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    jueves, 18 de julio de 2019

    Norman Mailer, el autor que golpeó la conciencia de tres generaciones

    Reportaje
    A primera vista, lo que más te impresiona mientras avanzas por los casi cinco kilómetros de largo de la Commercial Street de Provincetown, estado de Massachusetts, es la cantidad de parejas que pasean cogidas de la mano, hombres de cabeza rapada, jóvenes de aspecto universitario, tipos de mediana edad...
    Es la estampa típica de esta coqueta localidad del extremo de Cape Cod, donde las casas son de madera y la Isla del Fuego parece fundirse con Lesbos. No es el enclave en el que una imagine encontrar al escritor más macho de Norteamérica.

    Reportaje
    El día anterior a nuestra entrevista, tras un paseo por la playa frente a los porches blanqueados de las casas más modestas, pertenecientes a los viejos heterosexuales del lugar, me encontré con este escritor de New Jersey. Conseguí cazarlo cuando se agachaba, apoyándose con esfuerzo sobre el bastón mientras intentaba recoger del suelo las llaves de su coche. Me sentí como si se tratara de una emboscada, quizá lo mejor habría sido pasar de largo. Desconcertada, tuve un momento de duda, pero me miró y decidí que mi única salida era presentarme. Al acercarme hacia Norman no percibí esa sensación de inquietud tan habitual entre los famosos. Me pareció un hombre tranquilo, relajado y sin barreras a su alrededor. Todo el mundo en Provincetown le conoce. Su primera visita a la localidad se remonta a 1942, cuando ya tenía fama de ser un lugar liberal, hedonista y bohemio, que carecía de ese aire clasista de otras vecinas localidades costeras como Martha´s Vineyard o Nantucket, donde veraneaban las estrellas de cine y los presidentes de Estados Unidos. Por aquella época, Dos Passos y O´Neill pasaban el tiempo aquí, mientras Tennesse Williams escribía en el Atlantic Bar El zoológico de cristal (1945) y Un tranvía llamado deseo (1947). Provincetown, por la especial atmósfera que crea su luz, siempre ha sido punto de referencia para pintores: Hans Hoffman, Franz Kline y Robert Motherwell residieron aquí durante una larga temporada, pero se fueron. Mailer ha permanecido fiel a este lugar y ha escrito la mayoría de sus obras en él.
    A sus 77 años, el escritor reside en la localidad todo el año, mientras que tres de sus nueve hijos -fruto de las relaciones con sus seis esposas- han ocupado su apartamento en Brooklyn. La casa de Provincetown es elegante, recoleta, con azaleas y un tejado semioculto entre ramas de glicinia blanca. En su interior sorprende la luminosidad que llena el salón, que proviene de una pared de cristal que conduce a una enorme terraza desde la que se divisa el azul del mar. Hay varias pinturas coloristas de artistas locales, mobiliario blanco y una mesa de proporciones bíblicas con fotografías familiares.
    Me recibe Bárbara, como la llama su marido, o Norris, nombre que adoptó en sus tiempos de modelo. Es la número seis y lleva casada con él un cuarto de siglo. A sus 50 años, esta mujer alta y delgada, de cabello castaño rojizo, dulce sonrisa y elegantes modales conserva todo su atractivo. Hace unos años descubrió que Mailer le había sido infiel, regresó a Arkansas y sólo aceptó volver tras exigir un precio: tendría lugar un cambio de poder y ella mandaría en el hogar de los Mailer. Bárbara irrumpió en el mundo literario el pasado mes de junio con una novela autobiográfica,Windchill Summer, publicada por Random House, que también es la editorial de su marido. Por lo tanto, cuando la pareja llegue al Reino Unido para promocionar el libro, el señor Mailer cederá a su esposa el papel protagonista. Existió una época en la que Mailer declaraba que la ficción escrita por mujeres carecía de valor, que no alcanzaba el nivel de lo escrito por un hombre. Ahora, claro está, opina de otro modo.
    Norman me ofrece un sillón de respaldo alto para que me siente. Él se instala en una silla de mimbre blanco, de espaldas al sol. Comienza a hablarme de la tradición local del sábado por la noche a finales de los 50 y principios de los 60, cuando todo aquel que quería emborracharse se encaminaba hacia las colinas que hay tras la localidad, donde se celebraban bacanales hasta el amanecer. "Digamos que cualquier noche de aquellas podían nacer matrimonios o echarse a perder con gran facilidad. No era raro encontrar a una mujer que, tras no haber podido encontrar una canguro, subía a la colina con sus hijos, incapaz de resistirse a la atracción del lugar. A nadie le importaba lo que hicieras. Se daba por sentado que la vida era muy dura, así que sólo pretendíamos pasar un buen rato".
    Pasamos de la vida a la obra, si es que se pueden separar. Su primera novela, Los desnudos y los muertos (1948) , se nutrió de su experiencia como fusilero en Filipinas, convirtiéndose en un éxito instantáneo. En Inglaterra, el Sunday Times, a pesar de enfatizar las brillantes dotes de Mailer como escritor, sugirió que la publicación fuese retirada inmediatamente por el "tosco y grosero" lenguaje de los hombres. Decía el rotativo que "ningún hombre que se precie de ser decente debería dejar este libro suelto por la casa, o no sentir vergüenza en el caso de que lo lean las mujeres de su hogar". He leído el libro y es cierto que los hombres se dicen entre ellos "joder" la mayor parte del tiempo, eso cuando no están evocando los grandes polvos que han echado. Pero es visceralmente realista en la descripción del terror y la ambigüedad moral de los hombres en situación de combate, y retrata esa extraña humildad que a veces acompaña a los actos de heroísmo. Mailer sólo tenía 24 años cuando lo escribió.

    "ME LANZABAN UNA PALABRA QUE YO TENÍA QUE ASOCIAR CON OTRA. ELLOS DECÍAN `ROJO' Y YO RESPONDÍA `VERDE', ELLOS DECÍAN `FRÍO' Y YO `CALIENTE', HASTA QUE EL PSIQUIATRA DIJO `FOLLAR' Y YO RESPONDÍ `ÉXITO'. HUBO UNA PAUSA. YO PENSÉ: DIOS MÍO, HE METIDO LA PATA. AL FINAL, ESCAPÉ DEL PSIQUIÁTRICO"
    Mientras lanza una diatriba contra la "mierda tecnológica" que ha tomado el control de este mundo: los excrementos del petróleo, las multinacionales, la arquitectura de los rascacielos, las superautopistas, la publicidad o el deterioro del lenguaje, me da la impresión de que no siente ningún rencor hacia todo ello. No se resiste a reflexionar, uniendo literatura y pensamiento: "Lo maravilloso de escribir novelas es que descubres cosas que ni tú mismo tenías conciencia de que conocías. A veces, cuando leo un viejo libro, me encuentro con algo que me hace pensar: ¿cómo pude saber eso por aquel entonces? Resulta asombroso. Es como si existiera una parte del subconsciente que va 20 años por delante de ti, y ésa es la parte que en muchas ocasiones se encarga de escribir".
    Le pregunto si le puede poner una dedicatoria a mi libro. Agacha la cabeza y reflexiona, susurra las palabras en voz alta mientras escribe. Firma como "Normal Mailer, alias El Sobornador del Jurado. A continuación le digo, sabiendo que se sentirá adulado, que mi marido me ha advertido que me ande con cuidado cerca de él. "Bueno, siempre se podría juntar con mi esposa", me dice. "Venga, Norman", le respondo, "no me creo que siga intercambiando parejas". "No, para nada. No me atrevería, mi mujer se pone cada día más dura".
    Su segunda novela, Costa bárbara (1951), escrita bajo la influencia de Jean Malaquais, un colega político e intelectual al que dedica el libro, fue vapuleada por la crítica. Siguiendo la tradición de Faulkner y otros novelistas norteamericanos, Mailer se marchó a Hollywood para probar fortuna escribiendo guiones, pero fracasó. Su tercera novela, El parque de los ciervos (1955), inspirada en sus aventuras en la ciudad del celuloide, no corrió mejor suerte. La remitió a su héroe, Hemingway, pero no obtuvo respuesta. Después a Graham Greene, a Cyril Connolly y a una docena más de notables literatos. El único escritor que estuvo dispuesto a evaluar su novela fue Alberto Moravia, y sólo después de que Mailer le asegurara que sus comentarios no serían utilizados para promocionarla.
    Llegamos al humillante episodio en The Time of Our Time (1998), una muy resumida colección de sus ensayos que fue publicada con motivo de su 750 cumpleaños. En el capítulo titulado Dolor y oprobio literario, escrito a finales de los 50, se encuentra una cita que parece adquirir más resonancia con el paso del tiempo: "Ahora se me ocurre que debo de haber albergado esa memoria como si se tratara de una callada vergüenza que me empujó hacia el siguiente medio año de audaces aseveraciones, trabajos completados a medias, heroísmos desequilibrados y una extraña notoriedad de mi propio designio. Estaba al borde de muchas cosas y en mi interior albergaba algo más que un poco de violencia". En 1960 apuñaló a Adele Morales, su tercera esposa, con un cortaplumas sucio en el transcurso de una fiesta desenfrenada, errando por muy poco su corazón.
    A pesar de que ha escrito dos obras sobre Marilyn Monroe -Marylin (1973) y Of Women and their Elegance (1980)-, opina que "la repetición aniquila el alma", por lo que siempre ha intentado abrir nuevos caminos en sus grandes novelas. Desde el oscuro corazón de la CIA en El fantasma de Harlot (1991), al Egipto escatológico de Noches de la Antigüedad (1983) hasta llegar a su última novela, El evangelio según el hijo (1997), en la que Mailer encarna nada menos que a Jesucristo. Tal vez en su próxima obra él mismo sea Dios, pero se resiste a desvelar cuál será el argumento.
    No hay obra de este polifacético autor que cause indiferencia. Obtuvo sus dos premios Pulitzer por obras geniales, ajenas a la ficción: Los ejércitos de la noche (1968) es una visión desde el interior de la marcha hacia el Pentágono contra la Guerra de Vietnam, donde el autor se convierte en personaje. La canción del verdugo (1979), por su parte, es una obra dramática sobre la vida de Gary Gilmore, un asesino profesional. Mailer encuadra estos ensayos en el terreno de la ficción, puesto que siempre se ha empeñado en que se le reconozca por su faceta de novelista. Pero más bien se sitúan en una franja entre ambos géneros, en la línea de A sangre fría, de Truman Capote. ¿Le molestaría ser recordado como un escritor de no ficción? "Eso es algo que sólo me molestará mientras siga vivo. Hay gente en América que dice: `Mailer es un escritor muy bueno, pero en el fondo no escribe ficción demasiado bien, es básicamente un escritor de no ficción'. Pero eso no es cierto, ¡mira las novelas que he escrito!".
    Le pregunto si se considera el mejor escritor vivo de América, puesto que durante muchos años anduvo por ahí afirmando que era el número uno. "Sí, me considero el mejor, pero hay otros 20 tipos en América que se sienten de la misma forma". ¿Significa eso que ha cumplido la promesa que se hizo al principio? "Bueno, nunca llegas a alcanzar el nivel que te fijas, pero la pregunta es: ¿te has acercado lo suficiente como para no sentirte decepcionado? Yo diría que sí, que me he acercado lo suficiente, aunque no alcancé mi propósito por completo, pues hice promesas que no he cumplido". Mailer se pone juguetón cuando intento descubrir alguna pista sobre su nueva novela. Sólo declara que se ha pasado un año y medio documentándose, que comenzará a escribir a finales del verano y que tardará dos años en completarla. "La posibilidad de terminarla es del 50 por ciento. La mitad de mi mente me dice que estoy preparado para escribir, es la parte que ha adquirido un poco de sabiduría, pero la otra mitad es la que se hace más vieja cada día que pasa y condiciona mi labor creativa".

    "LA REVOLUCIÓN FEMINISTA HA CONVERTIDO A LA MUJER EN ESE TIPO DE HOMBRE QUE A MÍ ME ENTRISTECÍA CUANDO ERA JOVEN, ESE QUE TENÍA QUE TRABAJAR DE NUEVE A CINCO DE MANERA ABURRIDA Y NUNCA ERA DUEÑO DE SU DESTINO. AHÍ ES DONDE ACABÓ SU REVOLUCIÓN, SU ASALTO AL PODER"
    Tom Wolfe, sempiterno contrincante de Mailer en las páginas literarias neoyorquinas, sufre ataques al corazón y agotamiento crónico debido a sus incursiones en el campo de la ficción. Me pregunto si el oficio de escribir tiene el mismo efecto sobre Mailer. "Sí, es algo que te deja totalmente agotado. Tienes que estar en muy buena forma antes de comenzar una novela. Ahora sufro de artritis, me he sometido a una operación de cadera y mis rodillas se encuentran en muy mal estado. A medida que escribes te vas erosionando y, si no te cuidas, es muy fácil enfermar. Por eso siempre me ha fascinado el boxeo: es muy distinto al ejercicio de escribir y, además, muy parecido. Para convertirte en alguien realmente bueno tienes que usar tu cuerpo de una forma que no es en absoluto beneficiosa para tu salud. Un buen boxeador es un artista".
    Hasta que cumplió los 60 fue un empedernido bebedor, drogata y seductor de mujeres. ¿Con qué se pone hoy en día? "Beber whisky es uno de mis pasatiempos favoritos, pero ya no puedo beber como antes, los huesos no me lo permiten". ¿Marihuana? "Es posible que en los últimos diez años haya fumado en tres ocasiones. Antes fumaba mucho y me encantaba, pero la marihuana es una pasión muy letal y muy perra. Para mí era algo intensamente dramático, como el LSD. Si abusaba de la droga me pasaba dos o tres días sin poder trabajar, estaba completamente agotado". ¿La libido? "No está demasiado a menudo pero sigue ahí. Es algo que me alegra el día".
    Sobre el papel, tal vez aparente ser menos vigoroso de lo que resulta en persona. La atracción que producía de joven no le ha abandonado. Parte de ese atractivo reside en su cara de luchador, en esos curiosos ojos azules y esa sonrisa con la que muestra sus dientes. Una se siente estimulada por su energía, pero cuando se levanta encorvado hay un elemento conmovedor, deseas que ésa sea la postura del boxeador que hay dentro de él y no la de un viejo artrítico. Presientes que en su interior todavía tiene muchos caminos que recorrer y romances que escribir. A sus 77 años, ha dejado muchas y muy profundas huellas: sus años en Harvard, la Segunda Guerra Mundial, su paso por la Sorbona, cinco volátiles matrimonios, numerosos líos de faldas, su candidatura para la alcaldía de Nueva York, sus entrenamientos con Mohammed Ali en el Grammercy Gym, el cabezazo que le asestó a Gore Vidal en el camerino de un estudio de televisión, el puñetazo que le dio a un hostil crítico literario cuando tenía más de 60 años... Existen algunos capítulos menos conocidos que otros, pero Mailer está del suficiente buen humor como para hablar sobre ellos...

    Hace un par de años, Adele Morales escribió un libro sobre el episodio del apuñalamiento. Su ex marido prefiere no hablar del asunto, pero está dispuesto a comentar el encierro de tres semanas en el Hospital Mental Bellevue. "No era un lugar tan terrible. Yo me encontraba en el ala de los peligrosos, éramos unos 50. Al igual que otros escritores, soy sensible a mi entorno, por lo que si me colocas permanentemente entre locos..., sabía que existía la posibilidad de que nunca volviera a salir. De ahí que fuese muy importante escapar y enfrentarme a la medicina. Pero también pensé: si acabo en la prisión no resultará tan malo, por lo menos podré escribir sobre ello. Lo cierto es que los psiquiatras me hicieron unas pruebas asociativas. Me lanzaban una palabra que yo tenía que asociar con otra. Resultó muy fácil y procuré ser lo más aburrido posible en mis respuestas. Ellos decían `rojo' y yo respondía `verde', ellos decían `frío' y yo `caliente', hasta que el psiquiatra dijo `follar' y yo respondí `éxito'. Hubo una pausa. Yo pensé: Dios mío, he metido la pata. Al final, conseguí escapar del psiquiátrico gracias a que Adele se mantuvo a mi lado; bueno, tanto como pudo desde la cama del hospital". Imagino que se había pasado con las drogas y el alcohol, le pregunto. "Hay muchas cosas de las que prefiero no dar detalles. Tal vez algún día las escriba".

    A los años salvajes con Adele siguió su relación con Lady Jeanne Campbell (Jeannie). Se conocieron en una fiesta organizada por Gore Vidal. No fue fácil para este rudo hijo de Brooklyn adaptarse al refinamiento de la clase alta británica. Su esposa le pidió el divorcio, pero él tardó en romper con ella porque lo pasaba muy bien, sobre todo con su suegra, con la que paseaba en helicóptero por la campiña inglesa. El matrimonio duró un año. Siento curiosidad por saber lo que pensaba de la aristocracia británica. "Algunos de los miembros del club eran muy inteligentes, otros no tanto. Obviamente, yo disfrutaba porque estaba a su altura. Tenía que estar utilizando constantemente el ingenio". ¿No se sentía intimidado por ellos? "Sufrí esa sensación de nerviosismo típica de los que se relacionan por primera vez con la aristocracia británica, pero la fui venciendo. Después surgió en mí un sentimiento de superioridad. Empecé a pensar: puede que yo sea mejor que ellos".
    A Mailer nunca le han atraído las ideas de las mujeres. Durante la década de los 70 estuvo en la lista negra del movimiento de la liberación de la mujer. Ha dejado un aforismo: "Lo que es bueno para nosotros es bueno, lo que es bueno para ellas no es bueno", y una obra de tintes machistas, El prisionero del sexo (1971). "Las feministas se fueron a por los hombres equivocados. No se manifestaron contra los hombres sureños para decirles: `Los hombres sois unos cerdos, unos sexistas', no. Prefirieron atacar a los encantadores bohemios de Nueva York, que nos conformábamos con estar a la altura de nuestra mujer". Y añade: "La revolución feminista ha convertido a la mujer en el tipo de hombre que a mí me entristecía cuando era joven, ese que tenía que trabajar de nueve a cinco de manera aburrida y nunca era dueño de su destino. Ahora, la mujer trabaja igual que aquellos hombres, con sus camisas blancas y sus trajes negros. Ahí es donde acabó la revolución de la mujer, su asalto al poder".

    Ve a la mujer y al hombre enzarzados en una interminable pugna por la superioridad, pero algo parecido pasa entre los hombres. "Los escritores son tan competitivos como cualquier buen atleta. Cuando un buen atleta observa a otro compitiendo, no sólo está admirando su capacidad, siempre alberga en su interior una oscura y poderosa pregunta: `¿Soy capaz de hacerlo mejor?'". De los tiempos en que él y Arthur Miller vivían en el mismo edificio de Brooklyn -Miller escribía Muerte de un vendedor (1945) en un piso y Mailer Los desnudos y los muertos (1948) en otro-, recuerda que se cruzaban por el pasillo para recoger el correo y cada uno se alejaba pensando: vaya, ese tipo no llegará a nada. Wolfe debe de estar deseando matarle después de la crítica que hizo de su última novela. "Es posible que sueñe con ello. El caso es que mis palabras se asociaron con otras más duras de John Updyke, por lo que Wolfe respondió a ambos afirmando que éramos un par de vejestorios celosos".

    La homosexualidad es un tema que siempre le ha preocupado. ¿ Cómo se siente viviendo en una localidad tan exuberantemente gay? "En los viejos tiempos pensaba que el hombre debía ser vigoroso, mis concepciones masculinas provenían de Hemingway. Pero en los últimos diez o 20 años he cambiado, ahora soy mucho más tolerante". Dígame, ¿acaso no ha sentido alguna vez el temor de que pudieras ser gay? "No conozco a ningún hombre que no haya sentido eso. Es el terror oculto de cada macho". ¿A qué se debe la postura de Clinton hacia los gays en el ejército de Estados Unidos? "Si Clinton hubiera pasado una semana en el ejército habría aprendido que es inútil discriminarlos. Hay hombres que necesitan algún tipo de camaradería entre ellos porque las únicas muestras de cariño que recibieron en su vida vinieron de otros hombres. El ejército les permite vivir de tal manera que no tienen que considerarse homosexuales".
    Si le hubiera conocido en un bar de Provincetown en sus tiempos de duro bebedor, el veredicto pudiera ser muy distinto, pero ahora pienso que es un tipo increíble al que todavía le quedan fuerzas para seguir dando guerra. Ya de camino a la puerta, le pregunto si es verdad que en el transcurso de una cena a la que asistió la duquesa de York, ésta le preguntó sobre qué trataba su próxima novela, y su respuesta fue coños. "Sí, es cierto. Ella se quedó encantada pero la anfitriona no me ha vuelto a dirigir la palabra. Ja, ja, ja ...". 

    GINNY DOUGARY ha sido votada mejor entrevistadora del año por la prensa británica por su trabajo en el diario The Times.
    Direcciones en Internet:

    Todas las obras del autor, en: http://www.catharton.com/authors/195.htm
    Sobre su vida, su obra y sus declaraciones más provocativas, en: http://www.iol.ie/~kic/index.html 


    https://www.elmundo.es/magazine/m46/textos/norman1.html

    Norman Mailer, el autor que golpeó la conciencia de tres generaciones

    • Ya desde su primer libro 'Los desnudos y los muertos' tuvo un éxito arrollador
    • Su segundo Pultizter llegó 11 años después del primero, con 'The Executioners Song'
    Foto: William Coupon
    Foto: William Coupon
    Actualizado domingo 11/11/2007 
    DAVID TORRES
    MADRID.- Novelista, periodista, ensayista, cineasta a ratos, hombre de letras de la cabeza a los pies, Norman Mailer era el último vástago de una tradición genuinamente americana: el heredero directo de una estirpe que también dio a Jack London y a Hemingway. Ha muerto el 10 de noviembre de 2007 en Nueva York a los 84 años.
    En su famoso libro sobre la pelea entre los boxeadores Ali y Frazier, 'El rey de la montaña', Mailer escribió que el ego era el gran sustantivo del siglo XX, la palabra más importante añadida a la potencia esencial del idioma. Pocos escritores del pasado siglo pueden vanagloriarse de un ego semejante al de Mailer, que se convirtió a sí mismo, a todo lo largo de su escritura, en el martillo, el yunque y el fuego.
    Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que reflejaría en 'Los desnudos y los muertos', probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. Publicada en 1948, la obra supuso para el joven debutante un clamoroso éxito de crítica y público y, desde entonces, su nombre pasó a formar parte de una brillante y múltiple constelación de escritores (Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth) que acabaría por formar la vanguardia de las letras estadounidenses.
    En 1951 publicó 'Costa bárbara' y en 1955 'El parque de los ciervos', novelas ambas que no alcanzaron ni de lejos la resonancia de su libro bélico. Volcado hacia el periodismo, fundó el semanario neoyorquino 'The Village Voice', donde publicó en 1956 su celebérrimo reportaje 'El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster', un ensayo incendiario con una peculiar visión de los problemas raciales y una demoledora exaltación de la violencia. Al tiempo que apoyaba a Kennedy y tronaba contra la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando, si no en la conciencia fetal de EEUU, sí en el Pepito Grillo más vocinglero y meticón de toda la intelectualidad norteamericana, la voz más agria de la contracultura.
    Servidos en una prosa fastuosa, subversiva y delirante, sus trabajos de campo sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron, en palabras de Robert Lowell, en "el mejor periodista de América".
    Mientras tanto, en el terreno privado, su vida seguía los mismos derroteros contradictorios, virulentos y salvajes que su escritura. Enemigo declarado de cualquier método anticonceptivo, tuvo nueve hijos a lo largo de seis matrimonios, arrastrando una larga serie de pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera bastante subida de tono. La agresión se saldó con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, 'La última fiesta'.
    Quizá no sea casualidad que dos de sus mejores novelas ('Los hombres duros no bailan' y 'Un sueño americano') alberguen fantasías sobre esposas asesinadas. Ambos libros también participan de la vertiente filosófica de Mailer: una visión sumamente personal del existencialismo que gira en torno a la idea de un demiurgo imperfecto, una especie de dios exhausto cuya creación se le ha ido de las manos como una alocada novela donde los personajes se desmandan, seducidos por un astuto diablo encarnado en el plástico y el cáncer. Dentro del volumen 'Caníbales y cristianos', los ensayos 'La metafísica de la barriga' y 'La economía política del tiempo' presentan algunas de sus ideas más excitantes, profundas y polémicas.
    A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es 'Maidstone'), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política: se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A'dvertisements for Myself') que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente "en la intimidad de mi mente". Milos Forman aprovechó su aspecto inconfundible (baja estatura, melena explosiva, ojos llameantes) para un breve papel en 'Ragtime' (1981). Pero Mailer daba mucho más juego en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas broncas con otros colegas de profesión.
    En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa, Adele Morales. En 1971 la sangre llegó al río con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson. Pero la más célebre y rocambolesca de sus trifulcas -mantenida a lo largo de décadas, como un tormentoso noviazgo- fue la relación de amor y odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba (llegó a decir que era "el escritor perfecto de mi generación") y con quien mantuvo agrias polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta 'La canción del verdugo' (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y escrita a la manera de un gran reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, 'A sangre fría'. Pero también supuso un triunfo personal de Mailer que, por una vez, abandonó su propio ego durante centenares de páginas para lanzarse a un exacto y descarnado ejercicio de objetivismo.
    Obsesionado por la masculinidad, como London y Hemingway, Mailer también era un devoto del boxeo que siguió atentamente la carrera del mejor peso pesado de su época, Muhammad Ali. En 1973 viajó hasta Kinshasa (El Congo) para presenciar el fenomenal combate entre Ali y Foreman, y la crónica que escribió del mismo ha quedado como una de las leyendas imborrables de la profesión periodística y de la literatura deportiva. Otro tanto ocurre con el 'Homenaje a El Loco', amplio reportaje sobre un torero mexicano, donde su preciso y coloreado instrumental de escritor encuentra un terreno abonado para sus espléndidas metáforas. En cambio, a pesar de sus estudios de ingeniería aeronáutica en Harvard, 'Un fuego en la luna' (un ambicioso reportaje sobre la misión del Apolo XI), carece de ese inigualable toque de exaltación y maestría que posee Mailer cuando un tema le apasiona.
    Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de bocazas y de provocador nato lo alejaron siempre de las quinielas de ganador. Machista acérrimo, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un incordio, un agitador de conciencias, la encarnación misma de lo políticamente incorrecto: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.
    Poseído de una curiosidad omnívora de la que da cuenta una amplísima bibliografía que incluye, además de docenas de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoievskiana de 'American Psycho' y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó 'Noches de la antigüedad', una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, 'El fantasma de Harlot', una novela, no menos voluminosa y ambiciosa, sobre el funcionamiento interno de la CIA.
    Mailer nunca dejó el centro del cuadrilátero, ni siquiera en estos últimos años en que, viejo y enfermo, no dejaba de acudir a lecturas y encuentros con universitarios. El pasado octubre, fue sometido a una operación de pulmón de la que pocos confiaban en que pudiera recuperarse. Murió el 10 de noviembre, a los 84 años, en el hospital Monte Sinaí de Nueva York. En sus últimos libros se atrevió a sacar a la palestra a Cristo, a Hitler, y al mismísimo diablo, adversarios que él, quizá, consideraba a su altura.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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