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    sábado, 21 de julio de 2018

    ¿Era Heidegger un Sith? Por Wolfram Eilenberger


    Ilustración de Juan Gaviria

    Traducción del alemán y notas de Viviana Castiblanco
    “La Fuerza era intensa en él”. Esta frase no solo aplica para Anakin Skywalker, protagonista de Star Wars, sino también para Martin Heidegger, el pensador alemán que comenzando los años treinta se adhirió al movimiento nacionalsocialista, convirtiéndose así en el Darth Vader de la filosofía contemporánea. Como en el caso de Anakin, fue el temor a la finitud de la vida lo que atrajo a Heidegger hacia el lado oscuro de la Fuerza.

    Desde una corta edad debió haber contado con habilidades especiales. Corto de estatura, pero de mente despierta, surgió como líder entre los suyos. A pesar de haber crecido en un pequeño pueblo en una provincia apartada, al ser un niño prodigio pronto suscitó el interés de sacerdotes, hombres iluminados, quienes lo buscaron y constatando sus talentos lo llevaron a la ciudad y le permitieron tener una formación académica. En poco tiempo, lo precedió la reputación de “rey secreto”, admirado tanto por sus profesores como por los otros estudiantes. Finalmente, cuando se hizo hombre, destronó a su propio mentor, lo envió al exilio y, en la cúspide de sus habilidades, sucumbió completamente ante la ilusión de poder proclamarse a sí mismo como el único maestro de una nueva era, de dirigir él mismo a los dirigentes.
    Esta historia suena conocida, ¿verdad? No obstante, en las líneas anteriores no estamos hablando de Anakin Skywalker o de Darth Vader, sino del filósofo alemán Martin Heidegger: uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. La similitud radica en que, al igual que Anakin hace mucho tiempo y en una galaxia muy lejana, Heidegger, el gran pensador, otrora sucumbió al lado oscuro de la Fuerza: a comienzos de la década de 1930 se afilió al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, alabando la figura de Hitler como el despertar de una nueva fuerza redentora del mundo.
    Tan pronto uno se ha embarcado en este experimento, las similitudes biográficas entre el caso de Skywalker/Vader y el de Heidegger resultan tan ineludibles, abarcadoras y precisas, que podrían motivar toda una investigación filosófica. No hay duda: la Fuerza era intensa en Heidegger. Tan intensa, como para limitarla a una simple comparación biográfica. Las razones para que Heidegger (Anakin) tomara el camino del lado oscuro de la Fuerza conducen directamente al núcleo central de su pensamiento, su cultura, e incluso a la esencia de la filosofía misma.

    La fuerza ha despertado

    El Zeitgeist de los años veinte (el espíritu de la época, su clima intelectual y cultural), en el cual Heidegger ascendió a maestro filosófico, estuvo determinado en Alemania por la toma de conciencia de la profunda crisis civilizatoria que el país estaba atravesando. Para ponerlo en términos de los créditos de apertura de Star Wars, episodio i: La amenaza fantasma, la República de Weimar se encuentra “en una situación caótica”, el Parlamento se muestra irresoluto y se pierde en “debates interminables”. Las dudas sobre la capacidad del sistema vigente para acabar finalmente con la crisis, sin dejar de lado la recesión económica, se vuelven cada vez más apremiantes, y el deseo de un líder más fuerte llena los corazones de muchos. ¿Qué hacer? ¿Cómo hallar una nueva autocomprensión para construir un nuevo orden? Estas eran algunas de las preguntas que Heidegger debía hacerse, como otros filósofos de la época.
    La propuesta de Heidegger para curar la crisis que atravesaba su sociedad nace de un diagnóstico filosófico sobre la decadencia, y en principio parece ser plenamente compatible con el pensamiento jedi. En el núcleo de este análisis el filósofo establece una distinción que puede ser entendida como algo entre el poder instrumental puramente técnico (“lo Gestell”¹ en sus palabras) y una fuerza en el sentido jedi: más bien espiritual y cercana a la naturaleza. Heidegger, el pensador, encuentra en su diagnóstico que toda la cultura occidental está decayendo hacia una dis-posición funcional determinada por la factibilidad técnica, y hacia una racionalización económica que aliena y desarraiga a los hombres, seres que por naturaleza buscan sentido, del verdadero origen de su existencia, su Dasein. Según su convicción, el hombre moderno se ha vuelto sordo, mudo e indiferente ante el llamado de la fuerza verdadera y original que yace en el centro de todas las cosas. Por tanto, el hombre-masa ni se entiende a sí mismo ni entiende el mundo en el que está; se encuentra en el peligroso estado de negación y “olvido del ser”.
    Pero en esta era oscura percibir el llamado del ser y su verdadero poder renovador del mundo, y hacerlo útil para el beneficio de todos, es algo reservado a unos cuantos sabios. La obra de Heidegger de finales de los veinte y la década de los treinta apela desesperadamente a una apertura hacia el potencial renovador del mundo de esta otra forma de la Fuerza, poética y cercana a la naturaleza. Por este motivo, al igual que muchos jedi, el filósofo aboga por ese ideal político –antidemocrático– según el cual solo aquellos pocos hombres sabios particularmente cercanos a la Fuerza pueden gobernar.
    En el contexto del realismo político de los años treinta, Heidegger considera el capitalismo norteamericano y el estalinismo soviético como los más poderosos representantes de una época completamente consagrada al poder de la técnica y a la racionalidad económica instrumental. Ambas propuestas de sistema político son para él, en últimas, expresión del olvido del ser; así mismo, las dos permanecen bajo el hechizo que desvanece la existencia (Dasein), provocado por la imposición de la técnica. Adicionalmente, haciendo eco de un delirio típico de su tiempo, Heidegger, el maestro, ve al pueblo judío ante todo como representante paradigmático de una cosmovisión (Weltanschauung) que, al carecer de una patria o naturaleza como referentes, se ha consagrado enteramente al pensamiento calculador de la dis-posición.

    El faro de la estrella de la muerte

    Quien desee hacerse una idea clara del tipo de mundo nuevo que Heidegger llegó a concebir en su pequeña cabaña, perdida entre las montañas de la Selva Negra –esto nunca es explícito en su obra–, puede imaginarse una mezcla entre los dos pueblos habitantes del planeta Naboo: los humanos, a los que pertenece la princesa Padmé Amidala, y los gungans, pueblo del posteriormente senador Jar Jar Binks. El resultado sería una suerte de sociedad medieval estamental, de gente noble y homogénea como los humanos, que controla la naturaleza con tecnologías orgánicas y sustentables, como aquellas cultivadas por los gungans.
    Siendo así, a principios de los años treinta, Heidegger, el pensador, sufre de una susceptibilidad interna muy anakineana: denuncia la disfuncionalidad del sistema vigente y cuenta con una interpretación independiente, profundamente factible y bastante jedi de las verdaderas razones de la crisis que atraviesa su patria. Por eso, es arrastrado rápidamente por el huracán de un nuevo dictador, Hitler, quien promete categóricamente una salida a la crisis y, además, anuncia en nombre del pueblo una nueva era, un tercer reino como vía alternativa que va más allá del comunismo y el capitalismo. Heidegger –y esto lo asocia con el caso de Anakin– cae en el lado oscuro de la Fuerza con la esperanza de defender el núcleo central de su doctrina y hacerla relevante.
    Muy pronto, y sin embargo demasiado tarde, Heidegger entiende algo que Anakin debe comprender también: el líder, el Führer, a quien imaginó como un salvador, es en realidad el definitivo y verdadero artífice de aquella era de la técnica instrumental, fría y sin escrúpulos, y de la política de intimidación aplicada en pro de reprimir la Fuerza.
    La figura de la Estrella de la Muerte, descomunal arma del nuevo emperador con la que este es capaz de borrar planetas enteros con un solo disparo, representa en Star Wars el triunfo del poder de la técnica sobre la Fuerza jedi. (La Estrella de la Muerte fue, sin duda, concebida por George Lucas –autor de la saga– como una alusión a la ambición que tenía Hitler de construir una superarma con características similares: la bomba atómica²). Respecto a Heidegger, la Estrella de la Muerte –y más aún la Base Starkiller– representa la más clara encarnación de su mayor pesadilla, a saber, una era de dominación universal de la técnica: se trata de una máquina de guerra aniquiladora convertida en un planeta entero.
    Los recientemente publicados Cuadernos negros (2014), las libretas de apuntes de Heidegger escritas en los años treinta (especialmente los tomos 94 y 95), aportan un conmovedor testimonio de la lucha interna que sostiene en esa época el filósofo alemán: por un lado, reconoce cada vez con mayor claridad la fatal, e incluso letal, equivocación que cometió al apoyar al nacionalsocialismo; por otro lado, no puede abandonar la esperanza de que la guerra global que están impulsando los nazis finalmente posibilite la liberación de la imposición de la técnica.

    1. Francisco Soler (La pregunta por la técnica, Editorial Universitaria 2007) sugiere traducir Gestell en la obra de Heidegger como “dis-posición” o “imposición”. Estos términos hacen referencia a una forma particular en que las cosas se develan en su ser: como dis-puestas para que se saque provecho de ellas de una forma racional y calculadora. En ese sentido, lo Gestell es la esencia de la técnica. Así, un río no se percibe como libre fluir del agua, sino como un recurso explotable para ciertos fines. O la Base Starkiller (que hace su primera aparición en El despertar de la fuerza) es dis-puesta por la Primera Orden como el lugar perfecto para erigir un enclave de operaciones y alojar una superarma, más no como un planeta vivo. Así mismo, las estrellas no son percibidas más que como la fuente energética idónea para alimentar dicha arma.
    En el texto usaré los términos “dis-posición” e “imposición” indistintamente.
    2. Tal vez haciendo gala de la usual prudencia alemana, el autor del texto no alude al hecho de que la Estrella de la Muerte, efectivamente, fue construida y utilizada para hacer volar un pueblo entero; pero no por el Imperio, como era de esperarse, sino por los rebeldes (EE.UU.).

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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