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PikettyThomas. La crisis del capital en el siglo XXI: Crónicas de los años en que el capitalismo se volvió loco. - 1ª ed. - Buenos Aires : Siglo Veintiuno ... del capital en el siglo XXI. El proteccionismo: un arma útil… si no hay otra mejor. 89. ¿El crecimiento podrá salvarnos? 91. “Libé”: ¿qué significa ser libre? 95. PARTE III.+









El Capital en el siglo XXI



Antonio Quero 

Reseña del importante libro de Thomas Piketty, quien augura para este siglo un regreso del capitalismo patrimonial: un futuro con crecimiento lento y desigualdades cada vez mayores, que solo podrían mitigarse mediante impuestos mundiales sobre el capital.

¿Han sido los últimos treinta años una pesadilla neoliberal de la que la crisis nos ha despertado y, en cuanto la socialdemocracia recupere la iniciativa política, volveremos a la época dorada de crecimiento y reducción de las desigualdades del Estado social de mediados del siglo XX? Thomas Piketty responde negativamente. No es pesimismo o una conjetura sobre la impotencia de la socialdemocracia, es el resultado de un análisis pormenorizado sobre la evolución de la riqueza y las desigualdades en los principales países desarrollados en los últimos doscientos años.
Los hechos son inapelables: el rendimiento del capital (r) ha sido sorprendentemente estable históricamente, en torno al 5 %, mientras que la tasa de crecimiento (g) ha oscilado entre el 1 y el 1,5 %. El crecimiento entre el 3 y el 5 % de las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial es una excepción. En estas condiciones, donde r>g, los patrimonios tienden a acumularse a un ritmo mayor del efecto redistributivo del crecimiento por el aumento de la producción y los salarios, generándose desigualdades crecientes que, en los últimos años, han superado el pico de desigualdad que se produjo justo antes de la Primera Guerra Mundial, cuando elstock de capital equivalía a entre seis y ocho años de la renta nacional total. Hicieron falta dos guerras mundiales y “el suicidio de los rentistas” entre las dos guerras (es decir, vivieron por encima de sus posibilidades en el sentido de que el gasto anual que les generaba su ritmo de vida era mayor que la renta que percibían de su patrimonio) para redistribuir las cartas y empezar casi de cero.
Tras la Segunda Guerra Mundial, precedida por la Gran Depresión y las políticas redistributivas que inspiró, el fuerte crecimiento de las economías en reconstrucción y expansión y la agresiva fiscalidad progresiva, con tipos marginales superiores de alrededor del 60-70 % en Europa y del 80-90 % en Estados Unidos, así como el acceso generalizado a la educación y los seguros por enfermedad, desempleo o vejez, aseguraron el acceso de las masas trabajadoras a un pequeño patrimonio, convirtiéndolas en clases medias. Si en 1913 un 10 % de la población acumulaba la práctica totalidad de la riqueza nacional, en la actualidad ese 10 % sigue poseyendo la mayor parte, pero ahora hay un 40 % que disfruta de un pequeño patrimonio, mientras que el 50 % restante cobra un sueldo o una prestación pero no acumula patrimonio y no deja casi nada a sus herederos. Esa emergencia de una “clase media patrimonial” es para Piketty la mayor transformación estructural del reparto de la riqueza en los países desarrollados. Con la ralentización del crecimiento y las rebajas fiscales de la revolución conservadora de los años 1980, la clase alta patrimonial vuelve a emerger: el patrimonio del 10 % más rico crece exponencialmente mientras que el del 1 % más rico lo hace estratosféricamente.
La perspectiva para el siglo XXI, una vez que las economías emergentes hayan alcanzado la madurez y la población mundial se estabilice, es una tasa de crecimiento del orden del 1 ó 1,5 %, mientras que el rendimiento del capital seguirá en torno al 5 %. La implicación evidente es que el reparto de la riqueza acentuaría su senda divergente hasta alcanzar cotas social y democráticamente inaceptables.
Esta radiografía completa del capitalismo patrimonial se encuentra en el imponente último libro de ThomasPiketty [1]Le capital au XXIe siècle. Sin haber sido todavía traducido a ningún otro idioma, esta obra de Piketty de casi mil páginas se haconvertido inmediatamente en una referencia de las ciencias sociales[2]. Ya antes de su publicación, Thomas Piketty, un brillante economista francés de 41 años, era unreferente mundial en el estudio de las desigualdades de renta. Junto con Emmanuel Saez, de la Universidad de Berkeley, y Anthony Atkinson, de la Universidad de Oxford, han construido una base de datos monumental sobre las rentas altas, la WorldTop Incomes Database, en la que también ha colaborado el joven economista argentino Facundo Alvaredo.
El fuerte impacto del libro de Piketty se explica por varias razones. La primera es el carácter inédito y exhaustivo de un estudio del capital, tanto de las rentas como del patrimonio, en los países desarrollados en la mayor escala temporal que permiten los archivos, es decir, prácticamente, desde la Revolución Francesa que instauró en Francia un censo patrimonial, la Revolución Industrial en Reino Unido y la independencia en Estados Unidos. Sobre otros países, como Alemania, Japón, Canadá o Suecia, las estadísticas fiables disponibles empiezan a finales del siglo XIX. Todos estos datos se pueden consultar en un anexo técnico en internet que constituye una auténtica mina documental. La segunda razón son las conclusiones empíricas que se extraen de este estudio y que contradicen, como veremos a continuación, axiomas de la teoría económica hasta ahora inamovibles. La tercera son las nuevas leyes del capitalismo que se deducen del análisis de los datos. Por último, Piketty, que pertenece a la estirpe de los intelectuales franceses preocupados por el devenir político del mundo en el que viven, ofrece una perspectiva inquietante sobre la evolución previsible del capitalismo patrimonial en el siglo XXI y se moja proponiendo soluciones.
El primer axioma que se derrumba a la luz de los datos es el de los rendimientos decrecientes de Ricardo, que serviría a Marx, aplicándolo al capital, para predecir la crisis del capitalismo por la caída de los rendimientos del capital a medida que éste se acumula. Ciento treinta años después de la muerte de Marx, el capital acumulado ha superado cualquier previsión imaginable en la época del ideólogo del socialismo, pero su rendimiento sigue siendo sorprendentemente estable en torno al 5 %. El progreso tecnológico, el crecimiento de la población, el acceso a la educación y, recientemente, la globalización y la sofisticación de los mercados financieros, han permitido al capital encontrar constantemente nuevas oportunidades de fructificar. Piketty no demuestra teóricamente de dónde procede esta sorprendente estabilidad del rendimiento del capital, pero su lectura de lo que nos enseña la historia económica deja poco lugar para la duda.
Otro mito que se derrumba es la visión optimista de Kuznets de una reducción de las desigualdades amedida que el desarrollo económico y humano avanza. Kuznets basó su predicción en una serie temporal de datos relativamente corta, entre 1920 y 1950. El paso a la escala del muy largo plazo operado por Piketty demuestra precisamente lo contrario, puesto que la relación r>g se muestra constante en la historia, y que la excepción es el breve periodo entre 1950 y 1970. En este sentido, los datos también hacen tambalearse otro supuesto básico de la economía neoclásica, que implicaría una tendencia hacia la igualación entre las rentas del capital (r) y el crecimiento económico (g).
El análisis frío y objetivo de los datos, así como de las dinámicas en juego que los arrojan, ofrece una perspectiva para el siglo XXI poco alentadora, con una economía mundial instalada, desde hace treinta años, en una senda firme de acumulación cada vez mayor de riqueza en lo alto de la pirámide. La ley de hierro de r>g conduce a la victoria del rentismo sobre la meritocracia, en la que “el pasado devora al futuro”. El capitalismo patrimonial ya conoció una evolución similar en el siglo XIX que desembocó en 1913 en niveles de desigualdad sin precedentes. Nadie puede desear un nuevo conflicto mundial devastador para deshacer esa desigualdad, por lo que Piketty se adentra al final con valentía en el terreno de las propuestas para atenuar o corregir dicha evolución. La principal de ellas es la instauración de un impuesto mundial progresivo sobre el capital, tanto de los activos inmobiliarios como mobiliarios y neto de deudas.
Piketty no se hace ilusiones sobre la viabilidad política de su propuesta, aunque argumenta convincentemente sobre su viabilidad en el seno de la Unión Europea si existiera la suficiente voluntad política (Piketty no esconde su optimismo relativo acerca de la deliberación democrática en base a los datos y las conclusiones a las que nos llevará la acumulación de riqueza más allá de lo socialmente soportable). Pero la considera una “utopía útil” en el sentido de que obliga a cualquier otra solución a medirse con respecto al ideal teórico que constituye dicho impuesto mundial progresivo sobre el capital. También demuestra los beneficios que comportaría, más allá de la recaudación, la cooperación fiscal internacional necesaria para su implantación.
No hay espacio aquí para mencionar otras cuestiones apasionantes tratadas por Piketty con una claridad pedagógica al alcance de cualquier ciudadano formado, desde la distribución de la renta hasta la historia de los sistemas impositivos, pasando por la causalidad entre el desmantelamiento de los tipos marginales superiores “confiscatorios” y la explosión de los sueldos de los altos ejecutivos. Tampoco cabe una crítica más detallada del hecho de que el análisis y las tesis de Piketty reposen sobre el estudio pormenorizado de las estadísticas pero no sobre una investigación de las fuentes y fuerzas capitalistas de creación de riqueza. Aún así, Le capital au XXIesiècle constituye una obra mayor no sólo por el amplísimo objeto de estudioque abarca y los múltiples frutos que otros investigadores podrán recoger del espectacular compendio de datos y análisis, sino por la lucidez y humildad con la que Piketty reconoce la pertenencia de la economía a las ciencias sociales y su deber de contribuir, desde la honradez intelectual, a enriquecer el debate democrático en aras de descubrir las políticas que producirán los resultados más acordes con los objetivos morales y sociales de una comunidad.


[1] Le Capital au XXIe siècle, Editions duSeuil, París, 2013, 972 páginas, 25 €.  
http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Capitalismo-desigualdad-siglo_XXI_6_224737531.html





[PDF]Capital en el siglo XXI - La Cosa

https://jcguanche.files.wordpress.com/2015/02/piketty-el-capital-en-siglo-xxi-1.pdf

de T Piketty - ‎2014 - ‎Citado por 3 - ‎Artículos relacionados
Capital en el siglo XXI / Thomas Piketty; traducido por Arthur Goldhammer. Páginas cm. Traducción de Le capitales au siècle XXIe del autor. Incluye referencias bibliográficas e índice. ISBN 978-0-674-43000-6 (alk. papel). 1. Capital. 2. La distribución del ingreso. 3. Patrimonio. 4. Economía Laboral. I. Goldhammer, Arthur,.


Thomas Piketty 


Considerado por algunos como una figura tan influyente en el plano económico como lo es Marx, su libro El capital en el siglo XXI (2014) no sólo se convirtió rápidamente en un best seller sino que ha marcado el actual debate económico, convirtiéndose en la obra más relevante de las últimas décadas. 
























PDF]Esto lo cambia todo - EspaPdf

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24 oct. 2016 - Esto cambia todo es una brillante explicación de las razones por las que la crisis climática nos desafía a abandonar definitivamente la ideología de «libre mercado», a reestructurar la economía global y a rehacer nuestros sistemas políticos. En este libro, Naomi Klein sostiene que el cambio climático es ...







En este ensayo, la periodista canadiense Naomi Klein sostiene que la crisis climática no puede ser abordada desde la tesis del neoliberalismo, que fomenta el consumo compulsivo y despilfarrador, y que ha dado lugar a mega-fusiones y acuerdos comerciales hostiles al medio ambiente. El libro ofrece una brillante explicación de las razones por las que la crisis climática nos desafía a abandonar definitivamente la ideología de «libre mercado», a reestructurar la economía global y a rehacer nuestros sistemas políticos. Naomi Klein sostiene que el cambio climático es una señal de alerta que nos obliga a replantearnos nuestro actual modelo económico, ya fracasado en muchos aspectos, y defiende que la reducción masiva de emisiones de gases de efecto invernadero es la única oportunidad de acortar las enormes desigualdades económicas, replantear nuestras democracias fracturadas y reconstruir las economías locales. Con un estilo muy directo, la autora desafía nuestras conciencias con esta obra provocativa que pone el cambio climático en el centro de la política.

El equívoco del amor viene de que uno es feliz e infeliz al mismo tiempo; el sufrimiento iguala la voluptuosidad en un torbellino unitario. Es por eso que la desgracia en el amor crece a medida que la mujer comprende, y, por ende, ama mucho más. Una pasión sin límites hace lamentar que los mares tengan fondo, y es en la inmensidad del azul donde uno sacia el deseo de inmersión en lo infinito. Al menos, el cielo no tiene fronteras y parece estar a la medida del suicidio.

El amor es una necesidad de ahogarse, una tentación de profundidad. Es en esto que se parece a la muerte. Así se explica que sólo las naturalezas eróticas posean el sentido de lo finito. Amando, se desciende hasta las raíces de la vida, hasta la frialdad fatal de la muerte. En el abrazo no hay rayo que pueda traspasar, y las ventanas se abren hacia el espacio infinito, a fin de que uno pueda precipitarse. Hay mucho de felicidad e infelicidad en los altibajos del amor, y el corazón es muy estrecho para esas dimensiones.
El erotismo emana más allá del hombre; lo colma, y lo destruye. Es por ello que, agobiado por esas oleadas, deja pasar los días sin percatarse de que los objetos existen, las criaturas se agitan y la vida se gasta, pues, atrapado en el sueño voluptuoso del Eros, con mucho de vida y de amor, ha olvidado lo uno y lo otro, de manera que al despertar del amor, a los desgarramientos innegables, sigue un derrumbe lúcido y sin consuelo.
El sentido más profundo del amor no se encuentra en el “genio de la especie”, ni tampoco en el rebasamiento de la individuación. ¿Tendría el amor esas intensidades tempestuosas, esa gravedad inhumana, si fuéramos simples instrumentos donde personalmente nos perderíamos? ¿Cómo admitir que nos comprometeríamos con sufrimientos tan grandes, únicamente para ser víctimas?
Los sexos no son capaces de tanto renunciamiento ni de tanto engaño. En el fondo amamos para defendernos del vacío de la existencia, y en reacción a ello. La dimensión erótica de nuestro ser es una plenitud dolorosa, propia para llenar el vacío que está dentro y fuera de nosotros. Sin la invasión del vacío esencial que corroe el nudo del ser y destruye la ilusión necesaria a la existencia, el amor sería un ejercicio fácil, un pretexto agradable, y no, por cierto, una reacción misteriosa o una agitación crepuscular. La nada que nos rodea sufre la presencia de Eros, que también es engañoso y atenta contra la existencia. De todo lo ofrecido a la sensibilidad, lo menos hueco es el amor, al cual no se puede renunciar sin abrir los brazos al vacío natural, común, eterno. Habiendo así un máximo de vida y muerte, el amor constituye una irrupción de intensidad en el vacío.
Toda esa intensidad es un ataque al vacío.
¿Soportaríamos el sufrimiento del amor si éste no fuera un arma contra el aburrimiento cósmico, contra la podredumbre inmanente?

¿Acaso nos deslizaríamos hacia la muerte, en el encantamiento y los suspiros, si no encontráramos en ello un medio del ser hacia el no ser?

  • María Jesús Espinosa de los Monteros



28/06/2017 -







 
VALÈNCIA. Hubo un diario que escandalizó a todos aquellos que osaron leerlo. Estaba escrito por una mujer que empleaba su cuerpo y su inteligencia como una arma de construcción masiva. Fue una de las primeras mujeres en firmar con su propio nombre los relatos eróticos que protagonizaba. Con ellos hacía vibrar a las mentes más excelsas de un país, incluso era capaz de conseguir que un matrimonio le deseara a ella, al mismo tiempo, con las mismas ganas. Esa mujer se llamaba Anaïs Nin y la diéresis que se aloja en su nombre no es lo único exótico que poseía. Sus Diarios amorosos –compuestos por Incesto (1932-1934) y Fuego (1934-1937)- están publicados en la editorial Siruela. Tal y como escribe Rupert Pole –albacea del legado de Nin- en la introducción al libro, “el diario fue su confidente último y lo escribió ininterrumpidamente entre 1914 y 1977”. Esto se traduce en decenas de miles de páginas que esta mujer apasionada y explosiva escribió a lo largo de más de seis décadas. 
23 de octubre, 1932
June, sin seguridad interior, solo puede mostrar su grandeza mediante su poder destructivo. Henry, hasta que me conoció, solo podía afirmar su grandeza en sus ataques a June. Se devoraban mutuamente: él la caricaturizaba; ella lo debilitaba al protegerlo. Y cuando han logrado destruirse, matarse, Henry llora la muerte de June y June llora porque Henry ya no es un dios y necesita un dios para quien vivir.
Anaïs Nin fue la protagonista de uno de los triángulos amorosos más famosos de la historia de la literatura. Henry Miller, famoso escritor norteamericano, dejó a su primera esposa e hijos tras conocer a la bailarina June Mansfield (o Miller). Al poco tiempo de conocerse, en 1924, se casan. La relación era tormentosa y en un arrebato provocado por la pasión pero también por la imposibilidad de escribir, Miller decide irse sólo a Europa. En la década de los 30 llega a París para hacerse sitio entre los famosos escritores e intelectuales del momento. Durante aquel tiempo, Henry apenas se comunica con June. En diciembre de 1931, Mansfield visita a su marido. Éste aprovecha la ocasión para presentarle a su nueva amiga, una joven escritora llamada Anaïs que con sólo 19 años había contraído matrimonio con el banquero Hugh Guiler. El primer encuentro entre Miller y Nin se produce en ese año 1931 cuando el primero tiene 40 años y la segunda apenas 28. Los diarios recogen las sensaciones de Nin tras esa primera conversación en la que salen a relucir temas relacionados con la literatura, por supuesto, pero también con la filosofía o la literatura. Pronto se convertirán en amantes. Un año después, en 1932, June vuelve a París y es entonces cuando comienza la relación entre June y Anaïs. ¿Cómo comenzó tal atracción fatal?
Tambaleante mi poder como artista, ¿qué otro poder me queda? Mi estímulo natural, mi vitalidad, mi verdadera imaginación, mi salud, mi vida creativa. ¿Y qué hará June con ellas? Drogarlas. June me ofrece muerte y destrucción. June me hechiza –habla con su rostro, sus caricias, me seduce, usa el amor que siento por ella para la destrucción–
Para Anaïs, June se convirtió en una obsesión, casi una extensión de su otra pasión, Henry. Para el matrimonio, por su parte, Nin era algo exótico que oxigenaba su relación. Los celos entre los tres, naturalmente, se despliegan en todas la páginas del diario, de manera que las combinaciones entre los tres se vuelven delirantes. 
Ha venido Henry y, al principio, hemos estado tensos. Luego ha querido besarme y no se lo he permitido. No, no podía soportarlo. No, no debía tocarme, me habría herido. Le sorprendió. Me resistí. Me dijo que me deseaba más que nunca, que June se había convertido en una extraña, que las dos primeras noches con ella no había sentido ninguna pasión. Que, desde entonces, era como estar con una puta.
Quizás la más notable de estas relaciones es la que se refiere a la condición de artistas de sus tres miembros: Henry, June y Anaïs. 
Yo he magnificado a Henry. Puedo hacer de él un Dostoyevski. Le infundo fortaleza. Soy consciente de mi poder, pero mi poder es femenino; exige combatir pero no vencer. Mi poder es también el del artista, de modo que no necesito la obra de Henry para magnificarme. No necesito que me alabe y, como soy artista antes que nada, puedo conservar mi yo –mi yo de mujer– en segundo término. No bloquea su trabajo. Doy sostén al artista que hay en él. June no quiere solo un artista, quiere también un amante y un esclavo.
La primera parte de estos diarios, bajo el título de Incesto, relatan la relación de Nin con su padre. Un vínculo que, de nuevo, se vuelve estrictamente erótico. Anaïs Nin es el nombre que tomó Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell, hija del pianista cubano-español Joaquín Nin y de una cantante de ópera cubano-danesa. Cuando la pequeña Anaïs tenía 11 años, su padre las abandonó. Veinte años después se encontraron y la relación se convirtió perturbadora e incestuosa. Así lo relata Nin en sus diarios:
En el momento de amar, la cara se exalta, se transforma completamente, femeninda, jubilosa (aunque nunca se distorsiona) por el erotismo, una alegría luminosa, un éxtasis, la boda abierta.
Cuando vuelvo a mi cuarto para coger una foto, Padre me sigue y permanecemos pegados el uno al otro, sin atrevernos a besarnos, sólo cuerpo con cuerpo. 
Nin jamás dejó a su esposo banquero que le permitía todo tipo de escarceos, no sólo con el matrimonio de June y Henry, también con otros hombres que aparecen en el diario como Allendy. No en vano, Nin estaba convencida de que el mayor gozo era la intimidad, la totalidad, la pasión absoluta. Ella misma se cuestionaba a menudo para saber en qué consistía su propio misterio:
¿Cuántas intimidades hay en el mundo para una mujer como yo? ¿Soy una unidad? ¿Un monstruo? ¿Soy una mujer? ¿Qué me lleva a Allendy? La pasión por la abstracción, la sabiduría, el equilibrio, la fuerza. ¿A Henry? La pasión, la vida ardiente y desmedida, el desequilibrio del artista, la fusión y la fluidez de los creadores. Siempre dos hombres: el que es y el que ha de ser, siempre el momento alcanzado y el momento siguiente, adivinado demasiado pronto. Demasiada lucidez.
Poco a poco, la escritora de diarios se convierte en escritora en mayúsculas que no sabe de qué modo vivir su propia vida:
Soy una escritora de páginas fantásticas, pero no sé cómo vivirlas.


ANAIS NIN
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Anais Nin
http://valenciaplaza.com/los-diarios-eroticos-de-anais-nin


FRAGMENTOS
Titian (1490–1576), Taller de Tiziano, 1564. Óleo sobre lienzo, 135 x 152 cm. Kunsthistorisches Museum, Viena.
“Exactamente como cuando Henry acaricia mis nalgas, experimento vivamente mis primeras impresiones de placer sexual: tenía yo nueve años, y con cuatro o cinco niños, vecinos míos en Uccle, nos encerramos en un oscuro porche y decidimos enseñarnos los traseros. La mano de un niño en la mía fue el primer estremecimiento de misterio sensual.”
“Quiso pegarme; así es como se excitaba con otra mujer. Empezó a golpear mis nalgas, zas, zas, y yo me reí. Pero, de pronto, se sintió afectado. Y se detuvo, aturdido por sus sentimientos, porque había visto las marcas de sus manos en mi «piel satinada»”.
“Cuando oye esto, Allendy me hace tender en la cama y me azota las nalgas, con dureza”.
“Henry rompió las cadenas. Encaro mi amor maduro. Cuando mi Padre y yo nos encontramos verdaderamente, después de veinte años, no es un encuentro, sino darme cuenta de la imposibilidad de encontrarme con él en la Tierra salvo como hombre y mujer, en la perfección del sexo. El Padre que yo imaginaba, fuerte, cruel, héroe, torturador, es suave, femenino y vulnerable. Con él, también Dios se humaniza y es vulnerable e imperfecto. Desaparecen mis terrores, mi dolor, la pasión sacrílega. Encuentro un Padre que es sagrado. Encuentro la sacralidad. Puedo, como dice Henry, «reconciliarme» con Dios también, porque soy libre”. 5 de mayo de 1933-
“Cuando, tensas, haciendo una pausa, reflexionamos, ya amanecía. June se metió vestida en la cama. Empezó a besarme, diciendo: «Qué pequeña eres, qué pequeña eres. Quisiera ser como tú. ¿Por qué soy tan torpe, tan desgarbada? Podría partirte en dos». Nos besamos apasionadamente. Adapté mi cuerpo a cada curva de su cuerpo, como si me fundiera con ella. Gimió. Su abrazo me rodeó con una multitud de brazos; el mío fue una rendición embriagadora. Me perdí. Perdí la conciencia en este lecho de carne. Nuestras piernas estaban desnudas y entrelazadas. Rodamos y nos empujamos unidas. Yo, debajo de June, y June, debajo de mí. Me llovieron sus besos de mariposa y los míos la mordieron.
“  16 de noviembre de 1932
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Imagen de archivo de Anaïs Nin EL MUNDO
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[PDF]Anais-Nin-Incesto-Diario-Amoroso - Espacio de Arpon Files

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ANAÏS NIN. Incesto, Diario Amoroso. Incest: From a Journal of Love (1992). AARRGGUUMMEENNTTOO:: Pocos escritos exploran el amor de una mujer con tanto detalle y con tanta sutileza como este diario inédito y no ... Sus obras son novelas de carácter erótico y estilo surrealista, si bien es conocida por su diario, que ...

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Rene Allendy Otto Rank
Anaïs Nin en el psicoanálisis
Guillermo Delahanty

I. Anaïs Nin en la habitación del psicoanálisis

El propósito del presente ensayo es describir el vínculo de Anaïs Nin con el psicoanálisis a dos niveles. Uno, la relación con Otto Rank, es decir, la atmósfera en la interacción de la paciente con el psicoanalista. Además, de ella como psicoanalista con sus pacientes. Es la situación analítica vista como un espacio ambiguo, transicional; y dos, una breve crítica psicoanalítica literaria de un cuento erótico de la escritora.

La paciente.

Anaïs Nin estableció una relación narcisista de doble con Rank (1). Un nexo de espejo. Ella generó en él vitalidad. 'Yo había despertado en Rank una sed de vida y libertad tal como Henry y June la despertaron en mí ¡Qué ironías!" (Diario 11, nov., 1934). Rank comprendió su alma confundida, "me sentía confundida, perdida". Ella imaginó que él podría entender sus fantasías incestuosas, su narcisismo, su arte literario. "No vivo una existencia intermedia. sólo vuelos, movilidad, euforia; o desesperación, depresión, desilusión, parálisis, conmociones y la ruptura del espejo" (Diario 1, nov., 1933). 
El primer encuentro fue en el consultorio de Rank en París, en el mes de noviembre de 1933. 
De las seis páginas que empleó la escritora, he seleccionado exclusivamente los diálogos psicoanalíticos:

Rank abrió la puerta: 
-¿Sí? ... 
-pase- dijo sonriendo.

Entraron a su gabinete, lleno de libros, la paciente se sentó en un sofá mullido, y el analista frente a ella.

-Así -dijo- que fue usted quien envió a Henry Miller a verme. (2) ¿Habría quizá preferido venir usted? 
-Quizá. Me pareció que las formulas del doctor Allendy no encajaban en mi vida. He leído todos los libros de usted y me parece que en mi relación con mi padre hay más que el deseo de vencer a mi madre.

Después de que Rank solicitó a Anaïs una exposición de su biografía hizo una disertación -según ella- de lo que significa el psicoanálisis y el arte, del modo de creación de la escritora, su universo literario y la construcción de ella misma, de sus mentiras convertidas en ficción. En resumen. La conformación de múltiples mujeres; una artista osada, alegre, animosa, generosa, e intrépida y la otra la complaciente del padre, la clarividente, amante de la belleza, crítica y exigente y aun otra para vivir en el caos que consuela a los débiles, claudicantes y confusos.

-¿Qué la trajo aquí? 
- me sentía como un espejo roto. 
-¿porqué un espejo? ¿Un espejo para los otros? ¿Para reflejar a los otros, o para vivir usted misma tras un espejo e incapaz de establecer contactos con la vida real? (Diario 1, nov., 1933).

Termina la sesión.

La feminidad, para Rank, es comprendida por el análisis del inconsciente, del modo de ser mujer, sus motivaciones proceden de su intuición, su instinto, experiencia y relaciones personales. El tratamiento psicoanalítico de acuerdo a Rank ha de ser breve, la neurosis es resuelta de frente, Rank cuenta de sí mismo a Anaïs. Ella relata que comenzó a escribir su diario para su padre que la abandonó en la infancia y sé re-encontraron en su juventud. Rank entonces le recomendó que dejara los papeles de lado que había utilizado para conquistar al padre, que se retirara a un departamento ella sola y que se liberara de las constelaciones: de las relaciones e identificaciones. Para esos momentos el diario constituía una defensa contra el análisis. El concepto de mujer de Anaïs fue revelado por el psicoanálisis, era equivalente al de madre o sea, proteger, cuidar, servir.

La psicoanalista.

En el mes de mayo de 1934 decidió convertirse en psicoanalista. Rank, no obstante, a su interpretación de que ella quería ser como él, la invitó a su curso en el Centro de Psicología en la Ciudad Universitaria. Anaïs Nin comienza a fluir. "Quiero ganarme la vida haciendo psicoanálisis, para así poder escribir corno quiera, no haciendo concesiones nunca. Y es útil para un escritor" (Diario I).
Toma clases con Frankenstein quizás se refiera a Carl, que después emigró a Israel (3). Anaïs en su entusiasmo fantasea seducir a Jung en Zürich. Para ella el hombre desea un doble, un gemelo, su otra mitad en la mujer. Por fin decide retirarse de la escuela de psicoanálisis
Rank le pidió a quien lo ha empujado a la vida, que la vida, que lo acompañe a Nueva York. Ella aceptó por dos meses.

"El psicoanálisis me salvó porque permitió que naciera mi verdadero yo, el más peligroso y doloroso nacimiento para una mujer" (Diario 1, nov., 1934). 
En Nueva York es secretaria de Rank. Rank le suplicaba que re-escribiera sus libros y que abandonara su literatura. Y él le empezó a enviarle pacientes.
"Cuando una persona está tendida en el sofá, y yo sentada donde no puede verme, siempre parece vulnerable. Si se le mira primero el cabello, luego la frente, se baja por la línea de la nariz y se llega hasta la boca, en la posición de dormir, sin máscaras defensivas, cualquier ser humano parece indefenso" (Diario 11, feb., 1935). 
Su clientela aumentó considerablemente. Ella permaneció sentada a contraluz. Desfilan pacientes ricos y pobres, ignorantes y cultos. "Evito el lenguaje clínico porque, como escritora, creo que el lenguaje tiene fuerza, poder..." (Diario 11, mar., 1935). 
La soledad y el aislamiento son los temas del análisis, y Anaïs se agita inquieta. Comparte las pesadillas, sumergida en el sufrimiento ajeno y desesperada por su impotencia. Se queda vacía. Cuando ella mentía a Rank lo hacía para demostrar la ceguera del psicoanálisis, "no era como el ojo de Dios de mi educación católica". 
Después de asistir a una reunión de psicoanalistas se sintió ajena. Quedó convencida a su regreso de que era solamente escritora. Se había creído una simuladora y no podía etiquetar vidas. "Yo me refugié en Rank, que podía ayudar a nacer a la escritora" (Diario 1 de feb. 1934). En el mes de junio de 1935 Anaïs Nin, ya había abandonado su profesión de psicoanalista.

El cuento.

Anaïs Nin escribió cuentos eróticos. Analizo el cuento "Dos hermanas". Las dos eran diferentes, una rechoncha y vivaz, la otra, graciosa y delicada. Jugaban sexualmente con sus dos hermanos. La atmósfera familiar era puritana. Una de ellas se casó y su esposo trabajaba en los cruceros, y de pronto apareció un joven que sería su amante. Una de las hermanas se mudó a vivir con la otra. Las dos dormían en cuartos próximos, separados por un baño.

Una mañana, mirando por la ventana, Dorothy vio que Edna salía de la casa. No sabía que Robert estaba en el dormitorio, durmiendo. Entró al baño a lavarse. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy, creyéndose sola, no se preocupó de cerrarla. En aquella puerta había un espejo. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el kimono. Se sujetó el pelo en alto, se maquilló la cara. Tenía un cuerpo magnífico. Todos los movimientos que hacia delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Los pechos bailaban con sus movimientos. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas.

Entonces el amante de la hermana la acosó e hicieron el amor, para ella era su primera experiencia sexual completa. Ella reflejó su imagen erótica en el espejo y él la miró provocándole excitación. Es un ofrecimiento inconsciente de una a la otra. 
Otto Rank en su análisis sobre el doble en literatura lo describió como "el misterioso doble de una división independientemente y visible del yo (sombra, reflejo). (4) La relación entre el doble y las imágenes en el espejo, las sombras, los fantasmas. Edna es el doble de Dorothy, a los ojos del amante la imagen de una refleja a la otra. En el espejo se representa el doble, o sea la sombra, la imagen de Dorothy es la sombra de Edna. Las dos hermanas se complementan. El doble es una protección narcisista contra la destrucción del yo y una negación del poder de la muerte. Cuando la hermana desaparece del cuarto queda su imagen en el espejo vista por el amante. Una sustitución de un incesto velado, es decir, la hermana ofrece inconscientemente al amante, y él es el puente de relación entre las dos, y él juega el papel del niño en tanto que la madre es el primer objeto del deseo infantil de de espiar, en palabras de Rank. 
El cuento es una representación interna de la relación de Anaïs con June, o sea, un vínculo de objeto narcisista.

"En el café advierto cenizas bajo la piel del rostro. Desintegración. Siento una terrible ansiedad. Siento ganas de abrazarla. Noto como retrocede hacia la muerte y yo estoy dispuesta a acoger la muerte para seguirla, para abrazarla. Se muere ante mis ojos. Su belleza provocadora y sombría se apaga. (Henry, June y yo, dic., 1931).

Anaïs Nin emplea sus fantasías creadoras para expresar su deseo no gratificado. La obra de arte le permite resolver el conflicto con el uso de una mínima cantidad de energía. Un ahorro económico. Ella fue abandonada por su padre que no había querido tener una hija. (5) Sufrió, lo añoró en su ausencia. En su presencia lo repudió y ella buscó muchos amores sin encontrar realmente a su padre, se relacionó entre otros con Miller y supongo, en un nivel profundo, su relación con June también era una búsqueda de madre.


II Anaïs Nin del diván a la cama o el encanto psicoanalítico

En la primera parte registré los testimonios de la escritora redactados en sus diarios (6), intimidades que omitieron las relaciones sexuales incluidos en las dos obras póstumas cuyas publicaciones no han trastornado a nadie de los participantes porque los actores del drama trágico del abandono de Anaïs han fallecido. El propósito de esta parte es informar detalladamente sobre la vida sexual de Anaïs Nin con sus psicoanalistas Allendy y Rank, con sus amantes June y Henry, su escarceo con Artaud y el incesto con su propio padre. Por supuesto omito las otras relaciones con otros personajes.(7) 
Anaïs Nin pertenece al grupo de escritores como Henry Miller que exploraron la esfera de la sensibilidad sexual. Para Norman Mailer, nadie había escrito del modo de Miller y quizá tampoco alguien la pueda realizar con semejante maestría, en que revela un lugar y una época a través de su palabra. El escritor tuvo capacidad de montaje fílmicas en sus obras literarias. Sus descripciones sexuales son soberbias.(8) Miller en Trópico de Cáncer describe la experiencia sexual desde la sensación externa, va por delante la erección y describe los pliegues internos vaginales cuando va penetrando. Miller es intrusivo. En cambio Anaïs Nin, atrapa, incluye. Explora el espacio interior, la sensación interna que vivencia en la relación sexual. la ocupación de un cuerpo y el erotismo de la caricia, una descripción sutil, pasajera. En suspenso. Cubre. 
Despliega sus grandes alas para suspenderse en lo sabiduría y sensualidad Ella escribió que era la mujer que daba ilusión y recibía a cambio la imaginación del hombre: su esposo Hugh, Miller. Allendy, Artaud. Rank y su padre

En Henry Miller. su mujer y yo escribió sobre su encuentro sexual con June y Henry. Conoció a Miller en diciernbre de 1931, un norteamericano descendiente de una familia judío rusa.


June Mansfield (9)

Cuando Anaïs miró a June que avanzaba hacia ella desde la oscuridad del jardín; Vio por primera vez a la mujer más hermosa de la tierra. 
En enero de 1932. escribió que cuando le mostró su capa negra contempló la belleza de su cuerpo:

Al sentarse en el sofá de abajo, la abertura de su vestido dejaba al descubierto el nacimiento de sus pechos; sentí deseos de besarla allí. Yo me hallaba muy turbada y temblorosa.

Miller

Describe su primer encuentro sexual con Miller en marzo de 1932:

-Ven a mi habitación - dice. 
Qué rígido es el velo que me envuelve y Henry trata de desgarrar, mi temor a la realidad. Nos encaminamos hacia su habitación y dejo de sentir el suelo, pero siento su cuerpo contra el mío. 
-Mira la alfombra de las escaleras, está raída -dice y yo no la veo, sólo percibo la ascensión. Tiene mi nota en las manos. 
-Léela le digo al pie de la escalera -y me iré -Pero le sigo, No veo su habitación cuando me abraza mi cuerpo se derrite. La ternura de sus manos, lo inesperada penetración, hasta lo más hondo de mi ser pero sin violencia. Qué extraño y suave poder siento.

Allendy (10)

Con Allendy el 7 de diciembre de 1932 alas 7:30: 

Y hoy nos hemos besado loca, locamente, Estaba frenético porque me marchara... Aquella hora de borrachera en brazos de Allendy, en su enormidad, su firmeza, su poder, la embriaguez de sus caricias, su mano en mis piernas, en mis pechos, y lo que permanece más grabado en mi memoria es que no hubo pausa ni interrupción, ninguna vuelta a la realidad. Cuando oí el timbre del siguiente paciente, eché a correr pero, en la puerta, en el momento de salir, Allendy seguía besándome en los ojos, en la comisura de mi boca, en mis orejas, y lo dejé así, cuando los dos estábamos en la cresta del vórtice de la confusión, un vórtice que me ha seguido devorando toda la tarde, toda la noche, todo el día de hoy.

Artaud

El 13 de junio de 1933 Anais vive un torrido romance con Artaud a quien ella designa de cualquier manera como homosexual.

Todo giraba alrededor y dentro de mí. Se arrodilló. Se arrodilló delante de mí y habló violentamente, prendiéndome en sus ojos, y olvidé sus palabras. Todo lo que recuerdo es que me sacó de mi misma, de mis resistencias. Me senté allí, magnetizada y mi sangre lo obedeció. Me besó vorazmente, fieramente, y me rendí. Mordió mi boca, mis pechos, mi garganta, mis piernas.
Pero no pudo. Hubo una pausa, muerta e intensa. Su rostro se contrajo, luego glácidamente, se sentó. Y ello le dio consuelo.

Padre

El 26 de noviembre de 1932 escribió que siendo niña de once años lamentó la marcha de su padre. El incesto estaba allí, acentuado, por la convergencia del intelecto, del arte, y una vez los profundos tesoros de la reflexión.
El primer día que inicia incesto con el padre lo escribió el 23 de junio de 1933: y expresa que al día siguiente vestía con negligé‚ de satén y él estaba recostado en su cama. Sin poder moverse, dice que ha tenido un sueño con ella y ella responde que también con él, enseguida el padre la provoca con nombrar a Freud y a todos los psicoanalistas porque en realidad la desea como mujer, sin sentirla como hija, entonces susurra:

-Déjame besar tu boca -dijo.

Y me rodeó con sus brazos. Dudé. Me torturaba la complejidad de mis sentimientos. Quería su boca, pero sentía miedo, como si fuera a besar a un hermano. Tentada, al mismo tiempo asustada y deseosa. Tensa. Sonrió y abrió su boca. Nos besamos, y aquel beso desató una oleada de deseo. Yo estaba inclinada sobre su cuerpo y sentí su deseo en mi pecho, duro y palpitante. Otro beso. Más terror que gozo. El gozo de algo innombrable y oscuro. Era bello, como un dios, y femenino, seductor y cincelado, duro y suave. Pasión intensa.

-Debemos evitar la posesión -dijo-, pero oh, déjame besarte.

Acarició mis pechos y se me endurecieron los pezones. Me resistí, dije que no, pero mis pezones se pusieron duros. Y cuando su mano me acarició -oh, que sabías eran sus caricias- me derretí. Pero, durante todo el rato, una parte de mí seguía dura y aterrorizada. Mi cuerpo se entregaba a la penetración de su mano, pero resistía, resistía al placer. Me resistí a mostrar mi cuerpo. Sólo desnudé mis pechos. Me sentí¡ tímida y retraída, pero apasionadamente conmovida.

-Quiero gozar, gozar -decía él.

Y sus caricias fueron penetrantes sutiles; pero yo no podía y quise escapar de él. De nuevo me eché sobre él y sentí¡ la dureza de su pene. Lo descubrió y lo acaricié con mi mano. Vi cómo se estremecía de deseo.
Con una extraña violencia, me levanté la negligé‚ y me puse encima de él.

-Toi, Anais Je n'ai plus de Dieu

Extasiado su rostro, y yo frenética por el deseo de unirme con él...ondulándome, acariciándolo, pegada a su cuerpo. Su espasmo fue tremendo, con todo su ser. Se vació por entero dentro de mí...y mi entrega fue inmensa, con todo mi ser, sólo con aquel rincón de miedo que me impedía el supremo espasmo.

Ella entonces quiso dejarlo, correr, sentía repugnancia, pero temió su vulnerabilidad, no podía lastimarlo con su huida, y ella sentía el peso de la culpa. El 11 de julio de 1933 ella dice que quiere ir a psicoanálisis con Rank para recibir la absolución, y el 7 de noviembre de 1933 tocó a la puerta de Rank.


Rank

El proceso de enamoramiento y entrega a Rank se inicia el 27 de marzo de 1934 en que ella sueña que hace el amor con Rank.

Un sueño y la actuación son relatados el 19 de mayo de 1934:

Anoche soñé con un beso apasionado, Fui a él pensando únicamente en el beso. Y adivinó todo. 
Tantos momentos, cuando nos mirábamos sin hablarnos, trastornados. La noche en que me fui pensando que me amaba (el dia en que a sus ojos me convertí en mujer).

El 30 de mayo escribió que el martes decidió convertirse en psicoanalista y en el diario de la mismo fecha escribió que en la Próxima sesión va a besarlo vestida con un vestido nuevo:

No pude hablar. Me levante de la silla, me arrodillé delante de él y le ofrecí mi boca. Me abrazó muy apretadamente, no podríamos hablar.

1 de junio de 1934, relata:

Hoy no fue tímido. Me arrastró hasta el diván y nos besarnos salvajemente, como borrachos. Parecía fuera de sí y yo no podía entender mi abandono. No había imaginado una armonía sensual.

Y en cada sesión posterior un vínculo sexual. El 13 de julio de 1934 escribe que ama a un filósofo trágico, con un fondo de amor y patetismo judío

Anaïs recibe a su primer paciente, un peluquero, comunista, un judío yugoslavo el 6 de octubre de 1934, y al celo siguiente narra su relación con Rank fuera del diván y del consultorio:

En el tren estuve soñando, Cuando me vio en la estación, dio un salto y corrió hacia mí y me basó apasionadamente. Me pareció que me amaba como yo, había amado a Henry, con aquella llamarada saltarina de gestos. 
Aquella noche nos besamos durante horas. Nos acariciamos, enredados, soldados. 
Le di el anillo que me re galó mi Padre, rompiendo así el lazo que me unía o él. Quiso darme el anillo que le había regalado Freud, Quería deshacerse de su padre. 
Contemplamos la aurora. Nos separamos sonrientes en la estación, pero sentí físicamente se marcha, como si me desgarraran la carne.

Para Rank, de acuerdo a la misma paciente. las tendencias lesbiánicas de Anaïs eran más imaginativos que físicas por su identificación con el padre. Ella descubrió el amor por lo verdad exacta en oposición a las deformaciones artísticas, y reconoció su aversión de ser mujer con su ser niña, esposa y amante. Ella vio en Rank a su doble.


Corolario

Es posible suponer con los testimonios de la autora de que ella actúa la perversión, es decir que ha constituido una estructura perversa.(11) Para Piera Castoriadis-Aulangier en la estructura perversa del sujeto existe una idealización y una complicidad con la madre, el perverso habla genialmente sobre ley sin razón de deseo, justifica su acto por el plus del placer, entrampa por la fascinación, hay un desafío, con una intención de escándalo y un ultraje a las costumbres, se establece un contrato y un ritual.(12) Así fue el escenario creado por Anaïs Nin, aunque Aulangier se refiera a la perversión en el hombre, nos asombra que la escritora sedujo, cautivó y depositó su placer a su padre, a Rank, Allendy, a Miller y a June. Sin embargo, siguiendo la hipótesis de Granoff y Perrier, de que en la mujer no existen las perversiones sexuales sino lo que puede pervertirse en la mujer es la libido y no la sexualidad, o sea, una forma de perversión del narcisismo,(13) significa entonces que Anaïs Nin no es una perversa e incluso, tampoco cometió incesto, porque los autores no admiten que la relación de padre e hija exprese la prohibición de incesto.(14) Tal vez existe una conexión del placer sexual con el misticismo, en la siguiente frase de Anaïs Nin:

Siento que soy corno una Santa Teresa del amor, que nadie conoció la exaltación, el fervor místico, la totalidad destructiva de mi amor. Como me quema y me devora. Y todo esto puede ir a Rank, Lo quiere, lo da; siente como yo. Da (7 de julio de 1934).

Y yo mismo concluyo:

¿Y sí todo fue una fantasía?

Notas:

1 Otto Rosenfeld nació en Viena en 1881 y en 1901 cambié su nombre por Rank. Era un hombre, solitario que escribió dramas de teatro. Su interés literario y por el artista antecede a su descubrimiento del psicoanálisis. Adler lo presenta a Freud. Fue secretario de la Sociedad Psicoanalítica de Viena de 1903 a 1915. Un psicoanalista profano que obtuvo su diploma médico en 1912. En ese mismo año funda junto con Sachs la revista Imago. Rank se analizó con Freud. Desde su ruptura con Freud vive en París de 1926 a 1935, luego se mudó a New York donde permaneció hasta 1939 y de allí a California, con su nueva esposa, que era su secretaria, disfrutando de la vida por poco tiempo, porque murió de una enfermedad infecciosa 30 días después de la muerte de Freud. Cf. Samuel Eisenstein (1966) "Otto Rank (1834-1939). El mito de] nacimiento del héroe", en: Franz Alexander, Samuel Einsenstein, y Martín Grotjahn (cornps), Historia del psicoanálisis, vol. 1, Paidós, Bueno Aires, 1968.

2 Henry Miller menciona a Rank en sus cartas a Anaïs Nin.

3 Este autor publicó: Psychopathy. A Comparative Analysis of Clinical Pictures. Nueva York, Grunne & Stratton, (1959).

4 Otto Rank (1914). El doble. Orión, Buenos Aires, 1976, p. 42

5 Joaquín Nin nació en Cuba. Estudió música española para cantar y violín compuestas en el siglo XVIII. Cf. Friederich Herzfcld, Los maravillosos caminos de la música (1950), Barcelona, Labor, 1966.

6 Anaïs Nin Diario I (1931-1934); DiarioII, (1934-1939); Diario III (1939-1944). Gunther Stuhlmann (editor). Barcelona, Bruguera, 1981.

7 Anaïs Nin (1932-1934) [1992], Incesto, Madrid, Siruela.

8 Norman Mailer. (1976), Genio y lujuria. Henry Miller, Barcelona, Grijalbo.

9 Juliet Edith Smerth, judía, la esposa de Heinrich Miller.

10 Anaïs Nin relató su proceso analítico con Allendy en su libro sobre Henry y June. Cf. Anaïs Nin (1931-1932) [1986], Henry Miller, su mujer y yo. Buenos Aires, Emecé‚ Editores. El libro que fue llevado a la pantalla de manera espléndida por Kaufman. [René Allendy (1889-?) Conjugó la homeopatía y el psicoanálisis. Un médico interesado en el ocultismo, escribe sobre astrología y estudió lenguas orientales. Fue secretario de la Sociedad Psicoanalítica de París de 1928 a 1931. Artaud fue su paciente a quien le administró laudano. Cf. Elisabeth Roudinesco, La batalla de 100 años. Historia del Psicoanálisis en Francia (1986), Vol. 1 (1885-1939), Fundamentos, Madrid, 1988.]

11 Para un tratamiento sobre la perversión en el arte, véase mis ensayos: "Ética y perversión. Análisis de la película Crímenes y pecados de Woody Allen", Tramas, # 7, 1994, pp. 39-46. Y mi libro Notas de psicoanálisis y literatura. México, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 1999, donde analizo la estructura perversa, del Diario de ladrón de Jean Genet. Mis referentes de la perversión para el primer ensayo se fundamentan desde el punto de vista de Masud Kahn, y para el segundo a partir del enfoque de Chasseguet-Smirgel.

12 Piera Castoriadis-Aulangier (1978), "La perversión como estructura", en: La perversión, Buenos Aires, Editorial Trieb.

13 Wladimir Granoff y François Parrier (1979), El problema de lo perversión en la mujer. Barcelona Grijalbo.

14 Para una revisión del tema, véase mi libro Tabú del incesto, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 1982.

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