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    viernes, 13 de julio de 2018

    LOS INÚTILES [I VITELLONI] (1953) DE FEDERICO FELLINI Está entre la docena de las mejores películas de todos los tiempos."









    Título original
    I vitelloni


    Año
    Duración
    101 min.
    País
    Italia Italia
    Dirección
    Guion
    Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano
    Música
    Nino Rota
    Fotografía
    Otello Martelli (B&W)
    Reparto
    , , , , ,
    Productora
    Peg Film
    Género
    Drama | Neorrealismo
    Sinopsis
    Los vecinos de un pueblo de las costa adriática italiana son gentes amables y corteses que se dedican afanosamente al trabajo. Sólo cinco jóvenes rompen la armonía de la comunidad; ninguno de ellos ha trabajado nunca y ni siquiera se avergüenzan de ello. (FILMAFFINITY)
    Premios
    1953: Festival de Venecia: León de Plata
    1957: Nominada al Oscar: Mejor guión original
    Críticas
    • Una de las 10 películas favoritas del maestro Stanley Kubrick, según un listado que la revista americana Cinema pidió al director neoyorquino sobre sus preferencias en 1963.
    • "La película más bella de Fellini (...) Está entre la docena de las mejores películas de todos los tiempos."
    • "Un inefablemente conmovedor recuerdo semiautobiográfico que libera completamente el reluciente y fluido estilo poético de Fellini."
    • "Muestra todas las virtudes incomparables de Fellini -su sentido lírico del lugar, su afecto constante incluso por sus más desventurados personajes, su facilidad para sus composiciones diáfanas y bulliciosas- y muy pocos de sus supuestos vicios."
    • "Es mi película favorita de Fellini, posiblemente su apuesta más personal y de lejos su obra más divertida."




    Premi

    1953-1954
    Nastro d'argento per miglior regia
    1953
    Miglior attore non protagonista
    1957
    Leone d'argento alla Mostra di Venezia
    Nomination Oscar per miglior soggetto e sceneggiatura originali

    Curiosità

    “I vitelloni non voleva distribuirlo nessuno, andammo in giro a mendicare un noleggio come dei disperati. Mi ricordo certe proiezioni allucinanti. I presenti, alla fine, mi lanciavano occhiate di traverso e stringevano dolenti la mano al produttore Pegoraro in un’atmosfera di alluvione del Polesine. I nomi non me li ricordo e se mi li ricordo è meglio non farli. Mi ricordo una proiezione alle due del pomeriggio, d’estate, per il presidente di una grossa società. Venne con passo elastico, bruno, abbronzato sotto la lampada al quarzo, con la catenella d’oro al braccio, il tipo del venditore d’automobili, quello che piace alle donne. [...] Non lo presero. Finì a un’altra distribuzione che non voleva il titolo I vitelloni. Ci consigliavano un altro titolo: Vagabondi! Con il punto esclamativo. Dissi che andava benissimo, però suggerivo di rafforzare l’invettiva con un vocione da orco che sulla colonna sonora tuonasse Vagabondi! Accettarono il titolo soltanto quando Pegoraro gli diede altri due film che loro consideravano sicuramente commerciali. Ma sui primi manifesti e le prime copie non vollero il nome di Alberto Sordi: fa scappare la gente, dicevano, è antipatico, il pubblico non lo sopporta”.
    Federico Fellini, Fare un film, Einaudi, Torino, 1980, p. 53-54
    Tra i protagonisti il più inafferrabile è Alberto Sordi, che Fellini ha preteso contro tutti. Nel frattempo il comico si è impegnato con Wanda Osiris nella rivista di Garinei e Giovannini Gran baraonda ed è giocoforza, per averlo sottomano, seguire lo spettacolo in varie “piazze” tra le quali Viterbo e Firenze. Nel Teatro Goldoni, chiuso per inagibilità e pieno di topi, viene girato il veglione di carnevale; e un ambiente fiorentino viene utilizzato per il negozio di arredi sacri.
    Tullio Kezich, Fellini, Milano, Camunia, 1987, p. 193

    Critiche

    Giulio Cesare Castello
    I vitelloni riconferma la vena satirica più viva che oggi conti il nostro cinema; che l'atmosfera grigia della provincia (quelle strade notturne, per le quali echeggiano i canti e le battute sciocche dei vitelloni; quelle case povere, modeste o comode, in ogni caso onorate, in cui l'inutilità professionale di quei giovinastri trova rifugio ogni notte dopo l'ozioso girovagare; quel mare squallido; quei periodici sussulti di euforia artificiosa: la festa col concorso di bellezza, il veglione) ed alcune psicologie (quella del bellimbusto Fausto, quella del giullare Alberto, assai pittorescamente interpretato da Sordi, quella del "signorino" Moraldo) appaiono interpretate da un osservatore e psicologo assai acuto. Il quale, da buon moralista, sa spremere alla fine un senso dal suo racconto, che non vuol certo essere un semplice "divertissement".
    Troppi "leoni" al lido, "Cinema" (nuova serie), a. VI, n. 116, 31 agosto 1953
    Mario Gromo
    La freschezza non manca certo alla gamma di Fellini. Il suo maggiore merito è proprio quello di non badare al macchinoso, al prestabilito; ma di abbandonarsi a ciò che sente e risente, a momenti e stati d'animo apparentemente trascurabili o di secondo piano. Invece, in quei momenti è artista; e tutto rivela allora una vibrazione e un significato.
    "La Stampa", 9 ottobre, 1953
    Arturo Lanocita
    Anche se non conoscessimo la sua attività passata [...], basterebbero poche inquadrature per far chiaro che Federico Fellini è un umorista. Ma un umorista malinconico, ci sia o no contraddizione. Sorride, ma con amarezza. E' chiaro che il piccolo mondo neghittoso e turbolento ch'egli descrive gli dà la stessa sgradevole impressione che dà a noi, un mondo di creature sciupate, di superflue esistenze. Lo comprende, lo studia; non direi lo schernisca; piuttosto lo commisera, ma è evidente che cerca con ironia il contrasto tra il molto presumere e lo squallido essere.
    "Corriere della Sera", 28 agosto 1953
    André Martin
    Per le qualità del suo racconto, l'equilibrio e l'assoluta padronanza di tutto l'insieme, questo film sfugge sia alle categorie commerciali sia alle qualità provocanti che permettono di consacrare e di definire un'opera. Con un senso cinematografico efficace e sorprendente, Fellini dona una vita semplice e reale ai propri personaggi. Le sue caricature potrebbero essere feroci, ma egli li circonda di una simpatia senza indulgenza [...].
    "Cahiers du Cinéma", n. 35, mai 1954


    Los Inútiles (1953) surgió en un momento difícil para Fellini, puesto que su primera película como director en solitario, El Jeque Blanco (1952), había sido un fracaso de taquilla y su siguiente proyecto había sido rechazado por el productor (poco después conseguiría realizarlo bajo el título de La Strada).  Pero aun así, animado por la consigna de crear una comedia, Fellini escribió junto a Ennio Flaiano y Tullio Pinelli un guión basado en gran parte en sus experiencias de juventud que sería la base para el primer clásico de su carrera.
    La palabra “vitelloni” a la que alude el título original tiene una difícil traducción exacta. Sirve para definir a un hombre joven y vago que se dedica a perder el tiempo mantenido por su familia, sin perspectivas de futuro ni intención de buscar un trabajo. Ésos serían los protagonistas del film, cinco hombres sin empleo que malviven perezosamente en un pequeño pueblo: Fausto, un incorregible mujeriego; Alberto, dado a la juerga y la diversión fácil; Leopoldo, que aspira a ser dramaturgo; Moraldo, inmerso en sus ensoñaciones, y Riccardo. Para encarnar a estos don nadies, Fellini optó muy inteligentemente por prescindir de estrellas y otorgarles rostros poco conocidos. Moraldo fue interpretado por Franco Interlenghi, uno de los protagonistas de El Limpiabotas (1946); Fausto es Franco Fabrizi, quien apenas tenía experiencia en el cine, y un por entonces desconocido Alberto Sordi interpreta a Alberto, personaje que lanzaría su carrera. Además repite Leopoldo Vannucci, protagonista de El Jeque Blanco, y a un nivel más anecdótico el quinto personaje lo encarna el hermano de Fellini, Riccardo, cuyo parecido con el director es inconfundible.
    Los inutiles3
    Un primer aspecto a destacar es la presencia de una voz en off narradora que no obstante no se corresponde a la de ninguno de los personajes. Este narrador siempre se refiere al grupo de amigos en primera persona del plural (“nosotros”) dando a entender que forma parte del mismo, pero nunca le vemos en la pantalla. Aun así, es indudable que el personaje hacia el que el espectador se siente más cercano es Moraldo, quien adopta un punto de vista más distante respecto a todo lo que sucede en el pueblo. Al negarle a él la opción de ser el narrador, Fellini se permite cierta distancia respecto a los hechos e incluso respecto al mismo Moraldo, pero por otro lado, al crear un narrador en primera persona nos invita a acercarnos más a los personajes. No es un informador frío y lejano, sino alguien que se considera como parte del grupo y acentúa el tono nostálgico y autobiográfico tan importante en el cine de Fellini.
    Todos ellos deambulan sin rumbo a lo largo del film, con sus sueños más o menos difusos y culpando a ese pueblo sin futuro de todos sus males. Sugieren la idea de irse, pero nadie se atreve a hacerlo. El plano más recordado refleja esa idea: los cinco en el embarcadero mirando el vasto océano, una imagen que simboliza sus ansias de libertad y de escapar. Sus personalidades tan diferenciadas convergen en un desprecio común hacia el trabajo o cualquier actividad útil. En una escena especialmente divertida, durante un viaje en coche, Alberto se burla sin motivo alguno de unos hombres que están picando tierra con el peculiar insulto de “¡Trabajadores!“. Acto seguido el coche se avería y los obreros corren a atacarles mientras Leopoldo intenta defenderse arguyendo que es socialista.
    Los inutiles4
    De todo el grupo, Fausto es el modelo a seguir y de hecho, algunos se dejan bigote o perilla para imitarle. No obstante, cuando le fuerzan a casarse con la hermana de Moraldo (Sandra) por haberla dejado embarazada y a trabajar en una tienda de antigüedades, sus amigos acuden a espiarle burlonamente. Éstos le observan a través del escaparate mientras Fausto permanece con rostro abatido en el interior. De esta forma se remarca cómo viven ya en diferentes mundos: él casado y con trabajo, ellos siendo aún unos inútiles, ambos representan esas dos caras del espejo que es el escaparate. Pero lo interesante es cómo Fausto, el trabajador, es el objeto de burla por parte de sus amigos ociosos; cómo, al verse reflejados a sí mismos en ese escaparate como hombres de bien, se lo toman como una broma más que como algo que envidiar. Para hacer esto aún más ambiguo, más adelante Alberto confesará en un estado de borrachera que en el fondo envidia a Fausto y que deberían asentarse como él.
    La subtrama centrada en Fausto y sus adulterios llegará a su punto crítico cuando Sandra descubre la verdad y desaparece. Tras encontrarla en casa del padre de Fausto, éste le riñe violentamente y le castiga a golpes de cinturón, como si fuera un niño. Días antes, Fausto se quejaba de que le trataban como si tuviera cinco años, pero su inmadurez obliga a su padre a castigarle para que entienda lo que ha hecho. De esta forma, el principal conflicto de la película se cierra siguiendo una estructura circular que empieza y termina en la casa de Fausto: el film se iniciaba con el embarazo de Sandra y la bronca del padre de Fausto para que se casara con la chica y termina en la misma casa con una paliza por haber cometido adulterio. Precisamente como la estructura es circular, imaginamos que Sandra y Fausto están condenados a tener una vida desdichada plagada de infidelidades, del mismo modo que Leopoldo será siempre el eterno escritor frustrado atrapado en un pueblo donde no puede explotar su talento y Riccardo nunca llegará más lejos de cantar en eventos tan costumbristas como la ceremonia inicial (tan felliniana por cierto) de Miss Sirena.
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    Fellini opta por otorgarle al film un tono a medio camino entre la comedia y el drama, insuflándole a menudo un toque de patetismo. Eso queda especialmente patente en la escena en que la hermana de Alberto deja su hogar para fugarse con un hombre casado. Dicho momento es de un enorme dramatismo, pero Fellini contrarresta ese punto amargo haciendo que Alberto conozca la noticia al volver del carnaval, travestido y medio ebrio. Lo mismo se podría decir de ese extraño episodio tan felliniano en que el inocente Leopoldo lee su drama a un eminente actor envejecido para acabar descubriendo que su interés es meramente sexual.
    Uno de los aspectos en que el film flaquea es en la ausencia de un protagonista de peso que sustente todo un film coral, papel que parece otorgarse al compasivo Moraldo pero que le acaba viniendo demasiado grande. Aun así, sus encuentros nocturnos con el niño que trabaja de madrugada y sus miradas teñidas de melancolía nos hacen intuir a un personaje con unas inquietudes más profundas que sus compañeros. Cuando confirma que Fausto ha sido infiel a su hermana, Moraldo se aparta expresamente del grupo y lleva a cabo aquello con lo que todos fantaseaban y nadie se atrevía a hacer: abandonar el pueblo, huir de la existencia mediocre e infeliz que le esperan a su hermana y sus amigos. La conmovedora escena final en que acude a la estación sin avisar a nadie es la que nos da una pista más clara del talento de Fellini. Mientras el vagón se aleja, el director nos muestra a cada uno de los amigos de Moraldo durmiendo con un travelling que imita el movimiento de un tren al mismo tiempo que se oye la locomotora. Es como si Moraldo los estuviera visualizando mientras se despide de su pueblo natal. Esta combinación entre realidad y ensoñación es una de las pequeñas pistas del Fellini clásico.
    Los inutiles1
    En general se podría decir que Los Inútiles apunta hacia las claves del estilo de Fellini pero que aún no acaba de redondearlas. Las escenas comentadas anteriormente, la descripción de los ambientes festivos y lúdicos como el carnaval, la melancólica banda sonora de Nino Rota… Todo ello da pie a escenas muy notables pero no inolvidables, y apunta más bien hacia futuros logros, especialmente La Dolce Vita (1960) y Amarcord (1973). Lo que sí es reseñable es la voluntad de Fellini por escapar a la rigidez del neorrealismo en búsqueda de un estilo propio que aún estaba por madurar.
    No obstante, el film fue un enorme éxito que propulsó la carrera algo estancada de su creador. Pronto le llovieron propuestas para desarrollar una secuela, y aunque Fellini las rechazó, sí que tanteó durante años un proyecto bautizado “Moraldo en la ciudad”. Al final acabó desestimándolo pero muchas de esas ideas las reaprovecharía para una de sus obras cumbre, La Dolce Vita(1960). En esos siete años el cineasta ya había definido un estilo propio que le permitió tomar algunas de las características de Los Inútiles para dar forma a una de sus obras cumbre.
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    Los inútiles (título original: I vitelloni) es una película italiana (drama) de 1953, en blanco y negro, dirigida por Federico Fellini, escrita por Fellini y Ennio Flaiano, y con la música de Nino Rota. Fue galardonada con el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 1953.

      Sinopsis y análisis de los personajes

      Fin de verano en la ciudad balnearia de Rímini, en la costa del Adriático: un aguacero interrumpe la elección de «Miss Sirena 1953», y la hermosa joven Sandra se desmaya. Así se revela su embarazo a su familia y a su novio, Fausto. El joven Moraldo (hermano de Sandra y amigo de Fausto) y el propio padre de Fausto aconsejan fuertemente a éste que se case en breve plazo con Sandra.
      Tras la boda y el regreso de viaje de luna de miel de la joven pareja, en la estación balnearia fría y desertada y en sus playas venteadas y desoladas,1​ se revelan los caracteres de Fausto y de su pandilla. Excepto Moraldo, son «becerrones» de cerca de 25 años, inmaduros, que se tumban a la bartola en la vida, vagueando en un estado de tedio, parasitando a sus familias, esquivando el trabajo y evitando contraer responsabilidades. La palabra «vitellone» («becerrón») se empleaba en Pescara, de donde es natural el guionista Ennio Flaiano, para referirse a un joven zángano.
      Pero cada «vitelloni» tiene sus propias carencias:
      • Fausto es un mujeriego incorregible: aun joven casado y con niño, sigue corriendo las faldas, a veces ante los ojos de su joven esposa. Cuando su padre le facilita conseguir un trabajo en la tienda de un amigo suyo (que vende artículos de piedad), ese tenorio de playa se atreve a perseguir la dueña de cerca, y el marido le despide con cajas destempladas…
      • Alberto es un tímido en la calle, pero a casa señorea su madre viuda y vigila celosamente a su hermana. Durante la fiesta de Carnaval, pierde todo comedimiento, se emborracha, y, debajo de una máscara, baila sin freno…
      • Ricardo es un tonto, buen cantante, siempre listo para seguir a los otros de jarana.
      • Leopoldo es un escritor de poco fuste. Cuando un actor maduradísimo viene a actuar en el teatro de la ciudad, trata de mostrarle una de sus obras de teatro. Pero el joven se da a la fuga cuando se percata de que el viejo libidinoso2​ se interesa más por él que por su obra...
      Un día Fausto, una vez más, vuelve a casa por la madrugada, y se percata de que Sandra ha desaparecido con el bebé. Asustado, los busca por todas partes con sus amigos, hasta descubrirla en casa de su propio padre. El padre de Fausto, harto de las inconsecuencias de su hijo, lo muele a puñetazos y golpes de cinturón, lo que quizás surtirá un buen efecto de ahora en adelante…
      Pero Moraldo, cansado de debilitarse en ese marco estéril con esos amigos sin porvenir, sube de repente en el tren para Roma: va a buscar trabajo y una vida más amplia. Y el tren se lanza, mientras que los vitelloni, envarados en su mediocridad, se quedan en sus camas.

      Reparto

      Actores de doblaje



      Notas y referencias

      1. Volver arriba Las escenas mostrando a los muchachos vagando en invierno a orillas de la mar sombría y agitada (por supuesto recuerdos de los paseos del joven Fellini alrededor de su ciudad de Rímini) prefiguran la famosa escena de la resaca matutina en la playa, en el fin de La Dolce Vita.
      2. Volver arriba Vittorio de Sica rechazo cortésmente el papel…
      3. Volver arriba Y así muy diferente de las películas coloradas, oníricas y fantásticas del Fellini de los años 1970 y 80
      4. Volver arriba El León de Oro de 1953 no fue otorgado...
      5. Volver arriba Premio muy codiciado en el ambiente del cine, el concurso Étoile de Cristal («Estrella de Cristal de Roche» en español), creado por Georges Auric, existió desde 1955 hasta 1975
      6. Volver arriba : « ‘’campione de incassi’’ » según WP it.
      7. Volver arriba Ver el articulo en WP it.


      https://es.wikipedia.org/wiki/Los_in%C3%BAtiles

      Santos García Zapata

      Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

      Sitio Web: Editor Director

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