Junichirô Tanizaki - El elogio de la sombra


En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra. Lo bello no es una sustancia en sí sino un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra.

En este ensayo clásico, escrito en 1933, Junichirô Tanizaki va desarrollando con gran refinamiento esta idea medular del pensamiento oriental, clave para entender el color de las lacas, de la tinta o de los trajes del teatro nô; para aprender a apreciar el aspecto antiguo del papel o los reflejos velados en la pátina de los objetos; para prevenirnos contra todo lo que brilla; o para captar la belleza en la llama vacilante de una lámpara y descubrir el alma de la arquitectura a través de los grados de opacidad de los materiales y el silencio y la penumbra del espacio vacío.

Junichirô Tanizaki (1886-1965) es, sin lugar a dudas, uno de los mayores escritores de la literatura japonesa contemporánea. Entre sus novelas más conocidas puede destacarse Hay quien prefiere las ortigas (1955), Las hermanas Makioka (1957) y La llave (1961). El elogio de la sombra es para muchos una de sus obras maestras.


Saki - Cuentos de humor negro


¿Han oído ustedes el cuento del niño gitano que muere devorado por una hiena frente a dos damas contrariadas? ¿Y el del señor que conoce tan bien a su esposa que ha pasado dos horas conversando con ella sin percatarse de que estaba muerta? Estos no son chistes; son relatos de historias más bien perversas y llenas de ironía.

Preparémonos a reír un poco con ellas. No será una risa de alegría; será acaso de satisfacción al ver delatadas ciertas crueldades que se alojan en el alma de los hombres. Si algo parece caracterizar a Saki en sus relatos, es el vicio de andar metiéndose en el lugar más íntimo y sagrado de los hombres (al que llamamos corazón), para luego ir vociferando a los cuatro vientos todo lo que solemos ocultar allí, tras su tierna y noble apariencia.

La finura de su estilo nos muestra la crueldad de los personajes (y del autor mismo) arrancándonos una sonrisa, que es la misma risita rubicunda de quien se siente descubierto.