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    sábado, 8 de noviembre de 2008

    Tomas Eloy Martinez habla de Purgatorio,su nueva novela


    TOMAS ELOY MARTINEZ HABLA DE PURGATORIO, SU NUEVA NOVELA
    “Tuve que meterme en un tembladeral”
    El escritor explora por primera vez en clave ficcional los años de la dictadura militar. A través de una trama en la que se mezclan las aguas de lo real y lo imaginario, buscó el reflejo de una sociedad “que no quiso ver su realidad”.

    Por Silvina Friera

    “¿Cómo hago para parecer serio?”, pregunta el hiperactivo Tomás Eloy Martínez, antes de entregarse, entre resignado y tenso, a la sesión de fotos en su departamento de la calle Pueyrredón, donde tiene la mitad de su biblioteca y varias fotos en blanco y negro con Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Jorge Luis Borges. Escribir es un acto de libertad, como dice el narrador de Purgatorio (Alfaguara), su última novela. El escritor necesitó recuperar parte de esa libertad que perdió cuando en 1975 las amenazas de la Triple A lo obligaron a exiliarse. Desde entonces trató de imaginar cómo habría sido la vida de cada día que no vivió acá, antes y durante la dictadura militar, para exorcizar esa feroz melancolía de haber sido arrancado de su lugar en el mundo. “Probablemente hubiera escrito a escondidas, pero habría guardado esos textos en algún lugar donde nadie pudiera encontrarlos para no poner en peligro a mi familia. El miedo por lo que le pueda pasar a tu familia es mucho más fuerte que el miedo por tu integridad física”, admite Martínez en la entrevista con PáginaI12.

    En Purgatorio, novela en la que explora por primera vez los años de la dictadura militar, el escritor adoptó una estrategia narrativa que no le es ajena. Como siempre, todo empezó con un sueño sobre una mujer que había perdido a su marido y años después lo reencontraba. Entre la realidad y la ficción, Martínez construyó un mundo habitado por un puñado de personajes que son los “responsables” de dotarlo de verosimilitud. Por esa zona tan ambigua, donde se juntan y mezclan las aguas de lo real y lo imaginado, circula la trama de la historia, que se desplaza permanentemente del presente hacia el pasado. Emilia Dupuy, una mujer que por las ojeras y los músculos de su cara delata unos sesenta años, ha buscado durante tres décadas a su marido, Simón Cardoso, desaparecido en Tucumán cuando comenzaba el mes de julio de 1976. Lo reencuentra, por fin, en Nueva Jersey, donde ella vive, tal como era Simón, como si no hubiera envejecido, como si siguiera clavado en los treinta y tres años.
    Hija del doctor Dupuy, un personaje que no sólo pontificó la intervención de los militares sino que fue una suerte de ideólogo y vocero de la dictadura a través de su revista La República, Emilia también es víctima del terror político y paternal de su padre. Detenida junto con su marido –ambos de profesión cartógrafos–, supuestamente por una “equivocación terrible”, ella será pronto liberada. Pero Simón –que en una cena con sus suegros en la que estaba el entonces presidente del país (nunca se lo menciona como Videla sino como “La Anguila”) dijo que “la tortura no es una nimiedad, sea cual sea el fin que persiga”– estaba condenado de antemano por ser “un zurdo” o por hablar “como si lo fuera”.

    –El lector se puede preguntar, al principio, hasta qué punto Emilia no está de alguna manera adoptando el discurso del padre, y el de la dictadura, al creer que su marido no está muerto.

    –Sí, ella adopta el discurso del padre. Hay una situación de contagio del mal, encarnado por el padre. Dupuy no existió en la realidad, pero condensa todos los poderes de la Argentina maldita. Es una persona imposible en la realidad del país, pero posible porque encarna la complicidad de la sociedad, la manera de mirar hacia otro lado. Emilia siente que si se asume como ella misma, y lo dice en algún momento de la novela, si se da cuenta de que Simón ha muerto, entonces es hija de un asesino y de una cómplice. Emilia también es el reflejo de una sociedad que no quiso ver su realidad.

    –¿Cómo manejó esa línea tan delgada entre la reproducción del discurso del padre y el deseo de reencontrarse con su marido, una cuerda peligrosa, hasta se podría pensar como incorrecta políticamente?

    –La certeza de que Simón no ha muerto le marca el camino a Emilia. Si Simón hubiera muerto, su vida se habría derrumbado. A ella la sostiene la esperanza de que Simón vive. Ella está sometida por una educación feroz, salvaje, vigilante, censora, inquisitorial, y sólo quien ha sufrido ese tipo de educación sabe hasta qué punto se puede quedar marcado por esa experiencia. Y ella está marcada por esa educación. Meterme dentro de ese tembladeral, de esa arena movediza que es el desconcierto moral de Emilia, me llevó a tratar de ser el personaje todo el tiempo. Esto me permitió vivir su dolor, saber cómo es, qué hace y qué piensa.


    –Hay una mujer, cuyo marido también ha desaparecido, que la increpa a Emilia y le dice: “No podemos seguir así, como si nada pasara”. Esta frase condensa el accionar de buena parte de la sociedad argentina. ¿Por qué cree que se actuó como si nada pasara?

    –Supongo que fue para cuidar el pellejo. La gente tenía miedo de lo que podía suceder. De algún modo es como el síndrome de las víctimas de Auschwitz, que iban en los vagones, encerradas. Las encerraban a sabiendas de que esa gente marchaba a los hornos crematorios, que iba a la muerte, y si bien los soldados alemanes tenían armas muy potentes que hubieran podido bajarlos de un golpe, el miedo a sucumbir les impedía reaccionar en masa. Una reacción en masa los hubiera salvado, pero no estaban coordinados, tenían miedo a la infiltración de las noticias, miedo a la delación, miedo del otro. Es ese miedo que consigue instalar el poder dentro de las conciencias de las personas más débiles.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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