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    sábado, 26 de mayo de 2018

    Carta (durísima) de Friedrich Nietzsche a Lou Andreas Salome y otros escritos



    Lou: 

    Que yo sufra mucho carece de importancia comparado con el problema de que no seas capaz, mi querida Lou, de reencontrarte a ti misma. 
    Nunca he conocido a una persona más pobre que tú. 
    Ignorante, pero con mucho ingenio. 
    Capaz de aprovechar al máximo lo que conoce.
    Sin gusto pero ingenua respecto de esta carencia.
    Sincera y justa en minucias, por tozuda en general, en una escala mayor, en la actitud total hacia la vida: Insincera
    Sin la menor sensibilidad para dar o recibir.
    Carente de espíritu e incapaz de amar.
    En afectos, siempre enferma y al borde de la locura. Sin agradecimiento, sin vergüenza hacia sus benefactores…
    En particular:
    Nada fiable.
    De mal comportamiento.
    Grosera en cuestiones de honor…
    Un cerebro con incipientes indicios de alma.
    El carácter de un gato: el depredador disfrazado de animal doméstico.
    Nobleza como reminiscencia del trato con personas más nobles.
    Fuerte voluntad pero no un gran objeto.
    Sin diligencia ni pureza.
    Sensualidad cruelmente desplazada.
    Egoísmo infantil como resultado de atrofia y retraso sexual.
    Sin amor por las personas pero enamorada de Dios.
    Con necesidad de expansión.
    Astuta, llena de autodominio ante la sexualidad masculina.

    Tuyo.

    Friedrich Nietzsche.

    Mucho se ha escrito sobre la vida sentimental y amorosa de Friedrich Nietzsche, un filósofo -huérfano de padre a los cuatro años de edad- siempre rodeado de mujeres: su abuela, su madre, su hermana, sus tías y sus numerosas amigas que, a lo largo de su vida, lo estimaron y sobreprotegieron, tal vez de manera agobiante y excesiva...

    Algunos biógrafos insinúan su atracción inconfesada e inconfesable por su propia hermana, la celosísima “Lisbeth” (Elisabeth). Thomas Mann llega a afirmar que Nietzsche estuvo durante toda su vida “prisionero de un amor casi incestuoso por Elisabeth, que está presente en la mayoría de los acontecimientos de su vida”.

    Sin embargo, la mayoría de sus biógrafos sostienen que, sin lugar a dudas, fue Lou von Salomé, su verdadero amor. Mujer atractiva e inteligente, que enamoró de verdad al solitario y atormentado filósofo de Röcken y que ejerció una intensa fascinación en él, atraído por su sensualidad contenida, su vigoroso intelecto y su fuerte personalidad.

    Cuando apenas tenía veinte años logró conquistar el corazón de Nietzsche; sería la única mujer de la que lograría enamorarse en su vida. Pero también el filósofo Paul Ree, el poeta Rainer Maria Rilke y el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, el sociólogo Ferdinand Tonnier, el psicólogo experimental Herman Ebbnghaus y otros muchos se sintieron atraidos por Lou Salomé.

    Fue a través de Paul Ree que Lou Salomé conoció a Nietzsche. Lou era la eterna amiga de Ree, intelectualmente sintonizaban, pero ella sentía repugnancia física hacia él. En 1901 se suicidó justo en el lugar en donde Lou Salomé le había rechazado veinte años antes; el tiempo jamás consiguió disolver todo el amor que sintió por ella.

    Otro tanto ocurrió con Nietzsche, si bien el poeta-filósofo logró sublimar la atracción que sentía en una obra singular, "Así habló Zarathustra".

    Hoy, tras la publicación de la correspondencia con Paul Ree, se sabe lo que sentía Nietzsche en aquella época: "Sino encuentro la piedra filosofal para convertir esta mierda en oro, estoy perdido".

    Cuando Nietzsche conoció a aquella jovencita que daba muestras de una singular madurez e inteligencia, y que, por lo demás era excepcionalmente atractiva, se sintió inmediatamente seducido por ella. Pero Lou solo amaba el pensamiento de Nietzsche, en absoluto al hombre. Lo rechazó una y otra vez. Finalmente, en 1882, el filósofo perdió toda esperanza. Unas semanas después se encerró en su pequeña habitaciíon; era el mes de febrero de 1883. En pocos días, Nietzsche compuso su gran poema filosófico que nació como fruto del desengaño y la frustración por un amor imposible.

    "Zarathustra" salvó de la locura a Nietzsche durante unos años. Tras la ruptura con Lou, habló de suicidarse; sacó fuerzas de flaqueza, rechazó la posibilidad de cualquier otro amor e intentó transmutar en fuerza interior su soledad. Seis años después se derrumbaría. A partir de 1889 su locura sería irreversible. Moriría dos años después.

    Fuente: El club de los libros perdidos, Nov., 2016





    Nietzsche y Lou Andreas-Salomé

    Un infernal verano

    Friedrich Nietzsche, 100 años de su muerte

    Lou nos recibió en un cenador campestre. Estaba con August Endell, autor de unos olvidados libros sobre estética. Quisieron inmortalizar el momento y me pidieron que les sacase una fotografía. Lou está apoyada en una pequeña varanda, bella, sonriente y serena.



    JOSÉ ANTONIO MARINA | 21/06/2000 |  Edición impresa



    Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, por Grau Santos
    Vi por última vez a Nietzsche en 1897.Ya hacía ocho años que la locura le había secuestrado en Turín, mientras lloraba abrazado al cuello de un caballo. Su hermana Elisabeth me contó algunas historias conmovedoras. Flashes de lucidez. Un día vio que Friedrich miraba con mucha atención un libro que ella acababa de cerrar. Se lo entregó. Con voz de niño inseguro que busca confirmación, preguntó: “También yo escribí libros bonitos, ¿verdad?”.

    Fui un admirador precoz de la obra de Nietzsche tras escuchar a Geor Brandès hablar de él en Copenhague en 1888. Gracias a él conocí también la existencia de una inquietante muchacha rusa, Lou Andreas-Salomé, especialista en romper las cañas tronchadas y apagar los pábilos humeantes. Educado en la disciplina kantiana, siempre pensé que todo lo que Nietzsche había escrito no era ciencia, sino autobiografía. Me lo confirmó un texto suyo. Consideraba que la filosofía era “una confesión de su autor, una especie de memorias involuntarias”. Quise saber a qué secreto biográfico respondía Así habló Zaratustra, y por eso visité a su hermana. Y a él de paso. Elisabeth no mostró ningún interés en hablar del invierno de 1883. Pero en la conversación apareció, acompañado de algún epíteto que no recuerdo, el nombre de Lou Andreas-Salomé. Y decidí ir a visitarla.

    Sabía que había estado hospedada en casa de una pariente mía, la baronesa Frieda von Bölow, en Munich. Ella me acompañó al nuevo domicilio de Lou, una casa cerca de la montaña, en Wolfratshausen. Vivía allí con un joven poeta, que después alcanzó gran notoriedad, llamado Rainer Maria Rilke. Era un joven de ojos grandes y mentón pequeño, que me pareció demasiado ocupado consigo mismo. Lou nos recibió en un cenador campestre.

    Estaba también August Endell, autor de unos olvidados libros sobre estética. Quisieron inmortalizar el momento y me pidieron que les sacase una fotografía. Lou está apoyada en una pequeña varanda, bella, sonriente y serena, como quien contempla el mar desde la orilla. Me pareció fría y feliz.

    Después de tomar el té, y por consideración a mi tía, accedió a hablar sin mucho interés de Nietzsche.

    “Creo que podría borrarle con el pensamiento de mi vida”, me dijo. De hecho, años después, cuando publicó sus memorias, dejó claro que el personaje importante para ella en aquel momento fue Paul Reé.

    -¿Cómo conoció a Nietzsche?

    -Yo estaba en Roma con mi madre. Tenía algo más de veinte años. Deseaba fervientemente aprender. Conocí a Paul Reé, quien me habló de un amigo suyo a quien admiraba, Friedrich. Una mañana, en San Pedro, mientras Paul trabajaba dentro de un confesionario, Nietzsche vino hacia mí y me preguntó: “¿En virtud de qué estrellas hemos ido a encontrarnos los dos aquí?” El tono ceremonioso tuvo que impresionar irremediablemente a una muchacha.

    -¿Qué le contestó?

    -Que yo venía de Zurich, y nos echamos a reír.

    -¿Cómo era Nietzsche?

    -Era de mediana estatura, de aspecto tranquilo y cabellos negros peinados hacia atrás, modestamente vestido aunque sumamente cuidado. Los rasgos finos y muy expresivos de su boca estaban casi completamente cubiertos por un espeso bigote. Podía perfectamente pasar desapercibido. Sus manos, sin embargo, conquistaban las miradas. Eran incomparablemente hermosas y finas, y el propio Nietzsche decía que revelaban su genio. Casi no veía, pero su vista enferma cubría sus rasgos con un encanto mágico, tenía la mirada volcada hacia adentro, porque toda su actividad no era más que una exploración del alma humana en busca de nuevos horizontes, en busca de esas “posibilidades no agotadas” que no se cansaba nunca de crear y transformar en el fondo de su pensamiento.

    -Antes de conocerla, Nietzsche estaba dando vueltas a su Zaratustra ¿Qué recuerda de ese tiempo?

    -Friedrich era ante todo una personalidad religiosa. Sólo comprendiéndolo será posible arrojar algo de luz sobre el sentido profundo de su obra, de sus sufrimientos y de sus apoteosis. Anunció con terror la muerte de Dios, y pretendió descubrir un sustituto del dios muerto. “Muertos están todos los dioses, grita Zaratustra: ahora queremos que viva el superhombre”. Me habló horrorizado del eterno retorno. Pensó que era una trágica revelación. Sus sufrimientos podían volverse interminables. Se sentía llamado a predicar una nueva religión. Cuando le conocí, quería dejar de escribir durante diez años para luego volver a retomar su misión.

    “Friedrich era ante todo una personalidad religiosa. Sólo comprendiéndolo será posible arrojar algo de luz sobre el sentido profundo de su obra, de sus sufrimientos y de sus apoteosis”, recuerda Lou

    Con usted? -Sí, creo que pensó en que yo le acompañara en su epifanía. Pero todo se estropeó porque a los pocos días de conocerme me pidió en matrimonio. Paul Reé también lo había hecho. Les dije que no a ambos. No quería casarme. Mi sueño era un cuarto de trabajo agradable, lleno de libros y flores, flanqueado por dos dormitorios y -entrando y saliendo de nuestra casa- camaradas de trabajo reunidos en un círculo alegre y serio. Mis cinco años con Paul Reé se asemejaron mucho a eso. Pero Friedrich era distinto. Quería otras cosas. Y, además, su hermana consiguió que nos enemistáramos. Le conocí en marzo y nos vimos por última vez creo que en octubre. Durante una excursión al Monte Sacro quizá le besé. Eso fue todo.

    No quiso hablar más. Siguió una velada agradable, en la que Rainer Maria Rilke nos recitó -mejor dicho, le recitó a Lou, olvidándose de que nosotros estábamos allí-, un poema que no sé si hablaba de Dios:

    Con mano trémula te construimos]
    y apilamos átomo sobre átomo.
    Pero ¿quién podrá terminarte?
    Oh, catedral:

    Volví a Berlín y continué indagando. La separación de Lou fue muy dolorosa para Nietzsche. Se sintió traicionado y humillado. Aquel trío en que había puesto grandes esperanzas, que le había proporcionado una energía desconocida, se había deshecho en un embrollo de equívocos. Abandonó Alemania, y se refugió en Rapallo. “Mi salud era mala; el invierno fue frío y lluvioso; un pequeño albergue, situado al borde mismo del mar, tan cerca de ella que las olas me impedían dormir, me ofreció un abrigo insatisfactorio desde todos los puntos de vista. A pesar de ello -y esto es un ejemplo de que lo que es decisivo llega “a pesar de “- fue durante este invierno y en esta incomodidad cuando nació mi Zaratustra. Por la mañana, trepaba hacia el sur, por la carretera que asciende hacia Zoagli, entre los pinos y dominando el inmenso mar; al mediodía iba, contorneando la bahía de Santa Margarita, hasta Portofino. En esos dos caminos me llegó la primera parte de Zaratustra; mejor aún, Zaratustra mismo como tipo; más exactamente, él cayó sobre mí”.

    En esta obra no se menciona, curiosamente, el eterno retorno, del que tanto había hablado a Lou. Tal vez el desdichado Friedrich Nietzsche no quiso pensar que aquel engañoso verano podía suceder de nuevo, eternamente. Si he de ser sincero, creo que Nietzsche sólo quiso a una mujer en su vida. Cósima Wagner, la mujer de su admirado enemigo. A ella dirigió algunas de las últimas misivas cuando la enfermedad nublaba ya su alma. Pero esa es otra historia. 


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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