Hugo Ball - La huida del tiempo


Las sesiones del Cabaret Voltaire, en el Zúrich de 1916, convulsionaron el mundo del arte y dieron lugar a lo que convino en llamarse «dadá». Sin embargo, más que el inicio de una nueva época artística, en manos de Hugo Ball —uno de sus iniciadores así como su más conspicuo protagonista—, éstas significaron la evidencia de la desintegración, intelectual, estética y moral, que desembocó en la Gran Guerra. En un intento extremo por buscar el núcleo del arte y la literatura que debía erigirse en salvación, dadá fue un grito de desespero y un afán de medicina. La huida del tiempo recoge la expresión más substantiva y reflexiva del nuevo movimiento, antes de que el dadaísmo dejara de ser un sistema de crítica y análisis para convertirse en uno más de los ismos de vanguardia que poblaron el horizonte europeo en los albores del siglo XX. La presente edición se basa en el texto publicado en vida del autor y se acompaña de su primer manifiesto dadaísta, así como de dos ensayos, uno de Paul Auster y otro de Hermann Hesse.


Emil Cioran - En el seno de la nada...


Es difícil formular un juicio sobre la rebelión del menos filósofo de los ángeles, sin mezclar en él simpatía, asombro y reprobación. La injusticia gobierna el universo. Todo lo que se construye, todo lo que se deshace, lleva la huella de una fragilidad inmunda, como si la materia fuese el fruto de un escándalo en el seno de la nada. Cada ser se nutre de la agonía de otro ser; los instantes se precipitan como vampiros sobre la anemia del tiempo; el mundo es un receptáculo de sollozos… En este matadero, cruzarse de brazos o sacar la espada son gestos igualmente vanos. Ningún soberbio desencadenamiento sabría sacudir el espacio ni ennoblecer las almas. Triunfos y fracasos se suceden según una ley desconocida que tiene por nombre destino, nombre al que recurrimos cuando, filosóficamente desguarnecidos nuestra estancia aquí abajo o no importa donde nos parece sin solución y como una maldición que debemos sufrir, irracional e inmerecida. Destino: palabra selecta en la terminología de los vencidos… Avidos de una nomenclatura para lo irremediable, buscamos un alivio en la invención verbal, en las claridades suspendidas encima de nuestros desastres. Las palabras son caritativas: su frágil realidad nos engaña y nos consuela…
Y así es como el “destino”, que no puede querer nada, es quien ha querido lo que nos sucede… Prendados de lo Irracional como único modo de explicación, le vemos cargar la balanza de nuestra suerte, en la cual ni pesan sino los elemento negativos, de la misma naturaleza. ¿De dónde sacar el orgullo para provcar a las fuerzas que lo han decretado así y que, es más, son irresponsables de tal decreto? ¿Contra quién llevar la lucha y a dónde dirigir el asalto cuando la injusticia hostiga el aire de nuestros pulmones, el espacio e nuestros pensamientos, el silencio y el estupor de los astros? Nuestra rebelión está tan mal concebida como el mundo que la suscita. ¿Cómo empeñarse en reparar los entuertos cuando, como Don Quijote en su lecho de muerte, hemos perdido —en el extremo de la locura, extenuados— vigor e ilusión para afrontar los caminos, los combates y las derrotas? Y ¿cómo encontrar de nuevo la frescura del arcángel sedicioso, aquel que, todavía al comienzo del tiempo, ignoraba esta sabiduría pestilente en la que nuestros impulsos se ahogan? ¿Dónde beberíamos suficiente verbo y desparpajo para infamar al rebaño de los otros ángeles, mientras que aquí abajo seguir a su colega es precipitarse más bajo todavía, mientras que la injusticia de los hombres imita a la de Dios y toda rebelión opone el alma al infinito y la rompe contra él? A los ángeles anónimos —acurrucados bajo sus alas sin edad, eternamente vencedores y vencidos en Dios, insensibles a las nefastas curiosidades, soñadores paralelos a los lutos terrestres— quién se atrevería a tirarles la primera piedra y, por desafío, a dividir su sueño? La rebelión, orgullo de la caída, no extrae su nobleza más que de su inutilidad: los sufrimientos la despiertan y luego la abandonan; el frenesí la exalta y la decepción la niega… No podría tener sentido en un universo no -válido…

(En este mundo, nada está en su sitio, empezando por el mundo mismo. No hay que asombrarse entonces del espectáculo de la injusticia humana. Es igualmente vano rechazar o aceptar el orden social: nos es forzoso sufrir sus cambios a mejor o a peor con un conformismo desesperado, como sufrimos el nacimiento, el amor, el clima, y la muerte. La descomposición preside las leyes de la vida: más cercanos a nuestro polvo que lo están al suyo los objetos inanimados, sucumbimos ante ellos y corremos hacia nuestro destino bajo la mirada de las estrellas aparentemente indestructibles. Pero incluso ellas estallarán en un universo que sólo nuestro corazón toma en serio para expiar después con desgarramientos su falta de ironía…

Nadie puede corregir la injusticia de Dios y de los hombres: todo acto no es más que un caso especial, aparentemente organizado, del Caos original. Somos arrastrados por un torbellino que se remonta a la aurora de los tiempos; y si ese torbellino ha tomado el aspecto del orden sólo es para arrastrarnos mejor…)

Émil M. Cioràn
(Los Angeles reaccionarios, de Breviario de Podredumbre)


Georges Perec - El aumento, seguido de El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento



El volumen incluye las obra teatral inédita en castellano El aumento, seguida de El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento, texto que únicamente se había editado en Francia en una revista de educación en el 1968, permaneciendo escondida desde entonces. En ella, el autor desarrolla linealmente un organigrama, que puede verse en el libro, en el que va agotando todas las hipótesis, alternativas y decisiones posibles que afronta un empleado que quiere solicitar un aumento de sueldo.

Fue justamente el traductor del volumen, Pablo Moíño Sánchez, quien la descubrió cuando traducía El aumento para La uÑa RoTa, lo que permitió que la prestigiosa editorial Hachette lo editara en libro por primera vez en noviembre de 2008. Enseguida se distinguió como una de las novedades del año, situándose entre los libros más vendidos en Francia.

Lo que el lector puede encontrar en este libro, como se avisa en la contraportada del mismo, son dos ejercicios de estilo e inteligencia a partir de un organigrama con el que este escritor, según Calvino «radicalmente distinto a cualquier otro», traza al detalle un laberinto moderno al que un héroe anónimo entra de lleno cuando, tras haber sacado fuerzas de flaqueza, toma la decisión de ir a ver a su jefe para pedirle un aumento.




Francis Picabia - Pandemonio


Obra fundamental para conocer un período (y unas maneras) cuyos ecos siguen resonando en nuestros días. Probablemente la única novela dadaísta. El antimanifiesto por excelencia. Un pequeño clásico universal.

Esta novela es una de las evocaciones más sutiles e intensamente críticas que se hayan escrito sobre el irresistible encanto de la intelectualidad a principios del siglo XX. A caballo entre la sátira costumbrista y el más ácido revisionismo sobre la escena artística del momento. La visionaria y sentida recreación de aquel mundo, nos acompaña en este divertido testimonio de las intensas peripecias vanguardistas de una enloquecida Europa para sumirse en la reivindicación de la belleza, del placer extremo y de la creatividad sin ataduras ni convenciones. DuchampBretonAragon, pintores, escritores, profetas y otras luminarias del momento componen el elenco de personajes que pueblan las páginas de esta crónica de la vida social en los restaurantes, cenáculos y cabarés de moda de París.
Federico García Lorca - Poeta en Nueva York


Considerada por la mayoría de críticos como la mejor obra del autor, en Poeta en Nueva York llegan a su punto culminante los procedimientos formales lorquianos, que sirven de base a una radical protesta social y a una penetrante indagación metafísica.