PDF]Zygmunt Bauman Trabajo, consumismo y ... - A la izquierda de la razón

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NTRODUCCION. 1. Significado del trabajo: presentacion de la etica del trabajo. 17. C6mo se logro que la gente trabajara. 20. "Trabaje 0 muera". 2(1. Producir a los productores. 3:3. De "rnejor" a "mas". :37. 3.Ascenso y caida del Estado benefactor. 73. Entre la inclusion y 1a exclusion. 76. El Estado benefactor, sin trabajo.


¿Es posible combatir y vencer la pobreza con métodos ortodoxos? ¿Deberíamos buscar nuevas soluciones, como la de separar el derecho al sustento de la venta del trabajo en el mercado laboral y ampliar todo el concepto de trabajo tal como la sociedad lo ha entendido hasta ahora? Una cosa es ser pobre en una comunidad de productores con empleos para todos, y otra muy diferente es serlo en una sociedad de consumidores cuyos proyectos de vida se construyen en torno a la elección de lo que se consume y no alrededor del trabajo, la capacidad profesional o la disponibilidad de empleos. Si en otras épocas ser pobre significaba estar sin trabajo, hoy este calificativo se refiere, sobre todo, a los apuros de unos consumidores expulsados del mercado. Esta diferencia cambia la situación radicalmente y afecta tanto la experiencia misma de la pobreza como las oportunidades y perspectivas de resolver sus penurias.


El Manifiesto de SCUM - Valerie Solanas (1967). Traducción española de una clásico del feminisno radical de la década de los sesenta, precedida del ensayo SCUM, Cell 16 y la Revolución Hiperfeminista.

Elogio de la pereza refinada - Raoul Vaneigem (1996). Aportación del ex-situacionista belga Raoul Vaneigem a la serie Los Pecados Capitales del Centro Pompidou.



La pereza


JORDI SOLER

24 JUL 2010

El filósofo Raoul Vaneigem escribió un hermoso y subversivo texto sobre la pereza (Éloge de la paresse affinée, 1996), al que hay que acercarse en verano. Para no caer en un contrasentido, Vaneigem escribió un elogio, unas cuantas páginas, y no un tratado, que le hubiera exigido una cantidad de trabajo inverosímil para un filósofo que defiende con tanto ahínco la pereza. Para abrir boca, este filósofo belga tira esta bomba sobre ese concepto intocable y sacrosanto de la civilización occidental que se llama el trabajo: "Una alquimia involutiva que transforma en un saber de plomo el oro de la riqueza existencial".



Al no hacer nada estamos rigurosamente con nosotros mismos y desde ese estado puede proyectarse un apunte mental de trascendencia, imaginar proyectos, bosquejar golpes cruciales de timón o pueden establecerse, con otro perezoso, conversaciones de gran calado. "Las múltiples obligaciones que, desde el nacimiento a la muerte, hacen de la vida una frenética producción de nada (...). El trabajo ha desnaturalizado la pereza. La ha convertido en su puta, del mismo modo en que el poder patriarcal veía en la mujer el reposo del guerrero". A lo largo de este conveniente elogio, Raoul Vaneigem cita el Pays de Cocagne, ese territorio mitológico, muy popular en los textos medievales, donde había montañas de queso, ríos de vino y árboles de los que, además de fruta, colgaban enormes lechones ya cocinados. Los habitantes de Cocagne, o Cucaña, no padecían, desde luego, la tiranía del trabajo.

A veces una intensa actividad mental, una tormenta que pone patas arriba el intelecto, tiene la apariencia física de la pereza; pero a lo que hay que aspirar verdaderamente es a la pereza pura y dura, sin tormentas mentales que enturbien ese espacio diáfano, de calma chicha, donde puede manifestarse cualquier cosa, desde un puente de hierro forjado hasta una novela de 800 páginas. "La pereza es goce de uno mismo o no es nada. No esperen que les sea concedida por sus amos o sus dioses. A ella se llega por una natural inclinación a buscar el placer y evitar su contrario. Una simpleza que la edad adulta se empeña en complicar".

twitter.com/jsolerescritor

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de julio de 2010



Todos Coupat, todos culpables - Alain Brossat (2009). Este breve trabajo de Alain Brossat plantea el affaire Coupat como una suerte de revulsivo que ha sacado a la superficie las muchas miserias que atraviesan el espacio público francés (aunque podría aplicarse –imagino- a cualquier otra formación social): desde los miedos fingidos o reales –aunque previsibles- de los gestores del Capital hasta las lamentables contradicciones y la hipocresía, consciente o inconsciente, de los intelectuales de la izquierda radical. Unos y otros habrían contribuido, según su autor, a vaciar de sentido la propuesta de los chicos de Tarnac y a hacer ilegible un texto tan corrosivo –y, en efecto, tan potencialmente peligroso- como La insurrección que viene.



JesuCristo RastaCuero y Otros Textos - Francis Picabia (1920). Versión 1.o. "Quien no ha leído Jesucristo Rastacuero es verdaderamente el último de los gilipollas. Y ha habido muchos, porque no salieron más que 1060 ejemplares. Hay muchos gilipollas; estamos rodeados de gilipollas. Tú el primero" (Serge Gainsbourg).