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    viernes, 2 de marzo de 2018

    Los retos de la ciudad global

    28 DE FEBRERO DE 2018

    Su papel como nodo en la atracción de flujos de capital y de nueva población migrante crea grandes oportunidades pero también genera no pocos desafíos

    LUIS MENOR

    Las Ramblas de Barcelona.   JOSÉ MESA / FLICKR

    En 2030, dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades, según el último informe del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT). El mismo informe señala que, en los próximos tres lustros, las ciudades podrían producir hasta un 80% del PIB mundial. Datos que ponen de relieve hasta qué punto la importancia estratégica de las ciudades va a ir ganando, más si cabe, relevancia de cara al futuro. Saskia Sassen en su ensayo seminal The Global City, ya nos habló a principio de los años noventa del creciente protagonismo de las ciudades en el actual contexto global dada la reconfiguración geográfica, productiva y demográfica que se había experimentado en las décadas previas. Su papel como nodos en la atracción no solo de flujos de capital en forma de inversiones y turismo, sino también de nueva población migrante ha sido clave, creando con ello grandes oportunidades pero también, sin duda, generando no pocos desafíos. 

    La gestión del espacio público, el acceso a la vivienda, la compatibilidad entre seguridad y derechos, la inclusión en un contexto de creciente desigualdad, la acogida de población inmigrante y refugiada, el manejo del turismo, el papel de la cultura, la sostenibilidad ambiental, la movilidad... son retos que aún teniendo una dimensión local tienen una proyección global. A continuación abordaré estas cuestiones a través de cinco bloques: 1) dinamismo económico y desigualdad, 2) ciudades inteligentes e innovación democrática, 3) turismo sostenible, barrios habitables, 4) cultura accesible e inclusión y 5) sostenibilidad ambiental y movilidad.

    1. Dinamismo económico y desigualdad

    El modelo predominante de los últimos años se ha centrado en el crecimiento y revitalización económica de las ciudades pero sin apenas atender a sus efectos colaterales en relación al aumento de la desigualdad. El dinamismo económico no ha de ser incompatible con el fomento de ciudades justas, inclusivas y sostenibles. Como ha reconocido en varias ocasiones el propio Richard Florida, padre del concepto "ciudad creativa", dicho modelo ha tenido un gran éxito a la hora de dinamizar las economías urbanas pero ha acarreado un alto precio para buena parte de la población en forma de desigualdad, precariedad y pobreza. Asimismo, la perspectiva "empresarialista" que las administraciones públicas han imprimido a las políticas urbanas ha dejado de lado en gran medida el rol de dichas administraciones como garantes de la reproducción social, tanto en lo referente a la provisión de servicios públicos fundamentales como en el de favorecer un uso y disfrute de los espacios públicos.

    Por otra parte, en el caso español, los gobiernos locales, dada la naturaleza multinivel de las políticas urbanas, también han tenido que enfrentarse en los últimos años a restricciones en materia fiscal impuestas por otras dimensiones gubernamentales tanto del ámbito estatal como supraestatal. Los desequilibrios fiscales responden a una progresiva asunción de mayores competencias por parte de las administraciones locales al tiempo que las dificultades para financiarse han ido multiplicándose, tanto por una excesiva dependencia económica del sector del ladrillo como por una dependencia fiscal del estado central. Es decir, se ha dado un proceso de estrangulamiento económico en un contexto de “postestallido” de la burbuja inmobiliaria y de ampliación de responsabilidades competenciales en el ámbito local que ha mermado el margen de maniobra de muchos ayuntamientos. A pesar de todo ello, ciudades como Madrid están apostando por un modelo de gestión en el que el dinamismo económico y el cumplimiento de responsabilidades fiscales puedan ser compatibles con la inversión social.

    2. Ciudades inteligentes e innovación democrática

    Otro concepto que ha tenido gran éxito en los últimos años junto al de "ciudad global" y el de "ciudad creativa" es el de "ciudad inteligente". Con dicho término se ha pretendido fomentar un modelo de gestión de la ciudad en el que la consecución de altas cotas de eficiencia y sostenibilidad tengan como principal aliada a las innovaciones tecnológicas. Más allá de los desafíos que algunos autores como Joan Subirats han señalado en relación a las "Smart Cities", como las posibles restricciones a la privacidad y libertad de la ciudadanía o la excesiva dependencia de las administraciones con las empresas proveedoras, el concepto abre una interesante oportunidad a partir de la que reflexionar en términos de profundización democrática. 

    Cabría por tanto hablar no solo de ciudades inteligentes sino también, y sobre todo, de ciudadanías inteligentes. Para ello es ineludible hablar del papel que las nuevas tecnologías han abierto no solo en el campo de gestión de residuos, alumbrados públicos o domótica de dependencias administrativas sino también del modo en el que dichas tecnologías han redefinido la manera en la que la ciudadanía articula nuevos modos de participación política. El reto al que se enfrentan las administraciones públicas a ese respecto es no hacer uso de las nuevas tecnologías para perpetuar viejos modos de relacionarse con la ciudadanía, por lo general verticales y unidireccionales. Antes al contrario, hacerlo para abrir cauces a través de los que poder fomentar la inteligencia colectiva motivando que esta revierta en un funcionamiento más democrático de las instituciones.

    De otro lado, también han ido surgiendo en los últimos años iniciativas que han supuesto nuevos modos de relación entre la ciudadanía y los poderes públicos, experiencias encuadradas bajo la denominación de "innovación social". En un contexto de crisis de legitimidad de los poderes públicos, erosión de las condiciones materiales de la población y retraimiento del estado en la asunción de competencias en materia de estado de bienestar, sectores de la ciudadanía han desarrollado proyectos que pretenden llegar allí donde no han podido, sabido o querido hacerlo las administraciones públicas: huertos urbanos, cooperativas de consumo, bancos de tiempo, sindicatos de inquilinas e inquilinos, proyectos de economía social, y un largo etc. 

    Asimismo, y en otro orden de cosas, es fundamental atender al papel que tienen las ciudades en materia de inclusión y acogida. En un contexto global de permanente movilidad de población migrante proveniente de áreas depauperadas o azotadas por la guerra o el hambre, las ciudades se han convertido en el principal receptor de personas en situación de emergencia social. Parece urgente profundizar en estrategias basadas en el lema "Refugees welcome" dejando atrás las estrategias “securitarias” de las políticas de "Tolerancia Cero" que en lugar de abordar los problemas derivados de la desigualdad económica desde una perspectiva social lo han hecho desde una perspectiva de orden público, culpabilizando y estigmatizando a los sectores más vulnerables de la sociedad.  

    3. Turismo sostenible, barrios habitables

    Las ciudades no solo se han convertido en receptoras de personas en situación de extrema necesidad, también lo han hecho de personas que deciden invertir su tiempo de ocio en ellas. El turismo ha devenido en uno de los principales motores de la economía mundial, y en sector clave del de la española. Si en 2012 se recibieron en nuestro país 57,5 millones de visitantes, en 2016 fueron 75,3 millones las personas que recalaron en él en calidad de turistas, según datos del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Pero paradójicamente también se ha convertido en la primera preocupación de la poblaciones locales. Por ejemplo, la población de Barcelona, según su Barometre Semestral del mes de junio de 2017, señala el turismo como la primera de sus preocupaciones (19%), por encima de otros asuntos como el paro (12,4%) o el estado del tránsito (7%). En esa misma ciudad ya se están tomado medidas para la regulación de la actividad turística, como la introducción de una moratoria en la concesión de nuevas licencias hoteleras en el centro de la ciudad o la sanción de 600.000 euros a plataformas como AirBnB por anunciar en su plataforma pisos sin licencia para uso turístico. Otras ciudades como París, a través de la Ley Alur que entró en vigor en 2015, ha contemplado una limitación de la cuantía de sus arrendamientos dado el encarecimiento de hasta un 42% que en la última década ha experimentado el alquiler de viviendas en la capital francesa. 

    Recientemente se conocía la iniciativa conjunta de varias ciudades europeas (Ámsterdam, Barcelona, Bruselas, Cracovia, Madrid, Reikiavik y Viena) dirigiéndose a  la Comisión Europea para obligar a AirBnb a compartir los datos de sus clientes, expresando asimismo su deseo de que se mantuviera un equilibrio entre el flujo de turistas y la protección de la vecindad en los barrios más afectados. Esta iniciativa evidencia una tendencia de fondo interesante ya que pone de relieve la voluntad de los poderes públicos locales de distintas latitudes para la cooperación más que por la competencia, para la búsqueda de soluciones conjuntas a problemáticas compartidas. 

    Volviendo más específicamente al asunto del turismo, cabe compatibilizar el desarrollo de la actividad turística con el "derecho a la ciudad" (Lefebvre) de la población local, donde los intereses del turista o del arrendador no estén contrapuestos a los de los inquilinos y, en general, a los de la citada población local en su conjunto. Fomentar estrategias que palíen los efectos más lesivos del turismo, no solo en referencia a las condiciones laborales de quienes se dedican a ello sino también en cuanto al encarecimiento de la vivienda (según datos de El Periódico, el alquiler medio en la ciudad de Barcelona se sitúa por encima de 750 euros, con incremento del 12% en el último año), el consecuente desplazamiento de la población local y el progresivo deterioro del tejido comercial de proximidad. El turismo no es el único factor explicativo de tal encarecimiento pero sí uno de sus principales catalizadores. 

    4. Cultura accesible e inclusión.

     La cultura es una de las principales herramientas de la que los poderes públicos se han valido para la atracción de visitantes a las ciudades. Los grandes museos, y sus flamantes colecciones permanentes y exposiciones temporales, así como los grandes eventos musicales, festivales de rock, jazz o música electrónica, han operado en gran medida como principales reclamos. El reto de las ciudades globales es la apuesta por un modelo cultural que no solo contemple los grandes formatos como los antes citados sino también aquellos que se corresponden con una cultura de proximidad que haga efectivo el derecho de la población local a su disfrute y contribuya a combatir las desigualdades en su acceso y producción. 

    Apostar por equipamientos de barrio, como las bibliotecas públicas, que funcionen como fortalecedores del tejido comunitario y contribuyan a la inclusión social. Un gran ejemplo a este respecto son las bibliotecas públicas británicas en la que los equipamientos funcionan más que como repositorios de volúmenes bibliográficos, donde se permite la lectura o el préstamo de libros, como espacios de encuentro y aprendizaje de la población local. En tales bibliotecas se pueden desarrollar actividades como cocinar, aprender a tocar un instrumento, compartir una sesión de micrófono abierto o iniciar una idea de negocio. 

    Asimismo, cabe desarrollar una política cultural basada en el fomento de actividades que estimulen el acceso y eventualmente la producción de bienes culturales, ya sean estos materiales o inmateriales. En suma, desarrollar no solo una cultura accesible a un público iniciado sino impulsar una cultura que cuente con sectores de ciudadanía tradicionalmente poco interpelados por las políticas culturales, donde las seculares fronteras entre producción y consumo puedan diluirse, estimulando otros modos de interrelación entre los distintos agentes del campo de la cultura y la ciudadanía, así como entre la propia ciudadanía y las administraciones públicas. En definitiva, se trataría de fortalecer una cultura pública (de todo el mundo y para todo el mundo) y salvaguardar una cultura de lo común (autónoma, singular y en gran medida minoritaria pero imprescindible para la buena salud del tejido cultural de una sociedad). 

    5. Sostenibilidad ambiental y movilidad

    Por último, aunque no menos importante, cabría abordar el asunto de la sostenibilidad ambiental de los entornos urbanos, es decir, aquellas cuestiones que guardan relación con la gestión de los recursos naturales de los mismos, así como de los efectos de la vida en la ciudad, como la contaminación ambiental, acústica o lumínica, o la gestión de residuos. Asociado a todo ello también está el asunto de la movilidad, el cual no solo tiene efectos en los desplazamientos asociados a la actividad productiva o de ocio de una ciudad sino en la generación de residuos contaminantes. 

    A este respecto, cabe implementar políticas públicas que reduzcan en la medida de lo posible los desplazamientos de vehículos de combustión interna privados ofreciendo alternativas como 1) un eficaz y eficiente transporte público; 2) un accesible alquiler de vehículos eléctricos, ya sean motocicletas o automóviles, a través de iniciativas privadas (en ciudades como Madrid, Hamburgo, Vancouver o Nueva York por ejemplo ya operan plataformas como Car2Go), o a través de un parque de vehículos eléctricos públicos; 3) un plan de estímulo de movilidad en bicicleta, un medio de transporte con un nulo aporte de contaminación acústica y ambiental, y que a su vez favorece la práctica de actividad física; y 4) ganar espacios verdes y peatonales, así como carriles-bici, donde poder disfrutar de momentos de ocio al aire libre sin que ello suponga un riesgo para la salud. De otra parte, la ya citada regulación del turismo también permite reducir los efectos de las actividades asociados a él y que son altamente contaminantes. 

    En suma, los grandes retos a los que se enfrentan las ciudades globales tienen que ver con el mantenimiento de un equilibrio entre todos los actores implicados en la vida de una ciudad, un ecosistema que presenta fragilidades pero que cuenta con grandes condiciones para la resiliencia. Una asombrosa capacidad para la transformación y la permanente reinvención que nos muestra sus enormes potencialidades para afrontar los enormes retos que tienen por delante.

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    Luis Menor es Doctor en Políticas Públicas y Transformación Social por la Universitat Autònoma de Barcelona"

    AUTOR
    Luis Menor
    http://ctxt.es/es/20180228/Politica/18120/medioambiente-red-de-ciudades-turismo-movilidad-desigualdad.htm

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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