Germán Doig K.
Lima, Setiembre - Diciembre 1995

1.Mirando el futuro o la futurología

Cercano ya el Tercer Milenio ha venido difundiéndose un creciente interés por reflexionar sobre el posible futuro de la humanidad. Pensadores de distintos talantes y enfoques se han aproximado al asunto proponiendo las más diversas hipótesis. Las últimas tres décadas han visto desarrollarse una nutrida y polifacética literatura que se ha difundido bajo el poco preciso concepto de futurología (1) --por su análisis del proceso de cambio de paradigmas culturales y su proyección hacia el futuro--. Así se llegó a hablar simplistamente, a mediados de la década de los sesenta, de dos extremos entre estos analistas: los pesimistas, a los que se llamó apocalípticos, y los optimistas, a los que se llamó integrados (2) .
Son muchos los nombres que pueden ser mencionados: Zbigniew Brzezinski, que habla de la era tecnotrónica y de la pérdida de control (3) ; Francis Fukuyama, que habla del fin de la historia (4) ; Kevin Kelly, director ejecutivo de la revista futuróloga más impactante Wired (5) , que habla también de estar fuera de control (6) ; John Naisbitt y Patricia Aburdene, que hablan de las megatendencias y miran al 2000 (7) ; y para cerrar esta incompleta lista, Alvin Toffler, que habla del shock del futuro y de la llegada de la tercera ola. Todos los mencionados pertenecen al entorno norteamericano, en donde ciertamente se están manifestando ya señales de lo que podría ser la dirección del cambio de paradigmas culturales que se está desarrollando. Pero su difusión es muy grande por todo el mundo, tanto a través de los mismos ensayos --traducidos del inglés a varios idiomas-- como por películas --la televisión japonesa, por ejemplo, preparó una versión de La tercera ola de Toffler teniendo en cuenta el enorme éxito de la versión televisiva de El "shock" del futuro-- y por las conferencias que pronuncian alrededor del globo terráqueo --muchas veces presentados como una suerte de nuevos gurús--.
¿Qué tienen en común estos analistas del cambio y sus posibles proyecciones hacia el futuro? En muchos aspectos son muy diversas sus aproximaciones, como son distintas sus premisas. Pero hay algunos elementos que permiten descubrir una vinculación. En primer lugar su interés y, en algunos, preocupación, por el proceso profundo de cambios que está viviendo la humanidad. En segundo lugar su intento de hacer pronósticos sobre el futuro. Y en tercer lugar algunas premisas --que quizás puedan ser calificadas como ideológicas-- que, no obstante las profundas diferencias entre el pensamiento de algunos de ellos, permiten agruparlos como muestra de un tipo de pensamiento muy difundido en el tiempo actual. Estas premisas son:
1. La prescindencia de una metafísica fundada en la realidad, que va unida a una inadecuada aproximación antropológica --abundan los neohegelianos, el rescate de Ockham, de Descartes, de Kant, del pensamiento ilustrado--;
2. La negativa a aceptar un fundamento ético objetivo;
3. La fáctica prescindencia de Dios.
Estos tres aspectos que unen a los autores mencionados --aunque cada cual interpreta su tema de acuerdo con su propia partitura-- permite que se pueda afirmar que se trata de versiones --más o menos precisas-- de lo que se viene llamando un agnosticismo funcional (8) . Bajo el ropaje de interesantes análisis, donde aparecen valiosas descripciones del proceso de cambio actual, se desliza una cosmovisión de la existencia y el sentido de la vida del ser humano que resulta seriamente preocupante. De ahí que muchos impactados por lo sugerente de algunos de sus análisis puedan no percibir en una primera lectura el transfondo ideológico agnóstico e inmanentista que portan y que se asume inadvertidamente como una suerte de contrabando.
Veremos ahora el caso del norteamericano Alvin Toffler, mostrando algunos de los aspectos más importantes de su pensamiento --especialmente en sus obras centrales: El "shock" del futuro, La tercera ola y El cambio del poder--, para fijarnos con un poco más de detalle en los aspectos que hemos calificado como agnosticismo funcional. Como se verá, Alvin Toffler es un exponente de este tipo de pensamiento contemporáneo.

2.El futurólogo Alvin Toffler

2.1.De obrero a futurólogo

Alvin Toffler se hizo conocido a partir de la publicación en 1970 de su ensayo El "shock" del futuro que se convertiría en un auténtico bestseller. A este libro le seguirá 10 años después --1980-- La tercera ola, desarrollo y profundización de sus tesis centrales, y 20 años más tarde --1990-- El cambio del poder. Estos tres ensayos configuran en opinión de Toffler una "trilogía" (9) que recoge lo central de su pensamiento (10) . Después de su trilogía ha publicado --firmando esta vez con su esposa Heidi, quien ha sido siempre su estrecha colaboradora--: Las guerras del futuro --1993-- y Creating a new civilization --1995-- (11) .
La preocupación por los temas sociales y el cambio nació desde muy joven en Toffler. Luego de concluidos sus estudios universitarios quiso hacer --en compañía de su esposa Heidi-- una experiencia como obrero industrial durante cinco años. En aquella época se interesó en la política y asumió la ideología marxista (12) . Hablando de esos tiempos de su vida dice Toffler: "Finalmente, era un activista político. A finales de la década de los cuarenta, había viajado al Sur para luchar en pro de los derechos civiles. Había participado en manifestaciones y descubierto el marxismo, el cual contempla las fábricas como el centro exacto del universo. Por tanto, "el ir a la industria" también constituía una posibilidad de ayudar a organizar a los obreros. Todo esto resultaba embriagador" (13) .
Después de su experiencia como obrero --que califica como muy importante para su vida-- Toffler se dedicó al periodismo. Fue corresponsal en la Casa Blanca, lo que le permitió tomar contacto con el alto mundo político norteamericano. Entre las revistas en las que escribió se debe mencionar la publicación Fortune, de la que se convertiría en columnista de temas laborales. En 1961 dejará esta revista y se convertirá en colaborador libre de diversas publicaciones y, con el tiempo, en conferencista itinerante. En 1964 publicó el ensayo Los consumidores de cultura, que, en sus propias palabras, "constituyó un análisis de la economía de las artes en Estados Unidos y un ataque al elitismo cultural" (14) .
El "shock" del futuro produjo un cambio radical en la vida de Toffler. El libro alcanzó un éxito de ventas inesperado que convirtió a su autor en toda una personalidad. Incluso se hizo una película, animada por el conocido actor inglés Orson Wells, a partir del ensayo. Es interesante lo que dice el mismo Toffler sobre este libro: "El "shock" del futuro fue inspirado por mis primeras experiencias en Washington. Como corresponsal, llegué a la conclusión de que los más importantes cambios sociales y tecnológicos estaban conmocionando a la sociedad norteamericana, pero que nuestro Gobierno se estaba echando atrás, que dedicaba escasa atención al futuro y que parecía incapaz de anticipar ni siquiera los cambios más fundamentales. Los políticos raramente ven más allá de las próximas elecciones. Eso me hizo pensar acerca del tiempo y de los horizontes temporales, y, más generalmente, acerca de nuestro fracaso para hacer frente al cambio y al futuro, a nuestra incapacidad para darle abasto. Y no sólo el Gobierno, sino también la gente" (15) .
Para ese momento, según dice Toffler, habría dejado atrás, en lo fundamental, su adhesión al marxismo. En la actualidad se refiere a él como una expresión de la revolución industrial en total crisis y, como tal, anticuado, insuficiente e inadecuado para comprender el mundo de la alta tecnología, es decir el mundo del futuro. Sus criterios de juicio adquirirán curiosos matices y perspectivas propias. Su interés se centrará en el tema del futuro y el proceso de cambio por el que está pasando la humanidad.

2.2.Su trilogía: el proceso de cambio en tres actos

El tema central de la reflexión de Alvin Toffler es el cambio. Los tres ensayos que conforman lo que ha llamado su trilogía abordan desde diversas perspectivas este proceso que el autor considera muy profundo. "El "shock" del futuro --afirma Toffler-- contempla el proceso del cambio: la forma en que éste afecta a las personas y a las organizaciones. La tercera ola se centra en las orientaciones de ese cambio: adónde nos están llevando los cambios de hoy. El cambio del poderaborda el control de los cambios que han de sobrevenir: quién les dará forma, y cómo" (16) .
Su argumento central es que la humanidad se encuentra frente a un cambio social muy profundo. El ser humano tiene ante sí un futuro que se viene aceleradamente y para el cual ni sus instituciones, ni él mismo se encuentran suficientemente preparados. En las páginas de El "shock" del futuro trata de explorar sistemáticamente los efectos de la aceleración del cambio que está afectando a la humanidad de finales del segundo milenio. El problema principal sobre el que se detiene no es sólo el proceso de cambio en sí mismo, sino la aceleración de este cambio que lo hace desestructurante y de difícil asimilación para el ser humano. Por eso se refiere a la llegada del futuro como un shock: "Este shock --afirma-- es la desorientación vertiginosa producida por la llegada prematura del futuro. Y puede ser la enfermedad más grave del mañana" (17) . Ve este shock como una "nueva enfermedad psicológica, turbadora y virulenta" (18) . Los efectos del shock son múltiples y aquejan de diversas maneras la vida del ser humano. Toffler cree descubrir tres efectos principales que afectan seriamente al hombre: la transitoriedad, la novedad, y la diversidad. Su ensayo El "shock" del futuro está articulado principalmente a partir de estos tres elementos.
En La tercera ola Toffler se fija en las direcciones y consecuencias del proceso de cambio. La tesis central del ensayo es que la humanidad se encuentra ante una suerte de transición crítica hacia una nueva forma de civilización que, no obstante ser de incierto desenlace final, ofrece un potencial lleno de esperanza. Llama a esta crisis la tercera ola en función de que ha habido antes otras crisis --otras olas en su lenguaje-- que trajeron transformaciones profundas de la vida social.
La primera ola fue producida por el descubrimiento de la agricultura hace diez mil años y propició la revolución agrícola. La segunda ola se generó por la revolución industrial iniciada hace unos trescientos años. Esta segunda ola habría entrado en una fase de crisis muy seria en el presente siglo, percibiéndose sus primeros síntomas, según Toffler, a mediados de la década de los cincuenta --cuando los obreros norteamericanos se vieron superados en número por los trabajadores del conocimiento y los servicios--. La tercera ola estaría siendo generada por el fracaso del industrialismo y por la aparición de la revolución tecnológica --Toffler habla de un salto "cualitativo" en el conocimiento--. Las consecuencias de esta ola afectarán seriamente la vida de los seres humanos, en aspectos como lo económico, lo político, incluso la misma vida familiar. Se trata, según cree, de "la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización" (19) ; civilización que es "al mismo tiempo, altamente tecnológica y antiindustrial" (20) . Es un proceso que tiene características revolucionarias --por la profundidad y radicalidad de los cambios en la vida del ser humano-- y globalizantes --porque se difunde a nivel planetario--. En palabras de Toffler "lo que ahora está sucediendo es, ni más ni menos, una auténtica revolución global, un salto cuántico en la Historia" (21) .
En el libro El cambio del poder aplica sus hipótesis sobre el proceso de cambio de la sociedad al control del poder y las tensiones que se generan alrededor del asunto. En palabras suyas, este tercer ensayo de su trilogía "se centra en el papel --profundamente modificado-- del conocimiento en relación con el poder. Presenta una nueva teoría del poder social, y examina los cambios que se avecinan en los negocios, la economía, la política y los asuntos mundiales" (22) . A partir de sus hipótesis respecto de la llegada de la tercera ola, Toffler considera que estaría naciendo un nuevo sistema de poder que sustituiría al del pasado industrial. Esto traería una lucha por el poder "que se entablará en todas y cada una de las instituciones humanas" (23) , empezando por el mundo empresarial, los Estados, el mercado, los medios de comunicación, incluso la familia y la Iglesia. El punto central para él es quién tendrá el "control del conocimiento", pieza esencial de la civilización del futuro.

3.Explorando sus fundamentos ideológicos

3.1.Las líneas maestras de su pensamiento

Toffler es un pensador muy creativo con un gran poder de análisis. Pero su perspectiva carece de un fundamento filosófico consistente, y también de una adecuada base antropológica. Con mucha habilidad y capacidad de observación se detiene en los fenómenos que caracterizan el proceso de cambio actual --especialmente en el campo económico y laboral--. Sin embargo no llega a considerar seriamente sus orígenes, como tampoco las consecuencias del cambio en la naturaleza de la vida del hombre. Su preocupación central parece ser la dificultad que percibe en el ser humano para la asimilación del proceso de aceleración del cambio, sin importarle tanto si este proceso es bueno o malo, si afecta o no la naturaleza del hombre. Se desentiende de todo fundamento ético y se concentra sólo en el cambio como tal, cuyas características englobantes aparecen como diluyendo todo en él, engullendo la naturaleza ontológica de la persona humana y de las instituciones. Su enfoque es sólo positivista y fenoménico, a pesar de su pretensión de dar una explicación de alcance global.
Por otro lado, a pesar de que se esfuerza por moderarlo, se descubre en Toffler un optimismo que por momentos aparece como ingenuo. El ser humano finalmente terminaría adecuándose al cambio gracias a los medios tecnológicos y sus infinitas posibilidades de respuesta. Está convencido de que se ha producido en las últimas décadas un "salto cuántico" del conocimiento que abre horizontes insospechados para el desarrollo del ser humano y que, de alguna manera, redefinirá su relación con la realidad, la vida, la historia. Por momentos Toffler recuerda a los pensadores enciclopedistas de la Ilustración y su fe ciega en el progreso.
Otro aspecto importante de su aproximación es su convicción de que la "sociedad de masas" está llegando a su fin. Para él, estaríamos más bien ante un profundo y radical proceso de "desmasificación". Destaca en este aspecto el enorme influjo de los medios de comunicación, así como las modalidades del mundo de las computadoras que se están desarrollando en lo que hoy conocemos como los multimedios y su dimensión interactiva (24) . En la línea de Marshall McLuhan señala: "El vínculo entre comunicaciones y carácter es complejo, pero irrompible. No podemos transformar todos nuestros medios de comunicación y esperar continuar inalterados como personas. Una revolución en los medios de comunicación debe significar una revolución en la psiquis" (25) . Así, concluye Toffler que el influjo de las nuevas perspectivas de los medios de comunicación constituye un fundamento para afirmar que estamos ante "la desintegración de la mentalidad de masa" (26) .
Aunque denuncia muchos riesgos del futuro, sus respuestas son a todas luces insuficientes y en ocasiones hasta simplistas. A partir de una hábil presentación hace un uso extenso de cifras y estadísticas frente a las que puede ser fácil sucumbir. En este sentido sin embargo, más de un estudioso se ha preguntado por la validez de las cifras que esgrime. Por otro lado la argumentación apoyada excesivamente en anécdotas deja una sensación de inconsistencia en sus planteamientos. Recordando el dicho popular "una golondrina no hace verano" habría que ver si las situaciones que relata representan siempre más que un hecho aislado (27) .
En el aspecto filosófico e ideológico se descubre en Toffler una indiscutible dependencia de pensadores de lo que se ha llamado modernidad. Hay en muchas de sus afirmaciones, especialmente cuando elabora hipótesis y trata de dar explicaciones que vayan más allá de los fenómenos, ecos de pensadores como Descartes, Hegel, de los ilustrados, y de algunos ideólogos del siglo XIX especialmente Marx de quien parece haber mantenido tanto su fuerte economicismo como el determinismo histórico que evidencia. En todo caso se percibe en su análisis una carencia de fundamentos filosóficos sistemáticos a la vez que una indiscutible huella del pensamiento ilustrado.

3.2.¿Marxismo redefinido?

Una de las influencias más marcadas que se descubre en los planteamientos del futurólogo norteamericano es la del marxismo que lo deslumbró en su juventud. Esto se ve por ejemplo en el acento rígidamente economicista de su análisis social e histórico. Debe indicarse sin embargo que Toffler toma una clara distancia frente a Marx --incluso en el papel de la economía en la vida social--, lo que se percibe en varios de sus planteamientos. De hecho hay diferencias evidentes --incluso contrapuestas-- en sus conclusiones finales, que muestran que no depende exclusivamente del marxismo. No obstante, y a pesar de sus deslindes, en aspectos importantes, su análisis se fundamenta en premisas que dejan entrever la perspectiva y la estructura de la ideología marxista.
El peso determinante que le da al sistema de producción y al proceso económico para explicar las transformaciones sociales de cada una de las tres olas en que pretende dividir la historia de la humanidad, permite descubrir en su caso la huella de Marx (28) . Esta influencia, claro está, viene también a través de otros autores y pensadores. Así, para representar cada una de las "civilizaciones" que se originaron por efecto de cada ola, Toffler escoge los instrumentos principales de producción: "la primera, simbolizada por la azada, la segunda por la cadena de montaje y la tercera por el ordenador (computadora)" (29) . Para Toffler estaríamos pasando de un esquema dicotómico que contempla "productores" y "consumidores" --típico producto para él de la revolución industrial-- a una perspectiva en donde se juntan ambas funciones en lo que él llama "prosumidor" (30) . Esto tiene un peso decisivo hasta el punto de generar un cambio de tipo cultural que afecta toda la vida de la persona, desde la moralidad y la religión, pasando por la diversión, la manera de trabajar, la relación con el espacio y el tiempo, hasta el tipo de familia. Así, el cambio en las "estructuras" determina el cambio en lo que en lenguaje marxista se llama "superestructura".
Aunque Toffler ha afirmado explícitamente de diversas maneras y en distintos ensayos que no tiene una aproximación desde el marxismo, de hecho su opinión sobre Marx no da la impresión de ser tan crítica, más bien la admiración de su juventud parece filtrarse por doquier. "Después de Marx --afirma Toffler en un libro-entrevista publicado en 1983--, ya no fue posible pensar en la tecnología de la misma forma que antes. Ya no resultó posible ignorar las clases. Ya no fue posible ver la Historia como una continuidad sin rupturas. Ya no resultó posible considerar la política y la economía como unas categorías separadas herméticamente. El ignorar a Marx en el mundo de hoy es ser semianalfabeto... Mi obra hoy aún se enfoca con fuerza sobre los temas acerca de los que él escribió: el cambio social, el papel de la tecnología, el conflicto, la discontinuidad y la revolución en el más amplio de los sentidos" (31) . Pero inmediatamente después de lanzar tan positiva opinión en favor de Marx toma claramente distancia del marxismo, cuya teoría califica como "fuera de moda y equívoca" (32) . Y afirmará que no obstante lo dicho en favor de Marx, "existen cruciales diferencias entre mi posición presente y la del marxismo" (33) . Y señalará algunas de las diferencias que considera fundamentales: "Una diferencia clave tiene que ver con la primacía que el marxismo asigna a la economía... Para los marxistas lo no económico es sólo una "superestructura" construida sobre una base tecnoeconómica. Y yo disiento de ello. Pero ésta no fue la causa principal de mi ruptura con el marxismo" (34) . Las incongruencias de las afirmaciones del futurólogo son un síntoma de sus procedimientos.
Una atenta lectura de las obras tofflerianas muestra claramente que no obstante su insistencia en que se diferencia con el marxismo, es realmente muy difícil evitar los paralelos entre sus puntos de vista y los de Marx. Esto es especialmente notorio en su enfoque de fondo a partir del cual Toffler construye toda su teoría de la sociedad y de la historia (35) . Temas como la familia, las ideas y la religión están planteados, por ejemplo, como expresiones de las formas de producción, es decir de las estructuras económicas. Así mismo, los factores a partir de los cuales divide la historia son económicos. Incluso el peso que le da al conocimiento en La tercera ola --planteado como el factor determinante de los cambios sociales--, está referido fundamentalmente al mundo de la producción y del trabajo, y desde allí se considera su proyección en el resto de la vida social.
Así, pues, resulta inevitable, aunque Toffler pretenda afirmar lo contrario, descubrir un claro paralelo con las ideas de Karl Marx. En uno y otro la estructura económica y la forma de producción generan una "superestructura" --usando el lenguaje de Marx-- donde quedan incluidas la moral, la filosofía, la religión, el derecho (36) .

3.3.Su perspectiva de la historia: entre Hegel y Marx

Toffler pretende ofrecer una concepción global de la historia a partir de las tres grandes revoluciones del sistema de producción. Pero para ello trata de superar una perspectiva de compartimientos estancos que aparecería como un tanto rígida. Recurre entonces a la sugerente figura de las olas en su constante flujo, reflujo e interacción simultánea. "En vez de presentar la Historia como una secuencia de "estadios" --afirma--, como si cada uno de ellos fuese una fotografía fija, la teoría de oleada social nos permite ver a todas las sociedades en procesos... Por ello, en vez de ver una sociedad como algo unitario, la representamos como formada por movimientos concurrentes, olas de cambios asociados. Las sociedades pueden compararse en términos de una mezcla de elementos de la Primera, la Segunda y la Tercera Olas, y en términos de los diferentes índices de cambio en cada uno de ellos. Y así por el estilo. El modelo de ola está basado en el proceso, no sólo en la estructura" (37) .
Más allá de la interesante figura del oleaje que utiliza, se debe señalar que su perspectiva histórica no sólo está fuertemente condicionada por su aproximación economicista, sino que evidencia una fuerte influencia hegeliana además de marxista, con un fuerte determinismo histórico (38) . De los planteamientos de Toffler se desprende que existiría una fuerza oculta tras los acontecimientos de la historia que tiene una dirección y una finalidad, aunque el ser humano no logre captar este sentido profundo e ineluctable de la marcha de la historia (39) . Es muy ilustrativo un pasaje en el que además de la huella hegeliana se ve también una posible influencia del pensamiento que se inicia con Descartes, especialmente en la desconexión para conocer la realidad, la misma que es reducida a una mera "representación" en nuestra mente sin relación verdadera con la realidad misma: "Ninguna concepción del mundo puede captar por sí sola toda la verdad. Únicamente aplicando múltiples y temporales metáforas podemos obtener una imagen perfeccionada (aunque todavía incompleta) del mundo. Pero reconocer este axioma no equivale a decir que la vida carece de significado. De hecho, aunque la vida carezca de significado en algún sentido cósmico, podemos, y con frecuencia así lo hacemos, elaborar un significado extrayéndolo de convenientes relaciones sociales y representándonos a nosotros mismos como parte de un drama más amplio, el coherente desenvolvimiento de la Historia" (40) .
No debe pasarse por alto que la mayúscula en "Historia" --en éste como en los otros casos-- es una constante del mismo Toffler quien suele usarla en sus ensayos cuando habla de la historia sin dar una explicación aparente. Tal como en Hegel, esto parecería estar indicando una particular manera de aproximarse a la historia. Más aún, como claramente se concluye de sus planteamientos, existe una corriente oculta de la "Historia" que camina inevitablemente hacia su desarrollo. Por esta razón se comprende que afirme que "muchos de los cambios actuales no son independientes entre sí. No son fruto del azar" (41) .
Los paralelos con Hegel son inevitables, más allá de que Toffler lo asuma explícitamente o no. Como es conocido, para Hegel la Historia es la marcha del Espíritu hacia su realización plena a través de la humanidad según el ritmo dialéctico. En términos más sintéticos vendría a ser el despliegue del Espíritu en el tiempo. Ese Espíritu sería en Hegel una suerte de "inmanentización" de la Providencia que lleva a una absolutización de la Historia. Así, lo que algunos podrían atribuirle a la Providencia, Hegel se lo atribuye a la Razón --verdadero motor de la historia--. Esta marcha es ineluctable y como tal necesaria, pues en el fondo sería un autodesarrollo de la Razón, que de alguna manera se vale de los seres humanos --sin que tengan necesariamente conciencia de ello-- para conducirlos hacia un destino que incluso podrían no haber querido. No importan para él las expresiones de las voluntades individuales sino que el Espíritu Universal siga desarrollándose en el devenir histórico (42) . Y --como era del gusto de los ilustrados-- consistiría finalmente en el desarrollo de la conciencia de libertad y la conquista de la misma por el ser humano.
Un aspecto ligado al tema histórico en el que también se podría descubrir una influencia hegeliana es el peso enorme que le da al fenómeno del cambio, tan en sintonía con las tesis hegelianas y marxistas. Hegel se declara en esto explícitamente en continuidad con Heráclito (43) , pero desde una perspectiva idealista. El cambio es muy importante en relación a su dialéctica y a la historia.
Junto con el paralelo con Hegel se descubre también la sintonía con las posiciones de Marx en su aproximación a la historia. En el fondo Toffler parece creer que siendo la vida social y la cultura en general determinadas por las formas de producción, la historia estaría también determinada dialécticamente por las fuerzas y relaciones de producción. Y aunque el conocimiento juegue un rol decisivo, el desarrollo de cada época está determinado por el modo de producción y cada tanto se produce una crisis que es superada a partir de la reconfiguración dialéctica de las formas de producir. En el fondo se trataría de un determinismo histórico muy rígido, feudatario de las leyes económicas característico de los ideólogos del marxismo.
Como en el caso de las aproximaciones hegelianas y marxistas, Toffler aplica unas premisas que no están demostradas. Su lectura de los hechos aparece así como selectiva. Escoge unos acontecimientos que le sirven para demostrar sus premisas y les da la interpretación que mejor le acomoda. Es evidente que con un poco de imaginación se puede encontrar una justificación en la historia de casi cualquier cosa. Esto lleva a que se cuestione la división que hace de la historia de la humanidad en tres etapas. Esta división es ciertamente muy discutible, por no decir arbitraria. No hay una demostración convincente de que sean efectivamente tres las etapas (44) --por lo demás a Toffler pareciera no preocuparle el asunto, pues simplemente da por hecho que es así sin ningún argumento--. Desde su misma perspectiva centrada en la producción y el conocimiento podría subdividirse la historia en más etapas. El mismo proceso de la industrialización podría ser dividido en varios períodos. Y quizás ahora estemos en un tercer o un cuarto estadio de esta evolución. Al parecer toma esta división en tres etapas del sociólogo norteamericano Daniel Bell que tuvo un enorme influencia en los Estados Unidos (45) . Como es sabido fue Bell quien planteó que se estaba entrando en una nueva era que calificó como post-industrial, en el que el desarrollo tecnológico tendría un papel central.
También se debe anotar que su perspectiva evidencia una fe en el progreso indefinido tan del gusto de los ilustrados y de Hegel. Hoy por hoy son cada vez menos los analistas serios que le da valor alguno, pues es claro que se trata de un verdadero mito --ningún estudio de la historia permite sostenerlo--. Pero además para afirmar, como lo hace Toffler, que el estado de la humanidad en una época es mejor que en la anterior se debe partir de una concepción antropológica fundamentada en una escala de valores que permita distinguir lo bueno de lo malo --sólo así se puede afirmar que algo es mejor, puesto que se ajusta más a la verdad y al bien de la persona humana--. Los planteamientos de Toffler ciertamente adolecen de un fundamento antropológico claro.
Y, por otro lado, leídos los libros de Toffler desde la fe de la Iglesia, habría que anotar que su prescindencia de toda referencia a un antes y un después de Cristo evidencia una aproximación secularizada e inmanente. No deja de llamar la atención su total prescindencia de toda referencia a Jesucristo y a la Iglesia en la periodización de la historia. Más bien la H mayúscula en cada referencia a la historia se puede tomar como una evidencia de la "divinización" que hace de la misma. Todo esto es sumamente significativo en su macrovisión, aunque algunos aspectos parciales y puntuales no se vean afectados.

3.4.De la familia numerosa a la familia diversificada

Un tema muy ilustrativo de las ideas de Toffler es el de la familia. Allí también se pone de manifiesto su perspectiva reductiva de corte economicista. Es revelador el siguiente pasaje: "Qué formas familiares concretas desaparecerán y cuáles otras proliferarán, dependerá menos de las admoniciones lanzadas desde el púlpito sobre la "santidad de la familia", que de las decisiones que tomemos respecto a la tecnología y al trabajo. Aunque son muchas las fuerzas que influyen en la estructura familiar --pautas de comunicación, valores, cambios demográficos, movimientos religiosos, incluso modificaciones ecológicas-- es particularmente fuerte el lazo existente entre la forma familiar y la organización laboral" (46) . Esta influencia de las formas laborales se ha visto en cada una de las tres olas. Así la primera ola generó una familia numerosa, tipo clan. La segunda ola generó la familia nuclear, pequeña. Y la tercera ola estaría generando una familia diversificada donde caben nuevas y audaces formas de vida "familiar". Toffler incluye aquí: familias uniparentales, uniones de viudo/as y divorciado/as, uniones libres de todo tipo, duración y tamaño, incluyendo las homosexuales --con derechos a "hijos"--. Desde su punto de vista será inevitable la proliferación de las uniones "libres" a prueba antes de un compromiso más "formal"; uniones que irán variando con la edad de las personas y el cambio de intereses --Toffler llama a esto "matrimonios temporales" (47) y opina que "es el principal modelo de matrimonio del futuro" (48) . Incluso ve un posible resurgir de un tipo de poligamia (49) . En suma todo un abanico de "formas" de convivencia que muy poco tienen que ver con una familia en el sentido natural.
Toffler es consciente de que al entrar en crisis la familia se quiebra una de los factores de estabilidad social. Pero dado que el cambio es inevitable no ve más opción que adecuarse a las nuevas circunstancias: "no podemos conservar el pasado. En nuestras formas familiares, en nuestras relaciones económicas, científicas, tecnológicas y sociales, tendremos que enfrentarnos necesariamente con lo nuevo. La revolución superindustrial liberará al hombre de muchas barbaridades nacidas de los restrictivos y relativamente rígidos modelos familiares del pasado y del presente. Ofrecerá a cada cual un grado de libertad hasta hoy desconocido. Pero exigirá un alto precio por esta libertad" (50) .
Frente a los nuevos tipos de "formas familiares" diversificadas Toffler, quien se declara pro-choice (51) , convoca a facilitar el proceso de cambio eliminando todo tipo de crítica o cuestionamiento. "Para lograr que la nueva diversidad actúe en nuestro favor --afirma--, en vez de hacerlo en contra de nosotros, necesitaremos cambios a muchos niveles a la vez: desde la moralidad y los impuestos, hasta las prácticas de empleo" (52) . Propone por ello: "En el terreno de los valores necesitamos empezar a eliminar el injustificado sentimiento de culpabilidad que acompaña a la ruptura y reestructuración de las familias. En vez de exacerbar ese injustificado sentimiento de culpabilidad, los medios de comunicación, la Iglesia, los tribunales y el sistema político deberían esforzarse en reducir el nivel de culpabilidad" (53) . Llama por ello a eliminar las actitudes "intolerantes" como condición de los nuevos beneficios de la diversidad familiar.
El relativismo total de Alvin Toffler aparece en forma descarada como una consecuencia de su agnosticismo funcional que constituye el marco de enjuiciamiento y de valores de su análisis. La ausencia de todo fundamento ontológico, y la divinización de la "historia" son piezas en las que articula y desde las que lee la información concreta sobre la realidad del cambio. Es penoso comprobar cómo sus presupuestos ideológicos colorean y distorsionan el análisis de fondo de los fenómenos, quedándose muchas veces en una visión que parece forjada por las categorías de "mosaico" o pensamiento discontinuo que postula Marshall McLuhan, donde opiniones de sumo interés aparecen mezcladas con opiniones muy discutibles en una especie de cajón de sastre plagado de presupuestos ideológicos.

4.El papel de la moral, la religión y la Iglesia

Alvin Toffler no muestra mucha simpatía por la religión (54) , aunque le reconozca un rol estabilizador en la vida social. De hecho no le dedica mucho espacio en sus ensayos ni a la religión, ni a la Iglesia, ni a Dios. Esto se explicaría porque, como se ha dicho, su pensamiento puede calificarse como un claro ejemplo de agnosticismo funcional. No obstante --es interesante anotarlo--, el futurólogo norteamericano constata que con la llegada de la tercera ola se están generando "olas de renacimiento religioso" (55) , produciéndose una "resurrección de la religión" en el mundo (56) , que estaría llevando a lo que desde su tendenciosa perspectiva de agnosticismo funcional él califica como "frenesí religioso" (57) .
Su pensamiento evidencia desde una perspectiva centrada en lo fenoménico un claro inmanentismo que lo lleva a prescindir tanto de toda referencia ética objetiva --la cual no parece importarle para los fines de su análisis-- como de toda referencia a Dios. Su aproximación a la religión, a toda experiencia de fe y, sobre todo, al misterio de la Iglesia, está fuertemente marcada por sus premisas agnósticas y relativistas --que como ya hemos visto reflejan una notoria influencia de Carlos Marx y de otros como Federico Hegel--. Su perspectiva, por lo demás, se muestra como muy pobre, poco informada y llena de los prejuicios que abundaron en los tiempos de la Ilustración y de las ideologías decimonónicas. La religión es presentada por él siempre en directa dependencia de las formas de producción y del devenir histórico. Así, por ejemplo, afirma: "Como vimos, la civilización de la primera ola se halla inevitablemente ligada a la tierra. Fueran cuales fuesen las formas locales que pudo haber cobrado, la lengua que hablaran sus gentes, su religión o su sistema de creencias, constituía un producto de la revolución agrícola" (58) .
Desde su perspectiva agnóstica y fenoménica las formas religiosas no son más que meras asociaciones en el mercado de las ofertas ideológicas y de servicio social, en pugna de presencia y poder con otras asociaciones con los más diversos fines. En un sentido vendrían a ser una modalidad de ONG (59) orientadas en su acción por motivaciones primariamente religiosas --aunque no siempre y no solamente religiosas--.
Toffler no muestra tampoco mucha simpatía hacia la Iglesia católica, aunque admite el importante rol que ha jugado en países con regímenes totalitarios, en defensa de la libertad y la democracia --en un pasaje reconoce que la Iglesia no es una amenaza contra la democracia--. Según su concepción, la Iglesia vendría a ser una suerte de transnacional religiosa que debería cuidarse de no sobrepasar los límites de su esfera moral y espiritual.

4.1.Una moral situacional

La concepción del futurólogo norteamericano sobre la moral es totalmente relativista. No acepta la existencia de una normatividad ética objetiva a la que el ser humano deba adecuar su conducta. Para él la moral es relativa y, según su lógica, debe acomodarse al proceso de cambios que vive la humanidad, planteando así explícitamente una moral "situacional" (60) , que en el mejor de los casos se fundamentaría en el consenso, o en un supuesto "consenso". La nueva civilización tendrá, según Toffler, que "inventar nuevos modelos éticos o morales" (61) para enfrentar las complejas cuestiones que se presentarán.
Se trata, pues, de una moral que debe adecuarse a los cambios y nuevas leyes de la humanidad para colaborar en la configuración de lo que Toffler --con alguna remota reminiscencia cristiana en la designación mas no en el contenido-- llama el advenimiento del "hombre nuevo" (62) , libre de "dogmatismos", de "sentimientos de culpabilidad", de normas de conducta "impuestas"; en suma, un hombre con un "carácter social nuevo". La nueva moral de la tercera olasupondría la superación de la moral de la segunda ola, de la misma manera como habría sido superada la moral de la primera con el advenimiento de la segunda ola y de la revolución industrial. En realidad la ideología que Toffler refleja supone la superación de toda norma moral objetiva.

4.2.Evolución histórica de las formas religiosas

Para el futurólogo norteamericano las formas de la religión --donde agrupa indistintamente desde la Iglesia católica hasta lo que llama "nuevos cultos" (63) -- son una suerte de consecuencia de la manera predominante de producción. Puesto en sus términos, las formas religiosas son en el fondo producto de las tres olas o revoluciones de la humanidad (64) .
En el tiempo de la primera ola "las fuerzas de la religión" estaban "alineadas con las clases dirigentes de la era agraria" (65) . En una probable referencia velada a la Iglesia católica --y quizás también a las confesiones protestantes tradicionales-- hablando del fundamentalismo islámico establece un supuesto paralelo a partir de un pretendido "derecho" a imponer incluso con la fuerza sus creencias, tal como en épocas pasadas "otras religiones" "han quemado en la hoguera a no pocos herejes" (66) . Por supuesto no fundamenta jamás sus afirmaciones; simplemente las va deslizando sin ninguna argumentación. En todo caso, además de la impronta marxista que se percibe claramente, se descubre también un clamoroso etnocentrismo, por decir lo menos.
Haciendo un análisis del poder de la comunicación de masas en el tiempo de la primera ola afirma lo siguiente sobre la Iglesia católica: "En Occidente y durante la Edad Media, la Iglesia católica, debido a su amplia organización, fue el estamento más parecido a un "medio de comunicación de masas" duradero --y la única que podía transmitir el mismo mensaje a grandes poblaciones atravesando fronteras políticas. Esta singular capacidad dio un poder inmenso al Vaticano frente a los reyes y príncipes feudales europeos. Y fue responsable de una parte de las recurrentes luchas por el poder entre Iglesia y Estado que ensangrentaron Europa durante tantos siglos" (67) . En otro pasaje se expresa muy críticamente de lo que llama las "doctrinas de los Papas medievales" que, según él, "trataban" de imponer su ley por encima de las naciones propiciando un "sangriento enfrentamiento Iglesia-Estado" (68) . Se ve aquí tanto su perspectiva reductiva para aproximarse a la Iglesia --reduce su acción a una suerte de super-comunicadora de masas dueña de un inmenso poder que usaba indiscriminada e irresponsablemente--, como sus prejuicios al atribuirle la directa responsabilidad de las "guerras" recurrentes entre la Iglesia y el Estado.
Para Toffler con la revolución industrial se habría generado una enorme tensión que habría terminado dando paso tanto al ateísmo como a nuevas formas de relación con la religión, en las que por un lado triunfó la "ética protestante" (69) y su proclividad a promover el capitalismo --como fue el caso del calvinismo--, y por otro se abrió paso un acentuado deísmo que reducía a la religión a un asunto meramente privado (70) . Pero este paso se dio con enormes tensiones por el control de lo que denomina el "monopolio de la producción y distribución de conocimiento abstracto" (71) , que antes de la revolución industrial estaba en poder de lo que llama la "religión organizada" (72) . En palabras de Toffler: "Dentro de los países de las chimeneas, este período lo marcó una guerra por la mente entre las fuerzas de la religión, alineadas con las clases dirigentes de la era agraria, y las fuerzas seculares que luchaban por el modernismo industrial y la democracia de masas" (73) . Estas "fuerzas seculares" terminaron por "dominar a la religión organizada al debilitar su control en las escuelas, en la moralidad y en el mismo Estado" (74) . Una de las consecuencias beneficiosas de la segunda ola, según Toffler, habría sido la secularización y la separación entre Iglesia y Estado (75) .
El desarrollo de la tercera ola estaría generando una nueva crisis en los sistemas de producción que afectaría también las formas religiosas. Así, la Iglesia de la segunda ola, junto con el Estado y la familia --a los que en un momento llama "salvavidas" de la humanidad--, "cabecean a impulsos de tremendas sacudidas" (76) , mientras los valores se resquebrajan por efecto de la crisis profunda y definitiva del "industrialismo". Frente a los nuevos horizontes y a las exigencias de nuevas síntesis culturales "las viejas fórmulas, dogmas e ideologías, por estimadas o útiles que nos hayan sido en el pasado, no se adecuan ya a los hechos" (77) , entre ellas las religiones. Según los filtros ideológicos con los que mira la realidad, éstas deberían ser sustituidas por otras más acordes con los nuevos sistemas de producción y de trabajo.
En la línea de lo dicho, Toffler sostiene que las antiguas formas religiosas deberán flexibilizarse o fenecer. Obviamente, más allá del marco conceptual de Toffler, es evidente que hay un proceso continuo de renovación y continuidad, por ejemplo en la Iglesia católica, pero ciertamente no es a eso a lo que se refiere el autor norteamericano. Más bien estaría implicada en su observación una opción alejada del fundamento óntico, así como de la coherencia interna de los principios.
Así, por ejemplo, frente al proceso de desintegración de la sociedad de masas y de difusión de una "mente postuniformizada" (78) que describe, postula que se "desuniformice" la religión. Comentando un artículo de la revista Christianity Today --que califica como "una destacada voz del protestantismo conservador en América" (79) -- sobre la proliferación de traducciones de la Biblia, afirma: "Aun dentro de los angostos límites de la traducción bíblica, como en la religión en general, se está desvaneciendo la idea de un modelo único. Nuestras ideas religiosas, como nuestros gustos, se están haciendo menos estereotipadas y uniformizadas" (80) .
Igualmente, como se veía en relación a la familia, Toffler plantea que se restrinja la influencia de la religión. Desde su lógica relativista lanza la propuesta de que la Iglesia deje de "exacerbar ese injustificado sentimiento de culpabilidad" (81) que surge por los rompimientos familiares y las nuevas formas de "unión familiar". Todo intento por parte de la Iglesia de mantener un modelo único y un patrón moral uniforme vendría a ser considerado como una de las "acciones de retaguardia de una civilización gastada" (82) . Una vez más muestra no comprender el fundamento de esa religión que critica, y más bien expresa una adhesión a la "filosofía" pragmática que se rige por el gusto o por el disgusto.

4.3.Nuevas religiones y resurgimiento de los fundamentalismos

En su ensayo La tercera ola Toffler habla de la aparición de "nuevas religiones" (83) que se podrían adecuar mejor a las nuevas circunstancias como una de las características de este nuevo tiempo donde prima la diversidad de opciones. Percibe también una proliferación de las simpatías por las religiones orientales (84) , así como lo que llama los "nuevos cultos". Esto se inscribiría en el resurgimiento que descubre de una actitud religiosa en el ser humano de nuestro tiempo.
Pero además del surgimiento de nuevas formas religiosas Toffler cree que se estaría produciendo un renacimiento de los fundamentalismos religiosos de todo tipo. En el mismo ensayo señala como una de las características de estos tiempos "un ardiente renacimiento de la religión fundamentalista y una búsqueda desesperada de algo --casi cualquier cosa-- en qué creer" (85) . Es interesante mencionar de paso que este "fenómeno" que el autor norteamericano menciona, iría contra el supuesto de una "exigencia" de pluralidad de formas religiosas, que usa como argumento de cariz sociológico. Como otras tantas contradicciones y debilidades de su esquema, en vano se buscará en las obras de Toffler una solución ante la oposición de los dos principios sociológicos que en la práctica se oponen.
En el tercer ensayo de su trilogía --El cambio del poder-- desarrolla con un poco más de extensión el tema al que le había dedicado solamente unas breves menciones en La tercera ola. Allí trata de hacer un diagnóstico de la relación con la religión con más detenimiento y habla ya explícitamente de la "resurrección de la religión" (86) .
Para el futurólogo, por ejemplo, el fenómeno hippy de los años sesenta fue una de las expresiones de este resurgir de los intereses religiosos, sólo que en este caso en una versión secularizada --ligada a lo que está generando la tercera ola--. Incluso llega a calificar el fenómeno hippy como una suerte de "religión desorganizada" (87) . Toffler cree que fenómenos como éste suscitaron una gran reacción que resucitaba antiguas formas religiosas. "Encolerizados por el rechazo pagano que los hippies hacían de la cristiandad tradicional --afirma--, y molestos por la desintegración de su mundo familiar, los fundamentalismos cristianos iniciaron un poderoso contraataque sobre el secularismo, que pronto tomó la forma de una política de gran eficacia. Una vez más, hubo un violento rechazo del confuso y doloroso presente y una búsqueda de las certidumbres absolutistas del pasado. Hippy y contra-hippy, pagano y cristiano, cualesquiera que fueran sus diferencias, aunaron sus fuerzas para el asalto a la sociedad secular" (88) .
Junto con el fundamentalismo cristiano que cree descubrir en auge Toffler señala una proliferación de fundamentalismos de distinto signo en diversos lugares del globo terráqueo. Habla del fundamentalismo islámico, al que le dedica especial atención, particularmente por sus repercusiones políticas. También en la entonces todavía Unión Soviética ve las huellas claras del crecimiento del fundamentalismo islámico, pero junto con ello percibe también "síntomas de fundamentalismo cristiano" (89) . Igualmente descubre en el Japón señales de una forma cercana al fundamentalismo ligadas al interés en antiguas formas de sintoísmo (90) .
Toffler cree ver en este florecimiento del fundamentalismo, al que califica como un fenómeno "que oscurece el horizonte" (91) , un "ataque a las ideas de la Ilustración que ayudaron a marcar el comienzo de la era industrial" (92) . La base común de estas formas de fundamentalismo que cree descubrir Toffler, y que le permite meter, de manera tan poco crítica como poco seria, a distintas formas religiosas en un solo saco es "su hostilidad al secularismo, la base filosófica de la democracia de masas" (93) . Por cierto en ningún momento define qué entiende por fundamentalismo, como tampoco a quiénes engloba exactamente bajo esta etiqueta.
Unido al fundamentalismo Toffler ve otro fenómeno que estaría creciendo en los últimos tiempos: la ecoteocracia. Percibe que a partir de una necesaria cordura ecológica se estaría desarrollando una peligrosa unión de fundamentalismo religioso con fanatismo ecológico. Estarían apareciendo así una especie de "ecoteólogos", que habrían estado asumiendo un cierto liderazgo de las corrientes ecologistas. Para ellos --según Toffler-- "las cuestiones no son fundamentalmente ecológicas, sino religiosas. Desean restaurar un mundo inmerso en la religión, que no ha existido en Occidente desde la Edad Media" (94) . Lo que le preocupa a Toffler es "la congruencia entre los puntos de vista de los ecoteólogos y el resurgir del fundamentalismo con su profunda hostilidad hacia la democracia secular. Un énfasis compartido en lo absoluto y la creencia de que pueden ser necesarias unas acusadas restricciones en las posibilidades individuales de elecciones (hacer "moral" a la gente, o "proteger el medio ambiente") apuntan en último extremo hacia un ataque común a los derechos humanos" (95) . Todo esto estaría empujando a la historia hacia un pasado oscurantista, un mundo "ascético centrado en Dios", donde "el consumo es pecaminoso". Toffler cree descubrir en estas tendencias unas "profundas implicaciones antidemocráticas", producto de "su búsqueda de lo absoluto, lo constante, lo estático y lo santo" (96). No deja de llamar la atención la absurda reducción que hace el autor norteamericano, así como lo falaz que resulta calificar como de "antidemocrática" la búsqueda de lo absoluto, lo constante, lo estático --no define a qué se refiere con este término--, y finalmente lo santo.

4.4.La resurrección de la religión

En los dos primeros ensayos de su trilogía Alvin Toffler había mencionado un resurgir en los últimos tiempos del interés por la religión, refiriéndose fundamentalmente a los "nuevos cultos" o sectas. En El cambio del poder introduce algunas precisiones importantes a su diagnóstico. En concreto habla allí de "la resurrección de la religión" de manera general, incluyendo tanto las formas religiosas nuevas, los fundamentalismos, como a la misma Iglesia católica --a la que le dedica unos párrafos--.
En medio del complejo proceso que está desarrollándose en este tiempo Toffler descubre --al parecer no sin cierta sorpresa-- un resurgir del interés por la religión. Esto tendría para él elementos tanto de la tercera ola como reacciones retardatarias que tratan de volver a antiguas y "trasnochadas certidumbres absolutistas". "Es éste un inmenso salto --afirma-- que nos lleva hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo y que impulsa a la religión al centro del escenario mundial" (97) .
Su perspectiva está muy ligada a su análisis de la búsqueda del poder. Así, en un capítulo que llama Los gladiadores mundiales incluye a las religiones como uno de los contendientes de la lucha por el "control de la mente" (98) . Para él se estarían haciendo intentos por parte de la "religión organizada" de recuperar el dominio sobre el "monopolio de la producción y distribución de conocimiento abstracto" (99) . Hablando de lo que llama "el frenesí religioso" de este tiempo, afirma: "Hoy hay fuerzas que están trabajando en pos de restaurar ese control monopolístico de la mente". En su libro Las guerras del futuro, hace un planteamiento semejante. Allí señala que dentro del esquema de "aspirantes al poder" se debe mencionar, junto con las transnacionales, a las religiones que "cobran fuerza y alcance cada vez mayores" y tienen una "influencia ascendente" (100) .
Toffler ve con preocupación la influencia que puedan tener o que aspiren a tener expresiones religiosas como el fundamentalismo islámico. Haciendo una desafortunada e injusta comparación con la Iglesia católica en la época medieval denuncia la pretensión de Jomeini de que "una religión o Iglesia tienen derechos que sobrepasan a los de las meras naciones-Estado" (101) .

4.5.La religión como regulador social

Pero a pesar de lo dicho, y de los enormes prejuicios que evidencia, Toffler no asume una actitud totalmente negativa frente a la religión. Más aún, en algunos pasajes de sus obras trata de presentar una postura "tolerante" a partir de la cual pretende reconocer su posible aporte como instrumento de ayuda en la regulación y equilibrio de la vida social. Incluso concede que la religión podría ser conciliable con la democracia. Pero, claro está, para él todo esto es así mientras la religión se reduzca a un asunto privado, equiparable a grupos de terapia sicológica o a grupos de ayuda social --como los bomberos, asociaciones de defensa de los animales, grupos ecológicos, etc.--.
Para Toffler la religión cumpliría un rol social en cuanto ofrece al ser humano un sentido para su existencia, una posibilidad de estructurar su vida sicológica y una forma de comunidad, incluso como un aporte interesante en las nuevas formas de producción comunitaria del futuro (102) . Esto sería especialmente necesario en tiempos, como el actual, afectados por procesos de cambios que, como se ha dicho, son desestructurantes para los seres humanos. Los grupos religiosos "comprenden la necesidad que la comunidad tiene de estructura y significado. Pues esto es lo que ofrecen los cultos. Para las personas solitarias, los cultos ofrecen, al principio, amistad indiscriminada" (103) . "Su poder --afirma Toffler-- radica en proporcionar síntesis, en ofrecer una alternativa a la fragmentada cultura destellar que nos rodea" (104) . Eso explicaría su proliferación.
Pero el problema, según el autor norteamericano, es que este fenómeno de los "nuevos cultos" --e implícitamente también las antiguas confesiones--, "suministra no verdad como tal, sino orden y, por tanto, significado" (105) . Y además "vende comunidad, estructura y significado a un precio extraordinariamente alto: la ciega renuncia al propio yo". Por eso propone en La tercera ola la creación y promoción de lo que llama "semicultos" que ayuden a las personas a organizar y dar sentido a su vida, especialmente en este tiempo de crisis y de shock por el cambio acelerado. "Si encontramos repelente la absoluta sumisión exigida por muchos cultos --afirma--, deberíamos quizás estimular la formación de lo que podríamos denominar "semicultos", situados entre la libertad desprovista de estructura y la regimentación rígidamente estructurada" (106) . Estos grupos podrían ser una variante más de muchos grupos de voluntariado para las más diversas funciones sociales, ofreciendo "no una espuria teología mística o política, sino el simple ideal de servicio a la comunidad" (107) .
En El cambio del poder avanza un poco más en su teoría del papel equilibrador de la religión y las Iglesias en el proceso actual de cambio. "La religión no es un enemigo de la democracia. En una sociedad secular multirreligiosa, con una clara separación entre Iglesia y Estado, la misma variedad de creencias y ateísmo enriquece y dinamiza la vida en democracia. En muchos países, los movimientos religiosos constituyen la única fuerza capaz de contrarrestar la opresión estatal. Tampoco el fundamentalismo como tal supone una amenaza. Empero, dentro del gigantesco renacer religioso, en todos los países, no sólo en Irán, están proliferando los fanáticos que se sienten comprometidos a un control teocrático de la mente y de la conducta de las personas, y que, además, cuentan con el insensato apoyo de terceros" (108) .
Dentro del clima de tolerancia y diversidad que propone para la nueva civilización de la tercera ola Toffler encuentra "admisible" a la vez que compatible con la democracia el rol de lo que llama "religiones universalistas". Pero, claro está, a condición de que no traten de imponer lo que él califica como su "control mental teocrático". Y denuncia como no compatibles con la democracia y el clima de tolerancia aquellas formas religiosas que "combinan el totalitarismo con el universalismo" (109) . Una vez más, la frase exige un contexto, pues vista por encima puede parecer algo positivo, pero analizada en lo que para el autor norteamericano significan esas palabras o, con mayor precisión, lo que él encierra en esas palabras, puede resultar que estemos presenciando aquel fenómeno que criticaba Lewis Carrol en Detrás del espejo, o el "neolenguaje" y el "doble pensar" que denunciaba George Orwell en su obra 1984.

4.6.¿Crecimiento del poder mundial de la Iglesia católica?

Después de haber prácticamente prescindido de la Iglesia católica en su análisis, situándola en todo caso como la forma de expresión religiosa de la primera ola,a la que visualiza llena de rigideces, dogmatismos, absolutismos, y pinta como responsable de haber quemado herejes y de haber propiciado las tremendas guerras entre la Iglesia y el Estado, le dedica unos rápidos párrafos para plantear lo que él llama "el creciente poder mundial de la Iglesia católica" (110) . Al hablar del fenómeno mundial de la "resurrección" de la religión se fija en la Iglesia. Debe anotarse que Toffler en lo que califica como "resurgimiento" de la religión distingue con toda claridad a la Iglesia católica de los llamados fundamentalismos.
La Iglesia católica, según Toffler, habría salido perdiendo en la guerra que libró "alineada con las clases dirigentes de la era agraria" contra las "fuerzas seculares" (111) que surgieron con la revolución industrial. De esta manera "a mediados de la era industrial, esas fuerzas seculares habían conseguido dominar a la religión organizada al debilitar su control en las escuelas, en la moralidad y en el mismo Estado" (112) . Según su esquema, la Iglesia católica, una de las "religiones organizadas", habría perdido la batalla por el "control de la mente" frente a las fuerzas que luchaban "por el modernismo industrial y la democracia de masas" (113) , viendo en consecuencia disminuir su poder social, moral y político.
Pero, según Toffler, a mediados de la década de los sesenta, cuando empezaba el "auge" de las computadoras (114) , el cambio del sistema de producción de la riqueza y el desarrollo de la nueva economía, comenzaron a percibirse señales de un "resurgimiento" mundial de la religión. Así --siempre según Toffler--, al tiempo que la revista Time se preguntaba en su portada "¿Ha muerto Dios?" --sacando a luz el tema religioso-- "una atormentada Iglesia católica convoca el Concilio Vaticano Segundo, uno de sus acontecimientos más importantes en varios siglos" (115) . Ésta sería una de las señales del inicio del "resurgimiento" de la Iglesia católica en estos tiempos.
La Iglesia a partir de los sesenta habría ido poco a poco ganando espacio en el escenario mundial. Toffler descubre una creciente presencia eclesial en diversos lugares del mundo. Sin embargo, pone especialmente de relieve algunas situaciones en las que se han producido cambios político-sociales muy importantes en los que la Iglesia ha jugado un rol capital. Si bien no se equivoca en la percepción de tales hechos, su análisis, además de ser manifiestamente escaso, parece estar centrado más en la acción de la diplomacia papal o vaticana que en la realidad misma de la comunidad eclesial en los lugares que menciona. Da la impresión que no toma en cuenta que la Iglesia tiene hondas raíces en naciones que menciona como Filipinas, Panamá, así como en varias de la Europa oriental, como es el caso también de Polonia. En estas naciones, si bien la presencia en los últimos años del Papa Juan Pablo II y las diversas iniciativas que involucran lo que Toffler llama la "diplomacia vaticana" han sido sumamente importantes, no por ello se puede minusvalorar la presencia secular de la Iglesia en su historia, que ha sido generadora de cultura, defensora de la dignidad humana y que siempre --incluso en tiempos de tensiones y de graves ataques a la Iglesia-- ha sido muy importante.
Concretamente Toffler afirma sobre el particular: "La diplomacia papal ha hecho acto de presencia recientemente en cambios políticos importantes, desde Filipinas hasta Panamá. En Polonia, donde la Iglesia se ganó la admiración del mundo por su valerosa oposición al régimen comunista, ha surgido como fuerza dominante detrás del primer Gobierno no comunista. Los diplomáticos del Vaticano alegan que los recientes cambios que se han producido por toda Europa Oriental fueron propiciados en gran medida por el Papa Juan Pablo II" (116) . En otro pasaje afirma también: "Uno de los mayores ganadores de la revolución de 1989 en Europa Oriental ha sido la Iglesia católica, reprimida durante mucho tiempo por los regímenes comunistas que, sin embargo, nunca llegaron a destruirla por completo" (117) .
Es interesante la explicación que Toffler ensaya sobre este "auge" de la Iglesia. Como ya se ha dicho, desde sus premisas agnósticas y secularizantes reduce a la Iglesia a una suerte de gran transnacional que busca y ejerce un enorme poder. "La Iglesia --afirma-- tiene poder hoy en día en el mundo debido, en parte, a su influencia moral y a sus recursos económicos; pero, también, porque sigue sirviendo como medio de comunicación de masas" (118) . Sería especialmente esta capacidad de comunicación de masas lo que explicaría para Toffler su "creciente poder". "Mientras que la Iglesia católica --o cualquier otra organizada-- sea capaz de reunir enormes grupos de gente, y contactar de ese modo con una audiencia masiva, ningún gobierno puede pasarla por alto. Algunos gobiernos, por lo que nosotros sabemos, han tratado de extirpar la Iglesia (lo que es prácticamente imposible). Otros han tratado de imponer un sustitutivo de la religión basado en el nacionalismo, el marxismo o cualquier otra doctrina. Y, finalmente, hay algunos que transigen y tratan de cooperar con la Iglesia, con intención de poder controlarla en parte" (119) . Esta capacidad de comunicación de masas convertiría para Toffler a la Iglesia en una amenaza para cualquier Estado totalitario, puesto que para él siempre existiría el peligro de que ese canal --la Iglesia como comunicadora-- pasara a manos de la oposición. En esto encuentra "la razón de la ferocidad con que los estados comunistas trataron de eliminar a la Iglesia, o de sobornarla cuando lo primero resultó imposible" (120) .
Teniendo en cuenta su enorme capacidad de comunicación de masas, Toffler opina que la Iglesia habría canalizado casi naturalmente el descontento popular en muchos países, especialmente en los oprimidos por regímenes totalitarios --Corea del Sur, Polonia, Filipinas, por ejemplo--. La Iglesia de alguna manera se habría "fusionado" con la oposición política, en una suerte de "oportunismo político", convirtiéndose en "vehículo... de disidencia". Lo que sin embargo desconcierta a Toffler es cómo la Iglesia termina "orientando" las situaciones siempre en términos religiosos: "...cuando la Iglesia abre su "canal" y expresa el resentimiento popular desde el púlpito, el medio altera el mensaje y la protesta, la cual puede tener su origen en el hambre y otras quejas materiales, y se replantea en términos religiosos. Esto explica por qué determinados movimientos que empiezan a luchar buscando alcanzar metas que de por sí tienen poco que ver con la religión, acaban convirtiéndose en cruzadas religiosas" (121) .
Es interesante también su opinión sobre el Papa Juan Pablo II. Por un lado desliza un comentario positivo: "El Papa no es fanático y ha tendido su mano a otras religiones. Ha hablado en contra de la violencia interétnica" (122) . Lo cual encaja bien dentro de su concepción de "tolerancia y diversidad" del nuevo orden mundial que estaría generando la tercera ola. Pero va a criticar, desde su relativismo secularizante, tanto la prédica del Santo Padre en favor de una renovación de las raíces cristianas de Europa, como su constante denuncia de la falta de fundamentos morales de los países europeos occidentales: "...en su llamada en pro de una "Europa cristiana" se oyen los ecos de un antiguo pasado presecular --y sus repetidas críticas de las democracias de Europa Occidental por su carencia de "referencia moral trascendental"--, una referencia que el Vaticano estaría harto dispuesto a facilitar" (123) . Y hace mención de un supuesto documento de 1918, que según él habría circulado por diversas capitales europeas, en el que se propugnaría la creación en Europa de un "Superestado católico" (124) que abarcaría: Baviera, Hungría, Austria, Croacia, Bohemia, Eslovenia y Polonia. Se trata a todas luces de una opinión poco seria y carente de sustento para pretender explicar la prédica del Papa Juan Pablo II y sus intenciones. Comparaciones de este tipo, que parecen más orientadas a descalificar, no ayudan a aclarar las cosas sino que deslizan, de manera subrepticia, descalificaciones ad hominem sin ningún aporte para mostrar la verdad. Teniendo en cuenta lo dicho --en lo que no se puede evitar descubrir los muchos prejuicios del autor contra la Iglesia católica y la acción evangelizadora de sus Pontífices en los últimos lustros-- Toffler termina abogando por que se mantenga la "saludable separación entre Iglesia y Estado", como dice que fue en la era industrial.
Es lamentable que se reduzca la presencia y acción de la Iglesia a un conjunto de iniciativas diplomáticas en medio de una pugna por el poder, a la vez que se desconozcan los dos mil años de fecundo servicio en los más diversos aspectos de la vida de tantas naciones en el mundo. Resulta sumamente grave el constatar cómo un autor que se presenta como "analista", prescinda sistemáticamente de la naturaleza de las instituciones, y las presente según una alquimia en la que su visión subjetiva de ellas reemplaza lo que no le "gusta" y somete a una metamorfosis lo que le "gusta", ajustando la imagen a una idea preconcebida.
Por lo demás, se percibe en el análisis del autor un persistente intento de prescindir de toda moral objetiva, con la reducción de la Iglesia a una asociación mundial más --una suerte de transnacional religiosa-- en el mercado de ofertas ideológicas y de servicios sociales. Desde ese enfoque reductivo, y siempre y cuando la Iglesia no exceda su esfera privada y personal, y no trate de difundir su visión de la vida y la convicción de la verdad que ella encuentra, puede ser admitida y hasta reconocida en su aporte a la sociedad. Pero jamás debe pretender --según la visión toffleriana-- pasar los límites de su esfera espiritual y privada.

 

5.Una palabra final

En síntesis y para terminar, Alvin Toffler hace ostentación de un arraigado agnosticismo funcional, feudatario del pensar ideológico de la Ilustración en un muy curioso sincretismo finisecular en el que se descubren elementos del liberalismo decimonónico junto con categorías y premisas provenientes del pensamiento de Hegel y de Marx. Desde su perspectiva agnóstica y fenoménica hace una lectura relativista de la vida social y del devenir histórico de los pueblos y de la civilización, mostrando un marcado inmanentismo.
Toda su aproximación a la religión y en general a la fe en Dios está totalmente sesgada por sus premisas agnósticas. Esto se constata toda vez que aparece el tema religioso en cualquiera de sus ensayos. Se descubre también una cierta ignorancia de elementos básicos de historia, a la vez que se comprueba un desconocimiento de los fundamentos de la religión. A ello se suma la tendencia que tiene a construir argumentos a partir de unos pocos hechos tomados casi al azar o de los titulares de algún periódico o revista que cayó en sus manos. De ahí que su análisis se revele a menudo lleno de vacíos y opiniones sin sustento. Sorprende lo poco serio de sus opiniones y la ligereza de sus críticas.
No puede dejar de lamentarse, por otro lado, el caudal de prejuicios que demuestra tener contra la Iglesia católica, a pesar de algunas frases sueltas de reconocimiento. Su aproximación prescinde sistemáticamente de la naturaleza de la Iglesia. Esto se ve por ejemplo en los criterios totalmente secularizantes y sociológicos que aplica cuando se aproxima tanto a su historia como a su identidad. Así, la Iglesia es presentada como una mera asociación humana en una aparente pugna de poder con otras asociaciones y con grupos de presión. Y, por supuesto está el planteamiento decimonónico de que la Iglesia debería limitarse a la esfera privada de las personas. Sorprende también en este caso la grave ignorancia que estos prejuicios evidencian.
Es probable que opiniones como las que el autor norteamericano vierte en sus libros reflejen el pensamiento de algunos sectores de la sociedad en los que el secularismo ha venido creciendo aceleradamente en las últimas décadas. Precisamente esta situación hace tanto más lamentable la falta de seriedad con la que aborda el tema de la fe en Dios, la religión y las experiencias de comunidades de creyentes.
El pensamiento de Alvin Toffler resulta ser, pues, un caso particularmente notorio de agnosticismo funcional

Notas
1. En realidad la futurología es el conjunto de los estudios que se proponen predecir científicamente el futuro del hombre. Pero bajo el amplio "paraguas" de futurología se incluyen disímiles aproximaciones que tornan el concepto en exceso flexible. [Regresar]
2. Esta terminología se hizo famosa a partir del ensayo del italiano Umberto Eco: Apocalípticos e integrados, publicado en 1965. Eco es un interesante ejemplo de los enfoques de muchos analistas contemporáneos, que prescinden de una metafísica, de toda moral, y, por supuesto, de toda referencia a Dios --el mismo Eco ha manifestado ser discípulo del nominalista Ockham--. Su obra El nombre de la rosa es una clara muestra de un agnosticismo inmanentista. [Regresar]
3. Out of control se llama un ensayo suyo --de 1993-- sobre la situación actual de la sociedad. Ha sido traducido al castellano con el título Fuera de control[Regresar]
4. Se hizo conocido por un artículo titulado ¿El fin de la historia? publicado en 1989 en la revista The National Interest. Fue ampliado más tarde en un ensayo publicado con el título El fin de la Historia y el último hombre en 1992. Es clara en sus obras su tendencia neohegeliana. [Regresar]
5. Wired es un vocablo polisémico. La revista profesa un optimismo extremo sobre el futuro de la humanidad a partir del desarrollo de la tecnología. Sorprende por su radicalidad. La misma diagramación y presentación no pocas veces extravagante es toda una proclama de cambio y fe en el futuro. Tiene una gran circulación. [Regresar]
6. Ha publicado un ensayo en 1994 con el mismo nombre que el de Brzezinski --Out of control-- sólo que desde una perspectiva totalmente diferente. [Regresar]
7. En 1982 publicaron su ensayo Megatendencias, que tuvo una enorme difusión, analizando los cambios que se estaban operando en la sociedad. En 1990 escribieron uno nuevo mirando al futuro: Megatendencias 2000. Han escrito otros libros más sobre el mismo tema. En la misma línea de reflexión John Naisbitt ha publicado en 1994, esta vez solo: Global Paradox[Regresar]
8. Ver Luis Fernando Figari, Horizontes de Nueva Evangelización, Lima 1994, nn. 25ss. [Regresar]
9. Ver Alvin Toffler, El cambio del poder, Plaza & Janés, Barcelona 1990, pp. 17ss. [Regresar]
10. Entre El "shock" del futuro y El cambio del poder ha publicado también The eco-spasm report y The adaptive corporation. [Regresar]
11. Este libro en realidad es una recopilación de capítulos de sus tres ensayos principales presentados de forma resumida. Es una interesante síntesis de su pensamiento que los mismos autores consideran como una suerte de clave para su obra --la llaman: <>-- (Alvin y Heidi Toffler, Creating a new civilization. The politics of the third wave, Turner Publishing, Atlanta 1995, p. 111). [Regresar]
12. <> (Alvin Toffler, Avances y premisas, Plaza & Janés, Barcelona 1983, p. 214). Toffler cae en la falacia de la generalización en este pasaje. [Regresar]
13. Allí mismo, p. 182. [Regresar]
14. Allí mismo, p. 185. Los consumidores de cultura ha sido publicado en castellano por la editorial Leviatán de Buenos Aires en 1987. [Regresar]
15. Alvin Toffler, Avances y premisas, p. 185. [Regresar]
16. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 19. [Regresar]
17. Alvin Toffler, El "shock" del futuro, Plaza & Janés, Barcelona 1971, p. 19.  
"shock del futuro" para designar las desastrosas tensión y desorientación que provocamos en los individuos al obligarles a un cambio excesivo en un lapso de tiempo demasiado breve>> (allí mismo, p. 8). [Regresar]
18. Allí mismo, p. 18. [Regresar]
19. Alvin Toffler, La tercera ola, Plaza & Janés, Barcelona 1980, p. 18. [Regresar]
20. Allí mismo, p. 26. [Regresar]
21. Allí mismo, p. 28. Nótese la mayúscula que utiliza en la palabra "Historia". Más adelante se tratará sobre este asunto. [Regresar]
22. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 21. [Regresar]
23. Allí mismo, p. 44. [Regresar]
24. Ver Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 248ss. [Regresar]
25. Allí mismo, p. 375. [Regresar]
26. Allí mismo, p. 251. [Regresar]
27. La lectura de las obras de Toffler muestra una persistente tendencia del autor norteamericano a generalizar y a asumir como válidas dichas generalizaciones. [Regresar]
28. Otros pensadores ilustrados tienen características semejantes, pero dada la autoconfesión del pasado marxista de Toffler no es difícil llegar hasta Marx para explicar ciertos acentos de la cosmovisión del futurólogo norteamericano. [Regresar]
29. Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, Plaza & Janés, Barcelona 1994, p. 41. [Regresar]
30. Ver Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 261ss. [Regresar]
31. Alvin Toffler, Avances y premisas, p. 214. [Regresar]
32. Lug. cit. [Regresar]
33. Lug. cit. [Regresar]
34. Allí mismo, pp. 214-215. [Regresar]
35. En el libro-entrevista Avances y premisas, el entrevistador pone también de manifiesto la misma opinión sobre un cierto determinismo economicista que muchos ven en los planteamientos de Toffler. <> (allí mismo, p. 228). [Regresar]
36. Karl Marx en una carta a Annenkof criticando a Proudhon afirma: <> (Karl Marx - Federico Engels, Correspondencia, Editorial Cartago, Buenos Aires 1973, p. 21). [Regresar]
37. Alvin Toffler, Avances y premisas, pp. 219-220. [Regresar]
38. En un artículo sobre el Presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el republicano Newt Gingrich --quien resulta ser un admirador de Toffler--, la prestigiosa revista The economist dice que el matrimonio Toffler <> (The economist, December 23rd 1995 - January 5th 1996, p. 24). [Regresar]
39. Y ciertamente no se trata de una Providencia divina que aparece guiando la historia. Hay una suerte de absoluto inmanente que se va desarrollando inevitablemente en el devenir histórico. [Regresar]
40. Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 365-366. [Regresar]
41. Allí mismo, p. 18. [Regresar]
42. Para Hegel tanto el Estado como la Iglesia son expresiones de la Idea Absoluta o del Espíritu Universal. [Regresar]
43. Hablando de Hegel T. Urdanoz sostiene:  
movilismo puro del pensador griego, de su concepción del mundo como eterno fluir de las cosas; él mismo ha consignado que no hay un solo principio de Heráclito que él no haya incluido en su lógica>> (Teófilo Urdanoz, OP, Historia de la filosofía, t. IV: Siglo XIX: Kant, idealismo y espiritualismo, BAC, Madrid 1975, p. 321). [Regresar]
44. El que algunos como Comte o los seguidores de Joaquín de Fiore lo hagan así no hace de suyo válida su aproximación. Por lo demás podría hacerse un paralelo entre su división y la de Comte en tres estadios --teológico, metafísico y positivo--. [Regresar]
45. Ver Daniel Bell, The coming of Post-Industrial Society: A Venture in Social Forecasting, Basic books, New York 1973. [Regresar]
46. Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 216-217. [Regresar]
47. Alvin Toffler, El "shock" del futuro, p. 310. [Regresar]
48. Lug. cit. [Regresar]
49. Ver el capítulo La familia rota, de El "shock" del futuro, pp. 293-319. [Regresar]
50. Allí mismo, p. 319. [Regresar]
51. Ver Alvin y Heidi Toffler, Creating a new civilization. The politics of the third wave, p. 9. Con la expresión pro-choice se designa la posición a favor de las políticas anti-vida en materia demográfica y familia, como por ejemplo pro-aborto y pro-anticonceptivos. [Regresar]
52. Alvin Toffler, La tercera ola, p. 223. [Regresar]
53. Lug. cit. [Regresar]
54. En su libro Creating a new civilization, cuando Alvin y Heidi Toffler toman distancia de Newt Gringich --quien les hace el prólogo--, hablan de sí mismos como <> (Creating a new civilization. The politics of the third wave, p. 9). [Regresar]
55. Alvin Toffler, La tercera ola, p. 33. [Regresar]
56. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 524. [Regresar]
57. Allí mismo, p. 432. La palabra frenesí significa: <> (ver Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, vigésima edición, t. I, Madrid 1984, p. 660). [Regresar]
58. Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, p. 38. [Regresar]
59. Organizaciones no gubernamentales. [Regresar]
60. <> (Alvin Toffler, La tercera ola, p. 250). [Regresar]
61. Allí mismo, p. 347. [Regresar]
62. Allí mismo, p. 367. [Regresar]
63. La expresión cultos es la traducción al castellano de la palabra inglesa cults, que en realidad se refiere específicamente a los que hoy se suelen calificar con la inexacta expresión de movimientos religiosos libres. En realidad se trata de formas extremas y a veces secularizadas de sectas --como New age, la secta de Moon, que son a las que el mismo Toffler se refiere--. Toffler, por lo demás, evidencia significativas coincidencias con el pensamiento de grupos como New age.[Regresar]
64. Hablando de la segunda ola dice: <<...la segunda ola trajo una redefinición de Dios...>> (Alvin Toffler, La tercera ola, p. 109). En otro de sus ensayos sostiene: <> (Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 432). [Regresar]
65. Lug. cit. [Regresar]
66. Allí mismo, p. 525. [Regresar]
67. Allí mismo, p. 407. [Regresar]
68. Allí mismo, p. 525. [Regresar]
69. Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 322 y 369. Se ve aquí también la influencia de las ideas de Max Weber, cuyo libro The protestant Ethic and the Spirit of Capitalism cita en su bibliografía. Esta obra está llena de prejuicios anti-católicos y sobresale por el simplismo de sus argumentos, tanto sobre el desarrollo capitalista de los países del norte protestante, como sobre el subdesarrollo del sur católico que liga directamente al influjo "negativo" del catolicismo. Toffler, muy en la línea de Weber, habla por ejemplo de los fracasos de la segunda ola en superar el subdesarrollo y la pobreza de algunos países mencionando entre los obstáculos las <> (allí mismo, p. 320). [Regresar]
70. Hablando de la concepción atomista afirma: <> (Alvin Toffler, La tercera ola, p. 122). [Regresar]
71. Alvin Toffler, El cambio de poder, p. 432. [Regresar]
72. Se debe entender a la Iglesia católica, pues, en Europa no existía ninguna otra forma de <> comparable a la Iglesia antes del siglo XVI cuando se produjo la revuelta protestante y surgieron confesiones como la luterana y la calvinista. [Regresar]
73. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 432. [Regresar]
74. Lug. cit. [Regresar]
75. Ver Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, p. 38. [Regresar]
76. Alvin Toffler, La tercera ola, p. 17. [Regresar]
77. Allí mismo, p. 18. [Regresar]
78. Allí mismo, p. 250. [Regresar]
79. Allí mismo, p. 251. [Regresar]
80. Lug. cit. [Regresar]
81. Allí mismo, p. 223. [Regresar]
82. Allí mismo, p. 252. [Regresar]
83. Allí mismo, pp. 281, 345. [Regresar]
84. Allí mismo, p. 294. [Regresar]
85. Allí mismo, p. 283. [Regresar]
86. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 524. [Regresar]
87. Allí mismo, p. 432. Calificar el fenómeno hippy como algo religioso parece totalmente inadecuado. El que Toffler proceda en este sentido habla de sus opiniones sobre la religión y sus manifestaciones. [Regresar]
88. Allí mismo, p. 433. [Regresar]
89. Allí mismo, p. 434. [Regresar]
90. Hay que tener mucho cuidado con el uso de la palabra fundamentalismo que engloba cosas muy distintas y que es del todo imprecisa para describir fenómenos como el crecimiento del Islam. Es muy ilustrativa la opinión del Cardenal Ratzinger sobre este concepto. Hablando del fundamentalismo islámicoafirma: <> (Cardenal Joseph Ratzinger, Una mirada a Europa, Rialp, Madrid 1992, pp. 204-205). [Regresar]
91. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 435. [Regresar]
92. Lug. cit. [Regresar]
93. Lug. cit. [Regresar]
94. Allí mismo, p. 437. [Regresar]
95. Allí mismo, p. 439. [Regresar]
96. Lug. cit. [Regresar]
97. Allí mismo, p. 526. [Regresar]
98. Allí mismo, p. 525. [Regresar]
99. Allí mismo, p. 432. [Regresar]
100. Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, p. 339. [Regresar]
101. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 525. [Regresar]
102. Es revelador también el análisis que hace de los mormones y su sistema comunitario de producción, a quienes les "perdona" su talante <> en función de su aporte en las nuevas formas de organizar la producción (ver Alvin Toffler, La tercera ola, p. 273). [Regresar]
103. Allí mismo, p. 362. [Regresar]
104. Allí mismo, p. 363. [Regresar]
105. Lug. cit. [Regresar]
106. Allí mismo, pp. 364-365. [Regresar]
107. Allí mismo, p. 365. [Regresar]
108. Alvin Toffler, El cambio del poder, p. 435. [Regresar]
109. Allí mismo, p. 436. [Regresar]
110. Allí mismo, p. 526. [Regresar]
111. Allí mismo, p. 432. [Regresar]
112. Lug cit. [Regresar]
113. Lug. cit. [Regresar]
114. Quizá sea excesivo hablar de auge de las computadoras a comienzos de los sesenta. [Regresar]
115. Lug. cit. [Regresar]
116. Allí mismo, p. 526. [Regresar]
117. Allí mismo, p. 410. [Regresar]
118. Lug. cit. [Regresar]
119. Lug. cit. [Regresar]
120. Lug. cit. [Regresar]
121. Allí mismo, p. 411. En otro pasaje de su ensayo El cambio del poder Toffler desliza una opinión en la misma línea --en la que se perciben los ecos de Marshall McLuhan--: <> (allí mismo, p. 475). [Regresar]
122. Allí mismo, p. 526. [Regresar]
123. Lug. cit. [Regresar]
124. Lug. cit. [Regresar]


 http://www.clerus.org/clerus/dati/2004-06/16-15/cs1995