Vehemente estalinista en sus inicios, terminó abrazando el islam y fue condenado por negar el Holocausto




El filósofo francés Roger Garaudy, en 1998.
El filósofo francés Roger Garaudy, en 1998. SANTIAGO CARREGUI

El miércoles fallecía en Chennevières-sur-Marne, suburbio de París, Roger Garaudy (Marsella, 1913). Con él desaparece otro de los grandes intelectuales franceses que, como Sartre, Aaron, Foucault o Levi-Strauss, marcaron la segunda mitad del siglo XX. Fueron ellos, y muchos otros, quienes llegaron a configurar un modelo de escritor que desde Francia se extendió al resto del mundo y cuya vocación se proponía al mismo tiempo señalar los grandes asuntos que debían ocupar la atención pública y fijar las distintas posiciones en torno a ellos. Salvo excepciones cuya grandeza no ha hecho sino acrecentarse con el tiempo, hoy se les reprocha, y con razón, el feroz dogmatismo que guió el grueso de sus reflexiones y el carácter monstruoso de no pocas de las ideas que defendieron. No se les suele reconocer, en cambio, que lograron situar y mantener la discusión pública en un terreno que la actual crisis ha sepultado bajo el peso de otras disciplinas.
Para los intelectuales entre los que se contaba Garaudy, la economía, la disciplina del momento, no debía ocupar sino ese segundo plano que reivindicaba Keynes calificándola como ciencia modesta; lo importante e inexcusable era pronunciarse sobre filosofía, sobre moral, sobre política, aquellos saberes cuyo desprecio e ignorancia muchas voces recientes consideran el origen de la catástrofe que parece abatirse de nuevo sobre los países más prósperos y que ha sumido a sus ciudadanos en el miedo, la rabia y la confusión.
Garaudy comenzó su carrera académica e intelectual como especialista en Hegel, pero desde su más temprana juventud buscó conciliar el saber teórico con la actividad política. Su militancia en el Partido Comunista se inicia en 1933 y solo acaba con su traumática expulsión casi cuatro décadas más tarde, en 1970, acusado de una heterodoxia incompatible con el marxismo. En su larga trayectoria de militancia política, fue desde resistente y prisionero de guerra hasta miembro de la Asamblea francesa y senador.
Hasta los momentos previos a su expulsión del partido, Garaudy encarnó el papel de irreprochable intelectual orgánico y fue considerado como uno de los más destacados ideólogos de la izquierda francesa. Defendió el estalinismo hasta los años cincuenta con la misma vehemencia con la que, a partir de 1968, comprometido con la revolución estudiantil y opuesto a la invasión de Checoslovaquia, emprendería la crítica de ese periodo de la historia soviética, aunque sin renunciar nunca a sus convicciones de socialista y de internacionalista. Fuera ya del partido comunista, daría el primero de los súbitos virajes ideológicos que marcarían el final de su vida, convirtiéndose al catolicismo. En 1982, abandona el catolicismo, abraza el islam y se erige en uno de los más firmes defensores de la causa palestina. La publicación de Los mitos fundadores de la política israelí, en 1995, en el que defendió tesis negacionistas del Holocausto, le valió ser procesado y condenado por la justicia francesa a una multa y a seis meses de prisión, que no llegó a cumplir.
El ilustrado francés Etiènne de la Boétie analizó en Discurso de la servidumbre voluntaria la tendencia de algunos filósofos a no abandonar una causa absoluta sino por otra igualmente absoluta. “Cambian la corona de lugar”, escribió de la Boétie, “pero no la destruyen”. Garaudy fue seguramente uno de ellos, también ajustándose en esto a la trayectoria de grandes intelectuales franceses con los que simpatizó o polemizó. En 1989 publicó un volumen de memorias, Mi vuelta al siglo en solitario. El título resume con precisión quién fue y qué hizo Roger Garaudy, de lo que también dejan precisa constancia sus páginas: a punto de llegar a centenario cuando le sorprendió la muerte esta misma semana, el siglo XX fue sin duda el suyo y, sin duda también, llegó a ser un filósofo singular, solitario, que abrazó causas que para la mayoría resultaban irreconciliables
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RELIGIÓN JUDÍOS, CRISTIANOS Y MUSULMANES PARTICIPAN EN UNAS JORNADAS

El filósofo Roger Garaudy afirma en Valencia que "el siglo XXI será espiritual o no será"

El escritor francés Roger Garaudy parafrasea a André Malraux para mostrar su convencimiento de que "el siglo XXI será espiritual, o no será" en referencia al peligro atómico. "Si continuamos como en el siglo XX, mis hijos y mis nietos nunca tendrán mi edad", añade el controvertido filósofo de 85 años que rechaza el actual "monoteísmo de mercado impuesto por los EE UU" porque no da sentido a la vida, por lo que apela a la espiritualidad de todas las religiones para trasformar la realidad. Garaudy participa en las jornadas convocadas por la Universdad de Valencia que rememora sus orígenes al reunir a pensadores judíos, cristianos y musulmanes para dialogar sobre la tolerancia.
Antiguo ideólogo del Partido Comunista Francés, del que fue expulsado a finales de los sesenta -"por decir que lo de la Unión Soviética no era socialismo", apunta su mujer Salman Farouqui-, Garaudy defendió una simbiosis entre el marxismo y el cristianismo hasta que en 1982 se convirtió al Islam, en el que entró "con La Biblia bajo un brazo y El capital en el otro", recuerda mientras esboza una sonrisa. Hoy defiende el marxismo como una metodología de trabajo imprescindible. Autor de 53 libros, el filósofo francés postula la "necesidad de una teología de la liberación en el Islam, de un [Concilio] Vaticano II", que recoja el "mensaje vivo de Jesús que une las interioridades de la fe con la lucha por la justicia social". "Desgraciadamente en la iglesia católica ha desaparecido el espíritu del Vaticano II y me parece que el siglo XXI no resistirá 100 años sin una espiritualidad común a todos los que piensan que la vida tiene un sentido. Ahora, la religión universal que domina el mundo es el monoteísmo impuesto por EE UU. Significa la fe en un solo dios: el dolar. Esto priva a nuestra vida de toda significación porque el hombre está considerado sólo un consumidor y productor, cuando no es un parado. Me parece muy importante que todos los hombres de fe, cristianos, judíos o musulmanes, luchen contra ese monoteísmo". Garaudy enfatiza sus palabras con gestos vehementes y se desplaza con soltura para su avanzada edad y su elevada estatura. Ante la pregunta de cómo se ha de articular esa lucha, descarta las armas y propone un "boicot contra de EE UU y sus vasallos, el primero de ellos Israel, que es exactamente el complemento estratégico de los americanos". Su discurso le ha granjeado el apoyo de buena parte de la intelectualidad árabe. Polémica sobre el genocidio Hace unos dos años fue condenado en Francia a pagar una multa de tres millones de pesetas por "negación de crimen contra la humanidad", según indicó la sentencia que aludía a los juicios emitidos por Garaudy en su libro Los mitos fundadores de la política israelí. En él, sostiene que las cifras del exterminio judío han sido "arbitrariamente manipuladas". Con tranquilidad pero dando la sensación de querer pasar pronto el polémico capítulo, el escritor comenta que sus opiniones fueron deformadas por el sionismo. "No es un problema religioso. El judaísmo es una religión que respeta, pero el sionismo es ateísta y colonialista. Nunca he negado que muchos judíos murieron. Cuando dicen que es el genocidio más grande del universo, es cierto respecto a la religión judía. Nunca sufrieron un pogromo tan terrible. Pero en la historia hay muchos genocidios, como los 60 millones de indios y negros muertos por la esclavitud y el colonialismo". Recientemente se ha publicado un libro de apoyo a la figura de Garaudy que recoge textos de Levy-Strauss, Yehudi Menuhin, Helder Camara, entre otros. Impulsor del Instituto para el diálogo de las culturas y director de la Fundación Torre de la Calahorra, en Córdoba, Garaudy considera que el fundamentalismo es una enfermedad del Islam, que lee literalmente el Corán y busca soluciones a problemas actuales volviendo al pasado. "Eso está mal. Un futuro sin futuro con los EE UU y un futuro que es un retorno al pasado. No son soluciones". Tampoco lo es, a su juicio, el liberalismo, "que está acentuando la diferencia entre el pobre y el rico". "Hace 30 años", añade, "había 30 pobres por un rico, ahora hay 80 por uno. Esto es el fin de la historia humana y el principio de una historia animal. Un teórico del capitalismo inicial, Hobbes, ya decía: El hombre es un lobo para el hombre". Tras rechazar como falsa la praxis democrática, por la gran mayoría de excluídos y pobres que genera, Garaudy dice que la fe del siglo XXI será de todos los hombres, sean de la religión que sean, que crean que la vida tiene un sentido.




UN PROYECTO ECUMÉNICO


Las Jornadas sobre la Universidad de Valencia y los estudios de teología: pasado y posibilidades en el horizonte del año dos mil, que llevan el subtítulo de Tolerancia religiosa y convivencia civil, tienen como propósito también servir de pórtico a un proyecto de momento en gestación: La cátedra de las tres religiones de la Universidad de Valencia. Promovido por el Grupo Universitat de València Religión Año Dos Mil, el Centro Ecuménico P. Congar, dirigido por el teólogo Juan Bosch, y las comunidades judía y musulmana de Valencia, la propuesta es crear básicamente "una plataforma de diálogo e investigación sobre la función cultural y social de la religión" y ofrecer a las "tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, islam y cristianismo) en especial, un lugar compartido y neutro para el diálogo interreligioso". Todo ello bajo el paraguas de la celebración del quinto centenario de la fundación de la Universidad de Valencia, emulando así en parte su pasado, "pero dentro de un contexto muy diferente". El proyecto prevé realizar actividades docentes (un máster sobre La función cultural y social de lo religioso, cursos, ciclos de conferencias, organización de congresos y jornadas) y de investigación (publicar obras clásicas judías, islámicas y cristianas o las propias investigaciones promovidas por la cátedra). Bosch, el catedrático de Psicología Esteban Pérez-Delgado y Marcial Martínez son las personas que están intentando sacar adelante el proyecto y, de hecho, son ellos también los responsables de las jornadas. Uno de los protagonistas de este foro, que reúne a expertos en las tres religiones, el historiador y ex embajador israelí en España Shlomo Ben Ami, se excusó ayer a última hora por su ausencia en las jornadas debido a la tensa situación que vive su país y por problemas en el seno del partido laborista, según una nota que leyó la organización. Los teólogos Laureano Robles y Bosch, además de Garaudy, intervinieron ayer y hoy Esteban Pérez Delgado clausurará las jornadas después de un mesa redonda.
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"He vivido el siglo", dice Roger Garaudy

"He vivido el siglo", dice al final de la conversación el filósofo Roger Garaudy, que pese a haberse prometido no hacerlo, escribe sus memorias. Cristiano y marxista durante años, convertido al islamismo, director de un centro en Córdoba de diálogo entre las tres culturas, Garaudy participa en un seminario sobre Pesimismo y nihilismo, en los cursos de verano de El Escorial.Garaudy ha escrito que lo que más quiso siempre fue armonizar fe, arte y política, y en efecto, hable de lo que hable, siempre se tiene la sensación de que lo remite a un mismo tronco. "Lo que siempre me fascinó de Córdoba es que durante tres siglos fuera la ciudad más importante de Europa, cuando París, Londres y Madrid no eran más que burgos. Más importante me parece aun que durante el apogeo cordobés la ciencia no quedara separada de la sabiduría, y que se hiciera una reflexión permanente sobre los fines. Además, no se buscó ni una causa ni un fin últimos, y de ahí la permanente unión, en la cultura cordobesa, de la ciencia y la sabiduría con la fe". Y ésta, el Islam, es a juicio de Garaudy el común denominador de las otras religiones: en el Corán, Abraham es considerado el padre de la fe, y Moisés y Jesús son profetas.
Lo de la reflexión permanente sobre los fines es algo extremadamente actual: "Nuestros tecnócratas tienen por costumbre no interrogarse sobre los fines. Actúan como si todo lo técnica y científicamente posible fuese deseable y necesario, lo que no está nada claro".
"Vivimos la religión de los medios", piensa Garaudy, y ejemplo es no sólo la inminencia de la manipulación genética -si es que no ocurre ya-, o el poder de la televisión, "algo aterrador". "En el fondo", dice, "parece como si los fines estuvieran incluidos en los medios: crecer a toda costa, producir con independencia de que sea útil, inútil, o incluso mortal: algo especialmente grave en una época en la que podemos destruir la humanidad. En Hiroshima murieron 110.000 personas en un instante. Ahora tenemos la capacidad de repetir un millón de Hiroshimas". Y concluye: "No plantear el problema de los fines puede conducir a la destrucción del planeta".

Un periodista escéptico

Periodista durante varios años, Garaudy es sumamente escéptico respecto al presumible deseo de los periodistas por encontrar la verdad. Pero lo que le parece aberrante de verdad es el concepto global de la información que yace bajo la creencia de que sólo lo excepcional es noticia: por ejemplo, no que un hombre ame a su mujer, sino que se la coma. "Una concepción de la información que me parece bárbara, pero que desgraciadamente es la imperante: se habla más de una plaga de langosta que de la lucha contra el analfabetismo".Así, Garaudy considera que la visión que se tiene en Occidente de Irán y de su aún humeante conflicto con Irak es una visión manipulada. "No es una guerra de religión, ni entre árabes y persas, y sus causas son exteriores".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de agosto de 1988
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Biografía

Nació el 17 de julio de 1913 en MarsellaFrancia.
Cursó estudios universitarios en Marsella y Aix-en-Provence, y se doctoró en Filosofía por la Sorbona de París.
En 1933 inició su militancia en el Partido Comunista Francés, de cuyo Comité Central entró a formar parte en 1945.
Miembro de la Asamblea Nacional (1945 -19511956 -1958) y del Senado (1959 -1962), en 1953 se doctoró en Ciencias Políticas por la Universidad de Moscú con la brillante tesis Théorie matérialiste de la conscience (Teoría materialista del conocimiento).
Miembro del Politburó del PCF desde 1956, Garaudy fundó y dirigió el prestigioso Centre d'Etudes et de Recherches Marxistes (Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas).
Sus ideas reformistas y la fuerte censura pública que hizo de la invasión soviética en Checoslovaquia (1968) le enfrentaron directamente con la dirección del partido, que acabó por expulsarle del Politburó y del Comité Central en 1970, y finalmente del propio PCF. En 1981 se presentó como independiente a las elecciones presidenciales de su país, fecha en la que también abrazó la religión del Islam.
Brillante político y escritor e ideólogo del PCF durante casi veinte años, desde su postura marxista luchó por la humanización y democratización del marxismo y por un constante diálogo con el cristianismo, pues opinaba que muchos de sus valores estaban en perfecta consonancia con el marxismo. En toda su variada obra teórica, Garaudy se esforzó por plasmar una constante preocupación humanística que le ha inclinado progresivamente a abordar la temática de la "utopía".
Autor de varios libros de pensamiento islámico, entre los que se cuentan L'islam habite nôtre avenir, Promesas del Islam, Córdoba capital del pensamiento unitario, Hacia una guerra religiosa, Les États-Unis avant-garde de la decadence o Los mitos fundadores de la política israelí, entre los traducidos al español figuran: El diálogo entre Oriente y Occidente, Palestina, Proyecto esperanza, La poesía vivida: Don Quijote y Los integrismos

Muerte

En septiembre de 2001 sufrió un derrame cerebral. El 13 de junio de 2012, a los 99 años, falleció en su casa en las afueras de París.

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por G Dávila
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Acerca de Roger Garaudy

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Por Alain Gresh (*)

Es un poco tardía mi reacción. Actualmente estoy en El Cairo y movilizado por otros problemas más importantes.

Sin embargo, la muerte de Roger Garaudy provocó más comentarios que en otros lugares en el mundo árabe. Muchas personas lo visualizaron como un intelectual que apoyó la lucha palestina y que fue condenado por ello.
En un primer borrador del libro Conflicto palestino-israelí sobre las verdades , volví al caso de este hombre. He encontrado esta "Carta a mi hija" en la Garaudy niega el Holocausto de judíos.
¿Por qué, a pesar de todas las pruebas, hay personas que siguen dudando de la existencia de un genocidio? Los "negacioncitas" no son el único grupo cuyas teorías resisten a la realidad. Millones de estadounidenses creen que el mundo y que su gobierno está infiltrado por los extraterrestres. Durante diez años, algunos, incluyendo a científicos de alto nivel, afirman que el VIH no provoca el SIDA.
Las tesis de Robert Faurisson y sus seguidores son alimentadas por el antisemitismo tradicional y, más recientemente, tienen sus raíces en la crítica radical del Estado de Israel. El razonamiento es el siguiente: Israel está utilizando el genocidio para lograr su legitimidad, por lo que debemos negar el genocidio para quitarle esa legitimidad. Esa tesis se ha rejuvenecido en Francia y en el mundo árabe con Roger Garaudy.
Este nombre a muchos probablemente no nos dice nada. Se trata de un anciano, cuyo recorrido es un tanto sorprendente: comunista y estalinista en los años 1950 y 1960, «reformador comunista" en la década de 1970, se convirtió al cristianismo y luego al Islam. Convicciones fuertes, pero no duraderas. En 1996 publicó un libro titulado Los mitos fundacionales de la política israelí . Bajo la ley Gayssot, es condenado por los tribunales franceses para "disputar un crimen contra la humanidad". Muchos intelectuales árabes, los musulmanes franceses han visto en este ensayo una caza de brujas, la prueba de la influencia sionista en Francia.
A diferencia de la mayoría de los miembros de la secta de los negacionistas del Holocausto, Roger Garaudy difiere del antisemitismo tradicional. Denuncia, por ejemplo, como una falsificación, Los Protocolos de los Sabios de Sión - y rinde homenaje a la memoria de los "mártires de la sublevación del ghetto de Varsovia . Pero él es impulsado por una hostilidad visceral al Estado de Israel, y la ciega hostilidad que le ganó su simpatía en el mundo árabe. ¿Debemos celebrar a Jean-Marie Le Pen, porque denunció el bloqueo contra Irak, mientras que él continuó con sus diatribas contra los árabes?
"Los mitos del siglo XX" es el título del tercer capítulo de su libro. El autor, que era un fascista, que ha olvidado que fue el título de un clásico del ideólogo nazi Alfred Rosenberg? "¿no hubo, durante la guerra un" genocidio "de los Judíos? , pregunta el autor. No, responde directamente y cuando lo hace afirma: "no implica la aniquilación de todo un pueblo", puesto que el judaísmo "se ha disparado en el mundo desde 1945 . Así que no hubo genocidio de los armenios porque los armenios han sobrevivido, ni genocidio de los tutsi, o de rojos camboyanos. Con este razonamiento, se podría decir que los palestinos no fueron expulsados en 1948 debido a que algunos fueron capaces de permanecer en sus hogares. ...
Hitler era, por supuesto, hostil a los judíos sigue Roger Garaudy, pero él no quería exterminarlos. Las "soluciones finales" se reducen a la deportación al Este, que tuvo lugar en condiciones terribles: marchas forzadas, el hambre, la privación, brotes de enfermedades, etc. Por consiguiente, no fue nunca ninguna máquina de exterminio. Y empieza una contabilidad macabra, y explica que las cifras de víctimas han variado a lo largo de los años. Es cierto que la evaluación del número de muertos en Auschwitz ha cambiado: 4 millones después de la guerra a un millón de hoy. ¿No es de extrañar? ¿Uno sabía realmente cuántas personas murieron durante la guerra de Argelia en 1962? Habría que debatir el número de víctimas de conflictos varios. Pero en el caso del genocidio de los judíos, creo que el número de muertes fue de casi 6 millones - la mitad en las cámaras de gas, por un disparo millones (sobre todo en el frente oriental), el resto había perecido en los guetos y de maltrato, desnutrición, etc. Este es el resultado del trabajo de un sinnúmero de investigadores. Roger Garaudy no sabe nada.
Su texto se limitaba a un collage de citas fuera de contexto, tratando finalmente de "demostrar" que nunca las cámaras de gas existieron. Por lo tanto, estrictamente hablando, es un negador del Holocausto. A Roger Garaudy nada lo separa a Robert Faurisson y sus amigos antisemitas. Es lamentable que los intelectuales europeos y árabes fueron capaces de defender su "derecho a la expresión," sin condenar las tesis de que él fue un propagandista.

(*) Le Monde Diplomatique.




e artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de diciembre de 1998


PODEMOS HABLAR DE LA SINCRONICIDAD COMO LA CONEXIÓN ENTRE LA CREATIVIDAD CONTINUA EN EL TIEMPO-ESPACIO Y LA PSIQUE

La sincronicidad es un concepto desarrollado por Carl Gustav Jung que en las últimas décadas ha cobrado popularidad entre comunidades espirituales y entre usuarios de drogas psicodélicas, si bien ha sido considerado poco científico por la ciencia mainstream. Se podría decir que la sincronicidad es el fruto de una larga reflexión que culmina en la noción de una "coincidencia significativa acausal", coincidencia que está sustentada "en un fundamento arquetípico" o, también, una relatividad o correspondencia entre la psique, el espacio y el tiempo. Jung notó que la física cuántica había dado al traste con el concepto de causalidad o determinismo (véase el principio de incertidumbre de Heisenberg) y lo mismo podía aplicarse psicológicamente. A su vez, un poco de la misma forma que Einstein notó que el tiempo y el espacio no eran dos cosas realmente separadas, Jung, quien creía que la psique era la realidad primordial, entendió que el tiempo y el espacio existen siempre en relación a la psique, como un continuo. En su ensayo Sincronicidad, Jung añade que la sincronicidad es una "diferenciación moderna del concepto obsoleto de correspondencia, simpatía y armonía", ya que está basada en observaciones empíricas, como es el caso de los estudios parapsicológicos de J. B. Rhine, los cuales Jung reseña en el mismo libro.
Otra forma sumamente interesante de entender la sincronicidad -que hoy en el lenguaje coloquial se entiende como una conexión entre la mente y el universo que produce asombro y significado- es como "un acto de creación en el tiempo", según las propias palabras de Jung:
Es sólo la creencia atávica en el poder soberano de la causalidad que crea dificultades intelectuales y hace parecer impensable que eventos sin causa existan o puedan existir. Pero si es que lo hacen, debemos considerarlos como actos creativos, como la continua creación de un patrón que existe desde la eternidad, que se repite esporádicamente, y no se deriva de ningún antecedente conocido... La creación continua debe pensarse no como una serie de actos sucesivos de creación, sino como la eterna presencia de un único acto creativo.
El pensamiento de Jung es sumamente complejo y no puede decodificarse en unos pocos párrafos (su obra completa es de más de 30 tomos, para darnos una idea). Dicho eso, es importante mencionar que para Jung la psique era una entidad viviente que abarca todo lo que podemos ver -el mundo material- y mucho más. No sería exagerado decir que para este psiquiatra y psicoanalista, el inconsciente es tan vasto como la materia oscura del universo (por usar u símil actualizado). "La psique", escribió Jung, "es un mundo fenoménico en sí mismo, y no puede reducirse al cerebro o a la metafísica". "Para mí, la psique es un fenómeno casi infinito". La psique tenía para Jung un poder "creativo divino", y así, la historia y los eventos que nos encontramos en el tiempo son realmente los encuentros que tiene la psique consigo misma, con su imaginación y su fantasía. Llega a ocurrir que la psique se desdobla, "se imagina cosas fuera de su cuerpo"; la "realidad" se vuelve tan "arquetípica como la fantasía humana". Con esto podemos entender esta idea de la "creación continua" como una producción de sincronicidad, la irrupción de patrones desde la eternidad que, cuando los notamos, se vuelven "significativos", se vuelven sincronicidades. Sincronicidad: notar (e incluso disolverse) en la eterna presencia de un único acto creativo.
Con esto podemos ahora revisar los tipos de sincronicidad que Jung distingue:
1. La coincidencia de un estado psíquico en el observador con un evento simultáneo, objetivo y externo que corresponde con el estado psíquico o contenido, en la cual no hay evidencia de una conexión causal entre el estado psíquico y el evento externo, y en el cual, considerando la relatividad psíquica del tiempo-espacio, tal conexión no es ni siquiera concebible. (El ejemplo dado es el de la paciente que estaba relatándole haber soñado con un escarabajo dorado y en ese momento apareció un escarabajo en la ventana).
2. La coincidencia de un estado psíquico con un evento externo correspondiente (más o menos simultáneo) que sucede más allá del campo de percepción del observador y que no puede verificarse en ese momento (por ejemplo, la visión que tuvo Swedenborg del incendio de Estocolmo).
3. La coincidencia de un estado psíquico con un evento futuro aún no existente, distante en el tiempo, que sólo puede ser verificable en el futuro (por ejemplo, un sueño premonitorio).
Así tenemos estas tres clases generales para los eventos de sincronicidad, una versión bastante sofisticada para entender eventos que vulgarmente se conocen como paranormales o psíquicos. Le debemos a Jung crear un modelo que quizás ha sido descartado demasiado pronto por la ciencia, ya que entra en conflicto con el dogma de que la realidad es independiente de la psique. No nos extrañaría que en décadas futuras o incluso siglos, el pensamiento de Jung pueda realmente ser apreciado y continuado.