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    jueves, 11 de mayo de 2017

    Alfred Döblin uno de los nombres mayores de la novela germana y europea del siglo XX (DOSSIER )




    Berlín Alexanderplatz (Alfred Döblin)


    Berlín Alexanderplatz es, muy resumida y simplemente contada, la historia de Franz Biberkopf que salió de la cárcel tras cumplir una condena de cuatro años por una muerte, digamos accidental, decidido a no volver a caer, a mantener una vida honrada y que lleva adelante esa intención profunda contra todos los embates, los más livianos y los más terribles, hasta que la vida, zarandeándole a su capricho, termina por hacerle regresar al camino de la deshonra pese a lo que finalmente logra alzarse y, quizá con menos brío, se despide de las páginas escritas por Alfred Döblin con una sosegada vida gris. 

    Y esta es la breve sinopsis de una obra en la que quizá, lo menos importante sea precisamente la historia que narra, lo relevante el cómo se cuenta y el discurso que acompaña a las peripecias de este personaje, mezcla de pícaro y víctima de las picarescas ajenas, de intenciones nobles y obras ocasionalmente ruines, como cualquiera de nosotros; pero no, no perdamos el respeto a los lectores, digamos mejor de la mayoría de nosotros. 

    Esta historia de caída y redención hace pocas concesiones. Sus personajes surgen de lo más bajo de la ciudad y sus vicios y crímenes son descritos con gran naturalismo. Döblin los dibuja como personas, no como criminales y es que, en efecto, Döblin trabajó como psiquiatra en lo que luego sería el Berlín Este, una zona bulliciosa, obrera, de gentes variopintas y de no excesivos recursos. Trabajando desde la Sanidad Pública trabó conocimiento de todo aquel mundo, sus secretas intenciones y sus impulsos. Por ello, no es de extrañar que por las paginas de Berlín Alexanderplatz apenas aparezca fugazmente algún personaje de posibles, siempre fuera de lugar, siempre ajeno a lo que acontece a su alrededor. Por ello, frente a la idea simple de que esta novela refleja el bullicioso mundo del Berlín de entreguerras (lo que parece sugerir cierta bohemia, burbujeantes fiestas y bailes de moda en el loco Berlín de los años veinte) realmente estamos ante el retrato de personas que luchan por sobrevivir, por ganarse el pan del día siguiente en una ciudad que se moderniza a pasos agigantados pero que no es capaz de proveer unos mínimos de seguridad, higiene o dignidad a gran parte de sus habitantes que quedan varados en los alrededores de esa simbólica plaza, punto de unión de los diversos mundos que forman Berlín pero de los que el libro no se preocupa

    En ocasiones de manera expresa, en otras de un modo más sutil, Döblin parece querer establecer un paralelismo bíblico. Numerosas referencias, en especial al Antiguo Testamento, van trazando un nexo de unión simbólico entre Franz Biberkopf y Job. Otras referencias bíblicas son constantes (ciertos pasajes del Eclesiastés, visiones de algunos Profetas, Abraham, ...). ¿Implica ello que el fin de la obra de Döblin es moralizante? A la vista de su compleja biografía, de sus vaivenes ideológicos, no es fácil aventurar una respuesta clara, si bien, tengo la impresión de que su esfuerzo se volcó más en dibujar la vida de un Berlín y de unos habitantes que conocía muy bien; pretendía acercarlos a un público poco acostumbrado a presenciar a estos caballeros truhanes en su propio medio, prestándose mujeres, colaborando en robos con la complicidad de vigilantes y vecinos, cargados de maldad hasta el punto de no tener freno a la hora de cometer terribles actos contra quienes se oponen a sus planes. 

    Si bien la trama no carece de interés, lo que hace de Berlín Alexanderplatz una obra maestra es el modo en que se cuenta esta historia, haciéndola más real, más próxima al lector (pese a la total concreción geográfica, temporal y cultural del texto). Como buen hijo de su tiempo, Döblin admiraba la obra pictórica de los artistas de vanguardia, entre ellos los cubistas, que descomponían una imagen en sus planos aupándolos al mismo nivel, lo que concuerda perfectamente con la visión de psiquiatra de Döblin y las teorías de su profesión, capaz de estudiar al hombre, su mente, desmembrándolo en relaciones inadvertidas para un observador profano. El arte de Döblin viene a la hora de aplicar esta técnica a la prosa mediante diversos recursos que hacen de la lectura de Berlín Alexanderplatz un placer esforzado en sus primeras páginas y, tras la asimilación inadvertida del estilo del autor, una lectura plena de gratificaciones y hallazgos. 

    Así, en un mismo párrafo encontramos la voz interior del protagonista, sus palabras pronunciadas, la voz del narrador que se dirige a los lectores para llamar su atención sobre algunos hechos o alertar de los que en breve acontecerán o, con el mismo atrevimiento, se encara con el protagonista, le aconseja y advierte. Y todo ello entremezclado con otra voz neutra, de un narrador omnisci ente que no podemos identificar sin riesgo con la voz del autor. 

    Pero las superposiciones, a modo un gigantesco patchwork, se extienden a aspectos tan inusuales como la reproducción literal de textos de anuncios, folletos publicitarios, manuales de medicina, textos de periódicos o cartas auténticas; tan grande es la pasión de Döblin por los hechos, por tratar de transmitir una realidad a la que los recursos literarios tradicionales apenas alcanzan.. Los personajes toman prestados versos de poetas alemanes, himnos de Goethe, marchas militares e incluso canciones de moda en el momento. En ocasiones ciertas imágenes o versos actúan a modo de coda repetitiva que surge para subrayar determinados momentos ("es segadora, se llama Muerte", "para todo hay un tiempo") . Desgraciadamente lo que no podemos apreciar en las ediciones de esta obra es el poder manejar el manuscrito original de Döblin en el que, literalmente, pegaba los recortes de periódico, de publicidad y otros materiales que configuran ese hermoso collage que hoy leemos de corrido y sin percibir esa pasión por las manualidades y ese gusto por integrar en el texto la realidad de la que hablaba. 

    Este esfuerzo por hacer más vibrante, más real, la novela, paga tributo a los ojos de los lectores de este siglo en el que muchas de las referencias familiares para el público alemán del periodo de entreguerras, resultan totalmente ajenas obligando a optar por una generosa colección de notas aclaratorias o por la incomprensión de muchos aspectos que complementan la historia. Prefiriendo la primera opción, la edición y traducción de Miguel Sáenz en Cátedra permite extraer gran parte de ese jugo que, de otro modo, se perdería sin remedio. Asimismo, el estudio introductorio nos aporta una visión previa de este autor que, pese a su abundante obra, sólo es conocido por el gran público gracias a esta novela. 

    En definitiva, la lectura de Berlín Alexanderplatz da cuenta la suprema libertad que ejerció Döblin en su escritura, permitiéndose describir los bajos fondos de Berlín con todas sus miserias, anticipando la crispación política que estallaría pocos años más tarde, todo ello mezclado con grandes dosis de poesía. Esa libertad, fruto de una tremenda seguridad, le permitió combinar escenas sórdidas con momentos de gran belleza (por ejemplo la muerte de Mieze), o destrozar literalmente escenas dramáticas (el pasaje en el que se narra la incapacidad de Franz a la hora de completar al acto sexual con una prostituta tras su salida de la cárcel se rompe abruptamente con un texto extraído de un manual sobre disfunciones sexuales). 

    Esta libertad le permite asumir el riesgo que la mayoría de autores evitan, destripar su propio libro. La primera página de Berlín Alexanderplatz es, precisamente, el resumen del argumento de la novela y la posible lección que de ella se extraerá. Del mismo modo, cada uno de los nueve libros o capítulos en que se descompone el texto, viene encabezado por otro pequeño resumen de lo que en él se verá. Esto mismo es la mayor prueba de que el autor dio mayor importancia al tejido del libro, a su forma y discurrir, que a la breve historia del bueno de Franz. Siguiendo su sabio consejo y leyendo Berlín Alexanderplatz encontraremos por tanto, algo más que una historia, encontraremos, ahora ya sí, una Novela con mayúscula. 

    http://confiesoqueheleido.blogspot.com/2009/04/berlin-alexandeeplatz-alfred-doblin.html



    BERLÍN ALEXANDERPLATZ: GRAN NOVELA EXPRESIONISTA

         Berlin Alexanderplatz es una novela del médico y escritor alemán Alfred Döblin publicada en 1929. Cuenta la historia de Franz Biberkopf, delincuente recién salido de prisión, en el mundo de los bajos fondos del Berlín de los años 20, del que le resulta imposible salir.

         El protagonista, antiguo asesino, intenta vivir una vida honrada tras su salida de la cárcel, dedicándose a negocios de poca monta, como la venta de periódicos y el puerta a puerta. De esta manera conoce a una viuda de cuyos favores se aprovecha hasta que se ve obligado a dejarla por culpa de sus propias amistades. A continuación se ve implicado sin querer en un asalto a un almacén de frutas del que intenta huir en el último momento, lo cual casi le cuesta la vida. Manco pero recuperado, se enamora de una joven, Mimi, que se prostituye para mantenerlo. Aunque sigue intentando conservar su honestidad durante un tiempo en esta etapa de su vida, un día agrede a Mimi, en un ataque de celos, tras lo cual ella se marcha de casa y es asesinada por un amigo de Franz, sin que este sepa nada de lo sucedido. Pese a ello, la policía cree que Franz ha sido el asesino, por lo que éste se vuelve medio loco. Por fin se descubre al verdadero asesino y Franz, libre, termina como conserje en una fábrica.

         La novela se desarrolla en los barrios populares cercanos a la Alexanderplatz, en el Berlin de los años 20. La narración se presenta desde puntos de vista múltiples y con diferentes técnicas narrativas innovadoras como la inclusión de canciones, artículos de periódicos, discursos, citas... Tomando como punto de partida la crisis económica alemana de los años 20, Döblin anticipa en su novela el triunfo nazi de los 30.

         Berlin Alexanderplatz recuerda por sus técnicas el Ulises de Joyce. De hecho, Döblin reescribió su libro después de haber leído la novela del escritor irlandés. También hay que tener en cuenta para entender esta novela, la publicación por esas fechas de Manhattan Transfer del estadounidense John Dos Passos y del Viaje al fin de la noche del francés Celine. También están claras las similitudes con el teatro de Brecht, amigo personal de Döblin. En resumen, la obra de Alfred Döblin representa un ejemplo magnífico de la narrativa europea de vanguardia de los años 20 y, más concretamente, se ha convertido en la mejor representación del expresionismo alemán de la época en el ámbito de la novela.

        Otro punto a tener en cuenta en la novela es su lenguaje. Döblin se acerca lo más posible al dialecto berlinés, hablado en el medio en el que se mueve el personaje principal. Hay mucho sitio en la novela para los diálogos y para la interiorización de las conversaciones, hasta el punto de hacer de Berlin Alexanderplatz una auténtica obra maestra de la lengua alemana.



    Leer más: http://www.literaturaeuropea.es/obras/berlin-alexanderplatz/

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    Alfred Döblin vuelve de la guerra

    Se publica íntegra por primera vez en castellano la tetralogía

     'Noviembre de 1918'

    Noviembre de 1918 es una monumental novela de uno de los más grandes escritores en lengua alemana del pasado siglo. Alfred Döblin, bien conocido en España por haber sido editadas la mayoría de sus novelas, entre ellas su obra maestra, Berlin Alexanderplatz (Cátedra, 2002), nació en la actual Szczecin, Polonia, en 1878. Pertenece al movimiento expresionista que tanto peso tuvo en las vanguardias de principios del siglo XX, se exilió a Francia en 1933 a la toma del poder por los nazis y posteriormente a Estados Unidos. En 1945 regresó a Alemania y completó los cuatro volúmenes de Noviembre de 1918, obra que vio la luz en 1950. Esta es la primera vez que se traduce completa y de manera fiable a nuestra lengua, gracias al esfuerzo extraordinario del profesor Carlos Fortea.

    Alfred Döblin vuelve de la guerra
    La novela arranca en el fin de la guerra de 1914-1918, con el Ejército alemán de retirada, y llega hasta los primeros días de enero de 1919, con el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Es una novela histórica, pero es mucho más que una novela de género gracias a la poderosa escritura de Döblin. El expresionismo fue un movimiento que priorizó el subjetivismo del artista, esto es, la “expresión” contra la representación objetivista, “impresionista” de la realidad, de manera que destacaba sobre todo la seria crisis existencial del individuo al tiempo que criticaba la alienación del industrialismo, la represión moral y religiosa, y marcaba una tendencia a mostrar la realidad interior y el análisis psicológico, pero también un compromiso social y de denuncia apoyado en un lenguaje preciso, crudo que no desdeñaba una visión siniestra de la vida capaz de llegar hasta el absurdo, como sucediera con Franz Kafka.

    Döblin, que pertenece a la tendencia más objetivista del expresionismo, consiguió una síntesis extraordinaria entre el realismo de corte balzaciano y una nueva forma de captar la realidad, que no renunciaba a la experimentación. Influido sin duda por John Dos Passos, concibió una forma de escritura narrativa en la que la simultaneidad, la intertextualidad, la crónica y el cine, el collage incluso, rompía el discurso lógico y cronológico en favor de una expresión nueva que resultó decisiva en el desarrollo de la novela moderna. Con todo ello, construyó esta historia de la revolución alemana inscrita en la República de Weimar.

     Alfred Döblin vuelve de la guerra
    En la novela desfilan personajes reales y ficticios de todas las facciones, pero también aparecen como personajes, por así decirlo, los grupos sociales (socialdemócratas, independientes, militares, espartaquistas), lo cual permite una integración novelesca de individuos e historia realmente deslumbrante. Naturalmente, algunos individuos sobresalen y llevan el hilo de la acción de manera simultánea con los movimientos de grupo (proletarios, cuerpos de Ejército, gabinetes…). Entre los primeros, aparte de los políticos o jefes militares y policiales, destacan el teniente Becker —ejemplo claro del hombre angustiado por su necesidad de comprender la realidad—, el dramaturgo Stauffer, las mujeres —esposas o madres— que los acompañan, sus amigos y compañeros y, especialmente en el último volumen, las figuras de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, que alcanzan una dimensión trágica en la doble visión de su interioridad y su conflictiva relación personal y política realmente estremecedora.

    Es particularmente admirable el modo en que consigue ir mostrando de una manera literaria los movimientos que las diversas facciones en liza van realizando, para tomar posiciones ante sus objetivos. Por ejemplo, el modo en que los militares monárquicos esconden la derrota convirtiéndola en un regreso triunfal de las tropas, la visión de la moral de esas mismas tropas a través de la dura realidad que contradice la intención del mando, el desconcierto de las masas sin líderes que las dirijan y organicen, la interminable sucesión de reuniones pactistas que abocan a la inacción a la República mientras los aliados discuten las condiciones del armisticio, los conflictos personales de la gente singularizada con sus respectivas historias personales y el modo en que tratan de entender lo que les sucede y qué decisión o dirección tomar cada uno, y cada uno definido con su propia personalidad, sus titubeos, sus cambios, sus deseos, sus amores, sus culpas. Los hilos de esta historia son tantos, tan variados, tan sugerentes y tan equilibrados que sólo cabe calificar a esta obra de esfuerzo monumental.

    Tal acumulación puede y debe resultar excesiva, pero no oscura ni difícil de seguir. Hay partes —las ensoñaciones, delirios o lucubraciones de algunos personajes, tan propias del expresionismo— que resultan recargadas, pero no desdicen el valor de la obra, son las menos y están llenas de intensidad dramática.

    En definitiva, estamos ante un fresco histórico que llega encarrilado por el camino que abrió Flaubert en La educación sentimental, donde por primera vez integró lo personal con lo histórico, lo público y lo privado, dando lugar al nacimiento de la novela moderna. Y Noviembre de 1918 es un paso adelante y una obra ejemplar, en todos los sentidos.

    Noviembre de 1918. Alfred Döblin. Traducción de Carlos Fortea. Volumen 1: Burgueses y soldados. 512 páginas. 32,50 euros. Volumen 2: El pueblo traicionado. 576 páginas. 37,50 euros. Volumen 3: El regreso de las tropas del frente. 640 páginas. 37,50 euros. Volumen 4: Karl y Rosa. 832 páginas. 39 euros. Edhasa. Barcelona, 2011-2014
    http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/27/babelia/1403871882_093028.html


    JORGE LUIS BORGES - ALFRED DÖBLIN


    Alfred Döblin: Die fahrt ins land ohne tod.
    El cuarto centenario de la primera fundación de nuestra ciudad -conmemoración sin duda elocuente, che nel pensier rinnova la paura-, tuvo la curiosa virtud de demostrar un hecho desconcertante: la melancolía que en nosotros despierta la sola idea de la conquista y colonización de estos reinos. Melancolía que sólo parcialmente podemos imputar al estilo arcaico de los discursos seculares -a las partículas enclíticas de rigor, a los «hijosdalgo» y «voacedes»- y a la necesidad de venerar a los Conquistadores: hombres animosos y brutos. Melancolía que exhalan por igual la preterida Alzire de Voltaire (Alzire, princesa del Perú, es hija de Montèze o Moctezuma, no de Atahualpa) y la Fuente de O'Neill y cuya única excepción es acaso este Viaje al país sin muerte, del médico berlinés Alfred Döblin.
    Döblin es el escritor más versátil de nuestro tiempo. Cada  libro suyo (como cada uno de los dieciocho capítulos del  Ulises de Joyce) es un mundo aparte, con su retórica y su  vocabulario especiales. En Los tres saltos de Wanglun (1915) el  tema central es la China, con sus ceremonias, sus  venganzas, su religión y sus sociedades secretas; en  Wallenstein (1920), la nsangrentada y supersticiosa  Alemania del siglo XVII; en Montañas, mares y gigantes  (1924), las empresas de un hombre del año dos mil setecientos; en la epopeya Manas (1926), la victoria, muerte y resurrección de un rey de la India; en Berlin Alexanderplatz (1929), la vida miserable del desocupado Franz Biberkopf.
    En Die Fahrt ins Land ohne Tod Alfred Döblin ajusta la narración a los cambiantes personajes de su novela: tribus de la perpleja selva amazónica, soldados, misioneros y esclavos. Es muy sabido que Flaubert se preciaba de no intervenir en sus obras, pero el espectador de Salammbó es  siempre Flaubert. (Por ejemplo: el célebre festín de los  mercenarios es una labor arqueológica, que nada tiene que  ver con lo que verosímilmente sintieron y juzgaron los  mercenarios.) Döblin, en cambio, parece transformarse en  sus criaturas. No escribe que los españoles intrusos eran  barbados y blancos; escribe que sus caras y sus manos -lo demás no se distinguía- eran del color de las escamas de los  peces, y que uno de ellos tenía pelos en los cachetes y en el  mentón. En el primer capítulo intercala deliberadamente un  hecho imposible, para no ser infiel al estilo mágico de las  almas.
    [7 de enero de 1938]

    Textos cautivos / Jorge Luis Borges. - Madrid: Alianza, 1998.  - 343 p.; 18 cm. - (El libro de bolsillo. Biblioteca de autor; 24 ) (Biblioteca Borges).
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    Alfred Döblin

    Biografía de Alfred Döblin

    (Stettin, 1878 - Emmendingen, 1957) Escritor alemán. Nacido en el seno de una familia de comerciantes judíos, se trasladó con su madre a Berlín (1888), donde más tarde cursó estudios de neurología y psiquiatría, doctorándose en 1905. Tras unos intentos narrativos juveniles, influidos por sus lecturas de Nietzsche y Freud (La cortina negra. Novela de las palabras y los azares, escrita en 1902 y no editada hasta 1919), se adscribió a la corriente expresionista y fue, junto con H. Walden y L. Schreyer, uno de los fundadores de la revista Der Sturm, en la que publicó varios relatos sueltos recogidos luego en los volúmenes El asesinato de un ranúnculo (1913) y Los Lobensteiner viajan a Bohemia (1917).


    En 1915 obtuvo su primer éxito literario con la novela Los tres saltos de Wang-lun, parábola sobre la resistencia pasiva frente a la violencia, que tiene como correlato histórico la rebelión de una secta taoísta contra el gobierno imperial en la China del siglo XVIII. El lenguaje explosivo y renovador de la obra, que supone una ruptura decisiva con la tradición de la novela burguesa alemana, la convirtieron en el primer gran exponente del género dentro del expresionismo.

    Al finalizar la Primera Guerra Mundial, en la que participó como médico militar, Döblin publicó La lucha de Wadzek con la turbina a vapor (1918), donde desarrolla uno de los temas centrales en su producción ulterior, la violencia de la técnica, y Wallenstein (1920), novela de estructura y dimensiones épicas ambientada durante la Guerra de los Treinta Años.

    De su personal lectura del pensamiento marxista y socialista da testimonio El baile de máscaras alemán (1921), recopilación de ensayos y artículos políticos a la que siguieron otras dos importantes creaciones novelescas: Montañas, mares y gigantes (Berge, Meere und Giganten, 1924), utopía de la era técnica sobre una humanidad que se ha alejado irremisiblemente de la naturaleza y debe pagar las consecuencias, y Berlín Alexanderplatz, de 1929, sin duda su obra más famosa y la primera novela alemana importante sobre el tema de la gran ciudad.

    Equiparada con el Ulises de James Joyce o la trilogía U.S.A. de John Dos Passos, Berlín Alexanderplatz narra la historia de Franz Biberkopf, un obrero recién liberado de la cárcel que intenta abrirse paso y llevar una vida digna en el babilónico laberinto de los bajos fondos berlineses. El notable virtuosismo técnico desplegado en la composición de la novela (asociación, monólogo interior, diversidad de perspectivas y planos narrativos, collages, citas, yuxtaposición de las escenas y constante alternancia de los niveles lingüísticos) reproduce en todo momento el ritmo trepidante de la urbe y el trágico sino de la condición humana moderna.

    Inmediatamente después del incendio del Reichstag (1933), Döblin huyó primero a Suiza y luego a Francia, donde permaneció hasta la invasión nazi en 1940 y escribió, entre otros títulos, La migración babilónica o La soberbia precede a la caída (1934), No habrá perdón (1935), novela de base autobiográfica, y las trilogías Amazonas (1937-48), donde recrea episodios de la historia hispanoamericana, y Noviembre de 1918. Una revolución alemana (1939-50), estas últimas continuadas en el exilio americano y en Alemania, adonde volvió al término de la guerra.

    A su etapa final pertenecen El coronel y el poeta, o el corazón humano (1946), Hamlet o La larga noche llega a su fin (1956), historia familiar en la que se advierten ecos de la tradición novelística anglosajona, y el libro de memorias Viaje del destino (1949), evocación del exilio en Francia y los EE.UU. De su conversión al catolicismo, acaecida en 1941, informa detalladamente el ensayo El hombre inmortal. Diálogo Religioso (1946). Döblin dejó asimismo obras teatrales y numerosos ensayos sobre temas religiosos, políticos y literarios: Nuestra existencia (1933), La literatura alemana en el extranjero desde 1933 (1938) y La poesía, su naturaleza y su papel (1950).

    http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/doblin.htm


    Burgueses y soldados
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    Burgueses y soldados, de Alfred Döblin
    Literatura y revolución en la trilogía Noviembre 1918
    Publicado el Miércoles 8 de junio de 2011, a las 12:44h


    José Ramón Martín Largo – La República Cultural

    Alfred Döblin, como bien saben ya los lectores de su Berlin Alexanderplatz, es uno de los nombres mayores de la novela germana y europea del siglo XX. Al valor de cuya obra hay que sumar el que la novela citada sirviera de inspiración a Rainer Werner Fassbinder para una recreación memorable que figura entre los grandes logros de la producción televisiva del siglo pasado. No es extraño que algunos le crean autor de una sola obra y que su nombre aparezca siempre asociado a esta novela que inauguró un nuevo realismo de naturaleza expresionista; que a su manera, como también hizo Joyce con su Ulises, contribuyó a definir la novela del siglo XX y que tanta influencia ejerció en los pocos años transcurridos desde su publicación (1929) hasta que los bárbaros conquistaron Alemania. El paciente y sufrido lector en castellano ha ido conociendo fragmentariamente la obra de Döblin, como tantas otras, en los últimos treinta años, para ser exactos a partir de 1982, cuando la defenestrada editorial Bruguera lanzó Berlin Alexanderplatz en la excelente traducción de Miguel Sáenz, actualmente disponible en la colección Letras Universales de la editorial Cátedra. En 1989 se publicó Hamlet o el final de la larga noche (Ediciones B), y recientemente hemos conocido su relato Las dos amigas y el envenenamiento (El Acantilado, 2007), que, como gran parte de su obra, debe mucho a los años que Döblin pasó ejerciendo la psiquiatría en el barrio obrero de Alexanderplatz. De él nos llega ahora la primera entrega de la trilogía Noviembre 1918, obra monumental que narra la revolución espartaquista que en esas fechas fue liderada por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, y cuya edición completa, con traducción de Carlos Fortea, anuncia Edhasa en cuatro volúmenes.

    La trilogía Noviembre 1918 es una de esas aventuras literarias cuya grandeza, apreciable ya al poco de iniciar la lectura, revela a un autor no menos grande, al estilo (sin exagerar) de un Victor Hugo o, por mencionar a otro autor europeo más cercano y contemporáneo de Döblin, un Vasili Grossman, narrador también de unos hechos históricos igualmente tocados por la épica, una épica colectiva cuyos héroes, que lo fueron sin darse cuenta, apenas tienen nombre, aunque sí razones, corajes y flaquezas. El conjunto de estos, en la novela de Döblin, viene a ser un completo muestrario de la vida en Alemania al término de la I Guerra Mundial y en época de revolución, muestrario que se nos ofrece a manera de crónica privilegiada, casi periodística (a veces sin casi) en un contexto que ha sido muy estudiado por los libros de Historia, pero que apenas ha tenido cultivadores en la novela. Por la de Döblin transcurren los humillados que han sufrido el dolor de una larga guerra, para quienes el futuro constituye una esperanza y un desafío moral, pero también los conformistas, los arribistas y los malandrines de los que saldrán los traidores de la revolución. En medio de la extensa nómina de personajes ficticios, todos ellos dotados de un aura de realidad, aparecen en algunos pasajes nombres conocidos, como los de Maurice Barrès, el mariscal Foch o Karl Liebknecht, nombres que se integran admirablemente en el flujo continuo, por momentos cinematográfico, de acontecimientos, encuentros y desencuentros, heroísmos y mezquindades individuales del que está compuesto la novela, ese devenir tan emocionante como contradictorio en el que el presente, liberado de golpe de una rutina de siglos, parece improvisarse, decididamente embarcado en el afán de hacerse a sí mismo.

    De la breve correría revolucionaria alemana, iniciada en noviembre de 1918 por los marinos amotinados de la flota de Kiel, y que fue finiquitada con violencia en enero del año siguiente por los acuerdos alcanzados entre la socialdemocracia, el dimitido káiser Guillermo II y el ejército, este primer volumen de la serie nos narra los hechos acaecidos en Estrasburgo, capital alsaciana que en virtud de los acuerdos de paz debía pasar a manos de Francia, lo que no impidió que mientras tanto, al socaire de la revolución, se estableciera en ella un efímero soviet de trabajadores y soldados. Döblin describe magistralmente la turbulencia y la confusión del momento, sirviéndose para ello de algunos personajes protagonistas, entre ellos el teniente y filólogo Becker y el dramaturgo Stauffer, y de una multitud de secundarios, abocados unos al exilio ante la inminente llegada de las tropas francesas, prestos otros a saludar esa llegada con entusiasmo, y resueltos, los terceros, a mantener viva la expectativa revolucionaria. El dinamismo del montaje de las sucesivas escenas (por utilizar unos aquí pertinentes términos cinematográficos) nutre a la narración de constantes tensiones que permiten leer el libro como una novela de aventuras, al tiempo que invita a reflexionar acerca del pasado reciente de Europa y de nuestra misma actualidad, por ejemplo en lo concerniente al triste papel histórico desempeñado por la socialdemocracia. Todo ello visto desde la altura de un observador seducido por el vibrante paisaje humano que se le ofrece y que, cual moderno reportero, no duda en bajar a pie de calle para captar conversaciones, gestos, acciones y pensamientos íntimos, revelados sólo en interés del lector.

    En un comentario acerca de las técnicas narrativas de Döblin, Walter Muschg, su editor alemán, escribió: “Esa omnisciencia recuerda a Le diable boiteux de Le Sage, la novela aparecida en 1707 del diablo Asmodeo, que muestra a un estudiante los secretos de la ciudad de Madrid, levantando los tejados de los destinos que hierven debajo”. Afirmación que es plenamente aplicable a Burgueses y soldados y a la que podría añadirse que también Goya se sintió atraído por este diablo cojuelo que llevaba por los aires a Don Cleofás en la novela original de Vélez de Guevara, y al que dedicó una de sus célebres pinturas de la Quinta del Sordo. Y no es casual la mención aquí del pintor aragonés, quien dejó testimonio en sus grabados de una muchedumbre humana cuya modernidad está emparentada directamente con los amplios recursos narrativos tan imaginativamente desplegados por Döblin. Que éste fue lo que los manuales llaman un “escritor insobornable” significa en su caso que se abstuvo de seguir las modas del momento, y que concibió cada una de sus obras como si de un banco de pruebas se tratase, pues en cada una era preciso experimentar, inventar, en beneficio del lenguaje literario y de la necesaria inmersión del lector en un escenario determinado, el cual está provisto de su propio dialecto, sus relaciones e intereses, de los cuales puede inferirse un abigarrado conocimiento de la especie humana, con sus glorias y miserias. “Buscó su camino con tozudez y olvido de sí mismo”, escribió el prestigioso crítico Marcel Reich-Ranicki, “como un auténtico demente desbocado entre los escritores de nuestro siglo”.

    Quizá sea esta trilogía, de la que ya disponemos de su primer volumen, el principal acontecimiento editorial español del presente año. Y esto no sólo por el valor literario y a la vez documental de la obra, sino también porque tras su lectura podemos comprender mejor el proceso creativo que conformó esa noble corriente principal que dio lugar a algunos de los mejores productos de la novela moderna, que a John Dos Passos le permitió escribir su Manhattan Transfer y a nuestro Max Aub sus Campos. Y es instructivo que una vez más una iniciativa editorial de tal envergadura corra a cargo de una editorial independiente, pues son éstas, en la delicada coyuntura actual, y mientras oímos las lamentaciones de los grandes grupos editoriales, las que no dejan de demostrar no solamente la viabilidad de esta industria, sino también la conveniencia y hasta la necesidad de que las editoriales se guíen por criterios verdaderamente literarios, ajenos a la tosca y desesperada búsqueda del bestsellerque permita cuadrar cuentas a final de año. Razón de más para saludar la aparición de este importante libro que hacía falta y que no hay que dejar pasar.

    http://www.larepublicacultural.es/article4353.html




    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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