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    martes, 29 de mayo de 2018

    'Fantasía Roja. Los intelectuales de izquierdas y la Revolución cubana'.

     «La intelectualidad cubana es decimonónica»

    El escritor Iván de la Nuez, durante la presentación de 'Fantasía Roja' en Barcelona

    El escritor Iván de la Nuez, durante la presentación de 'Fantasía Roja' en Barcelona.


    Iván de la Nuez acaba de publicar el libro Fantasía roja. Los intelectuales de izquierdas y la Revolución cubana y, casi simultáneamente, ha inaugurado, junto a los artistas Carlos Garaicoa (cubano) y Daniel G. Andújar (español), un ambicioso proyecto multimedia llamado Postcapital, en el Palau de la Virreina, en Barcelona.
    De la Nuez es autor de otros títulos, como La balsa perpetua (1998) y El mapa de sal (2001), y ha sido comisario de exposiciones colectivas de gran envergadura: Cuba: la isla posible (1995), Inundaciones (1999), Parque Humano (2001) y Banquete. Metabolismo y comunicación (2003). Sus inquietudes le han llevado, además, a editar las antologías Paisajes después del Muro(1999) y Cuba y el día después (2002), y a transitar por el ensayo y la cultura visual, mezclando a menudo ambos campos.
    Hablar de Fantasía Roja es como darse un lingotazo de whisky o ron con Marx, Althusser y Sartre en un bar de Lavapiés en Madrid. Conversar, en este lado de la orilla, sobre lo que muchos representantes de la izquierda contemporánea europea han pensado (y piensan) respecto a la revolución cubana en sus más de 47 años de existencia. Formas de ver la revolución que acaban por convertirse, bajo sus singulares prismas, en una construcción imaginaria a la que de tarde en tarde —y según el estado de la marea revolucionaria— se van incorporando o restando incesantemente muchas más oleadas.
    Fantasía Roja teje este muestrario de visiones y posturas de la intelectualidad europea hasta conformar un rosario que habla por sí solo del voyeurismo, de la cómoda pasividad y de las peligrosas connotaciones que implica hablar en nombre de, o por otros, y que hacen del sujeto de la revolución un objeto para sus respectivos relatos ideológicos.
    En este ensayo, De la Nuez hace de su escritura —una prosa desenfadada, chispeante e imaginativa en las contraposiciones semánticas de las palabras— una reflexión sobre su condición como intelectual de izquierda en la era postcomunista. El cambio de narrador, desde las cuatro primeras partes del libro (en tercera persona) a la quinta (en primera), aporta al discurso un horizonte casi performático, en la medida en que la narración comienza a intervenir como auto-buceo que reconoce el desgarramiento de la no pertenencia a ninguno de los asideros ideológicos que la izquierda convencional plantea en estos momentos.
    La metáfora de los viejos coches norteamericanos remendados con piezas soviéticas, renqueando por las calles de La Habana —no menos vieja y destartalada—, puede ser quizás la imagen más despiadadamente certera para un cuerpo intelectual de izquierda, cuya matriz ha sido extirpada definitivamente y que para seguir en el camino, habrá de contener a cada momento las hemorragias internas o externas que la existencia impone.
    Pero, asimismo, es despiadada consigo misma la respuesta automotriz que el autor ofrece, al revés, cuando se equipara en la actualidad con aquel Trabant fabricado en la Alemania comunista y que ahora apuntala con piezas del capitalismo para seguir caminando. Para ello asume, entre otros, a Slavoj Zizek, pensador postcomunista esloveno, y un mapa individual con las potencialidades que se pueden percibir en "el goce como factor político".
    A ello podríamos agregar otros muchos goces individuales que pueden provocar una bacanal política. Este es tal vez el punto donde el autor se desmarca más singular e imaginativamente de la izquierda tradicional. Así, en un bar hipotético de un barrio berlinés, prepara un encuentro imaginario en el que entre cervezas, conversaciones, risas y humor lascivo, desfilan Marx y Lafargue, Greene y Debray, Vázquez Montalbán y Oliver Stone.
    En realidad, como dice De la Nuez, "la lista nunca es fija, crece o disminuye según la intensidad de la conversación, la capacidad de asimilación del alcohol y de los compromisos diversos de estos personajes".

    ¿Por qué 'Fantasía Roja'?

    Fantasía Roja es, por una parte, un título que tiene que ver con una construcción imaginaria de la realidad como es la fantasía. Por otra, es roja porque tiene el color del comunismo y de la revolución, de la izquierda y de la revuelta, que tanto han descrito y propuesto los filósofos, novelistas, músicos y cineastas glosados en este libro.
    Creo que, en este sentido, eso es lo fundamental. Y aclaro que la palabra fantasía no la trato en términos peyorativos, sino como método constructivo de una realidad. Es decir, la fantasía es un modo de armar la realidad y hasta de lidiar con ella. Esto es algo que ya había visto Freud en 1907, cuando estudió una novela de Jensen titulada La Gradiva. Allí, él descubrió que a los escritores y a los artistas, cuando crean sus obras, les pasa lo mismo que a un niño cuando juega: se toman en serio una realidad inventada.

    ¿Qué le hace elegir la izquierda europea en su visión de la revolución cubana?

    Me he fijado en la izquierda europea, y algo también en la norteamericana, porque vive instalada en eso que alguna vez se llamó "primer mundo". Me interesaba esa figura de la utopía en la que se convertía Cuba para ellos: una isla lejana en la que proyectar sus sueños pero de la cual regresar, como cualquier turista, a una vida cómoda.
    En esta dirección, me he tropezado con algunas constantes, como son la confirmación, la celeridad, la distancia y la discriminación. Confirmación de una revolución triunfante allí donde otras fracasaron. Celeridad por el poco tiempo que han necesitado estos autores para pontificar sobre un proceso complejo como es el de la Revolución Cubana. Distancia por la seguridad de saber a resguardo, desde este mundo lejano, su pasión revolucionaria. Discriminación por el segundo plano en el que suelen aparecer los cubanos en todo esto.
    Hay que recordar que muchos de estos intelectuales narran, filman o fotografían algo que quizás le hubiese correspondido a un cubano, pero que ese cubano, que vive allí, generalmente no puede hacer. Además, ellos lo hacen con un éxito mayor que el que pueda tener cualquier cubano de allí por estar inmersos en el centro mismo del circuito comercial de la cultura. Se percibe ahí un punto de marginación, puesto que los cubanos lo que ponen es el paisaje, un telón de fondo, algunos coros, pero casi siempre las voces principales son las de estos intelectuales.

    ¿Cuáles fueron los imperativos de 'Fantasía Roja'?

    La verdad es que me interesaba mostrar cómo Cuba se convierte en un argumento para enfrentarse al mundo occidental y capitalista desde un punto de vista revolucionario. Dicho de otra manera, para la izquierda europea Cuba se comporta como una construcción ideológica anticolonialista, antiglobalización y anticapitalista que supera los propios límites cubanos. Así como la pipa de Magritte no era una pipa, sino su representación, Cuba no es sólo Cuba en estos casos.
    Por otra parte, quería valorarlos como una parte de la cultura cubana durante el período de la Revolución. Aquí tampoco soy original y de alguna forma los trato como Lezama Lima a Cristóbal Colón (llegó a definir el Diario de Navegación como el primer texto poético cubano) o como hizo el Grupo Orígenes con María Zambrano (a quien asumió como propia).

    ¿No resultan problemáticas estas asociaciones para las ideas del libro antes apuntadas?

    Lo que quiero decir con ello es que, en buena medida, no se puede entender la Revolución Cubana sin la aportación mitológica y simbólica que han hecho muchos de estos autores. Si esto resulta problemático es que estoy haciendo bien mi trabajo como ensayista. Quiero jugar a incorporarlos a la cultura cubana y además me gustaría también a incorporarlos a los avatares que representa ser cubanos (aunque esto último no está en mis manos, sino en sus conciencias).
    También, los valoro, en un momento dado, como una fracción en la historia del neocolonialismo. Sé que esto ya les gusta menos, pero mi rasero para llegar a esta conclusión no está en la derecha sino en Orientalismo, de Edward Said, o en el Discurso de Argel, del Che Guevara. Y provenir de la izquierda, para esa visión que yo relato en el libro, no es un atenuante, es un agravante.
    Por último, he querido situar mi libro, ideológicamente, como una polémica dentro de la izquierda. Ahora bien, sé que muchos de estos titanes de la revolución no admiten mis puntos de vista y no me darán cuartel en esa zona de la ideología. ¿Qué le vamos a hacer? Yo sólo les recuerdo que quien mejor define quién es o no de izquierdas es la derecha, y ahí es más que evidente que yo no estoy y que tampoco me quieren.
    Otra cosa es el respeto y la amistad que me merece mucha gente y lo necesarios que encuentro sus aportes, sean de derechas, anarquistas, libertarios, marginales o comunistas. La vida es demasiado compleja, y demasiado corta, como para ir por ella pidiendo carnés o pasaportes.

    En este punto, ¿cómo se puede ser progresista, cómo se puede ser de izquierda?

    Cuando el sistema comunista fue derribado junto al Muro de Berlín, se abrió una maravillosa posibilidad (al menos en Europa, que es donde vivo) de avanzar en un pensamiento crítico sobre el capitalismo, sin que ello remitiera a una identificación con el Estado, la represión y, en definitiva, con el Gulag. Creo que es una buena posibilidad que tenemos como generación, incluso aquellos que hemos crecido en el comunismo.
    Con la caída del Muro de Berlín, ser de izquierda, en Europa, no te remite a un Estado totalitario y esa situación me parece un alivio. De cualquier manera, reivindico una especie de izquierda que se nutre de pensadores algo laterales e incómodos para la ortodoxia, como Lafargue, Russell, Blanchot o Zizek, y que intenta golpear en la moral anquilosada de este sistema de costumbres que vivimos en Occidente (con una laicidad siempre en peligro bajo el amparo de la corrección política y del consenso).
    En esa cuerda, parto de la base de que quizá la revolución no sea ya transgresora, pero la transgresión sí que puede ser, en un momento dado, revolucionaria.

    ¿Dentro de la izquierda europea habría sido posible una posición diferente a la que refleja 'Fantasía Roja'?

    No sólo ha sido posible, sino que ha existido. Lo que pasa es que no ha sido la más dominante, ni tampoco la más influyente. Yo hablo de Juan Goytisolo y su apoyo a Reinaldo Arenas, o incluso del mismo Julio Cortázar y su denodado esfuerzo, desde París, por la publicación de Paradiso.
    También atiendo a un grupo importante de la izquierda europea más reciente, que no tiene inconveniente en criticar los excesos de la Revolución Cubana y que, al mismo tiempo, no tiene esta proyección fantasiosa que intento plasmar en Fantasía Roja. Pero estas actitudes no han sido el objeto de mi libro.
    No me interesaban tanto los puntos de ruptura como los de continuidad. Por eso tampoco me detengo en el caso de Hemingway, porque si bien él realizó una obra ideológica y una intervención práctica en el frente durante la Guerra Civil Española, no puede decirse que hiciera lo mismo con respecto a Cuba. La Isla era para él un lugar donde pescaba, descansaba, bebía y escribía, pero no tenía mucho que ver con sus avatares ideológicos.
    Incluso cuando él se encuentra con Fidel, no es en el terreno de Fidel, sino en el terreno de Hemingway, navegando por el mar y pescando agujas. Por eso, no es que no existan otras izquierdas, existen y yo las menciono en el libro. Pero a mí me interesaba reflejar ese punto donde confluye una mezcla de ingenuidad, de pasión y fantasía que produce esta construcción mitológica de la que habla Fantasía Roja. O sea, Cuba casi como fetiche.

    Desde el punto de vista de la escritura, ¿cómo resuelve las dos corrientes de pensamiento que habitan en 'Fantasía Roja': la pasión por las ruinas iniciada por Graham Green y la pasión por el fuego que inicia Sartre?

    El libro tiene como encrucijada inicial aquella frase de Walter Benjamín, que decía que lo importante no es la ruina, sino el fuego. Por eso Graham Greene (la pasión por la ruina) y Jean-Paul Sartre (la saga del fuego), con sus respectivos seguidores, mantienen la tensión durante casi todo el ensayo.
    En el sentido de la escritura, te diría que Fantasía Roja es una especie de novela familiar, con una familia singular que atraviesa medio siglo pasándose una herencia y peleando por ella, con sus trampas, rencores y convencimientos de quiénes son los más adecuados para apropiársela.
    Pero esa línea no es más que la justificación para llegar a Berlín, al último capítulo, que es donde tiene lugar mi revancha. Como diciendo a estos intelectuales que viajaron al que fue mi mundo, hablaron y pensaron sobre él, que ahora hace quince años que vivo aquí, en el mundo de ellos, y me siento con autoridad para hablar de sus sueños y, sobre todo, para fijar los míos.
    Y todo eso en una ciudad como Berlín, que, como sabes, encarna en gran medida el fin del imperio comunista pero también la esperanza de una ciudad creativa todavía no estandarizada ni normalizada según los cánones neoliberales propiamente dichos.
    No olvidemos que el mismo año que cae el Muro (1989), surge la expansión de Microsoft. Ambos hechos marcan de modo muy importante el surgimiento de una sociedad con un concepto del trabajo, y un uso del tiempo y el espacio, muy distinto al que habíamos conocido hasta entonces.
    Por ejemplo, la diferencia entre fin de semana y el resto de la semana, entre hogar y centro de trabajo, entre el día y la noche, entre el espacio social y el privado, comienza a diluirse en esta nueva situación. Creo que a partir de estos cambios es que debemos comenzar a valorar las cosas.

    ¿Cree que la intelectualidad cubana ha tomado nota de estos cambios?

    Creo que la intelectualidad cubana tiene una pulsión y una pasión decimonónica tremenda. Para ser un buen intelectual cubano, tienes que ser un gran intelectual del siglo XIX, con todo lo que eso implica de connivencia con los poderes políticos del asunto cubano y sus alrededores, con todas las complicidades y todos los rituales de un despliegue intelectual que confiere poder político y de unos poderes políticos que premian las lealtades intelectuales. Y esto vale para la Isla y para el exilio.
    El caso es que mi sueño no es ser un gran intelectual del siglo XIX, mi fantasía es ser un pequeño intelectual del siglo XXI. Desde que publiqué en Cuba mi primer ensayo, hace casi veinte años, hasta ahora, puedo mirar mi trabajo sin vergüenza política y puedo ir por el mundo sin necesidad de hacerme un lifting ideológico.
    Aquí afuera lo mismo, no tengo una agenda política que ofrecer ni a la que sumarme, y no pertenezco a ningún grupo, partido u organización. Soy un marxiano (por Marx) y un marciano (por Marte), y así me siento bien. Tampoco voy diciéndole a nadie lo que debe o no hacer, porque mi trabajo se reduce a situarme en el mundo y a valorar algo tan denostado por los Estados comunistas y por el mercado omnipresente del capitalismo: el experimento de la individualidad.
    Esa es también la forma en que abordo el ensayo, y tiene que ver con el significado que tiene esta palabra en el teatro. En el teatro, el ensayo es algo previo a la función, es algo que se va armando, pero que no es la función final. Así es como me gustaría que se leyera Fantasía Roja, exactamente como el experimento imperfecto de un ínfimo sujeto del siglo XXI, para el cual Sloterdijk y Blanchot, Graham Greene y David Byrne, Sartre y los Simpsons, la rapsodia y el rap, son igual de necesarios y prescindibles.

    URL:
    http://test.cubaencuentro.com/es/encuentro_en_la_red/entrevistas/articulos/
    la_intelectualidad_cubana_es_decimononica

    http://castrianism.blogspot.com/2006/06/fantasia-roja-entrevista-ivn-de-la.html







    "Fantasía roja", Iván de la Nuez

     Fantasía roja

    Iván de la Nuez; Debate; 142 pgs. 14,50 euros.
    Sartre tropical (y otras farsas)
    Ferran Sáez Mateu, lavanguardia/culturas, 16-VIII-06.

    El intelectual orgánico cubano Roberto Fernández Retamar publicó en 1971 un opúsculo titulado Calibán donde correlacionaba ese peculiar personaje shakespeariano con la psicología de la revolución de 1959. Retamar escribe siempre sicología,que en griego significaría literalmente ciencia de los higos;cosas de la ortografía revolucionaria, supongo. Iván de la Nuez (La Habana, 1964) acaba de publicar Fantasía roja. Los intelectuales de izquierdas y la revolución cubana,un brillante ensayo que, simultáneamente, retoma y reduce al absurdo las ideas de Fernández Retamar, aunque sin citarlo ni aludirlo en ningún momento. El Calibán de Shakespeare proviene de su temprana lectura de Montaigne, que a su vez se basa en las crónicas de Jean de Léry, entre otros. Calibán, en definitiva, no es nada más (ni nada menos) que una abigarrada yuxtaposición de fantasías europeas proyectadas sobre el imaginario bon sauvage del Nuevo Continente. Para entender cabalmente el libro de De la Nuez, conviene retener esos precedentes: espejos filosóficos reflejando imágenes espectrales del Trópico, a menudo con resaca de mojitos.

    Ese flujo de mistificaciones exóticas nunca ha cesado; sólo ha cambiado de color. Durante la segunda mitad del siglo XX fue básicamente rojo. En 1960, Jean-Paul Sartre viajó a Cuba para rendir pleitesía al Che Guevara. Debido a su estrabismo, o quizás a una insolación, Sartre creyó ver un paraíso donde otros divisaban una dictadura latinoamericana más, convertida azarosamente a la fe marxista debido a coyunturas de la Guerra Fría. Sartre no fue ni el primero ni el último en transformar la isla caribeña en la feliz tierra del rey Utopo. A su manera, Graham Greene había hecho lo mismo pocos años antes. Luego vinieron personajes tan diversos como Manuel Vázquez Montalbán, el músico Ry Cooder o los cineastas Oliver Stone y Wim Wenders, sin contar las masivas romerías vacacionales procedentes de Europa a principios de los años 90, a medio camino entre la mitomanía izquierdista, la fascinación por el exotismo decadente de La Habana y el puro turismo sexual y alcohólico. 

    Iván de la Nuez dibuja los entresijos de esa fantasía roja en un tono ácido pero a la vez contenido y matizado (menos en las últimas páginas, donde el vitriolo fluye a litros). Nada que ver, en este sentido, con ciertos textos de Guillermo Cabrera Infante, por ejemplo. Excepcionalmente bien escrito, el ensayo de Iván de la Nuez se hace una pregunta difícil de responder sin apelar a una amalgama muy compleja de factores: ¿por qué la lucidez de ciertos intelectuales europeos y norteamericanos de izquierdas parece quedar anulada justo al rozar el aeropuerto de La Habana? Un auténtico misterio. ¿Cómo puede ser que el pensamiento crítico se derrita ante las inacabables peroratas de Fidel Castro? Fantasía roja no es un libro redactado desde el resentimiento ideológico - su autor se declara reiteradamente de izquierdas- ni tampoco desde ningún trauma biográfico. De hecho, no es una obra sobre la revolución cubana y sus protagonistas fundacionales, sino sobre su recepción en la cultura - y digo cultura,no política- europea. Por ello resultan especialmente acertados sus análisis sobre determinados productos culturales, ya sea una novela de Belén Gopegui o un disco de Ry Cooder. 

    Hay otro aspecto del libro de Iván de la Nuez que conviene destacar: su entrañable descripción de una infancia revolucionaria.El autor, que tiene exactamente la misma edad que quien escribe estas líneas, se adentra en un territorio sentimental que siempre había sido capitalizado por las generaciones anteriores. No hay aquí escenas épicas de Sierra Maestra ni tampoco historias de precariedad económica de los años noventa, ambas reflejadas en docenas de documentales. Aquí aparece otra Cuba intermedia,menos vistosa pero mucho más interesante de cara al futuro. Es bastante probable que sea precisamente esa generación, no la de los viejos exiliados de Miami, la que acabe tomando las riendas del país. "Mi viaje", cuenta Iván de la Nuez, "se produce a contracorriente de esos intelectuales de la izquierda occidental fascinados por Cuba. Y ese camino inverso, pese a los agravios que han caído sobre él, se deja leer también como una alternativa revolucionaria". Para quien sepa entender, queda dicho.

    http://www.radical.es/historico/informacion.php?iinfo=781

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    [PDF] Fantasía Roja, los intelectuales de izquierda - La Comunitat ...

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    Fantasía rojaIván de la Nuez. 4. INTRODUCCIÓN. CONVERTIR RAPSODIA EN RAP. Entre enero y febrero de 1960, Jean Paul Sartre recorrió Cuba durante 





    Fantasía Roja
    por Elizabeth Burgos 
    viernes, 6 julio 2007

    Fantasía Roja es el título de la última obra del ensayista cubano y crítico de arte Iván de La Nuez (1964). El autor pertenece al grupo de jóvenes intelectuales cubanos emigrados en los años 1990, nacidos y educados bajo la era castrista y que han fijado residencia, principalmente, en Europa y México.

    La mirada de Iván de la Nuez incursiona en los paradigmas de la cultura contemporánea que algunos califican de post-modernidad. Su enfoque no es el de la nostalgia, y mucho menos el de una crítica conservadora, la suya es la mirada de quien constata los cambios vertiginosos que se han sucedido en los últimos decenios del siglo XX que prefiguraron al entrada en el XXI. El tema central de su obra ha sido, por supuesto, Cuba y entre los títulos de mayor relieve se cuentan : La balsa perpetua. Soledad y conexiones de la cultura cubana (1998), El mapa de sal. Un postcomunista en el paisaje global (2001). En la obra que hoy comentamos, Iván de La Nuez da un paso poco común en la ensayística latinoamericana al centrar su análisis en el espacio europeo y la relación que tiene con Cuba. El autor abre así una brecha en la endogamia que suele practicar la ensayística latinoamericana, cuya tendencia es reducir el campo de observación a América Latina sin buscar las conexiones que esta tiene con el resto del mundo. Es un continente que se vive como una isla, de allí que las polémicas que tienen lugar en su horizonte cultural, tengan tan poco alcance universal. No deja de ser curiosa esa tendencia, cuando la mundialización, como se conoce ese fenómeno de interconexión de mudos, comenzó con el descubrimiento de América.

    Fantasía Roja se propone explorar la pasión que despertó entre renombrados intelectuales de la izquierda occidental la Revolución cubana. Al tratar de desentrañar las causas de esa pasión, el autor se adentra en el contexto histórico del entorno de estos pensadores que acudieron a Cuba a partir de 1959. Guerra de Argelia en Francia, período de descolonización que influyó en todos los ex imperios coloniales.

    El aval que éstos le otorgaron a la Revolución fue determinante para legitimar a nivel global ese fabuloso mercado de imágenes que ha significado la Revolución cubana, uno de los grandes acontecimientos de la mundialización, tan atacada por aquellos que le continúan dando su apoyo incondicional al régimen cubano. Es el caso del célebre reportaje de Jean Paul Sartre, Huracán sobre el azúcar, publicado por entregas en el diario vespertino más popular de Francia en aquella época, “France Soir”. No es este una de las menores paradojas de estos grupos. De hecho, fue la Revolución cubana la que inauguró el modelo de la política como gran espectáculo televisivo. Se debe recordar que hasta los fusilamientos practicados los primeros meses de la revolución fueron públicos y muchos televisados; inaugurando así la era del fascismo de espectáculo según lo ha calificado Peter Sloterdiejk.

    ¿Qué tienen en común? Jean Paul Sartre y Olivier Stone, Régis Debray y Sydney Pollack, Giangiacomo Feltrinelli y Max Aub, Graham Greene y David Byrne, Ry Cooder que hizo famoso Buena Vista Social Club, son los personajes convocados por Iván de La Nuez para tratar de desentrañar las motivaciones que los condujeron a robar el “fuego sagrado”, como le sucedió a Sartre ante el Che Guevara, y ungirse de una suerte de bendición que les permitía asir en lo real lo que Tomás Moro, Fancis Bacon, Tommaso Campanella o Erasmo de Rotterdam sólo pudieron concebir en su imaginario.

    El autor considera que la pasión cubana de esa izquierda, sólo el psicoanálisis podría darnos verdaderamente las claves de su peculiaridad. Uno de las conclusiones más pertinentes del autor es que Cuba sirve como coartada para criticar el mundo ordenado bajo las normas del capitalismo y sus males. El desprecio por la democracia formal, generada por la paradoja enunciada por Marcel Gauchet de una democracia “contra sí misma” . Estos utópicos de la nueva era desconocen la vida, nos dice el autor; contrariamente a sus ancestros que fueron los forjadores del mito, que si conocían la vida, los del siglo XX desconocen la vida y la historia de Cuba, pues sólo les basta conocer el capitalismo.

    El propósito del autor lo resume de la siguiente manera: “esas fantasías sobre la Revolución cubana se deben leer, primero como una crítica al capitalismo y al imperialismo; y como un islote en la conformación del imaginario revolucionario de Occidente. Luego como una parte intrínseca de la cultura cubana” , como lo es la obra de Humboldt. En tercer lugar, considerar las posturas de estos intelectuales como un aspecto de la historia del neocolonialismo, cierto de izquierda, pero siempre neocolonialismo. Este aspecto, el de la condescendencia de la izquierda occidental hacia América Latina es uno de los rasgos más sobresalientes de la izquierda europea y norteamericana, en su relación con América Latina.

    Hoy el interés por la Revolución se centra en la búsqueda de lo anterior a la revolución; las imágenes color sepia, los Cadillacs de los años 1950, la música previa a la Revolución, y la imagen del que personifica por excelencia el anacronismo que perdura y constituye el atractivo principal, Fidel Castro.

    El autor advierte que su debate se sitúa desde la izquierda, pese a que estos portavoces de la revolución le nieguen esa filiación.

    Obra que puede ser muy instructiva para la Venezuela de hoy, convertida en lugar de turismo revolucionario por excelencia que además posee el atractivo de los petrodólares.


     Especializada en etnopsicoanálisis e historiaconsejera editorial de webarticulista.net, autora de "Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia" (1982).
    - Artículo publicado originalmente en el semanario ZETA

    http://webarticulista.net.free.fr/eb200708071210+Elizabeth-Burgos+Ivan-de-La-Nuez+Fantasia-Roja+Cuba.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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