En caso de que exista algo que pueda denominarse teoría literaria, resulta obvio que hay una cosa que se denomina literatura sobre la cual teoriza. Consiguientemente podemos principiar planteando la cuestión ¿qué es literatura? 
Varias veces se ha intentado definir la literatura. Podría definírsela, por ejemplo, como obra de "imaginación", en el sentido de ficción, de escribir sobre algo que no es literalmente real. Pero bastaría un instante de reflexión sobre lo que comúnmente se incluye bajo el rubro de literatura para entrever que no va por ahí la cosa. La literatura inglesa del siglo XVII incluye a Shakespeare, Webster, Marvell y Milton, pero también abarca los ensayos de Francis Bacon, los sermones de John Donne, la autobiografía espiritual de Bunyan y aquello —llámese como se llame— que escribió Sir Thomas Browne. Más aún, incluso podría llegar a decirse que comprende el Leviatan de Hobbes y la Historia de la rebelión de Clarendon. A la literatura francesa del siglo XVII pertenecen, junto con Corneille y Racine, las máximas de La Rochefoucauld, las oraciones fúnebres de Bossuet, el tratado de Boilean sobre la poesía, las cartas que Madame de Sevigné dirigió a su hija, y también los escritos filosóficos de Descartes y de Pascal. En la literatura inglesa del siglo XIX por lo general quedan comprendidos Lamb (pero no Bentham), Macaulay (pero no Marx), Mili (pero no Darwin ni Herbert Spencer). 
El distinguir entre "hecho" y "ficción", por lo tanto, no parece encerrar muchas posibilidades en esta materia, entre otras razones (y no es ésta la de menor importancia), porque se trata de un distingo a menudo un tanto dudoso. Se ha argüido, pongamos por caso, que la oposición entre lo "histórico" y lo "artístico" por ningún concepto se aplica a las antiguas sagas islándicas (1). En Inglaterra, a fines del siglo XVI y principios del XVII, la palabra "novela" se empleaba tanto para denotar sucesos reales como ficticios; más aún, a duras penas podría aplicarse entonces a las noticias el calificativo de reales u objetivas. Novelas e informes noticiosos no eran ni netamente reales u objetivos ni netamente novelísticos. Simple y sencillamente no se aplicaban los marcados distingos que nosotros establecemos entre dichas categorías (2). Sin duda Gibbon pensó que estaba consignando verdades históricas, y quizá pensaron lo mismo los autores del Génesis. Ahora algunos leen esos escritos como si se tratase de  hechos, pero otros los consideran “ficción”. Newman, ciertamente, consideró verdaderas sus meditaciones teológicas, pero hoy en día muchos lectores las toman como "literatura". Añádase que si bien la literatura incluye muchos escritos objetivos excluye muchos que tienen carácter novelístico. Las tiras cómicas de Superman y las novelas de Mills y Boon refieren temas inventados pero por lo general no se consideran como obras literarias y ciertamente, quedan excluidos de la literatura.  Si se considera que los escritos “creadores" o "de imaginación" son literatura, ¿quiere esto decir que la historia, la filosofía y las ciencias naturales carecen de carácter creador y de imaginación? 
Quizá haga falta un enfoque totalmente diferente. Quizá haya que definir la literatura no con base en su carácter novelístico o “imaginario” sino en su empleo característico de la lengua. De acuerdo con esta teoría, la literatura consiste en una forma de escribir, según palabras textuales del crítico ruso Roman Jakobson, en la cual "se violenta organizadamente el lenguaje ordinario". La literatura transforma e intensifica el lenguaje ordinario, se aleja sistemáticamente de la forma en que se habla en la vida diaria. Si en una parada de autobús alguien se acerca a mi y me murmura al oído: “Sois la virgen impoluta del silencio”, caigo inmediatamente en la cuenta de que me hallo en presencia de lo literario. Lo comprendo porque la textura, ritmo y resonancia de las palabras exceden, por decirlo así, su significado “abstraíble” o bien, expresado en la terminología técnica de los lingüistas, porque no existe proporción entre el significante y el significado. El lenguaje empleado atrae sobre sí la atención, hace gala de su ser material, lo cual no sucede en frases como "¿No sabe usted que hay huelga de choferes?''. 
De hecho, esta es la definición de lo "literario" que propusieron los formalistas rusos, entre cuyas filas figuraban Viktor Shklovsky, Roman Jakobson, Osip Brik, Yury Tynyanov, Boris Eichenbaum y Boris Tomashevsky. Los formalistas surgieron en Rusia en los años anteriores a la revolución bolchevique de 1917, y cosecharon laureles durante los años veinte, hasta que Stalin les impuso silencio. Fue un grupo militante y polémico de críticos que rechazaron las cuasi místicas doctrinas simbolistas que anteriormente habían influido en la crítica literaria, y que con espíritu científico práctico enfocaron la atención a la realidad material del texto literario. Según ellos la crítica debía separar arte y misterio y ocuparse de la forma en que los textos literarios realmente funcionan. La literatura no era una seudorreligión, psicología o sociología sino una organización especial del lenguaje. Tenía leyes propias específicas, estructuras y recursos, que debían estudiarse en si mismos en vez de ser reducidos a algo diferente. La obra literaria no era ni vehículo ideológico, ni reflejo de la realidad social ni encarnación de alguna verdad trascendental, era un hecho material cuyo funcionamiento puede analizarse como se examina el de una máquina. La obra literaria estaba hecha de palabras, no de objetos o de sentimientos, y era un error considerarla como expresión del criterio de un autor Osip Brik dijo alguna vez —con cierta afectación y a la ligera— que Eugenio Onieguin, el poema de Pushkin, se habría escrito aunque Pushkin no hubiera existido. 
El formalismo era esencialmente la aplicación de la lingüística al estudio de la literatura; y como la lingüística en cuestión era de tipo formal, enfocada más bien a las estructuras del lenguaje que a lo que en realidad se dijera, los formalistas hicieron a un lado el análisis del "contenido" literario (donde se puede sucumbir a lo psicológico o a lo sociológico), y se concentraron en el estudio de la forma literaria. Lejos de considerar la forma como expresión del contenido, dieron la vuelta a estas relaciones y afirmaron que el contenido era meramente la "motivación" de la forma, una ocasión u oportunidad conveniente para un tipo particular de ejercicio formal. El Quijote no es un libro acerca de un personaje de ese nombre, el personaje no pasa de ser un recurso para mantener unidas diferentes clases de técnicas narrativas. Rebelión en la granja (de Orwell) no era, según los formalistas, una alegoría del estalinismo, por el contrario, el estalinismo simple y llanamente proporcionó una oportunidad útil para tejer una alegoría. Esta desorientada insistencia ganó para los formalistas el nombre despreciativo que les adjudicaron sus antagonistas. Aun cuando no negaron que el arte se relacionaba con la realidad social —a decir verdad, algunos formalistas estuvieron muy unidos a los bolcheviques— sostenían desafiantes que esta relación para nada concernía al crítico. 
Los formalistas principiaron por considerar la obra literaria como un conjunto más o menos arbitrario de "recursos", a los que sólo más tarde estimaron como elementos relacionados entre si o como "funciones" dentro de un sistema textual total. Entre los "recursos" quedaban incluidos sonido, imágenes, ritmo, sintaxis, metro, rima, técnicas narrativas, en resumen, el arsenal entero de elementos literarios formales. Estos compartían su efecto “enajenante” o “desfamiliarizante”. Lo específico del lenguaje literario, lo que lo distinguía de otras formas de discurso era que "deformaba" el lenguaje ordinario en diversas formas. Sometido a la presión de los recursos literarios, el lenguaje literario se intensificaba, condensaba, retorcía, comprimía, extendía, invertía. El lenguaje "se volvía extraño", y por esto mismo también el mundo cotidiano se convertía súbitamente en algo extraño, con lo que no está uno familiarizado. En el lenguaje rutinario de todos los días, nuestras percepciones de la realidad y nuestras respuestas a ella se enrancian, se embotan o, como dirían los formalistas, se “automatizan”. La literatura, al obligarnos en forma impresionante a darnos cuenta del lenguaje, refresca esas respuestas habituales y hace más 'perceptibles' los objetos. Al tener que luchar más arduamente con el lenguaje, al preocuparse por él más de lo que suele hacerse, el mundo contenido en ese lenguaje se renueva vividamente. Quizá la poesía de Gerard Manley Hopkins proporcione a este respecto un ejemplo gráfico. El discurso literario aliena o enajena el lenguaje ordinario, pero, paradójicamente, al hacerlo, proporciona una posesión más completa, más íntima de la experiencia. Casi siempre respiramos sin darnos cuenta de ello el aire, como el lenguaje, es precisamente el medio en que nos movemos. Ahora bien, si el aire de pronto se concentrara o contaminara tendríamos que fijarnos más en nuestra respiración, lo cual quizá diera por resultado una agudización de nuestra vida corporal. Leemos una nota garrapateada por un amigo sin prestar mucha atención a su estructura narrativa, pero si un relato se interrumpe y después recomienza, si cambia constantemente de nivel narrativo y retarda el desenlace para mantenernos en suspenso nos damos al fin cuenta de como está construido y, al mismo tiempo, quizá también se haga más intensa nuestra participación. El relato, el argumento, como dirían los formalistas, emplea recursos que “entorpecen" o "retardan" a fin de retener nuestra atención. En el lenguaje literario, estos recursos "quedan al desnudo". Esto es lo que movió a Viktor Shklovsky a comentar maliciosamente que Tristram Shandy, de Laurence Sterne, es una novela que entorpece su propia línea narrativa a tal grado que a duras penas por fin comienza, y que “es la novela más típica de la literatura mundial” 
Los formalistas, por consiguiente, vieron el lenguaje literario como un conjunto de desviaciones de una norma, como una especie de violencia lingüística: la literatura es una clase "especial" de lenguaje que contrasta con el lenguaje “ordinario" que generalmente empleamos. El reconocer la desviación presupone que se puede identificar la norma de la cual se aparta. Si bien el lenguaje ordinario es un concepto del que están enamorados algunos filósofos de Oxford, el lenguaje de estos filósofos tiene poco en común con la forma ordinaria de hablar de los cargadores portuarios de Glasgow. El lenguaje que los miembros de estos dos grupos sociales emplean para escribir cartas de amor usualmente difiere de la forma en que hablan con el párroco de la localidad. No pasa de ser una ilusión el creer que existe un solo lenguaje “normal” , idea que comparten todos los miembros de la sociedad. Cualquier lenguaje real y verdadero consiste en gamas muy complejas del discurso, las cuales se diferencian según la clase social, la región, el sexo, la categoría y así sucesivamente, factores que por ningún concepto pueden unificarse cómodamente en una sola comunidad lingüística homogénea. Las normas de una persona quizá sean irregulares para alguna otra. “Ginne” como sinónimo de “alleyway” (callejón) quizá resulte poético en Brighton pero no pasa de ser lenguaje ordinario en Barnsley. Aun los textos más 'prosaicos' del siglo XV pueden parecernos “poéticos” por razón de su arcaísmo. Si nos cayera en las manos algún escrito breve, aislado de su contexto y procedente de una civilización desaparecida hace mucho, no podríamos decir a primera vista si se trataba o no de un escrito “poético” por desconocer el modo de hablar ordinario de esa civilización, y aun cuando ulteriores investigaciones pusieran de manifiesto características que se “desvían” de lo ordinario no quedaría probado que se trataba de un escrito poético pues no todas las desviaciones lingüísticas son poéticas. Consideremos el caso del argot, del slang. A simple vista no podríamos decir si un escrito en el cual se emplean sus términos pertenece o no a la literatura “realista" sin estar mucho mejor informados sobre la forma en que tal escrito encajaba en la sociedad en cuestión. 
Y no es que los formalistas rusos no se dieran cuenta de todo esto. Reconocían que tanto las normas como las desviaciones cambiaban al cambiar el contexto histórico o social y que, en este sentido, lo "poético" depende del punto donde uno se encuentra en un momento dado. El hecho de que el lenguaje empleado en una obra parezca "alienante" o "enajenante" no garantiza que en todo tiempo y lugar haya poseído esas características. Resulta enajenante sólo frente a cierto fondo lingüístico normativo, pero si éste se modifica quizás el lenguaje ya no se considere literario. Si toda la clientela de un bar usara en sus conversaciones ordinarias frases como “Sois la virgen impoluta del silencio", este tipo de lenguaje dejaría de ser poético. Dicho de otra manera, para los formalistas "lo literario" era una función de las relaciones diferenciales entre dos formas de expresión y no una propiedad inmutable. No se habían propuesto definir la "literatura" sino lo "literario", los usos especiales del lenguaje que pueden encontrarse en textos "literarios" pero también en otros diferentes. Quien piense que la "literatura" puede definirse a base de ese empleo especial del lenguaje tendrá que considerar el hecho de que aparecen más metáforas en Manchester que en Marvell No hay recurso "literario" -metonimia, sinécdoque, lítote, inversión retórica, etc. - que no se emplee continuamente en el lenguaje diario. 
Sin embargo, los formalistas suponían que la “rarefacción" era la esencia de lo literario. Por decirlo as, "relativizaban" este empleo del lenguaje, lo veían como contraste entre dos formas de expresarse. Ahora bien, supongamos que yo oyera decir en un bar al parroquiano de la mesa de al lado “Esto no es escribir, esto es hacer garabatos". La expresión ¿es “literaria” o “no literaria”? Pues es literaria va que proviene de Hambre la novela de Knut Hamsun. Pero ¿cómo sé yo que tiene un carácter literario? Al fin y al cabo no llama la atención por su calidad verbal. Podría decir que reconozco su carácter literario porque estoy enterado de que proviene de esa novela de Knut Hamsun. Forma parte de un texto que yo leí como novelístico, que se presenta como novela, que puede figurar en el programa de lecturas de un curso universitario de literatura, y así sucesivamente. El contexto me hace ver su carácter literario, pero el lenguaje en sí mismo carece de calidad o propiedades que permitan distinguirlo de cualquier otro tipo de discurso, y quien lo empleara en el bar no sería admirado por su destreza literaria. El considerar la literatura como lo hacen los formalistas equivale realmente a pensar que toda literatura es poesía. Un hecho significativo cuando los formalistas fijaron su atención en la prosa a menudo simplemente le aplicaron el mismo tipo de técnica que usaron con la poesía. Por lo general se juzga que la literatura abarca muchas cosas además de la poesía que incluye, por ejemplo, escritos realistas o naturalistas carentes de preocupaciones lingüísticas o de llamativo exhibicionismo. A veces se emplea el adjetivo excelente o (algún sinónimo) a un texto precisamente por que su lenguaje no atrae inmoderadamente la atención. Se admira su sencillez lacónica o su atinada sobriedad  ¿Y qué decir sobre los chascarrillos, las porras deportivas, los lemas o slogans, los encabezados periodísticos, los anuncios publicitarios, a menudo verbalmente llamativos pero que generalmente no se clasifican como literatura? 
Otro problema relacionado con la “rarificación” consiste en que, con suficiente ingenio, cualquier texto adquiere un carácter "raro". Fijémonos en una advertencia de suyo nada ambigua que a veces se lee en el metro londinense: “Hay que llevar en brazos a los perros por la escalera mecánica”. Sin embargo, quizá la frase no sea tan clara o tan carente de ambigüedad como de momento puede parecer. ¿Quiere decir que uno debe llevar un can abrazado en esa escalera? ¿Corre peligro de que se le impida usar la escalera si no encuentra un perro callejero y lo toma en sus brazos? Muchos avisos aparentemente claros encierran ambigüedades como las que acabamos de señalar. “La basura debe arrojarse en este cesto”, o el letrero “Salida” que se lee en las carreteras británicas pueden resultar desconcertantes para un californiano. Con todo, aun haciendo de lado molestas ambigüedades, es a todas luces obvio que ese aviso del metro puede considerarse como literatura. Puede uno detenerse a considerar el staccato abrupto y amenazador de las solemnes voces monosílabas iniciales (“hay que”). Y cuando se llega a aquello de llevar en brazos pleno de sugerencias, quizá la mente esté considerando la posibilidad de ayudar durante toda la vida a perros lisiados. Quizá se descubra en cada cadencia, en cada inflexión del término escalera mecánica una imitación del movimiento ascendente y descendente de aquel dispositivo. Puede tratarse de un empeño infructuoso, pero no mucho más infructuoso que el afirmar que se perciben los tajos y las acometidas de los estoques en la descripción poética de un duelo. El primer enfoque tiene al menos la ventaja de sugerir que la "literatura" puede referirse, en todo caso, tanto a lo que la gente hace con lo escrito como a lo que lo escrito hace con la gente. 
Aun cuando alguien leyera el aviso en la forma indicada, subsistiría la posibilidad de leerlo como poesía, que es sólo una parte de lo que usualmente abarca la literatura. Por lo tanto, consideraremos otra forma de “malinterpretar" un letrero que puede conducirnos todavía un poco más lejos. Imagine a un ebrio noctámbulo, derrumbado sobre el pasamanos de la escalera mecánica, que lee y relee el letrero con laboriosa atención durante varios minutos y musita “¡Qué gran verdad!” ¿En qué tipo de error se ha incurrido en ese momento? En realidad, el ebrio aquel considera el letrero como una expresión de significado general e incluso de trascendencia cósmica. Al aplicar a esas palabras ciertos ajustes o convencionalismos relacionados con la lectura, el ebrio de marras las arranca de su contexto inmediato, hace generalizaciones basándose en ellas, y les atribuye un significado más amplio y profundo que la finalidad pragmática a que estaban destinadas. Ciertamente, todo esto parecería ser una operación relacionada con lo que la gente llama literatura. Cuando el poeta nos dice que su amor es cual rosa encarnada, sabemos, precisamente porque recurrió a la métrica para expresarse, que no hemos de preguntarnos si realmente estuvo enamorado de alguien que, por extrañas razones, le pareció que tenía semejanza con una rosa. El poeta simplemente ha expresado algo referente a las mujeres y al amor en términos generales. Por consiguiente, podríamos decir que la literatura es un discurso "no pragmático”. Al contrario de los manuales de biología o los recados que se dejan para el lechero, la literatura carece de un fin práctico inmediato, y debe referirse a una situación de carácter general. Algunas veces —no siempre— puede emplear un lenguaje singular como si se propusiera dejar fuera de duda ese hecho, como si deseara señalar que lo que entra en juego es una forma de hablar sobre una mujer en vez de una mujer en particular, tomada de la vida real. Este enfoque dirigido a la manera de hablar y no a la realidad de aquello sobre lo cual se habla, a veces se interpreta como si con ello se quisiera indicar que entendemos por literatura cierto tipo de lenguaje autorreferente, un lenguaje que habla de sí mismo. 
Con todo, también esta forma de definir la literatura encierra problemas. Por principio de cuentas, probablemente George Orwell se habría sorprendido al enterarse de que sus ensayos se leerían como si los temas que discute fueran menos importantes que la forma en que los discute. En buena parte de lo que se clasifica como literatura el valor-verdad y la pertinencia práctica de lo que se dice se considera importante para el efecto total. Pero aun si el tratamiento "no pragmático" del discurso es parte de lo que quiere decirse con el término "literatura", se deduce de esta "definición" que, de hecho, no se puede definir la literatura "objetivamente". Se deja la definición de literatura a la forma en que alguien decide leer, no a la naturaleza de lo escrito. Hay ciertos tipos de textos -poemas, obras dramáticas, novelas— que obviamente no se concibieron con "fines pragmáticos", pero ello no garantiza que en realidad vayan a leerse adoptando ese punto de vista. Yo podría leer lo que Gibbon relata sobre el Imperio Romano no porque mi despiste llegue al grado de pensar que allí encontraré información digna de crédito sobre la Roma de la antigüedad, sino porque me agrada la prosa de Gibbon o porque me deleitan las representaciones de la corrupción humana sea cual fuere su fuente histórica. También puedo leer el poema de Robert Burns —suponiendo que yo fuese un horticultor japonés- porque no había yo aclarado si en la Inglaterra del siglo XVIII florecían o no las rosas rojas. Se dirá que esto no es leer el poema "como literatura", pero, ¿podría decirse que leo los ensayos de Orwell como literatura siempre y cuando generalice yo lo que él dice sobre la Guerra Civil española y lo eleve a la categoría de declaraciones de valor cósmico sobre la vida humana? Es verdad que muchas de las obras que se estudian como literatura en las instituciones académicas fueron "construidas" para ser leídas como literatura, pero también es verdad que muchas no fueron "construidas" así. Un escrito puede comenzar a vivir como historia o filosofía y, posteriormente, ser clasificado como literatura; o bien puede empezar como literatura y acabar siendo apreciado por su valor arqueológico. Algunos textos nacen literarios; a otros se les impone el carácter literario. A este respecto puede contar mucho más la educación que la cuna. Quizá lo que importe no sea de dónde vino uno sino cómo lo trata la gente. Si la gente decide que tal o cual escrito es literatura parecería que de hecho lo es, independientemente de lo que se haya intentado al concebirlo. 
En este sentido puede considerarse la literatura no tanto como una cualidad o conjunto de cualidades inherentes que quedan de manifiesto en cierto tipo de obras, desde Beowulf hasta Virginia Woolf, sino como las diferentes formas en que la gente se relaciona con lo escrito. No es fácil separar, de todo lo que en una u otra forma se ha denominado "literatura", un conjunto fijo de características intrínsecas. A decir verdad, es algo tan imposible como tratar de identificar el rasgo distintivo y único que todos los juegos tienen en común. No hay absolutamente nada que constituya la "esencia" misma de la literatura. Cualquier texto puede leerse sin "afán pragmático", suponiendo que en esto consista el leer algo como literatura; asimismo, cualquier texto puede ser leído "poéticamente". Si estudio detenidamente el horario-itinerario ferrocarrilero, no para averiguar qué conexión puedo hacer, sino para estimularme a hacer consideraciones de carácter general sobre la velocidad y la complejidad de la vida moderna, podría decirse que lo estoy leyendo como literatura. John M. Ellis sostiene que el término "literatura" funciona en forma muy parecida al término "hierbajo". Los hierbajos no pertenecen a un tipo especial de planta; son plantas que por una u otra razón estorban al jardinero.3 Quizá "literatura" signifique precisamente lo contrario: cualquier texto que, por tal o cual razón, alguien tiene en mucho. Como diría un filósofo, "literatura" y "hierbajo" son términos más funcionales que ontológicos, se refieren a lo que hacemos y no al ser fijo de las cosas. Se refieren al papel que desempeña un texto o un cardo en un contexto social, a lo que lo relaciona con su entorno y a lo que lo diferencia de él, a su comportamiento, a los fines a los que se le puede destinar y a las actividades humanas que lo rodean. En este sentido, "literatura" constituye un tipo de definición hueca, puramente formal. Aunque dijéramos que no es un tratamiento pragmático del lenguaje, no por eso habríamos llegado a una esencia de la literatura porque existen otras aplicaciones del lenguaje, como los chistes, pongamos por caso. De cualquier manera, dista mucho de quedar claro que se pueda distinguir con precisión entre las formas "prácticas" y las "no prácticas" de relacionarse con el lenguaje. Evidentemente no es lo mismo leer una novela por gusto que leer un letrero en la carretera para obtener información. Pero ¿qué decir cuando se lee un manual de biología para enriquecer la mente? ¿Constituye esto, una forma pragmática de tratar el lenguaje? En muchas sociedades la "literatura" ha cumplido funciones de gran valor práctico, como las de carácter religioso. Distinguir tajantemente entre lo "práctico" y lo "no práctico" sólo resulta posible en una sociedad como la nuestra, donde la literatura en buena parte ha dejado de tener una función práctica. Quizá se esté presentando como definición general una acepción de lo "literario" que en realidad es históricamente específica 
Por lo tanto, aun no hemos descubierto el secreto de por qué Lamb, Macaulay y Mill son literatura, mientras que, en términos generales, no lo son ni Bentham, ni Marx, ni Darwin. Quizá la respuesta sin complicaciones sea que los tres primeros son ejemplos de lo "bien escrito" pero no los otros tres. Esta respuesta encierra la desventaja de que en gran parte es errónea (al menos a juicio mío), pero presenta la ventaja de sugerir, de un modo general, que la gente denomina "literatura" a los escritos que le parecen buenos. Evidentemente a esto último se puede objetar que si fuera enteramente cierto no habría nada que pudiera llamarse mala literatura. Me parece que quizás se exagera el valor de Lamb y Macaulay, pero esto no significa necesariamente que vaya a dejar de considerarlos como literatura. A usted le puede parecer que Raymond Chandler es bueno dentro de su género, aunque no sea precisamente literatura. Por otra parte, si Macaulay realmente fuera un mal escritor, si desconociera totalmente la gramática y sólo pareciera interesarse en los ratones blancos entonces es probable que la gente no daría a su obra el nombre de literatura, ni siquiera el de mala literatura. Parecería, pues, que los juicios de valor tienen ciertamente mucho que ver con lo que se juzga como literatura y con lo que se juzga que no lo es, si bien no necesariamente en el sentido de que un escrito, para ser literario, tenga que caber dentro de la categoría de lo “bien escrito”, sino que tiene que pertenecer a lo que se considera “bien escrito” aun cuando se trate de un ejemplo inferior de una forma generalmente apreciada. Nadie se tomaría la molestia de decir que un billete de autobús constituye un ejemplo de literatura inferior, pero si podría decirlo acerca de la poesía de Ernest Dowson. Los términos bien escritos o bellas letras son ambiguos en este sentido: denotan una clase de composiciones generalmente muy apreciadas pero que no comprometen a opinar que es “bueno” tal o cual ejemplo en particular. 
Con estas reservas, resulta iluminadora la sugerencia de que “literatura” es una forma de escribir altamente estimada, pero encierra una consecuencia un tanto devastadora significa que podemos abandonar de una vez por todas la ilusión de que la categoría “literatura” es “objetiva”, en el sentido de ser algo inmutable, dado para toda la eternidad. Cualquier cosa puede ser literatura, y cualquier cosa que inalterable e incuestionablemente se considera literatura Shakespeare, pongamos por caso— puede dejar de ser literatura. Puede abandonarse por quimérica cualquier opinión acerca de que el estudio de la literatura es el estudio de una entidad estable y bien definida como ocurre con la entomología. Algunos tipos de novela son literatura, pero otros no lo son. Cierta literatura es novelística pero otra no. Una clase de literatura toma muy en cuenta la expresión verbal, pero hay otra que no es literatura sino retórica rimbombante. No existe literatura tomada como un conjunto de obras de valor asegurado e inalterable caracterizado por ciertas propiedades intrínsecas y compartidas. Cuando en el resto del libro use las palabras “literario” y “literatura” llevarán una especie de invisible tachadura para indicar que realmente no son las apropiadas pero que de momento no cuento con nada mejor. 
Los juicios de valor son notoriamente variables, por eso se deduce de la definición de literatura como forma de escribir altamente apreciada que no es una entidad estable. Los tiempos cambian, los valores no proclaman el anuncio de un diario, como si todavía creyéramos que hay que matar a las criaturas enfermizas o exhibir en público a los enfermos mentales. Así, como en una época la gente puede considerar filosófica la obra que más tarde calificará de literaria, o viceversa, también puede cambiar de opinión sobre lo que considera escritos valiosos. Más aun, puede cambiar de opinión sobre los fundamentos en que se basa para decidir entre lo que es valioso y lo que no lo es. Esto, como ya indiqué, no significa necesariamente que el publico vaya a negar el título de literatura a una obra que, al fin y al cabo, considera de calidad interior, la llamará literatura para indicar que, poco más o menos, pertenece al tipo de escritos que por lo general aprecia. Por otra parte, esto no significa que el llamado “canon literario”, la intocable “gloriosa tradición” de la “literatura nacional” tenga que tomarse como un concepto —una “construcción”— cuya conformación estuvo a cargo de ciertas personas movidas por ciertas razones en cierta época. No hay ni obras ni tradiciones literarias valederas, por sí mismas, independientemente de lo que sobre ellas se haya dicho o se vaya a decir. “Valor” es un término transitorio, significa lo que algunas personas aprecian en circunstancias específicas, basándose en determinados criterios y a la luz de fines preestablecidos. Es por ello muy posible que si se realizara en nuestra historia una transformación suficientemente profunda, podría surgir en el futuro una sociedad incapaz de obtener el menor provecho de la lectura de Shakespeare. Quizá sus obras le resultasen desesperadamente extrañas, plenas de formas de pensar y sentir que en la sociedad en cuestión se considerarían estrechas o carentes de significado. En esas circunstancias Shakespeare no valdría más que los letreros murales -graffiti- que hoy se estilan. Si bien muchos considerarían que se habría descendido a condiciones sociales trágicamente indigentes, creo que se pecaría de dogmatismo si se rechazara la posibilidad de que esa situación proviniera más bien de un enriquecimiento humano generalizado. A Karl Marx le preocupaba saber por qué el arte de la antigüedad griega conserva su “encanto eterno" aun cuando hace mucho tiempo que desaparecieron las condiciones que lo produjeron. Ahora bien, visto que aun no termina la historia ¿cómo podríamos saber que va a continuar siendo “eternamente” encantador? Supongamos que, gracias a expertas investigaciones arqueológicas, se descubriera mucho más sobre lo que la tragedia griega en realidad significaba para el público contemporáneo, nos diéramos cuenta de la enorme distancia que separa lo que entonces interesaba de lo que hoy nos interesa, y releyéramos esas obras a la luz de conocimientos más profundos. Ello podría dar por resultado -entre otras cosas- que dejaran de gustarnos esas tragedias y comedias. Quizá llegáramos a pensar que antes nos habían gustado porque, inconscientemente, las leíamos a la luz de nuestras propias preocupaciones. Cuando esto resultara menos posible, quizá esas obras dramáticas dejaran de hablarnos significativamente. 
El que siempre interpretemos las obras literarias, hasta cierto punto, a través de lo que nos preocupa o interesa (es un hecho que en cierta forma “lo que nos preocupa o interesa” nos incapacita para obrar de otra forma), quizá explique por qué ciertas obras literarias parecen conservar su valor a través de los siglos. Es posible, por supuesto, que sigamos compartiendo muchas inquietudes con la obra en cuestión, pero también es posible que, en realidad y sin saberlo, no hayamos estado evaluando la “misma” obra. “Nuestro” Homero no es idéntico al Homero de la Edad Media, y “nuestro” Shakespeare no es igual al de sus contemporáneos. Más bien se trata de estos períodos históricos diferentes han elaborado, para sus propios fines, un Homero y un Shakespeare “diferentes”, y han encontrado en los respectivos textos elementos que deben valorarse o devaluarse (no necesariamente los mismos). Dicho en otra forma, las sociedades “rescriben”, así sea inconscientemente todas las obras literarias que leen. Más aun, leer equivale siempre a “rescribir”. Ninguna obra, ni la evaluación que en alguna época se haga de ella pueden, sin más ni más, llegar a nuevos grupos humanos sin experimentar cambios que quizá las hagan irreconocibles. Esta es una de las razones por las cuales lo que se considera como literatura sufre una notoria inestabilidad. 
No quiero decir que esa inestabilidad se deba al carácter subjetivo de los juicios de valor. Según este punto de vista, el mundo se halla dividido entre hechos sólidamente concretos que están “allá”, como la Estación Central del ferrocarril, y juicios de valor arbitrarios que se ubican “aquí dentro”, como el gusto por los plátanos o el sentir que el tono de un poema de Yeats va desde las bravatas defensivas hasta la resignación hosca pero dúctil. Los hechos están a la vista y son irrecusables, pero los valores son cosa personal y arbitraria. Evidentemente no es lo mismo consignar un hecho, por ejemplo “Esta catedral fue construida en 1612”, que expresar un juicio de valor como “esta catedral es una muestra magnífica de la arquitectura barroca”. Pero supongamos que dije lo primero cuando acompañaba por diversas partes de Inglaterra a un visitante extranjero y me di cuenta de que lo había desconcertado bastante. ¿Por qué, podría preguntarme, insiste en darme las fechas de la construcción de todos estos edificios? ¿A qué se debe esa obsesión con los orígenes? En la sociedad donde vivo, podría agregar, para nada conservamos datos de esa naturaleza. Para clasificar nuestros edificios nos fijamos en si miran al noroeste o al sudoeste. Esto quizás pusiera de manifiesto una parte del sistema inconsciente basada en juicios de valor subyacentes en mis datos descriptivos. Juicios de valor como éstos no son necesariamente del mismo tipo que aquel otro de “Esta catedral es una muestra magnífica de la arquitectura barroca”, pero no dejan de ser juicios de valor, y ninguna enunciación de hechos que yo pudiera formular sería ajena a ellos. La enunciación de un hecho no deja de ser, después de todo, una enunciación, y da por sentado cierto número de juicios cuestionables que esas enunciaciones valen la pena más que otras, que estoy capacitado para formularlas y garantizar su verdad, que mi interlocutor es una persona a quien vale la pena formularlas, que no carece de utilidad el formularlas, y así por el estilo. Bien puede transmitirse información en las conversaciones de bar, pero en esos diálogos también sobresalen elementos de lo que los lingüistas llaman 'fáctico', o sea, de lo relacionado con el propio acto de comunicar. Cuando charlo con usted sobre el estado del tiempo doy a entender que una conversación con usted vale la pena, que lo considero persona de mérito y que se emplea bien el tiempo charlando con usted, que no soy antisocial, que no me voy a poner a criticar de la cabeza a los pies su aspecto personal. 
En este sentido no hay posibilidad de formular una declaración totalmente desinteresada. Por supuesto, se considera que el decir cuando se construyo una catedral no demuestra tanto interés en nuestra cultura como expresar una opinión sobre su estilo arquitectónico, pero también podrían imaginarse situaciones en las cuales la primera declaración estuviera más "preñada de valores" que la otra. Quizás “barroco” y "magnífico” hayan llegado a ser términos más o menos sinónimos, pero sólo unos cuantos tercos se aferrarían a una idea exagerada sobre la importancia de la fecha en que se construyó un edificio, y al consignarla enviaba yo un mensaje para indicar que me adhería a ellos. Todas las declaraciones descriptivas se mueven dentro de una red (a menudo invisible) de categorías de valor. Añádase que, indudablemente, sin esas categorías no tendríamos absolutamente nada que decirnos. No se trata solamente de que poseyendo conocimientos que corresponden a la realidad los falseemos movidos por intereses y opiniones particulares (cosa ciertamente posible), se trata también de que aun sin intereses especiales podríamos carecer de conocimientos porque no nos hemos dado cuenta de que vale la pena adquirirlos. Los intereses son elementos constitutivos de nuestro conocimiento, no meros prejuicios que lo ponen en peligro. El afirmar que el conocimiento debe ser “ajeno a los valores" constituye un juicio de valor. 
Bien puede ser que el gusto por los plátanos no pase de ser una cuestión privada, pero de hecho esto también es cuestionable. Un análisis a fondo sobre mis gustos en materia de comida probablemente revelaría profundos lazos con ciertas experiencias de mi primera infancia, con mis relaciones con mis padres y hermanos y con muchos otros factores culturales que son tan sociales y tan “no subjetivos” como las estaciones de ferrocarril. Esto es aun más cierto en lo referente a la estructura fundamental de los criterios e intereses dentro de los cuales nací por ser miembro de una sociedad en particular, como por ejemplo, creer que debo procurar mantenerme en buen estado de salud, que los diferentes papeles que se representan según el sexo al cual se pertenece tienen sus raíces en la biología humana o que el hombre es más importante que los cocodrilos. Usted y yo podemos no estar de acuerdo en tal o cual cuestión, pero ello se debe exclusivamente a que compartimos ciertas formas profundas de ver y evaluar enlazadas a nuestra vida social y que no pueden cambiar si antes no se transforma esa vida. Nadie me va a imponer un fuerte castigo porque me desagrade algún poema de Donne; pero si reconozco que de plano la obra de Donne no es literatura, en ciertas circunstancias me arriesgaría a perder mi empleo. Estoy en libertad de votar por los laboristas o los conservadores, pero si trato de conducirme basándome en la creencia de que tal libertad meramente encubre un gran prejuicio —o sea que la democracia se reduce a la libertad de cruzar un emblema en la cédula para votar cada vez que se celebran elecciones- en ciertas circunstancias especiales bien podría acabar en la cárcel. 
La estructura de valores (oculta en gran parte) que da forma y cimientos a la enunciación de un hecho, constituye parte de lo que se quiere decir con el término “ideología”. Sin entrar en detalles, entiendo por ideología las formas en que lo que decimos y creemos se conecta con la estructura de poder o con las relaciones de poder en la sociedad en la cual vivimos. De esta definición gruesa de la ideología se sigue que no todos nuestros juicios y categorías subyacentes pueden denominarse —con provecho— ideológicos. Ha arraigado profundamente en nosotros la tendencia a imaginarnos moviéndonos hacia el futuro (aun cuando existe por lo menos una sociedad que se considera de regreso ya del futuro), pero si bien esta manera de ver quizá logre conectarse significativamente con la estructura del poder en nuestra sociedad, no es preciso que tal cosa suceda siempre y en todas partes. Por ideología no entiendo nada más criterios hondamente arraigados, si bien a menudo inconscientes. Me refiero muy particularmente a modos, de sentir, evaluar, percibir y creer que tienen alguna relación con el sostenimiento y la reproducción del poder social. Que tales criterios no son, por ningún concepto, meras rarezas personales puede aclararse recurriendo a un ejemplo literario. 
En su famoso estudio Practical Criticism (1929), el crítico I. A. Richards, de la Universidad de Cambridge, procuro demostrar cuán caprichosos y subjetivos pueden ser los juicios literarios, y para ello dio a sus alumnos (estudiantes de college) una serie de poemas, pero sin proporcionar ni el nombre del autor ni el título de la obra, y les pidió que emitieran su opinión. Por supuesto, en los juicios hubo notables discrepancias, además, mientras poetas consagrados recibieron calificaciones medianas se exaltó a oscuros escritores. Opino, sin embargo que, con mucho, lo más interesante del estudio -en lo cual muy probablemente no cayó en la cuenta el propio Richards- es el firme consenso de valoraciones inconscientes subyacente en las diferencias individuales de opinión. Al leer lo que dicen los alumnos de Richards sobre aquellas obras literarias, llaman la atención los hábitos de percepción e interpretación que espontáneamente comparten lo que suponen que es la literatura, lo que dan por hecho cuando se aproximan a un poema y los beneficios que por anticipado suponen se derivaran de su lectura. Nada de esto es en realidad sorprendente, pues presumiblemente todos los participantes en el experimento eran jóvenes británicos, de raza blanca pertenecientes a la clase alta o al estrato superior de la clase media, educados en escuelas particulares en los años veinte, por lo cual su forma de responder a un poema dependía de muchos factores que no eran exclusivamente “literarios”. Sus respuestas críticas estaban firmemente entrelazadas con prejuicios y criterios de amplio alcance. No se trata de que haya habido culpa no hay respuesta crítica ajena a esos enlaces, y, por lo tanto, no existen las interpretaciones o los juicios críticos literarios puros. Uno mismo tiene la culpa, en caso de que alguien la tenga. El propio I. A. Richards como joven profesor de Cambridge, perteneciente a la clase media superior, no pudo objetivar un contexto de intereses que él mismo había en gran parte compartido y, por consiguiente, tampoco pudo reconocer a fondo que las diferencias de evaluación locales, “subjetivas” actúan dentro de una forma particular, socialmente estructurada de percibir el mundo. 
Si no se puede considerar la literatura como categoría descriptiva “objetiva”, tampoco puede decirse que la literatura no pasa de ser lo que la gente caprichosamente decide llamar literatura. Dichos juicios de valor no tienen nada de caprichosos. Tienen raíces en hondas estructuras de persuasión al parecer tan inconmovibles como el edificio Empire State. Así, lo que hasta ahora hemos descubierto no se reduce a ver que la literatura no existe en el mismo sentido en que puede decirse que los insectos existen, y que los juicios de valor que la constituyen son históricamente variables, hay que añadir que los propios juicios de valor se relacionan estrechamente con las ideologías sociales. En última instancia no se refieren exclusivamente al gusto personal sino también a lo que dan por hecho ciertos grupos sociales y mediante lo cual tienen poder sobre otros y lo conservan. Como esta afirmación puede parecer un tanto forzada y nacida de un prejuicio personal, vale la pena ponerla a prueba considerando el ascenso de la “literatura” en Inglaterra. 


Terry Eagleton



1 cf M I Steblin-Kamenskij, The Saga Mind (Odense, 1973) 
2 cf. Lennard J. Davis, “A Social History of Fact and Fiction: Authorial Disavowal in the Early English Novel”, en Edward W.  Said (comp ) Literature and Society (Baltimore y Londres, 1980). 

Eagleton, TerryUna introducción a la teoría literaria. Traducción de José Esteban Calderón. Fondo de Cultura Económica. Título original: Literary Theory An Introduction. Primera edición en inglés, 1983 Primera edición en español (FCE, México), 1988  Primera reimpresión (FCE, Argentina), 1998.


Publicado el: 2002-07-05

"La libertad no es el regalo de América a las naciones 
sino que es el regalo de Dios a la humanidad".

No solamente les estoy agradecido a los organizadores sino que sobre todo a ustedes por haber venido, porque para mi no son señores sino compañeros.


Quisiera comenzar con una cita de un discurso reciente del presidente Bush, que no es mi presidente:

"La libertad no es el regalo de América a las naciones sino que es el regalo de Dios a la humanidad".

Esta posición puede parecer modesta por el hecho de que no privilegia a los EEUU sino que por el contrario yo pienso que es muy peligrosa. Pero ¿por qué? Porque si la libertad fuera solo un regalo de los EEUU a las demás naciones, las cosas serían mucho mas fáciles puesto que los que se oponen a los EEUU se estarían oponiendo a un simple estado - nación. Por el contrario, la libertad si fuese un regalo de Dios a la humanidad ,y los EEUU se perciben como el distribuidor privilegiado de esta libertad en el mundo, entonces los que se oponen a los EEUU simplemente se están oponiendo al regalo mas noble que le hizo Dios a la humanidad y por lo tanto quienes están en contra nuestro esta diciendo Dios Bush. Y esto es alrededor de lo cual giró toda la guerra de Irak, de hecho en un libro de dos neoconservadores norteamericanos recientes: William Kristol y Lorenz Edkaplan, ellos escriben: la misión comenzó en Bagdad pero no finaliza ahí, estamos en el umbral de una nueva historia, de una nueva era histórica, este es un momento decisivo, se trata de mucho mas de Irak se trata incluso de mucho más que el futuro de Oriente medio y la guerra contra el terror, lo que está en juego aquí es cuál será el papel que jugará EEUU en el Siglo XXI. Y ciertamente coincido con esa mirada, la guerra de Irak no giró ni en torno al petróleo ni a Irak sino que fue en torno a imponer la visión de los EEUU en el nuevo orden mundial. Permítanme ser claros en este punto. Mucha gente se queja de que los EEUU pretende jugar el papel de policía mundial y mucha gente reprocha a los EEUU que no se comporta como un simple estado nación sino como un imperio. Creo que el problema se plantea en los términos inversos, que los EEUU no son un imperio global, es decir actúan globalmente pero como un estado nación. Tal vez, ustedes recuerdan la antigua consigna de otros tiempos de los ecologistas que era que hay que pensar globalmente y actuar localmente. Creo que los EEUU hacen todo lo contrario, actúan globalmente y piensan localmente. Permítanme dar dos simples ejemplos. En la ex Yugoslavia, en una parte de la ex Yugoslavia, en Serbia, el gobierno norteamericano esta ejerciendo una terrible presión sobre el gobierno Servio para que se extradite a los criminales de guerra al tribunal de La Haya. Y al mismo tiempo los mismos diplomáticos norteamericanos están presionando al gobierno servio para que firmen el tratado bilateral por el cual se comprometen a no extraditar americanos o no entregar americanos a la corte de La Haya. Y la misma lógica que busca un funcionamiento global para poder seguir pensando en términos de estado nación también se da en la política económica de los EEUU. ¿Qué es lo que está mal aquí? Quisiera hacer una breve referencia al ex ministro iraquí de la información, Muhamed Saharafahad, creo que todos lo recordarán porque todos nos reímos mucho con sus comentarios durante la guerra. Pero una vez dijo la pura verdad y esto fue cuando le preguntaron si era verdadero, cierto, que los norteamericanos ya estaban controlando el aeropuerto de Bagdad y el dijo no, no es cierto porque ni siquiera se controlan a si mismos. Ahora bien, cuál es esa dimensión que los norteamericanos no controlan. En marzo de 2003 el Ministro de Defensa de EEUU se involucró en uno de los debates que tanto le gustan, en el marco de una conferencia de prensa. Este debate que suscitó Rumsfeld giraba en torno a lo conocido y lo desconocido. Y esta es la cita de Rumsfeld: hay cosas conocidas conocidas, que conocemos. Por ejemplo, sabíamos en ese momento que Sadam Hussein era en ese momento presidente de Irak. Sigo con la cita, y después hay desconocidos conocidos, es decir cosas que sabemos que no sabemos. Por ejemplo, mi interpretación es no sabemos cuantas armas de destrucción masiva tiene Irak. Mi comentario es que en realidad no es que nosotros sepamos ahora que no había armas de destrucción masiva sino que los EEUU lo sabían desde un principio, sabían que no lo sabían desde un principio. Un diplomático de EEUU recientemente me dio la clave y es que si los EEUU hubiesen estado seguros que habían armas de destrucción masiva en Irak nunca jamás habrían avanzado en el ataque por tierra, habrían tenido que contar con demasiadas víctimas y esta es la prueba de que ellos sabían que no había armas de ese tipo en Irak. Y vuelvo a la cita de Rumsfeld, tenemos ahora la sutileza filosófica de Rumsfeld porque plantea en esa cita que hay cosas desconocidas desconocidas, es decir cosas que no sabemos que no sabemos. Por ejemplo, el hecho de que Sadam tuviera alguna sorpresa tan terrible que ni siquiera nos podíamos imaginar que podía ser esa sorpresa. (irónicamente) y aquí nos encontramos con el limite del debate filosófico norteamericano porque Rumsfeld se detuvo en este punto. Como ustedes se habrán dado cuenta hay cuatro posibilidades y el solo menciono tres. Menciono cosas conocidas conocidas (sabemos que las sabemos), cosas conocidas desconocidas (sabemos que no las sabemos) y las cosas desconocidas desconocidas (no sabemos que no las sabemos). La tópica freudiana del inconsciente es precisamente esta cuarta posibilidad: cosas que no sabemos que si sabemos. Es decir las fantasías, los juicios inconscientes de los cuales no somos conscientes pero controlan y determinan nuestra acción. Y es en este nivel que opera hoy en día la ideología. Ustedes habrán escuchado este discurso que habla del fin de las ideologías, que vivimos en una era pragmática, post ideológica.

Pero aquí podemos aprender una lección que nos enseño la teoría marxista en el fetichismo de la mercancía. Para Marx este fetichismo no se da en lo que nosotros pensamos sino en la manera en la que actuamos. Por ejemplo, todos sabemos que no hay nada mágico en el dinero, que es solo un pedazo de papel que te da acceso a una porción del PBI. Pero el fetichismo se da en la manera en que interactuamos en el mercado y ahí nos comportamos como si creyéramos en la magia. Nunca más que ahora es acertado el descubrimiento de Freud que no plantea la tópica en el sentido de que tenemos una conciencia oficial y una creencia reprimida que puede salir a luz sino que por el contrario nosotros nos creemos personas ilustradas no creyentes, iluministas pero nos comportamos como si creyéramos en la magia. Tomemos por ejemplo los racistas liberales que encontramos en todos lados en Internet. Oficialmente ustedes no saben que son racistas porque respetan al otro, etc. Por ejemplo, cada vez que me encuentro con uno de esos académicos norteamericanos muy políticamente correcto cuando veo cuando como se comportan con personas de otra raza no puedo dejar de percibir que se relacionan con mucha tensión y que en realidad su sentimiento inconsciente es racista. Les voy a dar un ejemplo muy ordinario extraído de uno de mis libros. Me impacto mucho las diferencias de estructura que había en la estructura de los baños en Alemania, en Francia y en EEUU. Como probablemente sepan ustedes, en Francia el agujero por el cual desaparecen los excrementos esta allí detrás como para que desaparezca lo más rápidamente de la visión. En los antiguos baños alemanes se constata un viejo ritual alemán, que en ese agujero de los inodoros está adelante como para que uno no solamente pueda oler los excrementos sino que de paso, pueda hacerse un control de salud y demás.... Los inodoros norteamericanos están llenos de agua, como para que los excrementos floten por ahí. Yo he leído tres libros sobre la comprensión de los inodoros. Es increíble como no se puede encontrar una justificación para estas diferencias. Todos tratan de argumentar de manera instrumental, cual es mas práctico y demás, pero mi lectura aquí es de corte mucho más ideológico. Desde fines del Siglo XVIII se presenta esta idea de la trinidad espiritual europea. Se da el tema de la economía inglesa, la política francesa, y la metafísica y poesía alemanas. Pero acaso, ¿no encontramos justamente eso en la estructura de los inodoros?. El enfoque francés es revolucionario (el agujero allá atrás debería desaparecer y ser liquidado lo más rápido posible. El estilo anglosajón es práctico, económico: agua y demás. El estilo alemán, con lo que refleja, tienen una actitud poética. Si bien esta lectura ha sido un poco rápida tengan esto en cuenta cuando tengan una clase magistral y alguien les hable del fin de las ideologías, piensen que apenas termina la clase y esa persona va al baño, ingresa en la ideología.

A lo que voy es que aún un objeto tan simple como un inodoro no puede ser explicado en términos tan simples y básicos. Involucra todo una serie de creencias fundamentales subyacentes y esenciales. Incluso, si tomamos los alimentos, hoy esta muy de moda en los países desarrollados comprar lo que se ha dado en llamar, alimentos orgánicos. Pero la gran mayoría de la gente que compra ese tipo de alimentos no creo que realmente los compre porque esta convencida de que son saludables sino porque más bien quieren hacerlo como acto simbólico, en el sentido que son concientes de su salud. Así que a diferencia de aquellos que afirman que hoy en día no creemos, yo afirmo lo contrario, que creemos más que nunca. Simplemente nos gusta creer desde y a través de la distancia. Por ejemplo, porqué se ha vuelto tan popular el término cultura hoy en día, por qué se habla de estudios culturales, todo lleva el prefijo o el agregado de cultura. Yo creo que hoy en día cultura significa algo muy preciso. Todas aquellas prácticas religiosas ideológicas y demás las practicamos valga la redundancia pero tratamos de actuar como si no creyéramos en ellas. Si ustedes realmente creen en la magia, eso es religión. Si por otra parte ponen el árbol de Navidad, lo arman para los chicos y demás, eso es cultura. Casi todos mis amigos judíos me dicen siempre, yo no creo en eso, simplemente lo respeto por un tema de tradición todo este tema de la cultura kosher....Creo que fue por eso que todo el público occidental es tan esclarecido realmente sufrió un shock tan grande, se acuerdan hace tres años cuando en Afganistán dos talibanes bombardearon las famosas estatuas budistas. Yo creo que en realidad lo que les impacto no fue el hecho de que se cometiera esta barbaridad, este acto realmente barbárico. En realidad el Shock para mí fue que en realidad esa gente quedo impactada con el hecho de que hubiera gente que no tratara a estos monumentos como monumentos religiosos. Y resulta que a esta gente que en realidad lo que hace es tomar en serio sus creencias y prácticas los terminamos llamando fundamentalistas bárbaros. Y aquí el estado o la condición de la creencia es crucial. Yo creo que en realidad los creyentes ingenuos somos nosotros mismos, los supuestamente esclarecidos creyentes occidentales. Por ejemplo, como ustedes sabrán el error de los antropólogos fue el tema que tomaban las creencias primitivas o las que se trataban de una manera estrictamente literal, por ejemplo el caso de las tribus con las que se encontraban que explicaban el origen de todo a través de un pájaro. Pero un estudio histórico ya muestra que esto no era así. Por ejemplo P. Veyne, el famoso historiador francés en su libro, ¿Los antiguos griegos realmente creían en sus mitos? demuestra que en realidad ellos no creían sinceramente que si uno iba a la cima del monte Olimpo se iba a encontrar con Dios ahí arriba. Y yo creo que si hay alguien que tome las creencias demasiado literalmente somos nosotros mismos. Por ejemplo, la mayoría de la gente religiosa que yo conozco, si yo les digo, bueno a ver un momento pero vos realmente crees que allá arriba hay un señor sabio, etc, etc y me van a decir que no están del todo seguro pero sí es importante que los chicos, que sus hijos crean en eso, siempre esto se justifica a través de la necesidad de que otros crean. Por ejemplo, lo mismo pasa con los regalos de Navidad. Los adultos van a decir, nosotros no creemos en esto pero hacemos como que creemos para nuestros chicos. Por supuesto si les preguntan a los chicos también ellos van a a decir que no creen pero lo hacen por los padres. Y lo interesante es que si el sistema de creencias funciona perfectamente aunque nadie crea pero simule creer por la existencia de ese Otro ante el cual quieren fingir que creen. Esto se aplica a otro tipo de sensaciones, de sentimientos, no solamente a las creencias, sino a expresiones tan autenticas como la risa, el llanto, el duelo. Pensemos en este fenómeno en función de las mujeres que en determinadas culturas se contratan específicamente como lamentadoras para gemir y llorar cuando alguien muere. Nosotros nos reímos de esto como si fuera una estrategia primitiva pero en realidad no estamos haciendo lo mismo nosotros?. Piensen en el clásico ejemplo de las risas grabadas en esas típicas series de TV como Friends, Cheers, etc. Lo que pasa ahí es mucho más misterioso de lo que parece. Por ejemplo, yo vuelvo cansado como un crypto después de un extenso día de trabajo, prendo la TV, y veo una serie en la cual veo y escucho risas y no me río, simplemente miro. Pero al final me siento aliviado como si yo mismo me hubiese estado riendo, literalmente como si el TV se riera por mi. Yo creo de nuevo que es así como funciona la ideología. Uno no tiene que creer en ella, incluso es mejor si uno no cree en ella. Esa ha sido una lección que yo mismo he aprendido en base a mi experiencia personal con el socialismo en Yugoslavia. De joven vi una charla del Secretario General del Partido Comunista en Eslovenia y nos dijo a nosotros, los jóvenes comunistas, ustedes tienen que seguir la cuarta tesis sobre Feuberbach teniendo en cuenta los principios de Marx sino solamente, e bueno, moldear el mundo sino cambiarlo. Y el dijo todo buen comunista debe estudiar a Marx y bueno actuar en función de los dos libros del Capital. Luego de la charla yo me acerque y le dije cómo nadie le comentó que esto es la tesis numero 11 y que en realidad Marx escribió tres volúmenes del capital. El me dijo, yo en realidad eso lo sé pero justamente a eso iba.

El punto esencial al que apuntaba, era transmitir a la gente que no me importaba. Yo creo que la idea de la interpelación ideológica de Althusser a esta altura se vuelve demasiado simple. Si es que la ideología ha de funcionar, no se la debe tomar demasiado directamente. Por ejemplo, ustedes no deberían identificarse totalmente con determinado concepto, noción religiosa, política o de otra índole. Ustedes tienen que decir bueno, yo no puedo reducirme a una encarnación de una ideología, yo soy una persona compleja con un montón de otros elementos y aristas, no se me puede reducir solamente a eso. Y yo creo que a través de esa diferencia en más respecto de la ideología reconociendo que hay algo más en mi aparte de la ideología es así que la ideología funciona. Yo creo que el más grande ejemplo en la historia de la Iglesia es San Agustín, yo si bien soy ateo vengo de un país ateo como es Eslovenia, y San Agustín hizo dos cosas: el inventó el interior cristiano moderno, esa profundidad de estudio teológico y psicológico. Pero a la vez, el logró la transformación de la cristiandad para convertirse en religión del estado, y yo creo que las dos operaciones son lo mismo básicamente. Mi mensaje para ustedes es que no se dejen engañar, que no tomen en serio a aquella gente que predica la moderación, que dice que no hay que tomar a las ideologías seriamente porque esos son los verdaderos ideólogos. Ahora quizás después de esta digresión quizás tal vez pueda volver al tema de la guerra. ¿Qué fue lo que pasó concretamente con la guerra contra el terrorismo después del 11 de setiembre? Y que pasó precisamente a ese nivel de presuposiciones ideológicas? Esta de moda decir que en 1989 el año de la caída del socialismo marcó el fin de las utopías. Y yo en cambio creo lo contrario, que en realidad marcó la última década de explosión de una utopía que en este caso fue la utopía liberal capitalista. Fukuyama lo dijo claramente, el hablo del fin de la historia, es decir que sabemos lo que tenemos que hacer y esto es una utopía. Yo creo que el 11 de setiembre marcó justamente el fin de esa utopía. Si el gran símbolo de los años 89 y 90 fue la caída de los muros de Berlín, el símbolo de estos últimos años más recientes son estos nuevos muros que se están construyendo, unos literales como el que existe entre Israel y la franja occidental y por supuesto todas esas paredes son muros burocráticos, administrativos y demás. De hecho mi punto es que lo que se está dando últimamente es un desplazamiento fundamental en el funcionamiento de la democracia. Cuestiones que hace diez años habían sido impensables en el inconsciente iluminista hoy forma parte de la práctica cotidiana. Hablemos de la tortura por ejemplo. Hace diez, quince años había sido impensable en occidente discutir públicamente acerca de la tortura. Como ustedes tal vez sepan desde el 11 de setiembre, la tortura es un tema publico en EEUU y no solamente de publicaciones marginales de la extrema derecha sino en medios centrales como en Newsweek o Times donde abiertamente se discute de que manera y en que medida hay que torturar a los sospechosos del 11 de setiembre. Por ejemplo, hace dos años un columnista muy respetado de Newsweek Jonathan Alther escribió una nota que llevaba como título: "Es hora de pensar de nuevo la tortura", y de nuevo, es Newsweek que es un órgano de prensa del centro totalmente respetado y liberal, no es una revista de extrema derecha. Una breve cita de este autor: No pongo en duda que es contrario a los valores norteamericanos la tortura pero aunque sigamos proclamando públicamente contra los abusos de derechos humanos de todo el mundo, necesitamos tener un espíritu abierto y una actitud abierta antes de tomar las medidas necesarias para combatir el terrorismo como la de los interrogatorios psicológicos permitidos por.....y tenemos que pensar también en transferir algunos sospechosos a nuestros aliados menos delicados por más que tal vez resulte hipócrita, nadie dijo que esto fuera ser fácil o divertido. Para mi lo problemático de esta cita no es que esté haciendo apología de la tortura sino por las razones que aduce para ello. Lo espantoso que se está dando aquí es el hecho de la tortura, que se sabe que sucede en secreto, sino lo horroroso es que hemos llegado a un estado donde se puede hablar en público y tranquilamente sobre la tortura. Preferiría que este autor fuera pro- tortura ya que sería más fácil de argumentar. Pero por más que el se plantee como formalmente como contrario legitima la división en torno a la tortura. Se habrán dado cuenta cual es su solución, es tercerizar a la tortura. Creo que este es el punto crucial en torno a la guerra de Irak en la medida en que han surgido sustitutos de nuevas reglas en las relaciones internacionales en lo que hace a derechos humanos y esta es la razón por la cual no deberíamos luchar por las batallas incorrectas, las falsa batallas. Los EEUU nos dice que Husseim era un criminal, no hay que defenderlo a Husseim, por el contrario yo incluso creo que era peor que como lo pintaron los norteamericanos. Acá es significativo que los EEUU cuando enumeran los supuestos crímenes de Husseim se olvidan de los crímenes más tremendos. Sin duda alguna, el crimen más espantoso que cometió Husseim fue su ataque contra Irán y de eso nunca se habla. Porque EEUU lo apoyó en su momento. Y aquí quiero considerar una referencia a Lacan, ustedes recordaran que Lacan decía que si tenemos un marido celoso, de que tiene razón con sus celos porque efectivamente su mujer se esta acostando con todo el mundo, sus celos son patológicos. Y lo crucial en este punto no es saber porque la señora se acuesta con medio mundo sino porque este señor tiene que sostener toda su estructura psíquica alrededor de estos celos tan tremendos.

Lo mismo pasa por ejemplo con el antisemitismo. Es totalmente equivocado discutir con un antisemita diciéndole, estas equivocado, los judíos no son como vos decís. Tomemos Alemania 1937, Cuando los Nazis en su época decían que los judíos estaban seduciendo a las chicas alemanas. Bueno tal vez en cierta manera fuera así, probablemente hubiera algunos judíos que seducían algunas chicas alemanas, lo mismo cuando acusaban a los judíos de estar explotando a las trabajadoras alemanas, probablemente en algunos casos se daba esto, pero este era un falso debate porque el antisemitismo... La pregunta central no es que el antisemitismo reprocha cosas a los judíos que ellos no son en realidad, sino que lo que hay que preguntarse es por qué la ideología nazi necesitaba elegir, buscar en el judío la figura del enemigo para sostener su estructura ideológica. Y lo mismo sucede con la guerra con Irak, la pregunta no es en qué medida Sadam es la encarnación del mal sino por qué los EEUU tuvieron que construirlo como la figura del enemigo, esa es la pregunta central. Pero incluso en un nivel más elemental se esta dando un desplazamiento ideológico mucho más fundamental. Permítanme comenzar con fenómeno un aparentemente trivial. Ustedes habrá notado que en el mercado haya cada vez más productos que están privados de su contenido dañino, o nocivo, café sin cafeína, crema sin contenido graso, cerveza sin alcohol, etc. Esto no se limita a las mercancías, por ejemplo el sexo virtual, qué es el sexo virtual sino el sexo sin sexo. Y que otra cosa es sino el planteo de Collin Powell que hablaba de una guerra de daños colaterales. Es como café descafeinado o guerra sin guerra, en que reside el cambio en este marco. En la ética más tradicional teníamos que gozar de las cosas pero equilibradamente con moderación. Hoy nos encontramos con una suerte de extraña coincidencia de opuestos porque realmente no es posible ejercer la moderación si todo está evitado de su potencial dañino, por ejemplo, ya no se trata de tomar café moderadamente porque como esta descafeinado uno puede tomar todo el café que quiera. En los Angeles tuve un problema en donde tuve que comprar laxantes. Me dieron un producto genial que era chocolate laxante. Así que si estás más constipado, come más chocolate..... creo que esta es la mejor metáfora de hacia donde estamos marchando hoy en día.

A mi me parece erróneo calificar a la sociedad contemporánea como sociedad de consumo, en primer lugar por la obvia cuestión que hay una sociedad de consumo pero solo para el 10 % privilegiado, lo mismo vale para todas estas teorías que hablan de la desaparición del trabajo manual etc, en la sociedad pos industrial, porque el trabajo manual esta desapareciendo de los países occidentales y se esta trasladando a Indonesia, China, etc y esto es amanera en que leo las películas de James Bond. Se dieron cuenta que las películas de J. Bond son películas donde se ven intensos procesos de producción de trabajos físicos manuales, cuando ocurre esto, bueno, cuando J. Bond llega al territorio de los malvados y logra entrar y ahí se procesan drogas, armas. La misión de J. Bond es por supuesto destruir este lugar, tal vez J. Bond no sea un agente inglés y sea un agente de aquellos sociólogos que promulgan que está desapareciendo el trabajo. El otro punto es que cada vez nos da más miedo acceder al verdadero consumo abierto. Este serían las drogas, cocaína, alcohol. Esta es la razón por la cual en los países occidentales la marihuana es tan popular. Es una especie de agencia de peinados, con opio o sin opio uno puede consumirla sanamente. Pero es mucho más interesante descubrir donde, en qué lugar de la estructura ideológica encontramos esta misma estructura del chocolate laxante. Por ejemplo la cuestión de la tolerancia multi cultural. Yo planteo que la manera en la que funciona esta tolerancia es precisamente un signo de lo opuesto, de la intolerancia. Nos referimos con tolerancia cuando decimos que el otro sea pero que no haya acoso. La ideología es que el otro no se acerque demasiado. Lo que fuere que uno haga es una forma de acoso, si te miro demasiado fijo te estoy violando, si me pongo a fumar te estoy envenenando y si te grito es un acoso verbal, entonces la tolerancia significa quedate lo más lejos posible porque no tolero tu cercanía. Y para mi los multimillonarios como G. Soros son una especie de encarnación del chocolate laxante. Media parte del día se la pasa ganando dinero sin ninguna clemencia y destruyendo la vida de personas y la otra parte del día se dedica a devolverle a esa misma gente lo que le sacó. ¿Acaso lo mismo no se aplica para las guerras?. Tengamos en cuenta que las últimas guerras todas fueron retratadas como intervenciones pacifistas. Hoy en día las guerras sólo se llevan a cabo para asegurar la paz, es como el chocolate laxante, quieren más paz hagan, la guerra. Creo que U. Beck tuvo razón al acuñar un nuevo término como el utilitarismo humanista pacifista. Y en este sentido coincido con G. Agamben cuando plantea que la lógica contemporánea de los campos de concentración hubieran tenido dos niveles: por un lado Guantánamo: aislar al enemigo, y por el otro, la ayuda humanitaria. En la antigüedad es incluso más radical. Tenemos una situación aparentemente contradictoria. Por un lado tenemos una maquinaria estatal que cada vez nos controla con mayor alcance a la que M. Foucault llamaba la biopolítica. Por otro lado tenemos al opuesto, esta insistencia realmente narcisista en torno a los derechos humanos del acoso que ha tenido lugar. Pero se trata de dos caras de la misma moneda y de manera incluso más radical es aquí donde radica el problema la democracia. Hay un nuevos estereotipo sociológico que plantea que vivimos en una sociedad con opciones excesivas pero yo creo que esta apariencia de posibilidades excesivas, esta plétora de posibilidades, cubre el hecho de que cada vez tenemos menos posibilidad de elección, así que para aclarar este punto permítanme concluir con una anécdota de uno de mis libros: tenemos una escena familiar y su papá su mamá le dice al hijo que vaya a visitar a su abuelo. Si tienen al padre típico autoritario les va a decir bueno, no me importa si querés ir o no, portate bien y anda a visitar a tu abuela y comportate, pero tienen suerte si esa es la situación en la que están porque si tienen un padre posmoderno les va a decir algo distinto, les va a decir, vos sabe cuanto te quiere tu abuelo no solamente quiero que la visites sino que tengas ganas y todo niño, todo hijo que no es un idiota sabe lo que esto significa. Dentro de esta aparente posibilidad de elección de hacer lo que uno quiere subyace una orden, un mandato oculto, que es que el mandato no es sólo que tenés que ir a visitar a tu abuelo si no que te tiene que encantar ir, yo creo que es así hoy en día como funciona muchas veces la libertad de acción, en realidad de esta aparente libertad de elección se les esta diciendo cual es la decisión que tienen que tomar pero además que tienen que actuar como si fuera su propia elección, por ejemplo es muy común, se ha puesto de moda decir que estamos ingresando en una nueva era post industrial en la que ya no va a existir esto del empleo a largo plazo y estable sino que vamos a tener que ir adaptándonos y reconvirtiendonos y tenemos que ir actuando de una manera en la que nos vamos a tener que ir delineando nuestro trayecto a lo largo de la vida de maneras cambiantes, yo creo que este es el ejemplo más duro de la ideología esta situación en realidad traumática de no poder contar con un empleo estable se presenta ahora como una nueva libertad, como una nueva posibilidad de estar reinventandose, convirtiéndose en un sujeto nómade. Y yo creo que eso es lo que dificulta el análisis político hoy en día que nuevas formas de no libertad de falta de libertad se presentan como nueva libertades, por eso yo creo que esa situación en realidad refleja un estado de cosas en el que ya no podemos limitarnos a confiar solamente en conceptos antiguos yo aquí diría que la izquierda todavía no ha sabido reflejar estos cambios.

Piensen en lo extraño de la situación actual , hace 30 o 40 años se discutía como iba a ser el futuro, si comunista, socialista, hoy ya nadie discute de estas cuestiones, todos aceptamos que el capitalismo está aquí para quedarse pero por otro lado estamos preocupadisimos por catástrofes, cataclismos cómicos por ejemplo algún nuevo virus o un nuevo asteroide que termine destruyendo la tierra, la paradoja es que es más fácil imaginarse el fin de toda la vida en la tierra que algo que es a menor escala, el fin del capitalismo, nosotros siempre deberíamos reinventar la utopía, pero en qué sentido, hay dos significados falsos: Uno es este antiguo consejo de imaginarse una sociedad plural que sabemos que nunca se va a concretar y la otra utopía es esta utopía del capitalismo en la cual uno sigue encontrándose con nuevos deseos perversos que no solamente quiere realizar sino que lo obligan a uno a realizar, por ejemplo, y esto que les voy a contar ahora no es un chiste sino que es cierto, en unas pequeñas comunidades norteamericanas bastante radicalizadas hablan del la siguiente opción: hablan de que la gente que adopta a la necrofilia en realidad están sufriendo una desventaja en la sociedad que quizás habría que encontrar la forma de suministrarles los cuerpos, imagínense, se ve como algo posible hacer el amor al cadáver pero por otra parte ustedes serían utópicos si creyeran en la posibilidad de controlar las fluctuaciones monetarias internacionales, yo creo que a diferencia de este tipo de utopía, la verdadera utopía no es algo que uno se imagina, un sueño, sino que es algo que en realidad surge de un impulso, de una necesidad pura y autentica de sobrevivir, una necesidad de supervivencia cuando uno se encuentra en una situación en la que ya no es posible una salida dentro de las coordenadas de lo habitual, entonces nuevamente destaco que la utopía es algo que uno se ve obligado a imaginar uno se ve forzado a imaginarla y no es algo que surja libremente de una fantasía sino que es un imperativo de una urgencia de una situación, quiero agradecer que me hayan escuchado...
Tzvetan Todorov

 

DEMOCRACIA FUNDAMENTALISTA
Entrevista de Alejo Shapire

Tzvetan Todorov (Sofía, 1939) ha dejado en Occidente su impronta como hermeneuta, historiador y filósofo. Autor de una treintena de obras de referencia como "Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje" "Introducción a la literatura fantástica" o "Deberes y delicias" (una autobiografía intelectual), Todorov ha abordado una enorme diversidad de temas. RadarLibros lo sometió a la primera entrevista en donde habla de su último trabajo: "Le nouveau désordre mondial. Réflexions d"un Européen", un ensayo donde examina la nueva doctrina de seguridad norteamericana.
Encontramos a Tzvetan Todorov tecleando frente a una IMac de última generación, dirigiendo el CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica) de Francia. Desde 1963 vive en París, junto a sus tres hijos y su mujer, la novelista norteamericana Nancy Houston.

Schapire:- "Le nouveau désordre mondial" parte de un estudio sobre la índole de la administración Bush. A diferencia de otros analistas que hablan de un gobierno neoconservador, usted prefiere utilizar el término de "neofundamentalista"...

Todorov:- Recuso el término "neoconservador" porque esta política no tiene nada de conservadora. Por regla general, los conservadores aceptan la imperfección del mundo, se adaptan al statu quo, tratan de acondicionarlo pero, sobre todo, no tienen el proyecto de proveer la felicidad para todos. Por el contrario, la administración actual aspira a promover una suerte de revolución mundial que conduciría a todos los pueblos del mundo hacia lo que parece si no el paraíso terrenal, al menos el mejor régimen posible, a saber la democracia liberal. Lo inédito de esta combinación es precisamente el hecho de que el contenido del ideal sea la democracia liberal mientras que el medio para imponerla es el de los fundamentalistas, que jamás dudan de la verdad y la rectitud de sus ideales y sus propuestas, y que están dispuestos a imponerlos por la fuerza.


Schapire:- Al estudiar el discurso utilizado para justificar la nueva doctrina de seguridad norteamericana, usted destaca las similitudes que hay entre esta retórica y la de la vieja izquierda revolucionaria antiestalinista. ¿Cómo llega a esta conclusión?

Todorov:- Ocurre que varios de los ideólogos del gobierno norteamericano vienen directamente de movimientos más bien de izquierda, pero de la izquierda antiestalinista, es decir de la tradición trotskista -incluso maoísta-, que criticaba el imperialismo y la burocracia soviética, pero que defendía la idea de una revolución permanente que permitiese, a través de la violencia, imponer el mejor régimen posible sobre la faz de la tierra. Es a estos hechos materiales e históricos que me refiero.

Schapire:- ¿Quiénes son estos intelectuales?

Todorov: -William Kristol, Ricard Pipes, Robert Kagan, toda esa nebulosa de neofundamentalistas que estaba ligada a revistas cuya inspiración, dentro de la tradición norteamericana, reflejaban la crítica de izquierda del estalinismo que, poco a poco, dejó de ser de izquierda. Revistas como "Partisan Revue", "Commentary" o "The New Republic" son representativas de esta evolución donde se parte del antiestalinismo para llegar a lo se llama -a mi entender de forma equivocada- el neoconservadurismo. El padre de William Kristol (uno de los principales animadores de este grupo) fue uno de los grandes trotskistas convertidos al antiestalinismo durante la generación anterior. Lo mismo ocurrió con el padre de Pipes. De modo que hay una suerte de pase de testigo que se produce y que permite ver lo que podíamos deducir de un modo completamente abstracto.

Schapire:- A la hora de justificar la intervención armada norteamericana, usted identifica en el discurso probélico lo que George Orwell describe en la novela 1984 como el "newspeak"...

Todorov:- Los elementos del "newspeak" son formaciones de palabras construidas a partir de términos contradictorios. Recuerde cómo en Orwell hay expresiones del estilo "la guerra es la paz", "la libertad es la esclavitud", o lo contrario. Esta vez se nos habla de "guerra misericordiosa" o de "bombas humanitarias". Esta última me parece una de las expresiones más graciosas pero también una de las más escandalosas que se hayan escuchado. Otra es el "nacionalismo universalista" de Estados Unidos que, se supone, encarna ese país.

Schapire.- Usted compara la concepción norteamericana del llamado "derecho de injerencia" al colonialismo inglés o francés del siglo XIX, y se opone a que una democracia trate de imponer a una dictadura su concepción de la libertad. ¿Por qué, como apunta en su ensayo, habría que "renunciar a imponer el bien por la fuerza"?

Todorov.- Es el gran debate de fondo. Aquí podemos oponer dos sistemas de pensamiento. Uno, que considera que posee el bien y que piensa que por ese motivo tiene no sólo el derecho sino el deber de llevarle este bien a los demás. Y por esa razón está dispuesta a hacer la guerra. El otro punto de vista también considera que representa el bien, pero piensa que cada quien debe buscar y encontrar su propia vía hacia este bien. Esta segunda actitud ha sido la de la "tradición liberal", un término cuyo sentido ha sido completamente trastocado y significa hoy casi lo mismo que "capitalismo". Pero, en su origen, el pensamiento liberal es un pensamiento de tolerancia que nace durante las guerras de religión. En realidad, la aventura colonial de las potencias europeas en el siglo XIX era mucho más cínica y buscaba su propio interés. Esta ideología, que era una fachada, se convertía en un medio muy poderoso para promover los propios intereses. No quiero decir que hoy en día las guerras conducidas en nombre del "derecho de injerencia" sean únicamente hechas con un espíritu neocolonial. No creo que los Estados Unidos quieran convertir Irak en una colonia. Diría que buscan un cierto tipo de hegemonía, de control político global con la eliminación de estados hostiles que podrían financiar una mala jugada en su contra: eso les basta. Sin embargo, la idea del "derecho de injerencia" es tan peligrosa como el de las guerras en nombre de principios superiores, ya que nunca podemos estar seguros de que esta verdad que reivindicamos es la misma de aquellos a quienes tratamos de imponerla. Para mí los medios anulan los beneficios del fin.

Schapire:- Pero cuando uno reivindica las ideas del iluminismo, cuando piensa que la democracia es una valor superior a otros tipos de sistema, ¿el oponerse al "derecho de injerencia" no implica caer en el relativismo?

Todorov.-: No hace falta caer en el relativismo cuando se renuncia a hacer la guerra como medio para imponer o difundir la ideas de Las Luces o la democracia liberal. Existen muchas otras formas que no incluyen misiles y bombas. Hay que admitir el mundo en su complejidad, hay que tratar de no ver únicamente el bien de un lado y el mal del otro. Es indiscutible que para todos nosotros la caída de Saddam Hussein es un hecho feliz. De ahí a afirmar que es el método correcto que debemos emplear sistemáticamente para combatir todas las dictaduras del mundo, es decir vivir en una guerra permanente, es un paso que no creo que debamos dar. Sobre todo cuando no sabemos cuáles van a ser las consecuencias finales de la caída de Hussein. No creo que podamos decir que solucionamos el problema matando al tirano.

Schapire.- Frente al unilateralismo norteamericano, usted propone la creación en Europa de una "potencia tranquila". ¿En qué consistiría?

Todorov:- Yo no soy un pacifista. No creo que el mundo de mañana se verá librado como por arte de magia de la violencia y que nunca más tendremos que defendernos. Por ahora Europa vive protegida por el escudo militar norteamericano, lo que llamamos la doctrina atlántica. Este sistema fue indispensable durante la Guerra Fría, ya que la amenaza soviética era tal que Europa sola no podía hacerle frente y neutralizarla. Hoy la situación ha cambiado. Primero, por el derrumbe del bloque soviético y segundo por la aceleración del ascenso de Europa. Desde 1945 el continente nunca estuvo tan unido. Así que para mí Europa tiene que encontrar la forma de defenderse por sí misma, convirtiéndose en una potencia militar. Europa debería ser capaz de conducir su propia política, disociarse de toda empresa que le parezca aventurada, peligrosa y desestabilizante para el resto del planeta. En otras palabras, ofrecerle a los EE.UU. y al resto del mundo el ejemplo de otra forma de utilizar la fuerza militar: un uso esencialmente defensivo, sin la ambición de manejar los asuntos del universo.
DEMOCRACIA FUNDAMENTALISTA
Entrevista de Alejo Shapire
Publicada en ANTROPOSMODERNO

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