Harold Bloom

GENIOS


NUEVA YORK, 1930. ENSAYISTA Y CRITICO LITERARIO.
Hijo de judíos ortodoxos provenientes de Rusia que nunca aprendieron a hablar en inglés, a los siete años Harold Bloom ya recorría el camino que separaba su casa del Bronx del edificio de la Biblioteca Pública de Nueva York, donde aprendió a leer clásicos ingleses como T. S. Eliot, W. H. Auden y William Blake. De Blake pasó a Milton y de Milton a Shakespeare. Así continuó hasta que en 1951 se graduó en la Universidad de Cornell; de allí saltó a Yale para hacer sus estudios de posgrado: sus profesores en Cornell le dijeron que ya no les quedaba nada por enseñarle. Hoy Bloom es uno de los pocos ensayistas admirados en todo el mundo por su erudición y una de las personalidades más influyentes de la crítica literaria. Es profesor de Humanidades en la Universidades de Yale y de Filología en la de Nueva York. Como autor, ha publicado más de 25 libros entre los que se destacan "La angustia de las influencias" (1973), que le valió un inmediato prestigio académico, y el polémico "El canon occidental" (1994), obra monumental en la que defiende la noción de literatura basada en la preeminencia de indiscutibles grandes maestros. Además de "Genios" (Norma), este mes acaba de editarse en nuestro país su ensayo "¿Dónde se encuentra la sabiduría?" (Taurus).


Los cien elegidos de Bloom Dante Alighieri Jane Austen Isaac Bábel Honoré de Balzac Charles Baudelaire Samuel Beckett William Blake Jorge Luis Borges James Boswell Charlotte Brontë Emily Jane Brontë Robert Browning Italo Calvino Alejo Carpentier Lewis Carroll Willa Cather Paul Celan Luis Cernuda Miguel de Cervantes Hart Crane Geoffrey Chaucer Anton Chéjov Charles Dickens Emily Dickinson John Donne Fiodor Dostoievski José María E a de Queiroz George Eliot T. S. Eliot Ralph Ellison El Yavista Ralph Waldo Emerson William Faulkner F. Scott Fitzgerald Gustave Flaubert Sigmund Freud Robert Frost Federico García Lorca Johann Wolfgang von Goethe Nathaniel Hawthorne Ernest Hemingway Hugo von Hofmannsthal Homero Víctor Hugo Henrik Ibsen Henry James Samuel Johnson James Joyce Franz Kafka John Keats Soren Kierkegaard D. H. Lawrence Giacomo Leopardi Lucrecio Joaquim Machado de Assis Mahoma Thomas Mann Herman Melville John Milton Molière Michel de Montaigne Eugenio Montale Dama Murasaki Iris Murdoch Gérard de Nerval Friedrich Nietzsche Flannery O'Connor Walter Pater Octavio Paz Fernando Pessoa Alexander Pope Luigi Pirandello Platón Marcel Proust Rainer Marie Rilke Arthur Rimbaud Christina Rossetti Dante Gabriel Rossetti San Agustín San Pablo William Shakespeare Percy Bysshe Shelley Sócrates Stendhal Wallace Stevens Jonathan Swift Algernon Charles Swinburne Alfred Tennyson León Tolstoi Mark Twain Paul Valéry Luis Vaz de Camões Virgilio Edith Wharton Walt Whitman Oscar Wilde Tennessee Williams Virginia Woolf WilliamWordsworth William Butler Yeats




Alejandra Pizarnik
De La última inocencia (1956) y Las aventuras perdidas (1958)



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SALVACIÓN
Se fuga la isla.
Y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta.
Ahora
es el fuego sometido.
Ahora
es la carne
..la hoja
..la piedra
perdidas en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilización
que purifica la caída de la noche.
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.


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SÓLO UN NOMBRE
alejandra alejandra
...debajo estoy yo
.......alejandra


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LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!


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LA JAULA

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé de la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.


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EL DESPERTAR

..........................................................................................a León Ostrov
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo


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EXILIO

.................................................................a Raúl Gustavo Aguirre
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ámgeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


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PEREGRINAJE

......................................................a Elizabeth Azcona Cranwell
Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.

He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.

Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca.


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CENIZAS

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te...

La noche sufre.


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LA ÚNICA HERIDA
¿Qué bestia caída de pasmo
se arrastra por mi sangre
y quiere salvarse?

He aquí lo difícil:
caminar por las calles
y señalar el cielo o la tierra.