[PDF]libro del desasosiego - Ignacio Darnaude

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LIBRO DEL DESASOSIEGO. FERNANDO PESSOA. SIGNOS UTILIZADOS. / / Reserva del autor acerca de una palabra o expresión. ( ) Duda del autor en cuanto a la oportunidad de la inclusión de una o más palabras. (...) Pasaje dejado incompleto por el autor. [ ] Palabras añadidas por los editores. [...] Palabra o pasaje ...

Pessoa desasosegado pero en orden

La editorial Pre-Textos lanza una edición del libro fundamental de Pessoa más limpia y comprensible al eliminar textos, aunar fragmentos y colocarlos en orden cronológico


Fernando Pessoa y su galaxia de heterónimos, dibujados por Fernando Vicente.Ampliar foto
Fernando Pessoa y su galaxia de heterónimos, dibujados por Fernando Vicente.

“Es el único escritor muerto que publica más que escritores vivos; un milagro, un emblema de la modernidad”. El entusiasmo procede de Antonio Sáez Delgado,traductor de la nueva versión de El libro del desasosiego. No es una más de la obra maestra de Fernando Pessoa. La versión de Pre-Textos poco tiene que ver con las anteriores. Por primera vez se basa en una relectura de los textos originales; por primera vez siguen un orden cronológico. Además, la eliminación de textos que no eran de la obra y la unificación de fragmentos (de más de 700 a 450), consiguen El libro del desasosiego más diáfano de su sinuosa historia.
Aún hay caballeros que sueñan con el Santo Grial, alquimistas en busca de la fórmula del oro, bucaneros con una pata de palo y medio mapa del tesoro, pero solo los filólogos hallaron el suyo, un baúl con 30.000 papeles de escritura manuscrita o mecanografiada y sin apenas orden ni concierto. Pessoa (1888-1935) había dejado a su temprana muerte una herencia a la humanidad de incalculable valor, pues no se puede calcular lo que aún no se ha publicado. Y, 80 años después, en ese baúl siguen husmeando investigadores, editores, traductores y, por supuesto, apasionados lectores de un autor que añade a su obra desordenada, una personalidad tan misántropa como poliédrica.
Se tardaron 47 años en publicar El libro del desasosiego (1982), los mismos que vivió Pessoa, dato que le haría cavilar, dada su afición al esoterismo. La tardanza no fue a costa de la exactitud. La autoría del libro se adjudicó a uno de sus escritores en los que se desdoblaba -uno de los heterónimos, Bernardo Soares-. Pessoa seguía provocando el desconcierto.
Pese a la incomunicación entre el escritor portugués y la intelectualidad española, prácticamente al año siguiente ya había versión en castellano, gracias a la valentía de Ángel Crespo (Seix Barral). Fue la primera traducción no portuguesa; luego siguieron en España las de Perfecto Cuadrado (Acantilado) y Manuel Moya (Baile del Sol). La cuarta va firmada por Antonio Sáez Delgado.
“Pessoa es un constante work in progress, un proceso inagotable de creación y actualización de textos”, explica Sáez, profesor de traducción y literatura comparada en la Universidad de Évora desde 1995, y galardonado este mismo año con el prestigioso premio Eduardo Lourenço. “Es un libro construido con la acumulación de fragmentos y al que su autor nunca llegó a dar forma definitiva -aunque sí título y autoría, ambas cosas muy extrañas en su mundo-, con un ciclo de escritura muy amplio y que sigue de cerca la evolución estética y vital del autor real de la obra, Pessoa, y los autores ficticios por él creados, los semiheterónimos Vicente Guedes y Bernardo Soares”.
La primera parte tiene un estilo simbolista-decadente, más esteticista. La segunda parte es más sobria y similar al dietario, aunque siempre sobre la reflexión del tedio y la inacción, la perplejidad ante la condición humana, el escepticismo y el elemento de unión de Lisboa, clave de la atmósfera del libro. Pessoa es Lisboa
En 1986, António Quadros publicó en Portugal una nueva edición que dividió los fragmentos en dos grandes fases de escritura, una que comienza hacia 1913 y la segunda en torno a 1930. En 1991, Teresa Sobral Cunha entrega otra edición, con la misma idea: encuadrar la obra en dos grandes fases de escritura que corresponderían a los dos autores ficticios.
La revolución en la edición de El Libro del desasosiego no llega por vía de un portugués, sino de un colombiano, Jerónimo Pizarro, que, en 2010, establece una datación posible o aproximada de prácticamente todos los fragmentos que constituyen el libro. Viéndolas venir, Pizarro aclara que es luso-colombiano. “Mi mujer es portuguesa, estuve once años investigando a Pessoa en Portugal, lo sigo haciendo en Colombia, donde soy la representación del Instituto Camoes”.
Pizarro se integró en el equipo de investigación que auspició en los 80 el Gobierno de Portugal para poner orden en ese baúl. El grupo dirigido por Ivo Castro, ha publicado varias ediciones críticas, pero más pensando en filólogos, que en lectores. Otro equipo, de la Universidad Nova de Lisboa, con Teresa Rita Lopes a la cabeza, eligió una variante más cercana al público. Si se quiere montar un buen lío, cree dos buenas comisiones trabajando en lo mismo.
“Esa edición crítica se centró en la poesía, porque en principio se redujo a Pessoa a poeta, quizás por el prejuicio de que la poesía es superior a la prosa. Se publicaron cinco tomos de la poesía que Pessoa dejó fechada, y se relegó el resto. Faltan otros cinco que no tienen fecha”.
Aunque Pizarro dejó el equipo de investigación oficial, fue autorizado por la Biblioteca Nacional para acceder a todos los papeles de Pessoa. “Me extendieron todos los documentos sobre las mesas, los manuscritos, los mecanografiados. Pude comparar tamaños de papel, colores de tintas, la cintas de las máquina de escribir…” Y, partiendo de cero, comenzó su ...Desasosiego.
El resultado es una obra más corta y dividida en dos fases de escritura: la centrada entre 1913 y 1920 cuyo primer autor ficcional sería Guedes, y una segunda entre 1929 y 1934, protagonizada por Soares. “La lectura es más clara. La primera parte tiene un estilo simbolista-decadente, más esteticista”, explica Pizarro. “La segunda parte es más sobria y similar al dietario, aunque siempre sobre la reflexión del tedio y la inacción, la perplejidad ante la condición humana, el escepticismo y el elemento de unión de Lisboa, clave de la atmósfera del libro. Pessoa es Lisboa”.
Sáez ha traducido la edición de Pizarro. “Existirán tantas ediciones como lectores tenga la obra”, escribe en el prólogo de la edición de Pre-Textos. “Su prosa, llena de tensiones lingüísticas, de extrañamientos y polisemias, se acerca con inusitada frecuencia a las características del lenguaje poético”.
La primera edición contaba con más de 700 fragmentos, pero ya Crespo, el primer traductor al español, varió el orden de algunos de ellos. “Es un libro maleable absolutamente por los profesionales del libro, pero también por sus lectores”, argumenta Sáez.

EL HOMBRE DE LAS 136 CARAS

Tras su revolucionaria edición crítica, Jerónimo Pizarro tiene en puertas otra obra que aclarará más, o no, la mundología del escritor portugués: la publicación de los 136 autores ficticios que construyó Pessoa en su corta vida. A cada nombre, Pizarro adjuntará algunas muestras de sus textos correspondientes.
Con 11 años, Pessoa recibía cartas de un tal Alexander Search, él mismo por supuesto, y se las contestaba como si fuera la primera vez que las leía. Tampoco su único amor, platónico, Ofelia Queiroz, se libraba de la multipolaridad de Pessoa. La mujer era cortejada por él, pero recibía cartas de otros, papelitos firmados por alguno de los heterónimos y no por Fernando, para enfado de la mujer.
También despistó a periodistas y lectores, con las polémicas que desarrollaba en los periódicos, respondiendo a las cartas de lectores, que también habían enviado alguno de los personajes en los que se desdoblaba. “Creo que la publicación de los 136 heterónimos, figuras o personajes ficticios, llamémosles como queramos”, explica Pizarro, “va a contribuir a completar el mundo de Pessoa y a comprenderlo mejor”.
“Según la Universidad de Coimbra solo en Portugal existen 16 ediciones diferentes de la obra, a ellas se deben añadir las traducciones, diferentes más allá del año de publicación”, argumenta Pizarro. “Hay valores subjetivos del mismo traductor, que propone soluciones diferentes al texto, por lo cual se puede concebir que haya millones de Desasosiegos”.
Sáez justifica la nueva traducción. “Yo soy partidario de revisar las de los clásicos, y también de los clásicos modernos, cada 25 o 30 años, para limpiar el lenguaje de polvo y barniz. También se ha adelgazado el libro. Hay menos fragmentos; algunos se han suprimido porque no formaban parte del libro y otros se han juntado. Un desafío fundamental para el traductor de esta obra es la oscuridad, el hermetismo. Lo que no puede el traductor es añadirle más oscuridad de la que le dio Pessoa, y en algunos fragmentos tal vez se había hecho. Hay que mantener la fidelidad a la oscuridad, pero no aumentarla”, razona Sáez.
“El ordenamiento cronológico”, añade el traductor, “nos informa del recorrido de su escritura; otros lo habían publicado con un orden temático o por fases, pero no cronológicamente. Asi vemos que el libro evoluciona y el escritor también; lo que intentaba Pessoa en 1910 es radicalmente diferente a su estilo de escritura en los años 30”.
Pessoa no inventaba personajes, inventaba poetas, escritores completos. “Es un emblema de la modernidad”, dice Sáez. “Aún mucha de su obra está inédita y tardará años en publicarse, si es que alguna vez sucede. Es un autor sin obras completas; es la modernidad, tal vez líquida”.
Tanto el investigador Pizarro como el traductor Sáez coinciden en que la historia editorial de Pessoa es una metáfora de la misma sociedad portuguesa: “ese rigor extremo con el que se intenta hacer todo”, dice Sáez, “pero a la vez mezclado con la falta de recursos. “Y finalmente una desidia por cambiar o acabar las cosas”, añade Pizarro.
Pizarro da la versión de su cronología: “En los textos de la primera parte de El Libro del desasosiego, el que corresponde a 1913-1918, Pessoa nunca pone fechas. Es un diario simbolista, de paisajes, lagos, ninfas. En el segundo corpus,el que va de 1928 a 1934 todo está fechado. Es la parte centrada en la ciudad de Lisboa. La ciudad, su tiempo, su clima va absorbiendo todo el libro y se abandona absolutamente el simbolismo”.
“El gran cambio es la organización cronológica de los textos, pero también su selección. El Desasosiego era un libro muy impuro", añade el luso-colombiano. “Se habían incluido textos que no escribió Pessoa. Es un libro canonizado antes de tiempo, en términos filológicos, que tenía textos que no le pertenecen y en un orden póstumo subjetivo. Muchos fragmentos no eran del libro, las ediciones portugueses varían entre 400 fragmentos y 700. El lector español se va encontrar con la trayectoria diáfana de un work in progress tan decisivo como el de Joyce. Es una traducción que respeta las rarezas de la obra, con la que Pessoa soñó una lista de non-errata, para que no lo fueran a corregir".
Y de ese baúl siguen saliendo inéditos. Se acaban de publicar en Portugal las obras completas de su heterónimo Álvaro de Campos, uniendo poesía y prosa en un solo volumen. En España en los últimos meses Acantilado ha publicado Quaresma, descifrador, una recopilación de sus novelas policiacas, Funambulista ha preparado una breve antología del propio Libro del desasosiego, Gadir ha reeditado sus diarios escritos en inglés y Salto de Página ha hecho lo propio con el poema Antinoo mientras Abada publicaba el cuarto tomo de los poemas de Álvaro de Campos. “Siempre se ha dado una prevalencia a la poesía de Pessoa”, critica Pizarro. “cuando es un escritor muchísimo más amplio, que abarca el ensayo político, la filosofía, la psicología, el esoterismo, la astrología...durante décadas los investigadores se han centrado en su poesía. Redujeron los 30.000 folios escritos a los 4.000 de la poesía".
Poco a poco, dice Sáez, la imagen de Pessoa como poeta misántropo y ensimismado ha ido cediendo terreno a la imagen de un escritor curioso y preocupado por muchos de los acontecimientos sociales e históricos de su tiempo. “Pessoa es el mayor milagro de la literatura de los últimos 30 años. Murió bastante olvidado; los únicos que le publicaban eran sus amigos. Solo 50 años después de su muerte, sus restos fueron trasladados al monasterio de Los Jerónimos, reconocido por su propio país como se merece”, dice Sáez Delgado. “Yo le colocaría al lado de Borges como el mayor escritor del siglo XX”.
Libro del desasosiego. Fernando Pessoa. Edición de Jerónimo Pizarro. Traducción de Antonio Sáez Delgado. Pre-Textos. Valencia, 2014. 496 páginas. 27 euros.

 https://elpais.com/cultura/2014/10/22/babelia/1414000150_191182.html


Entre el fascismo y el hastío

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

El País, 4 / 10 / 2002


Una de las novelas más reveladoras de Alberto Moravia es La noia, expresión del hastío vital que poco tiene que ver con la asepsia moral del conformismo, materia prima de la en mi opinión su mejor novela: El conformista. La noia (El tedio El hastío o El aburrimiento), publicada en los años sesenta, refleja la desgana de una sociedad normalizada, en cambio La romana, editada en plena liquidación del fascismo, ubica su acción en los años de la conquista de Abisinia, tiempos de excepción en los que la lucidez narrativa y profesional de una prostituta, Adriana, sirve de punto de vista tanto de la Italia que pasa por su cama, como de la que comprende su derecho a la supervivencia. La propia madre de Adriana estimula el oficio de su hija, desde una percepción cínica de los valores convencionales de la mujer. El celestinaje de las meretrices pueden desempeñarlo madres desencantadas de su papel de hembras reproductoras sometidas a la más total de las relaciones de dependencia: el matrimonio.
El más cruel de los clientes de Adriana es Sonzongo, el fascista predeterminante y predeterminado, personaje opuesto al del irresoluto e indeterminado Astarita. La cama es el territorio del bien y del mal, porque el adolescente seriamente enfermo que fue Alberto Moravia en los años veinte hizo de la cama no sólo un lugar de postración y convalecencia de una tuberculosis ósea, sino también un territorio límite del comportamiento. El sexo revela pautas de conducta y repercute en lo individual y lo social, conclusión que subyace en la novelística de Moravia sin necesidad de haber leído textos de Wilhelm Reich. El sexo es desvelador porque desnuda a los protagonistas de sus disfraces sin que el escritor se pronuncie sobre la presunción de Paul Valéry: 'Lo más profundo en el hombre es la piel'.
He escrito que cuando Alberto Pincherle (Alberto Moravia) publicó en 1929 su primera novela, pagándose la edición de su propio bolsillo, sólo tenía 22 años y un desprecio total a la clase social de la que procedía. Debe su nihilismo no sólo a su enfermedad, sino también al hecho de pertenecer a una nítida promoción de nietos de Nietzsche, irritados por aquella sociedad dirigida por una burguesía acobardada por la rebelión de más masas. Moravia le hacía la autopsia al cadáver de una casta social dominante conformista, André Malraux fomentaba revoluciones en el mundo entero y ponía su literatura al servicio de un supuesto nuevo destinatario histórico. No es un paralelismo gratuito. Ambos partían de la náusea ante la conducta burguesa basada en la doble verdad: Malraux se investía de condottiero revolucionario ávido de una nueva comunión de los santos; Moravia, en cambio, tenía el talante marcado por su condición de adolescente largamente enfermo, luego joven apuesto de ojos magnéticos pero algo cojo, que no estaba para demasiadas acrobacias aéreas ni históricas. A pesar de aprehender la realidad desde el lecho, y del éxito de masas de La romana, considerada casi como una novela verde, Moravia historifica lo que ve y no recurre al erotismo como una audacia de la negación, caso de Henry Miller, o como un alarde descriptivo e igualmente desafiante, como el del Lawrence de El amante de Lady Chatterley,por citar los tres ejemplos que suelen darse de la hoy superadísima literatura erótica escandalosa. El sexo como canibalismo interpersonal le lleva a un pesimismo humanista, no sólo fomentado por la brutalidad de personajes como Sonzongo, sino también por la hipocresía o el conformismo que lo hacen posible, aunque siempre filtra una cierta compasión fatalista ante la imposibilidad del hombre para ser feliz o simplemente cumplir cualquier canon de ética necesaria. Literatura como trasunto de la cultura del desamor, practicada brutalmente en La romana o La campesina o con aderezos de gran cheff desganado en El conformista, el escritor fue frecuentemente considerado como un desafecto, instalado en un pesimismo aristocrático y desdeñoso porque los seres humanos no eran como él se merecía. Vigorelli, crítico imprescindible en aquellos años de explosión de la literatura italiana posfascista, escribió que Moravia estaba seriamente angustiado '... de la gangrena que amenaza al hombre moderno si no reencuentra la relación consigo mismo, con los otros, con las cosas, con la sociedad'. Si en la literatura de Moravia el sexo era la metáfora de la anexión, también representa la máxima afirmación de la vida, obligado a resolver el conflicto entre la nostalgia de la pureza y la utopía del paraíso. Escrita La romana en primera persona, en un lenguaje descaradamente culto, literario, impropio de Adriana, prostituta más pedagoga que erotizante que al final de su relato teme por la nueva vida que lleva en sus entrañas, hijo de padre asesino y madre puta. Pero resuelve, pragmáticamente, que lo importante era que naciera bien y se criara sano y vigoroso.

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LA ROMANA

ALBERTO MORAVIA


La Roma de Mussolini es el escenario de la más conocida novela de Moravia: La romana, la historia de Adriana, una muchacha sencilla, pobre y muy hermosa.«Con La romana he querido crear la figura de una mujer llena de contradicciones


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de A Moravia - ‎Citado por 18 - ‎Artículos relacionados
La Romana. Alberto Moravia. “Uso exclusivo Vitanet,. Biblioteca virtual 2006”. Page 2. PRIMERA PARTE. Page 3. CAPÍTULO I. A los dieciséis años, yo era una verdadera belleza. Mi rostro tenía un óvalo perfecto, estrecho en las sienes y un poco ancho abajo, los ojos rasgados, grandes y dulces, la nariz recta, en una sola ...


Reedición de La isla de Arturo, un clásico de la escritora italiana Elsa Morante, historia sutil de una infancia soñadora y solitaria. 




Atención a los pequeños movimientos del alma
Clásica. Algunos de sus libros son "Mentira y sortilegio", "La historia" y "Las extraordinarias aventuras de Caterina".


Prócida, una isla agreste en el Mediterráneo, muy cerca de Nápoles, con un pueblo de campesinos y pescadores pobres, es el mundo en el que transcurre la infancia solitaria de Arturo. Una isla en la que dos escasos edificios de relieve predominan con carácter siniestro. Un viejo palacio devenido presidio y un antiguo convento comprado por un comerciante, Romeo el Amalfitano, legendario misógino que solía dar grandes fiestas a las que sólo asistían los muchachos de la zona. Las chicas del pueblo, despechadas, habían bautizado su residencia como La Casa dei Guaglioni, la casa de los muchachos. El pequeño secreto que esconde la trama gira en torno a esos dos espacios ominosos.
La isla de Arturo fue la segunda novela de Elsa Morante, escritora premiada y muy leída en los años 50 y 60. Estuvo casada con Alberto Moravia, fue amiga de Passolini y amante de Luchino Visconti. Indiferente a las tendencias literarias de su época, por momentos Morante fue cuestionada por su círculo intelectual por escribir novelas de fácil lectura y de estructura clásica. En la isla de Prócida, donde transcurre la novela, se recluyeron Morante y Moravia durante el fascismo.
Siguiendo los tópicos del bildungsroman, la novela narra morosamente la infancia de Arturo, criado entre hombres, con un padre altanero, indiferente y avaro en señales de afecto. Heredero de la Casa dei Guaglioni por su amistad con Romeo el Amalfitano, Wilhelm Gerace –hijo de la novia alemana de un habitante de Prócida– se instala allí con su esposa. Ella muere en el parto y Arturo es entregado al cuidado de un ayo, Silvestro, mientras el padre parte de la isla por largas temporadas. También con una historia de abandono paterno en su haber, Wilhelm impone un estilo de vida rústico y tosco en el caserón decrépito. Sin jamás ir a la escuela ni juntarse con otros niños, Arturo trepa por las laderas escarpadas de la isla y sale a navegar en su barca, seguido de su perra Immacolatella. Aprende a leer gracias a Silvestro y sueña con realizar viajes a los mundos lejanos que conoce a través de los libros. Su mayor felicidad es correr detrás de su padre durante sus breves estancias en la isla.
Los motivos que llevan o traen al padre a casa son un misterio para Arturo, que imagina para él una vida aventurera. Hasta que un día Wilhelm aparece en la Casa dei Guaglioni con una nueva esposa, Nunziata. Como en todo triángulo, aquí los celos carcomen a Arturo y Nunziata sufrirá no sólo los desaires y las burlas de su marido sino también los desplantes de su hijastro.
Narrada en primera persona desde la adultez, el foco no se aparta casi del niño, de manera que el lector comparte su conocimiento limitado y percibe el mundo y la naturaleza desde sus ojos. En sus 429 páginas, el relato desmenuza con sutileza las interacciones entre los personajes, sus cambios de humor, sus reacciones, sin que ningún gran acontecimiento irrumpa en la trama. De la absoluta admiración por el padre en la infancia, Arturo llegará a descubrir hacia el final el secreto de su homosexualidad, eso lo hará separarse y partir de la isla. Pero ya habrá crecido y descubierto el amor, y la “madrastra” tendrá algo que ver en ello.
Quizás demasiado lenta o minuciosa para un ritmo contemporáneo de lectura, La isla de Arturo nos acerca con realismo a personajes peculiares, lejos de todo estereotipo: Nunziatella es una madonna napolitana dulce y risueña en su ingenuidad y su pobreza; Wilhelm, enigmático y sorprendentemente cruel, aunque su debilidad sale, finalmente, a la luz; Arturo, sometido a la intensidad de sus emociones, va descubriendo el mundo en soledad, a partir de sus carencias. Sin pancartas feministas, la novela es una denuncia original sobre las iniquidades de género y la falsedad de los estereotipos.
Atenta a los pequeños movimientos del alma, Elsa Morante crea un universo de fuertes contrastes, donde predomina el desamor, la agresividad y el maltrato, pero en el que, sin embargo, cierta felicidad solitaria, un relumbre de vida salvaje es posible.
La isla de Arturo, Elsa Morante. Trad. E. Guasta. Lumen. 432 págs.
https://www.clarin.com/revista-enie/literatura/atencion-pequenos-movimientos-alma_0_HJesDrTNG.html

Elsa Morante, un rescate necesario

Existen autores que desaparecen después de su muerte real, y autores que resucitan cuando se los había dado por muertos y bien muertos. Elsa Morante pertenece al segundo grupo, como muestra la recuperación de dos de sus obras esenciales, La isla de Arturo y Mentira y sortilegio.

LOURDES VENTURA | 12/05/2017 |  


Elsa Morante

Acaso la resistencia de Morante (Roma, 1912-1985) resida en una rica y vertiginosa prosa, y en unas historias tristes, magistralmente contadas, que reconocemos como cercanas. La recuperación en nuestro país de La isla de Arturo y de Mentira y sortilegio, por parte de Lumen, nos deparan el privilegio de acceder a una escritora que deslumbra y sorprende. 

Pese a ser considerada uno de los más destacados talentos literarios d Italia, en el canon occidental de Harold Bloom no aparece. Bloom no repara en la escritora que vendió 800.000 ejemplares en 1974 de su obra La historia (Gadir, 2008). Sí aparecen en el canon algunos de sus amigos: su esposo, Alberto Moravia, Natalia GinzburgCesare PavesePasolini Leonardo Sciascia. La mujer de Moravia compartió con todos ellos la experiencia del fascismo, el dolor de la guerra y la conciencia social de los intelectuales del siglo XX. 

Morante es una autora de difícil clasificación. Se desataba de todo, salvo de los gatos, a los que amaba, escribió a la intemperie, a ciegas, con saltos anacrónicos; se proyectaba “hacia el pasado cuando todo el mundo estaba mirando hacia el futuro”, como dijo el crítico Cesare Garboli. Si la neovanguardia italiana quiso borrarla del mapa por considerarla una escritora de emociones, fuera del tiempo y de fácil lectura, la crítica contemporánea la reivindica como una pionera del postmodernismo. La profesora Sharon Wood, al analizar Mentira y sortilegio, la compara con las novelas que rompen las barreras del tiempo y de los géneros tradicionales, mezclando el folletín con textos epistolares y alternando episodios realistas con escenas de literatura fantástica. En la ficción, la joven huérfana de impresionante imaginación que vive encerrada entre novelas de aventuras, nos delata a una escritora que vivió una infancia entre falsedades, enigmas y fantasías.

Los primeros lectores de Mentira y sortilegio fueron Cesare Pavese y Natalia Ginzburg, ambos editores de Einaudi. Es conocido el comentario de Ginzburg sobre aquella primera impresión: “Leí Mentira y sortilegio de un tirón y me gustó inmensamente. No estoy segura de haber tenido en aquel momento plena conciencia de su importancia y su esplendor. Sólo sabía que me fascinaba y que hacía mucho tiempo que no leía nada que me diese tanta vida y felicidad”. Einaudi publicó la novela en 1948 y recibió el premio Viareggio.

“Fue una escritora apasionada, registró con originalidad toda una época y hoy podemos releerla con la frescura de un descubrimiento”
Si las novelas cambian de piel, como afirma Vargas Llosa, y dicen cosas distintas a las nuevas generaciones, La isla de Arturo, publicada originalmente en 1957, está escrita con una sensualidad táctil y olfativa que nos traslada al sueño intemporal de los paraísos perdidos. Arturo Gerace, el joven huraño y abandonado en una isla casi desierta, nos cuenta sus tormentos y sus exaltaciones. En esas tierras, con un penal en lo alto del monte, y una casona gótica rodeada por el mar, se desarrolla una oscura urdimbre psicológica que conmueve e intriga. El trío que conforman Arturo, su misterioso padre, Wilhelm, siempre ausente, y la nueva esposa de este, Nunziata, una niña casi analfabeta, que dará a luz al nuevo hijo de Wilhelm, pasará por diversos estados: del amor al odio, del asco al deseo, de la violencia a la vulnerabilidad. Morante conoce bien los cambios del alma; es una maestra al desentrañar las vilezas humanas, con un aliento de belleza que desconcierta y atrapa. 

No debió de ser fácil ser Elsa Morante, criada en el humilde barrio del Testaccio, hija ilegítima de una maestra judía, Irma Poggibonsi, llevando el apellido de Augusto Morante, pero conocedora de la impotencia del padre legal y de los múltiples amantes de la madre. Toda su obra girará en torno a la filiación. Una de las constantes de sus universos serán las conflictivas, densas y, a menudo, dramáticas, relaciones familiares.

Escritora desde los 18 años, huyó de casa y vivió de artículos y relatos. Conoció a Moravia en una cervecería de la bohemia romana, en 1936, y se casaron en 1941. Su amor fue casi siempre tormentoso. Pese a que él acabó eclipsando a su mujer, Moravia afirmaba que Elsa trataba de anularle, “ y al mismo tiempo, por exceso de pasión, se anula a sí misma”, dijo en una ocasión. Cuando las fuerzas nazis iniciaron en Italia la caza de judíos, Moravia y ella, ambos de ascendencia semita, y conocidos antifascistas, huyeron al sur, y vivieron ocultos en una cueva en Sant'Agata.

Los 60 fueron duros para Elsa, sus amores con Luccino Visconti y con el pintor norteamericano Bill Morrow, suicidado en el 62, resultaron desgraciados. En ese año se separa de Moravia oficialmente, aunque nunca se divorciaron. Concentrada en un trabajo de largo alcance, publicó relatos y poemas, El chal andaluz (1963) y El mundo salvado por los niños (1968), mientras gestaba su obra de más alcance. El fresco del siglo XX, con su visión de la Segunda Guerra y del Holocausto, que la hizo conocida internacionalmente, La historia (1974), recibió una acogida controvertida. Los nuevos escritores afirmaban que se trataba de una escritura del pasado, aunque la mayoría de la crítica internacional la consideró una colosal obra de arte. 

Su última novela, Araceli (Gadir, 2008), fue un homenaje a sus amigas Araceli y María Zambrano, con la guerra española en primer plano. Después, una ruptura de fémur, un intento de suicidio al saberse incurable y paralítica, y mucho dolor. Una vez más, una gran escritora se eclipsaba casi olvidada en la soledad de una clínica. Murió de un infarto en 1985. Fue una escritora vibrante y apasionada, registró con originalidad toda una época europea, y hoy podemos releerla con la frescura de un descubrimiento. 

http://www.elcultural.com/revista/letras/Elsa-Morante-un-rescate-necesario/39606