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    miércoles, 30 de mayo de 2018

    DOSSIER Hannah Arendt una de las pensadoras más influyentes del Siglo XX Libros pdf


    Hannah Arendt, la pensadora que iluminó el mundo

    Con sus obras denunció las ideologías totalitarias y el nacionalismo exacerbado

    Hannah Arendt
    En tiempos de nacionalismos exacerbados es fácil que venga a la memoria Hannah Arendt, una mujer que los fustigó con su sabia palabra. Tras un tiempo de silencio, incomprensible sobre ella, los libros sobre su vida y su pensamiento -prefería ser llamada pensadora que filósofa-, se han multiplicado.
    La autora de «Los orígenes del totalitarismo», primer libro que escribió sobre filosofía política, analiza el racismo, el imperialismo, el antisemitismo, igualando a nazis y estalinistas. Centrándose en el nazismo, afirmó que no sentaba su base en la germanidad, sino en un nacionalismo corrosivo. Su aversión por él la llevó a considerarlo como una patología política, una enfermedad malsana.
    Dio a la literatura poemas, cartas, diarios, libros de envergadura que nos hablan de una mujer apasionada. De esta faceta de su personalidad dan idea estos versos: «Así es mi corazón:/como esos pedazos rojos de luna, /completamente cubiertos de nubes lacrimosas, convocados por la noche, para/ ser consumidos en el calor del fuego abrasador, /o como el resplandor brillante de la leña/en la negrura de una chimenea que ya no prende/así se quema mi corazón y arde, pero no ilumina».
    Hannah nació en Hannover (Alemania) el 14 de octubre de 1906. Su madre, Martha Cohn, llevaba un diario sobre la niña que perdió a su padre, enfermo de sífilis, cuando tenía 7 años. Un año, aquel de 1913, difícil para Hannah, porque también murió su abuelo, a quien estaba muy unida. Otro contrariedad pasado cierto tiempo fue el nuevo matrimonio de su madre. El marido aportaba dos hijas a la familia. Su madre escribió sobre Hannah que la niña luminosa y alegre se convirtió en misteriosa y opaca. Sus años como estudiante tuvieron altibajos, pero solía destacar con brillantez llegando a obtener una medalla de oro.

    El romance con Heidegger

    En la Universidad de Berlín, la joven fue consciente de que debía seguir «su impulso por entender», algo que para Arendt era cuestión esencial. Su personalidad no respondía al estereotipo femenino de la época. De pronto, un día, conoció a Martin Heidegger, un joven profesor, aunque diecisiete años mayor que ella. «El mago de Messkirch», (su lugar de nacimiento), fascinaba a sus alumnos porque no esperaba de ellos que fuesen meros oyentes, sino interlocutores.
    La relación amorosa con la autora de «La condición humana» no tardó en surgir, pero Heidegger era católico, estaba casado, tenía dos hijos y, sobre todo, una reputación social que no estaba dispuesto a echar por la borda. El amante le enseñó a la amada que pensar y ser viviente eran una misma cosa. Los amantes mantuvieron una relación con altibajos, pero la intelectual se mantuvo siempre, no obstante el amor había prendido fuerte y ninguno se zafó totalmente de él. El motivo fundamental de la ruptura fue la afiliación del autor de «El ser y el tiempo» al partido nazi y la inevitable huida de Alemania de Arendt por su condición de judía.

    Contra los nacionalismos

    Otro gran maestro de la pensadora fue Karl Jaspers que dirigió su tesis sobre «El concepto del amor en San Agustín». En este trabajo se ponía de manifiesto que en la autora primaba la comprensión sobre la ortodoxia. «Para mí lo esencial es comprender, yo tengo que comprender», afirmó. Quizá de esta convicción partió su independencia a machamartillo, una independencia que la llevó a no afiliarse nunca a ninguna parcela política. Únicamente, y en los malos tiempos del nazismo, colaboró con el sionista Kurt Blumenfeld e ingresó en la Asociación Sionista Mundial de la que se distanciaría más tarde, precisamente por su abominación de los nacionalismos.
    Arendt era judía, aunque no vivió su identidad en profundidad. No obstante, quizá influyera esta condición en su proposición al «New Yorker» de escribir sobre el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén, nazi capturado en Argentina en 1960. Los reportajes acabarían convirtiéndose en un libro, «Eichmann en Jerusalén», subtitulado «Sobre la banalidad del mal», obra que provocó un escándalo que la persiguió durante años.
    Llegado a este punto es necesario retroceder en el tiempo hasta llegar a 1933, cuando tras el incendio del Reichstag, su inteligencia le dictó que era preciso asumir el exilio y, tras pasar por Francia, se dirigió a Estados Unidos. Aunque «Eichmann en Jerusalén» le valió el rechazo y la calumnia por parte incluso de amigos sionistas, tuvo claro como periodista que los valores de la profesión debían ser la honradez, la objetividad y el rigor de la investigación.
    Si bien el antisemitismo le parecía «un insulto al sentido común», eso no le impidió que rechazara que el Gobierno de Israel empleara con los palestinos las mismas armas que habían herido a los judíos, siendo causante de grandes masas de apátridas. Con respecto a su decisión de escribir sobre el caso Eichmann, su fiel Jaspers le expresó su temor debido a lo que llamó «su sentido crítico». Cuando se desató la furia la consoló.
    Las necesidad de Hannah de comprender no le permitió medias tintas. En su opinión, el reo no era un monstruo, un ser diabólico, sino un ciudadano irreflexivo que obedecía, una víctima de la banalidad del mal, un instrumento de la burocracia de un sistema totalitario capaz de convertir a las personas en seres incapaces de razonar. Yerra quien piense que pretendía restar importancia al Holocausto.
    Según Richard J. Berstein, «su informe no ha sido superado. No se trata tanto de un análisis historiográfico de la Solución Final, como de un ejercicio de pensamiento y juicio. Fue una de las primeras personas que planteó el estudio público y riguroso de cuestiones dolorosas sobre la responsabilidad y el juicio de los autores, las víctimas y los espectadores». Lo que Blumenfeld y otros sionistas no le perdonaron a la autora de «Hombres en tiempos de oscuridad» fue que mencionase la «Judenräte», es decir, la colaboración de los consejos judíos con los nazis en las naciones ocupadas en lo concerniente a la aportación de datos, incluidos los económicos de familias judías. No era algo ignorado, pero sí silenciado.

    Una pasajera solitaria

    En Estados Unidos fue profesora en diversas universidades y su éxito fue tan extraordinario que los alumnos llegaban a ir a esperarla a los aeropuertos. Cuando ya anciana se hizo un congreso sobre «El trabajo de Hannah Arendt», prefirió participar que ser la invitada de honor. En lo que respecta a su vida privada se casó por primera vez con Günter Stern, que publicó con el apellido Anders y al morir ella le dedicó «La batalla de las cerezas». Una unión más duradera y feliz fue su boda con Heinrich Blücher, en 1936. De la unión lograda da idea esta frase de la esposa: «Aún hoy me parece imposible haber logrado las dos cosas que anhelaba: el gran amor y seguir manteniendo la identidad como persona».
    De la cultura moderna le preocupaba la crisis de la autoridad apoyando la de los padres sobre los hijos, de los maestros sobre los discípulos y, en general, la de los mayores sobre los jóvenes. Su gran amiga Mary McCarthy dijo de ella que era «una pasajera solitaria en su tren de pensamientos».
    En diciembre de 1975 puso en su máquina de escribir un folio con el título «La fuerza del juicio». Llegada la hora del almuerzo lo hizo en casa con unos amigos. Durante la tertulia que siguió perdió el conocimiento. Después llegó la muerte. Pero parafraseando uno de sus poemas, en ella «ardió la vida e iluminó el mundo».
    http://www.abc.es/cultura/20140101/abci-hannah-arendt-nacionalismo-nazismo-201312292127.html

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    Biografía de Hannah Arendt

    Socióloga y filósofa alemana, Hannah Arendt nació en Linden el 14 de Octubre de 1906. Su trabajo sociopolítico y pensamiento se considera uno de los más influyentes en su campo de todo el siglo XX.

    De familia judía, Arendt sufrió en primera persona el auge del nazismo en Alemania y llegó a estar encarcelada. Tras esa primera experiencia, decidió escapar, primero a Francia y luego a Estados Unidos, donde se estableció definitivamente pese a no conseguir la ciudadanía hasta 1951.

    Su obra Orígenes del totalitarismo se considera fundamental para entender las raíces de los movimientos políticos y sociales que se desataron en Europa durante el periodo de entreguerras. Como socióloga, estudia la figura política de la democracia plural y la contrapone a la de democracia directa, concediéndole una vital importancia a la idea del Otro. La importancia de la obra de Arendt estriba en la mezcla de sociología, filosofía y política que da origen a una nueva manera de entender la comunicación y el estudio de la violencia.

    Otras obras de interés en su carrera sería, entre otras muchas, La condición humana(1958) y Eichman en Jerusalén (1963), crónica del juicio al criminal de guerra Adolf Eichman que Arendt realizó para el New Yorker donde acuñó por primera vez la polémica frase de la "banalidad del mal"
    Hannah Arendt murió en Nueva York el 4 de Diciembre de 1975. En años posteriores a su muerte se crearon tanto la Asociación Hanna Arendt para el estudio del totalitarismo como el Premio Hanna Arendt de ensayo, otorgado por la ciudad de Brema.

    http://www.lecturalia.com/autor/5906/hannah-arendt

    Libros de Hannah Arendt

    Escritos judíos 2016 
    Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura 2015 
    Eichmann y el Holocausto 2012 
    Lo que quiero es comprender 2010 
    La promesa de la política 2008 
    Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental  2007 
    Ensayos de comprensión, 1930-1954 2005 
    Responsabilidad y Juicio 2003 
    Hannah Arendt: diario filosófico (1950-1973) 2002 
    De la historia a la acción 1998 
    ¿Que es la política?1997 

    El concepto de amor en San Agustín 1996 
    Entre amigas 1996 (2006) 
    Correspondencia 1926-1969 y otros documentos de los legados 1990 (2000) 
    Conferencias sobre la filosofía política de Kant 1982 (2012) 
    La vida del espíritu 1978 
    Tiempos presentes 1975 (2013)

     Crisis de la república 1972 
    Sobre la violencia 1970 (2013) 
    Hombres en tiempos de oscuridad 1968 (2013) 
    Una revisión de la historia judia y otros ensayos 1966 (2005) 
    Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal 1963 (2011) 
    Sobre la revolución 1963 
    Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política1961 
    La condición humana 1958 (2005) 
    Rael Varnhagen: La vida de una mujer judía 1958 (2000) 
    Los orígenes del totalitarismo 1951 
    La tradición oculta 1940 (2004)


    El malentendido sobre Hannah Arendt

    La película de Margarethe von Trotta sobre la filósofa alemana ha despertado una nueva ola de críticas contra su libro ‘Eichmann en Jerusalén’. El problema es que muy pocos de sus detractores lo han leído



    El malentendido sobre Hannah Arendt
    ENRIQUE FLORES

    Cuando en 1961 se celebró en Jerusalén el juicio del líder nazi Adolf Eichmann, la revista The New Yorker escogió como enviada especial a Hannah Arendt, una filósofa judía de origen alemán exiliada en Estados Unidos. Arendt, que se había dado a conocer con su libro Los orígenes del totalitarismo, era una de las personas más adecuadas para escribir un reportaje sobre el juicio al miembro de las SS responsable de la solución final. Los artículos que la filósofa redactó acerca del juicio despertaron admiración en algunos (tanto el poeta estadounidense Robert Lowell como el filósofo alemán Karl Jaspers afirmaron que eran una obra maestra), mientras que en muchos más provocaron animadversión e ira. Cuando Arendt publicó esos reportajes en forma de libro con el título Eichmann en Jerusalén y lo subtituló Sobre la banalidad del mal, el resentimiento no tardó en desatar una caza de brujas, organizada por varias asociaciones judías estadounidenses e israelíes.
    Tres fueron los temas de su ensayo que indignaron a los lectores. El primero, el concepto de la “banalidad del mal”. Mientras que el fiscal en Jerusalén, de acuerdo con la opinión pública, retrató a Eichmann como a un monstruo al servicio de un régimen criminal, como a un hombre que odiaba a los judíos de forma patológica y que fríamente organizó su aniquilación, para Arendt Eichmann no era un demonio, sino un hombre normal con un desarrollado sentido del orden que había hecho suya la ideología nazi, que no se entendía sin el antisemitismo, y, orgulloso, la puso en práctica. Arendt insinuó que Eichmann era un hombre como tantos, un disciplinado, aplicado y ambicioso burócrata: no un Satanás, sino una persona “terriblemente y temiblemente normal”; un producto de su tiempo y del régimen que le tocó vivir.
    Lo que dio aun más motivos de indignación fue la crítica que Arendt dispensó a los líderes de algunas asociaciones judías. Según las investigaciones de la filósofa, habrían muerto considerablemente menos judíos en la guerra si no fuera por la pusilanimidad de los encargados de dichas asociaciones que, para salvar su propia piel, entregaron a los nazis inventarios de sus congregaciones y colaboraron de esta forma en la deportación masiva. El tercer motivo de reproches fueron las dudas que la filósofa planteó acerca de la legalidad jurídica de Israel a la hora de juzgar a Eichmann.
    De modo que lo que esencialmente provocó las críticas fue la insumisión: en vez de defender como buena judía la causa de su pueblo de manera incondicional, Arendt se puso a reflexionar, investigar y debatir. Sus lectores habían esperado de ella un apoyo surgido del sentimiento de la identidad nacional judía y de la adhesión a una causa común, y lo que recibieron fue una respuesta racional de alguien que no da nada por sentado. En palabras de Aristóteles, en vez de limitarse a ser una “historiadora”, Arendt se convirtió en “poeta”.
    Sus adversarios llegaron a ser muchos; el filósofo Isaiah Berlin no quería ni oír hablar de ella, y el novelista judío Saul Bellow afirmó que Arendt era “una mujer vanidosa, rígida y dura, cuya comprensión de lo humano resulta limitadísima”, aunque otra conocida escritora, Mary McCarthy, publicó en Partisan Review un largo ensayo en apoyo de Eichmann en Jerusalén. Así, el libro de Arendt generó en los sesenta toda una guerra civil entre la intelectualidad neoyorkina y europea.

    En vez de defender incondicionalmente, como buena judía, la causa de su pueblo, debatió, investigó, reflexionó

    Ahora, medio siglo después de la primera polémica, la realizadora alemana Margarethe von Trotta ha ofrecido al público su película Hannah Arendt, que ha despertado una nueva ola de reacciones contra el tratado de la filósofa. Lejos de ser un documental sobre Arendt, esta “película de ideas”, que se estrenó en mayo en Estados Unidos y en junio en España, enfoca el caso Eichmannsirviéndose de escenas de su juicio en Jerusalén, extraídas de los archivos. Otra vez en Estados Unidos y en Europa se ha despertado una polémica, aunque más respetuosa con la filósofa, la cual, a lo largo de las décadas, ha ido cobrando peso.
    La mayoría de los participantes en el debate actual sostienen que, en la “banalidad del mal”, Arendt descubrió un concepto importante: muchos malhechores son personas normales. En cambio, según ellos, Arendt no supo aplicar adecuadamente ese concepto. Según lo expresó Christopher Browning en New York Review of Books: “Arendt encontró un concepto importante pero no un ejemplo válido”. Elke Schmitter argumenta en el semanario alemán Der Spiegelque “la actuación en Jerusalén fue un exitoso engaño”, y que Arendt no llegó a entender al verdadero Eichmann, un fanático antisemita. Alfred Kaplan ha escrito en The New York Times que “Arendt malinterpretó a Eichmann, aunque sí descubrió un gran tema: cómo las personas comunes se convierten en brutales asesinos”. Todos los críticos —y hay muchos más que los citados— invocan los documentos hallados sobre Eichmann tras la publicación de Eichmann en Jerusalén y las investigaciones posteriores, y afirman que Arendt en su época los ignoraba y debido a ello malinterpretó a Eichmann.
    El problema es que —y aquí subyace el primer malentendido— Arendt sí conocía, al menos parcialmente, esos materiales, y su tratado los tuvo muy en cuenta. Dichos documentos provienen de la estancia del jerarca nazi en Argentina, antes de que allí le capturaran los servicios secretos israelíes: se trata de sus memorias y apuntes, además de una entrevista. A partir de esos materiales, diversos estudiosos han publicado en los últimos años nuevos ensayos sobre Eichmann y, por lo general, le dan la razón a Arendt en el hecho de que Eichmann no era un maniático que odiaba a los judíos, sino un hombre común. En cambio, esos historiadores le echan en cara a Arendt su idea de que Eichmann meramente obedecía órdenes.

    Logró poner de manifiesto que el mal puede ser obra de gente corriente, de las personas que renuncian a pensar

    Y aquí está el segundo malentendido: la filósofa nunca sostuvo que Eichmann se limitara a obedecer órdenes. En su libro, Arendt resaltó la rebelión de Eichmann contra las órdenes de Himmler quien, al aproximarse la derrota, recomendó un mejor trato a los judíos, mientras que Eichmann “se esforzó por hacer que la solución final lo fuera realmente”, escribió Arendt. La filósofa dibujó un minucioso retrato de Eichmann como un burgués solitario cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia, y cuya tendencia a refugiarse en las ideologías le llevó a preferir la ideología nacionalsocialista y a aplicarla hasta el final. “Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann”, dice Arendt, “no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único”. El Eichmann de Arendt es un hombre que, engañándose y convenciéndose a sí mismo, está persuadido de que sus sangrientas acciones manifiestan su virtud.
    Muchos ensayistas y comentaristas no han entendido y siguen sin entender las ideas de Arendt porque no han leído su libro, o lo han leído bajo la influencia de los comentarios anteriores. Por eso el malentendido sobre Eichmann en Jerusalén no acaba de disiparse y Hannah Arendt se ha convertido en una autora de la que se habla mucho, pero a quien leen pocos.
    Sus ideas siguen molestando hoy como lo hicieron hace cincuenta años. Nada en la historia es blanco y negro, y los análisis de Arendt despiertan la animadversión de los que prefieren explicárselo todo con esquemas simples que no permitan la duda ni obliguen a reflexionar sin fin. Por ello es más preciso que nunca ir a la fuente y leer a Hannah Arendt, porque ella puso de manifiesto que el mal puede ser obra de la gente común, de aquellas personas que renuncian a pensar para abandonarse a la corriente de su tiempo. Y eso es válido también para los tiempos que vivimos.
    https://elpais.com/elpais/2013/07/25/opinion/1374764105_218903.html













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    PDF]Arendt, Hannah - Eichmann en Jerusalen - Revista LaPala


    www.lapala.cl/wp.../Eichmann-en-Jerusalen.-Estudios-sobre-la-banalidad-del-mal..pdf
    de H Arendt - ‎1999 - ‎Citado por 417 - ‎Artículos relacionados
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    [PDF]Arendt, Hannad - Los orígenes del totalitarismo - larisadelser - home


    https://larisadelser.wikispaces.com/.../Arendt-Hannah-Los-Origenes-Del-Totalitarismo....
    Hannah Arendt son el antisemitismo y el imperialismo. ... Este libro ha sido escrito con un fondo de incansable optimismo y de incansable desesperación.

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    [PDF]Arendt, H.: La Condición Humana - Universidad Clea.

    clea.edu.mx/biblioteca/Arendt%20Hanna%20-%20La%20Condicion%20Humana.pdf
    11 may. 2015 - SUMARIO. Introducción: Hanna Arendt, pensadora del siglo, por ..... cuya condición contemporánea he escrito el presente libro. Me limito, por ...

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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