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    sábado, 24 de febrero de 2018

    Georges Simenon “La actualidad es siempre igual los mismos vencedores y los mismos vencidos” DOSSIER






    Georges Simenon (1903-1992) no sólo revolucionó el género policiaco y demostró cómo ser al tiempo autor culto y de masas. También “vivió bajo el signo del exceso, soñándose el personaje principal de la novela de su vida”. Y lo consiguió. 

    Hoy se cumple el centenario de su nacimiento, y sus más de 300 novelas, 76 de ellas protagonizadas por el comisario Maigret, y más de 500 millones de ejemplares vendidos, confirman que el Caso Simenon sigue sin resolverse. El Cultural se acerca al escritor con una entrevista inédita en España y un artículo de Lorenzo Silva.


    FRANCIS LACASSIN | 13/02/2003 |


    Georges Simenon
    Para comprender a un escritor como Simenon, nada como conocer, de su propia voz, por qué se hizo novelista o su relación con sus personajes o la realidad:
    -Siempre quise escribir novelas. No soy un caso único, pero para mí era casi como una búsqueda de mí mismo. Lo que denomino la búsqueda del hombre es la búsqueda de mí mismo, ya que no soy más que un hombre como los demás. Al escribir novelas, tenía la impresión de acercarme al hombre, de meterme en la piel de los personajes. Hay novelas que están escritas por el subconsciente, literalmente. Te metes en la piel del personaje, no sabes en absoluto adónde te va a llevar. Le sigues cada día y hasta el último capítulo no sabes qué le ocurre. Debe ir hasta el límite de sí mismo. A Balzac le preguntaron: “¿Qué es un personaje de novela?”. Y respondió: “Puede ser cualquier persona de la calle, pero es alguien que va hasta el límite de sí mismo. Ninguno de no-sotros vamos nunca hasta el límite. Tenemos miedo de la cárcel o de espantar a nuestros semejantes”. La novela consiste en crear un grupo social alrededor de un personaje central, y al autor sólo le queda meterse en la piel de ese personaje.

    La lógica del personaje
    -¿Intentaba a través de sus personajes una especie de operación psicoanalítica?
    -Más o menos. Es decir, trataba de saber si tal tipo de hombre reaccionaría de tal manera. Y, créame, no hacía falta ningún empujoncito. Ni siquiera antes del último capítulo sabía cuál sería el desenlace de la novela, no sabía qué iba a ocurrir forzosamente; mi personaje seguía su propia lógica, que no era en absoluto la mía. Yo vivía su crisis, era realmente agotador. Por eso lo dejé.

    -Tomemos su personaje predilecto, Maigret. Tal vez porque terminó por parecerse a usted, hace gala de cierta concepción del mundo y de las relaciones humanas que recuerdan a los suyos.
    -Al principio, Maigret era bastante sencillo. Un tipo gordo y plácido que también creía más en el instinto que en la inteligencia, el análisis de huellas y demás técnicas policiales. Poco a poco terminamos por parecernos un poco. Es evidente que he tomado algunas de sus manías y él algunas de las mías.

    -¿Qué comportamiento tendría Maigret si tuviera que vivir una nueva aventura?
    -Si escribiese otro Maigret y el comisario siguiera en activo, mañana por la mañana presentaría su dimisión. Una de mis novelas muestra bien lo que piensa de la política, Maigret y el caso del ministro. Maigret soportaba mal las citas con algunos jueces de instrucción, muy amables, pero salidos de la burguesía y que pretendían desempeñar el oficio sin saber nada sobre los hombres. ¿Qué justicia quiere usted hacer en tales condiciones?

    Culpables y superhombres
    -Se tiene la impresión de que Maigret no cree demasiado en la justicia y que para él no hay culpables, sólo víctimas...
    -No creo que haya culpables. El hombre está tan mal preparado ante la vida que considerarle culpable es casi convertirlo en superhombre. No tengo mejor opinión de un jefe de Estado que lo sacrifique todo por su pequeña gloria, que de un mendigo que vive bajo un puente y que, cuando tiene ocasión, roba una cartera. Hay gente a la que la sociedad empuja al crimen. No es una casualidad que la mafia en Estados Unidos naciera en el sector más pobre de Nueva York, en Brooklyn.

    -¿Tiene más posibilidades de convertirse en un truhán un niño salido de un medio así que el hijo de un director de empresa asesino?
    -Sí, pero a veces, el hijo de un director de empresa se vuelve un criminal para protestar contra su familia y su entorno. Y lo comprendo igual de bien. Hoy se hacen campañas para liberar a los animales de sus jaulas, pero encerramos a hombres en jaulas con barrotes no mayores que las de los leones. Que se pueda hacer algo así a unos seres humanos me pone enfermo. Que se intente acabar con lo que se denomina el crimen, de acuerdo; pero cambiando la sociedad y no vejando a la juventud que sigue la vía que le impone la sociedad. Si hubiese nacido en una barriada de las afueras de París, seguramente no me hubiese convertido en el anarquista “cerebral” que soy, sino en un anarquista que arroja bombas y tal vez en un asesino.

    -Los criminales son un poco como los negros de Harlem o los “amarillos” colonizados: los blancos iban a verlos como quien va al zoo.
    -Considero al turismo el enemigo del mundo entero. Ocurre lo mismo en todas partes. Por eso ya no viajo. ¿Para qué viajar? Miro la televisión y veo que todas las ciudades se parecen. Los grandes edificios de hormigón que hay a 100 metros de mi casa, los encuentro en Brasil, Argentina, Perú, en India.

    -Se ha reprochado a su obra que ignora la actualidad: por ejemplo, la II Guerra Mundial y sus consecuencias apenas han dejado huella en sus libros.
    -Sigo muy de cerca la actualidad, pero no me afecta. Es una curiosidad, igual que cuando pongo la televisión cuando estoy demasiado cansado para leer:si media hora más tarde me preguntasen qué he visto, me costaría responder. La actualidad es siempre igual: los mismos vencedores y los mismos vencidos. Espero que un día los vencidos serán realmente los vencedores, pero espero que antes de eso no vivamos una época aún más reaccionaria que la actual.

    -¿Es usted pesimista?
    -Sí, pero es esto lo que desencadenará por fin una revolución.

    -¿Qué opina del ejército?
    -Me horroriza todo lo militar, me horrorizan los uniformes. Hice el servicio militar porque había que hacerlo, pero ninguno de mis hijos lo ha hecho.

    -¿Hay mensajes conscientes en su obra?
    -Con toda sinceridad, he intentado crear personajes y, al crearlos, he tratado de comprender un poco más al hombre. Pero la mayoría de las veces he sabido que había querido decir tal o cuál cosa a través de los críticos. Además, ¡me ponía en tal estado cuando escribía! Escribía un capítulo de 20 páginas en unas dos horas y luego había adelgazado 800 gramos. Hicimos la prueba.

    -¿Es usted por tanto el novelista del subconsciente?
    -Acaba de venirme a la mente una ocurrencia. Usted me ha preguntado antes por qué he escrito. Tras haberle hablado de la inteligencia, de la conciencia y del subconsciente, casi me dan ganas de responderle que tal vez he escrito porque desde mi más tierna infancia soy sonámbulo. De niño había unos barrotes en la ventana de mi habitación porque algunas noches me encontraron vestido con una camisa en mitad de la calle. A veces me ocurría que volvía a hacer los deberes que ya había hecho por la tarde. Sigo siendo sonámbulo. No puedo dormir sin que me vigilen.

    -Sus personajes detestan comunicarse. Hablan poco, se comprenden sin recurrir a las palabras. Como si les dieran miedo.
    -Eso es. Las palabras no tienen el mismo valor. Por eso utilizo tan pocas palabras en mis novelas, poco más de 2.000. ¿Por qué? 20 años atrás un campesino francés utilizaba como media unas 600 palabras. Los burócratas, entre 800 y 1.200. La pequeña burguesía, 1.500 de media. Había que llegar a personas muy intelectualizadas para encontrar un vocabulario de 2.000 a 2.500 palabras. Cuantas más palabras se utilizan en una novela, en cualquier texto, menos posibilidades hay de que le comprendan a uno. No hay dos personas que lean la misma novela del mismo modo. Así que más vale utilizar el menor número de palabras posible y, sobre todo, el menor número de palabras abstractas. Si uno utiliza una palabra como “exteriorización”, la comprensión será diferente en función de la clase de individuo. Por eso mis libros se traducen a casi un centenar de lenguas. Hombres concretos, que no describen sus estados de ánimo, sino que actúan y de los que pueden verse los actos y los gestos, que pueden trasladarse a todos los idiomas.

    Flaubert, el más grande
    -¿Cuáles han sido los libros de su vida, los escritores que le han interesado, que le han influido?
    -Me crié en una pensión de familia en la que prácticamente sólo había estudiantes rusos. Empecé por la literatura rusa antes de conocer siquiera la francesa. Gogol, Chéjov, Pushkin, Dostoievski y Gorki antes que Balzac y Flaubert. Luego, me entró pasión por Dickens y Conrad. Finalmente leí a Balzac y a los escritores franceses del siglo XIX. Pero antes, como buen colegial, estudié muy seriamente a los clásicos.

    -¿Cuál es su escritor favorito?
    -El escritor más grande del siglo XIX: respondería Gogol. El escritor más grande del siglo XX: Faulkner.
     

    http://www.elcultural.com/revista/letras/Simenon/6419
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    Georges Simenon

    www.acantilado.es/wp-content/uploads/george_simenon_opusculo.pdf


    traordinaria popularidad de la que gozó en su día. si el éxito ya es, en alguna medida, suspecto para el exi- gente despistado, el hecho de que simenon, además, escribiera una serie de novelas policíacas (los llama- dos «Casos de maigret») ha hecho que, para el lec- tor poco advertido, las novelas desimenon, policía-.



    El ahorcado de Saint Pholien - Georges Simenon


    www.itvalledelguadiana.edu.mx/.../Georges%20Simenon%20-%20El%20ahorcado%2...


    Nadie se dio cuenta de lo que pasaba. Nadie sospechó que era un drama lo que sucedía en la sala de espera de la pequeña estación, donde sólo esperaban seis viajeros con cara aburrida en medio del olor a café, cerveza y limonada. Eran las cinco de la tarde y empezaba a caer la noche. Las luces estaban encendidas ...







    PDF]Simenon, Georges - La habitación azul [pdf] - rosanapalacin


    https://rosanapalacin.files.wordpress.com/.../la-habitacion-azul-simenon-georges.pdf


    Cuando en 1964 apareció La habitación azul, es posible que los habitantes de la pequeña localidad francesa de Saint-Mesmin reconocieran allí descrita su ciudad e incluso a algunos de sus vecinos, aunque en la novela adoptara el nombre de Saint-Justin. En realidad, Georges Simenon vivió entre 1942 y 1944.



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    Georges Simenon



    GEORGES SIMENON (1903-1989)Georges Joseph Christian Simenon nació el13 de febrero del año 1903 en Lieja (Bélgica). Era ell hijo mayor de la pareja formada por Henriette Brull y Desire Simenon, contable de una compañía de seguros. Su supersticiosa madre, que siempre intentó evitar que su hijo se dedicase a la escritura, le inscribió en el registro el día 12, evitando la fecha real de su nacimiento, acontecida un viernes 13. En 1906 nació su hermano Christian.

    Simenon tuvo que dejar sus estudios en 1919 para ponerse a trabajar y ayudar económicamente a su familia cuando su padre dejó su trabajo a causa de una enfermedad. Se ocupó como panadero y en una librería hasta convertirse en redactor de un periódico de Lieja, “Gazette De Lieja”, una publicación de ideología conservadora.

    En su adolescencia se unió a “La Caque”, un grupo de artistas bohemios con inquietudes culturales amantes del alcohol, el sexo y las drogas.

    En 1922, un año después de la muerte de su padre, Georges se trasladó a París, en donde mantuvo numerosos encuentros amorosos, entre ellos con muchas prostitutas, la famosa cantante Josephine Baker y su cocinera, llamada Boule.

    Su primera boda se produjo con Regine Renchon, “Tigy”, pintora de Lieja con la que se casó en el 24 de marzo de 1923. Por esa época Simenon, un impenitente viajero, llegó a trabajar como secretario personal del Marqués Raymond D’Estutt de Tracy y publicó numerosos libros de diferentes géneros, muchos de ellos con seudónimos, como el de Georges Sim o Jean du Perry.

    Su producción literaria fue muy prolífica, alcanzando la popularidad por sus novelas detectivescas protagonizadas por el inspector Jules Maigret, personaje que inició sus pesquisas policiales en “Pedro El Letón” (1929).

    Estas obras estaban significadas por la sagacidad psicológica de sus procederes en la indagación de los autores del hecho investigado y por un estilo literario directo y sin florituras.

    Con posterioridad aparecieron más de ochenta títulos con Maigret como personaje central, entre ellos “El Difunto Filántropo” (1930), “El Asesinato Del Canal” (1930), “El Carretero De La Providencia” (1931), “Un Crimen En Holanda” (1931), “La Noche En La Encrucijada” (1931), “El Loco De Bergerac” (1932), “El Asunto Saint-Fiacre” (1932), “El Testamento Donadieu” (1937) o “Cécile Ha Muerto” (1939).

    Tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, Simenon, que permaneció en Francia tras la ocupación de los nazis, fue acusado de colaboracionista con los alemanes. Su hermano Christian era simpatizante hitleriano, lo que propagó su posible apego a los rumores de colaboracionismo.
    Para no soportar estos comentarios Georges decidió marcharse del país galo, residiendo en Canadá y los Estados Unidos, afincándose en Tucson, Arizona, y posteriormente en Lakeville, Connecticut.
    En 1949, Simenon, que presumió de haberse acostado con miles de mujeres, la mayoría prostitutas, contrajo matrimonio con la canadiense Denyse Ouimet, con quien tuvo a su hija Marie-Jo.
    Algunos títulos de Maigret escritos por el autor belga tras el conflicto bélico fueron “Mi Amigo Maigret” (1949), “Maigret En La Escuela” (1954) o “Una Confidencia De Maigret” (1959).
    Al margen del inspector parisino, Georges Simenon mostró su maestría en la creación de historias de intriga y acrecimiento emocional, muchas veces en base al deseo amoroso. Algunos de sus mejores títulos son “Extraños En La Casa” (1940), “Carta a Mi Juez” (1947) “El Hombre Que Miraba Pasar Los Trenes” (1948), “Los Fantasmas Del Sombrerero” (1948), “En Caso De Desgracia” (1956), “El Tren” (1961), “La Habitación Azul” (1964), “Tres Habitaciones En Manhattan” (1965) o “La Mirada Inocente” (1965).
    En 1955 el escritor belga abandonó los Estados Unidos para retornar a Europa, residiendo en Cannes. En 1957 se estableció en Suiza. En el país helvético dio inicio a una relación con una muchacha de origen italiano, Teresa Sburelin, con quien permaneció hasta su muerte.
    Su querida hija Marie-Jo se suicidó en 1978 a los veinticinco años de edad, hecho que destrozó al escritor, de quien incluso se rumoreaban relaciones incestuosas con su descendiente.
    A comienzos de los años 70 abandonó la ficción para escribir preferentemente textos autobiográficos, entre ellos “Memorias Íntimas” (1981). El último título con Maigret de protagonista fue “Maigret y El Señor Charles” (1972).
    George Simenón murió en la ciudad suiza de Lausana el 4 de septiembre de 1989. Tenía 86 años.
    Comentarios de Libros



    El pedigrí de Simenon

    • A los 37 años le diagnosticaron un problema cardiaco: creía que iba a morir, así que escribió sus recuerdos de infancia y juventud para que su hijo Marc supiera quién fue su padre. Ahora Acantilado recupera esa maravilla

     


    Georges Simenon.
    Georges Simenon. GETTY











       
    Millón arriba, millón abajo, se calcula en 550 los millones de libros vendidos por George Simenon desde que publicó su primera novela. Su extensa obra, más de 180 libros de géneros diversos, han sido leídos, releídos y destripados por críticos y expertos con el fin de encontrar los rasgos estilísticos y biográficos de un autor tan prolífico como talentoso. Del escritor belga se sabe casi todo y no siempre bien por los laberintos que conformaron su vida.

    Georges Simenon.
    Que Simenon nació en Lieja, lo sabe la humanidad informada. Pero quien no sepa que Simenon fue el padre del comisario Maigret, debería considerarse un extraterrestre. A estos marcianos iletrados, de las novelas protagonizadas por el comisario Maigret se les podría recomendar desde la primera, Pierre el Letón(1929), hasta la última, Maigret y el señor Charles (1972), y se sorprenderían del hecho de descubrir un universo en el que encontrarían sencillas proximidades por la facilidad del autor en recrear mundos cotidianos utilizando la trama detectivesca como excusa.
    O como escribió el crítico Robert Poulet sobre Maigret mucho mejor de lo que podría decir este cronista aunque lo hiciera disfrazado del mismísimo comisario hospedado en la comisaría de Quai des Orfévres: "Simenon est bien supérieur dans la peinture des états que dans celle des actions".
    El escritor belga escribió 78 novelas protagonizadas por Maigret y su metodología de trabajo era invariable: tardaba dos meses en elucubrar una nueva trama y 15 días para escribirla. Una imaginación envidiable e hiperactiva.

    El novelista belga.
    Simenon es uno de tantos autores cuya obra narrativa se vio sepultada por el éxito de sus novelas detectivescas. En las postrimerías de su vida, Simenon se quejó de que no hubiera logrado la consideración de autor serio como consecuencia del monumental éxito de su hijo predilecto. George Simenon murió en Lausana en 1989, demasiado pronto para asistir a una resurrección como autor comparable a la de un bacalao seco y poder disfrutar de su entrada, con todos los honores, en el Olimpo de los escritores respetados. Este milagro, y se le puede tildar de milagro por ser una singularidad en un mundo cada vez más sometido a la inmediatez mediática, se debe, en gran parte, a la reedición de un buen número de novelas que malvivieron y murieron en un cementerio de libros mal leídos, incapaces de soportar el peso de Maigret. Que hayan coincidido la crítica y el público en esta milagrosa resurrección se debe, sin duda, a su escritura nítida y poderosa, y a la pericia argumental de un autor tan prolífico como genial.
    Una de las editoriales dedicadas, desde hace unos años, a recuperar la obra de Simenon de una manera pausada y muy cuidada es Acantilado. Buenas traducciones, magníficas ediciones, los libros de Simenon publicados por la empresa barcelonesa no sólo nos permiten recuperar la lectura de obras que parecían tragadas por un agujero de gusano sino, también, disfrutar del libro. Cuando uno lee, los sentidos deben fusionarse y el tacto es fundamental. Y entre los placeres que guarda el catálogo de Acantilado encontramos El círculo de los MahéLa nieve estaba suciaLas hermanas LacroixLos vecinos de enfrenteLa casa del canal o El gato.
    La última novela del escritor belga editada en Acantilado es Pedigrí. Publicada por primera vez en Presses de la Cité en 1948[], Simenon tuvo que retirarla de las librerías y volver a publicarla en 1953 tras haber sufrido tres demandas de difamación por parte de personas cercanas al autor que creían reconocerse en algunos de los personajes de la novela. A pesar de las dificultades legales primigenias, con el paso de los años Pedigrí ha quedado como una de las mayores proezas narrativas del autor.

    ¿Y qué es Pedigrí?


    El novelista con una colección de pipas.
    En el prefacio escrito por el autor en 1957, Simenon escribe de Pedigrí que en él "todo es verdad pero nada es exacto", para añadir, que "a pesar de ser una novela, y por lo tanto, predominar la imaginación y la recreación, admito que Roger Mamolin tiene muchos rasgos en común con el niño que yo fui". Y es que, aunque ningún personaje esté bautizado con el nombre de su homónimo, Pedigrípertenece al grupo de libros autobiográficos del autor y en el que se incluyen Cuando yo era viejo(1972), Carta a mi madre (1974) y Memorias íntimas (1981).
    El origen de Pedigrí es el de la desesperación. En 1940, a Simenon le fue diagnosticado un problema cardiaco irreversible con una esperanza de vida muy corta. Años más tarde, Simenon recordaba los días posteriores al diagnóstico como de una angustia insoportable que le supuso una crisis existencial comprensible. A pesar de que el diagnóstico resultó ser erróneo, Simenon decidió gestar un libro con el que pretendía recuperar su infancia y su primera juventud y legar a su hijo Marc la memoria de una época que un falso diagnóstico había puesto en peligro.
    La primera versión la escribió en primera persona y bajo el título Je me souviens. Bien recomendado por André Gide, autor de Los alimentos terrestres y premio Nobel de Literatura en 1947, Simenon decidió reescribir el texto en tercera persona con el objetivo de lograr describir con un realismo más poético unos acontecimientos que llevaban décadas macerándose en sus vísceras. La tercera persona siempre permite ponerte el escudo y describir con alegorías una realidad a veces demasiado prosaica.
    Dividida en tres partes, Pedigrí es la historia de Roger Mamolin desde su nacimiento hasta la adolescencia, y la idea inicial era que fuera el primer tomo de una biografía ficcionada que debía terminar en 1941, el año del falso diagnóstico. Finalmente, los pasos literarios del joven Roger se perdieron de manera irreversible a los 16 años por decisión de su homónimo escritor tras el fin de un primer tomo que no tuvo continuidad.
    Roger Mamolin nace en la ciudad de Lieja en 1903 y es el hijo de Désiré Mamolin, empleado de seguros, y de Élise Peters, dos miembros de caracteres contrapuestos de la burguesía belga. Desiré, francófono, es optimista y soñador; Elisa, flamenca, es más realista. Roger crecerá sometido a esa batuta bicéfala e irá cambiando de casa a la par que los Mamolin van progresando económicamente. La última morada, una casa en rue de la Loi, permitirá a su madre cumplir el deseo de acoger estudiantes extranjeros. Una casa cosmopolita que brindará a Roger la oportunidad de conocer a jóvenes provenientes de diversos países en un momento trascendental de la historia de Europa.

    El 28 de junio de 1914, asesinan al heredero al trono de los Habsburgo y estalla la Primera Guerra Mundial, cuyas consecuencias cambiarían la fisonomía y el carácter del viejo continente. Y aquí hago un inciso. Para entender los acontecimientos es muy recomendable la lectura de 1913. Un año hace cien años (editado por Salamandra), una novela magistral de Florian Illes.
    La Primera Guerra Mundial marca de manera decisiva la vida cotidiana del joven Roger. Cuando estalla la contienda, él está estudiando primaria, a muy pocos pasos de los años decisivos de su formación vital e intelectual. Bélgica, declarado territorio neutral en un tratado firmado en 1831, es invadida por Alemania y algunos de los residentes que compartían una vida estudiantil deberán partir a sus respectivos países para convertirse en enemigos en el campo de batalla. A pesar de ese éxodo a pequeña escala, Roger tratará de crecer con las contradicciones propias de la edad. Estudios en una escuela católica, los primeros escarceos con el amor, los primeros juegos en los que trata de mostrase al mundo como un joven capaz de hacerse un hueco en los mercados oscuros surgidos de la guerra y, finalmente, el primer empleo en una librería que para George, alias Roger, serviría para abrirle los ojos al universo de la ficción.
    Pedigrí es un libro extraño en la novelística de Simenon. Un libro hermoso y triste a la vez, alejado de las tramas rocambolescas y entregado a una narración pausada que cuenta, como lo hizo con maestría el escritor Stefan Zweig, los avatares de una época que expira lentamente, amenazada por una modernidad que desembocará finalmente en la contienda mundial. "En la cocina donde tiemblan las tapaderas de las marmitas, se habla de la época de la señora Pauline y del señor Saft como Chretién Mamelin y su amigo Kreutz hablan de una época que ellos conocieron sin coches ni tranvías".
    Pedigrí también sirve para conocer un poco mejor a Simenon. Si hiciéramos un paralelismo, sería como asistir a los preparativos de un boxeador en el vestuario antes de saltar al cuadrilátero. Una vez en el ring, Simenon fue periodista antes que escritor, un oficio que le permitió conocer los claroscuros de la sociedad y estar cerca de informes policiales que asentaron las bases de sus futuros libros detectivescos.
    A la muerte de su padre en 1922, Simenon se trasladó a París. En los felices años 20, que desembocarían en los terribles años 30, París era una ciudad abierta a todos los deseos de un joven, y en la Ciudad de la Luz cultural, Simenon pasó a formar parte del grupo bohemio La Caque. Al sexo, a las drogas y al charlestón, se le unió el alcohol. La vida en el París de la década de los 20 todo era posible, como demuestra el hecho de convertirse en amante de Joséphine Baker. La vida bohemia acabó siendo una enorme pátina de colores y el futuro, un lienzo por pintar.

    Convertido ya en escritor con el impagable apoyo de Colette, los años 30 fueron los de su afianzamiento como autor. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la vida se le complicó en exceso a Georges Simenon como consecuencia del fatídico y productivo diagnóstico, de unos años de dudas y, al término de la contienda, de una huida a los Estados Unidos con el propósito de alejar las sospechas que versaban sobre él de haber colaborado con el nazismo. Su hermano Christian había sido filonazi, y la mancha ideológica se extendió incomprensiblemente a toda la familia.
    Antes de volver a Europa, Simenon se dedicó a viajar con su segunda esposa, Denise Ouimet. Simenon siempre arrastró la fama de mujeriego y su matrimonio con Denise se vio salpicado por más de un escándalo.
    Georges Simenon se trasladó a vivir a la avariciosa y neutral Suiza de 1957, país en el que pudo escribir sin el agobio de los flashes y en el que vivió la alegría. Allí conoció a su tercera esposa, Teresa Sburelin, y la tragedia, con el suicidio de su hija Marie-Jo en 1978 a los 25 años de edad. Una muerte no anunciada que jamás superaría.
    Simenon en Lausana murió en 1989.
    http://www.elmundo.es/cultura/2015/08/15/55ccce63ca474179568b45a0.html













































































































































    p://www.elmundo.es/cultura/2015/08/15/55ccce63ca474179568b45a0.html


    Los misterios de Georges


    Simenon



    5 de abril de 2014



    George Simenon y Josephine Baker

    JUAN PABLO BERTAZZA



    El primer enigma de Georges Simenon es el de su nacimiento. El último da vueltas en el aire todavía ahora. En el medio, la duda de si Simenon –uno de los escritores europeos más vendidos y conocidos de todo el siglo veinte y el primer novelista contemporáneo en ver una obra suya adaptada al cine– vendió su alma al diablo para adquirir una rapidez fabulosa a la hora de escribir novelas, muchas de las cuales las firmó con hasta 27 seudónimos como Jean du Perry, Georges-Martin Georges, Gom Gut, Christian Brulls y George Sim.


    El primer enigma es que si bien nació en Lieja, Bélgica, el 13 de febrero de 1903, lo anotaron un día antes, aparentemente por la superstición del número yeta. El último es la razón por la cual, a veinte años de su muerte ocurrida el 4 de septiembre de 1989, sus libros se siguen comprando a lo largo de todo el mundo con un fanatismo que roza lo patológico. Para eso el propio Simenon apunta, desde el más allá, una primera respuesta: “Según las últimas estadísticas que manejo, a los 20 años un campesino francés emplea más o menos 600 palabras; los burócratas de las pequeñas ciudades usan entre 800 y 1200; la pequeña burguesía, 1500 y los intelectuales de 2000 a 2500. Cuantas más palabras uses, menos posibilidades tenés de ser comprendido; las resonancias de cada palabra difieren en cada lector y hay que usar pocas palabras abstractas; más palabras como ‘mesa’, ‘nube’ y ‘cama’, y menos palabras como ‘sublime’ o ‘exteriorización’. Es por eso, seguramente, que mis libros se traducen a un centenar de lenguas”.


    Lo notable es que el fanatismo por Simenon trasciende todas las clases sociales, y no alcanza sólo a los amantes de las novelas negras sino también a figuras canonizadas de la literatura, en una amplia gama que va desde su amigo André Gide hasta Petros Márkaris (“Stieg Larsson necesita 800 páginas para contar lo que Georges Simenon cuenta en 150 palabras”), pasando por Gabriel García Márquez, quien alguna vez dijo que El hombre en la calle era lo mejor que había leído en su vida, y, entre nosotros, Osvaldo Soriano, declarado fan.


    En 2003, con motivo del centenario de su nacimiento, se generó una especie de revolución en Lieja, su ciudad natal, a partir de una inmensa muestra montada en una carpa de 25.000 metros cuadrados en donde se mostraban fotos de la familia Simenon, documentos oficiales del joven George (como un certificado del Collège Saint-Servais de Lieja donde estudió hasta 1918, año en que este gran autodidacta abandona definitivamente los estudios), algunos de sus primeros artículos publicados en la Gazette de Lieja donde empezó a trabajar a la temprana edad de 16 años, primeras ediciones de sus libros, manuscritos y esquemas llenos de fóbicos y apasionados lápices de colores, calendarios marcados, pipas, camisas de cuadros rojos, fotos del bautismo de su barco Ostrogoth además de su licencia para manejar sobre el agua y, entre otras cosas, una carta de su editor Fayard remarcándole que una de las escenas de Maigret le parece “inverosímil”. Al mismo tiempo, Tusquets hacía lo propio editando toda su obra con el detalle de un fósforo encendido en los lomos y cubiertas de los libros.


    Este año se trató de recordar los veinte años que pasaron desde su muerte, para lo cual varias ciudades europeas –especialmente, París y Lausana, dos de los lugares emblemáticos en la vida de Simenon– programaron también diversos actos, debates, exposiciones y conferencias en honor al escritor fallecido a los 86 años. En París, por ejemplo, hubo una gran exposición del pintor Marc Taraskoff con 45 portadas originales de sus novelas, mientras que en Lausana hicieron una prolongada demostración de las técnicas utilizadas por la policía científica de esa ciudad, las cuales eran adoptadas por el propio comisario Maigret. Pero lo que tal vez sea más significativo, se acaba de publicar el Autodiccionario Simenon, una compilación de citas y proverbios del novelista belga, que el periodista francés Pierre Assouline ha rescatado de sus libros, correspondencia personal, conferencias o entrevistas. “Una nueva mirada sobre la vida y obra de Simenon”, anuncia el autor, quien ya había escrito en 1992 una biografía.


    LA FECUNDACIÓN


    Hay algo totalmente pantagruelesco en la obra de este autodenominado “anarquista cerebral” y sonámbulo que, aún hoy, sigue siendo uno de los autores más prolíficos, más traducidos y más adaptados al cine y a la televisión en todo el mundo. Un total de 192 novelas, 158 relatos cortos, varias obras autobiográficas y numerosos artículos y reportajes publicados dan fe de su extraordinaria fecundidad. Ya en materia de mercado, más de 550 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, traducidos a 55 lenguas y publicados en 44 países, convierten a Simenon en el autor europeo más vendido del siglo XX, después de Agatha Christie.


    Una barata interpretación psicológica diría que la impresionante fecundidad con que Simenon gastó la punta de su lápiz compensó el dolor que le causaba la pésima relación que tenía con su madre quien, según los especialistas, lo prefería toda la vida a su hermano menor Christian, algo de lo cual se puede entrever en novelas como Pietr-le-Letton y Le Fond de la bouteille.


    Sin embargo, podría decirse que Simenon fue un hombre afortunado con las mujeres. O eso dejó entender él mismo cuando, durante una conversación con Fellini a propósito de la película Casanova, confesó haber tenido sexo con treinta mil mujeres, aunque su segunda mujer limitó la cifra a “no más de mil doscientas”; y el propio director italiano hizo un homenaje a esa confesión en la película La ciudad de las mujeres. Entre las amantes conocidas de Simenon se cuenta, nada más y nada menos, que Josephine Baker, la reina de la noche del París de los años treinta.


    Claro que entre tanto goce hubo más de una espina. No sólo porque Simenon pasó la mayor parte de su vida casado –contrajo matrimonio con su segunda mujer, la joven canadiense Denyse Ouimet, al día siguiente de divorciarse de la primera, la pintora Régine Renchon– sino también por el suicidio de su única hija Marie-Jo, que sufría problemas mentales al igual que su madre Denyse.


    A eso habría que sumarle su unión con la italiana Teresa, una doncella que había ingresado en la casa de Lausana de los Simenon cuando la salud y el alcoholismo de Denyse eran incontrolables, y quien lo acompañaría durante los últimos años de su vida, además de sus innumerables affaires extramatrimoniales, gran parte de ellos con prostitutas.


    Esa vida llena de faldas y, por ende, de problemas, como no podía ser de otra forma, le sirvió a Simenon como fuente de inspiración para sus obras, como Tres habitaciones en Manhattan (1946), donde recuerda su idilio con la secretaria canadiense que luego sería su esposa, o Carta a mi madre (1974), escrito cuatro años después del fallecimiento de su madre.


    CIUDAD NATAL


    Según John Simenon –hijo del escritor–, la ciudad natal de Georges siempre tuvo muchísima importancia en su literatura: “De hecho yo he conocido Lieja a través de sus obras. Para él la infancia fue muy importante, mi padre era como una esponja en aquella época, además su escritura era una forma de dar salida a sus inquietudes y a la falta de amor de su madre”, contó John. “Todo en su obra era biográfico. El decía que no tenía ni inspiración ni imaginación y que todo lo que escribía lo sacaba de la vida.”


    Pedigree (1948) es la prueba cabal del testimonio de su hijo. Con más de 500 páginas de extensión, además de ser la más larga de sus novelas (la segunda es L’horloger d’Everton, de 1954, y hay que decir que la mayoría de sus libros son más bien breves) y la que más tiempo le llevó escribir, esta es la novela que menos depende de una intriga, la más autobiográfica, la más ligada a su infancia y adolescencia, y, sobre todo, la más anclada en la ciudad de Lieja. Con algo de novela popular, novela familiar, novela de educación, novela de clase y sátira de la pequeña burguesía de provincia, esta es sobre todo una canción de gesta sobre los pequeños personajes, la novela de una ciudad, la crónica emblemática de Lieja durante las primeras decádas del siglo XX.


    Para muchos no sólo es su obra maestra sino también una de las novelas más acabadas de la literatura moderna.


    NOMADES


    “Yo no tengo de verdad ninguna nacionalidad: mi madre era mitad holandesa mitad alemana, mi padre mitad francés mitad valón. Me casé con una canadiense y muchos de mis hijos nacieron en EE.UU.” A tal punto fue nómada el espíritu de Simenon que parece pertenecer a una tradición de escritores en habla francesa que llega a nuestros días con el anteúltimo Nobel, J. M. Le Clézio. Si sus novelas hacen referencia a 1800 lugares en el mundo entero, podría decirse que más que bibliografía, la obra de Simenon constituye un gran mapa. Y fueron muchas las ciudades en las que el autor belga llegó a instalarse, como París, La Rochelle (Francia), Laurentienne (Canadá) o Lakeville (Estados Unidos) hasta que finalmente eligió Lausana (Suiza) para terminar su vida.


    En 1928, después de pasearse en un pequeño barco por los ríos franceses, Simenon se saca el carné de capitán de barco y se hace a la mar con el Ostrogoth, un balandro de diez metros, y junto a Tigo, su primera esposa, emprenden rumbo hacia el gran Norte (Bélgica, los Países Bajos y el Cabo Norte). Es durante ese viaje que Simenon empieza una novela en la que aparece un tal Maigret.


    Viajero infatigable pero antiturista –después de una larga travesía por el Mediterráneo, se embarca en un viaje alrededor del mundo entre 1934 y 1935– el propio Simenon declaró alguna vez: “Yo considero al turista como enemigo del mundo entero porque lo pervirtió absolutamente todo. Además generó que todas las ciudades se parezcan a todas las ciudades; ya sea en Francia, Argentina, Brasil, Perú o La India”.


    Pero si hay una ciudad de total importancia en la vida de Simenon, además de su ciudad natal, esa es París. Simenon llega ahí en 1922 a los 19 años, luego de la muerte de su padre. Fascinado más por su bohemia que por su clasicismo, y más por sus zonas oscuras que por sus luces, Simenon hace de París la ciudad privilegiada y más presente de sus novelas y el lugar favorito de las investigaciones de Maigret.


    “Muchos de los lugares que Simenon describe, sobre todo en los libros de los años cuarenta, desaparecían poco después. Ningún antropólogo cultural habría podido preservarlos mejor para la posteridad” dijo Lis Harris, un crítico del New Yorker.


    La segunda ciudad más evocada en sus libros, luego de París, es La Rochelle, donde se instala desde 1932 a 1936. El contraste entre la visión positiva que Simenon tiene del paisaje y la visión negativa sobre la burguesía molestará a muchos de sus habitantes. Aunque, finalmente, en 1989, la ciudad le rendirá un homenaje al bautizar con su nombre al muelle situado al frente del de los Grandes Yates.


    También en 1932 emprende un corto viaje de poco más de dos meses a Africa, un periplo suficiente para hacerse una idea definitiva sobre la colonización (belga, inglesa y francesa) y acumular una rica materia para muchas novelas y nouvelles: 600 fotografías de gran calidad y un reportaje bajo el título “La hora del negro” que apareció en el hebdomadario Voilá ese mismo año. Es en este viaje donde concibe la idea del hombre desnudo, fundamental en su obra porque determina que su carrera novelística sea la búsqueda del conocimiento del hombre tal como es, desembarazado de todo maquillaje social, cultural e intelectual bajo los cuales suele disimularse la condición humana. El mayor propósito de este viaje fue denunciar las mentiras de la propaganda colonialista y rechazar las seducciones del exotismo fácil. “La hora del negro” es, así, un panfleto violento contra la empresa colonialista y contra el estereotipo de un Africa lujurioso, alegre y colorido. Esa misma nota terminaba diciendo “Africa nos habla y nos dice mierda” en alusión a una publicidad de Citroen que decía “Africa nos habla”. El artículo generó la terrible paradoja de que le retiraran a Simenon, al gran viajero, por un tiempo, todas las visas por anticolonialista.


    Ya convertido en un autor exitoso, Simenon se instala en 1933 en Porquerolles, la mayor isla del Mediterráneo francés, y los salvajes paisajes de la isla le inspiran cuatro novelas. Venía de abandonar Fayard para pasarse a Gallimard; en ese contexto de éxito busca una vuelta a la naturaleza. En ese lugar, la pesca será su principal pasatiempo.


    Ya en 1945, Simenon se lanza a la conquista de Nueva York que también va a tener un lugar muy importante en su obra, sobre todo por el valor simbólico que adquiere sobre todo lo que es América. Descubre NY en dos o tres días durante fines de diciembre de 1934, una corta escala en su vuelta al mundo; y vuelve 15 años más tarde, el 10 de octubre de 1945.


    Según muchos, en ese itinerario interminable, el último gran misterio de la vida de Simenon es el hecho de que si bien vivió sus últimos treinta años, desde 1957 hasta 1989, en Lausana (el lugar del mundo donde más años vivió), Suiza prácticamente no tiene ningún lugar en sus novelas.


    MAIGRET C’EST MOI


    Un párrafo aparte merece Jules Maigret. Simenon cuenta que él se encontraba en septiembre de 1929 en el pequeño puerto holandés de Delfzijl donde había dejado para arreglar su barco y ahí se le apareció el personaje como en una especie de iluminación. Pero muchos especialistas dijeron que no se trataba más que de una leyenda para envolver de mito al personaje, un personaje que no nació de golpe y porrazo sino más bien luego de un obsesivo y lento trabajo por parte del escritor. Lo cierto es que el comisario Maigret, uno de los grandes personajes de la literatura policial, apareció por primera vez en 1931 en la novela Pedro el Letón y se mantuvo hasta 1972, en Maigret y Monsieur Charles, durante setenta y cinco novelas y más de veintiocho novelas cortas. “Maigret y yo terminamos por parecernos un poco: pero soy incapaz de decir si es él que se fue pareciendo a mí o yo a él; es cierto que yo tomé algunas de sus manías y él algunas de las mías; muchos se preguntan por qué no tuvo hijos si siempre tuvo ganas. Esa es su gran nostalgia. Bueno, es porque cuando empecé a escribir las Maigret (escribí al menos 30 antes de tener un hijo) mi primera mujer no quería tener y me había hecho jurar, antes de casarnos, que no los tendríamos... Además yo envejecí más rápido que él; en su última reencarnación tiene 53 y medio, y cuando yo lo creé tenía ya 40 o 45; por lo que vivió 15 años mientras yo vivía casi 40; es decir que le di, sin saberlo, mis experiencias y él me dio su actividad. El es uno de los pocos personajes, si no el único, que tiene puntos de contacto conmigo, todos los otros son totalmente independientes de mí” confesó Simenon.


    “El estilo de Maigret, de comprender y no juzgar, era el del propio Georges Simenon; tenía opiniones muy fuertes, que no cambiaba, pero tampoco juzgaba”, confirmó alguna vez su hijo, quien declaró que Maigret está inspirado en gente que su padre conoció, como su primer jefe en París, el escritor Binet-Valmer, o su abuelo, “el hombre que él siempre hubiera aspirado a ser, de vida calmada y tranquila”.


    HUMANO, DEMASIADO HUMANO


    Uno de los grandes misterios en la vida de Georges Simenon, a quien le gustaba decir que “la vida de cada hombre es una novela”, es su ideología. Si bien de muchas entrevistas y de ese panfleto anticolonialista puede leerse un marcado interés hacia lo humano, abundan los rumores de que fue colaboracionista. Según algunos, sólo se trató de un gran malentendido debido a una serie de desgraciadas coincidencias (como su permanencia en Francia durante la ocupación nazi, sus contactos con la extrema derecha francesa y la filiación hitleriana de su hermano menor) lo que provocó una acusación de colaboracionista que le llevó a autoexiliarse durante algunos años en los Estados Unidos. El episodio empezó en 1944, cuando Simenon se instala en Francia y recibe una orden de detención, un episodio kafkiano que lo tendrá en vilo durante más de siete meses; la detención tenía que ver con los rumores de que había servido a la causa alemana publicando novelas en periódicos colaboracionistas y cediendo los derechos a una sociedad de capitales alemanes.


    Por otro lado es innegable la insistencia de sus libros en lo que refiere al sufrimiento humano.


    En Los crímenes de mis amigos (1938), por ejemplo, un libro insólito con algo de crónica, reportaje y ficción, postula una pregunta que se vuelve leitmotiv de su obra: ¿cómo nace un asesino? Algo que retoma en Carta a mi juez (1946), un maravilloso trabajo cuyo desconocimiento marca a las claras que todavía no hubo una lectura profunda de Simenon capaz de sumergirse en la profundidad de su obra y rescatar los mejores libros. En esa novela, el especialista en policiales, y de quien todos dicen que tiene un estilo sin estilo; medido, económico, sobrio y falto de humor, hace decir al protagonista (un preso que decide contarle a su juez los motivos de su homicidio) que el amor es la necesidad de comunicarse consigo mismo y con el otro, porque uno se encuentra tan maravillado, tiene tal seguridad de estar viviendo un milagro, tanto miedo de perder algo que jamás había esperado, que la suerte no le debía y quizás le dio por distracción, que a todas horas se experimenta la necesidad de tranquilizarse y, para tranquilizarse, de comprender”.


    Simenon contaba que por capítulo escrito bajaba 800 gramos y por novela 5 kilos que los recuperaba en menos de un mes. “Cuando uno escribe así, dejás de pensar en expresar ideas, uno piensa en mantener el estado de gracia, un estado completo de vacío de sí mismo para ser el otro. Desde los 15 o 16 años, tuve curiosidad por el hombre y por la diferencia entre el hombre vestido y el hombre desnudo; el hombre tal como es y el hombre tal como se muestra en público, e incluso tal como se mira al espejo. Todas mis novelas, toda mi vida no han sido más que una búsqueda del hombre desnudo.”



    https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=4642
    CIEN AÑOS DE SIMENON

    El año Simenon

    Uno de los escritores más populares y queridos del siglo XX habría cumplido este 13 de febrero cien años. Georges Simenon es uno de los protagonistas de 2003 con la reedición de sus 400 libros y múltiples homenajes. Un privilegio que comparte con su mayor creación: el comisario Jules Maigret.
    La noche del 12 al 13 de febrero, fecha del nacimiento de Georges Simenon (Lieja, 1903-Lausana, 1989), se inicia el año del centenario del último monstruo de la literatura del siglo XX: cuatrocientos títulos, traducidos a 87 lenguas, cientos de millones de ejemplares vendidos, innumerables adaptaciones cinematográficas y televisivas, en especial de las aventuras de su personaje más universalmente famoso: el comisario Jules Maigret.
    ¿Qué cabe esperar del año Simenon? En primer lugar una importante operación de marketing propiciada por los herederos del escritor y las principales editoriales de Europa y de Estados Unidos que comercializan sus obras. Operación que tiene su sede en Lieja, ciudad belga visceralmente vinculada a Francia, "la Marsella del norte", la primera ciudad no francesa en ser condecorada con la Legión de Honor. A lo largo de seis meses, la ciudad de los príncipes-obispos va a convertirse en un gran parque temático simenoniano en el que estarán presentes concursos de crímenes virtuales (los concursantes deberán, con la ayuda de un supuesto comisario Maigret, averiguar la identidad de los asesinos); la construcción de algunas pipas gigantescas (objeto emblemático tanto del comisario como de su creador), diseñadas por artistas locales y cuyas cazoletas serán utilizadas para depositar la basura (uno se pregunta si en vez de un homenaje a la pipa de Maigret/Simenon no se trata de una campaña antitabaquista); el estreno de una comedia musical evocando el París de los años locos y de los amores (una relación eminentemente sexual) entre Simenon y Josephine Baker, y, claro está, un buen número de debates y de convenciones literario-policiacas y gastronómicas, rociadas con innumerables jarras de excelente cerveza.
    "Es el mayor, quizá, y el más auténtico novelista de cuantos tenemos hoy en la literatura francesa", André Gide


    En Francia, y concretamente en

    París, capital de la edición francesa, el año Simenon viene marcado por un hecho de una indiscutible trascendencia literaria y que en cierta medida cierra una vieja polémica en torno a la naturaleza y calidad de la obra novelística del escritor belga: la publicación de una selección de sus novelas (tan sólo las calificadas por Simenon como "romans de la destinée", excluyendo por tanto las policiacas de la serie Maigret) en La Pléiade, la prestigiosa colección de la casa Gallimard, panteón oficial de la literatura francesa.
    Al margen de la operación comercial (que podía, con justicia, haber incluido algún que otro título de la serie Maigret, en el caso de que Gallimard contase con los derechos de la misma), la panteonización de Simenon y sus novelas resulta la mar de lógica si se tiene en cuenta que, ya en 1938, un personaje de la talla de André Gide, gurú indiscutible de la N.R.F., había calificado al autor de La nieve estaba sucia como "el mayor, quizá, y el más auténtico novelista de cuantos tenemos hoy en la literatura francesa". Afirmación un tanto sorprendente que contrastaba con el desprecio que Brasillach y otros escritores -"Simenon es siempre la misma cosa: la estufa no tira y la mujer huele a col hervida", decía Giono- sentían hacia su obra. A lo sumo se le reconocía una notable capacidad para inventarse historias, aventis,como diría Juan Marsé, pero se le negaba una verdadera condición de écrivain: su léxico era pobre, la frase poco trabajada, el estilo plano, gris. Se le consideraba un hábil periodista, un autor de "romans de gare" (de estación ferroviaria) que pugnaba por hacerse un sitio en la verdadera, en la buena literatura (aunque, todo hay que decirlo, también tenía sus partidarios, como Mauriac y Cocteau, entre otros).
    Una gran parte de los cronistas y críticos literarios insistían en que le faltaba algo, un no sé qué -¿trascendencia?- para ser un escritor completo, los manuales literarios lo ignoraban, sus novelas no entraban en las aulas de secundaria -y siguen sin entrar- y, además, tenía el vicio imperdonable de escribir demasiado, cuatro o seis novelas al año. Esa monstruosidad creadora unida al elevado tiraje de sus libros y a su inmensa popularidad hicieron que nunca ganase el Goncourt (cuando La viuda Couderc y Los anillos de la memoria, por no citar La cabeza de un hombre o El loco de Bergerac, de la serie Maigret, son infinitamente superiores a tal o cual olvidada novela ganadora del célebre premio), que no entrase en la Academia Francesa y, si me apuran, que no se hiciese con el Nobel, que tal vez se lo merecía más que Mauriac y que el novelista y autor teatral Jean Paul Sartre.
    En cuanto a la bibliografía en torno al personaje y a su obra, el año Simenon se muestra rico en novedades, si bien lo fundamental en cuanto a la biografía del escritor ya se publicó poco después de su muerte (la monumental biografía de Pierre Assouline, en 1992, ampliada en 1996, y que este año se reedita con nuevas aportaciones, así como las de Patrick Marham -Londres, 1992- y de Fenton Bresler, The Naked Man. The Mystery of Georges Simenon -Nueva York, 1983-, anterior, pues, a la muerte de Simenon). En todo caso, llama la atención el libro de Michel Carly, Sur les routes américaines de Simenon (Carnets Ómnibus, 2003), un recorrido por las ciudades de Estados Unidos donde vivió Simenon desde 1945 hasta 1955, realizado por el autor en compañía de John Simenon, uno de los hijos del escritor, nacido en Tucson (Arizona).
    Se reeditan interesantes ensayos sobre la obra simenoniana de Denis Tillinac, de Roger Stéphane, de Francis Lacassin, el espléndido Le cas Simenon, de Thomas Narcejac (Le Castor Austral), y un buen número de trabajos debidos a los innumerables simenonianos del fin de semana, investigadores no profesionales pero que lo saben todo sobre su autor preferido (como es el caso de los autores de Simenon au fil des livres et de saisons, de un gran interés, en especial por su bibliografía).
    Se esperan también números especiales de la revista Traces, publicación anual, desde 1989, del Centro de Estudios Georges Simenon de la Universidad de Lieja (que alberga el fondo Simenon, cedido por el autor), y de los Cahiers Simenon,publicación también anual, desde 1987, de la sociedad de Amigos de George Simenon, con sede en Bruselas.

    En España, la obra de Simenon

    la publica Tusquets Editores: los "romans de la destinée", en la colección Andanzas, así como la serie Maigret, la cual se vende mucho mejor que los "romans" (como ocurre en Italia con la editorial Adelphi). Las traducciones son de una calidad muy estimable -Simenon resulta fácil de traducir, pasa muy bien de un idioma a otro-, si bien su presencia en las librerías y en las grandes superficies -y en las estaciones ferroviarias- deja bastante que desear. El año del centenario es, pues, una espléndida ocasión para realizar una campaña promocional. Desgraciadamente, no contamos, a diferencia de franceses, ingleses, italianos, alemanes..., de una serie televisiva española dedicada al comisario Maigret y tampoco puede decirse que los filmes de Duvivier, de Renoir, de Decoin, de Carné, de Delannoy, de Melville, de Tavernier, de Chabrol... sobre los "romans" de Simenon proliferen en las cadenas de televisión españolas. Tusquets Editores, conjuntamente con las cinematecas y los institutos franceses en España, haría bien organizando ciclos para mostrar algunas de esas más que estimables realizaciones. Entre ellas, Barrio, tal vez la única película española (en realidad se trata de una coproducción hispano-portuguesa) realizada sobre una novela de Simenon (La prometida de M. Hire, 1933). Fue dirigida por Ladislao Vajda, "el húngaro errante", en 1947, y entre sus intérpretes figuran Guillermo Marín, Manolo Morán, Tony Leblanc, Antonio Riquelme y las hermanas Julia e Irene Gutiérrez Caba.
    * Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de febrero de 2003
    https://elpais.com/diario/2003/02/08/babelia/1044665411_850215.html
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    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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