Escrito por Duyanah Alí
  
Es una mera pretensión decir que se tiene la última palabra en cuanto a cómo se hace la buena literatura o se logra el éxito literario, pero sí que se pueden seguir o probar algunas opiniones que nos ha legado la lista de literatos ganadores de la fama.Un ejemplo de esto lo es el novelista y poeta irlandés James Joyce, a cuya influencia no pudieron escapar un número considerable de sus contemporáneos, y muchos de los buenos que vendrían después, a pesar de las diferencias de idiomas y nacionalidades.James Joyce nació el 2 de febrero de 1882 en Dublín, donde vivió hasta 1904, cuando se fue con Nora Barnacle, una camarera con la que formó una familia; primero vivieron en Trieste y luego en París, para después de veinte años verse forzados una vez más a escapar, en esta ocación a Zürich, cuando los alemanes en la Segunda Guerra Mundial atacaron Francia.Su éxito literario comenzó a los 18 años con El nuevo drama de Ibsen, un artículo publicado en la revista londinense Fortnightly Review, que le abrió las puertas de la posteridad.En 1907 publicó su primer libro, Música de Cámara, un poemario con 36 textos de amor, meticulosamente elaborados, con una marcada influencia de la poesía lírica isabelina y los bardos ingleses de finales del siglo XIX, y a este le seguiría en 1914, un cuaderno de 15 cuentos, que originalmente fueron encargados por la revistas The Irish Homestead, titulado Dublineses, donde a pesar de estar lejos de Dublín, narraba magníficos acontecimientos situados allí.Con este libro comenzó la odisea de Joyce, cuando el Director de The Irish Homestead se negó a publicarlo por considerar que el contenido no era lo que buscaba para sus lectores.Luego, entre 1914 y 1915, Joyce consiguió sacar de manera seriada en la revista The Egoist por cuenta de la directora Harriet Shaw Weaver, Retrato del artista adolescente, novela autobiográfica --que un año más tarde (1916) saldría como libro gracias a la ayuda del poeta Ezra Pound--, donde el protagonista, Stephen Dedales —álter ego de Joyce— cuenta los eventos de su vida --la lucha contra los paradigmas establecidos de una sociedad burguesa-católica--, primero desde el monólogo interior, de manera que se tiene la sensación de que el narrador revela sus pensamientos según se le van ocurriendo, pero luego la historia pasa a ser expuesta desde una tercera persona.Aquí es evidente que el apellido del protagonista (Dedales) es una clara referencia al arquitecto y artesano de la mitología griega Dédalo, que en español es sinónimo de enredo, confusión, laberinto.Esta obra había tenido una versión anterior, alrededor de 1905 titulada Stephen el Héroe, la que fue escrita en un momento en que el artista no se encontraba bien de ánimo. Se cuenta que después de una pelea con su esposa Joyce tiró el manuscrito a una estufa y que una de sus hermanas lo rescató de las llamas. También se cuenta que en otra ocasión, luego de que el editor número veinte, lo rechazara, terminó echándolo al fuego y que en este momento fue la esposa la que lo rescató.Por otra parte el monólogo interior o flujo de conciencia alcanza su máxima expresión en Ulises,(1) la obra cumbre de Joyce, donde Stephen Dedales vuelve a tener el protagónico, y con la que el autor logra fama internacional.Esta es una novela que en su esencia parte de un análogo a la Odisea de Homero, reducida a un día en la vida de Stephen Dedalus y Leopold Bloom; comenzó a ser publicada en 1918 por la revista estadounidense Little Review, capítulo a capítulo, hasta que en 1920 fue prohibida, lo que no impedió que saliera íntegra dos años más tarde, en París, y que con el paso del tiempo fuera considerada la mejor novela del siglo XX en lengua inglesa, más influyente, discutida y renombrada, como bien firmara el crítico español Francisco García Tortosa.El Ulises fue llevado al cine por vez primera en 1967, adaptación que estuvo prohibida en Irlanda hasta comienzo del siglo XXI, y que la crítica de entonces no vio con buenos ojos por el apego acérrimo el texto original; en el 2003 Sean Walsh dirigió una nueva versión titulada Bloom, con Stephen Rea como Leopold en el protagónico.El genio de Joyce escapa a todo lo que era extraordinario o novedoso en su época, erigiéndose sobre la creación de un universo literario que es gobernado por normas propias, que van desde lo imaginario o el mito diseñado, hasta lo más común de la existencia, lo cual a la vista de todos pasaba desapercibido y aún hoy es difícil saber en qué punto se logra la simbiosis, tan necesaria para que otros puedan ser.Jorge Luis Borges afirmaba que «James Joyce (1882‑1941) es, literalmente, uno de los escritores más sorprendentes de nuestro siglo. Su obra capital, Ulises, trata de reemplazar la unidad que le falta por un sistema de laboriosas e inútiles simetrías. Esta novela, que abarca novecientas páginas, registra los hechos de un solo día; cada capítulo corresponde a un color, a una función del cuerpo humano, a un órgano, a un procedimiento retórico y, con precisión cronológica, a una hora determinada. Así, en un capítulo predominan el rojo, la circulación de la sangre y la hipérbole; en otro, concebido a la manera de un catecismo, las preguntas y las contestaciones; en otro, para expresar la fatiga de su protagonista, el estilo paralelamente se cansa y abunda en frases descuidadas y en lugares comunes. Además, cada episodio corresponde, según ha revelado su secretario, Stuart Gilbert, a un libro de la Odisea».(2)El argentino escribió también: «Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne».García Márquez confiesa que «Jorge Álvaro Espinosa, un estudiante de derecho que me había enseñado a navegar en la Biblia y me hizo aprender de memoria los nombres completos de los contertulios de Job, me puso un día sobre la mesa un mamotreto sobrecogedor, y sentenció con su autoridad de obispo: Esta es la otra Biblia. Era, cómo no, el Ulises de James Joyce, que leí a pedazos y tropezones hasta que la paciencia no me dio para más. Fue una temeridad prematura. Años después, ya de adulto sumiso, me di a la tarea de releerlo en serio, y no sólo fue el descubrimiento de un mundo propio que nunca sospeché dentro de mí, sino además una ayuda técnica invaluable para la libertad del lenguaje, el manejo del tiempo y las estructuras de mis libros».(3)Confesiones como estas abundan en la literatura hispanoamericana y un ejemplo es el de Rayuela, novela de Julio Cortázar, que muchas veces ha sido considerada por la crítica como el equivalente del Ulises en español.
Entrada la noche, después de unas copas de vino, en el Café del Pavo Real, en 1917, Joyce le cuenta a su amigo y discípulo Georges Borach sobre Ulises:
«El más hermoso asunto, aquel que contiene a todos los demás, es La Odisea. El rejuvenecimiento del viejo Fausto me deja siempre una impresión desagradable. Se cansa uno de Dante, como se cansa uno de mirar el sol. Los más hermosos rasgos, en cambio, los más humanos, se encuentran en La Odisea... Cuando escribí Gente de Dublín, quise titular el libro: Ulises en Dublín, pero abandoné esa idea. En Roma, cuando había escrito una mitad del Retrato de un artista adolescente me di cuenta de que La Odisea iba a constituir su prolongación necesaria, y tomé los primeros apuntes de algo que habrá de titularse Ulises... ¿Por qué regresaba sin tregua a ese asunto? Pues, porque en estos momentos La Odisea constituye, a mi modo de ver, la literatura más humana del mundo entero…»
La obra a la que Joyce hace referencia es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la épica grecolatinay por tanto de la literatura occidental, y cuenta las venturas y desventuras de Odiseo; una historia que pone sobre la mesa el carácter y la condición humanos en medio de situaciones adversas y extrañas.
«Ulises no quería ir a Troya. Sabía que la razón oficial de la guerra (expansión de la civilización helénica), no era sino un pretexto para lograr que los mercaderes griegos encontraran nuevos mercados. Cuando llegaron los que querían reclutarlo, estaba arando la tierra. Se fingió loco... Era el único hombre de la Hélade que era opuesto a aquella guerra. Pero, no... No me atrevo con un asunto semejante. Es demasiado grande...»(4)
Dos años más tarde le contaba a Borach:
«Acabo de terminar el capítulo de las sirenas. Un tremendo trabajo. Escribí ese capítulo utilizando las técnicas de la música. Es una fuga, con todos los matices musicales: piano, fuerte, calentando, etc.... También hay un quinteto, como en Los maestros cantores, la ópera de Wagner que yo prefiero. Las mesoneras tienen bustos de mujer, y de pez la parte inferior del cuerpo. De frente, sólo se ven sus cabezas y sus bustos. Pero si se coloca uno detrás del bar, ve la miseria de las botellas vacías en el suelo, los zapatos gastados de las mujeres, etc.: fealdad y más fealdad... Por lo demás, sólo existen diez o doce temas fundamentales en la literatura mundial. Lo infinito es la posibilidad de sus combinaciones.»
Pero también en 1917 Joyce le escribía en carta a John Quinn:
«Diez años de mi vida se consumieron en correspondencias y diligencias relacionadas con la edición de Gentes de Dublín. Ese libro fue rechazado por cuarenta editores; tres veces sacado de imprentas; quemado una vez. Me cuesta más de tres mil francos en sellos de correo, comisiones y viajes. Para él estuve en correspondencia con ciento diez periódicos, siete solicitantes, tres sociedades, los editores citados, y muchos hombres de letras... Fue un fracaso, como todo lo que hago, cuatrocientos cincuenta ejemplares vendidos en los Reinos Unidos; veintiocho en Suiza.»
Suerte muy parecida a esta tuvieron El artista adolescente y Ulises, y el testimonio lo da una carta donde Joyce transcribe algunas opiniones sobre la obra que lo haría trascender:
«Mi padre: James anda mal de la cabeza. Tengo miedo. Acaso se haya cansado por trabajar demasiado. ¿Por qué no estudia derecho? Él habla mucho mejor que escribe... Mi hermano Estanislao: ¿Qué te propones? ¿Hacer del inglés una lengua incomprensible? Eso es bolchevismo literario... Paul Claudel: Yo creía que sabía inglés, hasta que me encontré con eso... Mrs. Wallace: No entiendo una sola palabra. ¿De qué trata su libro? Huddleston: ¿Por qué se empeña usted en que nadie lo imprima?...»
Según el Maestro Alejo Carpentier:
«Fuera de Eugène Jolas, de Stuart Gilbert, de Valery Larbaud, y de unos cuantos admiradores que, desde el comienzo, habían vislumbrado el genio de Joyce, muy pocos entendieron lo que el escritor se había propuesto, en esa construcción monumental, regida por un plano tan riguroso como el de la Sinfonía de los salmos. Ese plano, que aparece expuesto a John Quinn, en carta escrita en 1920, se compone de tres secciones: Telemaquia; Odisea; Nostos. La primera y la tercera, con tres capítulos cada una. La central, con dos series de seis capítulos: en total, dieciocho secciones, en tres movimientos, asociados a la temática de La Odisea de Homero. Si La Odisea es la figuración de la vida humana en su totalidad, Ulises comprime esa acción, regida por los mismos símbolos y mitos, en una sola jornada, cuyos episodios son tratados, cada vez, con distinta técnica... Hoy podemos encontrar, en todas partes, ediciones económicas, del Ulises. Pocos libros han corrido tanto por el mundo, desde la fecha de su casi inadvertida aparición, el 2 de febrero de 1922, día del aniversario de James Joyce »(5).
Este gran literato murió pobre y ciego en Zürich y al igual que Borges, Proust, Kafka o Alejo Carpentier, pertenece al catálogo de maestros esenciales que se fueron sin el Premio Nobel, pero que a muchos se les hace innecesario tal galardón para reconocerlo como tal.El uso magistral de sus conocimientos sobre psicología a través de los personajes del Ulises y apoyado en su excelente manejo de la palabra y la experimentación literaria, es lo que hace de Joyce uno de los más importantes e influyentes escritores de todos los tiempos.
Notas:
(1) Título original: Ulysses. Sylvia Beach, 2 de febrero de 1922.
(2) Introducción a la literatura inglesa, Jorge Luis Borges & Maria Esther Vasquez.
(3) Vivir para contarla, Gabriel García Márquez.
(4) La elaboración de Ulises, de Alejo Carpentier, Letra y Solfa. Literatura. Autores, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1997.
(5) Alejo Carpentier: Las Cartas de James Joyce, Letra y Solfa. Literatura. Autores, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1997, pp. 269-270.
 http://www.esquife.cult.cu/index.php?option=com_content&view=article&id=1645:icomo-vivir-del-cuento-la-odisea-de-joyce&catid=172&Itemid=114



El Ulises de Joyce



Jorge Luis Borges escribió: “Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare…”.

James Agustine Aloysius Joyce, nacido el 2 de febrero de 1882, vive profundamente la vida del Dublín que será marco ambiental de sus novelas. Se educa con los jesuitas, en Clongowes Wood y en el Colegio Belvedere. Su formación católica continúa en el Colegio Universitario.



En 1902, en contacto con la cultura francesa, abandona sus propósitos de estudiar medicina en París para dedicarse a la literatura. Vuelve a Dublín varias veces; pero, a pesar de sentirse «demasiado irlandés», produce sus obras más importantes fuera de Irlanda. Se establece en Trieste con su mujer, Nora Bernacle, y enseña inglés en la Escuela Berlitz. Más tarde trabaja en Roma como empleado.


Joyce visita por última vez Irlanda en 1912. Vive durante la guerra en Zurich. En París termina y corrige las pruebas del Ulises, frecuenta los medios literarios y comienza el Finnegans Wake. Con Stuart Gilbert pasa dos vacaciones estivales en Inglaterra y hace un viaje a Austria. Al estallar la segunda guerra mundial, después de vivir en Saint-Gérard-le-Puy y rehusar la invitación para trasladarse a Estados Unidos, vuelve a refugiarse en Suiza. Muere en Zurich, a consecuencia de una operación de un absceso intestinal, el 13 de enero de 1941.



Sylvia Beach, la editora del Ulises, al evocar su conocimiento de Joyce, destaca los rasgos característicos de su figura; habla de sus manos casi femeninas, de su estatura elevada, un poco encorvada, flexible; de su aspecto noble y bello, su frente alta y abultada, sus gafas, el suave trazo de sus labios, su mentón marcado, enérgico... Se sorprende, por otra parte, con su hermosa voz de tenor, de timbre puro y agradable que encantaba con claras particularidades fonéticas irlandesas.



James Joyce trabaja en el Ulises durante ocho años. Después de los intentos de Miss Harriet-Weaver, en la revista «The Egoist Press», en 1918 comienza la publicación completa de la novela como folletín en la «Little Review», dirigida en Nueva York por Margaret Anderson y Jane Heap. Esta publicación periódica queda interrumpida por la suspensión de la «Little Review», en 1920, y el proceso de sus directoras. En este mismo año, Sylvia Beach, dueña de la librería angloamericana de París, Shakespeare and Company, conoce a Joyce, se entusiasma con el Ulises y asume la responsabilidad de su publicación.





En febrero de 1922 se pone a la venta la primera edición en libro de la famosa obra de Joyce. Una conferencia de Valéry Larbaud, publicada después en la «Nouvelle Revue Française», la colaboración del poeta norteamericano Ezra Pound y la prohibición que pesaba en Inglaterra y Norteamérica sobre el Ulises, contribuyen a su difusión.



Los ejemplares enviados a los suscriptores de Inglaterra y Estados Unidos fueron confiscados y quemados por las autoridades aduaneras de Nueva York y de Folkestone. Por fin, en 1933, el juez neoyorquino John M. Woolsey levanta la prohibición que pesa sobre la novela y llega la edición norteamericana de 1934.

El Ulises es la novela más compleja de la literatura universal. Su autor asedia desde distintos ángulos la vida real contemporánea; capta miles de matices y superficialidades; describe con aliento épico situaciones y caracteres; explora parcelas inéditas del alma humana; interpreta la corriente de la conciencia; abre las misteriosas válvulas del subconsciente.

En la gran obra de Joyce son frecuentes los virajes: de la percepción objetiva a la introspección, de los crudos brochazos naturalistas a las sublimaciones poéticas. Dos procedimientos estéticos están alternando: un impresionismo estático y un dinámico expresionismo.

El novelista irlandés logra una asombrosa conquista lingüística. El lenguaje es para algunos críticos el principal personaje. En realidad juega tan importante papel en el libro como las experiencias de la vida dublinesa y la andadura de los personajes.

El Ulises se desarrolla en tres planos: la vida cotidiana de la ciudad de Dublín, los secretos de la introspección de los protagonistas y las especulaciones intelectuales y religiosas.



En el Ulises, como en las anteriores narraciones de Joyce, volvemos a encontrar una indudable carga autobiográfica. La novela transcurre en un día estival de 1904, cuando el autor era profesor en una escuela de los alrededores de Dublín. El novelista está encarnado en la conocida figura de Stephen Dedalus; tiene, como él, 22 años, está movido por las mismas preocupaciones intelectuales, sufre una crisis religiosa, salta de lo especulativo a lo sensual.

El escritor dublinés introduce en su roman fleuve personajes de escalonados estamentos sociales: profesores, estudiantes, jesuitas, periodistas, agentes de publicidad, comerciantes, ciudadanos «honorables», marineros, taberneros, cocheros, cantantes, camareros, empleados, alcahuetas, mujeres de vida airada, soldados, guardias, oficiales, vagabundos, mendigos...

El Ulises es un ejemplo de limitación del tiempo cronológico. La acción transcurre únicamente en el día 16 de junio de 1904 y las primeras horas del 17. Desde la primera escena a la última página transcurren 18 horas y 45 minutos.

La estructura de La Odisea sirve de armazón para la novela de Joyce. El novelista irlandés, seducido por la búsqueda de antecedentes clásicos de los acontecimientos modernos, proyecta los episodios de la epopeya homérica sobre el plano de la capital dublinesa, protagonizados por personajes de comienzos de nuestro siglo.

Leopoldo Bloom personifica a Ulises en su condición de hombre errante, desplazado de su hogar, sometido a peligros, burlado. Es un ejemplo contemporáneo de frustración psicológica, desajuste social y discriminación racial.



La acción nuclear del Ulises se proyecta sobre el reducido tiempo presente de un día. El tiempo cronológico coincide aproximadamente con la lectura detenida de la novela. Pero a través de la introspección, de la corriente de la conciencia, del interrogatorio de la tercera parte, se rompe la secuencia temporal con frecuentes saltos al pasado. El presente y el pasado, lo real y lo imaginado, se funden con frecuencia en el repensar de los personajes. Por otra parte, los tiempos psicológicos son distintos, según los episodios. La narración, unas veces se dinamiza, otras se remansa en tempo lento.

Dentro del acontecer presente sobre el plano de la ciudad dublinesa, Joyce ensaya varias veces la técnica contrapuntística. Además del paralelismo entre las andanzas matinales de Esteban y Bloom se apuntan, a través de la segunda parte, rápidas situaciones y percepciones contrapuntísticas. En el capítulo VIII, mientras Leopoldo trata de olvidar la infidelidad de su mujer, Boylan acude a la cita con ella; y la manipulación de la señorita Douce en la llave de la cerveza se sincroniza con lo que está sucediendo en el número 7 de la calle Eccles.



En el décimo episodio, con los pensamientos anhelantes de la joven Gerty se sincronizan los cantos religiosos de la iglesia cercana y los juegos de los niños. Pero el más claro ejemplo contrapuntístico está en el capítulo VII, con la simultaneidad de cuadros protagonizados por personajes distintos: Corny Kelleher cierra su libro diario; el P. Commee sube a un tranvía; un marinero se desliza por la esquina debruzado en las muletas y pide limosna con su gran gorra; pilluelos descalzos chupan regaliz; Boody y Ratey toman la sopa en la cocina llena de humo; la chica rubia prepara una cestilla de flores a Blazes Boylan; la mecanógrafa señorita Dunne escribe y atiende al teléfono...

En el último capítulo del Ulises, Joyce interrumpe el relato normal para servirse de una forma interrogativa que bordea a veces el monólogo, el fluir de la conciencia. El regreso inseguro, vacilante, con «resaca», de Bloom y Dedalus está sometido a un minucioso interrogatorio.

El taladro de las interrogaciones, formuladas en forma gramaticalmente impersonalizada, descubre el deambular de los protagonistas, su conversación, sus preferencias, sus divergencias, sus recuerdos infantiles y juveniles, sus sensaciones volitivas.

Las 80 páginas de este insólito formulario, estructurado como un catecismo o un interrogatorio judicial, nos sirven para reconstruir las fichas completas de los protagonistas: relación entre sus edades, encuentros anteriores, circunstancias, carácter...

Las respuestas forzadas, rápidas o minuciosas saltan de lo subjetivo a lo objetivo: de los pensamientos de Bloom a sus esfuerzos para entrar en el patio y abrir la puerta de casa; de sus manipulaciones a las estadísticas del caudal de agua de la ciudad de Dublín; del fenómeno de ebullición a la minuciosa descripción del aparador...

El interrogatorio se desplaza sobre Bloom o Dedalus o se proyecta sobre los dos. Después de la despedida de Esteban, Leopoldo se queda solo en la alta noche y todas las preguntas se centran sobre sus sensaciones, sus pensamientos, sus gestos. Joyce nos descubre entonces su habitación, su mobiliario de pequeño burgués; cataloga los libros de su pequeña biblioteca; reproduce su lista de gastos del día; penetra en sus planes para hacerse rico; revisa lentamente el contenido de los cajones; ausculta reminiscencias e impresiones presentes...

Con los actos de acostarse, un nuevo problema se incorpora a la corriente de la conciencia del héroe: su mujer Marion, envuelta en ideas de celos, de envidia, de sexualidad.
Fuente : Varela Jácome, Benito, Renovación de la novela en el siglo XX 
Biblioteca Virtual Cervantes


http://oyeborges.blogspot.com/2010/06/el-ulises-de-joyce.html

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100 AÑOS DEL CREADOR DE "ULISES"

James Joyce, la accidentada biografía de un genio del siglo


2 FEB 1982
James Joyce, el genial creador de Ulises y de Finnegans Wake, nació hace hoy cien años en Dublín. Como dice su colega británico Anthony Burgess en un artículo que EL PAIS publica en las dos páginas siguientes, este autor revolucionario ha llegado a ser tan clásico como Goethe o Beethoven, pero sigue teniendo la virtud de molestar. En su país, Irlanda, hace tiempo que le admitieron como un genio, superados los años en que la simple mención de su nombre surtía el efecto de una provocación. Este año, el centenario de Joyce es celebrado allí con el entusiasmo con que se festeja a un héroe. En el Reino Unido las dimensiones de este homenaje no son menores. Y en España, sin ir más lejos, la Universidad de Sevilla prepara para marzo un congreso en el que la figura de Joyce va a ser estudiada por especialistas de todo el mundo. Ha sido organizado por la cátedra de Literatura Inglesa. El joycentenario demuestra que Joyce sigue tan vivo como la controversia que despertó.

Nació James Augustine Joyce el 2 de febrero de 1882 en Rathgar, una pequeña localidad del sur de Dublín. Su padre, John Stanislaus, un hombre pintoresco, borracho y gandul, que le sirvió a su hijo de modelo para su Earwicker de Finnegans Wake, era vendedor de licores y dueño de un garito próximo a su casa. Se arruinó cuando Joyce tenía nueve años y estaba interno en un colegio de jesuitas de Clongowes Wood. La familia del escritor ya no vivía entonces en Dublín, sino en Bray, junto al mar, en una casa barata meticulosamente descrita en Retrato del artista adolescente.


La ruina del padre sacó al hijo del aristocrático colegio de Clongowes y de la casita junto al mar. Los Joyce volvieron con la cabeza agachada a Dublín, y el niño ingresó en una escuela gratuíta de los Hermanos de la Doctrina Cristiana.


En 1899 se destapa el hombre, el escritor y el heterodoxo. Tenía 17 años cuando se inició en el sexo, escribió su primera cuartilla y tomó un camino fuera del rebaño. Fue el 8 de mayo, con motivo de una manifestación de estudiantes católicos contra una obra teatral de Yeats, Countess Cathleen, que ponía en solfa el patriotismo irlandés y la religión católica. Joyce se alineó junto a Yeats y escribió un drama hoy perdido, A Brilliant Career. Ya nunca le abandonará su encono contra el conformismo irlandés. Decidió irse de su país y, efectivamente, lo hizo en 1902, cuando tenía veinte años.

Se fue a París a estudiar Medicina y sólo encontró mujeres y literatura. En octubre volvió a Dublín y descubrió a su familia en la más absoluta miseria. Conoció a Synge y al terrorista Casey, que inspiró al Kevin Egan de Ulises. Le encontramos en Dublín un año despues, justo a tiempo de ver morir a su madre y de comenzar el esbozo de Retrato. Se quedó en su ciudad natal durante un año y comenzó a beber seriamente. Se unió a Nora Barnacle y volvió al continente. Nació su hijo George. Y siguió bebiendo.En 1906, instalado en Trieste, acabó y publicó los relatos de Dublineses. Se separó de Nora y huyó a Roma, donde siguió bebiendo cada vez más. Lo encontraron tirado en una acera, totalmente borracho, al amanacer. En sus escasos ratos lúcidos planeó una novela sobre la vida de un judío dublinés y escribió a su tía Josefina una carta pidiéndole planos de Dublín, periódicos y revistas con los que ambientarse. Es el comienzo de Ulises. Tenía 24 años y seguiá emborrachándose cada día.

Le amenazaban ya la ceguera, el hambre y el reuma cuando volvió a Trieste en busca de Nora, que acababa de dar a luz a Lucía en la sala de indigentes de un hospital. Los celos, las borracheras hasta el alba y las inacabables peleas con su mujer, le hicieron de nuevo huir, esta vez a Dublín, donde bebió compulsivamente, además de alcohol, los ambientes, y lenguajes que van a poblar Ulises. Las broncas con Nora dejaron paso a refriegas con sus hermanos, y volvió a Tríeste, donde encontró a Nora asaltada por un periodista llamado Prezioso. La violencia asomó a su carácter.

Sus celos se recrudecieron después de que Nora y sus hijos salieran de viaje a Irlanda. Corrió tras de ellos, obsesionado por la ideade que Nora se encontrase en Dublín con un antiguo novio suyo. Volvió a Trieste y se enamoró de una joven judía alumna suya. Se le pasó y volvió a escribir. Terminó Exiliados y comenzó Ulises. Se fue a vivir a Zurich huyendo de la guerra, a su ojo izquierdo le asaltó un glaucoma, Yeats y Ezra Pound le gestionaron una beca, entró en pleitos, se gastó todo su dinero en la fundación de una compañía de teatro, publicó Retrato del artista, y volvió a enamorarse.

Acabada la guerra Joyce se instaló en París. Su nombre comienza a ser conocido. En octubre de 1920, a causa de la publicación de un cuento suyo, Nausicaa, hubo una querella contra Little Rewiew. En 1922 publica Ulises y en 1924 comienza Finnegans Wake. La casa de Joyce se convierte en uno de los puntos de encuentro de escritores de habla inglesa en París, entre ellos Samuel Beckett. Son los primeros años de éxito, pero la infelicidad sigue asaltándole. Su hija Lucía presenta los primeros síntomas de enajenación en 1929, sus eternos problemas oculares se agudizan y su padre muere unos meses antes de que Joyce y Nora cambiaran su unión libre en matrimonio legal.

Lucía ingresó en un manicomio en 1932 y poco después se entabló en los Estados Unidos el primer pleito contra Ulises. En 1934, tras una de calma fugaz, la locura de Lucía se hace furiosa. Joyce bebe más que nunca y trabaja en Finnegans Wake, que se publica en 1939, entre peleas de Joyce con su secretario Paul León, la total postración de Lucía y el divorcio de George. El 17 de diciembre de 1940, otra vez huyendo de la guerra, Joyce vuelve a Zurich. Murió veintisiete días después, el 13 de enero de 1941, pocos días antes de cumplir 58 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 1982

http://elpais.com/diario/1982/02/02/cultura/381452403_850215.html


41 años
1923

James Joyce

   (Irlanda, 1882-1941)
  Novelista y poeta irlandés cuya agudeza psicológica e innovadoras técnicas literarias expresadas en su novela épica Ulises le convierten en uno de los escritores más importantes del siglo XX. Joyce nació en Dublín el 2 de febrero de 1882. Hijo de un funcionario acosado por la pobreza, estudió con los jesuitas, y en la Universidad de Dublin. Educado en la fe católica, rompió con la Iglesia mientras estudiaba en la universidad. En 1904 abandonó Dublín con Nora Barnacle, una camarera con la que acabaría casándose. Vivieron con sus dos hijos en Trieste, París y Zürich con los escasos recursos proporcionados por su trabajo como profesor particular de inglés y con los préstamos de algunos conocidos. En 1907 Joyce sufrió su primer ataque de iritis, grave enfermedad de los ojos que casi le llevó a la ceguera. Siendo estudiante universitario, Joyce logró su primer éxito literario poco después de cumplir 18 años con un artículo, 'El nuevo drama de Ibsen', publicado en la revista Fortnightly Review de Londres. Su primer libro, Música de Cámara (1907), contiene 36 poemas de amor, muy elaborados, que reflejan la influencia de la poesía lírica isabelina y los poetas líricos ingleses de finales del siglo XIX. En su segunda obra, un libro de 15 cuentos titulado Dublineses (1914), narra episodios críticos de la infancia y la adolescencia, de la familia y la vida pública de Dublín. Estos cuentos fueron encargados para su publicación por una revista de granjeros, The Irish Homestead, pero el director decidió que la obra de Joyce no era adecuada para sus lectores. Su primera novela, Retrato del artista adolescente (1916), muy autobiográfica, recrea su juventud y vida familiar en la historia de su protagonista, Stephen Dedalus. Incapaz de conseguir un editor inglés para la novela, fue su mecenas, Harriet Shaw Weaver, directora de la revista Egoist, quien la publicó por su cuenta, imprimiéndola en Estados Unidos. En esta obra, Joyce utilizó ampliamente el monólogo interior, recurso literario que plasma todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones de un personaje con un realismo psicológico escrupuloso. También de esta época data su obra de teatro Exiliados (1918). 

Joyce alcanzó fama internacional en 1922 con la publicación de Ulises, una novela cuya idea principal se basa en la Odisea de Homero y que abarca un periodo de 24 horas en las vidas de Leopold Bloom, un judío irlandés, y de Stephen Dedalus, y cuyo clímax se produce al encontrarse ambos personajes. El tema principal de la novela gira en torno a la búsqueda simbólica de un hijo por parte de Bloom y a la conciencia emergente de Dedalus de dedicarse a la escritura. En Ulises, Joyce lleva aún más lejos la técnica del monólogo interior, como medio extraordinario para retratar a los personajes, combinándolo con el empleo del mimetismo oral y la parodia de los estilos literarios como método narrativo global. La revista estadounidense Little Review empezó en 1918 a publicar los capítulos del libro hasta que fue prohibido en 1920. Se publicó en París en 1922. Finnegans Wake (1939), su última y más compleja obra, es un intento de encarnar en la ficción una teoría cíclica de la historia. La novela está escrita en forma de una serie ininterrumpida de sueños que tienen lugar durante una noche en la vida del personaje Humphrey Chimpden Earwicker. Simbolizando a toda la humanidad, Earwicker, su familia y sus conocidos se mezclan, como los personajes oníricos, unos con otros y con diversas figuras históricas y míticas. Con Finnegans Wake, Joyce llevó su experimentación lingüística al límite, escribiendo en un lenguaje que combina el inglés con palabras procedentes de varios idiomas. Las otras obras publicadas son dos libros de poesía, Poemas, manzanas (1927) y Collected Poems (1936). Stephen, el héroe, publicada en 1944, es una primera versión de Retrato. Además, en 1968, su biógrafo Richard Ellman publicó un original inédito Giacomo, pequeña obra considerada el antecedente del Ulises. Joyce empleaba símbolos para expresar lo que llamó 'epifanía', la revelación de ciertas cualidades interiores. De esta manera, sus primeros escritos describen desde dentro modos individuales y personajes, así como las dificultades de Irlanda y del artista irlandés a comienzos del siglo XX. Las dos últimas obras, Ulises y Finnegans Wake, muestran a sus personajes en toda su complejidad de artistas y amantes desde diversos aspectos de sus relaciones familiares. Al emplear técnicas experimentales para comunicar la naturaleza esencial de las situaciones reales, Joyce combinó las tradiciones literarias del realismo, el naturalismo y el simbolismo plasmándolos en un estilo y una técnica únicos. Después de vivir veinte años en París, cuando los alemanes invadieron Francia al principio de la II Guerra Mundial, Joyce se trasladó a Zürich, donde murió el 13 de enero de 1941.  © M.E.

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Estatua de Joyce ubicada en una calle de Dublin


Obras y publicaciones

Música de cámara (Chamber Music), 1907.
Dublineses (Dubliners), 1914.
Retrato del artista adolescente (Portrait of the Artist as a Young Man), 1916.
Exiliados (Exiles), 1918.
Ulises (Ulysses), 1922.
Poemas manzanas o Poemas a penique (Pomes Penyeach), 1927.
Collected Poems (1936, poesía)
Finnegans Wake, 1939.

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Joyce estatua en Dublin
Publicaciones póstumas
Stephen Hero (Stephen el héroe, escrito en 1904–06, publicado en 1944)
Letters of James Joyce Vol. 1 (cartas, Ed. Stuart Gilbert1957)
The Critical Writings of James Joyce (escritos críticos, Eds. Ellsworth Mason y Richard Ellman1959)
Letters of James Joyce Vol. 2 (Ed. Richard Ellman, 1966)
Letters of James Joyce Vol. 3 (Ed. Richard Ellman, 1966)
Giacomo Joyce (poema escrito en 1907, publicado en 1968)
Selected Letters of James Joyce (Ed. Richard Ellman, 1975)

Adaptaciones cinematográficas


Tanto la obra de Joyce como su propia vida, han sido objeto de diversas adaptaciones para el cine después de su muerte.
Finnegans Wake (de Mary Ellen Bute1965)
Ulises (de Joseph Strick1967)
Retrato del artista adolescente (de Joseph Strick1977)
James Joyce's Women (de Michael Pearce1985)
Dublineses (de John Huston1987)
Nora (de Pat Murphy2000)
Bloom (de Sean Walsh2003)



me gustan las flores quisiera tener la casa entera nadando en rosas
Dios del cielo no hay nada como la naturaleza
las montañas salvajes luego el mar y las olas precipitándose
luego la hermosa campiña con campos de avena y trigo y todo género de cosas y todo el lindo ganado andando por allí que haría bien al corazón ver los ríos y los lagos y las flores y todo género de formas y olores y colores brotando hasta de las zanjas primaveras y violetas eso es la naturaleza para aquellos que dicen que no hay Dios no daría ni el blanco de una uña por toda su ciencia por qué no se ponen a crear algo le preguntaba muchas veces al ateos o como se llamen que vayan primero a lavarse sus miserias luego van pidiendo a gritos un sacerdote cuando se mueren y por qué por qué porque tienen miedo del infierno a causa de su mala conciencia ah sí les conozco bien quién fue la primera persona en el universo antes de que hubiera nadie el que lo hizo todo ah ellos no saben y yo tampoco así pues podrían lo mismo tratar de impedir que el sol saliera mañana el sol brilla por ti me dijo el día que estábamos tumbados entre los rododendros en el promontorio de Howth con el traje de mezclilla gris y su sombrero de paja el día que conseguí que se me declarara si primero le di un poco de la torta de semilla que tenía dentro de mi boca y era bisiesto como ahora sí hace dieciséis años Dios mío tras aquel largo beso yo casi perdí el aliento sí él decía que yo era una flor de la montaña sí eso somos flores todo el cuerpo de mujer sí esa fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla hoy por ti sí por eso me gustó porque vi que comprendía o sentía como es una mujer y supe que yo podría hacer de él lo que quisiera y le di todo el placer que podía para llevarle a que me pidiera que dijese sí y yo primero no quería contestarle mirando sólo el mar y el cielo estaba pensando en tantas cosas que él no sabía de Mulvey y Mr. Stanhope y Hester y de Papá y del viejo capitan Groves y de los marinos que jugaban a pájaro al vuelo y a saltar del burro y a lavar platos como ellos lo llamaban en el malecón y el centinela frente a la casa del gobernador con esa cosa alrededor del casco blanco pobre diablo medio achicharrado y de las muchachas españolas riendo con sus mantones y sus altas peinetas y de los gritos por la mañana de los griegos judíos árabes y Dios sabe quienes más de todos los rincones de Europa y de la calle del duque y del mercado de aves todas cloqueando ante Larby Sharon y de los pobres burros resbalando medio dormidos y de los vagos tipos dormidos con su cara a la sombra de las gradas y delas grandes ruedas de los carros de bueyes del viejo castillo de hace miles de años sí y de todos aquellos hermosos moros todos de blanco y con turbante como reyes pidiéndole a una que se sentara en su tiendecita y de Ronda con las viejas ventanas de las posadas ojos mirando tras las rejas ocultos para que el enamorado bese los barrotes y de las tiendas de vinos entreabiertas por la noche y las castañueñas y de la noche que perdimos el barco de Algeciras el vigilante rondando sereno con su linterna y oh el mar el mar carmesí a veces como de fuego y las soberbias puestas de sol y las higueras de los jardínes de la Alameda si todas las raras callejuelas y las casas rosa y azul y amarillo y de las rosaledas y los jazmines y los geranios y cactus y de Gibraltar cuando niña y cuando flor de montaña sí cuando puse la rosa en mis cabellos como las muchachas andaluzas la llevan y debí llevar una roja sí, y cómo él me besaba al pie de la pared morisca y me pareció bien lo mismo de él que de otro y después le pedí con los ojos para poder volverle a pedir sí y él luego me pidió si quería decir sí mi flor de montaña y primero le rodeé con mis brazos y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis pechos todo perfume sí y su corazón latía como alocado y sí dije si quiero Sí

Dios mío después de aquel largo beso casi me quedo sin
respiración si dijo que yo era una flor de la montaña sí que somos flores todas el cuerpo de mujer sí fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla para ti hoy si por eso me gustaba por que vi que entendía o sentía lo que es una mujer y yo sabía que siempre le podía buscar las vueltas y le di todo el placer que pude invitándole hasta que me pidió que dijera sí yo no queda contestar al principio sólo miré a lo lejos el mar y al cielo pensaba en tantas cosas que él no sabía en Mulvey y Mr. Stanhope y en Hester y en padre y en el viejo capitán Groves y en los marineros jugando a antónpirulero y a las prendas y a mear alto como ellos lo llamaban...
y los ventorrillos medio abiertos por la noche y las
castañuelas y la noche que perdimos el barco en Algeciras y el sereno de un sitio para otro sereno con su farol y O aquel abismal torrente O y el mar el mar carmesí a veces como fuego y las puestas de sol gloriosas y las higueras en los jardines de la Alameda si y todas aquellas callejuelas extrañas y las casas de rosa y de azul y de amarillo y las rosaledas y los jazmines y los geranios y las chumberas y el Gibraltar de mi niñez cuando yo era una Flor de montaña sí cuando me ponía la rosa en el pelo como hacían las muchachas andaluzas o me pondré una roja sí y cómo me besaba junto a la muralla mora y yo pensaba bien lo mismo da él que otro y entonces le pedí con la mirada que me lo pidiera otra vez sí y entonces me preguntó sí queda sí decir sí mi flor de la montaña y al principio le estreché entre mis brazos sí le apreté contra mí para que sintiera mis pechos todo perfume sí y su corazón parecía desbocado y sí dije sí quiero Sí

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Final del Monólogo de Molly Bloom
James Joyce

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''El largo e impuntuado monólogo de Mrs. Bloom, que cierra el libro [escribe Arnold Bennet en The Outlook] (cuarenta difíciles páginas, unas veinticinco mil palabras sin la menor puntuación) son su realismo enteramente convincente podría ser un documento auténtico, el mágico registro de los pensamientos más íntimos de una mujer existente. ¡Se habla sobre la comprensión de la ''psicología femenina''!... No he leído nada que lo supere y dudo que se haya escrito nunca nada que lo iguale


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Joyce, Moune  y Stuart Gilbert, Zürich, c. 1932.

Stuart Gilbert

Stuart Gilbert (25 de octubre 1883 - 5 de enero de 1969) fue un crítico literario y traductor inglés. Entre sus traducciones al inglés se encuentran las obras de André Malraux, Antoine de Saint-Exupéry, Georges Simenon, Jean Cocteau, Albert Camus y Jean-Paul Sartre. También colaboró en la traducción del Ulises, de James Joyce, al francés.
Gilbert nació en Kelvedon Hatch, Essex, el 25 de octubre de 1883, hijo único de un oficial retirado del ejército, Arthur Stronge Gilbert, y de su esposa, Melvina Kundiher Singh. Asistió al colegio Cheltenham y al Hertford College, de la Universidad de Oxford, obteniendo un Primer Grado en Classical Moderations por esa Universidad. Después de esto, se unió al Indian Civil Service en 1907, y tras cumplir el servicio militar en la Primera Guerra Mundial, sirvió como juez en Birmania hasta 1924. Entonces se retiró y se estableció en Francia con su esposa Moune, de origen francés (de soltera Marie Agnès Mathilde Douin). Permaneció en dicho país durante el resto de su vida, a excepción de una temporada que pasó en Gales, durante la Segunda Guerra Mundial.
Gilbert fue uno de los primeros estudiosos joyceanos. Leyó Ulises mientras estaba en Birmania, y la novela le causó un fuerte impacto. Su esposa contó cómo llegarían a conocer en persona a Joyce. Un día iban paseando por el Barrio Latino de París y pasaron junto a la librería Shakespeare and company, donde aparecían en un escaparate algunas páginas mecanografiadas de una traducción francesa del Ulises, realizada por Auguste Morel y Valery Larbaud. Gilbert señaló que había varios errores graves en la versión francesa, y entonces se presentó a Sylvia Beach, dueña de la librería, quien quedó impresionada por sus críticas a la traducción. Beach anotó su nombre y número de teléfono, y le comunicó que Joyce (que estaba ayudando en la traducción) se comunicaría con él. Aquí comenzó una amistad de muchos años entre Joyce y Gilbert. Éste publicó James Joyce's "Ulysses": A Study, en 1930 y, años después, en 1957, una colección de cartas del irlandés.
Stuart Gilbert en la última década de su vida tradujo numerosos textos para el editor de libros de arte suizo Albert Skira.
Gilbert murió en su casa de París, rue Jean du Bellay nº 7, el 5 de enero de 1969.
En el Harry Ransom Humanities Research Center, de la Universidad de Texas, se conserva abundante material sobre este intelectual, especialmente en lo tocante a su relación con James Joyce y a su trabajo como traductor. Este material consiste en correspondencia, diarios, cuadernos de notas, recortes de prensa, fotografías, etc., todo ello generado entre 1900 y 1985.

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