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    sábado, 6 de mayo de 2017

    Final (recogido en el libro 'El Ulises' de James Joyce por Stuart Gilbert)



    me gustan las flores quisiera tener la casa entera nadando en rosas
    Dios del cielo no hay nada como la naturaleza
    las montañas salvajes luego el mar y las olas precipitándose
    luego la hermosa campiña con campos de avena y trigo y todo género de cosas y todo el lindo ganado andando por allí que haría bien al corazón ver los ríos y los lagos y las flores y todo género de formas y olores y colores brotando hasta de las zanjas primaveras y violetas eso es la naturaleza para aquellos que dicen que no hay Dios no daría ni el blanco de una uña por toda su ciencia por qué no se ponen a crear algo le preguntaba muchas veces al ateos o como se llamen que vayan primero a lavarse sus miserias luego van pidiendo a gritos un sacerdote cuando se mueren y por qué por qué porque tienen miedo del infierno a causa de su mala conciencia ah sí les conozco bien quién fue la primera persona en el universo antes de que hubiera nadie el que lo hizo todo ah ellos no saben y yo tampoco así pues podrían lo mismo tratar de impedir que el sol saliera mañana el sol brilla por ti me dijo el día que estábamos tumbados entre los rododendros en el promontorio de Howth con el traje de mezclilla gris y su sombrero de paja el día que conseguí que se me declarara si primero le di un poco de la torta de semilla que tenía dentro de mi boca y era bisiesto como ahora sí hace dieciséis años Dios mío tras aquel largo beso yo casi perdí el aliento sí él decía que yo era una flor de la montaña sí eso somos flores todo el cuerpo de mujer sí esa fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla hoy por ti sí por eso me gustó porque vi que comprendía o sentía como es una mujer y supe que yo podría hacer de él lo que quisiera y le di todo el placer que podía para llevarle a que me pidiera que dijese sí y yo primero no quería contestarle mirando sólo el mar y el cielo estaba pensando en tantas cosas que él no sabía de Mulvey y Mr. Stanhope y Hester y de Papá y del viejo capitan Groves y de los marinos que jugaban a pájaro al vuelo y a saltar del burro y a lavar platos como ellos lo llamaban en el malecón y el centinela frente a la casa del gobernador con esa cosa alrededor del casco blanco pobre diablo medio achicharrado y de las muchachas españolas riendo con sus mantones y sus altas peinetas y de los gritos por la mañana de los griegos judíos árabes y Dios sabe quienes más de todos los rincones de Europa y de la calle del duque y del mercado de aves todas cloqueando ante Larby Sharon y de los pobres burros resbalando medio dormidos y de los vagos tipos dormidos con su cara a la sombra de las gradas y delas grandes ruedas de los carros de bueyes del viejo castillo de hace miles de años sí y de todos aquellos hermosos moros todos de blanco y con turbante como reyes pidiéndole a una que se sentara en su tiendecita y de Ronda con las viejas ventanas de las posadas ojos mirando tras las rejas ocultos para que el enamorado bese los barrotes y de las tiendas de vinos entreabiertas por la noche y las castañueñas y de la noche que perdimos el barco de Algeciras el vigilante rondando sereno con su linterna y oh el mar el mar carmesí a veces como de fuego y las soberbias puestas de sol y las higueras de los jardínes de la Alameda si todas las raras callejuelas y las casas rosa y azul y amarillo y de las rosaledas y los jazmines y los geranios y cactus y de Gibraltar cuando niña y cuando flor de montaña sí cuando puse la rosa en mis cabellos como las muchachas andaluzas la llevan y debí llevar una roja sí, y cómo él me besaba al pie de la pared morisca y me pareció bien lo mismo de él que de otro y después le pedí con los ojos para poder volverle a pedir sí y él luego me pidió si quería decir sí mi flor de montaña y primero le rodeé con mis brazos y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis pechos todo perfume sí y su corazón latía como alocado y sí dije si quiero Sí

    Dios mío después de aquel largo beso casi me quedo sin
    respiración si dijo que yo era una flor de la montaña sí que somos flores todas el cuerpo de mujer sí fue la única verdad que dijo en su vida y el sol brilla para ti hoy si por eso me gustaba por que vi que entendía o sentía lo que es una mujer y yo sabía que siempre le podía buscar las vueltas y le di todo el placer que pude invitándole hasta que me pidió que dijera sí yo no queda contestar al principio sólo miré a lo lejos el mar y al cielo pensaba en tantas cosas que él no sabía en Mulvey y Mr. Stanhope y en Hester y en padre y en el viejo capitán Groves y en los marineros jugando a antónpirulero y a las prendas y a mear alto como ellos lo llamaban...
    y los ventorrillos medio abiertos por la noche y las
    castañuelas y la noche que perdimos el barco en Algeciras y el sereno de un sitio para otro sereno con su farol y O aquel abismal torrente O y el mar el mar carmesí a veces como fuego y las puestas de sol gloriosas y las higueras en los jardines de la Alameda si y todas aquellas callejuelas extrañas y las casas de rosa y de azul y de amarillo y las rosaledas y los jazmines y los geranios y las chumberas y el Gibraltar de mi niñez cuando yo era una Flor de montaña sí cuando me ponía la rosa en el pelo como hacían las muchachas andaluzas o me pondré una roja sí y cómo me besaba junto a la muralla mora y yo pensaba bien lo mismo da él que otro y entonces le pedí con la mirada que me lo pidiera otra vez sí y entonces me preguntó sí queda sí decir sí mi flor de la montaña y al principio le estreché entre mis brazos sí le apreté contra mí para que sintiera mis pechos todo perfume sí y su corazón parecía desbocado y sí dije sí quiero Sí

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    Final del Monólogo de Molly Bloom
    James Joyce

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    ''El largo e impuntuado monólogo de Mrs. Bloom, que cierra el libro [escribe Arnold Bennet en The Outlook] (cuarenta difíciles páginas, unas veinticinco mil palabras sin la menor puntuación) son su realismo enteramente convincente podría ser un documento auténtico, el mágico registro de los pensamientos más íntimos de una mujer existente. ¡Se habla sobre la comprensión de la ''psicología femenina''!... No he leído nada que lo supere y dudo que se haya escrito nunca nada que lo iguale


    Resultado de imagen para Stuart Gilbert Y JOYCE
    Joyce, Moune  y Stuart Gilbert, Zürich, c. 1932.

    Stuart Gilbert

    Stuart Gilbert (25 de octubre 1883 - 5 de enero de 1969) fue un crítico literario y traductor inglés. Entre sus traducciones al inglés se encuentran las obras de André Malraux, Antoine de Saint-Exupéry, Georges Simenon, Jean Cocteau, Albert Camus y Jean-Paul Sartre. También colaboró en la traducción del Ulises, de James Joyce, al francés.
    Gilbert nació en Kelvedon Hatch, Essex, el 25 de octubre de 1883, hijo único de un oficial retirado del ejército, Arthur Stronge Gilbert, y de su esposa, Melvina Kundiher Singh. Asistió al colegio Cheltenham y al Hertford College, de la Universidad de Oxford, obteniendo un Primer Grado en Classical Moderations por esa Universidad. Después de esto, se unió al Indian Civil Service en 1907, y tras cumplir el servicio militar en la Primera Guerra Mundial, sirvió como juez en Birmania hasta 1924. Entonces se retiró y se estableció en Francia con su esposa Moune, de origen francés (de soltera Marie Agnès Mathilde Douin). Permaneció en dicho país durante el resto de su vida, a excepción de una temporada que pasó en Gales, durante la Segunda Guerra Mundial.
    Gilbert fue uno de los primeros estudiosos joyceanos. Leyó Ulises mientras estaba en Birmania, y la novela le causó un fuerte impacto. Su esposa contó cómo llegarían a conocer en persona a Joyce. Un día iban paseando por el Barrio Latino de París y pasaron junto a la librería Shakespeare and company, donde aparecían en un escaparate algunas páginas mecanografiadas de una traducción francesa del Ulises, realizada por Auguste Morel y Valery Larbaud. Gilbert señaló que había varios errores graves en la versión francesa, y entonces se presentó a Sylvia Beach, dueña de la librería, quien quedó impresionada por sus críticas a la traducción. Beach anotó su nombre y número de teléfono, y le comunicó que Joyce (que estaba ayudando en la traducción) se comunicaría con él. Aquí comenzó una amistad de muchos años entre Joyce y Gilbert. Éste publicó James Joyce's "Ulysses": A Study, en 1930 y, años después, en 1957, una colección de cartas del irlandés.
    Stuart Gilbert en la última década de su vida tradujo numerosos textos para el editor de libros de arte suizo Albert Skira.
    Gilbert murió en su casa de París, rue Jean du Bellay nº 7, el 5 de enero de 1969.
    En el Harry Ransom Humanities Research Center, de la Universidad de Texas, se conserva abundante material sobre este intelectual, especialmente en lo tocante a su relación con James Joyce y a su trabajo como traductor. Este material consiste en correspondencia, diarios, cuadernos de notas, recortes de prensa, fotografías, etc., todo ello generado entre 1900 y 1985.

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    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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