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    domingo, 8 de abril de 2018

    DESDE HACE MEDIO SIGLO ES AUTOR DE CULTO, OCULTO El escritor olvidado al que defendía Cortázar

    DESDE HACE MEDIO SIGLO ES AUTOR DE CULTO, OCULTO

    El escritor olvidado al que defendía Cortázar

    Semblanza del argentino Néstor Sánchez (1935-2003): experimental, polémico, extravagante, único.
    Aunque se convirtió en un autor de culto y su destino ha sido el de permanecer oculto (al contrario de muchos autores de culto), Néstor Sánchez no ha dejado de ser una referencia polémica en las letras del mundo. Lo fue en la década del 60 del siglo pasado, cuando publicó sus primeros libros. Sin embargo, las nuevas generaciones —del 80 para acá— no saben nada de él. Entre nosotros, los estudiantes de creación literaria y los escritores jóvenes no lo tienen en sus listas. Incluso, muchos argentinos lo ignoran. Federico Andahazi me dijo alguna vez que Néstor Sánchez era mexicano.
    Cuando publicó Nosotros dos y Siberia blues, en 1966 y 1967, sus primeras novelas, con el entusiasmo de la Editorial Sudamericana de Buenos Aires (el mismo año de Cien años de soledad), se prendieron las alarmas rojas. Sánchez apenas llegaba a los 30 y ya sus artículos críticos aparecían en revistas y periódicos nacionales (Primera PlanaArtiempoConfirmado). Pronto se iría contra el naciente Boom de la narrativa latinoamericana. En 1963 había publicado el libro de cuentos, del que renegó, Escuchando a tu hijo. Y luego, con cada nuevo libro suyo —en vida no fueron muchos—, cambiaría la orientación de su escritura e iría buscando nuevas rutas para su lenguaje literario. La antinovela y las expresiones que rompieran con todos los cánones de la historia de la literatura se convertirían en sus mejores banderas. Rehusó, desde el comienzo, la golosina del mercado del libro: sentía aversión por la literatura “dedicada al buen negocio de la facilidad y los lugares comunes” y no quiso adherir al “compromiso” intelectual alegado por las ideologías que llegaban de Francia. Anduvo en contravía y se animaba con las lecturas de la Beat Generation, de sus compañeros de Opium y Sunda, y de los que leía y traducía: Céline, Klossowski, Claude Simon, Pavese, Michaux, Caillois, Enrique Molina, Madariaga, etc. Antes de ser publicado en francés por Gallimard y reeditado por Seix Barral en España, Julio Cortázar salió en su defensa: “No soy crítico ni ensayista ni pienso defender a Sánchez, que ya es grandecito y sale solo de noche”, “Sánchez es un novelista muy criticado y muy combatido por el carácter experimental, muy audaz, de su obra”, “Néstor Sánchez tiene una imaginación muy extraña y trabaja con base en síntesis fulgurantes”, “Es un hombre que rechaza los moldes ordinarios de la literatura”, que “está lleno de belleza porque va en contra de todos los lugares comunes”.
    Luego de sus dos primeras novelas, en 1968, Néstor Sánchez comenzó su misterioso periplo por el mundo. Se inicia como traductor del francés e italiano. Le otorgan la que será una de las becas más famosos entre los escritores latinoamericanos: la International Writing Program, de la Universidad de Iowa. No la resiste por más de cuatro meses y viaja a Caracas. Y luego a Roma. En 1969 publica, dedicada a su hijo Claudio, su tercera novela, con Sudamericana, con más variables en su escritura, siempre enmendándose a sí mismo y sin dejar la posibilidad de que esta novela sugiriera otra nueva: El amhor, los orsinis y la muerte (1969). De esta novela haría un guion cinematográfico que, luego de leerlo, Truffaut le diría: “Es un excelente guion para escribir una novela”. Julio Cortázar y Julio Ortega la elogiarían. Mientras tanto, en 1970 prepara una antología de Cesare Pavese para Monte Ávila de Venezuela. E instalado en Barcelona comienza a escribir su cuarta novela, Cómico de la lengua, para lo cual Seix Barral le dará todo el impulso necesario, así Sánchez maldiga a los escritores del Boom. La editorial de los “poetas” se la juega con los dos bandos. Cortázar libra su batalla de la liberación por la liberación. Antes había escrito: “A Sánchez no lo he visto nunca, a veces me escribe unas cartas entre sibilino y retobadas”.
    Esa cuarta novela aparecerá en 1973, en Seix Barral, pero para ese momento ha comenzado la etapa crucial de Néstor Sánchez, quien pasará de autor de culto a escritor oculto.
    Es el tiempo en que conoce a Gurdjieff y Carlos Castaneda y se apasiona por ellos. Viaja a París, donde trabaja con Gallimard como traductor. Sigue pensando en la muerte. ¿Cómo es que no nos damos cuenta de que todo conduce a la muerte? ¿Cómo podríamos prolongar la vida? Fueron catorce años de fuga. Al regresar diría que simplemente se trataba de “su enorme capacidad de generar conjeturas”. En su fuga, sin embargo, coordina talleres de creación literaria en Niza (Francia) y en Los Ángeles (EE. UU.), y mientras tanto aparece su cuarta novela, Cómico de la lengua, en España (Seix Barral, 1973) y traducida al francés (Gallimard, 1975).
    Cuando vive en los Estados Unidos, bajo las orientaciones de su maestro Gurdjieff, Néstor Sánchez sale de onda. “Viví catorce años dedicado por entero a lo que creía una experiencia iniciática”, “Yo buscaba vivir más. Estaba convencido, en mi enfermedad, que se podía vivir 300 años”.
    En 1986, su familia lo rescata de la calle, absolutamente deteriorado, irreconocible, vencido. El olvido ha caído sobre su cuerpo y sobre su nombre. Ocho años antes, en Buenos Aires, sus amigos se han reunido para rendirle, y le rinden, un sentido homenaje. Todos lo daban por muerto. Estaba muerto Néstor Sánchez, el anticanon, el antinovela, el poeta que escribía novelas sin temas, el poeta que había roto con las normas de la novela tradicional, el escritor poeta que no había podido inventar nada en Nosotros dos y en todas sus novelas porque sólo quería caer en el fondo de sí y de sus amigos, del ritmo del jazz y de la poesía.
    Sánchez había sido en su juventud bailarín de tango en la compañía de su amigo de barrio Villa Pueyrredón, Juan Carlos Copes. Desde muy joven había hecho periodismo. Había leído poesía todos los días, más que prosa. Y en 1960 había tenido a su hijo Claudio para que lo protegiera del olvido (sin saberlo, por supuesto).
    Los últimos años de Néstor Sánchez, después de 1986, fueron intensos, breves. Volvió a vivir de los talleres de creación literaria, pero decía que ya se le había acabado la vida que podía contar: “Me quedé sin épica”. Nunca había inventado nada en sus novelas, todo había sido la poética de su realidad. En 1988, la Editorial Sudamericana publicó su último libro de cuentos, La condición efímera, donde se destaca un cuento titulado Diario de Manhattan (“que escribiré en permanencia, por primera vez, con la mano izquierda”), lo ha dicho Federico Barea, un joven investigador literario, editor, que ha venido a Bogotá a mostrar en la Universidad Central el documental sobre la vida y obra de Néstor Sánchez, Se acabó la épica, de Matilde Michanie.
    Néstor Sánchez murió en Pueyrredón el 15 de abril de 2003. La policía lo encontró dos días después.
    Claudio Sánchez, su hijo, en la editorial La Comarca Libros, ha venido editando muchas páginas más, con sus monólogos, sus entrevistas, su didáctica, su fuego. Su amhor y sus orsinis y su evidencia de la condición efímera de nosotros dos, de nosotros todos.
    * Escritor. Autor de once libros, desde Cinco cuentistas (1972) hasta El universo de la creación narrativa (2010). Maestro y creador del Taller de Escritores desde 1981, fundador y director de los programas de creación literaria de la Universidad Central.
    https://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-escritor-olvidado-al-que-defendia-cortazar-articulo-707699

    3-Dossier Nestor Sanchez

    dossier 3

    Néstor Sánchez
    Textos de AMÉRICO CRISTÓFALO, LILIANA GUARAGNO, GUILLERMO SAAVEDRA y HUGO SAVINO; ensayos, cartas, fotos, artículos y
    escritos autobiográficos inéditos de NÉSTOR SÁNCHEZ
    Resultado de imagen
    Diario de Manhattan (Néstor Sánchez)

    No podría llamarlo "cuento" ni "relato", "Diario de Manhattan" de Néstor Sánchez recopilado en La condición efímera(1988) es algo difícil de clasificar: un diario que da cuenta de la experiencia y del cuidado de sí; una serie de notas de viaje en el repliegue solitario; un protocolo de desubjetivación entre el Central Park y Harlem, en la estela de Don Juan y Gurdjieff; una serie de reglas para una forma-de-vida que se quiere inasible.Que lo disfruten.

    Diario de Manhattan (Néstor Sánchez)


    a Carlos Sánchez

    Diciembre

    lunes 5

    La elocuencia íntima sobradamente íntima de un año que termina en la vicisitud constante entre comprensión o penumbra. Aparecer en esta isla, recorrerla incluso en sus gangrenas, es como adjudicarle verosimilitud: a veces, sin embargo, se parece demasiado a una metáfora de toda humanidad que decae degradándose; otras, un museo perfecto de hasta el último pormenor de lo que no debe hacerse.
    Comprar este cuaderno representó, en cierto modo, consentir necesidad de cauce, de punto de apoyo para alguna forma de preservación interior en principio no deducida.
    Por ahora ningún propósito concreto, salvo que escribiré en permanencia, por primera vez, con la mano izquierda.

    miércoles 7

    Por ráfagas creo entender de nuevo que toda tentativa auténtica requeriría desprotección terminante. Pero de esta forma se agudiza la tendencia a percibir el avatar como misterioso, su supuesto lenguaje codificado. Hoy bajo la primera nieve recrudeció de improviso el tema haber nacido (su diametralidad) como conflicto sin retorno, y me prometí una nota. En cierta medida creo que descuidé su imponencia a causa del otro conflicto de la inevitabilidad de la muerte, e incluso porque de algún modo (¿sólo desde el instinto de preservación?), agradecí mis huesos. Haber nacido sobre todo si se tienen en cuenta los protagonistas inconscientes que generan su fatalidad (no otra cosa que un niñito llamado a mitigar sopor y sinsentido), se vuelve un tema de connotaciones desvariantes. En el caso de considerar que el niñito será adulto y, sobre todo, que se verá obligado a tomar conciencia (y aquí el resquemor encubierto), esmeraría en el rehén.
    Abluciones de tilo, indicaría un mahometano pura sangre.
    sábado 10

    El gran estorbo de escribir con la mano izquierda parecería devolver el cuerpo a los cinco años, a una percepción casi intacta de aquella otra inhabilidad circunstancial. A través de unos pocos renglones (endeblez, casi el ridículo) aludió de manera inobjetable al asombro de base que por fortuna no se ha perdido. La frase por su parte cuesta, las palabras se delatan, brota una especie de crispación ineficaz y sin transigencia. Buen inicio. Buen inicio siempre y cuando se recuerde el convenio.

    Por la noche

    Las líneas rectas cuestan más que las letras.
    Pienso ergo vuelve a escandalizarme la filosoficidad. De cualquier modo el término conciencia fue aludido sólo cuando se necesitó referir un fenómeno preciso. Conciencia de sí, de los otros, del mundo: ¿se volvería realmente, por largos momentos intrigados, algo cercano a una condena?
    Primera irrupción del interrogante; nada mejor que mantenerlo en bandolera.
    Ahora la nieve oculta en parte una fealdad general que, en algunas circunstancias redondeadas, llega a insinuarse como dolencia.

    domingo 11

    Es cierto que resulta imposible dar con un sitio (por lo menos una mesa en un rincón) donde no quede de inmediato en evidencia una forma dada de patología. De patología que se exhibe y demanda corifeos. Sumo unas pocas líneas, porque de nuevo urge partir: usura y egoísmo, subrayo dos factores implacables que, al analizarlos con frecuencia, se delatan siempre en todo doblez o recámara. Cada uno a su modo una isla (amurallada, agresiva) sin la menor posibilidad de intercambio afectivo con el exterior, sin margen de enmienda.
    Pasar por alto, escabullirse, mandatos sin objeción.

    miércoles 14

    La caravana incesante de los puentes que colma cada mañana la ciudad; la caravana desvariada que la vacía cada tarde con dos luces de frente, hacia los relámpagos sonoros del televisor. Cinco días de flujo y reflujo multitudinario en cuatro ruedas, acaso con el único motivo no del todo explícito de consumir petróleo en gran escala. El planeta, fatalidad en sí mismo, requiere ser vaciado, a su edad, del líquido negro. El está en otro argumento; papá y mamá por lo común también.
    Y el sol una estrella, y doscientos cincuenta mil millones de estrellas (de soles) nada más en esta galaxia; con el punto en la luna.
    Agregué la pierna izquierda; por ahora es la que sube y baja los cordones. ¿La atención tendería a circular en otra frecuencia?

    domingo 18

    La homosexualidad militante que obliga a ostentarse sin descanso en tan gran escala parecería una proliferación de estandartes encargados de denunciar la perdición la más impía. Es probable que piensen en un Dios desatento, irresponsable, y requieran demostrarle en permanencia hasta qué límites hace llegar su desidia. El culto de lo depravado que domina por entero la vida americana exige aquí un tributo capital hacia la fealdad reinante ya aludida. Consiguen que no sea omitido un solo elemento para que la sesión aflictiva encaje en lo desmesurado. Raro espectáculo efusivo de un infantilismo ingenuo (¿mayor ingenuidad que la del sexo?), apremiado por encarnar la perdición, la falta irremisible. Traicionar al yin o al yang como principios inescrutables debe representar, no es tan difícil suponerlo, una emergencia culposa demasiado intensa, demasiado aciaga; y de ahí la denuncia.

    martes 20

    Privarse por un momento leve de cruzar una pierna es enfrentarse con un impulso irrefrenable, fulmíneo, que se delata desde que tomo asiento; no parecería verdad las veces en que tiende a repetirse la tentación mecánica, con total independencia de algo, por mínimo que sea, capaz de decidir o, por lo menos, de participar con levedad en la demanda.
    Sumo, porque anduvo varias horas de costado: nadie otra vez, en ninguna secuencia, en ninguna secuencia. Nadie para un encuentro mínimo, para una señal adecuada, fructífera. Pero llego a entender (era madrugada inhóspita hacia calles desiertas) que ya no se trata de melancolía o desacato del epicentro. Por fidelidad al del costado me arrepentí apenas de no añorar.

    miércoles 21

    Hasta ahora bastante bien sólo algunos negros de actitud lumpen (la palabrota lumpen escarnecida) sin aditamentos, auténticos: atención concentrada, cadencia en la motricidad, sigilo, comportamiento hombre invisible. Pronto iré a Harlem; dormiré en Harlem.
    Que la izquierda se irrite y los dedos parezcan entumecerse es justo; pero debo darme cuenta, mientras tanto, qué hace la derecha, cómo se apoya, si descansa, si se independiza.
    A partir de hoy incluyo no cruzar las piernas, sin excepción admitible, por tiempo indefinido; observado en los demás se descubre ese automatismo desgarrante, parecido al de la gesticulación.
    Central Park exotiza en su alarde psiquiátrico.

    viernes 23

    Lo supe antes de sentarme y abrir el cuaderno. Supe que no había una frase más adecuada, como síntesis de configuración inamovible, que la escuchada en París en aquellas circunstancias hoy más entrañables que nunca. De paso aprovecho para subrayar, dado que se vuelve lo más difícil: el dinero reemplaza a la conciencia.
    A propósito, por unos pocos minutos, de aspirar con mayor constancia a un equilibrio que tiene sus propios interrogantes, cuando se establece, por lo general no equilibrados. Volví a suponer que podrían equilibrarse al desadmitir sus contrastes. Por qué motivo un interrogante niega al otro en lugar de convivir con sobriedad, y equilibrarse.

    domingo 25

    Releí la nota del miércoles catorce y debo extremar cautela, no irme detrás de la reflexión contenedora de grandes brújulas. Necesitaría, por contraste, agudizar rigor oponiéndome con más frecuencia a la queja.
    Bien pierna izquierda en cordones; ya puedo sumar (por el indicio repentino de antes de ayer) que el cuerpo sólo gira en la dirección de ese flanco.
    Subrayé queja por tratarse de la vieja batalla a veces campal. Queja es negatividad que se obtura obturando, lo supe y me consta; es no admitirse inaccesible a las dificultades —por grandes que parezcan— del desconocido en lo desconocido. Queja, en el plano que sea, es despreciarse antes de aprender a renunciar. Y la renuncia más incómoda señala siempre confort, seguridad, autotranquilización. Queja es una mujer histérica, destemplada, estúpida, que toma el control para sólo consagrar mensualidades, paseos vespertinos y estufas.

    lunes 26

    Por la tarde

    Obsesión adquisitiva en franco recrudecimiento más ramas pequeñas de pino que semejan arbolitos, uno a uno, con los ojos en blanco, los pies en cualquier parte, por millones. En circunstancias tan exageradas deben desdibujarse hasta los tipos humanos; todo al extravío. Allá se decía la berreta. Le royaume du barratin. Al unísono, como de común acuerdo: rapiña casi criminal, usura perpetua, lo fraudulento.
    Serenas, atentas, las dos mujeres negras en Central Station, ayer por la tarde temprano: ¿admitieron esa suerte de complicidad remotísima de la vergüenza natal?

    jueves 29

    Frío demasiado intenso después de tanta nieve; de preferencia no al lamento.
    Cito en la resonancia significativa: Y si un imbécil se ríe es porque es el Tao.
    Muy de a poco fui siendo se diría cautivado, sobre todo al andar por las noches. La mayor parte de fruterías (abiertas las veinticuatro horas) están en manos de chinos. Verdaderos reductos a contraimagen. El comportamiento de hombre y mujer es lumpen, con la única diferencia, creo, que en vez de apoyarse en la astucia parecen apoyarse en la ingenuidad. Delicadeza inspirada, la palabra justa, aunque siempre en el distacco, en la consagración de la diferencia. Entre ellos, el pudor atinado como regla penitente.
    Dada la actividad que eligieron, nada más adecuado que aquella otra frase de frases que tanto parecerían merecerse en su esencia: nunca jamás el fruto de la acción.
    Se fuma (y se enciende) sólo con la mano izquierda.

    sábado 31

    El downtown huele un poco a mafia protectiva de segundo orden, se escucha con mucha frecuencia un italiano sectario, ramplón; hasta que de improviso vuelve a surgir la bestia de mirada transparente, hacedora de américas. Paralela, la ampulosidad semi snob de la semi cultura semi subterránea. Peste berreta. Las llamadas artes plásticas en manos de oligofrénicos, etcétera.
    Del otro lado, a través de basurales y detritus, todo un barrio de paredes sombrías en holocausto de un alcoholismo infructuoso, vano.
    Ya petardean, ya pasan de año. El rock como nunca por su propia cuenta delatando excitantes de farmacopea, la gran carencia de reciprocidades que salta a la cara en cada esquina, en cada plaza, en cada iglesia.
    Y a partir de las cuatro de la mañana todo cubierto por un aluvión impensable de desperdicios. No al repudio, porque cuesta el regreso.

    Enero

    martes 3

    Chinos me hizo bien; al conjuro conquisté un sobretodo (habrá que reforzarle los botones, con la izquierda), y A separate reality. Don Juan Matus una presencia providencial; su guerrero impecable entre lo absolutamente mejor de este siglo. Otra vez la tentación en cuanto a la conducta iluminada en la marginalidad sin transigencia.
    En lo que concierne a toda la tarde de ayer leyéndolo de cara al Hudson, al solcito, nada más apropiado que lo impuesto por la memoria, en un entreacto: y respiré un poco del aire incorruptible.
    Por completo evidente, de todos modos, que él pierde el aliento (el aliento yaqui) sólo en los caminos que tienen corazón.

    jueves 5

    En especial para releerlo: no dejarse ganar por la eficacia inversa de lo escabroso horario. Controlar en todo lo posible el escándalo de lo que insiste en describir, y padece casi con saña los estímulos infames de todo orden. Dejar muchas veces en suspenso la crueldad estabilizada de tantas cosas que ya no podrían ni siquiera atemperarse. Se es testigo desconcertado que debe, literalmente, curarse de espanto. Y no integra una justificación.

    Por la noche

    A partir de mañana evitar en permanencia el hábito de las manos en los bolsillos; sospecho que establece una especie de postura interior capacitada para convocar, incluso, ciertas actitudes mal conocidas. Casi dos maneras de estar y de aparecer, casi dos maneras opósitas de recibir impresiones.
    ¿Puede acaso concebirse una suma mayor de iniquidades que las brindadas a diario por el masacote de publicidad a ser digerido en cada metro cuadrado, con constancia ya disuadida, funestamente sojuzgada?

    viernes 6

    De modo que decía el pobre Cesare durante aquellos años del bochorno premonitorio: esta muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, inquieta, insomne, como un viejo remordimiento a un vicio absurdo. Juan Matus comparece (mejor reclama): ten la muerte como consejera. El subrayado debe significar algo parecido a la gratitud.
    Casi veinte años, en mí, entre ambos.
    Y a esta altura de la circunstancia individual (lo pensé mucho anoche, con fidelidad recrudecida) un sinfín de sospechas ya atacadas de fuero íntimo, de muy difícil participación con nadie. Cuando escuché que había vías despojadas por entero de condescendencia, no se produjo el mismo tipo de abatimiento. Si pecado es no dar en el blanco, el miedo a este pecado superaría, casi, el de faltar para siempre jamás, para siempre jamás.
    El resto es energía transformándose, energía que se desconoce por entero y reimplanta el quid tumefacto: ¿Y si habría que merecerlo? Por supuesto, un enorme cartel inmediato: no está prohibida la caza; está permitido cazar cazadores.

    domingo 8

    La motricidad del americano medio (marcado a fuego por alimentación artificial y un deporte de violencia y crueldad sin límites) ha perdido todo atisbo sensitivo. En su rudeza de base, en su guaranguería, se delata la presión del furor egoísta que signa la vida comunitaria. El sexo, en su nivel animal más bajo ¿participa en aniquilarles la emoción?
    Por el mismo motivo, la gran mayoría brinda la certeza de que nunca podrían presentirse sus asociaciones estables, sus preocupaciones más simples. Aparece un estado de ruminación hosca, intrigante, que parcela en el acto. Han renunciado por completo al interés por el prójimo.

    martes 10

    Escarnecen las librerías con su iluminismo misérrimo: toneladas de papel impreso nada más al servicio de la atrofia del discernimiento colectivo. Cantidad en lugar de calidad; el como si. Olor a tinta ácida, libros huecos, sin peso; ni siquiera el cuidado relativo de la edición para atemperar en algo lo epidémico. Y en cada local la evidencia ominosa, funesta, de un psiquismo que se autogestiona y adquiere en complicidad.
    Mientras tanto los mass-media llegan a producir el deber instantáneo de aullar.

    jueves 12

    Todo lo hará a partir de ahora el flanco izquierdo, incluyendo afeitarse. Pero es preciso procurar, durante cada actividad concreta, la percepción constante (en lo posible equilibrada) de por lo menos la mano derecha. Lo mejor, por el momento, es que los dedos de esa mano se apoyen con levedad contra la palma, hasta la pausa. En cuanto a cordones, lo mismo durante el cruce de cada calle.
    Más atención en lo relacionado con las piernas, que ya no desesperarían por montarse. Al estar sentado, el énfasis debe recaer sobre el ángulo recto de las rodillas, la distensión y, muy particular, el contacto justo entre pies y suelo.

    Por la tarde

    Dado que la resistencia de la mano pierde por lo menos crispación, es preciso tender a que mejore, palabra a palabra, su caligrafía. Además, un elemento presentido como primordial: durante cada nota, la lengua puede permanecer apoyada contra el paladar. Si se piensa que las plantas de los pies, etcétera.
    Debo anotar en una hoja aparte todos los elementos del flanco izquierdo que hacen ya a una tarea general, y mantener su práctica cotidiana hasta el momento de dejar la isla.
    Para el futuro podría preverse la alternancia de flancos, aunque lo más justo sería repugnar el menor asomo de apremio. No al tumulto.
    Signos de fragilidad de entendimiento, como ayer al encarar a sabiendas el tema de la dedicación a pesar de las dudas, de las dudas que se acreditan o se diluyen. Ese cambio brusco de plano en cuanto a la continuidad que se preserva: parecería alterarse, incluso, el protagonista de por sí. Y retomarse después de diez o veinte cuadras, casi ileso pero entristecido, en ese nuevo cambio brusco de plano.

    martes 17

    Fui a Harlem; dormí en Harlem.
    La fábula consabida del repudio al blanco se acartonó, como todo aquí ha tendido a perder autenticidad. El rechazo es grande pero la manera de vivir (y muy en especial la suma de aberraciones) es la misma.
    Imposible, claro, no pensar en el jazz: fue reemplazado por la brutalidad eléctrica con sistema de parlantes. Sólo se trata de fomentar aturdimiento fanático a partir del beat de un levantador de pesas, por lo menos. Entonces, como en el caso de los blancos, alguien ulula en la irredención estética.
    En cuanto a la marginalidad (es decir a la conducta en el peligro), tendió a verificarse lo ya presentido: únicos capaces de atención sobre sí, de continuidad coherente. Como adiestrados para algún día acceder a otro plano de ser.
    Me protegí por un rato en la naturaleza (helada, de Central Park) pensando en New Orleans y el spiritual, en aquella religiosidad después de la esclavitud, en la aristocracia de servicio que cada tanto se insinuaría en algunas excepciones, sobre todo mujeres, sobre todo cuando sonríen desde tan lejos.

    sábado 21

    Hasta en los sitios casi sin acceso, a cada instante, la circulación contundente de los automóviles de la policía. Sacerdotes por lo general gigantescos, temibles, del dios dólar omnipresente mencionado en cada diálogo, en cada amago de diálogo.
    También custodian, según parece: tráfico de drogas, prostitución, travestismo profesional, ciertos robos, el crimen permanente, la impiedad.
    Conquisté un par de guantes de lana.

    Febrero

    jueves 4

    Fue preciso un silencio; la mano izquierda, mientras tanto, dibujó. Todos estos días de andar casi impasible procurando perfeccionar la tarea de flanco, me impusieron como nunca (sobre todo cuando impera multitud en las grandes avenidas) la noción planeta, su primacía siempre relegada. Reviví y prolongué en parte aquella especie de certidumbre experimentada en el norte de Italia a propósito de la tendencia inexplicable del psiquismo humano a apropiarse de lo que no le corresponde (franjas de planeta, en el colmo) para establecer fronteras de intransigencia que a su vez contendrán nuevas fronteras de intransigencia apropiativa. Se sería, en todo caso, habitante muy transitorio de una tierra que gira incomprensiblemente en un espacio incomprensible, no de un país, o una ciudad, o un municipio, o un jardincito con alero.
    Viejo argumento que renace intacto y desmantela como ninguno la atrofiedad del conjunto risible.

    Por la noche

    Seguí en el hilo: a causa de la ceguera egoísta, las dos grandes hecatombes que se imponen en forma constante a quien argumente: devastación ecológica (una capacidad rapaz de contaminar y destruir tanto la naturaleza como cada océano, cada mar, cada río, cada valle); el crecimiento demográfico en escala de demencia colectiva (toda muchacha inexperta procrea sin remedio antes de volverse responsable). Ambas tendencias del caos darían forzosamente a la tercera hecatombe signadora de la historia bochornosa en su apogeo: guerra (o guerras parciales), nueva devastación.
    El crecimiento demográfico alucinante (horizontalidad; idiotismo de miras) devuelve a la nota de diciembre siete, aunque obliga a padecer la propia circunstancia en un punto todavía más bajo de la conejera sanguinaria. Se nace, diríase, a causa del efecto de la cerveza impasable en un muchacho cargado de taras.

    sábado 6

    Sólo cemento burdo devorándose las suelas, insultando a las piernas. El peatón no cuenta, cuenta la máquina más el negocio de duración a expensas de cualquier otra inquietud más o menos humana.
    Todo aquí es fanático, en fidelidad extrema hacia lo peor. Con las actividades de cualquier índole pasa lo mismo: grandilocuencia, brutalidad, desprecio del ritmo. La soberanía inconsciente de la violencia como única condición de éxito. Como aditamento, el mal gusto militado se vuelve, a su debido tiempo, agresión.
    Quinta avenida y el turismo que por fin llega, por fin mira, por fin constata: desfile cifrado de un gentío sugestionándose entre edificios esperpénticos, incapaz ya de diferenciar.
    Una única vez por un rato en la atmósfera y de repente esto. No deja de volverse otra estafa de reparación imposible, como de costumbre.
    En cambio a través de las zonas de gangrena, allí a pocos pasos, sólo el ambular de alcohólicos y drogadictos agónicos: nada mejor que la omisión, diríase, para volver a equivocarse en todo.

    domingo 7

    Tendió a imponerse con exigencia durante toda la noche: ¿por qué tan alucinante?
    Si me viese obligado a comparecer, ya me consta, entre otros factores, la inutilidad denigrante de lo que llamamos cultura, el despropósito que se nombra educación.
    Cinco elementos primordiales aparecerían, creo, como de eficacia impostergable (en caso de componerse) para una supuesta regeneración del dilema. Y los enumero para releerlos, para no seguir adelante:
    I. rescatar de lo ordinario el conocimiento de tipos humanos (conocerse, conocer al otro en especial a partir del sello cósmico.)
    II. estudio activo del inconsciente, en base a evidencias que se protagonizan.
    III. que el cuerpo, en su organización diversa y complicadísima, pueda contar con un instrumento objetivo de aprendizaje iniciático; arquería Zen como mejor ejemplo.
    IV. simultáneamente, siempre, estudio de cosmos, de universo. O sea: estudio correlativo de tipos, inconsciente, cuerpo instrumento, y leyes que rigen, a su vez, psiquismo, cosmos y universo.
    V. ética activa. Rigor sin consideraciones de tolerancia. La conducta como oración cotidiana.
    Entonces sí religión; entonces sí re-ligarse.
    En este sentido, a pesar de algunos casos relativamente favorables, me parece que la práctica del cristianismo tendería más bien a la fe de la emoción que a la fe de la conciencia. ¿Por eso resulta demasiado cómodo, demasiado complaciente?
    Por algo el Dios (Os dí) de consumo más estable resulta casi tonto en su tolerancia patriarcal; no advertiría la carnestolenda interior impenetrable que se le escamotea en permanencia.

    martes 9

    Nada más que un agregado para la tarea de flanco izquierdo: establecer en detalle dos maneras distintas de caminar, incluyendo pasos más largos y más cortos, en un caso las manos cerradas, en el otro abiertas (se sabe nunca bolsillos). Cambiar cada día, sin excepción alguna, a las cuatro de la tarde.
    Y a los temas en apariencia inevitables de discernimiento que parecen imponerse (y hasta conspirar contra el equilibrio), oponerles, entre otras, aquella consigna nunca en descrédito, que también subrayo: recuérdese a sí mismo, siempre y en todas partes.

    jueves 11

    To fack; facking, cada treinta segundos, en todas las bocas, como dólar.
    El latinoamericano a su modo en el cénit, dans le royaume, ganando posiciones, motorizándose. Millones que mimetizan hasta sus últimas instancias toda la gama de lo aberrante americano. Mientras se pasa, cada día, un slang agresivo, gutural, sin ingenio, sórdido. Y de nuevo la evidencia perentoria, dado que se está en la cuerda: cada esposa agobiada por la carga sin devolución de niñitos azorados, al borde del desacuerdo por una invitación tan poco decente.
    Y vuelve a parecer mentira poder afirmarlo en este planeta vergonzante: imposible algo más fácil que otorgar vida. Nada menos que vida.

    martes 16

    Ha mejorado bastante la caligrafía.
    Logré y leí de un tirón Life is real only then, when I am, tercero y último de la serie de George Ivanovich Gurdjieff (el otro que bien baila de este siglo). Libro diáfano y sobrecogedor: parecería quedar pendiente, fuera de alcance, a partir de tres raros puntos suspensivos.
    Es oportunamente apropiado acordarse de que alguien no exento de derecho me dijo en cierta ocasión en París: Gurdjieff llevó a cabo un trabajo sobrehumano. Al influjo, recapitulando sus venidas a esta isla con una legión de personas a su cargo, volvió a especificarse su noción cuarto camino como la vía seca, la vía árida por excelencia. El bar donde escribía (y recibía interesados de todas partes del mundo), ya no está.
    Agrego por asociación: buscar certidumbre no querría decir que a la vuelta de la esquina se encuentra certidumbre. Gurdjieff sigue vinculado en permanencia a la obligación apremiante de enfrentarse con dificultades inmensas; pensando en él todo esfuerzo personal, por sincero que aparezca, no pasa de un juego complaciente.
    Además, por si acaso, la belleza siempre contrastada de amante de la esencia, que sin duda requeriría subrayarse: cuando un hombre empieza a trabajar en sí mismo, todo le habla.

    sábado 20

    Y si no te dieran un arco zen, energúmeno del gran descuido en el reinado de la obviedad, por lo menos recibiste un cuerpo que algunas noticias aportaría (dado el caso de ser requeridas) a propósito de la delicadeza y la gracia.
    El sol sucio ayer contra la nieve seca y sucia durante el largo mediodía. Y todo ese espeluznamiento si se quiere repentino de ausencias.
    Me autoricé releer sinuoso, de un saque: ahora creo que hasta admití admitiéndome, por un rato sin vacilaciones ni atajos; los pies helados.
    Por lo veraz volví, casi en dignidades.
    Se hace mucho más difícil escribir sobre la falda.

    martes 23

    Encaré la empresa desatinada de atestiguar por una vez al menos el significado estremeciente de la edición dominical del New York Times. Primeros oprobios: su volumen, su peso, su olor, su tizne. No se concibe trasladarlo durante unos pocos metros. La urdimbre descomunal de todos los simulacros, de todos los engaños. Usura de ratas. Un único ejemplo: cualquiera sabe que se fornica masivamente, todos contra todos en consigna frontal, los viernes por la noche, con la gama completa de estimulantes al alcance de veinte dólares; eso también está.
    Mientras que la mano izquierda dibuja (y siempre y cuando se ponga empeño en una decontracción sosegada), es posible constatar un triple equilibrio paulatino, endeble, que requiere tiempo interior y ningún sobresalto asociativo: dedos contra la palma derecha; lengua contra el paladar; relación plantas de los pies y el piso (temperatura, calidad de piso). Cuando los tres contactos pueden, a su vez, contactarse, y los trazos siguen: ¿se empieza a existir?
    Reiterar entonces el intento cada día, sin creerse nada.
    Nada aconsejable meterse con la respiración, aunque sin barrer del todo con el interrogante.
    Es problemática la consigna de confiar más allá (y más acá) de un requisito consecuente, que no se parcela. ¿Lo persuadido es prudencia acuartelándose?

    viernes 26

    En el futuro procuraré insistir hacia un centro de gravedad más duradero, en la dirección obturadísima de admitir lo inadmisible.
    Lo entrevisto en el pasado en cuanto a la fluctuación de los estados de ánimo, sigue en pie. No obstante, apenas se insinuaría una apoyatura física estable y riesgosa, reaparece intacta la posibilidad de no identificarse con ellos, el distacco interior protectivo. Asistir, en lugar de creerles. Negarles hasta la más leve cuota de energía.
    En varias ocasiones, durante lo que va de la semana, cierta presión casi externa, intensa e indefinible, que aludiría más bien a inminencia.
    Ese clochard que pareció seguirme durante más de treinta cuadras, a medianoche, sumó tal vez la inquietud que faltaba. Mejor no romperse la crisma contra la verificación de abismo tal cual abismo, encuesta clausurada por la tenacidad comunitaria.

    Marzo

    lunes 1

    Nieva sin sosiego desde hace más de una semana.
    Releí la nota de febrero cinco por la noche, y me ceñiré a esos puntos cuando rebroten cuestionamientos a propósito del avatar terrestre sin ton ni son. Sin embargo tipos humanos, por algún motivo que no alcanzo a dilucidar, se me impone como nunca. Volví a tomar en cuenta el psicoanálisis (único ritual profano reverenciable de este siglo), y volvió a llamarme la atención la impunidad con que ignora el tema, tanto en lo silvestre como en lo ortodoxo. ¿Cómo no tomarlo a manera de único punto de partida en todo encuadre de conocimiento concreto del paciente, previo al discurso? Jung, de los pocos casos, lo intelectualizó tontamente. Ni siquiera se lo alude en sexología, o por lo menos en el conflicto irresoluble de la pareja humana.
    Por eso, me dije, todo confluyendo a diálogos entre sordos, a mala literatura. Cada persona al hablar de sí misma, al describirse, ni siquiera se sospecha en trance de aludir al aspecto grosero de su circunstancia zodiacal sin atenuantes. Me gusta, no me gusta; quiero, detesto; porque yo, porque yo: nada más que la ignorancia del tipo que se ilustra.
    Esta isla en su conjunto, de extremo a extremo, parecería una probeta ejemplar del espanto al respecto. Eso debe sucederme. Los locos egipcios embalsamadores de profesión, por lo menos confiaban en sus astrólogos para organizar matrimonios no tan patéticos. Incluso tal vez lograban que un tauro no se dedicase por entero a la música.
    Llegué a corroborarlo y me prometí tomar nota: sólo después de perfeccionar este instrumento de evidencias inigualables contra toda ceguera subjetiva, podría hablarse de esencia-personalidad, lo innato y lo oprobioso adquirido, para pasar a la criminalidad con que educación y cultura (lo que se adquiere) pulverizan la esencia (aquello relegado al desinterés).

    jueves 4

    Por la noche

    A primeras horas de la tarde encontré una billetera junto al umbral de una frutería inmaculada del down town: trescientos setenta y pico de dólares, más un cheque con el que no intentaré. De nuevo obligado a razonar Providencia. Y si un imbécil se ríe es porque sería Providencia.
    Desde adentro un chino alto, muy sobrio, miró en un relámpago, lo vio todo; de inmediato fue dedicándose a olvidar (¿se repetiría algún axioma del Libro de los Cambios?), mientras lustraba con franeleta amarilla, una a una, cierta pirámide estricta de manzanas carasucia. Acababa de tomarla con la izquierda, en cuclillas apenas, en la doble opción nunca presentida; pero también es cierto, mi querido don Genaro, que hasta los pómulos se tomaron su tiempo en aquietarse. Me quedé mirándolo hacer, a media distancia, hasta pagar uvas en la caja.
    Nada menos: la vertiginosidad de los estados de ánimo. A pesar de todo se asocia, por pretexto continental, algo tal vez acorde con el señor frutero y su accionar atinadísimo: tanto depende de una carretilla roja, mojada por el agua de la lluvia, junto a las gallinas blancas.

    sábado 6

    Recaí en el tabaco negro de la dulce Francia, me introduje en una peluquería confortable y hoy, con tarea en regla y cierto paso atrás, puedo permitirme esta mesa de coffe-chop junto a la ventana: desayuno del ancestro británico, flores de plástico, el perfume de la muchacha que atiende por completó ausente, sin la más leve intención o por lo menos nostalgia de presencia, por supuesto en minifalda extremísima. Sus padres deben ser de provincias (diez horas de televisión cotidiana, aseguran las estadísticas), y ella debe estudiar administración de empresas, por lo menos, dada la zona universitaria, la seriedad parca y los lentes.
    Una algarabía de rumbos que debo atemperar, hasta que la cuerda única sea el instinto sin intermediario.

    lunes 8

    El vandalismo, sobre todo en niños y jóvenes, es comentado con frecuencia como muy grave problema nacional. Ninguna duda: al visitar ayer la universidad sobrecogió el espectáculo de la eficacia destructiva en todo, de nuevo el alarde de fealdad aunque sumando una grosería ruin de leyendas (enormes, suntuosas) que se quedan con todas las paredes, aparte la reiteración de los emblemas homosexuales duchos en sadomasoquismo.
    Más de las dos terceras partes, como Tom Mix o su prometida, coloca sin excepción alguna los pies sobre mesas o sillas o sillones, arroja los libros, se desgarra la ropa, guturaliza a los gritos, tiende a brillar en el alarde de torpeza guaranga, fundado en lo más brutal como mérito. Lo anti lumpen deleznable, casi premeditado a manera de antítesis.
    Se reimpuso la sospecha de partida próxima. Buen material de observación, en estas circunstancias, el cambio de manera de caminar cada cuatro de la tarde. Fluye una gama potencial tan necesitada de justo medio.
    En la misma dirección, creo esperaba y tendió a cumplirse sin nada que indicase reprimirlo: anoche canté bajito un fragmento de tango (casi tres años sin sucederme) y preferí dejarlo que se repitiera y repitiera. El segundo Florentino (el más maduro, el diáfano) sometido a la pierna izquierda y las nieves. Fui encontrándole, diríase, su perfil sereno, sin recordar el autor: como un fantasma gris llegó el hastío (pausa reflexiva sobre el subrayado) hasta tu corazón que aún era mío (doble pausa autocrítica) y poco a poco te fue envolviendo (pausa ontológica) y poco a poco te fuiste yendo. Ni una sílaba más.
    Ante la inconstancia neurótica, ninfómana, de la mujer americana, un cantor de tangos algo responsable tendría que suicidarse en escena.

    martes 9

    Para qué más por hoy, letra a letra, con casi todo acero en cuanto anecdotario, si al frecuentar lo único que interesaría la memoria resultó tan libre del menor asomo de exorcismos intrínsecos, hasta imponerse: Encontrar su sitio en la escala del Ser (¿y ser con mayúscula, the first time?)

    Por la tarde

    Desconcierta, como antes, aunque vuelve a resonar su idiosincrasia: el que se asombra sería como atraído por una realidad independiente de sí mismo. El dolor, por su parte, corrompe lo banal. Verticalidad o indigencia, por consiguiente.

    domingo 14

    Otra vez el favor subrepticio de un cuaderno de notas: tres días con sus noches para revisarse, para criticarse antes de saber adónde da. Resulta incómodo escribir con este traqueteo. Puentes oscuros, siniestros, de la ponderada civilización industrial; y ya mucho más allá todas las luces de la probeta. El escarnio y las luces. Unreal city, exclamó el monje Eliot (¿o era Yeats?). Extenso trayecto hasta California y una nota pendiente sobre la naturaleza angélica. Debe ser que bajo en Los Angeles. En algún momento cruzaremos el Mississippi. Vendrán zonas áridas con sombrerudos rígidos, botas de taco diagonal y patadas a las puertas (los boys de las vacas; el entretenimiento de los caballos), pero también se verán indios lánguidos, repletos de silencio, perfectamente derrotados, como corresponde. En alguna medida este ómnibus célebre es el colectivo digamos ciento diez, de colores vivos, en tren de conducirme a la marinée del cine veinticinco de mayo.
    El centro de gravedad futuro será, en las entrañas, admitir lo inadmisible, tanto en la nieve como en el mar, tanto en la comprensión como en la penumbra.
    Cada instante perdido estaría perdido para siempre.

    Fuente: Sánchez, Néstor (1988): La condición efímera, Buenos Aires, Sudamericana, pp. 37-61. (hay edición reciente publicada por Paradiso).
    http://golosinacanibal.blogspot.com/2010/11/diario-de-manhattan-nestor-sanchez.html


    ¿Quién fue Néstor Sánchez?


    Hubo un escritor, a quien se elogió profundamente durante el período del Boom Latinoamericano que, más tarde, cayó en el olvido, y al que hoy sólo lo recuerdan aquellos que se encuentran más ligados a la literatura de esta etapa, siendo considerado como un escritor de culto. Su nombre era Néstor Sánchez ¿Quieren saber qué pasó realmente con él, por qué fue desapareciendo? En este artículo hablaremos sobre él.
    De los elogios a la vida linyera
    Autores como Julio Cotázar o Severo Sarduy no dejaron pasar aquellas oportunidades que tuvieron a mano para elogiar a este autor; sin embargo, cuando en la década del 70 dejó la escritura, su memoria se fue difuminando hasta desaparecer casi completamente.
    Néstor Sánchez nació en Buenos Aires en 1935, más precisamente en el barrio de Villa Pueyrredón y falleció en ese mismo lugar el 15 de abril de 2003.
    En su obra se puede notar una firme inclinación hacia un estilo experimental y extravagante y la constante característica de situar la mayoría de sus historias en a ciudad de Buenos Aires. Si bien su amistad con Cortázar le permitió que sus obras consiguieran una importancia inusitada, no era amigo de los aplausos tan sólo buscaba en la literatura un viaje hacia su interior; por eso, en la década del 70 desapareció bruscamente, abandonando la ciudad y yendo en busca de nuevas experiencias que le ayudaran a crecer y probar nuevas formas de expresión.
    Pese a ello, no logró que se lo olvidara completamente; sin ir más lejos, su obra “Nosotros dos” ha sido catalogada como la mejor en su género que se haya escrito después de las publicadas por Roberto Arlt.
    Los títulos más famosos de Sánchez, además de la recién citada, son “Siberia blues”, “El amhor, los orsinis y la muerte” y “La condición efímera”.
    Su verdadera pasión siempre fue la poesía; de hecho, el mío se proclamaba “un buen lector de poesía”, sin embargo nunca se sintió capaz de desempeñar una labor como poeta, aseguraba que no era dado para este arte y por eso se había entregado a una escritura poemática, como le gustaba llamarla. Un estilo en el que no se le daba importancia a los personajes, sino más bien al tono, como si el libro fuera un poema largo y cada capítulo un verso.
    Como muchos otros autores (aunque hoy en día parece ser exigencia obligatoria que todo autor sea graduado en alguna carrera lingüística), Néstor fue autodidacta: aprendió solo lo que iba necesitando a cada paso.
    Posiblemente, una de las mayores virtudes y cuestiones llamativas de su estilo es esa forma de escribir que podría asemejarse a una improvisación de jazz, y es que a Sánchez le volvía loco esta música; quizás, esa libertad de aprender lo que quería o creía que necesitaba a cada paso es lo que le permitió ser totalmente él mismo a la hora de sentarse sobre una hoja y fusionar sus dos grandes pasiones, el jazz y la poesía, en una prosa incuestionable, colorida y vanguardista.
    La novela para Sánchez
    Siempre manifestó su adhesión al surrealismo, a la beat generation y, también aseguró que “Rayuela” fue primordial para él, para comprender su sendero. Ella lo motivó a crear “Nosotros dos” como un intento de prosa poemática, movida por el mensaje “¿encontraría a la maga?”. Pero después, tras la publicación de “Siberia blues” se quedó sin ciudad (sus exactas palabras) cuando descubrió que un proceso de vida había concluido y que su país no le alcanzaba que necesitaba completarse, abrir sus fronterasy, por ende, vincularse con otras fuentes literarias.
    A partir de ese momento emprendió un viaje, primero a Perú y Chile, donde volvió para publicar “El amhor, los orsinis y la muerte”, para muchos su obra maestra, aunque muchos se resisten a ella. El propio autor dijo que la razón por la que escribió aquella obra fue:
    Y no se quedó en Buenos Aires, continuó marchándose, esta vez a Estados Unidos. En más de una ocasión había expresado que no quería conformarse y que caminar-viajar era lo que permitía no hacerlo, vivir en estado de peligro para poder acercarse a su verdadera escritura, para dar lo mejor de sí mismo, para llegar a escribir desde el último extremo de sí mismo.
    A Sánchez nunca le interesó la novela como algo objetivo, sino más bien como un viaje lleno de bifurcaciones, donde no se tiene plena consciencia de lo que va a ocurrir; es decir, donde no existe un escritor-dios, sino más bien un narrador que parece ir girando a lo largo de la historia, desmenuzando ideas, hechos, razonamientos de forma desordenada y, hasta podríamos decir, incongruentes. Sánchez expresaba que comenzaba la escritura sin saber hacia dónde se dirigía, que la novela se iba tejiendo sola, a medida que él escribía.
    El autor aseguró en varias entrevistas que durante años lo persiguió la idea del suicidio, al ser consciente de que ya no había más que experimentar, que de algún modo su vida había concluido y ya nada tenía sentido. Y entonces, decidió terminar con todo. Cuando escribía sentía que su vida tenía una riqueza impresionante que con el correr de los años se fue perdiendo y que, en la vejez, ya no le quedaba ni un gramo de toda esa ilusión.



    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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