Auschwitz, el símbolo más horrendo de la historia moderna

La destrucción de los judíos y demás minorías por parte del régimen nazi están bien documentadas y no están sujetas a duda. El Holocausto (a pesar de lo que muchos fanboys quieran decir por ahí) sucedió en realidad.
Lo extraño es que no tuvo que suceder así. Aunque el régimen nazi desde el principio fue antisemita —y anti comunista, y anti socialista, y anti etc. —Alemania no era el único país europeo en detestar abiertamente a los judíos. Durante el siglo XIX los peores casos de antisemitismo se dieron en Rumania y en Rusia, e incluso en Francia; durante la época del Segundo Reich los casos de ataques contra judíos en Alemania parecieron en realidad ir disminuyendo.
Todo eso cambió cuando el Imperio Alemán perdió la guerra en 1918. En la población alemana empezó a circular una sensación de traición; los ejércitos alemanes—vistos todavía por gran parte de la población del Reich como invictos—no habían perdido en una gran ofensiva ese año, todavía seguían afuera de las fronteras y los aliados no habían podido invadir Alemania. En la imaginación popular, la “derrota” habia llegado por culpa de los “Criminales de Noviembre”, aquellos revolucionarios que habían movilizado gente contra el gobierno del Káiser y que por tanto eran responsables de la humillación ante franceses e ingleses. Aquellos revolucionarios — que en la mente de muchos habían encabezado una puñalada en la espalda contra la nación— eran percibidos como tres cosas: socialistas, comunistas…y judíos.
oficiales alemanes nazi
Hitler (y muchos miembros de la sociedad alemana) sintieron que habia que ponerle un fin a esto, separando a unos y a otros para que ya no siguieran corrompiendo a la nación. El partido Nazi en sus inicios solo era uno de tantos otros que seguían una línea racista. Los judíos, sostenían estos en un principio, eran parte de una conspiración mundial capitalista, la cual habia llevado a las demás naciones del mundo a la guerra y que desde la sombra seguían moviendo los hilos.
A esto Hitler agregó harina de su propio costal. Como resultado de haber estado viviendo en la Viena de la preguerra, habia llegado a la conclusión de que las minorías representaban un problema, y en su mente empezó a tomar forma otra conspiración: esto es, que tanto el capitalismo como el comunismo eran de origen judío y obedecían a los mismos propósitos. Que todas las naciones capitalistas hubieran invadido Rusia para acabar con el gobierno bolchevique era, según él, todo parte de la misma conspiración. Ya desde 1920, en sus discursos hablaba en términos de guerra generalizada “para asegurar el lugar de Alemania en el mundo” y de “la necesidad de remover a los judíos.” Como o cuando, no lo dijo.
Al principio la gente no votó por él porque fuera abiertamente antijudío, sino porque el ciudadano promedio alemán quería paz, trabajo y estabilidad. Los judíos eran vistos a veces con indiferencia, a veces con preocupación. En 1930, el entonces presidente Hindenburg vetó una nueva ley, la ley para “La restauración del Servicio Civil Profesional”, que incluía la expulsión de todos los judíos ocupantes de cargos públicos. El viejo mariscal solo la firmó cuando Hitler excluyó de ella a aquellos judíos que hubieran servido en la Gran Guerra o que fueran hijos de padres que lo hubieran hecho. El partido nazi quedó consternado al descubrir que aquella clausula protegía a más de la mitad de los judíos y a un 70% de los que ocupaban puestos públicos.
alemanas
Una vez Hitler hubo obtenido el puesto de Führer, sin embargo, las agresiones contra los judíos y otras minorías se acrecentaron. Pero, y a pesar de sucesos como la noche de los Cristales Rotos, la expulsión de cualquier clase de minoría de puestos de responsabilidad y de la “cláusula Aria”, en un principio no hubo un plan definido para su exterminio. Hitler limitó los ataques violentos para evitar ofender a los ciudadanos respetuosos de la ley. En la mayoría de los casos se les segregó. Incluso trató de vendérselos a los banqueros ingleses —judíos Rothschild. Una vez empezada la guerra y derrotada Francia se pensó en mandarlos a Madagascar o a Palestina, pero la existencia de la Royal Navy lo impidió.
Todo eso cambió cuando Hitler invadió la URSS. En un tipo de guerra que no se habia visto nunca, la Wehrmacht atravesó la frontera soviética, arrollando al ejército Rojo y capturando la mayor parte de la Rusia europea en cuestión de pocas semanas. Los actos de brutalidad contra los judíos habían empezado apenas inició la invasión a Polonia, pero adquirieron proporciones cataclísmicas con la invasión a Rusia. Pero ni Hitler ni Himmler tenían una idea de cómo debería desarrollarse esa brutalidad. Al principio de la guerra la “endziel” o meta final parece haber sido deportar a todos los judíos a reservaciones en el este, particularmente Lublín, en Polonia. Pero una vez Alemania invadió la URSS se pensó que los judíos deberían ser deportados más al Este. En 1941, durante los preparativos para invadir la URSS, Hitler giró una directiva al jefe de su estado mayor, el general Halder, diciendo: ¡Esta deberá ser una guerra de exterminio! Los secretarios de estado dentro del régimen nazi se habían reunido en mayo de ese mismo año para ver cómo se iba a alimentar a la Wehrmacht, y el resultado, le confió Goering al ministro de relaciones exteriores Ciano, seria “la muerte de 30 millones de rusos por hambre.” A esto se le conocería como “der Backe-Plan“. Himmler incluso escribió un borrador sobre un plan de deportación de 31 millones de personas hacia Siberia, incluyendo a todos los judíos, el 80% de polacos, y la mitad de ucranianos y bielorrusos.
campo concentracion litera
Pero la guerra se fue prolongando (y los nazis iban asumiendo mayor control sobre cada vez más judíos y rusos) se pensó que se debía adoptar una solución “mejor” y más “eficiente.” El hecho de que Rusia no capitulara ni hiciera esfuerzos para hacerlo enfureció a los cansados miembros del estado alemán; sobre todos ellos habia caído el peso de la propaganda contra “el bolchevismo judío.” En vista de la mayoría de los alemanes, ya para entonces sometidos a años y años de propaganda, los judíos eran los responsables de la guerra, sin importar que hubiera sido Hitler el que empezara invadiendo Polonia y después Rusia. La ofensiva sobre Moscú fue parada en seco, los japoneses atacaron Pearl Harbor y Hitler le declaró la guerra a los Estados Unidos. Fue así como se implementó “La solución final.”

“Hoy hago una profecía: Si la comunidad judía internacional dentro y fuera de Europa triunfa en su propósito de empujar a las naciones en otra guerra mundial el resultado no será la Bolchevización de la Tierra y por tanto una victoria para el judaísmo, sino la aniquilación de la raza judía en Europa.”
Adolfo Hitler, durante su discurso el 30 de enero de 1939

La solución final

La “solución final”, o “Endlösung”, como el Backe-Plan tenía dos objetivos. El primero, era eliminar a todos los opositores del régimen nazi, a los judíos, gitanos y rusos de la manera más eficiente, mientras que el segundo objetivo consistía en preservar la mayor cantidad posible de alimentos para el uso de la población alemana. Se utilizaría un sistema doble, uno de exterminio a la mayor brevedad posible y otro a través de campos de labor forzada. Ambos quedarían a cargo de las SS Totenkopfverbände, o unidades Cabeza de Muerto.
arribo y seleccion en auschwitz
Se establecieron tres campos explícitamente concebidos para el exterminio: Belzec, Treblinka, y Sobibor, denominados como “Campos de la Operación Reinhard” en honor del funcionario Nazi asesinado en un atentado en Yugoslavia y uno de los arquitectos de la “solución final”, o “Endlösung”; mientras que en los demás se utilizaría el sistema doble, como en Chelmno, Majdanek y, el más famoso de todos, Auschwitz-Birkenau. En Chelmno se eliminarían casi por completo a los miembros del gueto de Łódź, mientras que en Auschwitz se realizarían experimentos sobre prisioneros humanos.
Auschwitz empezó siendo unas barracas en los tiempos del viejo Imperio Austrohúngaro, y aunque rodeado por pantanos, bosques y ríos, el hecho de que fuera fácilmente accesible por ferrocarril lo hacían un lugar bastante atractivo para la farmacéutica IG-Farben, interesada en la producción de goma.
La lógica era sencilla: hacer trabajar a los prisioneros hasta que morían. En caso de los campos netamente de exterminio, el método era ligeramente distinto; la rentabilidad de los campos dependía de que los prisioneros no supieran su destino hasta que llegara el último momento. No se les decía nada a los guardias que custodiaban los vagones, y tampoco se les permitía la entrada en el recinto; los prisioneros no recibían ninguna clase de información antes de entrar bajo el umbral. En Treblinka, a los prisioneros se les hacía descender en una estación de ferrocarril, en medio de un mar de letreros con nombres de lugares distintos y mientras que en el andén tocaba una banda de música. Los nazis—que querían que todo marchara de la mejor manera posible— aprovechaban el hecho de que la mayoría de los deportados querían ver las cosas de manera optimista; los judíos, polacos, bielorrusos y gitanos deseaban creer que las penurias del gueto o del campo de transición habían quedado muy atrás. Luego se separaba a los prisioneros, las mujeres de un lado, los hombres de otro. Se les ordenaba desvestirse. Obviamente las madres no tenían ninguna intención de separarse de sus hijos, pero cualquier clase de protesta era inmediatamente callada gracias a los perros y a los látigos. Luego se seleccionaba de entre los primeros a aquellos suficientemente fuertes como para los meses siguientes de labor forzada, hasta que a ellos también los alcanzara el amargo final.
nino campo concentracion
 A las mujeres, a los niños, viejos y  demás personas incapaces del vigoroso trabajo físico se les encaminaba a “las duchas” previa rasurada de cabello. Algunas personas bastantes agudas ya empezarían a darse cuenta de que algo marchaba mal, pero el hecho de que estaban desnudas evitaba que opusieran mucha resistencia. Y cuando para todos se daban cuenta que iban a morir eso había dejado de importar; las puertas a las cámaras de gas estaban abiertas y los guardias habían liberado a los perros. Las personas —que por lo general no atinaban a recuperarse del Shock—no oponían ninguna clase de resistencia y trataban de huir de los filosos dientes. Algunas mujeres, sin embargo, dejaban a sus hijos escondidos bajo los montones de ropa sucia, pero los guardias anticipaban esto y ordenaban a los prisioneros que trabajaban para ellos revisar entre los montones de ropa sucia y arrojar a los niños que encontraran a las cámaras de gas antes de que se cerraran las puertas.
Como dije, la farmacéutica IG-Farben—actual Bayer—se mostró interesada en los campos, aunque posteriormente negarían cualquier clase conocimiento durante los juicios de Núremberg. Más aún, la farmacéutica le pagó a los nazis para que se les permitiera experimentar en prisioneros humanos, experimentos ejecutados con lujo de sadismo por el Dr. Mengele y otros como él. Nunca antes había existido un número tan grande de víctimas asesinadas por un número tan reducido de personas.
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A los que quedaban vivos no les iba mejor. Para mantenerlos controlados, las autoridades nazis seleccionaban a criminales psicópatas para tenerlos controlados, los kapos, los cuales tenían completa libertad para hacer con ellos todo lo que quisieran. Los prisioneros que perdían la voluntad de vivir sencillamente caminaban hacia la cerca y esperaban que los guardias les dispararan. Las mujeres no corrían con tanta suerte; las mujeres recibían los perros encima. Los cuerpos resultantes se quemarían por órdenes de Himmler, pues la cantidad de cadáveres era tal que si se enterraban podían contaminar los mantos freáticos.
“Después del Holocausto, es imposible creer más en Dios.” “Eso, o es culpable de indiferencia o crueldad.”
Frases recogidas en el trabajo de Richard L. Rubenstein

La llegada del ejército Rojo

Afortunadamente, para aquellos prisioneros que aún seguían con vida, tal iniquidad no iba durar. Desde las estepas de Asia, a lo largo de un frente que se extendía desde las orillas del mar Negro hasta el Báltico, siete millones de hombres bajo la bandera roja de la Hoz y el Martillo se disponían a desatar una tormenta de acero y furia en la tierra misma sobre la que se asentaba el Tercer Reich. En cada batallón del ejército Rojo se habían organizado comités de venganza, y todos, desde el criminal liberado del Gulag hasta el campesino llamado a hacer su servicio militar consideraban su deber sagrado vengar a la Santa Madre Rusia. “Soldado” “¡Recuerda que estás entrando a la guarida de la bestia fascista!” Millones de mujeres serian violadas al entrar el Ejército Rojo a la Prusia Oriental. “¡Malditos racistas!” gritó uno de los soldados del Primer Frente Bielorruso al entrar a un bunker lleno de mujeres mientras agarraba del cabello a una de ellas “¿Con que se creen la mejor raza del mundo? ¡Pues ahora romperemos su orgullo racial!”
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Incluso aquellos soldados que se abstuvieron de violar mujeres pensaron que tenían como deber sagrado destruir. “¿Qué quiere que pensemos de ellos, camarada, capitán?” le comentó uno de sus soldados al capitán Agranenko “Viven bien. Comen bien. Tienen ganado, viven en casas grandes, tienen árboles frutales. Están bien alimentados. Viven en un lujo que yo y todos mis camaradas envidiamos. Y van e invaden Rusia. Llegaron incluso hasta mi oblast en Voronezh. Sólo por eso deberíamos matarlos a todos.” luego aquel soldado hizo una pausa y continuó “Aunque lo siento por los niños, camarada capitán. Aunque sean pequeños Fritzs.”
Camarada mariscal” le preguntó uno de sus oficiales al general Vasilevsky apenas recibir éste el mando de sus nuevas tropas “Los soldados no se comportan. Queman casas, roban ganado, destruyen todo a su paso ¿Cuáles son sus disposiciones en este aspecto?” Vasilevsky, quizás el general más cultivado y sensible del bando ruso en ese momento, se quedó callado por unos momentos y respondió “Me vale ver#@” respondió él con un dejo de amargura “Ya es hora de que nuestros soldados apliquen su propia justicia.”
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Por supuesto, aquella marea de ira no era exclusivamente suya. Los ciudadanos de aquellos países que habían sufrido bajo la ocupación nazi se unieron al ejército Rojo. Ucranianos, checos y polacos se unieron con bastante entusiasmo a las represalias. “Con frecuencia, no podemos interrogar a ningún alemán” se quejó ante Beria un oficial del NKVD “Los soldados polacos les disparan a todos los prisioneros antes de que lleguen.”
Himmler había anticipado esto, y en una serie de directivas habia ordenado a sus subordinados de la SS que los campos de exterminio debían ser evacuados y las evidencias destruidas. Los prisioneros que no pudieran caminar debían ser ejecutados en el acto; el avance del Ejército Rojo fue tan espectacular durante aquel primer mes de enero que a los guardias SS no les dio tiempo de cumplir con su cometido.
niños sobrevivientes a auschwitz
Este mismo 27 de enero hace 70 años, el 107 regimiento de rifleros del Ejército Rojo salió de entre los bosques nevados y encontró el símbolo más horrendo de la historia de la era moderna.
El comandante que entró al campo empezó a vomitarse encima. Su segundo al mando lo hizo también. Ni siquiera en el Gulag habían visto algo así. Ambos eran veteranos, curtidos en algunas de las peores batallas que la humanidad hubiera visto nunca, pero el espectáculo había sido mucho para ellos. Las chimeneas habían sido destruidas y el grueso de los prisioneros habían sido “evacuados” hacia Belzec, pero de los 8,000 prisioneros dejados detrás las SS sólo habían podido matar 600. Quedaban 370,000 trajes de hombre, 837,000 vestidos de mujer y 7.7 toneladas de cabello humano como oscuro testamento.
La venganza del Ejército Rojo sería brutal.
 Notas:
Mengele trabajaría para los Estados Unidos a cambio de inmunidad (que raro) mientras que los prisioneros trasladados a Belzec serían liberados por los ingleses ese mismo año. El hecho de que los israelíes actuales utilicen este hecho para justificar sus políticas contra los árabes o palestinos no significa que esto no haya pasado en realidad.
La historia rara vez toma bando alguno.

Bibliografía.
  • http://defensamexico.activoforo.com/
  • http://www.todopormexico.org/forum
  • http://teachinghistorymatters.com/tag/auschwitz/
  • http://haveblogwilltravel.org/visiting-auschwitz-important-stop-poland
  • http://hmd.org.uk/resources/image-library/life-camps-0
  • http://www.stsci.edu/~rdouglas/publications/suff/suff.html
  • http://www.faculty.umb.edu/lawrence_blum/courses/290h_09/readings/rubenstein_roth_silence.pdf
  • Anthony Beevor, The Second World War, capítulos 34 y 44, editorial Back Bay Books.
  • Anthony Beevor, Berlín, The Downfall, capítulos 3,4,5,6 y 27, editorial Penguin.
  • Martyn Whittcock, The Third Reich: The rise and fall of the Nazi, capítulos 9 y 18, editorial Running Press.
  • Martin Gilbert, Israel, a history, capitulos 5 y 6, editorial Harper Perennial.
  • Chris Bellamy, Absolute War: Soviet Russia in the Second World War, segunda edición.
El artículo integro es una colaboración de An Khan, muchas gracias.
https://marcianosmx.com/auschwitz-simbolo-horrendo-historia/


ADOLFO TORRECILLA | 24 ABRIL 2018
El orden del día  L’ordre du jour
Autor: ÉRIC VUILLARD
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Esta novela obtuvo el año pasado el Premio Goncourt, el galardón literario francés más antiguo y prestigioso. Para el jurado, estamos ante una “novela breve y fulgurante, con una prosa formidable, en torno al ascenso del nazismo”. Su autor, Éric Vuillard (Lyon, 1968) es escritor, cineasta y dramaturgo. La novela comienza con una reunión secreta que los más importantes empresarios alemanes mantienen con Hitler en febrero de 1933, antes de las elecciones. Están presentes los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa, Varta… Hitler les pide dinero y les garantiza que saldrán ganando si consigue el poder. Otra trama es la guerra psicológica que sostuvo Hitler con el canciller austriaco Kurt von Schuschnigg durante el proceso de anexión de Austria, el Anschluss. El autor, inspirándose en las memorias del austriaco, describe la habilidad de Hitler y su desprecio que siente por otros líderes europeos, que reaccionan tarde y mal a sus maniobras. También se relatan algunos hechos en torno a los juicios de Núremberg, así como el destino de algunos de los personajes de la novela. Todo está escrito como un ajuste de cuentas histórico del que participa el autor, que incluso se involucra a veces en la narración para resaltar alguna idea y para denunciar actitudes que facilitaron abusos y crímenes.
Novela simple y esquemática, muy efectista en sus planteamientos y en su estructura, que trata de mostrar con pocos
hechos la gravedad de un momento histórico dramático.

El orden del día

Eric Vuillard

Premio Goncourt. Traducción de Javier Albiñana. Tusquets. Barcelona, 2018. 144 páginas, 17,00 €
RAFAEL NARBONA | 09/03/2018 


Eric Vuillard. Foto: Melania Avanzato
El orden del díapremio Goncourt 2016, puede leerse como una novela histórica, pero también como una obra de política ficción que esboza un posible y terrorífico porvenir. Los grandes empresarios que financiaron el ascenso de Hitler al poder conservaron sus privilegios tras la guerra. Algunos participaron incluso en la creación de la Unión Europea y garantizaron el porvenir de sus empresas mediante acuerdos opacos con el poder político. Muchos han financiado a partidos políticos democráticos. Podemos aventurar que no se conforman con controlar el presente. También desean apropiarse del futuro.

Éric Vuillard (Lyon, 1968) retrocede hasta el 20 de febrero de 1933 para cimentar esta tesis. En esa fecha, Hitler convoca secretamente a veintisiete grandes industriales alemanes en el Palacio Presidencial del Reichstag para pedirles su apoyo en las inminentes elecciones parlamentarias. Los empresarios se reúnen en el despacho de Göring y, tras escuchar a Hitler, acuerdan entregar una suma colosal para garantizar la victoria del NSDAP. Entre los asistentes, se halla Gustav von Krupp, poderoso gestor del grupo Krupp AG, la compañía que desde hace décadas lidera en Alemania la producción de acero, armamento y maquinaría agrícola pesada. Su fotografía sirve de portada a la novela de Vuillard, mostrando el rostro duro, afilado y aristocrático de un hombre que llegó a construir empresas en las cercanías de Auschwitz para utilizar mano de obra esclava.

Los poderosos empresarios no son individuos comunes, sino máscaras que ostentan el poder real, efectivo, con una perfecta discreción. Destacan por su prudencia, su elegancia, su insuperable cinismo. Sus negocios trascienden su destino individual, pues en nuestro tiempo “las empresas no mueren como los hombres. Son cuerpos místicos que no perecen jamás”. Los nuevos dioses se llaman Bayer, Afga, Opel, IG Farben, Siemens, Allianz, Telefunken. Los políticos no actúan de una forma menos indigna que los grandes empresarios. Lord Halifax acepta la invitación de Göring a su mansión campestre, participando en sus cenas y cacerías. Sabe que es un megalómano aficionado a los uniformes de fantasía, un morfinómano de reacciones imprevisibles, pero no le molesta su compañía. Presiente una secreta afinidad. Halifax vuelve al Reino Unido convencido de que el nazismo no es una ideología aberrante. Escribe al primer ministro Baldwin, celebrando el anticomunismo de sus anfitriones. En un alarde de sinceridad, elogia el nacionalismo y el racismo, fuerzas pujantes que no deben considerarse “contra natura ni inmorales”.

'El orden del día' es una magnífica novela. Su enfoque - original, provocador- extiende una sombra inquietante sobre nuestras democracias
Conviene señalar que Hitler no era un ideólogo, sino un demagogo que plagiaba ideas ajenas. El nacionalsocialismo alemán aprovechó la exaltación nacionalista de Herder y Fichte, el panegírico del Estado prusiano de Hegel y la utopía comunitaria de SchellingSon ideas filosóficas, pero en los años 30 ya habían echado raíces en el inconsciente colectivo. Por eso, cuando Hitler anunció a sus generales en 1937 que el Reich alemán debía controlar el corazón de Europa y extenderse hacia el Este, no halló oposición, sino entusiasmo. La doctrina del espacio vital ya no parecía una reivindicación política, sino una exigencia de la razón. Nacido en Braunau am Im, una pequeña ciudad fronteriza austriaca, Hitler contemplaba el Anschluss como una necesidad histórica. Austria era alemana. Por cultura, idioma y raza. El austrofascismo del canciller Dollfuss no era pangermánico. De ahí su asesinato a manos de los nazis austriacos. Kurt Schuschnigg, su sucesor, se entrevistará con Hitler en Berghof, intentando preservar la soberanía de Austria, pero su carácter débil naufraga en la impotencia. Vuillard introduce una nota lírica, comparando las negociaciones con las pinturas del suizo Louis Soutter, que pasa sus últimos días en un asilo de Ballaigues. Pobre, desconocido y enfermo de artrosis, Soutter dibuja espeluznantes fantasmas y esqueletos con sus dedos deformados: “Repulsivos y terribles monigotes se agitan en el horizonte del mundo donde rueda un sol negro”. Sin pretenderlo, la propaganda de Goebbles ha convertido a Hitler en uno de esos monigotes. El canciller del Reich de los mil años es “una criatura quimérica, aterradora, inspirada”.

Schuschnigg no podrá resistir la presión y concederá poderes crecientes al pronazi Seyss-Inquart, al que conoce desde la universidad. Los dos aman la música de Bruckner, HaydnBeethoven y Mozart. Ambos son autoritarios, nacionalistas, antisemitas. Las mentes más cultivadas también pueden sucumbir a la barbarie ideológica. Ribbentrop no es tan refinado, pero puede ser un conversador elocuente. Diserta interminablemente sobre tenis ante Chamberlain y Churchill, mientras Hitler entra en su país natal sin encontrar resistencia. Su discurso en Viena preludia la parodia de Chaplin. Apenas se entienden palabras sueltas: “guerra”, “judíos”. Las multitudes sonríen, pero en el mes siguiente se suicidan 1500 personas: judíos, socialdemócratas, intelectuales. Vuillard se permite una licencia fantástica en el último capítulo, presentando a Gustav von Krupp atormentado por los fantasmas de la carnicería financiada con su capital. La visión de las víctimas sólo dura unos segundos, pues su mente ya viaja hacia la demencia senil.

Hitler fue derrotado, pero las empresas que lo financiaron y obtuvieron grandes beneficios con su régimen apenas respondieron por sus crímenes. Bayer, BMW, Siemens, Agfa, Shell, Telefunken, IG Farben, utilizaban mano de obra procedente de Mauthausen, Dachau, Auschwitz. Durante la posguerra, aumentaron su poder con fusiones, como es el caso del grupo Thyssen-Krupp. Krupp pagó indemnizaciones ridículas a los deportados que sobrevivieron a la esclavitud en sus fábricas. Actualmente, los nazis son seres ridículos, los malos eternos del cine. El filósofo Günter Anders trabajó como mozo y ascensorista en el Hollywood Custom Palace, limpiando los falsos uniformes de la Alemania nazi que se alquilaban para las películas. Vuillard apunta que hay algo perverso en ese destino. Anders significa “otro” y el objetivo del nazismo era la humillación y el exterminio del otro. El orden del día es una magnífica novela, con una prosa limpia y cartesiana, y un trasfondo muy alemán, muy filosófico, muy hegeliano. Su enfoque -original, provocador- extiende una sombra inquietante sobre nuestras sociedades democráticas. El poder económico se adapta a cualquier ideología para no perder su influencia. Hitler perdió la guerra, pero los Krupp -discretos, pulcros- siguen ahí, “con los mismos pañuelos de seda en el bolsillo de la chaqueta”, preparados para el próximo asalto. “Nunca se cae dos veces en el mismo abismo -concluye Vuillard- Pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y terror”.

@Rafael_Narbona