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    domingo, 8 de abril de 2018

    Cine: An Elephant Standing Still El tiro del final última película del escritor y director chino Hu Bo, que se suicidó

    Cine: An Elephant Standing Still
    El tiro del final

    Una de las perlas insoslayables del del 20° Bafici es una opera prima que también es la única y última película del escritor y director chino Hu Bo, que se suicidó en octubre del año pasado, a la edad de 29 años. An Elephant Standing Still transcurre en un pueblo desindustrializado de China y en cuatro horas sigue a cuatro personajes desesperados, anclados en un lugar del que quieren escapar a toda costa.

    Por Diego Brodersen

    “Mi vida es como un basurero. La basura se sigue acumulando y nunca se puede limpiar”, dice Yang Cheng, uno de los protagonistas de An Elephant Sitting Still, poco antes del final de la película y del comienzo del resto de su vida. Puede sonar extremadamente pesimista, pero lo cierto es que esa reflexión sólo llega luego de que la asfixia existencial ha llegado a un punto de no retorno. Comienza a caer el sol y hace apenas algunas horas, esa misma mañana, su mejor amigo se quitó la vida tirándose por la ventana de un departamento, luego de descubrir que Yang Cheng mantenía una relación secreta con su esposa. Y lo hizo delante suyo, haciendo gala de un poderoso menosprecio, dejando atrás una estela de culpa imposible de borrar. El muchacho es un típico gánster de pueblo (de un pueblo de China, es decir, de un pueblo grande), encargado de pequeños negocios ilegales y dueño de una actitud que emula en parte a la del Marlon Brando de El salvaje –aunque sin la motocicleta– o, mejor aún, a la de un ángel caído salido de alguna película de Wong Kar-wai. Tanto Yang Cheng como el resto de los personajes del film atraviesan las horas de un día diferente a los demás; un día obcecado con querer torcer, de una vez y para siempre, la monotonía del tedio, el abuso o el desprecio. Una jornada especial que puede darle fin a esa sensación fatalista que los embarga. O quizás, por el contrario, apenas si marque el inicio de un nuevo ciclo, similar en esencia, pero en otra geografía. El escritor y realizador chino Hu Bo se suicidó en octubre del año pasado, a la edad de 29 años, dejando como herencia creativa un puñado de novelas, dos cortometrajes y este único largo, presentado al mundo hace dos meses en el Festival de Berlín y uno de los títulos insoslayables del 20° Bafici. Un viaje de cuatro horas al corazón de cuatro seres humanos en estado de desesperación, anclados en un sitio del cual ansían escapar a toda costa. Objetivo acompañado por una única arma: el más simple deseo. Y algunos detalles de cierta leyenda urbana oriunda de una ciudad vecina, una historia sobre un elefante que pasa todo el día sentado sin hacer nada, mirando a la gente que, a su vez, lo observa detrás de las rejas del zoológico.

    Suele decirse que el arte debe separarse del artista, al menos en lo que concierne a su vida privada. En el caso de Hu Bo y su ópera prima –que es al mismo tiempo canto de cisne– resulta prácticamente imposible, aunque la tentación de buscar elementos autobiográficos debería dejarse de lado de manera inmediata. En todo caso, como ocurría con el cortometraje Yukoku (1966), de Yukio Mishima, existe un falso componente premonitorio, que en el fondo no es otra cosa que la pulsión suicida sublimada a través del acto creativo. La mirada del realizador al mundo que lo rodea no es precisamente luminosa, aunque nunca se abandona a la misantropía extrema como forma de catarsis conciliadora. De hecho, la cercanía de la cámara con los personajes imposibilitad la mirada clínica o desencantada y exige del espectador una participación siempre activa, empática, a pesar de la pegajosa desazón que recubre sus cuerpos y psicologías. An Elephant Sitting Still está conformada por extensos planos-secuencia creados a partir de un particular uso del sistema steady-cam, una serie de escenas que nunca hacen alarde de virtuosismo, un esquema visual y narrativo al que Hu Bo parece haber llegado luego de descartar otras posibilidades. De esa manera, la mirada de la lente nunca deja de estar centrada en una de las criaturas, al tiempo que su incansable movimiento describe los ámbitos que enmarcan ese derrotero de apenas algunas horas, del crepúsculo al amanecer. Con sus enormes edificios y estructuras de metal abandonadas, el pueblo conoció sin dudas épocas mejores, otro mártir de los cambios culturales y económicos sufridos por la sociedad china en tiempos recientes. Si hasta la escuela secundaria a la cual asisten los adolescentes está a punto de cerrar, seguramente reemplazada por algún proyecto de gran envergadura. Como en el cine de Jia Zhangke, es imposible comprender las actividades, modos, pensamientos, emociones, acciones y reacciones de los personajes sin tener en cuenta el paisaje general, el rumbo hacia ese futuro que siempre parece requerir de un gran salto hacia adelante, dejando atrás un tendal de víctimas. “¿Por qué hacés esas cosas tan de clase media?”, pregunta Yang Cheng, enervado por una actitud aspiracional de la cual sólo pudo escapar al correrse por completo del carril central.

    Un adolescente se despierta y pelea con su padre, antes de salir hacia la escuela y enfrentar al infaltable matón. Una compañera entabla, casi al mismo tiempo, la primera discusión del día con su madre; poco después, los diálogos que mantendrá con el vicedirector de la institución educativa darán a entender que esa relación es mucho más cercana de lo que debería ser. En el mismo edificio donde vive el estudiante un anciano desayuna mientras escucha los pedidos de su hijo y su cuñada, ansiosos por enviarlo a un hotel geriátrico: la nieta ha crecido y el departamento está quedando algo chico. Que todas esas historias aparentemente inconexas terminen reflejando un vínculo causal no revela tanto un típico juego narrativo como la puesta en práctica de un concepto filosófico –aunque no necesariamente moral– en términos artísticos; un poco como ocurría en el famoso Decálogo de Krzysztof Kieslowski, aunque aquí las ligazones entre los relatos son mucho más íntimos. Yang Cheng le dirá a una joven que viene rechazando sus avances amorosos que la culpa del suicidio de su amigo es completamente de ella, que de otra forma no hubiera terminado enredado con esa otra mujer. Es la clase de relación entre hechos aislados que la película –afortunadamente inoculada con el virus del efecto mariposa– se resiste a exponer. Algunas horas antes una pelea terminaba en accidente, ciertos videos grabados con un celular eran viralizados por el mero placer del morbo, un pasaje de tren evidenciaba su falsedad y un taco de pool pasaba de mano en mano, sin abandonar nunca la escena. Por diversas razones, los cuatro personajes quieren/deben escapar del pueblo y viajar a Manzhouli, la ciudad del elefante. No tanto un far o o polo de atracción como una simple vía de escape. Posiblemente hacia ningún lugar. Tal vez del egoísmo propio y ajeno que, en cada movimiento por intentar zafarse, los amordaza aún más.

    https://www.pagina12.com.ar/106367-el-tiro-del-final


    Berlinale 2018: crítica de “An Elephant Sitting Still”, de Hu Bo

    Berlinale 2018: crítica de “An Elephant Sitting Still”, de Hu Bo

    por  - cineCríticasFestivales
    03 Mar, 2018 06:00 | 
    La primera (y última) película del realizador chino fue la revelación del festival. Un filme de cuatro horas acerca de un día en las vidas de un grupo de personajes que trata de escapar de las complicadas situaciones que atraviesan en una ciudad del norte de China. Su realizador, de 29 años, se suicidó poco después de terminar el rodaje.
    Esta película china se fue rodeando de un aura de mito a lo largo del festival y en dos etapas. La primera tenía que ver con su historia: una opera prima de cuatro horas cuyo director se suicidó a los 29 años, luego de terminarla. La otra, cuando se empezó a mostrar y el entusiasmo comenzó a circular entre los críticos. Logré verla, finalmente, en su última exhibición, y el cine enorme en el que la daban estaba absolutamente lleno de gente expectante. Muchas veces estas “bolas de nieve” festivaleras suelen culminar en decepciones ya que la expectativa es tal que las películas no suelen estar a la altura de lo que se esperaba. Este NO es uno de esos casos. La película es extraordinaria, el testimonio único de un cineasta que acaso sintió que todo lo que tenía para decir sobre el mundo estaba aquí. Y que después no había nada más.
    La película tiene un aire a las primeras de Jia Zhangke (de XIAO WU a THE WORLD), especialmente en su retrato de personajes jóvenes desesperanzados que viven en ciudades de provincia en medio de situaciones conflictivas y/o policiales. Aquí hay un grupo de varios personajes principales y la película se ocupa de ir contando cada una de sus vidas a lo largo de apenas un día y luego de mostrarnos cómo se conectan entre sí. AN ELEPHANT SITTING STILL podría considerarse como un drama con tintes policiales cuyas marcas de estilo más claras son sus planos largos y complejos (pero no necesariamente virtuosos) y la pintura de una serie de vidas marginales y complicadas, de personas que no parecen encontrar una salida de ningun modo.
    Toma un tiempo armar la trama. Está, como metáfora acaso un poco obvia, el elefante que da título al filme. Cuenta la leyenda que en la ciudad de Manzhouli en el norte de China hay un elefante sentado y quieto que no responde a ninguna tentación: le pueden tirar comida que el animal no se inmutará. Eso bien podría describir las vidas de los protagonistas, quienes por más que traten de modificar su situación no hacen más que meterse en más problemas. O al propio país, que no es otra cosa que un gigante al que no le afecta nada de lo que pasa alrededor suyo.
    Bu es un joven de edad escolar que tiene que fugarse luego de empujar y herir a Shuai, un bully de su escuela, queriendo defender a un amigo suyo. Una compañera suya del colegio que le gusta, Ling, se ha escapado de casa y se rumorea que tiene un affaire con uno de sus maestros. Cheng, en tanto, tiene también un affaire con la mujer de un amigo, el que al descubrirlos in fraganti decide suicidarse tirándose de la ventana de un edificio. Luego sabremos que Cheng es hermano de Shuai lo que lo pondrá en la situación de tener que buscar a Bu, el joven que lo mandó al hospital. Un cuarto protagonista es Wang, cuyo hijo (y tío de Bu, si es que entendí bien) quiere mandarlo a un geriátrico, pese a sus objeciones.
    A lo largo de los 230 minutos del filme (que por momentos también recuerda a A BRIGHTER SUMMER DAY, de Ang Lee) las vidas de los cuatros se irán uniendo, con el deseo común de ir a Manzhouli para escapar de las complicadas situaciones que les tocan vivir. El principal protagonista es Bu, quien va viendo cómo se queda sin opciones cuando Cheng y su banda de mafiositos de provincia lo acorralan de a poco. Lo mismo le pasa a Ling, cuyo romance con el profesor se viraliza por redes sociales poniendo a ambos (y a la madre de ella) en una situación muy difícil. El más duro Cheng, de a poco, va también dándose cuenta que no logra demasiadas satisfacciones con su discreta empresa criminal. Y el anciano visita el geriátrico, va y viene con su nieta, solo para confirmar que tras una vida de trabajo y devoción familiar, su futuro es un agujero negro.
    Hu Bo –que también era novelista, algo que explica la estructura episódica y ambiciosa del filme– murió antes de finalizar el montaje (se rumorea que los problemas que tuvo con su productor respecto a la duración de la película estuvieron relacionados con su depresión y posterior suicidio) y AN ELEPHANT… fue terminado por amigos y colegas. Es cierto que por momentos uno tiene la sensación que la película podría evitar algunas casualidades y golpes de efecto de guion, pero son errores propios de una primera película. El experto manejo de los planos largos y casi siempre en movimiento, de los diálogos (igualmente largos) y la manera en la que la ciudad está filmada como si fuera el lugar más triste del mundo revelan que Hu Bo tenía suficiente talento para una gran carrera.
    El filme ha sido comparado con películas de Bela Tarr y Krzysztof Kieslowski, aunque creo que no son las referencias más precisas. Sí, es cierto, Hu Bo maneja el tipo de planos extensos del primero y el pesimismo y la negrura del segundo, pero hay marcas que le son propias y están ligadas no solo a la historia del cine chino sino a la composición de lugar: una tierra de nadie en la que conviven zonas muy pobres con otras que, aunque visualmente más modernas, no ofrecen nada distinto a los protagonistas. Drama existencial de pueblo chico con toques policiales que bien podría firmar un Cormac McCarthy asiático, AN ELEPHANT SITTING STILL es un testimonio. No solo de la obra coartada de su realizador sino de la situación actual en muchos lugares perdidos de China, ciudades que crecen hacia arriba y que parecen olvidarse de quienes viven abajo y de lo que les pasa. Un elefante gigante, sentado sobre millones de almas.

    http://www.micropsiacine.com/2018/03/berlinale-2018-critica-an-elephant-sitting-still-ho-bu/

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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