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    miércoles, 21 de marzo de 2018

    La clase Hermann Ungar ( Libro completo)




    Hermann Ungar - La clase

    Segunda y última novela de Hermann Ungar. «La clase» relata la historia de un profesor 
    de escuela de débil constitución física y escasa fuerza de voluntad que respeta al 
    máximo el orden establecido y pretende imponer a sus alumnos su férrea disciplina 
    en contraste con su compañero de infancia que se revela contra el rígido orden social. 
    El novelista explora un universio cuya única ley es el desequilibrio.

    RAFAEL NARBONA | 23/03/2012 |  


    Hermann Ungar
    Hermann Ungar (Moravia, 1893-Praga, 1929) participó como combatiente en la Primera Guerra Mundial. Herido en el frente, regresó a la vida civil como abogado y director teatral. De familia judía, había estudiado orientalismo y filosofía. Durante su estancia en Berlín como agregado comercial de la República checoslovaca, conoció a Alfred Döblin y Joseph Roth. A su regreso a Praga, se relacionó en el círculo de Kafka y Max Brod, identificándose en un principio con sus postulados estéticos, pero no tardó en iniciar un camino en solitario, de acuerdo con su interpretación de la literatura y del ser humano. Los mutilados (1923) es un relato espeluznante sobre las perversiones morales y sexuales de un grupo de personajes caracterizados por su inestabilidad emocional y débil autoestima. La atmósfera opresiva y enfermiza anticipa el espanto de Auto de fe(1936) de Canetti. En este caso, el protagonista es Franz Polzer, un anodino empleado de banca. Sería tentador establecer analogías con el Josef K. de El proceso (1924), pero esta vez no se trata de impotencia frente al poder político, sino de incapacidad para superar los desordenes emocionales derivados de experiencias traumáticas. El contendiente no es un Estado que manifiesta su fuerza, mientras esconde su rostro, sino un ego tiranizado por el inconsciente.

    Franz Polzer crece en un hogar atípico. Su padre es un comerciante viudo que convive con su hermana. Franz soporta malos tratos continuos e incontables humillaciones. Lejos de rebelarse, encuentra en el castigo un placer anómalo que condicionará el resto de su vida. La sospecha de una relación incestuosa entre su padre y su tía sólo agudizará sus conflictos interiores. Su única fuente de afecto es su amistad con Karl Fanta, un joven atractivo, con éxito social y de familia próspera. Puntual y meticuloso, Polzer no soporta el contacto físico y el sexo le produce repugnancia. Cuando observa en un museo el cuadro de una mujer desnuda, sólo aprecia impureza. Alojado en casa de la viuda Klara Porges, sus patologías se desatan al convertirse en su amante. No actúa libremente, sino coaccionado por el carácter dominante y perturbado de la viuda, que no tardará en descubrir sus debilidades.

    Ungar no se aplica ninguna clase de autocensura. No escatima la dureza de una relación sadomasoquista, donde no interviene el juego, sino el placer de humillar, despersonalizar y someter. Polzer fantasea con el incesto, pese a que no existe ningún vínculo de sangre con Klara, pero el recuerdo del padre internándose en la alcoba de la hermana y los sonidos que delataban un encuentro carnal, le impiden consumar el acto sexual, sin reprimir la sensación de realizar algo aberrante. La aparición de un fanático religioso que ha trabajado como matarife introduce nuevos elementos dramáticos, no menos inquietantes. El idilio entre Klara y Polzer insinúa que el sexo es una forma de asesinato. No es posible amar sin dañar irremediablemente al otro. La enfermedad de Karl, con el cuerpo lleno de tumores, acentúa el clima letal y alucinatorio que desembocará en un final horripilante. “En la casa estaba la muerte, esperando”. Las mutilaciones interiores se convierten en mutilaciones reales. El mal ha triunfado y la expiación sólo es una reacción histérica, donde la culpabilidad adquiere los rasgos de una obsesión, que no se preocupa de reparar el dolor inferido.

    Ungar murió con 36 años. En vida, sólo reconoció su talento Thomas Mann, tal vez porque sobrevoló los mismos abismos. Ungar nos dejó una obra escasa e insuficientemente conocida, al menos por el lector español. Los mutilados nos acompaña a los sótanos de la condición humana, donde abdica la inteligencia y prevalece el instinto, con su ferocidad inaudita. Nuestras patologías son mucho más poderosas que nuestra pobre racionalidad.


    http://www.elcultural.com/revista/letras/Los-mutilados/30766


    Unos extractos:

    Algo se prepara, pensaba Polzer.
    Algo esperaba en la oscuridad. Todo aquello debía terminar. Algo esperaba en el rincón. Quizá un asesino con un hacha. Uno no puede conocer la casa en la que habita.

    **

    Empezó a ocurrir lo que temía Franz Polzer. La puerta estaba abierta. Una vez perturbado el orden, el caos era inevitable. Se había producido la brecha por la que irrumpía lo imprevisto, esparciendo el miedo.
    El mutilado ocupaba ahora la habitación de las fundas blancas. Por la noche se le oía gemir. Le dolían las heridas. El pus le roía la carne, y las pesadillas le atormentaban. Polzer escuchaba. En la casa estaba la muerte, esperando.

    **

    -¡Qué horror! –dijo Karl–. ¡Y qué horrible!
    -La hermosura, Herr Fanta –respondió el enfermero–, no es cualidad apreciable en los cadáveres.


    [BlackList. Traducción de Ana María de la Fuente]

    La clase Hermann Ungar 

    He vuelto a hacer una compra compulsiva de libros descatalogados por Internet. Iba por Céline y al final cayeron varios del francés y dos de Ungar publicados a finales de los 1990s por Seix Barral. Por cierto que ni unos ni otros resultaron especialmente baratos, pero bueno, quien algo quiere algo le cuesta. El primero en leer ha sido "La Clase", la segunda y última novela de Hermann Ungar, que tan desvastador efecto tuvo en mi hace ya algo más de un año con Los Mutilados. 

    Josef Blau es profesor de un colegio exclusivo, pero sus orígenes humildes unidos a su débil y enfermiza constitución física le han condicionado un gran complejo de inferioridad. Paranoico y neurótico hasta lo indecible, se desvive por mantener un férreo control sobre sus alumnos, a quienes ve como depredadores dispuestos a humillarle y ridiculizarle a la mínima muestra de debilidad por su parte. Sorprendentemente, está casado con una mujer muy guapa y atractiva, Selma, que está embarazada del primer hijo de ambos. A pesar del amor incondicional que ella le profesa, él no hace más que proyectar su propia inseguridad sobre la relación, torturandola psicológicamente y sometiéndola a pruebas degradantes para que le demuestre fidelidad y entrega absoluta. Josef y Selma viven en un modesto piso en un bloque de viviendas con Mathilde, madre de Selma. La trama se complica cuando el tío Bobek, un hombre maduro y campechano (supongo que hermano del difunto padre de Selma, viudo él mismo), un vividor que pasa mucho tiempo con toda la familia y coquetea abiertamente con Mathilde, pide un préstamo que Blau, débil de carácter e incapaz de decir que no, se ve obligado a avalar. Como era de esperar, el tío Bobek malgasta el dinero y es entonces cuando Modlizki, amigo de la infancia de Josef, empieza a malmeter para crear aún más incertidumbre en la vida de Herr Blau, quien empieza a martirizarse por haberse dejado convencer para ser el avalista.

    Como se puede ver, la historia guarda claras similitudes con su anterior novela. Para empezar el autor moravo vuelve a elegir como protagonista a un individuo enfermizo, un catálogo andante de patologías psiquiátricas, de carácter difícil e insoportable al trato. Asistimos también a los abusos de unos personajes sobre los otros, con Selma y los alumnos de Blau (que no dejan de ser críos de 13-14 años) sufriendo la peor parte. También ocurre que los secundarios están elegidos de manera que permiten llevar a Blau aún más al límite si cabe. Modlizki es también de origen humilde, pero no ha podido acceder a una profesión que le permita salir de la servidumbre. Se ha vuelto rencoroso, perverso. No soporta a las clases acomodadas, a quienes se ve obligado a servir sumisamente. Por sus afinidades e ideología se le intuye simpatizante  comunista o anarquista, pero su cobaría le impide hacerse activista y se limita a volcar su frustración maltratando despiadadamente a quien se supone es un amigo de la infancia. Por otro lado el tío Bobek es la expresión máxima de la búsqueda despreocupada del placer, algo que desde el punto de vista de un controlador obsesivo es inconcebible. Y otro de los maestros del colegio, el Profesor Leopold, personifica el ideal masculino que Blau quisiera haber sido: de clase alta, eligió la enseñanza por vocación, tiene un físico y una salud envidiable, sus alumnos le adoran y además, es amable y encantador con todos. Estos dos últimos son un contrapunto brutal al carácter patológico de Blau. No obstante, a pesar de las semejanzas obvias se notan mejoras importantes en las habilidades como escritor de Ungar. La trama está mucho mejor urdida y el desarrollo de la acción, guiado por las obsesiones paranoides del protagonista, da como resultado terribles sorpresas que sin embargo encajan a la perfección en el argumento. Lamentablemente, y a pesar de que hay mucha amargura y dolor a lo largo del libro, me ha molestado el regusto a redención del final elegido, con moralina incluída. Ungar opta por un cierre claramente esperanzador que yo, aficionado como soy a los dramas supremos, hubiera evitado a toda costa. 

    Resumiendo, muy bueno. La descripción de obsesiones, paranoias y patologías varias del protagonista son completamente convincentes. Eso sí, comparando me quedo sin duda con Los Mutilados y su espanto sin límite. El habitual apartado final con otras reseñas queda desierto en esta ocasión, básicamente porque no he conseguido encontrar ninguna.

    http://dasbuecherregal.blogspot.com/2013/12/la-clase-hermann-ungar.html


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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