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    sábado, 2 de junio de 2018

    ¿Quién fue Jean Paul Sartre? ( DOSSIER,LIBROS Y FRASES )




    Jean Paul Sartre fue un filósofo, dramaturgo, novelista y periodista político francés, uno de los principales representantes del existencialismo. Sartre nació en París el 21 de junio de 1905 y falleció el 15 de abril de 1980.
    Su padre fue militar naval y falleció a los pocos meses de su nacimiento, Jean Paul Sartre fue criado por su madre, Anne Marie Schweitzer, hermana de Albert Schweitzer y su abuelo.
    En 1915 ingresó en el liceo Henri IV de París y al año siguiente, debido al segundo matrimonio de su madre, se trasladó a La Rochelle, donde continuó sus estudios. En 1920, Jean Paul Sartre regresó a París e ingreso en la “École Normale Supérieure”, donde conoció en 1929 a Simone de Beauvoir, su compañera de toda la vida. Se graduó en 1929 con un doctorado en filosofía y sirvió como conscripto en el Ejército Francés durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), durante la cual fue prisionero de los alemanes entre 1940 y 1941. Tras recuperar la libertad, Jean Paul Sartre volvió a Francia y comenzó a trabajar como profesor de filosofía en el liceo Condorcet y colaboró con Albert Camus en “Combat”, el periódico de la Resistencia.
    En 1945 abandonó la enseñanza y fundó junto a Simone de Beauvoir la revista política y literaria “Les temps modernes”, de la que fue editor jefe. Unos años después comienza a relacionarse activamente con el socialismo, siendo un severo crítico durante la Guerra Fría (1947-1991).

    Jean Paul Sartre tuvo una relación fluctuante con el comunismo, acercándose y alejándose de él. Se opuso a la Guerra de Vietnam, y junto a Bertrand Russell y otros organizó un tribunal con el propósito de exhibir los crímenes de guerra de los Estados Unidos.
    En 1964 rechazó el Premio Nobel de Literatura, alegando que su aceptación implicaría perder su identidad de filósofo.
    Jean Paul Sartre fue una persona sencilla, sin apegarse mucho a las cosas materiales y con un gran compromiso social, siendo el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.
    Sus obras más destacadas son:


    El ser y la nada (1943)
    El existencialismo es un humanismo (1945)
    La transcendencia del ego (1936)
    La náusea (1938)
    El muro (1939)
    Esbozo de una teoría de las emociones (1939)

    Algunas  frases de Jean Paul Sartre

    “El mundo podría existir muy bien sin la literatura, e incluso mejor, sin el hombre”

    “Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”

    “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”

    “Una batalla perdida es una batalla que uno cree que ha perdido”

    “Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que ser”

    “Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás”

    “Aquello que cada uno de nosotros es, en cada momento de su vida, es la suma de sus elecciones previas. El hombre es lo que decide ser”

    “Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”

    “Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren”

    “El hombre está condenado a ser libre”

    “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”

    “En el amor, uno y uno son uno”

    “Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros”

    “Incluso el pasado puede modificarse”

    “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”

    “Lo más desagradable del mal es que a uno lo acostumbra”

    “Los hombres son como los dados, se lanzan en la partida de la vida”

    “No perdamos nada de nuestro tiempo; quizás los hubo más bellos, pero este es el nuestro”

    “No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan”

    “No somos libres de dejar de ser libres”

    “Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es”

    “Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede”

    “Temblad ante el esclavo cuando rompe sus cadenas, no tembléis ante el hombre libre”

    “Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir”

    “Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”

    “Todos los medios son buenos cuando son eficaces”
    “Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado”

    http://culturizando.com/quien-fue-jean-paul-sartre/


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    [PDF]LA NÁUSEA

    www.infojur.ufsc.br/aires/.../Jean%20Paul%20Sartre%20-%20La%20Nausea.pdf

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    Libros de Jean-Paul Sartre





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    Jean-Paul Sartre (nacido en 1905)

    Filósofo y escritor francés. Es un representante del denominado existencialismo “ateo”. Principales trabajos: El ser y la nada (1943), El existencialismo es un humanismo (1947), Crítica de la razón dialéctica (1960). Las concepciones de Sartre se han formado bajo la influencia de Husserl y Heidegger. También existe cierto nexo entre su filosofía y la doctrina de Kierkegaard; asimismo algo influyó sobre Sartre el método del psicoanálisis de Freud. Son característicos de su filosofía, el antropocentrismo y el subjetivismo. Sartre concibe al hombre como “ser para sí”, del que se derivan tales formas del “ser en sí” (es decir, del mundo objetivo) como espacio y tiempo, cantidad y calidad, &c. De este modo, al mundo objetivo –que, según Sartre, es irrazonable, determinado– se contrapone la actividad humana, que es libre, no depende de leyes objetivas. Tal representación idealista de la libertad (su esencia se halla expresada también en el principio: “El hombre es lo que él hace de sí mismo”) figura en la base de la ética de Sartre. En algunos de sus trabajos, Sartre emprende la ilusoria tentativa de demostrar el existencialismo recurriendo a la filosofía del marxismo. Sartre participó en la Resistencia francesa durante los años de la segunda guerra mundial; lucha activamente contra el renacimiento del fascismo, en defensa de la paz: es miembro del Consejo Mundial de la Paz.



    Jean Paul Sartre (1905-1980)

    Filósofo y escritor francés, cabeza del existencialismo ateísta francés. Sus criterios filosóficos son contradictorios, entrelazándose en ellos de modo peculiar las ideas de KierkegaardHusserl y S. Freud. Al subrayar el carácter progresista de la filosofía marxista, Sartre procuraba “completar” el marxismo poniendo en su base la antropología y el psicoanálisis existencialistas. En general, la concepción de Sartre es ecléctica. Se caracteriza por la búsqueda del camino medio entre el idealismo y el materialismo y el intento de superar estas dos doctrinas. Partiendo de la idea fundamental del existencialismo –“la existencia precede a la esencia”–, Sartre formula su “ontología fenomenológica” sobre la contraposición radical entre el ser y la conciencia. El divorcio entre el ser y la conciencia conduce a Sartre al dualismo. Sartre llama dialéctica a su concepción, pero convierte la dialéctica en método de fundamentación del indeterminismo. Su dialéctica es totalmente negativa, se expulsa por completo de la naturaleza y sólo se circunscribe al campo de la conciencia. En ética, Sartre sostiene las posiciones de la subjetividad pura. La principal categoría de la moral es la libertad, que, siendo estudiada sobre la base de la conciencia individual, aparece como esencia de la conducta humana, como fuente de la actividad y única posibilidad de la existencia del hombre. Sartre niega los principios y criterios objetivos de la moral y la determinación objetiva del comportamiento del hombre. Cada hombre “se ve obligado a diseñar” a sí mismo y elegir su propia moral. En la Crítica de la razón dialéctica (1960), Sartre trata de superar el carácter subjetivista de su concepción y formular una nueva teoría de las relaciones sociales y el desarrollo histórico, pero, desplazando a segundo plano las estructuras económicas y sociales objetivas y partiendo de la acción humana individual y de su lógica, sustituye el análisis socio-histórico con el antropológico. La creación literaria de Sartre está ligada estrechamente con sus criterios filosóficos. La posición socio-política de Sartre padece de inconsecuencia. Participó en la Resistencia, criticó con crudeza los vicios de la sociedad capitalista, luchó enérgicamente por la paz y la democracia, en apoyo al movimiento de liberación nacional y contra la agresión de EE.UU. a Vietnam. En los últimos años, Sartre se inclinaba al movimiento ultraizquierdista. Obras principales: La imaginación (1936), Lo imaginario (1940), El ser y la nada (1943), El existencialismo es un humanismo (1946), Situaciones (6 tomos, 1947-64).

    Cuando la CIA estudiaba a Foucault y Sartre

    Un informe desclasificado revela que la agencia de EE UU siguió de cerca la vida intelectual en la Francia de los ochenta



    Michel Foucault, con megáfono, y Jean-Paul Sartre, hablando con periodistas, durante una manifestación, en 1972, frente a la fábrica de Renault en protesta contra el asesinato de Pierre Overney.
    Michel Foucault, con megáfono, y Jean-Paul Sartre, hablando con periodistas, durante una manifestación, en 1972, frente a la fábrica de Renault en protesta contra el asesinato de Pierre Overney.  INA VIA GETTY IMAGES

    En los últimos días de la Guerra Fría, la CIA hizo algo más que controlar los movimientos de Gorbachov y observar el paisaje cambiante del antiguo telón de acero. También tuvo a sueldo a un grupo de espías que siguió de cerca a los principales filósofos franceses y analizó su actividad intelectual. Su objetivo consistía en evaluar las posibles consecuencias de su corpus teórico respecto a la percepción de Estados Unidos en el viejo continente. Un informe firmado en diciembre de 1985, desclasificado en 2011 y desenterrado ahora por la revista Los Angeles Review of Books, revela que la CIA dedicó medios y personal a estudiar la obra de autores como Michel Foucault, Roland Barthes, Louis Althusser o Jacques Lacan, entre otros nombres de la corriente posestructuralista.
    Este informe de 20 páginas, titulado Francia: defección de los intelectuales izquierdistas, sostenía que los citados autores habían terminado por “repensar y rechazar el pensamiento marxista”. Según la oficina parisiense de la CIA, se abría así una nueva etapa marcada por “un espíritu de antisovietismo”, lo que podía favorecer una mejor acogida de la política exterior de Ronald Reagan en territorio francés. “Aunque las políticas estadounidenses nunca son inmunes a la crítica en Francia, está claro que es la Unión Soviética la que está a la defensiva. La notable frialdad del presidente Mitterrand respecto a Moscú deriva, en parte, de esta extendida actitud”, reza el informe. Para demostrarlo, la CIA se apoyaba en un sondeo de 1985, que demostraba que solo el 27% de los franceses tenía una opinión desfavorable de Estados Unidos. Tres años atrás, los críticos sumaban el 51%.
    No es secreto que la CIA tenía a la cultura en muy alta estima, al considerarla un instrumento ideológico fundamental. Por ejemplo, mantenía estrechos vínculos con el Congreso para la Libertad de la Cultura, con sede en París y delegaciones en 35 países, que promovía libros, exposiciones y conciertos para difundir el anticomunismo en Europa y Latinoamérica. Por otra parte, la prestigiosa revista literaria The Paris Review fue fundada en 1953 como tapadera a las actividades como espía de su director, Peter Matthiessen, según confesó antes de su muerte en 2014. Para la CIA, la capital francesa constituía, en ese sentido, un punto estratégico. “Los intelectuales importan en Francia, probablemente más que en la mayoría de democracias occidentales. Tradicionalmente han jugado un papel clave para defender las políticas de distintos partidos”, apunta el informe.


    André Glucksmann (izquierda) y Jean-Paul Sartre, en el Palacio del Elíseo en junio de 1979.
    André Glucksmann (izquierda) y Jean-Paul Sartre, en el Palacio del Elíseo en junio de 1979. AFP


    Los autores del estudio recuerdan que, hasta el primer tercio del siglo pasado, existió un equilibrio ideológico entre los intelectuales franceses. Apuntan que hubo un Tocqueville por cada Jaurès. Es decir, un conservador ilustrado por cada izquierdista empecinado. “Esa paridad se evaporó durante la guerra”, lamenta el informe. El conservadurismo francés quedó vinculado a Vichy. Y la izquierda, en cambio, a la lucha contra el fascismo, lo que explicaría, según la CIA, su atractivo entre los intelectuales.
    Sin embargo, la agencia considera que, a partir de Mayo de 68, se produce un cambio de paradigma. De entrada, a través de la emergencia de los llamados Nuevos Filósofos, como André Glucksmann y Bernard-Henri Lévy, una nueva generación desencantada con la aventura marxista que deja de hacer la vista gorda respecto a su deriva totalitaria y adopta posturas menos críticas con Estados Unidos. “Han compensado su prosa abstrusa convirtiéndose en personajes mediáticos que defienden sus opiniones en programas de radio y televisión largos e intelectualizados, que los franceses veneran”, reza el informe. La CIA califica a esos jóvenes pensadores como “renegados que rechazan las enseñanzas de sus antiguos maestros”. Es decir, Sartre, Derrida o Althusser, “la última camarilla de sabios comunistas, ahora bajo el fuego implacable de sus antiguos protegidos”.
    El informe, de un incorregible optimismo, celebra la emergencia de pensadores neutrales o incluso de derechas. Pero no cae en la cuenta de que, mientras las teorías de Barthes y Foucault se extinguían en Francia, también se empezaban a infiltrar en las universidades de EE UU. Bajo el nombre genérico de French Theory, inspiraron la emergencia de los estudios culturales y la llamada política identitaria, que propició la creación de los estudios de género o la atención académica a minorías como los afroamericanos. El canon tradicional de las humanidades quedó fracturado para siempre. “Los intelectuales conservadores se quejaron, a principios de los noventa, de que se enseñara el nihilismo francés a sus hijos en los campus”, apunta François Cusset, profesor de Civilización estadounidense en la Universidad de Nanterre, en un artículo dedicado al informe en Le Monde.
    El novelista Laurent Binet, que publicó recientemente La séptima función del lenguaje (Seix Barral), donde ponía en escena a esa generación de filósofos en torno al asesinato (ficticio) de Barthes, se admira ante la importancia que la CIA otorgaba a esos pensadores. “Resulta halagadora la influencia que les suponía. También es halagador para los franceses, a los que la agencia ve como lectores asiduos de Foucault y compañía, lo que me parece un poco exagerado”, afirma el escritor. “Y, por último, es halagador para la propia CIA. Ignoraba que en su interior hubiera especialistas capaces de leer y entender sus ideas y debates. En el fondo, es tan divertido como revelador. Si la CIA se toma en serio el mundo de las ideas, será que el mundo de las ideas todavía no ha muerto”.


    PENSADORES VIGILADOS


    Michel Foucault. El informe de la CIA lo califica como “el pensador más profundo e influyente” de su tiempo, conocido por sus estudios sobre el poder, el derecho o la transgresión y sus teorías sobre la biopolítica, o el impacto de la política sobre todos los ámbitos de la vida.
    Louis Althusser. Estudió el concepto de ideología y la renovación del marxismo tras el fin de la etapa estalinista. La agencia destaca más bien su agitada biografía: el informe recuerda que Althusser “estranguló a su mujer en 1980 y pasó cinco años en la cárcel”.
    André Glucksmann. Junto a Bernard-Henri Lévy, fue el jefe de filas de los Nuevos Filósofos, críticos con las derivas del comunismo. El informe de la CIA considera que puede propiciar un clima menos antiestadounidense en Francia. Glucksmann acabó convirtiéndose al atlantismo y votando a Sarkozy.
    Jean-Paul Sartre. El gran pensa dor francés del siglo XX ya había sido espiado por el FBI. El informe lo erige en representante de la vieja intelectualidad marxista a la que una nueva generación quiere dejar atrás. “En su última entrevista televisiva, reconoció que el marxismo había sido un 

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    ENTREVISTA

    Jean Paul Sartre: “Nunca estuve desesperado, nunca sentí la angustia”

    La última entrevista concedida por el gran escritor francés

    El pasado mes de marzo, en su número 800, el semanario francés Le Nouvel Observateur inició la publicación de una larga entrevista con Jean Paul Sartre, que se publicó en tres números sucesivos. En esta larga conversación, mantenida con su colaborador Paul Victor -que aquí revela su verdadero nombre, Benny Levy-, el gran pensador vuelve sobre sus posiciones iniciales, matizándolas muchas veces, mostrando en la mayoría su implacable coherencia. EL PAIS ha adquirido los derechos exclusivos para España de esta entrevista, que ahora aparece como una especie de testamento final y que publicaremos en sucesivas entregas. Hoy, como introducción, publicamos el principio de la primera entrega, en la que Sartre habla sobre todo de la esperanza.

    Benny Levy. Desde hace algún tiempo te preguntas acerca de la esperanza y la desesperación. Son temas que apenas has abordado en tus escritos.


    Jean Paul Sartre. En todo caso, no de la misma manera. Siempre he pensado que todo el mundo vive con esperanza; es decir, cree que algo que ha emprendido, o que le afecta, o que afecta al grupo social al que pertenece, está realizándose, se realizará y le será favorable, tanto a él como a las personas que constituyen su comunidad. Pienso que la esperanza forma parte del hombre; la acción humana es trascendente, es decir, apunta siempre a un objeto futuro a partir del presente en que la concebimos y en que intentamos realizarla; pone su meta, su realización, en el futuro, y en el modo de obrar está la esperanza; es decir, el hecho mismo de proponerse una meta como algo que debe alcanzarse.
    Jean-Paul Sartre
    Jean-Paul Sartre AFP

    B. L. Has dicho que la acción humana tiende a un fin en el futuro, pero inmediatamente añade que esta acción era vana. La esperanza se frustra necesariamente. Entre el camarero, un caudillo -Hitler o Stalin-, un borracho parisiense, el militante revolucionario marxista y Jean Paul Sartre, todas estas personas tenían, al parecer, algo en común: que todas ellas fracasaban, en cuanto tales, en la medida en que se proponían ciertos fines.

    J. P. S. No he dicho exactamente eso, estás exagerando. He dicho que, en efecto, no alcanzaban nunca exactamente lo que perseguían, que siempre había un fracaso...

    B. L. Has afirmado que la acción humana proyecta un fin en el futuro, pero has dicho también que este afán de trascendencia desemboca en el fracaso. Nos has descrito, en El ser y la nada, una existencia que proyectaba fines inútilmente, aunque con perfecta seriedad. El hombre se marcaba metas, sí, pero, en el fondo, el único fin al que aspiraba era a ser Dios, lo que tú llamabas ser causa de sí. De ahí, sin duda, el fracaso.

    J. P. S. Bien, no he perdido del todo esa idea de fracaso, aunque esté en contradicción con la idea misma de esperanza. No hay que olvidar que yo no hablaba de esperanza en la época de El ser y la nada. Fue más tarde cuando se me ocurrió, poco a poco, la idea del valor de la esperanza. Nunca he contemplado la esperanza como una ilusión lírica. Siempre he pensado, aun sin decirlo, que se trataba de un modo de atrapar el fin que me proponía como algo susceptible de realización.

    La desesperada condición humana

    B. L. Tal vez no hablabas de la esperanza, sino de la desesperación.

    J. P. S. Sí, hablaba de la desesperación, pero, como he dicho tantas veces, no es lo contrario de la esperanza. La desesperación era la creencia de que no podían alcanzarse mis fines fundamentales y que, por consiguiente, había en la realidad humana un fallo esencial. Y, por último, en la época de El ser y la nada yo no veía en la desesperación más que una visión lúcida de lo que era la condición humana.

    B. L. Me dijiste un día: «He hablado de desesperación, pero en broma, porque era el tema de moda: entonces se leía a Kierkegaard. »

    J. P. S. Exacto; por mi parte, nunca estuve desesperado, nunca consideré, ni de cerca ni de lejos, que la desesperación fuera una cualidad que me perteneciese. Por consiguiente, era, en efecto, Kierkegaard quien influía mucho sobre mí en ese aspecto.

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    B. L. Es curioso, porque, en realidad, no te gusta Kierkegaard.

    J. P. S. Sí, pero he estado sometido a su influencia. Se trataba de palabras que para otros podían ser una realidad. Por tanto, quería darles cabida en mi filosofía. Era la moda; pensé que faltaba algo en mis conocimientos personales sobre mí si de ellos no podía extraer la desesperación. Mas era preciso considerar que si otros hablaban de ella es que para ellos debía existir. Pero fíjate en que apenas se en cuenta la desesperación en mi obra a partir de entonces. Fue sólo un momento. Es lo mismo que veo en muchos filósofos, a propósito de la desesperación o de cualquier otra idea filosófica: hablan de oídas del tema en sus primeros tiempos, le dan un gran valor, y luego, poco a poco, no vuelven a hablar de ella, porque se dan cuenta de que su contenido no existe para ellos, de que es algo que han recibido de los demás.

    "Conocí la miseria de los otros"
    B. L. ¿Y ocurre esto también con la angustia?

    J. P. S. Nunca he sentido angustia. Esta es una de las nociones claves de la filosofía de 1930 a 1940. Procedía también de Heidegger. Se trata de nociones que manejaba uno continuamente, pero que para mí no correspondían a nada. Es cierto, yo conocía la desolación o el hastío, la miseria, pero...

    B. L. ¿La miseria?

    J. P. S. Bueno, la conocía a través de otros, la veía, si prefieres. Pero la angustia y la desesperación no. En fin, no insistamos en ello, puesto que no afecta a nuestra indagación.

    B. L. Al contrario, siempre es importante saber que no has hablado de la esperanza, y que cuando hablabas de la desesperación en el rondo no era tal tu pensamiento.

    J. P. S. Mi pensamiento era ciertamente mi pensamiento, pero lo colocaba bajo un epígrafe, la «desesperación», que me era ajeno. Lo más importante para mí era la idea de fracaso. La idea de fracaso relativa a lo que podríamos llamar un fin absoluto. En efecto, lo que no se dice en El ser y la nada, de esta manera es que cada hombre, por encima de los fines teóricos o prácticos que tiene en cada instante y que se refieren, por ejemplo, a cuestiones políticas o de educación, etcétera, por encima de todo esto, cada hombre tiene un fin, un fin que yo llamaría, si me lo permites, trascendente o absoluto, y todos aquellos fines prácticos no tienen sentido más que en relación con tal fin. El sentido de la acción de un hombre es, pues, este fin, que varía, por otra parte, según cada hombre, pero que se caracteriza por ser absoluto. Y la esperanza -lo mismo que el fracaso- va unida a este fin absoluto, en el sentido de que el verdadero fracaso se refiere a él.

    B. L. ¿Y es inevitable ese fracaso?

    J. P. S. Aquí llegamos a una contradicción de la que no he salido todavía, pero de la que espero salir gracias a estas conversaciones. Por un lado, conservo la idea de que la vida de un hombre se manifiesta como un fracaso; no consigue lo que intenta. Ni siquiera consigue pensar lo que quiere pensar o sentir lo que quiere sentir. Esto conduce en resumidas cuentas a un pesimismo absoluto. No es lo que yo pretendía en El ser y la nada, pero ahora estoy obligado a hacerlo constar. Además, a partir de 1945, he ido pensando cada vez más -y actualmente estoy convencido- que la característica esencial de la acción emprendida es, como te decía hace un momento, la esperanza. La esperanza significa que no puedo emprender una acción sin esperar realizarla. Y no creo, como te digo, que esta esperanza sea una ilusión lírica, sino que está en la naturaleza misma de la acción. Es decir, que la acción, al ser al mismo tiempo esperanza, no puede estar abocada desde el principio al fracaso, absoluto y seguro. Esto no quiere decir que deba alcanzar necesariamente su fin, sino que debe mostrarse en una realización del fin, propuesto como futuro. Y hay en la misma esperanza una especie de necesidad. La idea de fracaso no tiene un fundamento profundo en mí, en este momento; por el contrario, la esperanza, en cuanto relación del hombre con su fin, relación que existe incluso si éste no se alcanza, es lo que está más presente en mis pensamientos.

    El fracaso de la inmortalidad
    B. L. Pongamos un ejemplo: el de Jean Paul Sartre. Siendo niño, decide escribir, y esta decisión le consagra a la inmortalidad. ¿Qué dice Sartre, en el ocaso de su obra, de esta decisión? Esta opción entre opciones que fue la tuya, ¿ha sido un fracaso?

    J. P. S. He dicho a menudo que era un fracaso en el plano metafísico. Quería decir con eso que no he hecho una obra sensacional, del tipo de la de Shakespeare o de Hegel y, por tanto, en relación a lo que yo hubiera querido, es un fracaso. Pero mi respuesta me parece muy falsa. Ciertamente, yo no soy Shakespeare ni Hegel, pero he creado unas obras tan cuidadas como he podido; algunas de ellas han sido fracasos, seguramente; otras, menos; y otras han sido éxitos. Y con eso basta.

    B. L. Pero, ¿y el conjunto con respecto a tu decisión?

    J. P. S. El conjunto ha sido un logro. Sé que no he dicho siempre lo mismo, y en este punto estamos en desacuerdo, pues pienso que mis contradicciones importaba poco y que, a pesar de todo, he seguido siempre una misma línea.

    B. L. ¡Ya estamos ante la «recta intención»! En tal caso, ¿no cree que el fracaso vaya indisolublemente unido a la posición del fin en el elemento de lo absoluto?

    J. P. S. No lo creo. Por otra parte si se quiere descender hasta lo innoble, se puede estimar que no he pensado nunca de mí, sin deja de pensarlo de los demás. Veía cómo se equivocaban, cómo, aun cuando creyeran haber acertado era el fracaso total. Por mi parte me decía que al pensar así y al escribirlo, lo realizaba, y realizaba de un modo más general mi obra. Desde luego, no lo pensaba con claridad; si no, me hubiera dado cuenta necesariamente de esa enorme contradicción; pero de todos modos lo pensaba.

    La innoble diferencia
    B. L. Pero, ¿qué diferencia hay entre el anhelo de ser del camarero, ese camarero henchido de seriedad del que hemos hablado al principio, y el ansia de inmortalidad de Sartre, prescindiendo de todo lo innoble? ¿O es que sólo lo innoble constituye la diferencia?

    J. P. S. Creo, a pesar de todo, que la idea de inmortalidad hacia la que me dejaba ir muy a menudo cuando escribía y hasta que he dejado de escribir era un sueño. Creo que la inmortalidad existe, pero de esa manera. Intentaré explicarme un poco más adelante. Creo que en la manera como yo aspiraba a la inmortalidad tal como la concebía, yo no era tan diferente del camarero o de Hitler, pero que la manera como yo trabajaba en mi obra era diferente. Era limpia, era moral, ya veremos qué quiere decir esto. Así, pues, considero que un cierto número de ideas que acompañan necesariamente a una acción -por ejemplo, la idea de inmortalidad- son sospechosas son turbias. Mi trabajo no ha estado presidido por la voluntad de ser inmortal.

    B. L. Pero, ¿no se puede partir de esa diferencia? Tú nos hablas de la obra como de un pacto de generosidad, de un pacto de confianza entre el lector y el autor. La labor de escritor ha sido siempre lo esencial para ti.

    J. P. S. La labor social...

    B. L. ¿No es esa labor social la expresión de un deseo al menos tan fundamental como ese deseo de ser de que nos hablas en El ser y la nada?

    J. P. S. Sí, pero pienso que hay que definirlo. Pienso, si quieres, que hay una modalidad distinta a la primera modalidad de espíritu de seriedad. Es la modalidad moral. Y la modalidad moral implica que dejamos, al menos a aquel nivel, de tener como fin el ser; ya no queremos ser Dios, ya no queremos ser causa sui; es otra cosa la que buscamos.

    B. L. Después de todo, esta idea de causa sui sólo surge a partir de una tradición teológica muy determinada.

    J. P. S. Así es, si quieres.

    B. L. Del cristianismo a Hegel.

    J. P. S. De acuerdo, si te empeñas. Es mi tradición, no tengo otra. Ni la tradición oriental, ni la tradición judía. Carezco de ellas a causa de mi historicidad.

    Copyright EL PAIS. Le Nouvel Observateur.

    https://elpais.com/diario/1980/04/16/cultura/324684006_850215.html


    Jean Paul Sartre: 10 Libros en PDF





    Filósofo y escritor francés. Precoz lector de los clásicos franceses, en 1915 ingresó en el liceo Henri IV de París y conoció a Paul Nizan, con quien inició una estrecha amistad. Al año siguiente, el segundo matrimonio de su madre (considerado por Jean-Paul Sartre como «una traición») lo obligó a trasladarse a La Rochelle; hasta 1920 no regresó a París. En 1924 inició sus estudios universitarios en la École Normale Supérieure, donde conoció a Simone de Beauvoir, con quien estableció una relación que duraría toda su vida.

    Tras cumplir el servicio militar, empezó a ejercer como profesor de instituto; en 1933 obtuvo una beca de estudios que le permitió trasladarse a Alemania, donde entró en contacto con la filosofía de Husserl y de Heidegger. En 1938 publicó La náusea, novela que pretendía divulgar los principios del existencialismo y que le proporcionó cierta celebridad, al tiempo que se convertía en símbolo de aquel movimiento filosófico. Movilizado al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, fue hecho prisionero, aunque consiguió evadirse en 1941 y regresar a París, donde trabajó en el liceo Condorcet y colaboró con Albert Camus en Combat, el periódico de la Resistencia.

    En 1943 publicó El Ser y la Nada, su obra filosófica más conocida, versión personal de la filosofía existencialista de Heidegger. El ser humano existe como cosa (en sí), pero también como conciencia (para sí) que sabe de la existencia de las cosas sin ser ella misma un en sí como esas cosas, sino su negación (la Nada). La conciencia sitúa al hombre ante la posibilidad de elegir lo que será; ésta es la condición de la libertad humana. Eligiendo su acción, el hombre se elige a sí mismo, pero no elige su existencia, que le viene ya dada y es requisito de su elección; de aquí la famosa máxima existencialista: «la existencia precede a la esencia».

    Dos años más tarde, alcanzada ya la popularidad, abandonó la enseñanza para dedicarse exclusivamente a escribir; en colaboración con Raymond Aron, Maurice Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir, fundó Les Temps Modernes, una de las revistas de pensamiento de la izquierda más influyentes de la posguerra.

      





    Por esa época, Sartre inició una fluctuante relación con el comunismo, hecha de acercamientos (uno de los cuales provocó su ruptura con Camus en 1956) y alejamientos motivados por su denuncia del estalinismo o su protesta por la intervención soviética en Hungría. En su última obra filosófica, Crítica de la razón dialéctica (1960), se propuso una reconciliación del materialismo dialéctico con el existencialismo, al cual pasó a considerar como una ideología parásita del marxismo, y trató de establecer un fundamento de la dialéctica marxista mostrando que la actividad racional humana, la praxis, es necesariamente dialéctica.

    En 1964 rechazó el Premio Nobel de Literatura para no «dejarse recuperar por el sistema»; decididamente contrario a la política estadounidense en Vietnam, colaboró con Bertrand Russell en el establecimiento del Tribunal Internacional de Estocolmo para la persecución de los crímenes de guerra.

    Tras participar directamente en la revuelta estudiantil de mayo de 1968, multiplicó sus gestos públicos de izquierdismo, asumió la dirección del periódico La Cause du Peuple y fundó Tout!, de orientación maoísta y libertaria. En 1975 se inició el progresivo quebranto de su salud; la ceguera lo apartó de la lectura y la escritura durante los últimos años de su vida, tras haber completado su postrera gran obra, El idiota de la familia (1971-1972); dedicada al tema de la creación literaria, era el fruto de los diez años que dedicó a la investigación de la personalidad de Gustave Flaubert.




    He aquí los libros en PDF:


    http://holisticaenlaweb.blogspot.com/2017/12/jean-paul-sartre-10-libros-en-pdf.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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