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    domingo, 3 de junio de 2018

    Estilo y poder Show mediático para la neopolítica

    Estilo y poder

    Show mediático para la neopolítica

    El espectro político se desacartona e incorpora símbolos y herramientas del pop para seducir a indiferentes y conquistar votos jóvenes. 
    Donald Trump y Melania Trump observando un eclipse total de sol.Foto: AP, Andrew Harnik

    La política, como la conocíamos, era muy aburrida. Un día los dirigentes y funcionarios se animaron a sacarse la corbata, los trajes clásicos, peinarse a la moda, opinar de gastronomía, bailar, disfrazarse, hacer el ridículo… Y ganar elecciones. Todo es posible dentro del mundo de la política pop.
    Hay escenarios cambiantes y superados que este estilo ha propuesto e impuesto en los últimos 40 años. Pero si hoy debiéramos definir un espacio donde se expresa con mayor claridad este fenómeno es en el transcurso de las campañas electorales o en la búsqueda de un apoyo específico. En el contexto hipertecnológico, los partidos políticos echan mano a herramientas como videojuegos, memes, uso de redes sociales, la participación en programas de tv que van desde lo político hasta lo caricaturesco. Obviamente, saturan las redes sociales y generan noticias, todo sirve y reemplaza a los actos de campaña, las pegatinas, pintadas y debates respetuosos.
    La política pop necesita y construye líderes fuertes en imagen. Y es una pena, nos vamos a perder la que hubiera sido la cumbre –probablemente– más pop de la historia entre Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un. El empresario levantó la cita que sólo hubiera sido comparable a un recital de Madonna y Prince juntos. Por ahora, no habrá choques de vestuarios ni de las cabezas con mayor inversión en peluquería.
    El primer presidente pop. Ronald Reagan (AP Photo/Bob Daugherty, File)
    El primer presidente pop. Ronald Reagan (AP Photo/Bob Daugherty, File)
    Fue en los años 80 cuando el pop iniciaba su influencia sobre el mundo político. Comenzaba la era marcada por los conservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher de un lado y otro del Atlántico. El primero era actor y con esa seguridad de escenario triunfaba en 1981. ¿La clave? Su presencia electrónica: en la era de la tv, esa actitud iba a ser replicada por sus admiradores y detractores en todo el mundo. En el mundo pop original, Madonna lanzaba en 1984 su éxito infinito “Like a virgin”. Madonna y “reina del pop” se volvieron sinónimos para siempre.
    Reagan conocía los tiempos de la pantalla y sabía cuándo lanzar eslóganes. Su desafiante “señor Gorbachov, derribe ese muro” frente a la Puerta de Brandeburgo en Berlín de 1987 es una frase histórica viralizada avant la lettre. Entusiasmados, muchos políticos subieron las apuestas. Al set televisivo le sumaron el dios de las encuestas y así creyeron dominar el mundo. O por lo menos un reino, como lo vio Silvio Berlusconi en Italia de los 90 y de la primera década del siglo XXI con su populismo de derecha que incluía relojes de oro, autos de un cuarto de millón de dólares, prostitutas y relaciones sospechosas. Un detalle que marcó esta época fue el cubrecama que Berlusconi le regaló a Vladímir Putin –el joven pop de la nueva Rusia– con la imagen impresa de un apretón de manos entre ambos en la catedral San Basilio (Moscú) con el Coliseo como imagen de fondo. Giovanni Sartori, uno de los padres de la ciencia política italiana –de gran influencia en la Argentina– sostenía que “la sondeodependencia es la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo”. Sin embargo, esa posibilidad de acercarse al pulso de la sociedad tentó, y mucho, a políticos de todo el mundo y también –claro– de nuestro país. Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Elisa Carrió (dueña del estilo pop religioso con cruces y rosarios que exhibía como joyas) en ese entonces olían la realidad a través de esos porcentajes.
    Silvio Berlusconi y el cantante Mariano Apicella. Foto: AFP
    Silvio Berlusconi y el cantante Mariano Apicella. Foto: AFP
    Más casos. En su autobiografía política, El corazón late a la izquierda, el presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania en los 90 Oskar Lafontaine anota que en la campaña de 1996: “…no quise perderme la ocasión de bailar un poco de tecno con un grupo de jóvenes en una de las tarimas. Mi aparición fue un bocado exquisito para los fotógrafos pues, efectivamente, con mi pelo cano y mis kilos de más yo estaba un tanto fuera de lugar. Los burlones comentarios, que pasaban voluntariamente por alto la ironía hacia mí mismo de mis torceduras y que ni siquiera me reconocían el mérito de haber intentado moverme al ritmo de la música, eran muy propios para dañar la seguridad en mí mismo”.
    En su libro Homo videns. La sociedad teledirigida, Sartori sostenía que cuatro de cada cinco estadounidenses votaban en función de lo que aprendían en la pantalla. Y subrayaba que esto ocurría en un país donde no había lectores y donde las radios son mayormente locales y no dan noticias políticas. De este modo, los candidatos comenzaron a entender y adaptar a sus gustos la máxima mcluhaniana “el medio es el mensaje”, es decir: hay que estar en la pantalla porque eso es más importante que lo que se diga. Después de ese paso clave, el político pop debía imponer su personalidad y carisma. “Cuando hablamos de personalización de las elecciones queremos decir que lo más importante son los rostros (sin son telegénicos, si llenan la pantalla o no) y que la personalización llega a generalizarse, desde el momento en que la política ‘en imágenes’ se fundamenta en la exhibición de personas”, explica Sartori. La analista de comunicación Adriana Amado -autora de La Política pop (Ariel)- sostiene que la política pop adora la llegada y el entusiasmo de la tv pero se ofende cuando se la acusa de espectacularización: quiere ser profunda y política como en el siglo XIX al mismo tiempo que quiere la popularidad del XXI.
    Claro, Barack Obama ya había dado varias lecciones en el manejo de la comunicación y en el cuidado de una imagen de hombre relajado que disfruta del poder. En marzo de 2015, apareció en Late Night Show, programa conducido por el comediante Jimmy Kimmel. Allí, contó algunos detalles de su vida cotidiana y participó de una sección llamada #MeanTweets en la que los invitados leen y responden en directo a una serie de tuits dirigidos a ellos. Con su presencia, el programa hizo su cuarto récord de audiencia con 3,915 millones de espectadores. Obama también participó del programa de Jerry Seinfeld, Comedians in cars, getting coffee. Allí desparramó buen humor y dominio de pantalla.
    Dame cinco. Obama saluda a Jimmy Kimmel, animador televisivo.
    Dame cinco. Obama saluda a Jimmy Kimmel, animador televisivo.
    En un encuentro con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau en julio de 2016, Obama sorprendió al argumentar que su definición de “populista” no estaba en el mismo tenor de lo que se calificaba como tal en el encuentro. Y, además, aseguró que algunos podrían considerarlo como un populista a él. Explicó que el populismo para él significa apoyar al pueblo y pensar en la clase trabajadora.
    Excesos. Los Trudeau en India, casi como para Bollywood.Foto: AFP
    Excesos. Los Trudeau en India, casi como para Bollywood.Foto: AFP
    Por estas tierras también ha habido y hay exponentes del pop. Fue una tentación difícil de resistir. La era Carlos Menem como bailarín todoterreno, con ropa de Versace, anillos de oro y la Ferrari. Disfrutó como pocos del poder y se lo hizo saber al país. Después vinieron años de miseria y discreción hasta que Cristina Fernández de Kirchner irrumpió en la escena presidencial con un estilo que reforzaba su presencia con alta costura, carteras Louis Vuitton, en una silla de ruedas o en el sillón acompañada con su perro Simón.
    En 2015 Gilda, una cumbiera blanca, tomó por asalto y sorpresa el balcón de la Rosada. Mauricio Macri y la vice Gabriela Michetti bailaban y desafinaban “No me arrepiento de este amor”. Las clases populares divididas, algunos no soportaban esa imagen, otros, en cambio, los habían votado. “Mauricio Macri performatiza la apropiación valorativa que las elites hacen de la cumbia, y no sólo no se esfuerza en ‘bailar bien’, sino que hace del ridículo su marca registrada”, analizó la doctora en Antropología social Eloísa Martin.
    Cumbia y poder. Gabriela Michetti y Mauricio Macri festejan la ritmo de Gilda. Foto: Germán Adrasti.
    Cumbia y poder. Gabriela Michetti y Mauricio Macri festejan la ritmo de Gilda. Foto: Germán Adrasti.
    Política y entretenimiento
    Todos estos son ejemplos de politainment (anglicismo formado por las palabras politics y entertainment). El ensayista italiano Gianpietro Mazzoleni sostiene que la política pop define una tendencia dentro de la comunicación política que consiste en tratar la información, eventos, apariciones, gestión y todo lo que envuelve, finalmente, a la política… como infoentretenimiento. Según el investigador Antoni Gutierrez-Rubi ,“Los políticos juegan a ser artistas y los artistas a ser políticos (se multiplican los casos de candidatos outsiders)”. En La Ceremonia Caníbal. Sobre La Performance Política, el investigador francés Christian Salmon advierte que la política se teatraliza y que los políticos, en consecuencia, se vuelven actores, performers: “El hombre político se presenta cada vez menos como una figura de autoridad, alguien a quien obedecer, y más como algo que consumir; menos como una instancia productora de normas que como un producto de la subcultura de masas, un artefacto a imagen de cualquier personaje de una serie o un programa televisivo”. Se imponen los ritmos mediáticos y la trivialización del discurso. Entra en juego el cuerpo. Los políticos ya no dan únicamente discursos, sino que también bailan, cantan, hacen deporte, seducen, etc. Su comunicación es una performance y ellos verdaderos ídolos pop, sostiene Salmon.
    Quienes concuerdan con la idea del politainment aseguran que, en tiempos de crisis y desafección, la espectacularización es el camino para llevar la política a los descreídos que viven la cultura popular. La sobreabundancia de información obliga a pensar este tipo de estrategias para lograr la atención de los electores.
    Es verdad, la igualación de estilos aburría el universo político. La aparición de líderes provocativos o estrafalarios agita el avispero y exige nuevas lecturas. ¿Dónde se ubicaría, en este sentido, el primer ministro canadiense Justin Trudeau? Trudeau ganó un espacio en esta coyuntura al destacarse por su actitud “políticamente correcta” ante la vida pero en su visita a la India en febrero pecó de exceso. Junto con la familia exhibió un vestuario que superaba el folclore indio. Algunos medios de ese país señalaron que la familia parecía lista para filmar una película de Bollywood. “Demasiado indio, incluso para un indio” (revista Outlook); “¿Respeto a las costumbres, apropiación cultural o simplemente un exceso?”, resaltó Marie-France Bazzo, periodista de Montreal. Es difícil embocar el tono justo del pop; a veces falla, y hay abusos de las formas, en el discurso, el vestuario, los gestos o en el color del teñido en un pelo diseñado.
    https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/show-mediatico-neopolitica_0_SJeU0V1gQ.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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