Choques que plataformas como Uber han tenido con legislaciones son apenas la punta del iceberg.

Por:  DIEGO ALARCÓN | 
| 5 de junio de 2016
El 'big data', la robótica y la impresión 3D, entre otros avances tan cotidianos como las 'apps', están transformando el mundo de una manera profunda.
El 'big data', la robótica y la impresión 3D, entre otros avances tan cotidianos como las 'apps', están transformando el mundo de una manera profunda.
Foto: Archivo particular

  
El 'big data', la robótica y la impresión 3D, entre otros avances tan cotidianos como las 'apps', están transformando el mundo de una manera profunda.

El futuro ya no es esa referencia lejana que dejaba mucho tiempo para pensar en la mejor manera de abordarlo. Hace apenas cuatro meses, Klaus Schwab, director y fundador del Foro Económico Mundial (FEM) –que reúne a potencias económicas, líderes y a varios de los capitales más poderosos del mundo– advertía en Davos (Suiza) que la Cuarta Revolución Industrial ya está marchando en el mundo y “el problema está en que ni los gobiernos ni la sociedad civil serán capaces de paliar los grandes desbarajustes que ocasionará este auténtico maremoto, que tendrá importantes consecuencias económicas, políticas y sociales a nivel mundial”.
Con la discusión puesta en esta nueva ‘revolución’, por el Foro desfiló una cifra escalofriante: en la próxima década el desarrollo de las industrias impulsadas por el avance de las nuevas tecnologías pondrá en riesgo el 47 por ciento de los empleos actuales en países como Estados Unidos.

La predicción pareció ir por el mismo camino de los vaticinios de John Chambers, presidente ejecutivo del gigante de las telecomunicaciones Cisco Systems, quien desde el año pasado viene insistiendo en que, si las empresas de hoy no se montan a la ola de las nuevas plataformas tecnológicas, el 40 por ciento de ellas terminará por ahogarse y desaparecer en solo una década.



Suena al apocalipsis, pero el propio Schwab (ver columna anexa) invitó a dedicar la última edición del FEM a pensar en conjunto y, muy seriamente, cómo estar a la altura del desafío y plantar cara, de la mejor manera, al terremoto que están ocasionando iniciativas como Uber y Airbnb, entre otras.
Se trata de un choque de modelos. O de estructuras. A finales del siglo XVIII el revuelo lo causaron las máquinas a vapor. Luego, en el XIX, la electricidad. A finales del siglo XX y principios del XXI, la automatización de las fábricas, la aparición de los computadores e internet. Y ahora, la que ha sido bautizada como la ‘cuarta revolución’ toca la campana avisando que es hora de montarse en el tren de la ‘internet de las cosas’, que es el concepto que, más allá de la red misma, abarca la posibilidad de que objetos, máquinas y personas interactúen remotamente en cualquier lugar y momento.

Los conflictos que Uber ha desatado con los taxistas tradicionales, que denuncian competencia desleal; el de Airbnb con el sector hotelero, que demanda más controles estatales, o el de Netflix con la televisión tradicional (en diversos países se estudia la posibilidad de cargar el servicio con un impuesto) son apenas algunos de los síntomas de las grandes transformaciones que está gatillando la tecnología en nuestro mundo.
Mientras tanto, la incapacidad de los sistemas legislativos y comerciales actuales para adaptarse a estos nuevos escenarios es tan evidente como dramática, ya que todavía se ve a varias sociedades debatiéndose entre la prohibición de estas apuestas y su funcionamiento sin ninguna regulación.
Sin embargo, mientras las naciones discuten, las nuevas plataformas no dejan de nacer, anticipando nuevas tormentas. En Estados Unidos y Europa ya existe TaskRabbit, una plataforma que tras ver la luz como una empresa de mensajería y domicilios, expandió sus servicios a proveer mano de obra para asuntos diversos como el aseo del hogar o la plomería, invitando incluso a sus usuarios a que tengan conocimientos en estas áreas a que se registren en ella para acudir a donde sean requeridos y ganar un dinero extra. El debate sobre la seguridad social de sus ‘trabajadores’ ya comenzó.

Otras como Turo, que ya funciona en toda Norteamérica, pone a disposición del usuario el alquiler de los automóviles que otros usuarios registran en las plataforma para ser usados en cualquier ciudad, lugar y momento. Si un pasajero aterriza en Nueva York, por ejemplo, bastará con que coordine con su contraparte la entrega del carro en el aeropuerto en vez de pagarles a las firmas de alquiler de siempre. La discusión sobre las pólizas especiales de seguros que deben pagar estos carros y sobre la compatibilidad de licencias de conducción también han estado sobre la mesa, así como la revisión de presuntas captaciones ilegales de dinero de las que son acusadas propuestas como LendingClub, que reúne dinero de sus usuarios para realizar a través de internet préstamos a costos más bajos que los de la banca tradicional.
La avalancha de este tipo de economías colaborativas es tan grande y el avance de las regulaciones tan lento que la fuerza del mercado y las soluciones de las necesidades de los clientes parecen imponerse por knock out, al punto que en casos como el colombiano la plataforma Cabify acaba de anunciar que competirá directamente con Uber en un país que aún no sabe a ciencia cierta si Uber es legal o ilegal.
Situaciones así son tan comunes ahora en el mundo que incluso Europa ya luce lista para dar el paso. Elzbieta Bienkowska, comisaria europea a cargo de temas de industria, afirmó esta semana que “no se puede prohibir totalmente una actividad solo para proteger modelos económicos existentes”. Y agregó: “La economía colaborativa puede constituir una oportunidad para los consumidores, los empresarios y el sector privado, con la condición de que sea fomentada de la manera correcta”.

Futuro cercano

“Vivimos pegados al status quo de la segunda revolución industrial y algo de la tercera”, asegura Alfredo Osorio, experto en emprendimientos digitales, quien desde su compañía Bomba Camp, en Chile, se dedica a apoyar económicamente ideas de emprendimiento con potencial, así como a asesorar a empresas tradicionales para que puedan entrar en la nueva era.
Según él, el mundo en pocos años será un lugar distinto: “Habrá autos que se conducen solos en algunas ciudades, la realidad virtual comenzará a cambiar para siempre la educación porque permitirá simular un montón de actividades y escenarios; la aplicación de las ‘neuronas robot’ permitirá controlar prótesis directamente desde el cerebro; las impresoras 3D permitirán hacer productos personalizados para los usuarios así como, incluso, dar origen a órganos artificiales que puedan reemplazar a los biológicos; y gracias al ‘big data’ –los datos que van dejando los usuarios en la red durante su interacción– las empresas tecnológicas no solo podrán diseñar mejores productos sino predecir lo que sus clientes buscarán en el futuro”.

El cambio que se viene es radical. El consumidor se enfocará en la senda ‘on demand’ (por demanda), consumiendo lo que quiere en el momento que quiere. Como asegura Marc Randolph, cofundador de Netflix, “una tendencia será la personalización profunda de los productos definida por las preferencias del cliente de acuerdo con lo que ve, lee y consume”.
Todo esto será posible gracias al ‘big data’, que, de acuerdo con Osorio, pronto permitirá también que instituciones bancarias entreguen préstamos solo estudiando la disciplina de los usuarios al pagar sus servicios en internet, lo que le supondrá a la banca tradicional la necesidad de suprimir sus departamentos de análisis del riesgo. De hecho, Osorio está tan convencido del cambio que apunta que el sistema financiero será totalmente distinto a de aquí a cinco años, con la progresiva desaparición de las sucursales y con el crecimiento de monedas netamente digitales, como el bitcóin.
En la cuarta revolución industrial, las nuevas empresas, como ya estamos viendo actualmente, se enfocarán más en encontrar valor al resolver las necesidades de las personas, tal y como lo sugiere el especialista británico Paul Mason, autor del libro Poscapitalismo: Hacia un nuevo futuro. A este escenario se suma el alcance global de internet y la posibilidad de llegar a un público diferenciado con servicios que se prestan de manera directa y que prescinden de intermediarios y largas cadenas de distribución. Solo de esta manera, por dar otro ejemplo, será posible que a través de una plataforma de venta online un emprendedor pueda competir directamente con grandes superficies sin necesidad de puntos de venta y con una mano de obra reducida, lo que al final se traducirá en la posibilidad de ofrecer mejores precios. Por realidades de este tipo es que algunos teóricos de la nueva economía han descrito a la ‘cuarta revolución’ como la era que democratizará el emprendimiento.

El nuevo capitalismo

¿Acaso este escenario económico no hubiera sido un sueño para el propio Adam Smith, un mundo con miles de actores ofreciendo y demandando continuamente? Posiblemente, pero más que el ápice capitalista, las trasformaciones de estos días podrían ser más una especie de reinicio del sistema mismo, una refundación que para expertos como Mason equivaldría a un cambio de modelo: la información y la conexión cambiarán para siempre la noción de trabajo, los mercados perderán las pautas usuales con las que hasta ahora han puesto sus precios y la producción colaborativa seguirá desafiando las estructuras jerárquicas que sustentan la economía de hoy.
La transformación está siendo tan aparatosa que empresas y gobiernos que se matricularon en la doctrina del libre comercio y promovieron tratados para implementarlo se ven hoy muy preocupados porque en ciertos sectores la propiedad intelectual está en peligro, los recursos no se están quedando en sus países, ni siquiera en sus regiones, y las industrias nacionales corren el riesgo de naufragar con un costo humano enorme a bordo.
(Además: Inauguran laboratorio de computación alimentado por energía solar)
Más allá de todo esto, la consigna del presente parece ser la de prepararse para los retos. De las políticas de los gobiernos en este tema dependerá no solo el crecimiento económico, sino también la disminución de la desigualdad entre naciones y ciudadanos. El Banco Mundial advirtió en un reciente informe sobre los dividendos digitales en el mundo que las plataformas de productos y servicios a bajos costos, al llegar a la gran escala, podrían fundar nuevos monopolios en internet para los que hasta ahora no existe regulación alguna.
La clave estará entonces en encontrar el equilibrio entre el control legal y el uso libre de internet, una plataforma sobre la que, hasta ahora, cualquier señal de interferencia estatal es tildada de intromisión indebida. “Lo primero que debemos procurar es no estigmatizar internet por los cataclismos que está causando y sería ingenuo también pensar en que los cambios legales deben venir para plataformas específicas y no para una nueva realidad. Al contrario, debemos ser conscientes de que esta es una oportunidad para replantearnos el contrato social”, explica Carolina Botero, directora de Fundación Karisma, una organización independiente dedicada a apoyar y difundir el buen uso de las tecnologías en los entornos digitales, sociales y de políticas públicas.
Para Osorio, lo único claro es que el horizonte está lejos de despejarse en este momento, caracterizado por el crecimiento exponencial que ha tenido la tecnología y la estupefacción de los gobiernos y las empresas tradicionales, a las que aconseja: “Sigan usando el modelo de negocio actual, pero generen una nueva área de exploración donde puedan hacer experimentos en paralelo, sucesivos, rápidos y baratos, que permitan comenzar a entender lo nuevo y encontrar nuevos esquemas de servicio y producción”.
Algo en lo que los expertos concuerdan es que el nuevo escenario no lo parará nada ni nadie y que al mundo se le vienen días complicados. Como escribió recientemente Larry Hatheway, economista jefe del grupo de gestión de capital GAM en Inglaterra: “Las nuevas formas de producir cosas a menudo matan a las viejas industrias y eliminan puestos de trabajo antes de que la totalidad de los beneficios del modelo sucesor de producción se haga realidad. Un cierto grado de violencia acompaña inevitablemente al progreso humano”.
DIEGO ALARCÓN
Redacción Domingo

http://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/cuarta-revolucion-industrial-un-enorme-desafio-para-el-mundo/16611909


El 'big data', la robótica y la impresión 3D, entre otros avances tan cotidianos como las 'apps', están transformando el mundo de una manera profunda.


Guillermo Maya
Cuarta revolución industrial y desempleo
La acumulación de capital ha seguido su marcha ascendente sesgada hacia un cambio técnico que reemplaza la fuerza laboral por capital, generando desempleo tecnológico.

  17 de mayo de 2016

El mundo está viviendo la cuarta revolución industrial en combinación con “la tercera revolución que comenzó en la década de 1960 y que está basada en la tecnología digital, la informática personal y el desarrollo de internet”, las llamadas TIC.

La cuarta revolución industrial está determinada por “una nueva ola de innovación en ámbitos tales como los autos sin conductor, robótica, materiales inteligentes que son más ligeros y más duros, y un proceso de fabricación en torno a la impresión en tres dimensiones (3D)”, según el editor económico de ‘The Guardian’, Larry Elliott, el renombrado periódico inglés.

El futuro de los trabajadores, según el premio nobel de Economía Wassily Leontief, era que correrían el mismo destino que los caballos: "El papel de los seres humanos como el factor más importante de la producción está destinada a disminuir y desaparecer en la misma forma que lo hicieron los equinos en la producción agrícola, para ser reemplazados por los tractores” (Lanchester, John, LRB, march 5-2015).

Bill Gates, el empresario innovador de Microsoft, ha planteado la relación entre el desarrollo de las tecnologías digitales y el desempleo: "La substitución de trabajo por software, ya sea para los conductores, los camareros o enfermeras (...) está progresando. (...) con el tiempo va a reducir la demanda de trabajadores, especialmente para los menos educados. (...). No creo que la gente haya captado este problema en su modelo mental" (Julie Bort).

Por otro lado, Cadie Thompson, citando a Wendell Wallach, autor del libro A Dangerous Master: How to Keep Technology from Slipping Beyond Our Control (2015), consultor, especialista en ética, que trabaja en el Centro Interdisciplinario de la Universidad de Yale para la Bioética, observa que el desempleo tecnológico significa que “la tecnología mata más empleos que los que produce. Mientras que este miedo se ha considerado una falacia ludita durante los últimos 200 años, ahora se está convirtiendo en una cruda realidad (…). Los robots, la impresora 3D y otras tecnologías emergentes están impulsando el desempleo tecnológico y la disparidad de la riqueza mundial”.

Precisamente, por el lado de las ganancias empresariales el efecto es enorme: “Así, por ejemplo, en 1990 GM, Ford y Chrysler generaron 36.000 millones de dólares en ingresos y contrataron a más de un millón de trabajadores (de acuerdo con Wendel Wallach). Los tres grandes de hoy –Apple, Facebook y Google– generaron más de un billón de dólares en ingresos y solo tienen unos 137.000 trabajadores”.

En este sentido, en el desplazamiento de trabajadores por robots, el poskeynesiano Paul Davidson señala que “cerca de 1,2 millones de robots avanzados adicionales se utilizarán en los EE. UU en 2025 (…) en gran parte debido a que muchas de sus tareas se pueden automatizar con grandes ahorros de costos” (10 de febrero de 2015). 


Sin embargo, este proceso no está limitado a los países desarrollados; según Conner Forrest, los chinos también, a pesar de su contingente inmenso de fuerza laboral, están reemplazando trabajadores por robots y, como ejemplo, en las factorías robotizadas, “la producción por persona ha aumentado de 8.000 piezas a 21.000 piezas. Un aumento del 162,5 %. (…) y la tasa de productos defectuosos cayó del 25 % a menos del 5 %”.

En este sentido, la acumulación de capital ha seguido su marcha ascendente sesgada hacia un cambio técnico que reemplaza la fuerza laboral por capital, generando desempleo tecnológico, que pone en peligro el empleo de los trabajadores, que igualmente ven sus empleos amenazados por las políticas de recortes fiscales defendidos por los partidarios de la austeridad.

Mientras los tecnooptimistas esperan que los puestos de trabajo sean reemplazados por nuevas ocupaciones, los partidarios de la austeridad han ligado este supuesto de absorción laboral con la flexibilidad de los salarios a la baja para aumentar el empleo y el crecimiento económico.

Si esta situación de desempleo tecnológico y de baja demanda agregada no es contrarrestada por políticas de ingresos, como el ingreso básico universal, para combatir la concentración de la riqueza, y por políticas que disminuyan la jornada laboral, que en las actuales condiciones no solo es larga sino que en algunos casos desafía la decencia, dados los adelantos tecnológicos y los altos niveles de riqueza alcanzados, como ya JM Keynes planteaba en los años 30, el desempleo será cada vez un problema para la mayoría de la gente.

Se cree que los avestruces en Australia meten su cabeza en la arena para ignorar el peligro, los humanos metemos la nuestra en el TV o en el teléfono inteligente.



Guillermo Maya



El 'big data', la robótica y la impresión 3D, entre otros avances tan cotidianos como las 'apps', están transformando el mundo de una manera profunda.



La Cuarta Revolución Industrial: Una amenaza de desempleo masivo


Por Patricio Guzmán S.



“Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos, y nos relacionan entre nosotros. Por su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente de todo lo que el género humano ha experimentado antes. Todavía no sabemos exactamente cómo va a desarrollarse, pero una cosa es clara: la […]

“Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos, y nos relacionan entre nosotros. Por su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente de todo lo que el género humano ha experimentado antes. Todavía no sabemos exactamente cómo va a desarrollarse, pero una cosa es clara: la respuesta a la misma debe ser integrada y completa, que abarque todos los actores del sistema de la política mundial, desde  los sectores público y privado a la academia y la sociedad civil.
La primera revolución industrial utilizó la energía del agua y vapor para la producción mecanizada. La segunda usó la energía eléctrica para crear la producción en masa. La tercera usó la electrónica y la tecnología de la información para automatizar la producción. Ahora, una cuarta revolución industrial está construyendo sobre la tercera, la revolución digital que ha estado ocurriendo desde mediados del siglo pasado. Se caracteriza por una fusión de tecnologías que está borrando los límites entre las esferas físicas, digitales y biológicas.” [1]
El tema de la Cuarta Revolución Industrial en la que ya estaríamos viviendo, y de sus consecuencias en el empleo y los negocios, fue un tema central del Foro de Davos.
De acuerdo con el Foro Económico Mundial de Davos en los próximos cinco años se perderían 5 millones de puestos de trabajo, solamente en los 15 países más industrializados, por la automatización y las nuevas tecnologías de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión 3D. Como consecuencia se crearan 2 millones de puestos de trabajo en las áreas de computación, ingeniería, arquitectura y matemáticas.
Las pérdidas de puestos de trabajo impactarán un poco más a los varones (52% de los trabajos desaparecidos) que a las mujeres (48%), sin embargo advirtieron que de cada 5 puestos de trabajo eliminados para las trabajadoras, solo se podrá recuperar uno, mientras que para los varones la recuperación será  de 3 por cada 5 empleos eliminados.
Estamos enfrentando una transformación de la organización de la actividad económica y del trabajo en particular,   es importante entender que el impacto de los nuevos desarrollos tecnológicos y la inteligencia artificial, se dan en un contexto de un ciclo de crisis, desaceleración y  recesión, que ha provocado la destrucción de millones de puestos de trabajo estables y un avance generalizado del empleo precario y subempleo.
Los países no desarrollados, muchos de los cuales mantienen sus economías sobre la base del trabajo barato de baja calificación – sobre todo de Asia y América Latina –  van a estar entre los más perjudicados, porqué perderá importancia su ventaja comparativa del bajo costo del trabajo. Lo mismo vale para los países que mantienen sistemas de enseñanza, incluso de cobertura masiva, pero de baja calidad, con mallas curriculares cuyos objetivos centrales son disciplinar la futura fuerza de trabajo, pero que son incapaces de estimular la creatividad y el disenso creativo entre niños y jóvenes.
Pero no todos tendrán igual acceso a las maravillas de las ciencias y la tecnología. La regla que se ha impuesto en nuestra economía capitalista es la de la concentración de la riqueza, el control de la información, del saber y como consecuencia del poder.
Los descubrimientos e invenciones que deberían beneficiar a la humanidad, permitiendo que los seres humanos dejen de hacer trabajos rutinarios, pesados y riesgosos, y se concentren en labores más creativas, y que permitan elevar la calidad de vida y el bienestar, bajo el capitalismo y su afán de lucro sin límite, se convierten en nuevas fuentes de desempleo e infelicidad. “…Los gobiernos deberán lidiar con más desempleo y más desigualdad.” Indica el comunicado de Klaus Schwab, director del  Foro.
El mayor impacto en el sector servicios.
“En el trabajo administrativo y los servicios profesionales se está dando un cambio menos dramático pero con un impacto potencial sobre el empleo mucho mayor. Tecnologías como la Web, la inteligencia artificial, los macrodatos y las analíticas mejoradas -todas posibles gracias a una disponibilidad cada vez mayor de potencia de computación barata y capacidad de almacenaje- están automatizando muchas tareas rutinarias. Han desaparecido incontables trabajos de oficina tradicionales, como muchos de los que hay en la oficina de correos y en los servicios de atención al cliente. W. Brian Arthur, investigador visitante en el laboratorio de sistemas de inteligencia del Centro de Investigación de Xerox en Palo Alto (EE.UU.), lo denomina la “economía autónoma”. Es mucho más sutil que la idea de robots y la automatización encargándose de trabajos humanos, afirma: implica “procesos digitales hablando con otros procesos digitales y creando nuevos procesos”, permitiéndonos hacer muchas cosas con menos gente y haciendo que más trabajos humanos queden obsoletos.” [2]
Hace tiempo que la automatización se instaló en la industria, como la automotriz, realizando muchas de las actividades rutinarias. Amazon es un ejemplo de la robótica introducida en la gestión de stocks de bodega;  pequeñas maquinas inteligentes de color naranja se mueven entre las estanterías y entre miles de productos sacan los solicitados, y los entregan a los empaquetadores que por el momento siguen siendo personas humanas.
“La automatización afectará sobre todo a profesiones que contemplan tareas repetitivas, como operadores telefónicos, cajeros de supermercados, trabajos del campo administrativo y todo lo que tenga que ver con el transporte y la logística.”[3]
El sector donde se supone que la “Cuarta Revolución Industrial” avanzará más en el futuro inmediato será el de los servicios. La difusión masiva de los computadores y software asociados al “trabajo de oficina” ya ha tenido un impacto importante, que se profundizará en los próximos años. Pero todavía es poco en relación con la “invasión” que reemplazará mucho trabajo humano de los servicios. Se producirá una eclosión de educación a distancia, que pondrá en cuestión mucho de nuestra percepción de la escuela y la universidad tradicionales, educadores robóticos darán respuesta a necesidades específicas.
En medicina se espera que los nano fármacos y nano implantes, las medicinas genéticas, los exoesqueletos robóticos, y artilugios con inteligencia artificial serán capaces de ayudar y estimular a pacientes con demencia, enfermedades del espectro autista, y limitaciones motores mejorando sus habilidades cognitivas, motoras y sensoriales entrarán a los servicios de salud. Así pacientes que hoy están postrados y necesitan auxilio para sus funciones cotidianas se beneficiaran de robots inteligentes y exoesqueletos que les proporcionaran la coordinación y energía para el movimiento de sus miembros, recibiendo impulsos directamente del sistema nervioso de los pacientes o “inválidos” que dejarán de serlo. Pero incluso personas completamente sanas se beneficiarán de la ayuda para multiplicar la fuerza de los portadores de los exoesqueletos y cargar grandes pesos.
La banca y la automatización inteligente.
En la banca la transformación empezó hace algunos años, las operaciones presenciales de los clientes y los cajeros humanos están siendo progresivamente reemplazados por operaciones virtuales, cajeros automáticos, y otras maquinas que reciben depósitos y cheques. Las nuevas tecnologías de información y comunicación, permiten concentrar muchas operaciones, y desplazarlas lejos de las sucursales, incluso a otro país. Los clientes, sobre todo jóvenes acuden cada vez menos en persona a los bancos.  Para Francisco González, del BBVA y participante en el Foro de Davos,  en el sector financiero “la clave para una entidad como BBVA es convertir el banco en una compañía de servicios digitales”[4].

Economías colaborativas.

Si simplemente nos quedamos con la destrucción de puestos de trabajo, que bajo el sistema económica social actual, va de la par con los grandes cambios, que los representantes de las clases dominantes que se reúnen en Davos discuten, entonces a pesar de las promesas maravillosas de la automatización inteligente, el futuro parece triste. Una réplica en gran profundidad de la fotografía actual de la alimentación en el planeta donde un tercio de los habitantes está destrutrido e incluso al borde de la muerte por hambruna, y otro tercio mal alimentado con sobrepeso y obesidad mórbida, cuando nuestros conocimientos y productividad perfectamente podrían evitar ambos estragos.
No hay que subestimar la capacidad del ser humano para usar el avance de las ciencias y tecnología y edificar nuevas relaciones sociales y productivas. Las soluciones en el empleo están al alcance de la mano, y se basan en el principio que antes de la competencia está la colaboración, la propia división del trabajo y especialización del trabajo es una forma de colaboración social.  El salto prodigioso de productividad permitiría repartir el trabajo, y todos trabajaríamos menos, con más tiempo para la educación y la formación, para el ocio creativo y recreativo, y para controlar y gestionar las cuestiones públicas, todo lo cual permitiría construir una sociedad democrática genuina, de amplia participación, reduciendo la desigualdad entre representantes y representados. “El futuro del empleo, de hecho, ya está aquí. Se llama “economía colaborativa” (sharing economyen inglés). La definición de Wikipedia es la más precisa: “Un sistema económico en el que se comparten e intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales.”[5] Pero para que la economía colaborativa, la planificación democrática, la socialización de la gran propiedad… alcance su pleno desarrollo es necesario acabar con el capitalismo. Las condiciones materiales para el socialismo y la democracia  genuinos están más favorables que nunca.


[1]  Klaus Schwab.  Fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial. 14 de enero de 2016. The Fourth Industrial Revolution: what it means, how to respond.
[2] MIT Technology Review. 25 de Junio de 2016. David Rotman.    De cómo la tecnología está destruyendo el empleo.
[3] El País. 8 de febrero de 2016.  Luca Costantini. Los robots, la cuarta revolución industrial.
[4] 21 de enero de 2016. Entrevista en CNN desde Davos
[5] Forbes. 24 de febrero de 2016. Pablo Majluf. La economía Colaborativa.





Escrito por
Klaus Schwab
Founder and Executive Chairman, World Economic Forum
Regular Author
Publicado
12/10/2016


El surgimiento de nuevas tecnologías es tan veloz que ya nos cuesta manejar su impacto en la sociedad. Los cambios tecnológicos afectan todos los aspectos de la vida, desde la naturaleza del trabajo hasta lo que significa ser humano, y pueden resultarnos abrumadores si no trabajamos juntos para comprenderlos y manejarlos.


Avances revolucionarios en inteligencia artificial, robótica, Internet de las Cosas, vehículos autónomos, impresión 3D, nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, almacenamiento de energía y computación cuántica están redefiniendo industrias enteras y creando de cero otras nuevas. En el Foro Económico Mundial a esta ola de innovación la bautizamos “Cuarta Revolución Industrial”, porque supone un cambio fundamental del modo en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos.




Nuevas tecnologías como la máquina de vapor y la mecanización de la producción textil dieron inicio a la Primera Revolución Industrial, que fue acompañada por transformaciones sociopolíticas históricas como la urbanización, la educación universal y la agricultura mecanizada. Con la electrificación y la producción en masa, la Segunda Revolución Industrial introdujo modelos sociales y modos de trabajar totalmente nuevos. Y con la llegada de la tecnología digital y las telecomunicaciones instantáneas, la Tercera Revolución Industrial, que se desarrolló a lo largo de las últimas cinco décadas, conectó el planeta y redujo el tiempo y el espacio.



La Cuarta Revolución Industrial traerá transformaciones no menos importantes: si bien cada una de las tecnologías tendrá un impacto por separado, lo que más definirá nuestras vidas en el futuro serán los cambios en los sistemas sociales y económicos. En esta etapa, no hay un consenso en relación con temas tan básicos como la propiedad de los datos personales, la seguridad de las infraestructuras y los derechos y responsabilidades de las nuevas empresas disruptivas. Se necesita un marco conceptual que ayude a empresas, gobiernos y personas a anticiparse a los cambios radicales con base tecnológica que se avecinan en los modelos de negocios y en cuestiones éticas y sociales.



Para garantizar nuestra prosperidad futura, debemos preguntarnos si las nuevas tecnologías se diseñan con el objetivo de satisfacer necesidades sociales o si simplemente introducen cambios por el cambio mismo. Más en general, debemos pensar no sólo en el avance tecnológico y la productividad económica, sino también en el efecto de esas fuerzas sobre la gente, las comunidades y el medioambiente.



A la par que la Cuarta Revolución Industrial se desarrolla, cuatro principios deben guiarnos en la definición e implementación de políticas. Para empezar, debemos pensar en sistemas, no en tecnologías aisladas; sólo observando el modo en que interactúan fuerzas tecnológicas, sociales y económicas divergentes podremos determinar y predecir los cambios posibles en las empresas, la sociedad y la economía.



En segundo lugar, debemos oponernos a la muy extendida visión fatalista según la cual el progreso está predeterminado. Hay que educar y empoderar a comunidades e individuos para que dominen las tecnologías con fines productivos, en vez de ser dominados por ellas al servicio de fines ajenos. Si no controlamos las nuevas tecnologías en provecho propio, habremos entregado el poder de decisión personal y colectivo, y quedarán pocas razones para el optimismo.



En tercer lugar, debemos diseñar tecnologías y sistemas nuevos con visión de futuro, en vez de aceptar sin más los cambios según aparezcan. La integración de las tecnologías transformadoras en los sistemas sociales y económicos demandará una estrecha colaboración entre las partes interesadas, en el gobierno, la industria y la sociedad civil. De lo contrario, nuestro futuro se definirá por el devenir de las circunstancias en vez de nuestro juicio colectivo.



Por último, las consideraciones sociales y éticas no son una molestia que sea preciso superar o anular; nuestros valores compartidos deben ser el elemento central de todas las tecnologías nuevas. Si estas se usan en modos que agravan la pobreza, la discriminación o el deterioro medioambiental, entonces no están a la altura del futuro que queremos construir. Invertir en tecnologías nuevas sólo se justifica si contribuyen a un mundo más seguro e integrado.



Ninguna de las partes interesadas puede enfrentar por sí sola los desafíos sociales y económicos de la Cuarta Revolución Industrial. La comunidad empresarial, por su parte, debe crear un entorno en el que las tecnologías se desarrollen y apliquen en modo seguro, y sin perder de vista las consideraciones sociales.


Los gobiernos también deben participar activamente en la introducción de las innovaciones en la sociedad. Las autoridades deben colaborar estrechamente con los tecnólogos y emprendedores que impulsan la revolución, para no quedarse atrás. Y todos nosotros, como individuos, debemos estar informados, para comprender las nuevas cuestiones que surjan de la compleja interacción entre la tecnología y la sociedad, y responder a ellas.


La Cuarta Revolución Industrial traerá consigo cambios sistémicos que demandan un involucramiento colaborativo y nos obligan a pensar nuevos modos de trabajar juntos en las esferas pública y privada. El ritmo de los cambios no se detendrá, antes bien se acelerará, de modo que es preciso mantener la transparencia en beneficio de todas las partes interesadas, para que puedan sopesar los riesgos y las ganancias de cada nuevo avance.



Vivimos en una era de complejidad, y el buen liderazgo demanda un cambio radical en nuestra visión del involucramiento colaborativo de cara al futuro. Si queremos evitar las distopías que la tecnología puede producir muy fácilmente, debemos imaginar juntos el futuro que queremos crear.



https://www.weforum.org/es/agenda/2016/10/cuatro-principios-de-liderazgo-de-la-cuarta-revolucion-industrial/





Qué es la cuarta revolución industrial (y por qué debería preocuparnos)

  • 12 octubre 2016



Diseño de sistema ciberfísico.Derechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLos sistemas ciberfísicos, capaces de comunicarse entre sí y con los humanos, están en el centro de la revolución en ciernes.

A finales del siglo XVII fue la máquina de vapor. Esta vez, serán los robots integrados en sistemas ciberfísicos los responsables de una transformación radical.
Los economistas le han puesto nombre: la cuarta revolución industrial.
Marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, anticipan que cambiará el mundo tal como lo conocemos.
¿Suena muy radical? Es que, de cumplirse los vaticinios, lo será. Y está ocurriendo, dicen, a gran escala y a toda velocidad.
"Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes", vaticina Klaus Schwab, autor del libro "La cuarta revolución industrial", publicado este año.



Línea de producción en fábrica automatizada con sistemas ciberfísicos en EE.UU.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa manufactura cambiará de un modo radical y, con ella, el mundo del empleo.

Los "nuevos poderes" del cambio vendrán de la mano de la ingeniería genética y las neurotecnologías, dos áreas que parecen crípticas y lejanas para el ciudadano de a pie.
Pero las repercusiones impactarán en cómo somos y nos relacionamos hasta en los rincones más lejanos del planeta: la revolución afectará "el mercado del empleo, el futuro del trabajo, la desigualdad en el ingreso" y sus coletazos impactarán la seguridad geopolítica y los marcos éticos.

La fábrica automática y muy, muy inteligente

Entonces, ¿de qué se trata el cambio y por qué hay quienes creen que se trata de una revolución?
Lo importante, destacan los teóricos de la idea, es que no se trata de desarrollos, sino del encuentro de esos desarrollos. Y en ese sentido, representa un cambio de paradigma, en lugar de un paso más en la carrera tecnológica frenética.

5 claves para entender la REVOLUCIÓN 4.0

  • 1. Alemania fue el primer país en establecerla en la agenda de gobierno como "estrategia de alta tecnología"
  • 2. Se basa en sistemas ciberfísicos, que combinan infraestructura física con software, sensores, nanotecnología, tecnología digital de comunicaciones
  • 3. La internet de las cosas jugará un rol fundamental
  • 4. Permitirá agregar US$$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años
  • 5. Cambiará el mundo del empleo por completo y afectará a industrias en todo el planeta
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"La cuarta revolución industrial, no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la infraestructura de la revolución digital (anterior)", dice Schwab, que es director ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) y uno de los principales entusiastas de la "revolución".
"Hay tres razones por las que las transformaciones actuales no representan una prolongación de la tercera revolución industrial, sino la llegada de una distinta: la velocidad, el alcance y el impacto en los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedentes en la historia… Y está interfiriendo en casi todas las industrias de todos los países", apunta el WEF.
También llamada 4.0, la revolución sigue a los otros tres procesos históricos transformadores: la primera marcó el paso de la producción manual a la mecanizada, entre 1760 y 1830; la segunda, alrededor de 1850, trajo la electricidad y permitió la manufactura en masa.



Primera Revolución Industrial, ilustraciónDerechos de autor de la imagenHULTON ARCHIVE
Image captionLa primera revolución industrial permitió pasar a la producción mecanizada, gracias a novedades como el motor a vapor.

Para la tercera hubo que esperar a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones.
Ahora, el cuarto giro trae consigo una tendencia a la automatización total de la manufactura - su nombre proviene, de hecho, de un proyecto de estrategia de alta tecnología del gobierno de Alemania, sobre el que trabajan desde 2013 para llevar su producción a una total independencia de la mano de obra humana.
La automatización corre por cuenta de sistemas ciberfísicos, hechos posibles por el internet de la cosas y el cloud computing o nube.
Los sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas.
Lo que veremos, dicen los teóricos, es una "fábrica inteligente". Verdaderamente inteligente.



Trabajador con rollo de fibra óptica.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption¿Y qué pasará con el empleo?

El principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes que podrán controlarse a sí mismas, a lo largo de toda la cadena de valor.
Los guarismos económicos son impactantes: según calculó la consultora Accenture en 2015, una versión a escala industrial de esta revolución podría agregar US$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años.
En el Foro de Davos, en enero de este año, hubo un anticipo de lo que los académicos más entusiastas tienen en la cabeza cuando hablan de Revolución 4.0: nanotecnologías, neurotecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D serán sus artífices.
Pero serán también los gestores de una de las premisas más controvertidas del cambio: la cuarta revolución podría acabar con cinco millones de puestos de trabajo en los 15 países más industrializados del mundo.



Escenario del Foro de Davos.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEn el Foro de Davos, en enero pasado, la cuarta revolución industrial fue la estrella del debate.

Revolución, ¿para quién?

Son precisamente los países más avanzados los que encarnarán los cambios con mayor rapidez, pero a la vez los expertos destacan que son las economías emergentes las que podrán sacarle mayor beneficio.
La cuarta revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras, apunta Schwab, las mismas que se han beneficiado con la llegada del mundo digital (y la posibilidad, por caso, de hacer pagos, escuchar música o pedir un taxi desde un celular ubicuo y barato).
Sin embargo, el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse.



Gráfico de internet de las cosasDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionUn esquema de la internet de las cosas (IoT, en inglés) sobre la que se apoya la transformación.

"El futuro del empleo estará hecho de trabajos que no existen, en industrias que usan tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que ningún ser humano jamás ha experimentado", resume David Ritter, CEO de Greenpeace Australia/Pacífico, en una columna sobre la cuarta revolución para el diario británico The Guardian.
Aunque los empresarios parecen entusiasmados - más que intimidados- por la magnitud del reto: un sondeo revela que 70% tiene expectativas positivas sobre la cuarta revolución industrial.
Así se desprende del último Barómetro Global de Innovación, una medición que publica General Electric cada año y que recoge opiniones de más de 4.000 líderes y personas interesadas en las transformaciones de 23 países.

LA CUARTA REVOLUCIÓN

¿Qué opinan los empresarios?

70%
de los ejecutivos tiene expectativas positivas
  • 85% cree que las innovaciones de los sistemas ciberfísicos serán beneficiosas
  • 64% está dispuesto a asumir los riesgos de innovar
  • 17% teme por el impacto negativo en los trabajadores
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Aunque la distribución regional es desigual y son los mercados emergentes de Asia principalmente los que están adoptando los cambios de manera más disruptiva que sus pares de economías desarrolladas.
"Ser disruptivo es el estándar de oro para ejecutivos y ciudadanos, pero sigue siendo un objetivo complicado de llevar a la práctica", reconoce el estudio.

Los peligros del cibermodelo

Así, no todos ven el futuro con optimismo: los sondeos reflejan las preocupaciones de empresarios por el "darwinismo tecnológico", donde aquellos que no se adapten no lograrán sobrevivir.
Y si ello ocurre a toda velocidad, como señalan los entusiastas de la cuarta revolución, el efecto puede ser más devastador que el que generó a su turno la tercera revolución.



Hombre y robot, ilustración.Derechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLa revolución tendrá que escribir una nueva relación entre los hombres y los robots. Pero detrás hay dilemas éticos y sociales por resolver, dicen los críticos.

"En el juego del desarrollo tecnológico, siempre hay perdedores. Y una de las formas de inequidad que más me preocupa es la de los valores. Hay un real riesgo de que la élite tecnocrática vea todos los cambios que vienen como una justificación de sus valores", le dice a BBC Mundo Elizabeth Garbee, investigadora de la Escuela para el Futuro de la Innovación en la Sociedad de la Universidad Estatal de Arizona (ASU).
"Ese tipo de ideología limita gravemente las perspectivas que se traen a la mesa a la hora de tomar decisiones (políticas), lo que a su vez exacerba la inequidad que ya vemos en el mundo hoy", agrega.
"Dado que mantener el status quo no es una opción, necesitamos un debate fundamental sobre la forma y los objetivos de esta nueva economía", apunta Ritter, que considera que debe haber un "debate democrático" en torno a los cambios tecnológicos.



Joven asiático frente a computadoras.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos mercados emergentes de Asia están a la vanguardia de la cuarta revolución, dicen los expertos.

Por una parte, hay quienes descreen que se trate de una cuarta revolución: es cierto que los cambios son muchos y muy profundos, pero el concepto fue por primera vez usado en 1940 (en un documento de una revista de Harvard titulado "La última oportunidad de Estados Unidos", que pintaba un futuro sombrío por el avance de la tecnología) y su uso representa una "pereza intelectual", dice Garbee.
Otros, más pragmáticos, alertan que la cuarta revolución no hará sino aumentar la desigualdad en el reparto del ingreso y traerá consigo toda clase de dilemas de seguridad geopolítica.
El mismo WEF reconoce que "los beneficios de la apertura están en riesgo" por medidas proteccionistas, especialmente barreras no tarifarias y normativas del comercio mundial, que se han exacerbado desde la crisis financiera de 2007: un desafío que la cuarta revolución deberá sortear si quiere entregar lo que promete.
"El entusiasmo no es injustificado, estas tecnologías representan avances asombrosos. Pero el entusiasmo no es excusa para la ingenuidad y la historia está plagada de ejemplos de cómo la tecnología pasa por encima de los marcos sociales, éticos y políticos que necesitamos para hacer buen uso de ella", remata Garbee.



Angela Merkel, en una fábrica de robots en AlemaniaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAngela Merkel, en una fábrica de robots: para Alemania, la revolución 4.0 es una prioridad.