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    domingo, 5 de agosto de 2018

    La fábrica del pop, en el país de la belleza El fenómeno del Hallyu

    Matilde Sanchez
    Hyuna. La solista estrella, en la banda Triple H junto a dos ídolos de TVXQ

    El fenómeno del Hallyu, la “onda” de entretenimiento audiovisual que instaló a Corea del Sur como potencia en la región y el mundo, visto por dentro, bajo el signo de una nueva diplomacia.   

    Desde Seúl
    Idolos, así se los llama. Son los jóvenes cantantes y bailarines que dan vida al K-pop y han sido la quilla de lo que se conoció hace 20 años como Hallyu, la “onda coreana”, que puso de moda el país y que comprende un mundo de entretenimiento, desde telenovelas y películas de animación hasta videoclips, mascarillas de belleza y cirugías estéticas. En la primera década del milenio, el K-pop se convirtió en parámetro de la modernidad surcoreana y de su profunda transformación, hacia los públicos nacionales como un espejo halagador, y hacia el exterior, como un ejemplo irrefutable y exitoso del libre mercado.
    Corea del Sur, un país con pocos recursos naturales y con dos grandes hechos traumáticos en un siglo –la ocupación japonesa de 35 años y la guerra que dividió el territorio–, depende casi por entero de su ingenio, al punto de haber convertido la innovación tecnológica en el rasgo central de su identidad. Si desde 1860 y durante un siglo su principal producto de exportación fue el propio pueblo coreano, una fábrica de emigrantes, el K-pop cuenta una historia de triunfo nacional, de sacrificios históricos que encontraron su recompensa.
    El inglés Mark Morris, estudioso de Asia en la Universidad de Cambridge y curador en varios festivales de cine asiático, observa que “el fenómeno de la nueva Hallyu existía antes de que los periodistas chinos acuñaran la palabra, hacia 1998, asociando varios términos coreanos, como estilo y tendencia popular. De todas las manifestaciones que se conjugan en el Hallyu –subraya–, el pop juvenil es el más intensamente comercializado”.

    2NE1. Más de una treintena de videos y 15 discos simples, cantaron hasta 2016.
    2NE1. Más de una treintena de videos y 15 discos simples, cantaron hasta 2016.
    Ídolos, decíamos, ni bailarines ni cantantes. Y la palabra tiene tal entidad que hasta engendró un singular modo de culto, los sasaeng fans, notorios por su admiración obsesiva. El K-pop ha redefinido el fandom o reino de los seguidores en tiempos de redes sociales. Algunas estrellas llegan a tener 100 acosadores a tiempo completo, siguiéndolos de las salas de grabación a los ensayos y dormis colectivos. Es que estos ídolos no viven por su cuenta... En el tour de Super Junior en Singapur, en 2011, la banda fue perseguida por ocho coches de sasaeng que acabaron en un accidente de tránsito. En 2013, la persistencia enfermiza de los fans llevó a endurecer la Ley de Ofensas Menores con penas más graves para el acoso directo. Estos jóvenes artistas, sin embargo, también dan peleas laborales ante un capitalismo extremo, contra las poderosas compañías de contenidos y discográficas, con exigencias pregremiales, como el derecho a guardar cama por enfermedad.

    KCON 2007. Un encuentro anual en Nueva Jersey sobre el fenómeno surcoreano que devino una subcultura. Foto: Krista Schlueter/The New York Times.
    KCON 2007. Un encuentro anual en Nueva Jersey sobre el fenómeno surcoreano que devino una subcultura. Foto: Krista Schlueter/The New York Times.
    K-pop es un todo, un universo completo de consumos. Los ídolos juveniles suelen comenzar en una banda pop al final de la adolescencia, y luego estelarizarse en otros soportes y géneros, desde telenovelas a programas de entretenimiento. Esta adaptación del pop mainstream estadounidense no surgió como política estatal para neutralizar la invasión de blockbusters radiales en inglés, sino de la adhesión inesperada cosechada por un joven rapero y su banda, Seo Taiji & Boys, quienes en 1992 lanzaron el primer disco de hip-hop coreano, el simple “Nan Arayo” . En 1996, la revista Billboard divulgaba que sus primeros tres álbumes habían vendido cada uno 1,6 millones de copias y que el cuarto rondaba los 2 millones. El año pasado el grupo BTS hizo una remake de su popular canción Come Back Home, producida y dirigida por el propio Taiji, para el proyecto llamado Time Traveller, que celebra los 25 años de su debut. El K-pop teatraliza así sus episodios fundadores. Los años 90 estallarían en hits semejantes de otras figuras más o menos espontáneas. Para cuando Seo anunció su retiro, en 1996, ya se habían conformado las grandes discográficas y productoras audiovisuales tal como se las conoce hoy. Keith Howard, profesor de Música en la Universidad de Londres, estima que por cada dólar invertido el K-pop llegó a pagar 5. En 2016, la Agencia de Contenidos Creativos de Seúl revelaba que el streaming y el profuso merchandising ad hoc llegaron a un récord de U$S 4700 millones.
    A los reflejos empresarios se sumó un régimen de subsidios estimulantes. En 1998, el Ministerio de Cultura, Deporte y Turismo abrió una oficina para monitorear el potencial del K-pop como producto global y de identidad, y le destinó mil millones en 2005 –hoy los creadores de animación y videojuegos, por ejemplo, reclaman ese régimen especial para poder competir con la hegemonía japonesa. Ese mismo año se creó el Ministerio de Igualdad de Género y Familia, que supervisa los contenidos televisivos y radiales ejerciendo a menudo una censura que atrasa un siglo. El surgimiento del público ávido en Japón y China convirtió el K-pop en marca país y en contenido para un eficaz “soft power”, material de penetración ideológica para esta península que, en su división, es la última rémora de la Guerra Fría. No obstante, todavía faltaba el envión para aglutinar la masa crítica de audiencia que implantaría el K-pop en el mundo entero, hasta influir en los videos de Madonna, en los géneros que pasaron por el show de Marcelo Tinelli, en el concurso anual que tiene sede en Buenos Aires, la ciudad pionera en América latina.
    Es probable que para la mayoría de nosotros, el primer encuentro con el K-pop haya sido el que sigue siendo el video más visto de la historia de YouTube: Gangnam style, con mil millones de clicks. En 2012, el cantante PSY desembarcaba en las radios y PCs bailando al galope tendido. En su origen un músico con estudios de conservatorio en California, PSY desplegaba una visión satírica tan grotesca de la vida hiperconsumista en Seúl y de los “nuevos ricos” surcoreanos que quizá halagó a los occidentales: les propuso otro espejo, una Miami asiática.
    Gangnam no solo es uno de los barrios más opulentos de la capital, sino también sede de las numerosas clínicas de cirugía que han alterado las fisonomías tradicionales del país.
    En Seúl, la capital global de la estética, la naturaleza puede ser considerada un atavismo superado. Algún día, cuando las Coreas se reunifiquen –si es que tal cosa ocurre–, quedarán en contraste los rostros y sus matices: el rostro capitalista será más pequeño y angosto, con ojos de doble párpado y una nariz recta, que habrá adquirido un puente –el puente de la nariz, entre los ojos, favorece en la pantalla televisiva. Basta repasar el seleccionado nacional de beldades en las bandas K-pop, para comprobar que el diseño y la industria del embellecimiento los ha diversificado, en lugar de dejarlos a todos idénticos. Hay estereotipo en el hiperconsumo, pero este permite costear todas las transformaciones...
    Mientras crece, el K-pop demora en liberarse de la supervisión del Estado y de los medios privados. La censura puede ser ejercida por las propias radios y por la televisión, o por el Ministerio de Igualdad de Género. Los parámetros son estrictos en materia de sexualidad (no hay picos entre las chicas, como en los clips japoneses) y de lenguaje. La etiqueta de lo “controvertido” obsesiona a este país modernizado a ritmo de vértigo.
    La glorificación de la juventud como sinónimo de libertad, extremada por el contraste con la Corea comunista, se vincula con cierta amnesia histórica, según el profesor John Lie, de la Universidad de Berkeley (ver pág. 8). Mientras tanto, el país de las lolitas y los efebos ha ido creciendo y cada quien pelea por su sitio. Los modelos de la nueva masculinidad, en estos elencos, se dejan adivinar en los cortes de pelo y el énfasis metrosexual, más que en la expresión del gesto (exceptuemos a la banda under SsingSsing, que incluye a una chica trans y un repertorio de canciones chamánicas.) En general, las agencias reclutan jóvenes artistas a partir de audiciones. La vida de los elegidos tendrá un giro drástico, pues los más promisorios abandonan el colegio y la familia para entrenar como atletas, en un régimen comparable pero más riguroso, que los clubes de fútbol juveniles. Exploran los talentos de cada postulante, combinando las personalidades y perfiles. Echan al ruedo las bandas y años más tarde decidirán quién continúa como solista, quiénes son los más aptos para iniciar una carrera actoral.
    Existe K-pop con casi todos los estilos musicales, con base en el rap, en el hip-hop y el R&B, baladas románticas y baladas bobas con chicle globo y frutillitas. Y en todas las acepciones de la cultura juvenil, desde la colegiala, el Varsity americano y la mística del baseball, o bien con robots y androides. Los clips se ruedan en palacios versaillescos, en prados y paisajes de El señor de los anillos, en naves y estaciones espaciales. Todo salvo el mundo de las adicciones; cero Angst depresivo del adolescente. De hecho, la mera sugerencia del consumo de alcohol es objeto de censura.
    Tomemos a Lee Hyo Ri; comenzó a fines de los 90 con Fin. K.L., un cuarteto de chicas que cantaban canciones alegres y pegadizas, al estilo Cris Morena. Hyori evolucionó, en 2003 fue lanzada como solista con tremendo éxito. Se convirtió en actriz y productora ejecutiva de programas. Por el contrario, el grupo Pentagon, de diez jóvenes y varias nacionalidades, surgió de una competencia en un reality, Produce 101, que hasta tiene su línea de ropa.

    Pentagon. Una banda cosmopolita algunos fueron reclutados a los 12 años y otros en un reality.
    Pentagon. Una banda cosmopolita algunos fueron reclutados a los 12 años y otros en un reality.
    Aunque el futuro de los ídolos es previsible, a veces deparan sorpresas fuera de libreto. Hyuna, solista insignia de Cube Entertainment, integró la primera oleada en las Girls generation. Años más tarde, integró 4minute. Al lanzarse como solista, su primer simple, Ice Cream, fue etiquetado con una R debido a sus “movimientos sugerentes” y un “vestuario mínimo”. Pero sus fans aumentaron.
    El caso de TVXQ! es interesante, una de las bandas asiáticas más fuertes, apodada los “reyes del pop”. Se lanzaron en 2003 como un grupo de cinco. Pero en 2009 tres de sus integrantes demandaron a la productora y TVXQ! hizo una pausa por más de dos años. Continuaron hasta 2015 y llegaron a tener dos clubes de fans: uno de ellos, Cassiopeia, está considerado el más numeroso del mundo, con un millón y medio de fans en Corea del Sur.
    El legendario PSY, hoy invitado estrella en programas de alto ráting, ha continuado con sus sátiras y su baile desaforado, quizá en una parodia del Elvis decadente de Las Vegas. Su video Gentleman, que ridiculiza el machismo y los modales rústicos del coreano medio, fue prohibido por su imagen inicial, en la que patea un cono de tránsito.
    Pero hay otra cosa que recorre secretamente el Hallyu, cuando las canciones y las coreografías caen y pierden seducción: lo que queda del ídolo es su primer plano. La belleza está en el centro de la subjetividad coreana –¡y de su economía! En la capital mundial de la cirugía plástica, el hallyu es también una apariencia de diseño perfecto, blanca y pulida, hiperurbana. Los turistas de cirugía que llegan del extranjero –sobre todo de China– representan un tercio de la economía de Seúl. Algunas de las clínicas de Gangnam lo tienen todo orquestado, desde el transfer en el aeropuerto, la estadía y la traductora para la convalecencia posoperatoria. Algunas clínicas proveen certificados de identidad para los extranjeros lanzados a transformaciones masivas que harían la foto del pasaporte difícil de acreditar… En el circuito de galerías subterráneas que conecta las estaciones de subte, en el barrio comercial de Myendong, uno de los productos más ofrecidos son las lentes de contacto de color. Con marcas triviales, como Siesta o Cocktail, son de siliconas e hidrogel y se emplean por un día, a modo de maquillaje. Por la calle se ven bellas coreanas perfectas con ojos de colores raros, iris con aros jaspeados de fantasía que hacen pensar en un felino de otro planeta. Las marcas de maquillaje “hecho en Corea” son interminables, los negocios siempre están llenos.
    Corea del Sur, el país que patentó la BB cream con una mezcla inédita de maquillaje, emulsión hidratante y pantalla solar, y jubiló con ella las pesadas bases tradicionales, relanzó hace pocos años el gran regreso de las mascarillas faciales, que se venden por docena y packs mensuales: “una cada noche, usted las pela fácilmente antes de apagar el velador”
    https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/fabrica-pop-pais-belleza_0_r1OGqUGHQ.html
















    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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