Aldous Huxley - Moksha


Moksha —palabra que en sánscrito significa «liberación», «ingreso en el nirvana»— reúne por primera vez páginas proféticas, revolucionarias, escritas por Aldous Huxley en la última década de su vida. En su novela La isla, Huxley describió una sociedad utópica en que un «remedio» imaginario llamado moksha se emplea para alcanzar la iluminación. Por esos años, los textos de Huxley fueron adquiriendo un carácter cada vez más polémico y desafiante. A partir de la premisa de que «la verdad yace en el fondo de un estanque muy fangoso», Huxley experimentó con la mescalina y el LSD como recurso para investigar en las complejas imbricaciones de la mente. Moksha es un compendio de esa apasionada investigación. Los compiladores de este volumen han reunido un vasto material que abarca conferencias, entrevistas, ensayos y cartas de Aldous Huxley. Han incluido además pasajes de muchos libros de Huxley relacionados con la experiencia visionaria y que ilustran su transición desde el poeta y el novelista hacia el místico, el ensayista, el científico. Se encontrarán aquí fragmentos de Un mundo feliz, El tiempo debe detenerse, Las puertas de la percepción, Cielo e infierno y La isla. La aventura intelectual emprendida por Huxley es vertiginosa: reúne la psicología y la medicina, la religión y la ecología, la literatura y la política. Y los puentes que tiende entre la experiencia alucinógena y el misticismo presagian muchos de los intentos que conmovieron la atención del mundo entero en la década del 60.




Hermann Ungar - La clase

Segunda y última novela de Hermann Ungar. «La clase» relata la historia de un profesor 
de escuela de débil constitución física y escasa fuerza de voluntad que respeta al 
máximo el orden establecido y pretende imponer a sus alumnos su férrea disciplina 
en contraste con su compañero de infancia que se revela contra el rígido orden social. 
El novelista explora un universio cuya única ley es el desequilibrio.

RAFAEL NARBONA | 23/03/2012 |  


Hermann Ungar
Hermann Ungar (Moravia, 1893-Praga, 1929) participó como combatiente en la Primera Guerra Mundial. Herido en el frente, regresó a la vida civil como abogado y director teatral. De familia judía, había estudiado orientalismo y filosofía. Durante su estancia en Berlín como agregado comercial de la República checoslovaca, conoció a Alfred Döblin y Joseph Roth. A su regreso a Praga, se relacionó en el círculo de Kafka y Max Brod, identificándose en un principio con sus postulados estéticos, pero no tardó en iniciar un camino en solitario, de acuerdo con su interpretación de la literatura y del ser humano. Los mutilados (1923) es un relato espeluznante sobre las perversiones morales y sexuales de un grupo de personajes caracterizados por su inestabilidad emocional y débil autoestima. La atmósfera opresiva y enfermiza anticipa el espanto de Auto de fe(1936) de Canetti. En este caso, el protagonista es Franz Polzer, un anodino empleado de banca. Sería tentador establecer analogías con el Josef K. de El proceso (1924), pero esta vez no se trata de impotencia frente al poder político, sino de incapacidad para superar los desordenes emocionales derivados de experiencias traumáticas. El contendiente no es un Estado que manifiesta su fuerza, mientras esconde su rostro, sino un ego tiranizado por el inconsciente.

Franz Polzer crece en un hogar atípico. Su padre es un comerciante viudo que convive con su hermana. Franz soporta malos tratos continuos e incontables humillaciones. Lejos de rebelarse, encuentra en el castigo un placer anómalo que condicionará el resto de su vida. La sospecha de una relación incestuosa entre su padre y su tía sólo agudizará sus conflictos interiores. Su única fuente de afecto es su amistad con Karl Fanta, un joven atractivo, con éxito social y de familia próspera. Puntual y meticuloso, Polzer no soporta el contacto físico y el sexo le produce repugnancia. Cuando observa en un museo el cuadro de una mujer desnuda, sólo aprecia impureza. Alojado en casa de la viuda Klara Porges, sus patologías se desatan al convertirse en su amante. No actúa libremente, sino coaccionado por el carácter dominante y perturbado de la viuda, que no tardará en descubrir sus debilidades.

Ungar no se aplica ninguna clase de autocensura. No escatima la dureza de una relación sadomasoquista, donde no interviene el juego, sino el placer de humillar, despersonalizar y someter. Polzer fantasea con el incesto, pese a que no existe ningún vínculo de sangre con Klara, pero el recuerdo del padre internándose en la alcoba de la hermana y los sonidos que delataban un encuentro carnal, le impiden consumar el acto sexual, sin reprimir la sensación de realizar algo aberrante. La aparición de un fanático religioso que ha trabajado como matarife introduce nuevos elementos dramáticos, no menos inquietantes. El idilio entre Klara y Polzer insinúa que el sexo es una forma de asesinato. No es posible amar sin dañar irremediablemente al otro. La enfermedad de Karl, con el cuerpo lleno de tumores, acentúa el clima letal y alucinatorio que desembocará en un final horripilante. “En la casa estaba la muerte, esperando”. Las mutilaciones interiores se convierten en mutilaciones reales. El mal ha triunfado y la expiación sólo es una reacción histérica, donde la culpabilidad adquiere los rasgos de una obsesión, que no se preocupa de reparar el dolor inferido.

Ungar murió con 36 años. En vida, sólo reconoció su talento Thomas Mann, tal vez porque sobrevoló los mismos abismos. Ungar nos dejó una obra escasa e insuficientemente conocida, al menos por el lector español. Los mutilados nos acompaña a los sótanos de la condición humana, donde abdica la inteligencia y prevalece el instinto, con su ferocidad inaudita. Nuestras patologías son mucho más poderosas que nuestra pobre racionalidad.


http://www.elcultural.com/revista/letras/Los-mutilados/30766


Unos extractos:

Algo se prepara, pensaba Polzer.
Algo esperaba en la oscuridad. Todo aquello debía terminar. Algo esperaba en el rincón. Quizá un asesino con un hacha. Uno no puede conocer la casa en la que habita.

**

Empezó a ocurrir lo que temía Franz Polzer. La puerta estaba abierta. Una vez perturbado el orden, el caos era inevitable. Se había producido la brecha por la que irrumpía lo imprevisto, esparciendo el miedo.
El mutilado ocupaba ahora la habitación de las fundas blancas. Por la noche se le oía gemir. Le dolían las heridas. El pus le roía la carne, y las pesadillas le atormentaban. Polzer escuchaba. En la casa estaba la muerte, esperando.

**

-¡Qué horror! –dijo Karl–. ¡Y qué horrible!
-La hermosura, Herr Fanta –respondió el enfermero–, no es cualidad apreciable en los cadáveres.


[BlackList. Traducción de Ana María de la Fuente]

La clase Hermann Ungar 

He vuelto a hacer una compra compulsiva de libros descatalogados por Internet. Iba por Céline y al final cayeron varios del francés y dos de Ungar publicados a finales de los 1990s por Seix Barral. Por cierto que ni unos ni otros resultaron especialmente baratos, pero bueno, quien algo quiere algo le cuesta. El primero en leer ha sido "La Clase", la segunda y última novela de Hermann Ungar, que tan desvastador efecto tuvo en mi hace ya algo más de un año con Los Mutilados. 

Josef Blau es profesor de un colegio exclusivo, pero sus orígenes humildes unidos a su débil y enfermiza constitución física le han condicionado un gran complejo de inferioridad. Paranoico y neurótico hasta lo indecible, se desvive por mantener un férreo control sobre sus alumnos, a quienes ve como depredadores dispuestos a humillarle y ridiculizarle a la mínima muestra de debilidad por su parte. Sorprendentemente, está casado con una mujer muy guapa y atractiva, Selma, que está embarazada del primer hijo de ambos. A pesar del amor incondicional que ella le profesa, él no hace más que proyectar su propia inseguridad sobre la relación, torturandola psicológicamente y sometiéndola a pruebas degradantes para que le demuestre fidelidad y entrega absoluta. Josef y Selma viven en un modesto piso en un bloque de viviendas con Mathilde, madre de Selma. La trama se complica cuando el tío Bobek, un hombre maduro y campechano (supongo que hermano del difunto padre de Selma, viudo él mismo), un vividor que pasa mucho tiempo con toda la familia y coquetea abiertamente con Mathilde, pide un préstamo que Blau, débil de carácter e incapaz de decir que no, se ve obligado a avalar. Como era de esperar, el tío Bobek malgasta el dinero y es entonces cuando Modlizki, amigo de la infancia de Josef, empieza a malmeter para crear aún más incertidumbre en la vida de Herr Blau, quien empieza a martirizarse por haberse dejado convencer para ser el avalista.

Como se puede ver, la historia guarda claras similitudes con su anterior novela. Para empezar el autor moravo vuelve a elegir como protagonista a un individuo enfermizo, un catálogo andante de patologías psiquiátricas, de carácter difícil e insoportable al trato. Asistimos también a los abusos de unos personajes sobre los otros, con Selma y los alumnos de Blau (que no dejan de ser críos de 13-14 años) sufriendo la peor parte. También ocurre que los secundarios están elegidos de manera que permiten llevar a Blau aún más al límite si cabe. Modlizki es también de origen humilde, pero no ha podido acceder a una profesión que le permita salir de la servidumbre. Se ha vuelto rencoroso, perverso. No soporta a las clases acomodadas, a quienes se ve obligado a servir sumisamente. Por sus afinidades e ideología se le intuye simpatizante  comunista o anarquista, pero su cobaría le impide hacerse activista y se limita a volcar su frustración maltratando despiadadamente a quien se supone es un amigo de la infancia. Por otro lado el tío Bobek es la expresión máxima de la búsqueda despreocupada del placer, algo que desde el punto de vista de un controlador obsesivo es inconcebible. Y otro de los maestros del colegio, el Profesor Leopold, personifica el ideal masculino que Blau quisiera haber sido: de clase alta, eligió la enseñanza por vocación, tiene un físico y una salud envidiable, sus alumnos le adoran y además, es amable y encantador con todos. Estos dos últimos son un contrapunto brutal al carácter patológico de Blau. No obstante, a pesar de las semejanzas obvias se notan mejoras importantes en las habilidades como escritor de Ungar. La trama está mucho mejor urdida y el desarrollo de la acción, guiado por las obsesiones paranoides del protagonista, da como resultado terribles sorpresas que sin embargo encajan a la perfección en el argumento. Lamentablemente, y a pesar de que hay mucha amargura y dolor a lo largo del libro, me ha molestado el regusto a redención del final elegido, con moralina incluída. Ungar opta por un cierre claramente esperanzador que yo, aficionado como soy a los dramas supremos, hubiera evitado a toda costa. 

Resumiendo, muy bueno. La descripción de obsesiones, paranoias y patologías varias del protagonista son completamente convincentes. Eso sí, comparando me quedo sin duda con Los Mutilados y su espanto sin límite. El habitual apartado final con otras reseñas queda desierto en esta ocasión, básicamente porque no he conseguido encontrar ninguna.

http://dasbuecherregal.blogspot.com/2013/12/la-clase-hermann-ungar.html


Robert Hughes - Fluctuaciones de intensidad

Miramos al pasado y reflexionamos acerca de cómo ha configurado el presente. Pero el valor estético no emana de la aparente capacidad de la obra de predecir el futuro: no admiramos a Cézanne porque influyera en los cubistas. El valor nace de las profundidades de la obra misma: de su vitalidad, de sus cualidades intrínsecas, del discurso que dirige a los sentidos, al intelecto, a la imaginación; del uso que hace del cuerpo concreto de la tradición. En arte no hay progreso, sólo fluctuaciones de intensidad. Ni siquiera el médico más destacado en la Bolonia del siglo XVII sabía tanto sobre el cuerpo humano como lo que sabe hoy cualquier estudiante de medicina de tercer año. Pero ningún contemporáneo es capaz de dibujar tan bien como Rembrandt o Goya.

En El impacto de lo nuevo


Jean Cocteau - La voz humana


Partiendo de una extraña situación —una mujer sola telefoneando a su amante, que acaba de abandonarla— tristemente banal, Cocteau ha sabido crear, en La voz humana, una auténtica minitragedia en un acto. Un monólogo hecho de palabras y silencios que es lo único que le queda a la mujer para retener una vida que se le escapa… Una tragedia con el teléfono como principal vehículo y protagonista.
Adolfo Bioy Casares - Acerca de la muerte de Borges

Sábado, 14 de junio de 1986

Almorcé en La Biela, con Francis. Después decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo. Quería un ejemplar para Carlos Pujol y otro para tener de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre Eddas que me mandaron hace meses, me saludó y me dijo, como excusándose: "Hoy es un día muy especial". Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: "¿Por qué?". "Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra", fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: "Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez". Pensé: "Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana... tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar".

Yo, que no creo en otra vida, pienso que si Borges está en otra vida y yo ahora me pongo a escribir sobre él para los diarios, me preguntará: "¿Tu quoque?".

En Descanso de caminantes




Monstruos de Borges

Por José Pablo Feinmann


Hay un cuento (poco conocido y nunca acabadamente estudiado) que Borges y Bioy escriben o, al menos, fechan en noviembre de 1947. Como sea, lo habrán escrito durante esos días, días en que gobernaba Perón y ellos se erizaban de odio ante el espectáculo desaforado del populismo. ("Este relato --dirá años después Bioy y Matilde Sánchez-- está escrito con un tremendo odio. Estábamos llenos de odio durante el peronismo"). Rodríguez Monegal ofrece algunos datos más: "Uno de los textos clandestinos de Borges fue escrito en colaboración con Adolfo Bioy Casares y sólo circuló en m

anuscrito durante el primer gobierno de Perón. Pertenece a la serie de relatos atribuidos a H. Bustos Domecq, pero a diferencia de la mayoría de aquéllos, éste es radicalmente político, lo que explica que haya sido publicado (por mí, en Montevideo y en el semanario Marcha), después de la caída de Perón" (Ficcionario, Antología de textos de Borges, FCE, p. 458)



El cuento es La fiesta del Monstruo y está encabezado por una estrofa del poeta unitario Hilario Ascasubi. El poema de Ascasubi se llama La refalosa y narra, por medio de un mazorquero, el martirio y degüello de un unitario. La estrofa que utilizan Borges - Bioy dice: "Aquí empieza su aflición". Ya Echeverría, en El matadero había descrito los horrores del degüello federal: "Tiene buen pescuezo para el violín. Mejor es la resbalosa". Hay, así, una trilogía: El matadero (Echeverría), La refalosa (Ascasubi), La fiesta del Monstruo (Borges - Bioy. La fiesta... toma el naturalismo brutal de Echeverría y recurre a la narración en primera persona de La refalosa. Tanto en Ascasubi como en Borges - Bioy quienes narran son los bárbaros: un mazorquero en Ascasubi, un "muchacho peronista" en Borges - Bioy.
Así como en una nota anterior ("Borges y la barbarie") expuse la delicada y profunda concepción de la barbarie que Borges explicita en el Poema conjetural, corresponderá hoy la visión cruel, despiadada, unidimensional, sobrepolitizada que, junto con Bioy, presenta del Otro, del "bárbaro", en La fiesta del monstruo. El narrador, queda dicho, es un militante peronista. Le narra a su novia, Nelly, los avatares de una jornada en la que irán a la plaza a escuchar un discurso del Monstruo, nombre que, en el cuento, se le da a Perón. "Te prevengo, Nelly, que fue una jornada cívica en forma". La noche anterior el "muchacho" descansa como se debe. "Cuando por fin me enrosqué en la cucha, yo registraba tal cansancio en los pieses que al inmediato capté que el sueñito reparador ya era de los míos (...) No pensaba más que en el Monstruo, y que al otro día lo vería sonreírse y hablar como el gran laburante argentino que es". (Borges intenta recrear el lenguaje popular, pero se acerca más a Catita que a los obreros peronistas.) En suma, hay que ir a la Plaza: "hombro con hombro con los compañeros de brecha, no quise restar mi concurso a la masa coral que despachaba a todo pulmón la marchita del Monstruo (...) No me cansaba de pensar que toda esa muchachada moderna y sana pensaba en todo como yo (...) Todos éramos argentinos, todos de corta edad, todos del Sur". Otra vez la presencia del Sur como el territorio de la barbarie. Pero éste no es el Sur de Juan Dahlmann, el Sur en que Dahlmann descubre que el coraje es superior al miedo y la enfermedad, que el Sur es la llanura, el cielo abierto, la muerte heroica; tampoco es el Sur en que Narciso Laprida descubre su destino sudamericano, un destino que se trama entre los libros, los cánones y la intimidad del cuchillo bárbaro, es otro Sur. Es el Sur del odio clasista. Un Sur absolutamente irrecuperable para Borges. Un Sur injuriado por la jauría fiel y desastrada del Monstruo.



El Sur de los muchachos que marchan hacia la Plaza. De pronto, dice el narrador a Nelly, encuentran un inconveniente: "hasta que vino a distraernos un sinagoga que mandaba respeto con la barba". A este "sinagoga" los muchachos del Monstruo lo dejan seguir; tal vez por la barba. "Pero no se escurrió tan fácil otro de formato menor, más manuable, más práctico, de manejo más ágil". ¿Cómo es este sinagoga? Sólo los panfletos del Reich habrán ofrecido una descripción tan horrenda de un judío (pero éste era el propósito de Borges: ya que el Monstruo era, sin más, nazi, nazis debían ser sus adictos o comportarse como tales): "Era un miserable cuatro ojos, sin la musculatura del deportivo. El pelo era colorado, los libros bajo el brazo y de estudio". El "sinagoga" es algo torpe: "Se registró como un distraído que cuasi se llevaba por delante a nuestro abanderado, el Spátola". Los muchachos le exhiben la figura del Monstruo: "Bonfirraro, le dijo al rusovita que mostrara un cachito más de respeto a la opinión ajena, señor, y saludara la figura del Monstruo". (El símil con El matadero es clarísimo: también, la "chusma del Restaurador", le exige al unitario el uso de la divisa punzó, que éste, con valentía y soberbia, abomina.) El "sinagoga" se niega: "El otro contestó con el despropósito que él también tenía su opinión. El Nene, que las explicaciones lo cansan, lo arrempujó con una mano (...) Lo rempujó a un terreno baldío, de esos que el día menos pensado levantan una playa de estacionamiento, y el punto vino a quedar contra los nueve pisos de una pared sensa finestra ni ventana". Así, "el pobre quimicointas" queda acorralado. Lo que sigue es un despiadado asesinato callejero. Tal como el unitario de Echeverría era aniquilado por los federales del Matadero, el judío de Borges cae destrozado por los muchachos de Perón. (Observemos que es la derecha oligárquica quien inventa la línea nacional Rosas - Perón del revisionismo de los setenta, la "primera" y la "segunda" tiranía.) "El primer cascotazo (...) le desparramó las encías y la sangre era un chorro negro. Yo me calenté con la sangre y le arrimé otro viaje con un cascote que le aplasté una oreja y ya perdí la cuenta de los impactos porque el bombardeo era masivo. Fue desopilante; el jude se puso de rodillas y miró al cielo y rezó como ausente en su media lengua. Cuando sonaron las campanadas de Monserrat se cayó porque ya estaba muerto. Nosotros nos desfogamos un poco más con pedradas que ya no le dolían. Te lo juro, Nelly, pusimos el cadáver hecho una lástima (...) Presto, gordeta, quedó relegado al olvido ese episodio callejero (...) Nos puso en forma para lo que vino después: la palabra del Monstruo. Estas orejas lo escucharon, gordeta, mismo como todo el país, porque el discurso se transmite en cadena" (Cfr. Ficcionario, ed. cit. pp. 259/269).

Por desdicha, las opciones políticas de Borges fueron impulsadas por el odio unidimensional, racial y clasista, de La fiesta del Monstruo y no por las honduras conceptuales del Poema conjetural. Si no hubiese sido así, escasamente habría adherido, como lo hizo, a las dictaduras militares que devastaron nuestro país. Sobre todo a la más horrenda, la de Videla. Si no hubiese sido así, el Premio Nobel, como lo deseaba, habría sido suyo.

17/07/99 Página|12  |  Descargar La fiesta del monstruo




¿EL PSICOANÁLISIS PERDERÁ VIGENCIA CUANDO EL SER HUMANO SEA CAPAZ DE COMPRENDER SU VIDA?


El psicoanálisis ha conocido un desarrollo histórico peculiar, oscilante entre la aceptación y aun la fascinación por un lado y, por el otro, el rechazo y la denotación más furibunda. Con todo, el psicoanálisis persiste.

¿Cuál es la causa de dicha persistencia? Una respuesta seria pasa, necesariamente, por el malestar del ser humano, para el cual, hasta ahora, la cultura no ha encontrado un solo remedio efectivo. O, mejor dicho: sí los ha encontrado, desde el pensamiento de los Vedas y el budismo hasta las “reglas para vivir” del Dr. Jordan Peterson, de Platón y los estoicos a las ideas de Nietzsche o las reflexiones de Byung-Chul Han, el malestar que al parecer acompaña inevitablemente a la existencia humana ha sido objeto de estudio e investigación filosófica, de lo cual, a su vez, se han derivado diversos intentos de respuesta a las preguntas que en algún punto asaltan la vida humana: ¿es posible vivir sin malestar? ¿es posible vivir sin miedo? ¿es posible vivir sin sufrimiento y sin angustia? ¿es posible vivir sin ira?

Estas preguntas fundamentales tienen respuesta, pero a diferencia de otras disciplinas, sistemas de pensamiento o corrientes filosóficas, doctrinas espirituales y religiosas, la postura del psicoanálisis es clara al respecto: es el propio sujeto quien debe elaborar por sí mismo dicha respuesta. 

Sin duda, parece más sencillo adherirse a una solución ya hecha: seguir tal o cual serie de mandamientos, tomar el antidepresivo o el ansiolítico, intentar ser hoy hedonista y mañana probar el minimalismo, etc. Y nos parece más sencillo porque así es como aprendemos a vivir: obedeciendo, adoptando las formas de vida que nos enseñan y que, se nos dice, son necesarias para ser aceptados por otros (en la comunidad de lo humano). Pero frente a esto, el psicoanálisis llama al sujeto a detenerse para preguntarse si eso es lo que realmente quiere, si esa es la vida que desea o es aquella que le enseñaron a desear.

Cabe decir que dicha confrontación no es sencilla y mucho en la cultura nos empuja justamente a lo contrario: a vivir sin reflexionar, sin interrogar ni emprender un esfuerzo propio y auténtico de cambio. 

Compartimos estos párrafos a manera de introducción para una entrevista que se le hizo a Jacques Lacan en 1974. De todas las personas que han intentado seguir el método elaborado por Sigmund Freud, quizá Lacan ha sido el único que aportó verdaderamente al desarrollo del psicoanálisis, por el hecho simple pero al parecer muy difícil de realizar de que su único interés a lo largo de su trayectoria fue leer atentamente la obra de Freud. 

Originalmente, la entrevista se publicó en la revista italiana Panorama, en su número del 21 de diciembre del año referido. La transcribimos íntegra, en razón de los varios puntos de interés que Lacan tocó en aquella ocasión y porque creemos que a lo largo de la charla se teje una cohesión que vale la pena conservar así para entender las palabras del psicoanalista. 

***

Panorama: Prof. Lacan, se escucha hablar más y más a menudo de la crisis del psicoanálisis, se dice que Sigmund Freud está superado, que la sociedad moderna ha descubierto que su doctrina no alcanza a comprender al hombre ni a interpretar a fondo su relación con el ambiente, con el mundo…

Lacan: Son historias. En primer lugar, la crisis no existe, no está. El psicoanálisis, al contrario, no ha alcanzado del todo sus límites. Hay aún muchas cosas para descubrir tanto en la práctica como en la doctrina. En el psicoanálisis no hay solución inmediata, sino solamente la larga y paciente investigación acerca de los porqués. En segundo lugar: Freud. ¿Cómo se lo puede juzgar como superado si no lo hemos comprendido enteramente? Lo que sabemos es que ha dado a conocer cosas totalmente novedosas que no se habían imaginado antes de él, problemas… del inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, del acceso a lo simbólico al sujetamiento a las leyes del lenguaje.

Su doctrina ha puesto a la verdad en cuestión, un asunto que concierne a cada uno personalmente. Nada que ver con una crisis. Repito: estamos lejos de los objetivos de Freud. Es porque su nombre ha servido para cubrir muchas cosas que ha habido desviaciones, los epígonos no han seguido siempre fielmente el modelo, eso ha creado la confusión.

Después de su muerte en 1939, algunos de sus alumnos pretendieron hacer el psicoanálisis de otra manera, reduciendo su enseñanza a algunas pequeñas fórmulas banales: la técnica como rito, la práctica reducida al tratamiento del comportamiento y, como objetivo, la readaptación del individuo a su entorno social. Es decir, la negación de Freud, un psicoanálisis acomodaticio, de salón.

Él mismo lo había previsto. Decía que hay tres posiciones imposibles de sostener, tres tareas imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Hoy día poco importa quien tiene las responsabilidades de gobernar y todo el mundo se pretende educador. En cuanto a los  psicoanalistas, ¡ay!, por desgracia prosperan como los magos y los curanderos. Proponer ayudar a las personas significa el éxito asegurado y la clientela detrás de la puerta. El psicoanálisis es otra cosa.

Panorama: ¿Qué exactamente?

Lacan: Lo defino como un síntoma, revelador del malestar de la civilización en la cual vivimos.  No es ciertamente una filosofía; yo aborrezco la filosofía, hace ya tiempo que ella no dice nada interesante. No es tampoco una fe y tampoco me va llamarla ciencia. Digamos que es una práctica que se ocupa de aquello que no anda, terriblemente difícil, ya que pretende introducir en la vida cotidiana al imposible y al imaginario. Hasta ahora, ha obtenido ciertos resultados, pero no dispone aún de reglas y se presta a toda suerte de equívocos.

No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, ya sea en relación con la medicina, la psicología o las ciencias afines. Es asimismo muy joven. Freud murió apenas hace 35 años. Su primer  libro, La interpretación de los sueños, fue publicado en 1900 y con muy poco éxito. Creo que fueron vendidos unos 300 ejemplares en aquellos años. Tenía pocos alumnos que pasaban por locos y ellos mismos no estaban de acuerdo acerca de la manera de poner en práctica y de interpretar aquello que habían adquirido.

Panorama: ¿Qué es lo que no anda en el hombre hoy en día?

Lacan: Hay una gran fatiga de vivir como resultado de la carrera hacia el progreso. Se espera del psicoanálisis que descubra hasta dónde se puede llegar arrastrando esa fatiga, ese malestar de la vida.

Panorama: ¿Qué es lo que empuja a la gente a analizarse?

Lacan: El miedo. Cuando al hombre le llegan las cosas, incluso las cosas que ha querido, que no comprende, tiene miedo. Sufre de no comprender y poco a poco entra en un estado de pánico. Es la neurosis. En la neurosis histérica el cuerpo deviene enfermo del miedo de estar enfermo sin estarlo realmente. En la neurosis obsesiva el miedo pone cosas bizarras en la cabeza … pensamientos que no se pueden controlar, fobias en las cuales formas y objetos adquieren significaciones diversas y espantosas.

Panorama: ¿Por ejemplo?

Lacan: El neurótico llega a sentirse empujado por una necesidad espantosa de tener que verificar docenas de veces si la canilla está cerrada de verdad o si tal cosa está bien en su lugar, sabiendo con certeza que la canilla está como debe estar y que la cosa está en su lugar. No hay pastilla que cure eso. Tú debes descubrir por qué eso te llega y saber lo que eso significa.

Panorama: ¿Y el tratamiento?

Lacan: El neurótico es un enfermo que se trata con la palabra, sobre todo con la suya. Debe hablar, contar, explicar él mismo. Freud lo define así: asunción de la parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro. El psicoanalista no tiene mas remedio que ser el rey de la palabra. Freud explicaba que el inconsciente no es tanto algo profundo sino, más bien, es inaccesible a la profundización consciente. Y decía también que en ese inconsciente ello habla: un sujeto en el sujeto trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.

Panorama: ¿Palabra de quién? ¿Del enfermo o del analista?

Lacan: En el psicoanálisis, los términos enfermo, médico, medicina no son exactos, no son utilizados. Incluso las fórmulas pasivas que son utilizadas habitualmente no son justas. Se dice "hacerse psicoanalizar". Es falso. Aquel que hace el trabajo en análisis es aquel que habla, el sujeto analizante mismo si él lo hace según el modelo sugerido por el analista que le indica cómo proceder y lo ayuda con sus intervenciones. Las interpretaciones que les son proporcionadas parecen dar sentido en un primer abordaje a aquello que el analizante dice.

En realidad, la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre. El objetivo es el de mostrarle, a través de su propio relato, que su síntoma, digamos la enfermedad, no está en relación con nada, que está desanudado de todo sentido. Incluso si en apariencia es real, no existe.

Las vías por las cuales esta acción de la palabra procede piden mucha práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la ponderación son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber ponderar la ayuda que se le da al analizante; es por esto que el psicoanálisis es difícil.

Panorama: Cuando se habla de Jacques Lacan, se asocia inevitablemente ese nombre a una fórmula: el retorno a Freud. ¿Qué significa eso?

Lacan: Exactamente eso que es dicho. El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que referirse a Freud, en sus términos, en sus definiciones, leídas e interpretadas en su sentido literal. He fundado en París una escuela freudiana justamente para eso. Hace 20 años, o más, que vengo explicando mi punto de vista: el retorno a Freud simplemente significa  despejar el campo de las desviaciones y de los equívocos, de las fenomenologías existenciales —por ejemplo— tanto como del formulismo institucional de las sociedades analíticas, retomando la lectura de su enseñanza según los principios definidos y catalogados en su trabajo. Releer a Freud quiere decir solamente releer a Freud. Aquel que no hace esto en psicoanálisis, utiliza formas abusivas.

Panorama: Pero Freud es difícil. Y Lacan, dicen, lo torna incomprensible. Se le reprocha a Lacan  hablar y sobre todo escribir de tal manera que solamente aquellos iniciados pueden esperar comprender.

Lacan: Lo sé, tengo la reputación de ser un oscuro que esconde su pensamiento en nubes de humo. Yo me pregunto por qué. A propósito del análisis, respeto conjuntamente con Freud que sea el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entre en el real. ¿No está claro? Pero el psicoanálisis no es una cosa simple.

Mis libros tienen reputación de incomprensibles. ¿Pero por quién? No los he escrito para todos, para que sean comprendidos por todos. Al contrario, no me he preocupado ni un instante de complacer a algunos lectores. Tengo cosas para decir y las digo. Me es suficiente tener un público que lee, y si no comprende, paciencia. En cuanto al número de lectores, tengo más oportunidad que Freud. Mis libros son muy leídos; estoy asombrado por eso.
Estoy convencido de que dentro de 10 años como máximo, quien me lea me encontrará transparente como una buena jarra de cerveza. Es posible que entonces se diga: ¡ese Lacan, es banal!

Panorama: ¿Cuáles son las características del lacanismo?

Lacan: Es un poco apresurado decirlo, ya que el lacanismo no existe aún. Se percibe apenas un olor, como un presentimiento.

Sea lo que sea, Lacan es un señor que practica el psicoanálisis hace 40 años y que estudia desde hace más tiempo. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. He escrito en uno de mis libros que aquello a lo cual nos devuelve el descubrimiento de Freud es a la importancia del orden en el cual hemos entrado, en el que somos, si se puede decir, nacidos por segunda vez, saliendo del estado llamado justamente infans, sin palabra. El orden simbólico sobre el cual Freud ha fundado su descubrimiento está constituido por el lenguaje, como momento del discurso concreto universal. Es el mundo de las palabras que creó el mundo de las cosas, inicialmente confusas en el devenir del todo. Solamente las palabras dan un sentido cabal a la esencia de las cosas. Sin las palabras, nada existiría. ¿Cuál sería el placer sin el intermediario de la palabra?

Mi idea es que Freud, al enunciar en sus primeras obras (La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y tabú) las leyes del inconsciente, formuló —como precursor de su tiempo— las teorías con las cuales algunos años más tarde Ferdinand de Saussure abrió el camino de la lingüística moderna.

Panorama: ¿Y el pensamiento puro?

Lacan: Sometido, como todo el resto, a las leyes del lenguaje, solamente las palabras pueden introducir y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no daría un paso hacia el frente en las investigaciones acerca del pensamiento. Del mismo modo para el psicoanálisis. Sea cual sea la función que quisiéramos atribuirle –agente de cura, de formación o de sondeo– no hay más que un médium del que se sirve: la palabra del paciente. Y  cada palabra pide respuesta.

Panorama: ¿El análisis como diálogo? Hay gente que lo interpreta, sobre todo, como un sucedáneo laico de la confesión…

Lacan: ¿Pero qué confesión? Al psicoanalista no se le confiesa nada. Se va a decirle simplemente todo lo que se le pasa por la cabeza. Palabras precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis es el del hombre como animal parlante. Es asunto del analista poner en serie las palabras que escucha y darles un sentido, una significación. Para realizar un buen análisis, hace falta un acuerdo, una afinidad entre el analizante y el analista. A través de las palabras de uno, el otro busca hacerse una idea de lo que se trata y encontrar más allá del síntoma aparente, el difícil nudo de la verdad. Otra función del analista es la de explicar el sentido de las palabras para hacer comprender al paciente qué puede esperar del análisis.

Panorama: Entonces es una relación de una extrema confianza.

Lacan: Sobre todo un intercambio, en el cual lo importante es que uno habla y el otro escucha. Aun en silencio. El analista no plantea preguntas y no tiene ideas. Da solamente las respuestas que hace falta dar a las preguntas que suscitan sus buenas ganas. Pero –a fin de cuentas– el analizante va siempre adonde el analista lo lleva.

Panorama: Eso es la cura. ¿Y acerca de las posibilidades de curación? ¿Se sale de la neurosis?

Lacan: El psicoanálisis tiene éxito cuando vacía el campo tanto del síntoma como del real, y así llega a la verdad.

Panorama: ¿Podría explicarme ese concepto de una manera menos lacaniana?

Lacan: Yo llamo síntoma a todo aquello que viene del real. Y el real es todo aquello que no anda, que no funciona, eso que hace obstáculo a la vida del hombre y a la afirmación de su personalidad. El real vuelve siempre al mismo lugar, se lo encuentra siempre allí con las mismas manifestaciones. Los científicos disponen de una bella fórmula: que no hay nada de imposible en el real. Hace falta ser un caradura para hacer afirmaciones de ese género, o bien, como yo lo sospecho, una ignorancia total acerca de lo que se hace y de lo que se dice. El real y el imposible son antitéticos; no pueden estar juntos. El análisis empuja al sujeto hacia el imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, esto es, imaginario y sin ningún sentido. Mientras que el real, como un pájaro voraz, no hace otra cosa que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido.

Se escucha  siempre repetir que hay que darle un sentido a esto o a aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero de la vida no sabemos nada de nada, como se sofocan los científicos por explicar. Mi miedo es que, por culpa de ellos, el real, cosa monstruosa que no existe, termine tomando la delantera. La ciencia está en camino de sustituir a la religión, con otro tanto de despotismo, de oscuridad y de oscurantismo. Hay un dios átomo, un dios espacio, etc. Si la ciencia o la religión lo logran, el psicoanálisis está acabado.

Panorama: ¿Qué relación guardan entre sí hoy día la ciencia y el psicoanálisis?

Lacan: Para mí la única ciencia verdadera, seria para seguir, es la ciencia ficción. La otra, aquella que es oficial, que tiene sus altares en los laboratorios, avanza a tientas y a locas y comienza a tener miedo de su sombra. Pareciera que a los científicos también les llegó el momento de angustia. En sus laboratorios asépticos revestidos de sus guardapolvos almidonados, esos viejos niños que juegan con cosas desconocidas, manipulando aparatos siempre más complicados e inventando fórmulas siempre más oscuras, comienzan a preguntarse qué es lo que podrá sobrevenir mañana y qué terminarán aportando sus investigaciones siempre novedosas. En fin, digo: ¿Y si es demasiado tarde? Se llamen biólogos, físicos, químicos, para mí están locos.

Solamente por el momento, mientras están en vías de destruir el universo, se les ocurre preguntarse si por azar eso que hacen no sería peligroso. ¿Y si todo saltara? ¿Y si las bacterias tan amorosamente cuidadas en los blancos laboratorios se trasmutasen en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de esas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por los científicos de los laboratorios? Hay tres posiciones imposibles dichas por Freud: gobernar, educar y psicoanalizar. Agregaría una cuarta: la ciencia. Tan cerca como las demás, los científicos no saben que están en una posición insostenible.

Panorama: Es una definición bastante pesimista de aquello que comúnmente se llama progreso.

Lacan: Para nada, no soy para nada pesimista. El hombre no llegará a nada, por la simple razón de que es un bueno para nada, incapaz de destruirse a sí mismo. Una calamidad total promovida por el hombre, eso lo encontraría personalmente maravilloso. Sería la prueba de que finalmente ha logrado fabricar alguna cosa con sus manos, con su cabeza, sin intervención divina, natural o de otra especie.

Todas  esas bellas bacterias bien nutridas que se pasean por el mundo, como las langostas bíblicas, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no llegará jamás. La ciencia tiene  su buena crisis de responsabilidad. Todo regresará al orden de las cosas, como se dice. Lo he dicho, el real tendrá la superioridad como siempre y nosotros estaremos jodidos como siempre.

Panorama: Otra de las paradojas de Jacques Lacan. Nos lanza no solamente la dificultad del lenguaje y la oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, los divertimentos lingüísticos, los acertijos a la francesa y precisamente las paradojas. Aquel que lo escucha o lo lee debe de sentirse desorientado…

Lacan: No bromeo del todo, digo las cosas muy seriamente. Salvo que utilice las palabras como los científicos, de los que hablamos antes, utilizan sus alambiques y sus aparatos electrónicos. Busco siempre referirme a la experiencia del psicoanálisis.

Panorama: Usted dijo: el real no existe. Pero el hombre medio sabe que el real es el mundo, todo aquello que lo rodea, lo que se ve ante el ojo desnudo, se toca, es…

Lacan: De entrada rechacemos a este hombre medio que, él, para comenzar no existe, es solamente una ficción estadística. Existen los individuos y eso es todo. Cuando escucho hablar del "hombre de la calle", de los sondeos, de los fenómenos de masa o de cosas parecidas, pienso en todos los pacientes que he visto pasar sobre el diván de mi consultorio en 40 años de escucha. No hay uno solo que sea parecido a otro, ninguno con la misma fobia, la misma angustia, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre medio, ¿quién es? ¿Yo, usted, nosotros, mi conserje, el presidente de la república?

Panorama: Hablamos del real, del mundo que todos vemos …

Lacan: Precisamente. La diferencia entre el real (a saber: eso que no va) y el simbólico y el imaginario (a saber: la verdad), es que el real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no es, hace falta pensar en todas las cosas banales que una infinidad de gente estúpida creen que es el mundo. E invito a los amigos de Panorama, antes de acusarme de paradoja, a reflexionar acerca de lo que acaban de leer.

Panorama: Aún más pesimista, se diría…

Lacan: No es cierto. No me coloco entre los alarmistas ni entre los angustiados. Estupendo si un psicoanalista no ha dejado atrás su estado de la angustia. Es cierto, hay alrededor de nosotros cosas horripilantes y devorantes, como la televisión, por la cual la mayoría de nosotros se encuentra regularmente fagocitado. Pero es únicamente porque las personas se dejan fagocitar que llega a inventarse un interés para aquellos que lo ven. Luego hay otros aparatos monstruosos, tan hambrientos: los cohetes en la luna, las investigaciones en el fondo del mar, etc. Cosas que devoran. Pero no hay por qué hacer un drama. Estoy seguro de que cuando hayamos tenido los cohetes, la televisión y todas las otras malditas investigaciones para la vida, encontraremos otras cosas para ocuparnos. Hay una reviviscencia de la religión ¿no? ¿Y qué mejor monstruo hambriento que la religión, una feria continua con la cual es posible entretenerse durante siglos, como ya se ha mostrado?

Mi respuesta a todo ello es que el hombre siempre supo adaptarse al mal. El solo realconcebible al que tenemos acceso es precisamente este y hay que darse una razón. Dar un sentido a las cosas, como se dice. De otro modo, el hombre no tendría angustia, Freud no se habría vuelto célebre y yo no sería profesor universitario.

Panorama: Las angustias, ¿son todas ellas siempre de ese tipo, o bien hay angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a ciertas etapas históricas, a ciertas latitudes?

Lacan: La angustia del científico que tiene miedo de sus propios descubrimientos puede parecer reciente, pero, ¿qué sabemos nosotros de aquello que les llegó en otras épocas, de los dramas de otros investigadores? La angustia del obrero remachado a la cadena de montaje como al remo de una galera, esa es la angustia de hoy día. O más simplemente, está ligada a las definiciones y a las palabras de hoy.

Panorama: Pero, ¿qué es la angustia para el psicoanálisis?

Lacan: Algo que se sitúa en el exterior de nuestro cuerpo, un miedo, un miedo de nada más que del cuerpo –comprometido el espíritu– pueda motivar. En suma, el miedo del miedo. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel donde lo percibimos, tienen alguna cosa que ver con el sexo. Freud decía que la sexualidad para el animal parlante que se llama el hombre, no tiene ni remedio ni esperanza. Uno de los deberes del analista es el de encontrar en las palabras del paciente el nudo entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.

Panorama: Ahora que se coloca al sexo en todas las salsas –sexo en el cine, en el teatro, en la televisión, en los diarios, en las canciones, en la playa– se dice que la gente está menos angustiada respecto de los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo ya no da miedo…

Lacan: La sexomanía galopante es solamente un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa seria que comporta, y lo repito, una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe psicoanálisis colectivo, como no existen angustias o neurosis de masas.

Que el sexo sea puesto a la orden del día y expuesto en todos los rincones de las calles, tratado de la misma manera que no importa cuál detergente en los carruseles televisivos, no constituye absolutamente promesa alguna de beneficio. No digo que esté mal. Ciertamente, eso no sirve para aliviar las angustias y los problemas singulares. Eso forma parte del mundo, de esa falsa liberación que nos es proporcionada como un bien acordado desde lo alto por la susodicha sociedad permisiva. Pero eso no sirve al nivel del psicoanálisis.

http://pijamasurf.com/2018/03/la_dificultad_de_vivir_una_entrevista_a_jacques_lacan/


Ernesto Sabato (pronunciado /sáβato/) fue un escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Su obra narrativa consiste en tres novelas: El túnelAbaddón el exterminador y Sobre héroes y tumbas, considerada una de las mejores novelas argentinas del siglo xx. Además, ha escrito ensayos sobre la condición humana: Uno y el UniversoHombres y engranajesEl escritor y sus fantasmasApologías y rechazos, entre otros.

Queremos compartir con ustedes 10 libros de Ernesto Sabato en formato PDF  para que los agreguen a su biblioteca virtual. No olviden compartir esta publicación con sus amigos.


10 libros en pdf de Ernesto Sabato




Muere el escritor argentino Ernesto Sabato

El autor de El túnel y Abbadón el exterminador estaba a punto de cumplir un siglo

ELCULTURAL.es | 30/04/2011 

Ernesto Sabato. Foto: Santi Cogolludo.
Faltaban pocos meses para que Ernesto Sabato cumpliese cien años, pero las enfermedades, la ceguera que le impedía leer y pintar, su otra gran pasión, han acabado por derrotar al escritor argentino que siempre presumió de su pesimismo utópico, y de su “lucha por la esperanza”. Aseguraba, por ejemplo, que “el arte existe porque somos imperfectos. Escribimos porque buscamos la perfección, el Absoluto que no tenemos” y que “el gran artista es siempre un rebelde”. De eso, de rebeldía, hizo gala toda su vida, convencido de que era precisamente su “sombría visión de la realidad” lo que le levantaba “una y otra vez para luchar hasta el fin” que ha llegado hoy.

Nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, el 24 de junio de 1911, Sabato fue escritor, ensayista, físico y pintor. Escribió tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas, Abaddón el exterminador, y diferentes ensayos sobre la condición humana.

Hijo de Francisco Sabato y Juana María Ferrari, era el décimo de once hermanos; de hecho, nació poco después de la muerte de su noveno hermano, Ernestito, por lo que él llevaba su nombre. En 1924 regresó de la escuela primaria de Rojas y viajó a La Plata para realizar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de La Plata, donde conoció al profesor Pedro Henríquez Ureña, a quien luego citaría como inspiración para su carrera literaria. En el año 1929 ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata.

Del comunismo a la duda
Fue un activo militante del movimiento de Reforma Universitaria, fundando el Grupo Insurrexit en 1933, de tendencia comunista, junto con Héctor P. Agosti, Ángel Hurtado de Mendoza y Paulino González Alberdi, entre otros. En 1933 fue elegido Secretario General de la Federación Juvenil Comunista. Y en un curso sobre marxismo conoció a Matilde Kusminsky Richter, una estudiante de 17 años, que abandonó la casa de sus padres para ir a vivir con él. En 1934 comenzó a tener dudas sobre el comunismo y sobre la dictadura de Stalin. El partido, que advirtió este cambio, decidió enviarlo dos años a las Escuelas Leninistas de Moscú, en donde, según las palabras de Sabato: “Era un lugar en donde uno se curaba o terminaba en un gulag o en un hospital psiquiátrico”.

En 1941 apareció su primer trabajo literario, un artículo sobre La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, en la revista Teseo de La Plata. También publicó una colaboración en la revista Sur de Victoria Ocampo, por intervención de Pedro Henríquez Ureña. En 1942 continuó colaborando en aquella publicación con reseñas de libros, se encargó de la sección "Calendario" y participó del "Desagravio a Borges" en el N.° 94 de Sur. Publicó artículos en el diario La Nación y se presentó su traducción de Nacimiento y muerte del sol de George Gamow. Al año siguiente publicaría la traducción de El ABC de la relatividad de Bertrand Russell.

En 1945 publicó su primer libro, Uno y el universo, una serie de artículos filosóficos en los que criticaba la aparente neutralidad moral de la ciencia y alertaba sobre los procesos de deshumanización en las sociedades tecnológicas. Con el tiempo iría avanzando hacia posturas libertarias y humanistas. Ese mismo año recibió, por el libro, el primer premio de prosa de la Municipalidad de Buenos Aires y la faja de honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

El existencialismo de El túnel
En 1948, después de haber llevado los manuscritos de su novela a las editoriales de Buenos Aires y de ser rechazado por todas, publicó en la revista Sur El túnel, una novela psicológica narrada en primera persona. Enmarcada en el existencialismo, una corriente filosófica de enorme difusión en la época de posguerra, El túnel recibió críticas entusiastas de Albert Camus, quien lo hizo traducir por Gallimard al francés. Aparte de éste, la novela ha sido traducida a más de diez idiomas.

En 1951 se publicó el ensayo Hombres y engranajes y al año siguiente, en 1952, se estrenó en la Argentina la película de El túnel, dirigida por León Klimovsky. En 1953, nuevamente bajo la editorial Emecé, editó el ensayo Heterodoxia.

En 1955 fue nombrado interventor de la revista Mundo Argentino por el gobierno de facto impuesto por la Revolución Libertadora, cargo al que renunciaría al año siguiente por haber denunciado la aplicación de torturas a militantes obreros. Ese mismo año presentó El otro rostro del peronismo: Carta abierta a Mario Amadeo, en donde, sin abdicar de sus antipatías hacia la figura del ex presidente Juan Domingo Perón, efectúa la defensa de Evita y sus seguidores; posición que le crearía numerosas críticas de los sectores intelectuales argentinos, que eran mayoritariamente opositores al gobierno derrocado.

En 1961 publicó Sobre héroes y tumbas, que ha sido considerada como una de las mejores novelas argentinas del siglo XX. Se trata de una novela que narra la historia de una familia aristocrática argentina en decadencia, intercalada con relato intimista sobre la muerte del General Juan Lavalle, héroe de la Independencia.

Autobiografía y fragmentación
Su siguiente novela, Abaddón el exterminador se publicó en 1974; de corte autobiográfico con una estructura narrativa fragmentaria y de argumento apocalíptico en el cual Sábato se incluía a sí mismo como personaje principal y retomaba a algunos de los personajes ya aparecidos en Sobre héroes y tumbas.

El presidente Raúl Alfonsín le encargó que presidiera la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación, plasmada en el libro Nunca más, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares de la dictadura militar en 1985.

En 1984 recibió el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana. Fue el segundo escritor argentino en recibir este premio, después de Jorge Luis Borges en 1979.

Los años 90 fueron generosos en acontecimientos: el 21 de diciembre de 1990, en su casa de Santos Lugares, se casó por la iglesia con Matilde Kusminsky Richter. En 1995 murió su hijo Jorge en un accidente automovilístico. En 1997 recibió el XI Premio Internacional Menéndez Pelayo. El 30 de septiembre de 1998 falleció su esposa y publicó sus memorias bajo el título de Antes del fin. El 4 de junio de 2000 presentó La Resistencia en la página de Internet del diario Clarín, convirtiéndose en el primer escritor de lengua española en publicar un libro gratuitamente en Internet antes que en papel. La edición en papel sería lanzada el 16 de junio.

Residía desde 1945 en la localidad de Santos Lugares, provincia de Buenos Aires, donde sólo se dedicaba a la pintura, ya que los médicos le habían prohibido terminantemente leer y escribir. En 2005 dejó de salir de su casa y de recibir visitas: un ejército de enfermeras y asistentes le preparaban la comida y le leían durante la tarde hasta que se dormía. Mientras se iba apagando, el 11 de febrero de 2009 la SGAE lo propuso por tercera vez ante la Academia Sueca como candidato al Premio Nobel de Literatura de 2009 junto con Francisco Ayala y Miguel Delibes.
 

BIBLIOGRAFÍA

Novelas:
- El túnel (1948)
- Sobre héroes y tumbas (1961)
- Abaddón el exterminador (1974)

Ensayos:
- Uno y el universo (1945)
- Hombres y engranajes (1951)
- Heterodoxia (1953)
- El caso Sabato. Torturas y libertad de prensa. Carta abierta al general Aramburu (1956)
- El otro rostro del peronismo (1956)
- El escritor y sus fantasmas (1963)
- Tango, discusión y clave (1963)
- Romance de la muerte de Juan Lavalle. Cantar de Gesta (1966)
- Significado de Pedro Henríquez Ureña (1967)
- Aproximación a la literatura de nuestro tiempo: Robbe-Grillet, Borges, Sartre (1968)
- La cultura en la encrucijada nacional (1973)
- Diálogos con Jorge Luis Borges (1976)
- Apologías y rechazos (1979)
- Los libros y su misión en la liberación e integración de la América Latina (1979)
- Nunca más. Informe de la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (1985)
- Entre la letra y la sangre (1988)
- Antes del Fin (1998)
- La Resistencia (2000)
- España en los diarios de mi vejez (2004)

http://www.elcultural.com/noticias/letras/Muere-el-escritor-argentino-Ernesto-Sabato/1586