años antes de la ilógicamente subestimada "L'avventura" y de su impagable colaboración con Monica Vitti (con quien mantuvo una relación sentimental) vería la luz, en 1957, "Il grido" (Gran Premio de los Críticos en el Décimo Festival Internacional de Locarno), el único film con que el gran maestro llevaría a cabo uno de sus más bellos ejercicios estilísticos, a través de aquella característica línea de un "grafismo de patética veracidad" surgido de sus inolvidables encuadres, y siempre entendido como conjunción, conflicto o contrapunto de sus dos elementos más obsesivos: análisis existencial y alienación sentimental.



    Hoy considerada como su primera obra maestra absoluta, enriqueció, concienzuda y meticulosamente el soporte narrativo de la evolución psicológica femenina, cuya personalidad, según Antonioni, es siempre mucho más lúcida que la de sus oponentes masculinos. En efecto, insertado en el minucioso y bien definido marco proletario de una pequeña ciudad de provincias (antes de penetrar en la premisas convencionales de los paroximos existencialistas de aquella revulsiva "razón burguesa" que retrataría más tarde), aplica, como se dijo entonces, su fino escalpelo sobre la psicopatía sentimentalmente obsesiva de un obrero, Aldo, que ve su vida fragmentada en mil pedazos por el caos emocional que le supone el abandono de la mujer con la que convive, Irma, y que le impulsa a huir y deambular sin rumbo fijo, con su hija, Rosina, fruto de su concubinato, por entre un mundo de nieblas, de lluvia y frío constante, a través de las comarcas rurales próximas al Po. La sabiduría fotográfica y la recreada morosidad de Antonioni propala la tremenda sacudida de una crisis existencial traumatizante a la que se reincorpora un triste y helado paisaje que ensombrece el rostro del país, y que condicionará cada instante del éxodo que representa esa pérdida de valores que trastorna al protagonista, víctima también del desempleo.

    Y que al tratar de hallar un nuevo tono de serenidad, como quien revisita la herencia perdida del recuerdo, reaparecerá, poniendo el dedo en la llaga que más escuece, ante la mujer que una vez también él abandonó, Elvia; pero aprisionándola por segunda vez entre la reja de su mutismo emocional, sin dejar de dolerse y agrandar ante ella el desamparo en que lo ha sumido su desastrosa experiencia sentimental (que Elvia deplora en silencio).

    Aldo, que parece sumergido en una atmósfera "sin más contenido humano" que el de su desaliento psicológicamente exánime, iniciará una nueva relación romántica con la dueña de una gasolinera, Virginia, obsesionada también por la soledad en que se desarrolla su existencia; y que, a caballo de cierta ingenua perversidad, impondrá su presencia sensual sobre la descomposición existencial de Aldo. Ante la sordidez decadente, morbosa y monótona en que se halla polarizada la vida cotidiana de Virginia, que, en un postrer intento por retenerle, tratará de liberarse del yugo a que la somete un padre alcoholizado, e instará a su amante a deshacerse también de Rosina, su hija, restituyéndosela a su madre, Aldo reiniciará su itinerario fugitivo, poco preocupado por el mundo de los sentimientos de Virginia.

    A lo largo de imágenes que poseen toda la veracidad documentalista de una Italia sumida en una depresión laboral escalofriante; por entre visiones impregnadas de pesadumbre y de efluvios dolientes y melancólicos, un nuevo personaje, la prostituta Andreina, se fusionará, entre acentos de dimensión masoquista, a la tragedia íntima de Aldo. La cotidianeidad desgarrada de su convivencia imposible se muestra a través de las sugerencias visuales de la paisajística primitiva y tercermundista que ofrendaran las miserables chozas que bordeaban por aquella época las riberas del Po, una de ellas habitada por Andreina. Acosado en la barraca aislada, el equívoco que suscita la imposible relación, y las hirientes acusaciones con que la prostituta caricaturiza la inutilidad de Aldo, responden, finalmente, al feble conformismo mental del personaje, y al esquematismo de fácil aceptación que supone su debilidad, pese a su desesperada búsqueda de una imposible estabilidad emocional.

    De nuevo asistimos a la tremenda soledad del hombre empujada hasta límites patológicos, al inestable equilibrio que le lleva a considerar perdida su conciencia de clase, y que desentendiéndose de los cambios sociales (la huelga que se produce a su regreso al pueblo) que condicionarán los nuevos devenires obreros, tras espiar a Irma a través del ventanal doméstico que adquiere la única dimensión del mundo que llegó a amar, y que la deserción de ella desengranó en los turbios torbellinos del desamor, decidirá, tras un tremendo crescendo dramático que Irma tratará de evitar, poner fin a su vida, articulando su suicidio desde la larga panorámica oblicua del angustioso travelling que supone la subida de Aldo a la amenazante y obsesiva torre-objeto (de alienante clima paroxístico) de la factoría (ahora en huelga) en la cual una vez trabajó.




    El grito


    André Malraux aseguraba que nicamente la novela, como manifestación artística, era capaz de penetrar en el interior de un personaje". A lo que se podría añadir: de ahondar en sus culpas y redenciones, de encadenar los elementos introspectivos que juegan un papel esencial, como enérgico estimulante o turbador, en cada uno de los actos que expresan el drama de la existencia; esa pureza o perversión anímica (viejo interrogante filosófico) que siempre duele, o por lo menos irrita, y de la que, al parecer, somos los hombres los únicos poseedores sobre todas las criaturas vivientes de este planeta. Michelangelo Antonioni, a través de refinados, sutiles, y penetrantes análisis narrativos de imágenes cinematográficas inolvidables, lo que se llamó un inesperado "continuum psicológico", provocaría una auténtica conmoción estética en el cine europeo, demostrando que Malraux se equivocaba. El universo de Antonioni (pese a tener conciencia de la importancia de la novela -Gide-Proust-Flaubert-Pavese-, entre otros, y a través de la densa tradición cultural que nos fuera legada por Sartre-Marx o Freud) trataría siempre de apresar, por medio de la imagen cinematográfica ("intersubjetividad psicopática y narrativa") una especie de desafío lógico del hombre y su entorno, siempre a merced del drama de sus desequilibrios constantes, sean estos del tipo que sean.( "Blog Centauros de la Pantalla"Jueves 10 de julio 2008)

    "los desolados y grises paisajes del valle del Po de "El grito" (Il grido, 1957)



    Dramatis personae


    Steve Cochran (Aldo): -Mayo 25, 1917- Junio 15, 1965- Había nacido en Eureka, California. Hijo de un maderero, se graduó en la universidad de Wyoming en 1939. Trabajó como vaquero, y, finalmente, atraído por la interpretación, intervino en pequeñas obras de teatros locales en Broadway. Contratado por "Warner Brothers", se especializó en papeles de boxeador y gángster. Logró una de sus mejores composiciones en "White Heat" (1949), como psicótico secuaz de James Cagney. Consiguió imponer su imagen egocéntrica, atractiva y violenta en el opresivo mundo del thriller, pese a la escasa relevancia de los films que jalonaron su recorrido hollywoodense: "Higway 301", "The damned don't cry", 1950, "Inside the walls of Folsom Prison", 1951. Su rol de alcohólico granjero itinerante en "Come next spring", 1956, obtuvo un magnífico reconocimiento por parte de la crítica. Esa extraña carga emocional y ternurista que logró infundir por primera vez en el citado film, tan alejada de los febriles climas gangsteriles de sus anteriores películas, resultó altamente reveladora para su elección como protagonista de "Il grido" (dado que Antonioni deseaba contratar a un actor no italiano para su primera y única obra de trazo proletario), y Cochran tuvo ocasión de incorporar con enorme maestría, pese a hallarse en las antípodas estéticas hollywoodenses, los recursos procedentes de su etapa teatral al famoso experimento vanguardista de Antonioni. Su interpretación parece, pues, animada por un idéntico aliento renovador como el que impulsara a su director. Cochran es capaz de infundir a su personaje la febricitante objetividad integral del desmoronamiento implacable en que se sume su mundo tras el abandono a que se ve sometido, y potencia la indefensión angustiosa de su éxodo sin sentido con un expresivo brío de incontenible grandeza interpretativa, que siempre permanecerá unida a la consumada sabiduría técnica y emotiva con que Antonioni jalonó esta auténtica e indiscutible obra maestra, de gran veracidad documental y naturalista, que es hoy "Il grido".

    La muerte de Steve Cochran, a los 48 años, ofrece cierta visión sombría que le emparenta con aquellas interpretaciones de atormentada distorsión formal característica de sus thrillers. Fue hallado, ya cadáver, en su yate, en la costa de Guatemala. Una aguda infección de pulmón pareció ser la causa de su muerte, aunque los rumores generales apuntaran hacia algún brutal ajuste de cuentas y posterior envenenamiento. Las investigaciones policiales no revelaron jamás la menor luz aclarativa sobre este hecho.


    Alida Valli (Irma): -Pola, Italia, 31 de mayo 1921-Roma, 22 abril 2006- Sus orígenes aristocráticos, no impidieron sus deseos de graduarse en el Centro Experimentale de Cinematografía de Roma. En 1942, su interpretación en la película "Piccolo mondo antico" le valió un premio en el Festival de Venecia. Goffredo Alessandrini le ofreció el personaje principal de Kira en su adaptación de la novela de Ayn Rand "Los que vivimos". Valli vería revalidada su carrera, alcanzando en este film, injustamente olvidado, una de sus mejores interpretaciones. Se negó a ser utilizada como propagandista del Fascio por el Gobierno de Mussolini durante la II Guerra Mundial. Abandonó el cine momentáneamente, y se mantuvo en la sombra, ya que en muchas ocasiones estuvo a punto de ser detenida. Un escándalo de drogas, asesinato y sexo, en 1954, en el que se hallaba involucrado el hijo del Ministro de Asuntos Exteriores italiano, y cuya coartada fue ella, arruinó su carrera cinematográfica en Italia. Llegó a Hollywood bajo contrato de David O. Selznick, sustituyendo a Greta Garbo, que se negó a volver a la pantalla, en "El proceso Paradine", 1947, de Alfred Hitchcock. Carol Reed la inmortalizaría en "El tercer hombre", 1949. En "Senso", 1953, de Luchino Visconti, estuvo inconmensurable. Lujo, aventura, y sexo (Alida Valli se enamoró de su partenaire, Farley Granger) convenientemente dosificado por uno de los más geniales artífices de la cinematografía italiana, concedieron a esta actriz versátil el más elegante y apasionado de los perfiles interpretativos, y le abrieron las puertas de par en par hacia el ámbito de los valores mitológicos, a través de los cuales su inconfundible mirada y su fascinante presencia artística obtuvieron esa acepción universal de "magna eternidad cinematográfica"

    "Il grido" la acoge de nuevo en la magnificencia de su madurez interpretativa. Antonioni le aplica su fino estilete crítico caracterizado, esta vez, por cierto comedimiento y frialdad pasional. Y la sumerge en el abismo trágico del ámbito proletario de la Italia de los 50, en el que sus violentos desniveles emocionales, perfectamente plasmados en su fascinante rostro, jamás quebrarán su decisión de dar por finalizada una relación amorosa que la atormenta.

    Alida Valli, entre otras muchas actrices europeas, fue uno de nuestros más concretos soportes físicos del mito cinematográfico nacido en este continente.
    ( "Blog Centauros de la Pantalla"Jueves 10 de julio 2008)


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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