Título Original: Le mythe de l'eternel retour. Archétypes et répétitions 
Autor(es):  Mircea Eliade
Editorial: Alianza
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2000
ISBN: 84-206-3607-X
Referencia: 1190
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Sinopsis
El conocimiento de la espiritualidad oriental y de las formas más arcaicas de enfrentamiento humano con lo sagrado, que ha permitido ampliar considerablemente el campo de investigación de las religiones comparadas, debe a Mircea Eliade contribuciones fundamentales. El mito del eterno retorno es una original introducción a la Filosofía de la Historia cuyo objeto de estudio son los mitos y creencias de las sociedades tradicionales, movidas por la nostalgia del regreso a los orígenes y rebeldes contra el tiempo concreto. Las categorías en que se expresa esa negación de la historia son los arquetipos y la repetición, instrumentos necesarios para rechazar las secuencias lineales y la idea de progreso. Sin embargo, sería trivial considerar estas actitudes una simple consecuencia de las tendencias conservadoras de las sociedades primitivas; en ese rechazo subyace una valoración metafísica de la existencia humana, una ontología arcaica que la antropología filosófica debe incluir en sus reflexiones en pie de igualdad con las concepciones de la cultura occidental.

Acerca del autor

Mircea Eliade (Bucarest, Rumania, 9 de marzo 1907 - Chicago, Estados Unidos, 22 de abril 1986) fue un filósofo, historiador de las religiones y novelista rumano. Hablaba y escribía rumano, francés, alemán, italiano e inglés, y podía también leer hebreo, persa y sánscrito. La mayor parte de su obra la escribió en rumano, francés e inglés. Formó parte del Círculo Eranos. Estudió el bachillerato en Bucarest y posteriormente Filosofía en la misma ciudad, licenciándose con un estudio sobre la filosofía en el Renacimiento italiano, para lo que viajó a Italia y entró en contacto con Giuseppe Tucci (experiencias que recogió en las novelas autobiográficas Novela del adolescente miope y Gaudeamus); Tucci le puso en contacto con el que sería su gran mentor, Surendranath Dasgupta; se trasladó a la India y estudió la lengua, el pensamiento y la tradición religiosa del hinduismo. De 1932 a 1940 enseñó en Bucarest. En 1940 se le nombró agregado cultural de la embajada de Rumania en Londres y posteriormente en Lisboa. Al terminar la segunda guerra mundial viajó a París, donde llegó a ser profesor de la École Pratique des Hautes Études hasta 1957, año en que se le nombró catedrático de historia de las religiones en la Universidad de Chicago, donde enseñó hasta su muerte, acaecida en el año 1986. Se considera a Mircea Eliade uno de los fundadores del estudio de la historia moderna de las religiones. Erudito estudioso de los mitos, Eliade elaboró una visión comparativa de las religiones, hallando relaciones de proximidad entre diferentes culturas y momentos históricos. En el centro mismo de la experiencia religiosa, Eliade situó a lo sagrado, como la experiencia primordial del Homo religiosus. Su formación como historiador y filósofo lo llevó a profundizar en mitos, sueños y visiones, escribiendo sobre el misticismo y el éxtasis. En la India, estudió el yoga y leyó directamente en sánscrito textos clásicos del hinduismo que no habían sido traducidos a lenguas occidentales. Prolífico escritor, su capacidad de síntesis es notable. De sus escritos suele resaltarse el concepto de hierofanía, con el cual Eliade define la manifestación de lo trascendente en un objeto o fenómeno de nuestro cosmos habitual.
Hacia finales del siglo XX, los textos de Eliade alimentan intensamente la visión gnoseológica de nuevos movimientos religiosos, surgidos con la contracultura de los años sesenta. En la década de 1980 fue duramente criticado por sus vínculos con la Guardia de Hierro, su antisemitismo de juventud (se puede apreciar en sus novelas iniciales y en sus diarios) y sus posturas de ultraderecha, propias de la Rumanía de 1920-1939. Eliade nunca se arrepintió públicamente de este antijudaísmo. Eliade sabía hebreo, colaboró con el especialista en cábala Gerschom Scholem.


Título Original: Lukács et Heidegger.Pour une nouvelle philosophie 
Autor(es): Lucien Goldmann
Editorial: Amorrortu editores
Idioma: Español
Fecha de publicación: 1973
ISBN: Sin información
Referencia: 3856
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Sinopsis
Al comienzo de su carrera filosófica, en su tesis de doctorado. Goldmann esbozó un paralelo entre Lukács y Heidegger. Después prometió abordar ese tema en una obra especial. En agosto de 1970 empezó, por fin, a redactar su introducción, que la muerte le impidió terminar. En esta compilación se la incluye, junto con las versiones grabadas de seminarios que Goldmann había dictado sobre el - tema años atrás. El trabajo introductorio de Youssef Ishaghpour complementa los textos, formando un todo coherente donde puede estudiarse lo esencial de las ideas de Goldmann. No se trata, por cierto, de una comparación extrínseca entre Lukács y Heidegger, ni de establecer en sentido trivial la anterioridad del primero respecto del segundo en el planteo de ciertos filosofemas. Ambos surgen de idéntica matriz genética: la revolución intelectual sobrevenida en los primeros años del siglo en las universidades alemanas de Heidelberg (neokantianos orientados hacia las ciencias del espíritu) y Friburgo (sobre todo, Husserl y la fenomenología) . Las obras de Lukács El alma y las formas (1911) e Historia y conciencia de clase (1923) marcan el nacimiento del existencialismo y dei materialismo dialéctico, respectivamente; mejor dicho: su renacimiento, después del largo reinado del positivismo, aun de credo marxista. Heidegger escribe El ser y el tiempo en 1927, y al comienzo y al final de la obra polemiza con una filosofía —cuyo autor no menciona— que procura, según afirma, defenderse de la cosificación de la conciencia en el terreno de lo óntico (vale decir, acierta el diagnóstico pero no penetra en la profundidad del ser). Para Goldmann, el pensador aludido es Lukács, con quien Heidegger compartía ciertos problemas quizá planteados en el círculo de Emil Lask, al que ambos frecuentaron. Una crítica interna permite a Goldmann establecer equivalencias categoriales entre las dos filosofías: praxis-ente disponible, alienación-inautenticidad, cosificación-ente subsistente, totalidad-ser, que sin duda se articulan en sendas —y diversas— concepciones de la historia. La metafísica del límite, de la muerte y la catástrofe, prefigurada por el Lukács de El alma y las formas, explica las posiciones de Heidegger frente a Hitler. Lukács, por su parte, siguiendo sus ideas sobre la necesidad histórica, apoya a Stalin. El estudio de Goldmann atañe a las relaciones entre el joven Lukács (antes de que abrazara el stalinismo) y el joven Heidegger (anterior a la «vuelta», a la Kehre). No obstante, indica de pasada las razones de su evolución posterior. De acuerdo con la tesis de la identidad de sujeto y objeto, que Goldmann ha tomado del primer Lukács, esas razones obedecen a la dinámica interna del pensamiento de ambos, pero tambiénal modo en que la cambiante realidad histórica se piensa a sí misma. Penetrante estudio sobre la filosofía contemporánea, aplicación ejemplar del estructuralismo genético, el libro expone al mismo tiempo las ideas de Goldmann, a manera de testamento filosófico. Se justifica plenamente el subtítulo: Hacia una filosofía nueva.
Acerca del autor
Lucien Goldmann (nacido en 1913 en Bucarest pero creció en Botoşani, Rumania, muerto en 1970 en París) fue un filósofo francés y sociólogo de origen judío rumano. Como profesor de La Sorbona, fue un influyente teórico marxista.
Mientras muchos parisinos izquierdistas defendían incondicionalmente la gnoseología marxista, en las décadas 50s y 60s, Goldmann decía que el marxismo estaba en una severa crisis y tenía que renovarse radicalmente si quería sobrevivir. Rechazó la teoría tradicional marxista del proletariado y debatió con el movimiento estructuralista. De hecho, la popularidad de tal tendencia en Left Bank fue la razón por la cual el nombre de Goldmann y su trabajo fue eclipsado - a pesar de la aclamación de pensadores tan diversos como Jean Piaget y Alasdair MacIntyre, quienes lo llamaron "el excelente y más inteligente marxista de la época".


Título Original: Heidegger and the Nazis 
Autor(es): Jeff Collins
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2004
ISBN: 84-9784-038-0
Referencia: 2233
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Sinopsis
La defensa entusiasta que Heidegger hizo del nazismo dejó huellas discordantes en la cultura política de la pos-modernidad. Como filósofo, elaboró un pensamiento extraordinario con el que trató de «superar» la tradición filosófica occidental. Su obra se convirtió en una fuente de inspiración primordial para las antifilosofías, los antiesencialismos y los movimientos de la era posmoderna, atrayendo a pensadores tan emblemáticos como Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze y Baudrillard. Sin embargo, los críticos vieron en la admiración de estos autores por Heidegger una falta peligrosa de juicio político y de responsabilidad. Heidegger y los nazis reconstruye los hechos y argumentos en torno a la actitud política de Heidegger y los sitúa en el marco de la crítica política que caracteriza el paso al siglo xxi. La razón, la modernidad, el humanismo, la subjetividad y la identidad son algunas de las cuestiones más importantes que se debaten en la actualidad. Pero lo que está en juego no es sólo la reputación de los filósofos, sino también la posibilidad de una oposición eficaz al resurgimiento de los nazismos en nuestro tiempo.
Acerca del autor
Jeff Collins es profesor de Historia del Arte en la Universidad de Plymouth. Es también el autor de los libros lntroducing Heidegger e lntroducing Derrida.

Título Original: The Global Village
Autor(es): Marshall McLuhan  & B.R. Powers
Cantidad de páginas: 2003
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2005
ISBN: 84-7432-403-3
Referencia: 3364
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Sinopsis
En este libro, Marshall McLuhan extiende los conceptos de sus visionarios trabajos anteriores a la actual red electrónica universal. Cuando McLuhan publicó Understanding Media en 1964, no existían los medios de comunicación tal como los conocemos en la actualidad. Sin embargo, las extensiones tecnológicas de la conciencia humana se adelantaban a nuestra capacidad para comprender consecuencias, nunca ha sido tan apremiante. Y si el medio es el mensaje, el mensaje se está volviendo casi imposible de descifrar. En La Aldea Global, McLuhan y el coautor Bruce R. Powers proponen un marco conceptual detallado en cuyos términos pueden comprenderse los avances tecnológicos de las dos últimas teoría, se encuentra el argumento de que los usuarios de la tecnología están atrapados por dos formas distintas de percibir el mundo. Por un lado, está lo que ellos llaman Espacio Visual (la forma de percepción lineal, cuantitativa, característica del mundo occidental); por el otro, el Espacio Acústico (el razonamiento holístico, cualitativo, de Oriente). Los autores sostienen que el medio impreso estimula y conserva la percepción del espacio visual; sin embargo, al igual que la televisión, la tecnología de la base de datos, el satélite de comunicaciones y la red global de medios de comunicación están llevando a sus usuarios hacia una orientación más dinámica y "con muchos núcleos" del Espacio Acústico. Los autores nos advierten que este movimiento hacia el Espacio Acústico puede no ser gradual. De hecho, McLuhan y Powers sostienen que con el advenimiento de la globalización del entorno (el resultado de las comunicaciones mundiales) estos dos puntos de vista mundiales "están chocando a la velocidad de la luz" y aseguran que la "clave para la paz es comprender estos dos sistemas en forma simultánea". Al emplear el concepto de McLuhan del tétrade (una figura para predecir los cambios causados por nuevas tecnologías), los autores analizan esta colisión de puntos de vista. Sin tomar partido, tratan de hacer hoy lo que McLuhan hizo con éxito veinticinco años atrás: observar el mundo que vendrá y ayudarnos a estar preparados para lo que allí encontraremos

Acerca de los autores

Herbert Marshall McLuhan (21 de julio de 1911 – 31 de diciembre de 1980) fue un filósofo, erudito y educador canadiense. Profesor de literatura inglesa, crítica literaria y teoría de la comunicación, McLuhan es reconocido como uno de los fundadores de los estudios sobre los medios, y ha pasado a la posteridad como uno de los grandes visionarios de la presente y futura sociedad de la información. Durante el final de los años 60 y principios de los 70, McLuhan acuñó el término aldea global para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios electrónicos de comunicación. Es famosa su sentencia "el medio es el mensaje". En la Universidad de Manitoba (Canadá) estudió la Licenciatura en Letras y la Maestría en Artes. Se doctoró a los 31 años de edad en la Universidad de Cambridge, en su tesis doctoral analizó la obra del dramaturgo inglés Thomas Nashe. El 30 de marzo de 1937, McLuhan culminó la conversión a la fe católica, tras un largo proceso. A continuación enseñó en institutos superiores católicos. Desde 1937 hasta 1944 enseñó inglés en la Universidad de Saint Louis, donde se hizo amigo de Walter J. Ong (1912-2003), quien luego realizó un doctorado sobre un tema respecto del cual McLuhan le había llamado la atención, y quien luego sería conocido a su vez como una autoridad de las comunicaciones y la tecnología.

Bruce R. Powers, amigo y colaborador de McLuhan durante mucho tiempo, es profesor adjunto de Estudios sobre Comunicación en la Universidad de Niágara.


Título Original: Eichmann in Jerusalem 
Autora: Hannah Arendt
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2008
ISBN: 978-84-8346-066-5
Referencia: 4023
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Sinopsis
A partir del juicio que en 1961 se llevó a cabo contra Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y uno de los mayores criminales de la historia, Hannah Arendt estudia en este ensayo las causas que propiciaron el Holocausto, el papel equívoco que jugaron en tal genocidio los consejos judíos, así como la naturaleza y la función de la justicia. La mirada lúcida y penetrante de Arendt desentraña la personalidad del acusado, analiza su contexto social y político y su rigor intachable a la hora de organizar la deportación y el exterminio de las comunidades judías, así como la colaboración o la resistencia en la aplicación de la Solución Final por parte de algunas naciones ocupadas. Treinta años después de su publicación, Eichmann en Jerusalén sigue siendo uno de los mejores estudios sobre el Holocausto, un ensayo de lectura inaplazable para entender lo que sin duda fue la gran tragedia del siglo XX.

Acerca del autora

Hannah Arendt nació en Hannover ( 1906- 1975) . Discípula de Heidegger y Husserl, protegida de Karl Jaspers y establecida en Nueva York desde 1941, tras la ocupación alemana de Francia, dividió conscientemente su actividad intelectual entre la filosofía y la teoría política, llegando a adquirir un sólido prestigio tanto en Europa como en América. En 1951 publicó Los orígenes del totalitarismo (Origins of Totalitarianism), quizá su libro más famoso, al que siguieron textos tan fundamentales para el pensamiento contemporáneo como Sobre la revolución (On revolution, 1963), Hombres en tiempos de oscuridad (Men in dark times, 1968), La condición humana (The human condition, 1969), La vida del espíritu (The life of the mind, 1971) o La crisis de la república (Crise of the republic, 1972).Profesora en las universidades de Berkeley, Princeton, Columbia y Chicago; directora de investigaciones de la Conference on Jewish Relations (1944-1946), y colaboradora de diversas publicaciones periódicas.


Título Original: L’Être et le Néant. Essai d’ontologie phénoménologique.
Autor(es): Jean-Paul Sartre
Editorial: Ediciones Atalaya
Idioma: Español
Fecha de publicación: 1993
ISBN: 84-487-0119-4
Referencia: 797
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Sinopsis
El ser y la nada  es la primera obra filosófica de Jean-Paul Sartre (1905-1980), filósofo y principal exponente del existencialismo francés. Fue publicada en 1943. En ella, Sartre idealiza a las personas como seres capaces de crear sus propias leyes al rebelarse contra todo tipo de estatutos, aceptando la responsabilidad, la ética y toda moral personal sin el apoyo de la sociedad, la ética o cualquier norma tradicional. Su teoría existencial declara la libertad de todas las personas para escoger sus propios conceptos de comportamiento y libre pensamiento hacia una perfecta libertad de elección de crear los significados de las cosas y de la realidad en general. en la relación entre el ser su pasado y su futuro, Sartre evoca los conceptos de tiempo como una proyección mental del ser. Siendo estos los causantes de la inacción del mismo al quedar varado entre lo que fue y lo que podría ser. El ser y la nada, obra escrita por el filósofo francés Jean-Paul Sartre, quien ya con anterioridad se había consagrado esencialmente al estudio de la imaginación desde una perspectiva fenomenológica (Lo imaginario. Psicología fenomenológica de la imaginación, 1940). Redactada durante la II Guerra Mundial, fue publicada en 1943 bajo el título original de L’Être et le Néant. Essai d’ontologie phénoménologique (El ser y la nada. Ensayo de ontología fenomenológica). A lo largo de sus páginas, Sartre se plantea qué es el ser y cómo dar un sentido al concepto de la nada. Para responder a dichas preguntas utiliza el método fenomenológico fundado por Edmund Husserl, a quien agradece en la introducción el habernos desembarazado de la idea del ser como opuesto a su apariencia de fenómeno: el fenómeno se da cuando el ser es. Así, este gran tratado de ontología fenomenológica se articula alrededor de la interrogación del fenómeno “conciencia” y del fenómeno “mundo”. En esta  obra donde Jean-Paul Sartre expone técnica y acabadamente su "existencialismo" y aquella que facilita la plena comprensión de su obra literaria. La primera edición francesa fue publicada en 1943, es decir, en el seno de una Europa arrasada por la guerra. Sartre tenía entonces 38 años y ya había escrito tres obras de carácter filosófico en las cuales explicaba el método de Husserl con vistas a la constitución de una psicología fenomenológica. Había publicado también su primera novela, La náusea, y una serie de cuentos. A partir de ese momento la producción de Sartre se sucederá sin pausa, abarcando todas las modalidades del pensamiento y de la literatura, pero las tesis centrales de este ensayo de ontología fenomenológica seguirán nutriendo y otorgando significado a tan diversificada producción. Y lo que en sus comienzos fue pura expresión teórica desbordó el ámbito especializado para convertirse, con el nombre de existencialismo, en uno de los fenómenos culturales más importantes de la segunda mitad del siglo pasado.

Acerca del autor

Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905 – ibíd., 15 de abril de 1980), fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista. En 1964 rehusó el Premio Nobel de Literatura, alegando que su aceptación implicaría perder su identidad de filósofo, pero lo rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones.   Fue pareja de la también filósofa Simone de Beauvoir. Los padres de Sartre fueron Jean-Baptiste Sartre, un oficial naval, y Anne-Marie Schweitzer, hermana de Albert Schweitzer. Su padre murió de fiebre cuando él tenía apenas quince meses, y Anne-Marie lo crió con ayuda de su abuelo, Charles Schweitzer, quien enseñaría matemáticas a Jean-Paul y le introduciría desde muy joven a la literatura clásica. La filosofía le atrajo desde su adolescencia en los años veinte, cuando leyó Essai sur les données immédiates de la conscience (Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia) de Henri Bergson. Tuvo influencias de Immanuel Kant, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Søren Kierkegaard, Edmund Husserl, y Martin Heidegger, entre otros. Estudió en París en la "elitista" École Normale Supérieure, graduándose en 1929 con un Doctorado en Filosofía. Es durante sus estudios que conoció a Simone de Beauvoir y a Raymond Aron. Sartre y de Beauvoir se volvieron compañeros inseparables durante el resto de sus vidas, quienes juntos combatieron las suposiciones y expectativas de la vida burguesa llevando una relación no monógama. Su vida se caracterizó por una actitud militante de la filosofía. Se solidarizó con los más importantes acontecimientos de su época, como el Mayo Francés, la Revolución Cultural china —en su etapa de acercamiento a los maoístas, al final de su vida— y con la Revolución Cubana. A pesar de su abrumadora fama mundial, Sartre mantuvo una vida sencilla, con pocas posesiones materiales y activamente comprometido a varias causas hasta el final de su vida.  En una primera etapa desarrolló una filosofía existencialista, a la que corresponden obras como El ser y la nada (1943) y El existencialismo es un humanismo (1946). Desde que en 1945 fundó la revista Les Temps Modernes se convirtió en uno de los principales teóricos de la izquierda. En una segunda etapa se adscribió al marxismo, cuyo pensamiento expresó en La crítica de la razón dialéctica (1960), aunque él siempre consideró esta obra como una continuación de El ser y la nada. Sartre considera que el ser humano está "condenado a ser libre", es decir, arrojado a la acción y responsable plenamente de su vida, sin excusas. Aunque admite algunos condicionamientos (culturales, por ejemplo), no admite determinismos. Concibe la existencia humana como existencia consciente. El ser del hombre se distingue del ser de la cosa porque es consciente. La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es conciencia del mundo y conciencia de sí (de ahí lo subjetivo). Sartre se forma en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de Heidegger (discípulo éste de aquél). Se observa aquí la influencia que ejerce sobre Sartre el racionalismo cartesiano. En este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia. Si en Heidegger el Dasein es un «ser-ahí», arrojado al mundo como «eyecto», para Sartre el humano en cuanto «ser-para-sí» es un «pro-yecto», un ser que debe «hacerse». En el libro  El existencialismo es humanismo dice:  "El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo". Consecuentemente para Sartre en el ser humano «la existencia precede a la esencia», que explica con un ejemplo: si un artesano quiere realizar una obra, primero «la» piensa, la construye en su cabeza: esa pre-figuración será la esencia de lo que se construirá, que luego tendrá existencia. Los seres humanos, no son el resultado de un diseño inteligente, y no tenemos dentro nuestro algo que nos haga «malos por naturaleza» o «tendientes al bien» —como diversas corrientes filosóficas y políticas han creído—, y continua: «Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos», éstos nos son ineludibles: no actuar es un acto en sí mismo puesto que nuestra libertad no es algo que pueda ser dejado de lado: ser es ser libres en situación, ser es ser-para, ser como "proyecto".  El periodo inicial de la carrera de Sartre, definida por El ser y la nada (1943), fue seguido por un segundo periodo de activismo político e intelectual. En particular, su trabajo de 1948 Manos sucias examinaba el problema de ser un intelectual y participar en la política al mismo tiempo. Nunca llegó a afiliarse al Partido Comunista Francés, aunque fue simpatizante de la izquierda y desempeñó un papel prominente en la lucha contra el colonialismo francés en Argelia. Se podría decir que fue el simpatizante más notable de la guerra de liberación de Argelia. Tenía una ayudante doméstica argelina, Arlette Elkaïm, a quien hizo hija adoptiva en 1965. Se opuso a la Guerra de Vietnam, y junto a Bertrand Russell y otras luminarias organizó un tribunal con el propósito de exhibir los crímenes de guerra de los Estados Unidos. El tribunal se llamaba «Tribunal Russell». Agudamente crítico del estalinismo, su pensamiento político atravesó varias etapas: desde los momentos de Socialismo y Libertad, agrupación política de la resistencia francesa a la ocupación nazi, cuando escribe un programa basado en Saint-Simon, Proudhon y demás, cuando consideraba que el socialismo de Estado era contradictorio a la libertad del individuo, hasta su brevísima adhesión al Partido Comunista Francés, y su posterior acercamiento a los maoístas. Su principal trabajo en el intento de comunión entre el existencialismo y el marxismo fue Crítica de la razón dialéctica, publicado en 1960. El énfasis de Sartre en los valores humanistas de Marx y su resultante énfasis en el joven Marx lo llevaron al famoso debate con el principal intelectual comunista en Francia de los años sesenta, Louis Althusser, en el que éste trató de redefinir el trabajo de Marx en un periodo pre-marxista, con generalizaciones esencialistas sobre la humanidad, y un periodo auténticamente marxista, más maduro y científico (a partir del Grundrisse y El capital). Algunos dicen que éste es el único debate público que Sartre perdió en su vida, pero hasta la fecha sigue siendo un evento controvertido en algunos círculos filosóficos de Francia. Durante la Guerra de los Seis Días se opuso a la política de apoyo a los árabes, pregonada por los partidos comunistas del mundo. Y, junto con Pablo Picasso, organizara a 200 intelectuales franceses para oponerse al intento de destrucción del estado de Israel, haciendo un llamado a fortalecer los sectores antiimperialistas de ambas partes como única forma de llegar a una paz justa y al socialismo. Sartre es un admirador del kibutz. En el pensamiento de Sartre, se destacan  las siguientes ideas: Conciencia prerreflexiva y conciencia reflexiva: La conciencia prerreflexiva es el mero hecho de percatarnos de algo, el tener conciencia de algo, y la conciencia reflexiva (el ego cogito cartesiano), surge cuando me doy cuenta de que me estoy percatando de algo. El ser-en-sí: Sartre rechaza el dualismo entre apariencia y realidad y sostiene que la cosa es la totalidad de sus apariencias. Si quitamos lo que en la cosa es debido a la conciencia, que le confiere la esencia que la constituye en tal cosa y no en tal otra, en la cosa sólo queda el ser-en-sí. El ser-para-sí: Si toda conciencia es conciencia del ser tal como aparecer, la conciencia es distinta del ser (no ser o nada) y surge de una negación del ser-en-sí. Por tanto, el para sí, separado del ser, es radicalmente libre. El hombre es el no-ya-hecho, el que se hace a sí mismo. El ser-para-otro: Sartre defiende que mi yo revela la indubitable presencia del otro en la relación en que el otro se me da no como objeto sino como un sujeto (ser-para-otro). Respecto a su ateísmo y valores: Para el filósofo, la existencia de Dios es imposible, ya que el propio concepto de Dios es contradictorio, pues sería el en-sí-para-sí logrado. Por tanto, si Dios no existe, no ha creado al hombre según una idea que fije su esencia, por lo que el hombre se encuentra con su radical libertad. Este ateísmo tiene una consecuencia ética: Sartre afirma que los valores dependen enteramente del hombre y son creación suya. Sartre rechazó durante décadas la noción del Unbewußtsein («lo inconsciente»), particularmente la planteada por Freud. Argumentaba que lo inconsciente era un criterio «característico del irracionalismo alemán», y por tal motivo se oponía a una psicología que se basara en un «irracionalismo». De este modo es que Sartre intentó un «psicoanálisis racionalista» al cual llamó «psicoanálisis existencial», basándose en una total autocrítica del sujeto hasta profundización que eliminara la «mala fe», que es un auto-engaño (basado principalmente en racionalizaciones) por las cuales el sujeto pretende tranquilizarse, y al tratarse precisamente de «fe», el individuo cree ciegamente en ellas sin cuestionarlas. Y argumenta: «Un ser humano adulto no puede ni debe estar defendiendo sus defectos en hechos ocurridos durante su infancia, eso es mala fe y falta de madurez». Las posturas radicales y pesimistas de Sartre que aparecen en la novela La náusea (1938) y en El ser y la nada (1943) evolucionaron hacia una postura algo más optimista en El existencialismo es un humanismo (1946). Ahí ya no insiste en que el hombre sea una «pasión inútil», sino que el existencialismo se presenta como una doctrina de la acción, aunque permanezca la angustia. El humanismo clásico admira a la humanidad en virtud de las producciones o valores de algunos hombres concretos, y considera que esencialmente el ser humano es el más perfecto de todos los seres, pues está hecho a semejanza del Dios trascendente. Este humanismo clásico es absurdo, dice Sartre. Frente a él, el existencialismo es un humanismo porque es una filosofía de la acción y de la libertad: la dignidad humana radica en la libertad; gracias a ella el ser humano siempre trasciende su situación concreta, aspira al futuro sin estar determinado por su pasado, se traza metas y construye su ser. De ahí que el existencialismo sea también una doctrina de la acción. Además, es una teoría para la cual el único universo es el universo humano. Esto quiere decir que la esfera de cosas con las que el hombre trata no está marcada por algo trascendente, ni por la naturaleza. La esfera de cosas que atañen al hombre depende de su propia subjetividad; no hay otro legislador que el hombre mismo. Falleció el 15 de abril de 1980, a los 74 años de edad, en el hospital de Broussais tras una enfermedad, que de hecho le apartó de la dirección de Libération años antes. Fue enterrado el 20 de abril, rodeado de una inmensa multitud. Más de 20.000 personas acompañaron el féretro hasta el cementerio de Montparnasse, en París, donde descansan sus restos.

Título Original: Les mots
Autor(es): Jean-Paul Sartre
Cantidad de páginas:215
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2006
ISBN:950-03-0682-4
Referencia: 3124
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Sinopsis

El libro constituye el relato inmisericorde de su infancia caracterizada por una fenomenal devoción por los libros: "Empecé mi vida como sin duda la acabaré: en medio de los libros. " Al tiempo que el niño descubre que hay una vida que se esconde en esos objetos de apariencia misteriosa y hace girar su actividad infantil en torno a ellos, no deja de percibir también el hecho de que su familia, compuesta por sus abuelas maternos y su madre viuda, organiza su existencia en torno a él como se organiza una conspiración. Para escapar de esa conspiración, Sartre, turbado a veces por su corta estatura, sólo piensa en ser grande, en estar en lo alto, en ocupar el Parnaso, para ello es la literatura, en la palabras que lee y, sobre todo, en las palabras que ya empieza a escribir, porque "las palabras eran la quintaesencia de las cosas". Rozando el delirio cómico, la obsesión infantil de Sartre deriva en la creencia casi quijotesca de que la letra escrita sostiene al mundo, el cual persiste gracias a alguien, un sacrificado autor, que lo escribe cada día en todos sus pormenores. No obstante, antes de acabar su relato el autor confiesa con humildad su desengaño. Las palabras, obra determinante para que se le concediera a Sartre el Premio Nobel que él rechazó, resulta indispensable para conocer desde su mejor ángulo a uno de los pensadores más influyentes de todo el siglo XX.

Acerca del autor

Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905 – ibíd., 15 de abril de 1980), fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista. En 1964 rehusó el Premio Nobel de Literatura, alegando que su aceptación implicaría perder su identidad de filósofo, pero lo rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones. Fue pareja de la también filósofa Simone de Beauvoir. Los padres de Sartre fueron Jean-Baptiste Sartre, un oficial naval, y Anne-Marie Schweitzer, hermana de Albert Schweitzer. Su padre murió de fiebre cuando él tenía apenas quince meses, y Anne-Marie lo crió con ayuda de su abuelo, Charles Schweitzer, quien enseñaría matemáticas a Jean-Paul y le introduciría desde muy joven a la literatura clásica. La filosofía le atrajo desde su adolescencia en los años veinte, cuando leyó Essai sur les données immédiates de la conscience (Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia) de Henri Bergson. Tuvo influencias de Immanuel Kant, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Søren Kierkegaard, Edmund Husserl, y Martin Heidegger, entre otros. Estudió en París en la "elitista" École Normale Supérieure, graduándose en 1929 con un Doctorado en Filosofía. Es durante sus estudios que conoció a Simone de Beauvoir y a Raymond Aron. Sartre y de Beauvoir se volvieron compañeros inseparables durante el resto de sus vidas, quienes juntos combatieron las suposiciones y expectativas de la vida burguesa llevando una relación no monógama. Su vida se caracterizó por una actitud militante de la filosofía. Se solidarizó con los más importantes acontecimientos de su época, como el Mayo Francés, la Revolución Cultural china —en su etapa de acercamiento a los maoístas, al final de su vida— y con la Revolución Cubana. A pesar de su abrumadora fama mundial, Sartre mantuvo una vida sencilla, con pocas posesiones materiales y activamente comprometido a varias causas hasta el final de su vida. En una primera etapa desarrolló una filosofía existencialista, a la que corresponden obras como El ser y la nada (1943) y El existencialismo es un humanismo (1946). Desde que en 1945 fundó la revista Les Temps Modernes se convirtió en uno de los principales teóricos de la izquierda. En una segunda etapa se adscribió al marxismo, cuyo pensamiento expresó en La crítica de la razón dialéctica (1960), aunque él siempre consideró esta obra como una continuación de El ser y la nada. Sartre considera que el ser humano está "condenado a ser libre", es decir, arrojado a la acción y responsable plenamente de su vida, sin excusas. Aunque admite algunos condicionamientos (culturales, por ejemplo), no admite determinismos. Concibe la existencia humana como existencia consciente. El ser del hombre se distingue del ser de la cosa porque es consciente. La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es conciencia del mundo y conciencia de sí (de ahí lo subjetivo). Sartre se forma en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de Heidegger (discípulo éste de aquél). Se observa aquí la influencia que ejerce sobre Sartre el racionalismo cartesiano. En este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia. Si en Heidegger el Dasein es un «ser-ahí», arrojado al mundo como «eyecto», para Sartre el humano en cuanto «ser-para-sí» es un «pro-yecto», un ser que debe «hacerse». En el libro El existencialismo es humanismo dice: "El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo". Consecuentemente para Sartre en el ser humano «la existencia precede a la esencia», que explica con un ejemplo: si un artesano quiere realizar una obra, primero «la» piensa, la construye en su cabeza: esa pre-figuración será la esencia de lo que se construirá, que luego tendrá existencia. Los seres humanos, no son el resultado de un diseño inteligente, y no tenemos dentro nuestro algo que nos haga «malos por naturaleza» o «tendientes al bien» —como diversas corrientes filosóficas y políticas han creído—, y continua: «Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos», éstos nos son ineludibles: no actuar es un acto en sí mismo puesto que nuestra libertad no es algo que pueda ser dejado de lado: ser es ser libres en situación, ser es ser-para, ser como "proyecto". El periodo inicial de la carrera de Sartre, definida por El ser y la nada (1943), fue seguido por un segundo periodo de activismo político e intelectual. En particular, su trabajo de 1948 Manos sucias examinaba el problema de ser un intelectual y participar en la política al mismo tiempo. Nunca llegó a afiliarse al Partido Comunista Francés, aunque fue simpatizante de la izquierda y desempeñó un papel prominente en la lucha contra el colonialismo francés en Argelia. Se podría decir que fue el simpatizante más notable de la guerra de liberación de Argelia. Tenía una ayudante doméstica argelina, Arlette Elkaïm, a quien hizo hija adoptiva en 1965. Se opuso a la Guerra de Vietnam, y junto a Bertrand Russell y otras luminarias organizó un tribunal con el propósito de exhibir los crímenes de guerra de los Estados Unidos. El tribunal se llamaba «Tribunal Russell». Agudamente crítico del estalinismo, su pensamiento político atravesó varias etapas: desde los momentos de Socialismo y Libertad, agrupación política de la resistencia francesa a la ocupación nazi, cuando escribe un programa basado en Saint-Simon, Proudhon y demás, cuando consideraba que el socialismo de Estado era contradictorio a la libertad del individuo, hasta su brevísima adhesión al Partido Comunista Francés, y su posterior acercamiento a los maoístas. Su principal trabajo en el intento de comunión entre el existencialismo y el marxismo fue Crítica de la razón dialéctica, publicado en 1960. El énfasis de Sartre en los valores humanistas de Marx y su resultante énfasis en el joven Marx lo llevaron al famoso debate con el principal intelectual comunista en Francia de los años sesenta, Louis Althusser, en el que éste trató de redefinir el trabajo de Marx en un periodo pre-marxista, con generalizaciones esencialistas sobre la humanidad, y un periodo auténticamente marxista, más maduro y científico (a partir del Grundrisse y El capital). Algunos dicen que éste es el único debate público que Sartre perdió en su vida, pero hasta la fecha sigue siendo un evento controvertido en algunos círculos filosóficos de Francia. Durante la Guerra de los Seis Días se opuso a la política de apoyo a los árabes, pregonada por los partidos comunistas del mundo. Y, junto con Pablo Picasso, organizara a 200 intelectuales franceses para oponerse al intento de destrucción del estado de Israel, haciendo un llamado a fortalecer los sectores antiimperialistas de ambas partes como única forma de llegar a una paz justa y al socialismo. Sartre es un admirador del kibutz. En el pensamiento de Sartre, se destacan las siguientes ideas: Conciencia prerreflexiva y conciencia reflexiva: La conciencia prerreflexiva es el mero hecho de percatarnos de algo, el tener conciencia de algo, y la conciencia reflexiva (el ego cogito cartesiano), surge cuando me doy cuenta de que me estoy percatando de algo. El ser-en-sí: Sartre rechaza el dualismo entre apariencia y realidad y sostiene que la cosa es la totalidad de sus apariencias. Si quitamos lo que en la cosa es debido a la conciencia, que le confiere la esencia que la constituye en tal cosa y no en tal otra, en la cosa sólo queda el ser-en-sí. El ser-para-sí: Si toda conciencia es conciencia del ser tal como aparecer, la conciencia es distinta del ser (no ser o nada) y surge de una negación del ser-en-sí. Por tanto, el para sí, separado del ser, es radicalmente libre. El hombre es el no-ya-hecho, el que se hace a sí mismo. El ser-para-otro: Sartre defiende que mi yo revela la indubitable presencia del otro en la relación en que el otro se me da no como objeto sino como un sujeto (ser-para-otro). Respecto a su ateísmo y valores: Para el filósofo, la existencia de Dios es imposible, ya que el propio concepto de Dios es contradictorio, pues sería el en-sí-para-sí logrado. Por tanto, si Dios no existe, no ha creado al hombre según una idea que fije su esencia, por lo que el hombre se encuentra con su radical libertad. Este ateísmo tiene una consecuencia ética: Sartre afirma que los valores dependen enteramente del hombre y son creación suya. Sartre rechazó durante décadas la noción del Unbewußtsein («lo inconsciente»),particularmente la planteada por Freud. Argumentaba que lo inconsciente era un criterio «característico del irracionalismo alemán», y por tal motivo se oponía a una psicología que se basara en un «irracionalismo». De este modo es que Sartre intentó un «psicoanálisis racionalista» al cual llamó «psicoanálisis existencial», basándose en una total autocrítica del sujeto hasta profundización que eliminara la «mala fe», que es un auto-engaño (basado principalmente en racionalizaciones) por las cuales el sujeto pretende tranquilizarse, y al tratarse precisamente de «fe», el individuo cree ciegamente en ellas sin cuestionarlas. Y argumenta: «Un ser humano adulto no puede ni debe estar defendiendo sus defectos en hechos ocurridos durante su infancia, eso es mala fe y falta de madurez». Las posturas radicales y pesimistas de Sartre que aparecen en la novela La náusea (1938) y en El ser y la nada (1943) evolucionaron hacia una postura algo más optimista en El existencialismo es un humanismo (1946). Ahí ya no insiste en que el hombre sea una «pasión inútil», sino que el existencialismo se presenta como una doctrina de la acción, aunque permanezca la angustia. El humanismo clásico admira a la humanidad en virtud de las producciones o valores de algunos hombres concretos, y considera que esencialmente el ser humano es el más perfecto de todos los seres, pues está hecho a semejanza del Dios trascendente. Este humanismo clásico es absurdo, dice Sartre. Frente a él, el existencialismo es un humanismo porque es una filosofía de la acción y de la libertad: la dignidad humana radica en la libertad; gracias a ella el ser humano siempre trasciende su situación concreta, aspira al futuro sin estar determinado por su pasado, se traza metas y construye su ser. De ahí que el existencialismo sea también una doctrina de la acción. Además, es una teoría para la cual el único universo es el universo humano. Esto quiere decir que la esfera de cosas con las que el hombre trata no está marcada por algo trascendente, ni por la naturaleza. La esfera de cosas que atañen al hombre depende de su propia subjetividad; no hay otro legislador que el hombre mismo. Falleció el 15 de abril de 1980, a los 74 años de edad, en el hospital de Broussais tras una enfermedad, que de hecho le apartó de la dirección de Libération años antes. Fue enterrado el 20 de abril, rodeado de una inmensa multitud. Más de 20.000 personas acompañaron el féretro hasta el cementerio de Montparnasse, en París, donde descansan sus restos.