Joyas desconocidas: La balada del soldado (1959), de Grigori Chukhrai 


Hay odiseas que no culminan con el retorno anhelado, o que es efímero como si la cuerda elástica que tuvieras atada al cuerpo estuviera tan estirada que ya te hiciera volver de nuevo al origen, que no es sino el abismo. Sólo te da tiempo a rozar con la yema de los dedos el hogar, al que sientes lo que dura un abrazo, o el tacto de las lágrimas de tu madre en tus mejillas. Porque en ‘La balada del soldado’ (Ballada o soldate, 1959), de Grigori Chukhrai, Aliosha (Vladimir Ivashov) disponía de un breve permiso para retornar a su hogar, dos días de viaje de ida, otros dos de vuelta, y dos para disfrutar del hogar, de la presencia de su madre, para poder arreglar el techo de la casa, pero el viaje de ida se convierte en una suma de contrariedades que demoran su llegada. Un permiso que se le ha concedido por su acto heroico al destruir dos tanques, un acto de heroísmo que tiene tanto de determinación como de azar (cuando ya se resigna a que le arrolle, encuentra a su lado un lanzagranadas), un acto de heroísmo que ha realizado, como él dice, gracias al miedo.
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Pero la odisea no es sólo por poder trocar en realidad, en techo material, aun efímero, la nostalgia del hogar que se siente en la desabrida intemperie de la guerra. El esfuerzo que realiza Aliosha para poder retornar a su hogar, superando diversas adversidades, se dota de una suplementaria sombra que intensifica la ansiedad del reencuentro, porque ya desde la secuencia inicial (los bellos planos de la madre mirando hacia el horizonte de la extensa carretera esperando su vuelta) sabemos que el hijo no retornará definitivamente al hogar, ya que fallecerá en la guerra. Así que esta odisea, esta posibilidad de estar dos días, unas horas, unos minutos, en su hogar, con su madre, se revela como la última oportunidad de realizar ese encuentro. El último abrazo que se den será irrevocablemente el último.

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En el viaje Aliosha se encuentra con otros reflejos, otras variantes de retornos al hogar. En primer lugar, el soldado que ha perdido una pierna en combate, Vasya (Evgeniy Urbanskiv), quien duda, vacila, si retornar y reencontrarse con su esposa, porque también se siente inválido en su interior, ha perdido el paso de la esperanza, no quiere sentir en su mirada que su relación también ha sido mutilada. El encuentro, el abrazo, es de una conmovedora intensidad (como aún más, el de la bellísima secuencia final, entre madre e hijo). Ambos, Vasya y su esposa, se alejan en el anden, en un bello plano general, sin remarcar el gesto de él de que no necesita su ayuda para caminar con sus muletas. Por el contrario, también hay retornos que se convierten en burbujas, pompas de jabón, ilusiones vanas, como la mujer sobre la que Aliosha ha recibido el encargo de otro soldado, su esposo, de darle dos jabones, que ya mantiene relación con otro hombre (que se mantiene en elocuente fuera de campo). En la escalera, dos niños juegan haciendo pompas de jabón, uno de los cuáles había encontrado un despertador entre las ruinas de una casa.
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Hay horas que ya no sonarán, hay relaciones que también se abaten y quedan en ruinas, pompas que el viento se lleva, heridas, miedos, que buscan un refugio aunque no sea el que se anhele, pero al menos no es un fuera de campo en la distancia. Pero hay otros posibles retornos que se forjan, y crean, como el amor que se gesta entre Aliosha y una chica que encuentra en un vagón de tren, Shura ( Zhanna Prokhorenko). Un amor que se consolida en un trayecto hacia un hogar que se bifurca en otro posible, un amor que se convierte en más necesario que el agua. Cuerpos que se buscan, que se abrazan, miradas que se unen, porque se han encontrado, aunque la intemperie de la guerra les separe definitivamente. Pero por un instante, los abrazos fueron todo un infinito.
por Alexander Zárate
La balada del soldado (Ballada o soldate)
Grigori Chukhrai
Int: Vladimir Ivashov, Zhanna Prokhorenko, Antonina Maksimova, Nikolai Kriuchkov
Rusia, 1959
Título original
Ballada o soldate (Ballad of a Soldier)
Año
Duración
84 min.
País
Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Dirección
Guion
Grigori Chukhrai, Valentin Ezhov
Música
Mikhail Ziv
Fotografía
Vladimir Nikolayev, Era Savelyeva (B&W)
Reparto
, , , ,
Productora
Ministerstvo Kinematografii
Género
DramaRomanceBélico | II Guerra MundialDrama romántico
Sinopsis
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el joven Alyosha, un soldado de apenas 19 años, gana una medalla como recompensa por su heroísmo en el frente de batalla. En lugar de la condecoración, Alyosha pide unos días de permiso para poder visitar a su madre. De camino a casa, en el tren conoce a una chica de la que se enamora. (FILMAFFINITY)
Premios
1960: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película)
1961: Nominada al Oscar: Mejor guión original
1961: Premios BAFTA: Mejor película. 2 nominaciones
1959: Premios David di Donatello: Plato dorado (Grigori Chukhrai




Hannah Arendt: Libros en pdf para descarga gratuita en español e inglés - Compilación de enlaces del Prof. Víctor Montero Cam

Hanna Arendt (1906-1975)

Compilación y selección de textos del Prof. Víctor Montero Cam



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Las 20 obras más importantes de Gabriel García Márquez (1927-2014) ordenadas cronológicamente - Homenaje a los tres años de su fallecimiento



Las 20 obras más importantes de Gabriel García Márquez (1927-2014) ordenadas cronológicamente - Homenaje a los tres años de su fallecimiento

Recopilación de Bhanzy

1. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. La hojarasca (1955)

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2. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba (1961)

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3. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. La mala hora (1962)

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4.GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Los funerales de la mamá Grande (1962)

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5.GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Cien años de soledad (1967)

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6.GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Relato de un náufrago (1970)

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7. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Ojos de perro azul (1974)

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8. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El otoño del patriarca (1975)

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9. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Crónica de una muerte anunciada (1981)

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10. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El olor de la guayaba. Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza (1982)

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11. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El amor en los tiempos del cólera (1985)

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12. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. El general en su laberinto (1989)

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13. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Doce cuentos peregrinos  (1992)

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14. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Del amor y otros demonios (1994)

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15. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1978)

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16. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Noticia de un secuestro (1996)

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17. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Vivir para contarla (2002)

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18. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Memoria de mis putas tristes (2004)

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19. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Yo no vengo a decir un discurso (2010)

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20. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Todos los cuentos [1947-1972, 41 relatos] (2014)

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* ANEXO: “CARTA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ A GEORGE W. BUSH”

“¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?
¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80. 000 hombres mujeres y niños. Otros 250. 000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.
¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.
¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.
Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.
Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.
Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500. 000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto… ¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.
Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24. 000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.
¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?
¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa? “


http://profesordelenguajeadomicilio.blogspot.com/2017/04/las-20-obras-mas-importantes-de-gabriel.html